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lunes, 13 de febrero de 2017

La tecnosfera contra la biosfera. Pasado, presente y futuro


1.      Introducción. La paradoja del mito al logos

Abran cualquier libro de introducción a la filosofía y se encontrarán la narrativa según la cual el inicio de esta disciplina tiene lugar en el paso de un supuesto pensamiento y acción guiado por los mitos, la tradición y la religión a uno basado en la razón y la observación, de carácter superior. El paso del mito al logos le llaman. Sigue contribuyendo a esta narrativa la idea de que el ser humano es curioso por naturaleza y tiene un intelecto superior al de cualquier otra especie, y que eso debe ser guía para dar respuestas vitales sobre el mundo y su vida social, política y económica.

Tales de Mileto, considerado por muchos como el primer filósofo sistemático, trató de dar una respuesta a esta cuestión en su metafísica monista a partir de un mecanismo que hemos venido denunciando desde sectores críticos y que ha sido y sigue siendo fundamental para seguir perpetuando toda una serie de dinámicas destructivas que a nivel discursivo y científico culminan en las ideas de la economía neoclásica. Este mecanismo es el reduccionismo, que no deja de ser la manera de generar consensos a partir de ideas fácilmente entendibles y de carácter mitológico por el conjunto social. El paso del mito al logos pues no es más que el paso de un mito a otro tipo de mito, pilar fundamental de la filosofía occidental más ortodoxa.

Este reduccionismo se traduce en conceptos que se han hecho cuasi-hegemónicos con el gran despegue de la globalización en los 90 y en lo que va de siglo XXI. Si tomáramos una muestra al azar de la población occidental “avanzada” lo más probable es que el lenguaje y la acción tuvieran relación con los sospechosos habituales: “tecnología”, “crecimiento”, “globalización”, “racional”, “competitividad”, “innovación”, “producción”, “progreso”, “máquina”, “economía”, “dominar-controlar”. Dentro de cada uno de estos conceptos (y alguno más) se enmarcan otros en un segundo nivel. A nivel tecnológico que es el que nos ocupa en este modesto artículo podríamos seguir articulando “hiperconectividad”, “automatización”, “digitalización”, “robotización”, “smart” y "tecnosfera", el más original, clarificador y que resume muy bien nuestra actual relación con la tecnología.

Mediante las estrategias propagandísticas de los medios de masas, los políticos, los eventos culturales, el arte ortodoxo… se van tejiendo relaciones semánticas que acaban articulándose en grandes frases de fácil interiorización que operan tanto a nivel consciente como inconsciente. Así lo evidencia el suplemento de un conocido diario en nuestro país donde
“La ciencia tiene un plan para cambiar la humanidad”
para seguidamente proponernos los ámbitos de estudio que deben guiar el “proceso” y “crecimiento”, esa “economía mágica” que todo lo puede y a nadie teme. Las ideas se reducen a cuestiones muy de índole específicamente tecnológica: “avances” en genética, en materiales inéditos como el grafeno, en ordenadores que aprendan (aparecen aquí términos como “digitalización”, “máquinas” …), desarrollos en una energía  universal como la fusión nuclear, combatir las infecciones con nuevos fármacos por descubrir, optimizar la monoagricultura con soluciones smart y los sueños de colonización de otros planetas. Solo una de las 8 cuestiones planteadas apunta a cuestiones que vayan más allá de la cuestión más mecánico-tecnológica y es la preocupación por las derrotas que parecen estar sufriendo las democracias liberales. Más adelante veremos como muchos de estos objetivos no hacen más que contribuir a degradar más nuestro planeta, por lo menos hoy.

De esta manera, se produce un proceso de consolidación mitológica que culmina en un encumbramiento de la ciencia como instrumento para el desarrollo de la tecnología (la tecnociencia) en un momento donde parte de la ciencia está en crisis, que además tiende a reducir a su vez la definición más amplia de “energía, materiales, conocimientos e información concentradas con un propósito” que dimos en nuestro artículo anterior sobre tecnología a una cuestión relacionada sobre todo con el gran desarrollo de lo digital y las telecomunicaciones gracias a los avances en electrónica y en su uso de materiales y diseño y a lo eléctrico. Al comparar la gente el discurso con su propia realidad (muchos somos los que vivimos permanente conectados a la red) los conceptos se refuerzan y se pierde la capacidad de analizar críticamente elementos de fondo de nuestro sistema. Así también se consolidan y refuerzan los conceptos fundamentales como “globalización” o “progreso” que en el plano material tienen el objetivo instrumental de justificar ese desarrollo tecnológico imparable y que genera unas dinámicas en que lo tecnológico emerge como un ente que canibaliza y depreda la biosfera sin límite alguno, como si de un sádico sin escrúpulos se tratara.

