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lunes, 28 de agosto de 2017

El difícil camino hacia una sociedad alternativa

Seamos responsables, y mantengamos viva la llama del cambio.




Después de las vacaciones y tras el inevitable regreso a la rutina, con la impresión de comenzar un nuevo ciclo, suele ser habitual hacer un pequeño balance del pasado y marcarnos unas metas para el siguiente curso.

Personalmente, cuando echo la vista hacia el pasado inmediato, me llama mucho la atención la disonancia entre los mensajes que nos llegan a través de la publicidad, los medios de comunicación de masas o las instituciones del Estado y el sentimiento de las personas que tengo a mi alrededor. Hace apenas diez minutos, cuando hacia cola para pagar en el supermercado, la portada de una revista llamaba mi atención con la promesa de una receta segura hacia el éxito. La portada anunciaba que en su interior encontraría los secretos de la felicidad de una determinada famosa, bastante guapa, que no conozco (pero supongo que es famosa, el titular de portada estaba redactado presuponiendo que los potenciales compradores sabíamos quién era) ¿Debemos serfelices? Pocos se cuestionarían este axioma moderno aunque no se sientan atraídos por las recetas de bricolaje mental y corporal que afirma aplicar con un éxito sospechosamente ostentoso la celebridad de turno. Pero esa es la cuestión, es fácil percibir la fuerte disonancia entre esta exaltación mediática de la felicidad y la realidad que nos rodea ¡Cambio! Todos piensan que el cambio es inminente, ya que se hace dolorosa y perentoriamente notorio que las cosas no pueden continuar así: “es la deshumanización”, “es la tecnología”, “es el capitalismo”, “es España”, “son los racistas”, “son los machistas”, “son los islamistas”, “es el 1%”, pero pretendemos aplicar soluciones individuales a problemas sociales, y a veces el bricolaje de autosuperación se queda corto.

Se percibe un gran deseo de cambio, un gran hastío con la situación presente, con un mundo que nos arroja a la cara modelos de felicidad mientras conspira entre bambalinas para hacer que sean inalcanzables. Pero siempre que pienso en ello recuerdo las palabras de Zygmunt Bauman sobre el movimiento 15M, “les falta pensamiento” decía, “pueden coincidir en lo que está mal, pero son incapaces de ponerse de acuerdo en cómo cambiarlo”.

Este es el marco dentro del que nos movemos aquellos que hemos hecho de la sostenibilidad nuestra bandera, y que somos críticos con el crecimiento económico. Los que pueden incluirse, a pesar de su enorme diversidad, en ese gran paraguas llamado decrecimiento, más el grupo, para nada despreciable, que yo denomino de colapsistas nihilistas.

Mirando hacia atrás, y al menos por mi experiencia dentro de Autonomía y Bienvivir, este último curso académico ha sido de maduración más que de crecimiento en los movimientos por la sostenibilidad. Algo que no debería extrañarnos, desde una perspectiva sistémica. En efecto, la teoría de sistemas postula la existencia de “tipping points” o puntos de inflexión, momentos en los que el cambio, que había estado represado, parece desbordarse y de forma súbita se logran grandes avances.

La crisis financiera de 2008 ha constituido sin duda uno de tales puntos de inflexión, momento que propició un crecimiento considerable de los movimientos en busca de la sostenibilidad. Pero las administraciones públicas, a lo largo y ancho de todo el globo, parecen haber estabilizado la situación, sin ser capaces, eso hay que reconocerlo, de lograr que la economía recupere el dinamismo y la frescura anterior a la crisis. Los bancos centrales, y sus políticas monetarias no convencionales, han tenido un éxito mayor del que esperábamos, y si bien las rentas del trabajo continúan estancadas o descendiendo, han logrado (salvo contadas excepciones como Grecia o España) que la población mantenga el acceso a una renta que les permita seguir con sus labores de bricolaje mental y corporal en busca del autoperfeccionamiento que les conducirá a la ansiada felicidad.

Mientras tanto, las fallidas previsiones de miembros relevantes de la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y del Gas (ASPO), como Jean Laherrere, respecto al cénit de extracción de todos los líquidos del petróleo



o de miembros destacados de la comunidad crítica con la economía del crecimiento, como Gail Tverberg, respecto al declive en la energía neta disponible para uso social




han supuesto un pequeño revés, especialmente para aquellos que deseaban, de forma inmediata, otro punto de inflexión que nos llevase en volandas hacia el cambio.

En realidad esto ha podido ser una suerte, porque viendo el auge de partidos políticos y movimientos sociales que ha propiciado la crisis, así como los debates que ha suscitado, quizás todavía queda mucho camino por recorrer para dar un paso tan grande como el que reclamamos, que es nada más y nada menos que un cambio de civilización.

Las “visiones del mundo”, los valores e ideas con los que la mayoría de la población racionaliza su comportamiento continúan sin estar alineados con la autocontención, la sobriedad y la participación en la comunidad.

Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008 hemos visto surgir numerosas iniciativas que en los terrenos de la energía, la alimentación o las finanzas se han postulado como alternativa al business as usual, ese modo de hacer que busca maximizar la rentabilidad y producir al menor coste posible, privatizando los beneficios y dejando al resto ocuparse de las consecuencias indeseadas. Podemos acceder a algunas de estas iniciativas en la plataforma mecambio.

