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lunes, 1 de junio de 2015

Individualismo inducido

Las teorías capitalistas respaldan la naturaleza egoísta e individualista del ser humano por naturaleza y desde sus orígenes. Estas teorías nos cuentan como el comportamiento natural (incluso a nivel genético) de un ser humano es defender los derechos de propiedad, y las distintas formas de proteger su permanencia y facilitar las distintas transacciones de las mismas –acumular riqueza, al fin y al cabo-. Nos dicen que nuestro individualismo original se desarrolla aún más como resultado de cierta evolución cultural, nos hablan de la autonomía personal de los cazadores recolectores, incluso difunden que -“lo genéticamente incorporado durante la larguísima época en que los cazadores recolectores se adaptaron a su entorno ha resultado ser la base más adecuada para la aparición del capitalismo” (Papeles “Lucas Beltrán” de pensamiento Económico, No1, Pedro Schwartz Girón, CEU) -, más aún, estas doctrinas le dan un trato de excepcional al fenómeno de la colaboración e intercambio entre distintas familias o grupos humanos (“En compañía de extraños” - Paul Seabright, 2004-), y con todo asume diferencias, en estos fenómenos dependiendo de las perspectivas de reciprocidad (no será igual la colaboración en el caso de familias o vecinos, que el de desconocidos a los que con toda probabilidad no se volverá a ver).

En alguno de estos estudios, limitan la cooperación social a intercambios, jerarquías y fuera de esta cooperación quedan los conflictos, resultando, de los tres, el más deseable el intercambio, por su componente de voluntariedad en este ejercicio. Sostienen que el mecanismo de la competencia individual mantiene un equilibrio entre los beneficios de las partes involucradas en las distintas cooperaciones sociales. Aseguran que la competencia es el perfecto regulador de una sociedad que ejercita el mercado libre. Este mecanismo pierde su eficacia en el campo jerárquico por la capacidad de los estados de ejercer la violencia y la coacción para forzar la obediencia (ejercidos mediante conflictos armados, la justicia o los impuestos). Según este discurso, los estados (las jerarquías), son un problema que introduce palos en las ruedas del libre mercado por desestabilizar el mecanismo de equilibrio de la competencia. De ahí la aversión que tiene el discurso liberal por los estados y sus regulaciones. Resumiendo: se defiende un modelo económico como el capitalismo, dotándole de un respaldo nacido en la propia naturaleza del ser humano, en sus genes, en el amanecer de la especie, y su historia, mientras que limitan nuestro comportamiento a un comportamiento de mercado: intercambios de cualquier tipo con fines más o menos interesados, los cuales se sitúan en el eje de la existencia de cada individuo.

Este razonamiento, además de falso desde el punto de vista de la biología (1), rezuma interés y manipulación, ya que, si bien será cierto que la cooperación dentro de los grupos humanos tiene cierto componente de interés particular de las partes, no sería tanto un interés cuantitativo como cualitativo, es decir, los grupos sociales arcaicos (y hasta hace no mucho podía verse en ciertos grupos culturales indígenas cuyo modus vivendi ha quedado congelado en el tiempo), mantendrían una cooperación e intercambio basados más en las relaciones humanas que en el valor subjetivo de la mercancía. Los intercambios o prestamos de servicios o mercancías no esperarían tanto una contrapartida igual o del mismo valor (tanto es así que en algunas culturas está muy mal visto el devolver lo prestado porque se asume que la persona no quiere tener relación alguna con la otra parte), como el alimentar un interés grupal, una relación de confianza que, si se afianzaba debidamente haría que se creara una fuerte cohesión social, con lo que se aseguraba la protección, por parte del colectivo, de todos los individuos que lo componen en los momentos difíciles (enfermedad, accidente, escasez,...). En realidad el interés “egoísta” de esta cooperación crearía uniones más fuertes dentro de los grupos y los individuos desarrollarían comportamientos que se pueden definir como altruistas. Todos los componentes de una comunidad desearían pertenecer a la misma siempre que se sintiesen arropados por la protección que les da el apoyo mutuo (2).

