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lunes, 15 de septiembre de 2014

La busqueda desesperada del crecimiento ¿Penúltimo capítulo?


El pasado jueves, 4 de septiembre, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) Mario  Draghi, anunció una nueva bajada de los tipos de interés para préstamos de reservas en el Banco Central hasta el 0,05% lo que significa una rebaja adicional del 0,10% respecto al tipo fijado en junio de este mismo año. Además, aumentó la penalización a los bancos comerciales por mantener un exceso de reservas sobre los requerimientos establecidos hasta el -0,20%, la anterior de junio era del -0,10%. Sin embargo, la medida más significativa y heterodoxa, especialmente para al BCE, fue el anuncio de un programa de compra de activos al sector privado no-financiero para octubre (Quantitative Easing).


Las anteriores medidas se pueden calificar como medidas desesperadas ante el estancamiento del crecimiento del PIB de un buen número de países de la eurozona y, si se me permite el juego de palabras, es una medida de la desesperación de los dirigentes políticos ante una situación que poco a poco se les escapa de la manos.

Es cierto, que el manejo de las políticas económicas en la Eurozona ha sido especialmente catastrófico. El concepto de austeridad expansiva pasará a la historia como una de las estupideces más notables de política económica. Los datos de destrucción de riqueza y empleo son demoledores y el cambio de modelo productivo, palabra mágica donde las haya junto con “emprendimiento”, pertenece a las fantasías animadas que a la propaganda le gusta divulgar machaconamente a ver si con la repetición se convierten en realidad. Las medidas actuales, tanto las ortodoxas, bajada de tipos, como las heterodoxas, compra de activos, pretenden cebar la máquina a ver si esta vez arranca, como ha ocurrido en EEUU y, se produce el deseado crecimiento en términos de PIB, lo único relevante en último término.

La necesidad de crecimiento en término de PIB se está volviendo acuciante, no sólo por lo que superficialmente se denomina exceso de apalancamiento, mera sintomatología de un problema mucho más grave, sería como confundir la fiebre con el virus de la gripe. Es cierto que la deuda sin crecimiento se convierte en una losa imposible de levantar, pero nuestro remedio consiste en continuar endeudándonos. Las medidas adoptadas se encaminan a aumentar la masa monetaria y eso se hace únicamente a través del incremento de deuda. El problema de las autoridades monetarias, es que en una trampa de la liquidez las medidas convencionales no tienen efecto, los tipos deberían ser negativos. Esto plantea cuestiones interesantes que no podemos desarrollar en esta breve entrada, pero revela algo sustancial, con un tipo de descuento negativo el valor actual es mayor que el valor futuro. Se puede postular que tal absurdo lógico desde el punto de vista convencional refleja una realidad ecológica, el valor de los servicios proporcionados por los ecosistemas son cada vez más valiosos, tienen un tipo de descuento negativo, ante el agotamiento de determinados recursos no renovables. Si nos encontramos en la hipótesis de un mundo lleno, hay que recordar la ley del mínimo de Liebig, la situación de los tipos puede reflejar una realidad que parece se quiere abrir paso aunque no sea reconocida.


Pero volvamos a las medidas del BCE, la bajada de tipos no tienen otra influencia que intentar provocar una depreciación del euro que anteriores bajadas apenas habían conseguido. Cabe esperar y ver al desarrollo de los acontecimientos antes de lanzar las campanas exportadoras al vuelo.

Por otro lado, la penalización por el exceso de reservas a la que se une las medidas de compra de activos persiguen que la fábula del multiplicador bancario, además de en los libros de texto de economía, funcione en la realidad. Se trata de una hazaña extraordinaria, intentar que la realidad se adapte al modelo aunque sea a martillazos, no en vano como economistas vemos clavos por todas partes. La realidad es que los bancos cuando prestan crean dinero ex-nihilo y, después, buscan las reservas. No es necesario que nadie renuncie al consumo presente, ahorre, para realizar el préstamo. Ahora se persigue que el mecanismo sea: primero, se crean las reservas y segundo, se buscan a los inversores. Evidentemente, la mano invisible colabora, con alguna ayuda (algo parecido al “credit guidance” mediante el programa llamado TLTRO) para que todo el dinero creado vaya a la economía real y no, por supuesto, a generar más burbujas. Faltaría más, hemos aprendido de nuestros errores y ahora sabemos lo que hacemos, esta vez no habrá burbujas, el dinero creará producción, lo del reparto pertenece a otro negociado.