Es cierto, sería un error pensar que se pueden encontrar soluciones individuales a problemas colectivos, y que con variar nuestros patrones de consumo cumplimos con nuestra parte en el proceso de cambio. Sin embargo, la simplicidad voluntaria es útil. No somos homo oeconomicus que se rijan exclusivamente por los precios de mercado. Los valores y los marcos conceptuales son los que guían nuestro comportamiento. Dejando de consumir, o cambiando nuestros patrones de consumo, no hacemos que otros consuman más, al contrario, con nuestro ejemplo, si unimos a la acción la necesaria componente divulgativa, y al igual que los cristianos, vamos “predicando”, estamos contribuyendo de una forma significativa al cambio. Las personas necesitan vías de acción en las que plasmar sus creencias, ofreciendo a nuestros allegados soluciones hacia la sostenibilidad contribuimos también a que sean más críticos con los comportamientos insostenibles y con el exceso de consumo. En definitiva, contribuimos a que cambien su visión del mundo.

Los cambios de conciencia a nivel individual, podrían dar lugar, con el tiempo, a normas sociales. Al mismo tiempo, nuestros patrones de consumo, son recursos de los que dotamos a las cooperativas y otros actores de la economía social y solidaria. Estos actores, al empoderarse gracias a nuestro comportamiento, son cada vez menos dependientes del business as usual, en consecuencia se va creando una red de personas que son capaces de medrar a través de comportamientos contrarios al sistema, y ello va siendo percibido por el conjunto de la población como una opción viable de vida. Finalmente, este conjunto de personas, exige políticas coherentes con sus valores a los responsables políticos.

Nuestra opción es actuar en todas estas dimensiones a la vez, observando lo que ocurre y modificando nuestras acciones en función de los resultados, pero a mi juicio hay un gran potencial en la divulgación de soluciones parciales. La tecnología juega a nuestro favor en este momento, ya que nos permite crear un procomún de información que contrarreste el dominio, hasta hace poco tiempo absoluto, de los intereses particulares en este ámbito. Cada blog y cada grupo de Facebook, nuestros twetts, son importantes y valiosos, no hay que tener duda de ello. Nuestro ejemplo y nuestro discurso hacia los más cercanos también, especialmente cuando ofrecemos alternativas muy concretas.

Y todo esto, en mi modesta opinión, no es ni mucho menos suficiente. Estamos en pañales respecto a tener un marco propicio para el cambio. Y sin embargo hay que ser humilde, reconocer la complejidad, y hacer siempre lo mejor, dentro de lo posible. Surgirán nuevas iniciativas, nuevas soluciones, nuevas ideas, y nuestra misión es amamantarlas y acunarlas tratando que no mueran de hambre. Habrá nuevas soluciones creativas, y las que ya hay seguirán creciendo.

El ejemplo de Milton Friedman nos puede resultar muy esclarecedor, junto a un pequeño grupo de personas influyentes altamente comprometidas fue capaz de hacer una revolución. Él dijo

Sólo una crisis (real o percibida) produce un cambio real. Cuando esa crisis ocurre, las acciones que son tomadas dependen de las ideas que hay alrededor. Lo que, creo, es nuestra función principal: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable.

El siguiente punto de inflexión, la siguiente crisis, llegará, sabemos que lo hará, aunque es prácticamente imposible predecir el momento. Lo que mantengamos y lo que creemos ahora, aunque sea a nivel germinal, será lo que pueda desarrollarse en ese momento.

Ahora, más que nunca, la responsabilidad y el compromiso debe guiarnos en nuestro camino, poco apasionante según las visiones del mundo ortodoxas, esas que son incapaces de nutrir individuos felices. Sigamos el camino difícil, el que da sentido a vivir, el que da alegría al corazón y al alma.

lunes, 21 de agosto de 2017

La solución final - la ilusión terminal.

La inteligencia tiene tantas variaciones como escuelas. La hay a nivel vertical con términos cuantitativos y también la hay a nivel horizontal cuando hablamos de diferentes tipos de inteligencia. Cada tipo de inteligencia puede tener su aspecto cuantitativo también, es decir, estar mas o menos desarrollado en una u otra persona. Esto genera la variedad infinita de talentos y habilidades intelectuales que puede tener un ser humano. Por un lado tiene habilidades mas o menos desarrolladas y por otro lado son distintas las habilidades en las que puede destacar o de as que puede carecer. Así, no existe "la inteligencia" como absoluto que determina la habilidad intelectual de una persona. El conjunto de múltiples aspectos crea una muñeca rusa de habilidad y personalidad en cada individuo. Para mí, en la habilidad intelectual también entra como un factor la agilidad corporal y la respuesta neuromuscular. Una persona relativamente torpe en ciertos juegos de coordinación tiene este pequeño aspecto de la inteligencia poco desarrollado. Es la que coordina la visión de los movimientos de otros con la capacidad de abstraerlos y copiarlos en el propio cuerpo a nivel neuronal (poder copiar y por tanto aprender movimientos). Esta inteligencia es crucial para bailarines y practicantes de Kung-Fu pero totalmente irrelevante para un profesor de matemáticas.
Hoy quiero hablar sobre una inteligencia muy importante para la dinámica del crecimiento económico. La capacidad de omitir un negocio o una conducta debido a la previsión de una mejor oportunidad en el futuro.