2.       Visión histórica. Tecnología, energía, valores y género

Muchos han sido los filósofos, después de Tales de Mileto, quienes a lo largo de este paradójico paso del mito al logos han contribuido al lenguaje y modelo social actual. Mientras que filósofos orientales como Lao Tsé, Buda, Confuncio o Mo Tsé se han preocupado generalmente de cuestiones morales y políticas, los occidentales pusieron más énfasis en cuestiones cosmológicas y del mundo natural (a las cuales los orientales daban por zanjadas o les restaban importancia). Mientras que las filosofías orientales tienen una clara vocación de ir hacia adentro y asumen que la mayoría de lo que ocurre está fuera de nuestro control, las occidentales tienden a ir hacia afuera y asumen que a partir de esa curiosidad innata y el razonamiento es posible entender el orden armónico natural para poder manipularlo y controlarlo a nuestra conveniencia y así mejorar el mundo y al ser humano (esto vendría más adelante especialmente con los grandes avances tecnológicos).

Sería muy interesante preguntarse de donde viene ese afán por “dominar”, por “mejorar” las cosas y no por aceptarlas tal y como son. Solo alguien a disgusto con su actual paradigma (seguramente azotado por algún evento natural dañino), con su modo de vida y con mucho miedo se puede plantear dichas cuestiones. ¿Es quizás parte del inconsciente colectivo a partir de algún gran trauma histórico pre-civilizatorio? Son varios los historiadores que apuntas a que el paso de las sociedades mito forrajeras a las agrícolas jerárquicas, militarizadas, dominadoras, patriarcales y explotadoras de la naturaleza surgen de una combinación de un incremento espontáneo de la población junto a rápidos cambios climáticos. Es posible que venga de ahí el afán de trascender una naturaleza que no ha sido “justa”, de esa caída del jardín de Edén encarnada en el pecado original. Quizás tiene algo que ver con los patrones irregulares de clima en el oriente cercano entre los años 13.000 y 10.600 A.C (primero lluvias y luego sequías), que junto al crecimiento poblacional y una vida protoagrícola y más sedentaria, contribuyeron a poner esas semillas que luego en algunos casos darían paso a grandes civilizaciones (esto no ocurrió siempre, pues hubo grupos que optaron por emigrar y en muchas zonas tropicales o extremas polares no se desarrollaron grandes civis que permitieran ese inicio de la filosofía y de la ciencia, ese paso del mito al logos, limitadas aún en su capacidad de controlar la naturaleza por tener un nivel de complejidad insuficiente).

Ante la aparición de lo que se conoce como civilización que se inicia con el paso hacia el sedentarismo agrícola se produce un importante cambio de valores y de su relación con lo tecnológico como nos narran Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes en el fantástico En la espiral de la energía (pp. 63-67). Se pasan a usar tecnologías más complejas que permiten disipar (utilizar) un mayor uso energético exosomático (fuera del propio metabolismo del cuerpo) basado fundamentalmente en el uso de la biomasa para por ejemplo fundir metales blandos (oro, plata, bronce, cobre) y hacer herramientas más complejas y poderosas y en menor medida el viento para inventos como el barco de vela (y así incrementar las interconexiones como mecanismo para paliar la mayor vulnerabilidad del sedentarismo).

En un primer momento esta transición no supuso grandes cambios. Los indicios arqueológicos y antropológicos apuntan a que seguían siendo sociedades de carácter igualitario con liderazgos basados en la empatía y la solidaridad (y no el ego individualista), dando un preponderante valor a lo femenino (no se encuentran rastros de expresiones artísticas en relación a lo militar-guerra o son escasas), con una gestión comunal de los bienes en un trabajo cooperativo y colectivo y en donde los excedentes se solían “quemar” en celebraciones. Es con el paso a las sociedades imperiales de ciudades estado y más complejas hace unos 6000 años donde parecen emerger unos nuevos valores donde se pasa de una identidad relacional a una individualista, aparece la necesidad de la propiedad privada por encima de la comunal, se estratifica la sociedad y aparece el esclavismo, servidumbre y uso de animales para el trabajo, se inicia un proceso de desacralización de la naturaleza y con el comercio (ante las ventajas que brinda en una sociedad sedentaria poco flexible) se desarrolla la movilidad masculina y la menor dependencia del colectivo (algo que paradójicamente las mujeres parecen estar logrando en sociedades de altísimo consumo exosomático como las nórdicas donde he percibido como las mujeres parecen haber interiorizado que la únicamente de no dejarse dominar por el hombre en una sociedad dominadora es asumiendo sus valores y compitiendo con él).

Un ejemplo muy evidente de cómo se materializan esta diferencia de valores entre civilizaciones dominadoras y sus predecesoras más igualitarias es en el arte. Un ejemplo muy evidente es el de la cultura minoica. Esta antigua civilización considerada por muchos como igualitaria, naturalista e incluso matriarcal presenta un arte en el que destacan las los frescos y las cerámicas (ánforas, hidrias y otros recipientes) decorados con variadas formas, muy a menudo esféricas y con referencias animales y vegetales y cuerpos de mujer, mientras que civilizaciones más imperialistas y dominadoras como la micénica (que fue posterior e influenciada por la minoica) suelen destacar figuras más masculinas, formas más lineales y menos esféricas y herramientas relacionadas con lo militar, la caza… como demuestra la mayor abundancia de representaciones en frescos y objetos armamentísticos como las jabalinas, lanzas, escudos así como combates.