Antes comentaba la desesperada necesidad de crecimiento del PIB, los niveles de desigualdad empiezan aflorar incluso en la propia profesión económica. Cuando se fundó la teoría marginalista se había mandado al rincón de la historia las preocupaciones de los economistas clásicos, unos moralistas, por la desigualdad. Demostrado que el capital no es ningún parásito y recibe lo que le corresponde por su contribución marginal, podemos dejar el estudio de la distribución en los aledaños de la economía, sin tocar el núcleo duro. Daly (1977) citando a Wallich dice:

El crecimiento es un sustituto de la igualdad en el ingreso. En tanto haya crecimiento hay esperanza y, eso hace las grandes diferencias en el ingreso tolerables” (1972). Somos adictos al crecimiento porque somos adictos a las grandes desigualdades en la renta y la riqueza. ¿Qué ocurre con los pobres?. ¡Dejemos que coman crecimiento! ¡Mejor aún, dejemos que se alimenten de la esperanza de crecimiento en el futuro!

Lo más descorazonador es que ese crecimiento del PIB en realidad nos empobrece al depreciar el capital natural por encima del crecimiento neto (restada la depreciación del capital hecho por el hombre), si en realidad existe, del producto.

Finalmente, decir que la inspiración que viene de los EEUU dónde el QE ha tenido un éxito relativo, los crecimientos son muy irregulares con un nivel de paro real comparable con las medidas europeas mucho más elevado que las estadísticas oficiales, es muy difícil de reproducir en Europa. Por un lado, la burbuja de la fractura hidráulica (fracking) de gas y petroleo no convencional ha proporcionado un plus de energía relativamente barata, a costa de un endeudamiento creciente de las empresas explotadoras, no es reproducible en Europa, mucho más densamente poblada y sin los abundantes recursos naturales que usa el fracking en EEUU. Además, y nunca se insistirá suficientemente, en la ventaja absoluta que representa el derecho de señoreaje que el dólar como moneda de intercambio internacional proporciona a los EEUU sobre el resto de países o zonas monetarias. Debido a que todos los superávits por cuenta corriente se deben  invertir  necesariamente en activos denominados en dólares.

Sólo queda esperar y ver. No obstante, si los actuales dirigentes políticos de la vieja Europa piensan que esta vez todo volverá a la normalidad, crecimientos estables, paz social con menos derechos y peores condiciones socio-laborales, pero con la esperanza de que el crecimiento del pastel, aunque no llegue a todos, se reparta lo suficiente para salvar sus poltronas, yo de ellos pondría sus barbas a remojar.

3 comentarios:

  1. Hola, Jordi. En cuanto al señoreaje del dólar, sería interesante ver hasta qué punto beneficia al conjunto de la población estadounidense, porque lo que pudiera ser bueno para Wall Street, puede parecer contraproducente para su población. Creo que sería bueno matizar dicha consideración, aunque, claro, ya sabemos que cuando hablamos del interés de los países, en realidad hablamos del interés de los que pintan en las decisiones gubernamentales.

    Gracias por el artículo.

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    1. Hola Urbez,

      Gracias por tu comentario.

      Dada la actual desigualdad en la distribución de la renta en EEUU es fácil saber quien recoge los beneficios. Su función esencial es mantener la poderosa maquina de guerra que les permite ejercer el poder haya donde se necesite y alimenta al complejo militar-industrial. Tal vez, pecamos de abstracción, pero un estado con sus funciones como la emisión de moneda tiene como última ratio el ejercicio de la violencia, en principio regulado y controlado en los países democráticos. Sin embargo, el problema es que en las democracias liberales más que el nominalismo de un hombre un voto, la realidad impone un dólar (euro) un voto. Siguiendo esa pista sabemos quienes aprovechan realmente los resortes del Estado.

      Saludos

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    2. De una forma u otra, lo que podemos anticipar es que las medidas de Draghi ni siquiera tendrán el modesto resultado que han tenido en EEUU (y al que llaman recuperación, como aquí el de las barbas)

      saludos,

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