Los animales no omiten comer porque tengan previsión de una presa o un pasto mejor que puedan encontrar mañana. Se llevan lo que encuentran en el camino siempre y cuando tengan hambre y la comida sea apta para ellos. Su previsión no está destinada a futuras mejores opciones sino que lo que hacen es moverse en un ciclo de vida que les proporciona en ciertos momentos y sitios concretos siempre la misma comida, idónea para ellos. Y aquí se acaba el desvío antropológico porque se puede prever a donde llega este discurso comparativo entre humanos y animales ....una infinita y aburrida explicación de los procesos desencadenantes del desarrollo humano debido a su entorno natural y climático. Por falta de interés por mi parte y espacio en el blog omito esta explicación y me centro en la habilidad de omisión en la actualidad, a nivel estructural, sin detenerme en su desarrollo histórico.

La publicidad está repleta de ofertas para omitir decisiones a cambio de una solución mejor que se obtendrá gracias a un producto aun por comprar. Generalmente no se percibe que la sugerencia de esta mejor solución es para un problema que hasta este momento no teníamos. Se sugiere la omisión de una supuesta solución en la actualidad, que no existe, que se sustituye por un producto que soluciona finalmente el conjunto complejo de problemas que se acaba de orquestar en la publicidad. Se ofrece una solución final para un problema ficticio que puede existir, pero que no tenemos.

De esta manera los departamentos de marketing se aprovechan de un tipo de inteligencia típica y única del ser humano. Así mismo, esta inteligencia se convierte en una gran desventaja para la autonomía en la toma de decisiones de las personas. Creemos que siempre habrá una solución que mejore la configuración actual en la que nos encontramos. Creemos que esta dinámica está vinculada a la misma naturaleza. Pero eso no es cierto. La naturaleza va probando opciones de manera semi-aleatoria. Quiere decir que no busca la solución final porque carece de voluntad, simplemente reacciona al cambio del entorno con una adaptación de conducta y genética. Así se han perfeccionado los tiburones, virus, cucarachas y ratas. Hoy son los indiscutibles maestros del planeta.Pero lo que no tenían era una visión del estado final e idóneo de su existencia.




El concepto de "regni caelorum" de las religiones sugiere que esta es la realidad en la que estamos destinados a vivir todos. Hoy el capitalismo sigue este hilo del cielo eterno de la salvación de manera que pretende vender soluciones cada vez mas perfectas que prometen la solución a todos los problemas de una vez por todas.

Pero la gran confusión de nuestra ideología actual capitalista es creer que la evolución biológica se manifiesta en el desarrollo económico. Además, se mezcla a partes iguales con la teoría del gran final perfecto y divino. La secularización se ha hecho solo a medias, ha parado justo donde era necesario el mantenimiento de ilusiones sobre soluciones terminales. La mayor expresión de esta enajenación conceptual es la industrialización del siglo XIX en países aun cristianos. Allí es donde se ha montado el fundamento para la destrucción masiva de humanos como en el tercer Reich, la Rusia de Stalin o en general el delirio de grandeza de una gran nación fuerte y orgullosa.

Los productos de consumo pretenden representar el desarrollo de la evolución del ser humano. Su constante perfección, a su vez, es una metáfora sobre la posibilidad de la salvación final. La retórica del capitalismo ha hecho creer que la evolución biológica es un desarrollo lineal hacia un estado siempre mejor y finalmente perfecto. Sabemos que este no es el caso. Pero con este truco ha eliminado la ultima duda racional sobre su potencial destructivo. El ser humano es vanidoso y la idea sobre si mismo como "el futuro ser perfecto" le adula igual que el concepto de una salvación divina.

Omitir una solución que tenemos ahora por una posible mejor en el futuro es así el motor del desarrollo humano como también su mayor riesgo de fracaso. La consciente y planificada omisión de oportunidades esperando una mejor en el futuro lisonjea el intelecto y causa la impresión falsa de control sobre las cosas de la vida.

Hitler utilizó la palabra "Endlösung" para su plan de extinción de los judíos del planeta que significa "solución final". La cuestión no es solo que este plan esté fuera de todo lo que consideramos ética aceptable también permite ver que a nivel dialéctico, los grandes opresores (personas y/o instituciones) usan la misma debilidad del ser humano para fomentar su poder.



Continuamente caemos en la trampa de las soluciones finales. Comienza con asuntos tan triviales como no ir a al cine hoy porque la semana que viene cobramos una gratificación y entonces tenemos planeado comprar-nos esa tele de 45 pulgadas y ya la veremos más tranquilo y más a nuestro gusto en casa. Sabemos que mil cosas pueden pasar hasta entonces pero optamos por el camino de la fantasia y un futuro mas acertado a nuestras "necesidades" que aún están por descubrir. Seguramente lograremos comprar esta tele y seguramente no nos vamos a acordar que queda pendiente ver esta película que tanta ilusión nos hacía. Miles de cosas han ocurrido en medio y finalmente la mejor solución final para ver esta peli se ha convertido en un camino distinto. Hemos omitido una ilusión, un deseo, una buena comida, no porque no nos la podemos permitirnos. La hemos omitido porque pensábamos que vendrá algo mejor. Pensar dos veces antes de omitir por algo mejor puede decelerar el  crecimiento salvaje muy considerablemente.

lunes, 14 de agosto de 2017

La naturaleza del dinero en economía moderna – Implicaciones y consecuencias

Las ideas de una sociedad sobre qué es el dinero tienen consecuencias importantes en su desarrollo y bienestar.



Con este título se publicó recientemente un interesante artículo en el Journal of King Abdulaziz University: Islamic Economics, que comparte con nosotros algunos conceptos de gran importancia sobre el dinero. A continuación os traslado un fragmento del texto, que se puede leer íntegramente en inglés.