De esta forma, en los albores de la historia humana, el mercadeo y la competencia pasarían a un segundo plano, lo cuál no quiere decir que la  economía material y de recursos no fuese de gran importancia, sino que era primordial la “economía de relaciones personales”.Para los grandes poderes económicos es en extremo necesario que la sociedad desestime sin ninguna duda la cooperación altruista como parte del ser humano, puesto que, aunque explotar nuestras habilidades cooperativas en las factorías les es muy necesario, esas características también son el germen de ciertos comportamientos de protección y defensa de colectivos humanos como las luchas por derechos sociales y laborales. Esto es inadmisible porque es un enorme escollo en el camino del negocio. Mucho mejor es que nos movamos en un mundo de competencia, donde la persona que me acompaña es un rival y no alguien en quien pueda confiar...

De esta forma, y a base de adoctrinamiento, hemos llegado a asumir como verdad absoluta nuestro comportamiento individualista y competitivo. Si tanto es su interés por este discurso, y asumiendo que las prioridades y lealtades de estos poderes fácticos es contraria a los de la mayoría de la población, habría que poner en duda la veracidad de estas teorías, más aún si se pueden encontrar montones de ejemplos, desde los albores del hombre, que son contrarios a lo ya explicado.

Las comunidades cazadoras recolectoras (en contra de lo que predican en la Introducción a la antropología del capitalismo en los papeles “Lucas Beltrán”), utilizaban estrategias de caza y emboscaban a sus presas en batidas, donde cada individuo trabajaba como el pequeño engranaje de un mecanismo perfecto (así lo demuestran multitud de registros arqueológicos prehistóricos, como los de Tirig, en Castelló); y por supuestísimo no existía el afán acumulativo que lleva implícito el capitalismo. En Atapuerca tenemos el ejemplo de Miguelón, un Homo heidelbergensis que sufrió durante meses una terrible infección en la boca que se le extendió al hueso de la mandíbula, y sobrevivió gracias a los cuidados del grupo, debían alimentarle dándole la comida previamente masticada, lista para tragar. En la cultura Minoica el rey recaudaba absolutamente toda la producción y posteriormente la repartía entre toda la población para cubrir la necesidadde todos, lo cual nunca provocó ningún conflicto entre los habitantes de la isla (al menos no hay registro de conflictos por este motivo). El hecho de la enseñanza en sí, compartir conocimientos, técnicas de fabricación de útiles, de caza, pesca y recolección, ya es un ejercicio de cooperación grupal gracias al cuál hemos avanzado y evolucionado (contrario, como no podía ser de otra forma, a los inventos estos de las escuelas de “excelencia”, que se han sacado de la chistera últimamente). Incluso un equipo de científicos multidisciplinar encabezados por el psicólogo Dacher Keltmer, de la Universidad de California, están desarrollando un estudio que demuestra que el hombre es altruista y generoso a nivel biológico.

Según Emilio Civantos Calzada, Doctor en Biología de la UCM -por su clasificación en cuanto a descendencia, el hombre sigue la estrategia “K” lo que implica mucho esfuerzo en el cuidado de los jóvenes, Es en los estrategas de la K, donde se ha dado una evolución mayor de los comportamientos de cooperación social, Pero además, los humanos somos animales que actuamos por el bienestar de nuestro grupo social. Esto se llama altruismo biológico y no somos la única especie que lo practica-. Dentro del altruismo biológico hay tres tipos, hasta ahora he mencionado “el de parentesco” y “el de beneficio mutuo” pero el ser humano los posee todos incluido el último nacido de unas estructuras sociales complejísimas - “Como resultado, los humanos somos la única especie que ha desarrollado
un sentido moral” -.

