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lunes, 5 de junio de 2017

¿Estamos preparados para ser dioses?

Uno de los libros de ciencia ficción que más me ha impactado es “Qué difícil es ser dios” (Gigamesh, ISBN 9788496208841), escrita en ruso originalmente en 1964 por los hermanos Arkadi y Boris Strugatski. La premisa del libro es simple. La raza humana descubre en un futuro lejano un planeta habitado por humanos en una era parecida a la Edad Media. Un antropólogo camuflado entre ellos observa las brutalidades de esa era sin poder intervenir directamente, y debe encontrar un modo de hacer que la sociedad avance sin que se estanque en ese periodo oscuro, o evitar que caiga en un estado incluso peor.

Sin embargo ésto no es fácil, para estar entre bestias es necesario ser una bestia, o como mínimo aparentarlo. Es una tarea que al principio es fácil de distinguir para el antropólogo, pero a medida que los lazos emocionales y afectivos se van desarrollando con los diferentes caracteres que aparecen en el libro, se transforma en una cuestión sobre la naturaleza humana.



¿Tenemos el estómago necesario para hacer las barbaridades que un dios debe poder permitirse? ¿Tenemos la cordura necesaria para mantener la templanza ante el caos total que se desenvuelve a nuestro alrededor? Al final la respuesta viene de la mano del ser humano mismo, de su presencia en una trama envolvente de tintes místicos y tecnología futurista.

Podemos hacernos el mismo planteamiento que se hace el protagonista. ¿Qué más puedo o debo hacer para que esta sociedad brutal y primitiva avance hacia un estadio superior? ¿Qué puedo permitirme por ayudar a aquellos que realmente lo merecen? Y por último, y no menos importante, ¿son los dioses realmente tan importantes para evitar las catástrofes naturales? Al final todo parece formar parte de la vida, y tantos unos como otros se ven envuelto en calamidades mil por encontrar un equilibrio.

Cuando nos planteamos un cambio en la sociedad, o una mejora en la vida de las personas, lo primero que debemos pensar es cómo encajamos en esa imagen. Y si no encajamos quizá debemos realizar cambios a gran escala hasta que nuestra presencia pueda encajar en nuestro papel divino. El papel divino y humano a menudo son intercambiables. No es menos divino el limpiar nuestro cuarto, ni el fregar los platos, que el divagar sobre cuestiones transcendentales.

En el día a día, lo que importa es estar presente en aquello que nos traemos entre manos, y evitar perdernos en el futuro que puede ser improbable, o sencillamente equivocado. Al centrarnos en el aquí y en el ahora entramos en un estado de comunión con nuestro papel en esta vida, que por muy insignificante que nos parezca, es un papel relevante.

No hay mejores maestros más zen en esta tierra que un simple camionero que haya atravesado dificultades mentales y esté en una clínica tratando de mejorar su vida. No hay nada más sagrado que ir al retrete y conscientemente soltar un buen ñordo. La divinidad en la vida está en las cosas pequeñas, como en parte ya anunciaba Schumacher en su “Lo pequeño es hermoso”, libro que no he leído, pero que con su título ya anuncia la esencia de la vida.

Los hermanos Strugatski se enfrentaron a una epopeya para sacar su libro a la luz, y la verdad es que es una obra maestra de la ciencia ficción, pues se centra en lo que es importante, en la fragilidad del ser humano a la hora de presentarse como un dios. A todos los que aspiran a un cambio social importante les recomiendo este libro, y les invito a una reflexión.

La fragilidad es la clave. Reconocer que somos frágiles nos abre un universo de posibilidades, de potenciales alianzas, de amigos, de nuevas relaciones, de mejores vínculos familiares. Todo esto es posible porque al reconocer nuestra propia fragilidad, reconocemos la fragilidad en los demás, y a partir de ahí podemos empezar a construir una red más resiliente que nos lleve más allá. Por supuesto estas redes sociales presenciales están alimentadas por el amor y la confianza mutua, y es igualmente difícil el confiar, el dejarse llevar por la situación o por las particularidades de otras personas, pero al final se avanza en el camino de la transformación interior. Hay una muerte de la persona que uno antes era, para dejar paso a lo nuevo.

Lo mismo sucede con las relaciones afectivas, a menudo es necesario que mueran para que vuelvan a renacer con una forma diferente que permite nuevas posibilidades y más amor y confianza mútua. Hay que tener paciencia y dejar espacio, para uno mismo y para los demás. La curación de las relaciones es posible, pero lleva mucho tiempo y no siempre lleva el resultado esperado. Hay que tener apertura de miras para aceptar las nuevas configuraciones, y también cerradez de miras para no aceptar lo que no es aceptable.

En definitiva este texto es una invitación al lector para que se convierta en dios de su vida, y que junto con otros dioses transcienda de esta existencia que muchas veces nos trae grandes disgustos. Si el esfuerzo vale la pena el tiempo lo dirá, pero por lo menos hay que intentarlo.

4 comentarios:

  1. Muy buen articulo nos menciona que lo mas importante somos nosotros y nuestro presente

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  2. Muy buen articulo nos menciona que lo mas importante somos nosotros y nuestro presente

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  3. Muy buen articulo nos menciona que lo mas importante somos nosotros y nuestro presente

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  4. Muy buen articulo nos menciona que lo mas importante somos nosotros y nuestro presente

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