Algo de contexto

La humanidad puede y ha vivido bajo distintos sistemas de gobierno desde la democracia a la dictadura, pero el mejor será aquel que esté más en armonía con la naturaleza del hombre. De la misma forma, muchas cosas pueden y han sido usadas como dinero, desde conchas, productos de agricultura y minería, herramientas y papeles y monedas fiat o fiduciarios, incluso deuda – pero el mejor que está en harmonía con la naturaleza del dinero. Por consiguiente, es fundamental comprender la naturaleza del dinero para reformar un sistema monetario. Como elemento clave y herramienta de medida de la economía, comprender la naturaleza del dinero es también un elemento esencial para fomentar el progreso real en economía.

La cuestión monetaria tiene una larga historia de análisis intelectual. Aristóteles estableció lo que los autores consideran “la ciencia del dinero” en el siglo IV antes de Cristo, cuando definió el dinero como un poder legal abstracto, un fiat (del latín. Fiat 'hágase'.) de la ley, resumido en su frase, “El dinero existe no de forma natural sino por la ley”. Por tanto para Aristóteles la esencia del dinero no es una mercancía que proviene de una mina o una granja. Es creado por el “nomos” –que es la ley o la costumbre vinculante; y el nombre griego para el dinero era “nomisma”. Aristóteles hizo la distinción suprema entre el dinero, que es abstracto, y la riqueza, que es tangible.

Aristoteles es el primero en declarar formalmente esta “ciencia del dinero”. No hemos encontrado una declaración anterior de ello, aunque hemos leído sobre un ejemplo real en los Pelenores espartanos, que existieron cuatro siglos antes que Aristóteles. Esto fue descrito por el clérigo délfico Plutarco (aproximadamente cuatro siglos después de Aristóteles) en su obra “Vidas Paralelas”, en la comparación de Licurgo de Esparta, con Numa de Roma, ambos legendarios reformadores monetarios.

De acuerdo a Plutarco, Licurgo, que pertenecía a la familia real espartana, había viajado mucho, visitando la India, España y Libia. En la isla de Creta, conoció al poeta Thales “el legislador”. Cuando tomó control de Esparta instituyó reformas agrarias y monetarias.

Plutarco nos cuenta que Licurgo hizo ilegal usar oro y plata como dinero y legisló que un número de discos de hierro alargados deberían ser usados en su lugar. Además, los discos de hierro eran sumergidos en vinagre estando todavía calientes, lo que les hacía frágiles e inservibles como hierro. Cada disco pesaba un poco más de medio kilo (más o menos una libra) y fueron llamados “pelanors” porque fueron moldeados como pequeños pasteles (pelanoi). Por tanto, los Pelanors eran una forma de “nomisma” – no dinero mercancía. Platón habla de ellos como el sistema de dinero “dórico”, acerca del cual conocemos poco. Curiosamente, Platón coincide con Aristóteles acerca de la naturaleza del dinero, escribiendo como los ciudadanos de su República necesitarán “una ficha como medio de cambio”.

La historia de los sistemas monetarios a menudo muestra un patrón de la ciencia del dinero de Aristóteles siendo descubierta; usada en construir una sociedad; corrompido y luego perdida; y de nuevo siendo descubierta por otra cultura. Incluso cuando varias mercancías específicas se han usado como dinero (o para representar dinero) fue la ley la que logró eso. Es importante comprender que no es la ley la que da valor al dinero. El dinero tiene valor porque gente capacitada, recursos e infraestructuras, trabajan al unísono dentro de marcos sociales y legales que proporcionan apoyo suficiente, creando valores para vivir. El dinero es el lubricante necesario que hace que las cosas “se muevan”. No es riqueza tangible por él mismo, pero es un poder para obtener riqueza. El dinero es un poder social abstracto basado en la ley y es un medio incondicional de pago.

Es la ley la que determina que será dinero, aceptando eso por impuestos. Esto convierte al gobierno en el aceptante de “último recurso” del dinero, si fuese necesario, en pago de impuestos. Ya que hay siempre una demanda de él para ser usado en pago de impuestos, es más fácilmente intercambiable entre la gente en una sociedad, quienes entonces no tienen que preocuparse sobre que sea aceptado por alguien más. Este importante concepto monetario fue claramente expuesto en la publicación de 1905 de George Knapp “Teoría Estatal del Dinero”, una importante obra monetaria. En la página uno expone:

“El dinero es una criatura de la Ley”. Más adelante escribe:

“El más importante logro de la civilización económica, el chartalismo (usar fichas como dinero) de los medios de pago”

Y:

“Nuestra prueba, que el dinero es aceptado en pagos realizados a las oficinas estatales”

Knapp a continuación categoriza varios tipos de dinero desde mercancías a deuda, y varios papeles moneda abstractos, con una mareante terminología de clasificación.

Importancia del concepto de dinero

Cómo define una sociedad el dinero es un determinante principal de quién lo controla. Definimos “control” como el poder de emitir y retirar dinero de la circulación y de determinar quién lo obtiene primero. Si una sociedad define el dinero como una mercancía como los metales preciosos o cualquier otra mercancía valiosa (es decir, como riqueza) entonces los ricos controlaran no solo su propia riqueza sino el mecanismo monetario también, ya que ellos controlan la mercancía. Ese control sobre el sistema monetario puede conducir fácilmente a amasar más riqueza, con poco o ningún trabajo productivo. Si la sociedad define el dinero como crédito/deuda, como se hace generalmente en la actualidad alrededor del mundo, entonces los banqueros estarán en el control, ya que ellos dominan el crédito. Ellos entonces serán los que tengan la habilidad de acumular riqueza y poder sin trabajo productivo.