Fué posteriormente, con el comercio entre las comunidades y la acuñación de la moneda, cuando se desarrollarán estos hábitos que tanto defiende el capitalismo imperante: competividad, mercado, intereses, acumulación de riquezas,... Es cierto que hoy estas directrices son un mal muy extendido, sobre todo por adoctrinamiento a través de los medios (el desconocimiento de las consecuencias de nuestras costumbres o la lejanía de los resultados impiden la empatía con otros), la propaganda, quizá por el diseño de nuestro modo de vida, la organización de horarios, y un acentuado comportamiento de imitación de la mayoría...no lo sé, pero lo que sí sé es que a pesar de años y años de adoctrinamiento en favor de la defensa del mercado, de la competencia, del acaparamiento, la enorme fuerza altruista aún bulle en nuestro interior pugnando por salir. Aún sucede que montones de personas se asocian convirtiéndose en una fuerza benefactora para viajar a lugares remotos, donde reina la miseria, donde familias enteras mueren de hambre y enfermedad, y luchar con todas sus fuerzas contra las consecuencias del capitalismo reinante en todo el orbe; o se plantan delante de la puerta del hogar de una familia a la que están a punto de desahuciar, sin esperar nada a cambio, y arriesgándose a agresiones físicas y multas para defender los derechos de personas a las que ni siquiera conocen. Solo porque hay algo dentro de ellos que les grita y les dice que la enorme tribu que es la humanidad puede ser mejor, mucho mejor, que debe proteger a los suyos, sobre todo a los débiles y a los enfermos, quizá de forma “egoista”, esperando que algún día alguien haga lo mismo por ellos en caso de necesidad, quizá... pero lo que tienen claro es que el mercado y la competencia nunca debió salir del segundo plano en el que debe estar, siempre por detrás de las relaciones entre personas, del apoyo mutuo.

1.- La biología establece el altruismo genético y distintos niveles del mismo y asegura que hasta a los seres más básicos se les puede clasificar en uno o varios tipos, por ej. las abejas (que en caso de amenaza de la colmena sacrifican su vida con su picadura para defenderla, y tienen que saber de alguna forma que van a morir, puesto que no atacan en forma de enjambre, sino un número muy reducido de ejemplares, salvo rarísimas
excepciones).

2.-Aunque el comportamiento altruista del ser humano va más allá, porque si fuese el interés propio el que lo alimenta, en caso de que un colectivo sea cooperativo, lo racional a nivel individual sería no cooperar, de forma que recibes los beneficios obtenidos por la cooperación del grupo sin tomar los riesgos y esfuerzos que pueda implicar este comportamiento de apoyo mutuo, y esto no ocurre de forma general (es más los individuos que se comportan de esta manera suelen ser discriminados en la sociedad). La visión simplista de los defensores del individualismo y la competencia por naturaleza no se sostiene ante la complejidad y la avalancha de ejemplos que tiran por tierra sus afirmaciones.

6 comentarios:

  1. Hola

    Totalemente de acuerdo Alberto.
    Creo que conviene distinguir entre el interés por uno mismo (en el origen de toda vida) y el egoísmo, que sería una forma concreta de intentar satisfacer ese interés, a expensas de los demás. En realidad nada bueno es posible si no empezamos por querernos a nosotros mismos, si no queremos mejorar nuestra vida, (si no reconocemos de entrada el valor de la vida que nos ha sido otorgada). A partir de este amor a uno mismo la conducta dependerá de cómo interpretemos la realidad.

    Se puede hacer una interpretación burda sobre nuestra naturaleza y sobre lo que conviene a ésta: como seres meramente demandantes y asociales, (como amebas), o como depredadores insaciables, (peor aun que cualquier otro depredador que cesa sus capturas cuando se sacia). Si entronizamos este egoísmo como principio rector de la sociedad, esto nos obliga a temer el egoísmo ajeno, equivalente al asumido por uno, sumiéndonos en la ansiedad, en una pesadilla de rivalidad y desconfianza, y en una incesante labor de precaución ante los demás.

    O bien podemos comprender que somos seres sociales, y que el entorno social y natural es en realidad parte de nosotros; es esa "circunstancia" cuya salud nos condiciona tanto como la de nuestro propio cuerpo. Entonces vemos que nuestro primer interés está en unas relaciones colaborativas, una sociedad cohesionada y un entorno saludable. En un contexto organizado sobre estos principios, libres del temor a la exclusión y a la opresión, dar puede ser entendido como algo conveniente, pesando más el "bien" relacional o social que el bien transmitido, (incluso al margen del placer emocional que puede suponer a menudo).

    Pero además está en la naturaleza humana la posibilidad y la tendencia a amar, no sólo a otros sino también determinadas circunstancias (presentes o ideales) por las que uno puede decidir "darse". El "amor propio" incluye esta última posibilidad, y la coherencia es una cuestión de salud. Debido a esto tiene una importancia crucial definir los ideales que apreciamos, y debatir su valor.

    Un poco más de reflexión sobre esto:
    El verdadero interés - http://ecorablog.blogspot.com/2012/03/el-verdadero-interes.html

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  2. Totalmente de acuerdo Alberto como la cultura occidental en general promueve un individualismo, que en sí no es malo, si estuviera equilibrado con cierto colectivismo. Como señalan en este artículo sobre lo que Africa puede enseñarnos. http://www.elcorreodelsol.com/articulo/ubuntu-lo-que-africa-puede-ensenarnos.
    Ubuntu significa que “una persona es una persona solo a través de las otras personas”.

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  3. ¿No estáis ejerciendo el mismo individualismo que representáis para criticarlo cuando justificáis como debe ser la organización social en si tal cosa es buena o no para los individuos —aunque sea criticando conductas diciendo que son aparentemente buenas para el individuo pero que realmente no lo son—? ¿Realmente competencia es opuesto a colaboración? ¿Es lo mismo la ética y la moral? Aquí se dice, por ejemplo, que el intercambio económico impersonal (¿mercado? ¿mercados?) debe estar siempre en segundo plano frente a las relaciones entre personas de apoyo mutuo pero, ¿cuáles de los dos tipos de relaciones son universalizables? ¿Yo puedo esperar —y aquel de mí— apoyo mutuo de cualquiera de los siete mil millones de personas que pueblan la Tierra? ¿Al margen de, verbigracia, un lenguaje común? ¿Al hablar de individuos y grupos no estamos en un dialelo —no hay persona sin sociedad de personas, y viceversa—? ¿Hablar de comunidad sin explicitar cual es la comunidad de confianza mutua de referencia no es despolitizar la política (convertir la política en moral, biología o sociología)? ¿No hacen ustedes lo mismo que aquellos a los que más critican (individualistas, egoistas, liberales) que es diluir el Estado, bien en las redes de apoyo mutuo entre individuos y en las comunidades de confianza, locales —aquellos frente a los que más frontalmente se oponen lo hacen directamente en los individuos aunque luego admitan que estos pueden asociarse—, bien en la Humanidad que viaja unida en la nave Tierra por los confines del Espacio y el Tiempo, o simplemente en la Dialéctica Historia —aquí los contrarios que ustedes se representan hablan de Sociedad Global, Mercado Mundial, de la propia Humanidad vinculada a través de los intercambios voluntarios y de beneficio mutuo, de una Humanidad de Robinsones—? La apelación a la naturaleza ¿no vuelve a incurrir en la misma falacia naturalista —aunque sea para imputarles una falacia moralista a sus contrarios—? ¿Realmente los humanos tenemos una naturaleza? ¿Y en la medida en la que tengamos tal naturaleza, no estaremos reduciendo lo humano a un plano genérico y por tanto biológico, que no permite explicar la especifidad de, verbigracia, la economía capitalista, la ciencia ilustrada, los testimonios de la antropología cultural o las obras del arte de vanguardia, por decir algunos casos?
    Por último, ¿qué opinan, en pro del refinamiento de su postura, incorporar el análisis de Cipolla sobre la estupidez humana? Lo digo porque me parece que ustedes entienden que el egoísta se beneficia a costa de los demás, pero aparte de que hay que contemplar la situación tanto etic (viendo la acción del egoísta desde fuera) como emic (como se representa su acción), ¿hasta que punto se superpone el egoísmo a tres de los cuadrantes del gráfico de Cipolla (al de los inteligentes, al de los malvados y al de los estúpidos)?

    PS: Por dar algún criterio desde el que se puede hablar (aunque sea para negarlo), se podría decir que una conducta es buena desde un punto de vista ético cuando favorece la preservación y fomento de la vida de los individuos corpóreos humanos, es decir, aumenta la fortaleza de los mismos. Tal fortaleza, cuando va referida a uno mismo se llama firmeza, y cuando va referida a los demás, generosidad. La moral, por contra, tiene que ver con las normas que se dan los grupos para su continuidad, normas que se solapan en mucha medida con normas éticas, pero que también pueden ser contrarias a estas. La moral, así entendida, hay que referirla a grupos concretos, grupos que pueden estar en conflicto objetivo con otros grupos (y por lo tanto con su moral), y por tanto con ideas dispares sobre la virtud moral por excelencia, la justicia —parece claro que no es posible hablar de justicia o injusticia sin referirse a situaciones dentro de grupos—.