Por tanto, tanto el dinero definido como una mercancía como el definido como crédito/deuda, puede conducir a la injusticia social a través del sistema monetario, cuando un elemento en la sociedad es capaz de amasar riqueza y poder creando y controlando el dinero, sin trabajo productivo. Pero el dinero tiene valor gracias a la estructura social y por tanto, como ha puntualizado el Dr. Anas Zarqa: La creación de dinero es una prerrogativa social, y por tanto los beneficios de la creación de dinero deberían llegar a toda la sociedad.

Cuando la sociedad define el dinero como lo hizo Aristóteles – un poder legal abstracto – entonces el gobierno tiene una oportunidad de objetivamente controlarlo para promover el bienestar general. Hay una mitología – un “error del Rey” – que la emisión de dinero por el gobierno ha sido irresponsable, e inflacionaria. Pero a pesar del prejuicio imperante contra el gobierno, cuando se examina el registro monetario, se ve muy claramente que el gobierno tiene un registro muy superior emitiendo y controlando el dinero del que tienen los bancos. Y eso incluye las experiencias de las sociedades con la Moneda Continental (Continental Currency), Billetes verdes (Greenbacks) y la hiperinflación alemana.


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lunes, 7 de agosto de 2017

¿Quién regulará la Renta Básica?


Fuente del dibujo  /  Fuente de la cita: [1]

La propuesta de instaurar una Renta Básica, una asignación monetaria incondicional para toda la población, ha recibido una atención inusual en lo que llevamos de año. Quizá la novedad más llamativa ha sido el eco que ha tenido en la reunión del Foro de Davos, y el apoyo que ha concitado entre algunos miembros de las élites políticas y económicas, conspicuos partidarios del neoliberalismo y de su globalización. Al parecer anticipan una descomposición social que podría poner en peligro la estabilidad del entramado que sustenta sus privilegios en caso de no adoptar medidas paliativas.

De cara a la galería hablan mucho de robotización, inteligencia artificial y eliminación de puestos de trabajo. El aporte de talento y esfuerzo va a estar cada vez menos remunerado en el mercado porque va a ser menos necesario incluso en trabajos intelectuales y creativos. De prolongarse esta tendencia quizá sólo el papel de inversor o empresario proporcionará la posibilidad de beneficiarse del sistema productivo (en una nueva vuelta de tuerca del llamado capitalismo popular al que se nos fuerza).

Cabe preguntarse qué ocurrirá cuando la inteligencia artificial supere la capacidad humana para el emprendimiento, cuando la computación sea capaz de conocer e incluso prever la demanda organizando la oferta de modo inmejorable. Ya no tendremos que cuestionarnos sólo el tipo de propiedad de los medios de producción o las formas admisibles de gestionarlos sino también la propiedad intelectual de esa inteligencia artificial. ¿Cuál será entonces el supuesto mérito inversor con el que justificarán su poder y sus beneficios los amos del mundo? ¿Qué nuevo constructo ideológico dará cobertura a la desigualdad?

Pero parece bastante claro que tienen otros motivos, que sólo reconocerán entre bambalinas, para temer una peligrosa desestabilización social. El carácter agotable de los recursos fósiles y minerales, y la certeza de que esto junto al cambio climático y otros desastres ecológicos provocará oleadas de exclusión y migraciones masivas, son cuestiones que no pueden ser ignoradas por personas que cuentan con buena información. ¿Cómo contener entonces la angustia generalizada y la indignación por la situación en la que nos habrán dejado tantos años de productivismo insostenible y desposesión?

El verdadero peligro para el futuro no está en que los avances tecnológicos traigan una vasta eliminación de puestos de trabajo, que quizá no se produzca, sino precisamente en la posibilidad de que esos avances sirvan para aumentar la producción con más eficacia y sin dejar de emplearnos para ello, (como parece celebrar el artículo recién enlazado, que asume explícitamente la aspiración a un crecimiento exponencial ininterrumpido). Y quizá también nos empleen con mayor eficacia explotadora dada la precarización que supone la gig economy, o las mayores posibilidades de controlarnos en el puesto de trabajo.

El modelo económico determina el sentido que adoptan los avances, y bajo el paradigma actual, el aumento de la productividad sólo es aprovechado por los propietarios, que compiten por incrementar sus beneficios. Así las cosas todo parece indicar que estos avances servirán para intensificar la explotación de la biosfera y de la humanidad, acelerando la tendencia hacia un colapso socio-ambiental generalizado. La Renta Básica podría aliviar el deterioro progresivo de las condiciones de vida en tanto llega ese colapso. Algo es algo. Pero bajo otro paradigma esta medida también podría tener un sentido preventivo encaminado a evitar, en la medida de lo posible, ese desastre.

En primer lugar, como mera medida paliativa, el ingreso garantizado no implicaría una impugnación del modelo actual, e incluso, como vemos, puede llegar a ser una concesión por parte de las élites para evitar que caiga su sistema de privilegios. No obstante debemos preguntarnos si acaso no merecieron la pena muchas otras concesiones, ahora en peligro, arrancadas a la codicia en el pasado (como la jornada laboral de ocho horas, el sistema de pensiones, los convenios colectivos, los sistemas de protección social o los servicios públicos -dejando al margen cómo deberían ser estos-). De hecho, desde la irrupción del capitalismo, esta ha sido la principal vía para obtener mejoras generalizadas: el temor a una insurrección (del tipo que sea, huelga, boicot, revolución, etc.) ha permitido arañar esas mejoras, a la espera de que fragüe una alternativa sistémica que podamos oponer desde la convicción mayoritaria.

Pero es el contexto general en el que se aplique esta medida el que determinará si tiene un efecto favorable para la sostenibilidad y para la emancipación humana, o si por el contrario, será aun más productivista, neoliberal y elitista (en el caso de que se optase por eliminar los servicios públicos a cambio, algo totalmente innecesario para implementar esta renta teniendo en cuenta la desorbitada desigualdad de nuestros días o bien la posibilidad de financiarla mediante un sistema de dinero soberano). La Renta Básica no determina el tipo de sociedad en el que vamos a vivir salvo en un aspecto esencial como es garantizar la inclusión social y una libertad limitada pero real y compartida por todos.

Sin embargo, en segundo lugar, esta mejora también implica algo muy significativo para el cambio de época al que nos enfrentamos. Una inclusión básica garantizada para todos es la condición de posibilidad para acceder a una sociedad en la que la conformidad material sea considerada una virtud y no un vicio. Esta otra forma de valorar las cosas abriría la puerta a una transición preventiva que sí podría suponer un verdadero cambio socio-económico siempre y cuando se acompasara con las políticas adecuadas.




Actualmente el miedo a la exclusión social y la veneración de la riqueza llevan a sobrevalorar los bienes materiales y el exceso de producción, fomentando así la acumulación preventiva, la ostentación y el repudio a las conductas “improductivas” según el criterio de los mercados. Toda nuestra vida ha de ordenarse en función de este canon económico convertido en un mandato. La posibilidad de una mayor sobre-producción no se ve como un peligro sino precisamente como el criterio de valor para juzgarlo todo. Sin un cambio de mentalidad que permita apostar por una sobriedad socializada y política, compartida y no excluyente, la sostenibilidad simplemente seguirá siendo un paradigma cada vez más alejado de la vida humana, y con ella, nuestro futuro.

Por lo general ponemos nuestras expectativas vitales en obtener, por medio del consumo, una volátil fascinación, la exaltación de las experiencias y la acumulación biográfica de las mismas como quien hace recuento de bienes. Incluso la cultura, cuando no es entendida como una acumulación de datos apta para un concurso, es vista como una adquisición de experiencias cool a las que se asiste en todo tipo de espectáculos seleccionados entre una oferta azarosa, sin buscar en los mismos un sentido que vaya más allá del final de la función. Esa fascinación pasajera que consumimos de formas variadas es el premio esperado por una vida de sacrificio. Pero el encanto siempre se desvanece como agua entre los dedos al poco de llegar, o como hojas consumidas en una hoguera sobre las cenizas de una insatisfacción profunda y recurrente (cada vez que la llama de la novedad se apaga). Y para renovar su obtención es necesario pasar largas jornadas laborales entregados a actividades a las que no se ve otro sentido que cobrar lo necesario para recuperar ese consumo obsolescente, (siempre y cuando el salario dé para algo más que para sobrevivir).

Sin embargo es posible proyectar nuestro futuro hacia otro tipo de aspiraciones más satisfactorias que también nos permiten disfrutar de la vida y, mejor aun, sentir amor por ella. En contra de lo que puede creerse a primera vista, el goce no es ajeno al cultivo de la voluntad y de las propias capacidades siempre y cuando a uno le parezca que la actividad que las motiva tiene sentido por sí misma, sin necesidad de remuneración. El empleo que nos roba las capacidades nubla esta asociación entre disfrute y esfuerzo al exigirnos una tarea que no requiere sentido, y en el tiempo que nos deja para nosotros, tendemos a perder de vista esta otra posibilidad y el horizonte que muestra en cada caso.

Frente a la búsqueda de un superficial hechizo consumible, cabe elegir un disfrute de la vida centrado en una autoconstrucción desmercantilizada (individual y colectiva), basado en cosas como apostar por el ejercicio autónomo de las potencialidades en actividades voluntarias a las que veamos sentido, o como desarrollar antifragilidad (psíquica,  física y comunitaria), aprender a aceptar y a apreciar la realidad cercana, cultivar una sociabilidad que fomente la cooperación, la empatía y las relaciones independientes de la mediación del dinero, buscar una auto-orientación cultural a partir de inquietudes propias en evolución, compartirla para mejorar esta vivencia y para extender la cultura libre, y entender la propia cultura como una manera de comprender el mundo, a los demás y a nosotros mismos, y como una forma de establecer un vínculo con todo ello.

La conformidad material se ha convertido en la muestra más elocuente de inconformismo en nuestros días, y lejos de suponer una merma de expectativas, sólo implica una reorientación de las mismas hacia fines más auténticos, (construidos por uno mismo), y más satisfactorios, (menos dependientes de aportes comerciales que dejan de llenarnos cada temporada).

Pero las expectativas están muy condicionadas socialmente. Todos buscamos ser valorados por los demás, por quienes nos rodean y por la sociedad en general. De modo que sólo cuando pasemos a valorarnos unos a otros y a nosotros mismos en función de verdaderos valores humanos, al margen de su rentabilidad o de la ostentación económica, entonces la vanidad o la ineludible necesidad de aceptación social dejarán de jugar un papel favorable al productivismo insostenible y alienante, a la desigualdad y al deterioro de la convivencia. Algo tan simple como nuestra opinión sobre el modo de vida de los demás forma parte de la política que cada cual promueve. Esta es una parte del problema. La otra está en las condiciones socio-económicas organizadas desde la política formal.