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    1. Buenas "un ignorante",

      Creo que no es necesario buscar fundamentos tan detallados a este post. El planteamiento es simple, sin querer caricaturizar la situación, mostrando un individuo completamente dominado por las instituciones sociales, es obvio (y lo muestra la antropología) que el individualismo tiene una componente cultural. Desde ese punto de partida, cualquiera pueda emitir un juicio normativo (me parece bien, me parece mal) y se puede debatir el tema. Eso es lo que hacemos. No se trata de una demostración científica, tan sólo de argumentos.

      Respondiendo a tus preguntas ¿No estáis ejerciendo el mismo individualismo...? No. Lo que se defiende es un ideal de vida buena donde el individualismo tiene su papel, pero no es lo único importante. Se puede pensar que existe algo llamado individuo, y que se puede tomar en consideración lo que es bueno o malo para él, y al mismo tiempo ser conscientes que no podemos explicar los procesos sociales por la agregación de comportamientos individuales.

      ¿Realmente competencia es opuesto a colaboración? Los diccionarios de antóninos que he mirado no parecen considerarlo así, pero en el contexto en el que se usa en este artículo, yo diría que sí, que una cosa es opuesta a la otra.

      ¿Es lo mismo la ética y la moral? No son lo mismo, aunque están relacionados.

      ¿Cual de los dos tipos de relaciones son universalizables? Yo diría que los dos.

      ¿Yo puedo esperar —y aquel de mí— apoyo mutuo de cualquiera de los siete mil millones de personas que pueblan la Tierra? No. Pero cualquiera puede esperar apoyo mutuo de sus conocidos o las personas de su comunidad.

      ¿Al hablar de individuos y grupos no estamos en un dialelo —no hay persona sin sociedad de personas, y viceversa—? Yo diría que no. Es cierto que hay una relación entre el individuo y el grupo, de forma que tu afirmación tiene sentido, pero eso no quiere decir que sean lo mismo o que uno derive del otro.

      ¿Hablar de comunidad sin explicitar cual es la comunidad de confianza mutua de referencia no es despolitizar la política (convertir la política en moral, biología o sociología)?

      ¿No hacen ustedes lo mismo que aquellos a los que más critican (individualistas, egoistas, liberales) que es diluir el Estado...? Habría que ver cual es la definición de estado de la que hablamos. Yo entiendo por estado un cuerpo de funcionarios organizado ¿Se diluye el estado al hablar de redes de confianza mutua? En el sentido en el que yo entiendo el estado no. Si se entiende el estado de otra forma (algún tipo de institución coercitiva, que explica el orden social, etc), quizás. Habría que profundizar más en la cuestión.

      La apelación a la naturaleza ¿no vuelve a incurrir en la misma falacia naturalista —aunque sea para imputarles una falacia moralista a sus contrarios—? ¿Realmente los humanos tenemos una naturaleza? Bueno, creo que se nos puede describir como especie. Somos un tipo de animal determinado, que puede ser descrito, y por tanto sí, tenemos una naturaleza. Otra cuestión distinta es la potencia explicativa de esa naturaleza para explicar el comportamiento, que creo que es por dónde tú vas. En este sentido creo que la naturaleza puede explicar muy poco del comportamiento humano.

      ¿Y en la medida en la que tengamos tal naturaleza...? Explicado en mi anterior respuesta.

      Respecto a Cipolla, no conozco su obra más que de forma muy somera, por lo tanto poco te puedo decir al respecto.

      saludos,

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    2. Hola "un ignorante", como dice Jesús Nacher, la intención del artículo es poner en tela de juicio las afirmaciones de las teorías capitalistas sobre el individualismo innato del ser humano, e intentar respaldar, mi creencia personal en que este individualismo (que es indudable que se extiende a lo largo y ancho del orbe), es algo adquirido por nuestro actual modo de vida.
      Creí que eso quedaba claro en el artículo, en él no quiero demonizar la competencia, solo plantear que no debe primar y adormecer ciertos comportamientos del ser humano, que yo sí creo arrastramos desde nuestro origen como especie.
      Un ejemplo que se me ocurre de competencia positiva podría ser el afán de superación (me refiero a competir con uno mismo).
      Salu2

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  4. También yo creo (y la aplaudo) en la generosidad de muchos seres humanos.http://bit.ly/1Ge9Gsn

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