Para dejar de sobrevalorar la acumulación de bienes materiales y el exceso de producción es necesario disponer de una garantía de inclusión, haciendo de esta un prerrequisito de nuestro modelo económico en lugar de tratarla como un objetivo incierto y que, mientras tanto, “estimula” el esfuerzo productivo. La Renta Básica no es la única medida enfocada en este sentido y podría (y debería) combinarse con una garantía pública de empleo sostenible que aspirase a ocupar a todo aquel que además quisiera trabajar, y con un reparto del trabajo que nos permitiera ganar tiempo para la autonomía como el “bien” más preciado que podemos desear en nuestros días. Pero la Renta Básica es la única medida que puede asegurar con facilidad y sin exclusiones que ese derecho a la existencia sea realmente un derecho, llegando a todo el mundo en todo momento.

Es difícil concebir una propuesta con un mayor impacto favorable y directo para las personas desposeídas, precarizadas o excluidas. Si la izquierda no la apoya, (como parece ser el caso de parte de la izquierda española), una vez más quedará fuera de lugar, en una nube de confusión retrógrada, y probablemente el centro derecha la rebasará por la izquierda proponiendo esta medida y concitando con ello un mayor apoyo. Incluso aunque se tenga más simpatía por otras propuestas (no incompatibles) como el trabajo garantizado, sería un profundo error no apoyar cualquiera de las medidas que pueden sacar de la opresión económica a la parte de la población más perjudicada por el actual estado de cosas. No hay por qué cerrar la puerta a las diferentes oportunidades de avanzar que vayan surgiendo aunque cada cual centre su activismo en aquella en la que más se crea. La cuestión tiene su importancia porque, como hemos visto, el resultado será muy diferente en función de quién sea el que implemente la Renta Básica, en función de cuál sea el contexto político en el que se enmarque esta creciente demanda social.

Mientras la derecha liberal aprovecha cualquier ocasión que le permita avanzar hacia su horizonte elitista, la izquierda podría autoexcluirse del futuro si antepone los dogmas de la adoración productivista a la emancipación humana y a la sostenibilidad. No tiene sentido el temor a librarnos directamente de la pobreza, ese refuerzo negativo utilizado para que seamos sumisos a los patrones. Por el contrario, contar con una base material sólida facilitaría organizar el complejo reparto del trabajo, (incluido el reparto del trabajo doméstico, comunitario, para el autoconsumo y de cuidados no remunerado). El reparto del empleo y el reconocimiento económico del valor de la actividad autónoma serían avances necesarios no sólo para las personas más perjudicadas por este sistema sino para todos los niveles del escalafón laboral. Una vida más autónoma es el verdadero horizonte moral de una sociedad que puede proporcionar recursos básicos a todo el mundo aun forzando mucho menos los límites del planeta.

En tanto no llegue el colapso al que nos avoca el mundo moderno, (momento en el que el trabajo humano volverá a cobrar especial relevancia entre una nueva escasez de recursos naturales), es precisamente el trabajo productivo que mueve todas las máquinas del mundo actual el que está acelerando el desequilibrio ecológico que nos pone en peligro con su explotación de la biosfera. Si ponemos el valor de producir por delante del derecho a la subsistencia, si nos exigimos demostrar que somos productivos antes de concedernos el derecho a existir precisamente cuando la robotización hace que cada hora de trabajo sea cada vez más productiva, difícilmente podremos contener el mundo económico en una escala que pueda ser soportada por el medio natural tal y como lo necesitamos los seres humanos.


Fuente de la cita [2]



A continuación algunos artículos que recogen la evolución de la propuesta de Renta Básica a lo largo del mundo. Salvo en los dos primeros, se propone la RBU sin cuestionar el crecimiento económico, aunque en ocasiones se habla de posibilitar estilos de vida más sostenibles, de otras formas de trabajo y de ocio, o de valorar trabajos que no contabiliza el PIB y que no están agotando recursos. Sin embargo, como argumentamos al final de esta entrada, la libertad política que confiere la seguridad económica permitiría afrontar el debate sobre la sostenibilidad sin el chantaje de la exclusión social, y sobre todo, haría posible plantearnos en la práctica el problema ignorado de la dimensión de la economía.

“La implantación de la RBU podría revertir el rigor de la cadena de necesidad y servidumbre en que ha venido a dar nuestra sociedad de Trabajo y Consumo. (...) Es decir, sostenemos que una sociedad mejor no es la que produce más (“productivismo” o “crecentismo”) sino la que es más justa, ampara contra la sumisión y favorece las condiciones para la reducción del metabolismo industrial y el desaforado extractivismo actuales. (...) La frugalidad, sencillez de costumbres y minimización de la huella ecológica son loables ideales de vida que la RBU puede facilitar, al proteger a las personas de la servidumbre.”

“Una renta básica más sustancial que el dividendo resultante del impuesto del carbono será necesaria para asegurar la seguridad económica de todos los ciudadanos si estamos en una economía que no crece. Esta renta básica puede facilitar el reparto del trabajo. Eso significa más equidad y menos necesidad de bienes de posición (estatus). Esta medida encaja con las políticas de desempleo debido a la automatización.”


En este artículo se detallan los motivos principales por los que la Renta Básica “es motivo de una acelerada atención de medios de comunicación, partidos políticos, movimientos sociales y ciudadanía en general.”

“Hay que dejar atrás el ‘trabajismo’, el pensar que el empleo será la respuesta a la crisis. No importa cuántos puestos de trabajo se creen: los salarios no aumentarán. El pleno empleo es una respuesta del pasado a la crisis. Hace falta un nuevo sistema de redistribución de la riqueza que actúe sobre el capitalismo rentista."

“Proponemos reducir la jornada un 15% promedio con la proporcional reducción del salario (coste laboral) pero compensada ex-ante por una RBU de 622€ al mes por adulto…”

El programa, que empezará el próximo mes de setiembre y durará dos años, analizará sobre tres ciudades-laboratorio, Helsinki, Utrech y Barcelona, las políticas de ayudas para "mejorar la intervención".

"No podemos construir derechos humanos que solo quedan remitidos al presente y al pasado. Hay que abrir la mirada al futuro y en esa perspectiva, todos sabemos que la sustentabilidad de la democracia está en la distribución básica de recursos", opinó el Secretario de Derechos Humanos, Nelson Villarreal.

“en Italia, tal y como sucedería en países con niveles de protección parecidos como España, Portugal y Grecia, el impacto de la renta universal sería muy positivo debido a la escasez de las ayudas.”


“La RBU ya está sobre la mesa: el primer paso ya está dado y, si no imposible, será difícil volver atrás. Ahora toca evitar que anulen la parte más revolucionaria (o disruptiva, hablando como tecnosociólogos) de su núcleo: modificar, para mejor, las relaciones sociales y políticas de distribución, y empoderar con ello a la ciudadanía en su conjunto.

“El precariado avanza en todo el mundo y Trump o el Brexit son las señales más claras de que ese descontento de las clases medias (occidentales) puede desembocar en una ruptura con el orden económico establecido, algo que preocupa a las élites económicas.”

Artículo que reseña tres libros recientes que propugnan la Renta Básica desde posiciones conservadoras. “La renta básica universal es el tema estrella de los nuevos análisis, aunque cause mucha controversia. (...) La identificación de la persona con su trabajo cambiará, como ya lo hizo en la Revolución industrial. Pero además se valorarán más otros trabajos importantes hoy fuera del mercado.”

“Debemos tener una sociedad que mida el progreso no sólo por indicadores económicos como el PIB, sino por cuántos de nosotros tenemos un papel que consideramos significativo“, dijo Zuckerberg a la multitud.

“El camino es inexorable: la nueva realidad impuesta por la economía colaborativa creará un nuevo paradigma laboral. El autónomo se hace más fuerte, las empresas deberán tener seguros y no podrán penalizarlos por no cumplir objetivos. Esta nueva configuración marca también la necesidad de una renta universal. Es lo que propone Adigital, la patronal española de economía digital, basándose en estudios de mercado, recomendaciones de expertos y sentencias judiciales.”


Silicon Valley y muchos expertos tecnológicos señalan la renta básica como solución a la automatización y a los cambios del mundo del trabajo. "Las compañías tecnológicas se llevan a casa los beneficios y afrontan cada vez menos presión para pagar un salario que dé para vivir", dice Jathan Sadoswi

“Tal y como opina Juan Gimeno, presidente de la ONG Economistas Sin Fronteras, “en Davos se habla de RBU porque son conscientes de que la falta de cohesión social e injusticia crecientes son un polvorín; la ven como un seguro para que el sistema no explote, no como un elemento de justicia social como lo vemos nosotros”.

“Mientras la automatización reduce la necesidad de trabajo humano, algunos ejecutivos de Silicon Valley piensan que un ingreso universal será la respuesta, y la prueba beta está teniendo lugar en Kenia.”

Artículo del activista en favor de la RBU, Scott Santens para el Foro de Davos, que este año ha incluido un panel dedicado a este tema:
“La idea de la Renta Básica suena engañosamente simple, pero en realidad es como un iceberg con mucho más que revelar a medida que profundizas el buceo. (...) Los seres humanos necesitan seguridad para prosperar y la Renta Básica es una base económica segura, el nuevo fundamento sobre el cual transformar el precario presente y construir un futuro más sólido.”

Guy Standing también ha defendido la RBU en Davos, y para ello propone crear un fondo soberano que grave las rentas del capital, con este argumento:
“La tierra, los recursos naturales y las ideas que se convierten en propiedad intelectual forman parte de la riqueza colectiva de la sociedad, creada y alimentada por generaciones de nuestros ancestros. Por tanto, es razonable argumentar que todo el mundo debe tener una modesta participación, un dividendo social, en forma de un igual, modesta, individual e incondicional renta básica.”

  • En este documental no se habla de la Renta Básica pero parece oportuno recordar
las conclusiones del estudio que analiza, con 40 años de seguimiento a mil individuos de la ciudad neozelandesa de Dunedi. Se ha concluido que los efectos sobre la salud de la pobreza en la infancia perduran en la madurez incluso entre las personas que medraron y lograron salir de su situación de pobreza.


Más información:











[1] The psychological Aspects of the Guaranteed Income, Erich Fromm en el libro de Robert Theobald The Guaranteed Income: Next Step in Economic Evolution?, 1966

[2] Psicoanálisis de la sociedad contemporánea / The Sane Society, Erich Fromm, 1955