Figuras 1 y 2. A la izquierda observamos una pintura minoica en la que se muestran la importancia de las cerámicas (tecnologías contenedor o conservadoras) mientras que a la derecha observamos un escudo símbolo de la diosa de la guerra.

Así pues, en el plano tecnológico vemos claras diferencias entre dos civilizaciones que, aunque han bebido la una de la otra como la minoica y la micénica, nos sirven para diferenciar claramente dos enfoques distintos. Mientras que en el caso de la cultura minoica se enfatizaban tecnologías de formas más esféricas e identificables con algo a conservar (la natauraleza, un bebé en un vientre), el caso de la cultura micénica (y más claramente en civilizaciones posteriores como la tecno industrial moderna) tienden a remarcar la velocidad, eficiencia y capacidad de dominio de una tecnología, a menudo representado por formas fálicas (pensemos en los rascacielos o en las plantas petrolíferas de extracción por ejemplo).

Este punto de vista ha sido argumentado de forma elocuente por un reciente artículo (en inglés) de Sabine LeBel en el que en el contexto del decalaje que existe entre lo rápido que fluye la información hoy en día con las TIC y la lentitud de la extracción, transporte y contaminación que generan que además se generan de forma espacialmente diferenciada., lo cual dificulta para al ciudadano habituado a lo local a poder entender sus dinámicas. En este contexto, la autora menciona a la filósofa Sofi que cuestionaba la visión androcéntrica propia de Heidegger e incluso Mumford (que cuestiona la filia por lo tecnológico a su vez), los cuales relacionan lo tecnológico como mera extensión del cuerpo, en términos más materiales. Nos dice:


"Por ejemplo, en la discusión de Heidegger del cáliz, las herramientas y otros materiales en la tienda de un herrero al producir el cáliz son ausentes. Sofía argumenta que en los procesos de extracción, transporte, suministro - y yo añadiría desecho - son cruciales para entender el objeto, el cáliz. Sofía sitúa a Heidegger, junto a Mumford y McLuhan, en la tradición teórica que considera a la tecnología como una estirpe de herramientas que extienden los límites del cuerpo humano. El cuerpo conecta con el martillo, la lanza e incluso el coche, elementos que van más allá, enfatizando la velocidad, moción y extensión. Por otro lado, los contenedores mantienen y preservan sus contenidos a lo largo del tiempo y funcionan como una tecnología para dotarnos de nuevos recursos y como almacenes. Las tecnologías contenedores como las jarras, urnas, tamices o cálices diseñados para contener, esparcir o actuar como filtros se omite de todas estas discusiones previas"


Así pues considero que LeBel da en el clavo al ampliar el debate y poner en el foco no solo en su aspecto biofísico sino también en su aspecto más simbólico y social, apuntando también a que relaciones de género y que dinámicas de estratificación en clases han generado las civilizaciones imperialistas y expansivas como en la que vivimos hoy en día y que parece estar haciendo aguas en un proceso de metástasis a muchos niveles.


3.      Gaia Orgánica y su némesis tecnoindustrial. Lo perdido y lo ganado

Dmitry Orlov define a la tecnosfera en su reciente libro Shrinking the Technosphere como “una entidad parasítica que ha crecido dentro de la biosfera y que ests ocupada en destruirla” en contraposición con la biosfera como “el marco natural en el cual toda la vida habita y nos proporciona aire, agua potable, fuentes de comida tanto salvajes como cultivadas, materiales de construcción para nuestros refugios, fibra natural, pieles y cuero para nuestra ropa y mucho más”.

El autor ruso propone la hipótesis de “Anti-Gaia” en contraposición a la “hipótesis de Gaia” que Margulis y Lovelock popularizaron en los años 70. Mientras que Lovelock define en su libro a Gaia como un superorganismo autoregulador (sus suelos, atmósfera y océanos) de forma homeostática (con distintos equilibrios no estables), Orlov nos dice que la tecnosfera “posee una inteligencia primitiva emergente que le permite crecer en complejidad y poder para dominar a la biosfera de forma acelerada, tratando a los organismos como máquinas y sustituyéndolos por máquinas en la mayor medida posible” y además apunta que a diferencia de la biosfera, que busca el equilibrio homeostático (autoregulación en evolución), la tecnosfera busca el constante “desequilibrio – el crecimiento continuo, el cual, en un planeta finito con recursos no renovables naturales, es un callejón sin salida”.

Además dedica 42 páginas (sin desperdicio y con una piza de humor negro muy necesario) a definir las características fundamentales de la tecnosfera, resumidas en contraposición con las de la biosfera en el siguiente cuadro que he tratado de desarrollar a partir de las categorías que Carlos de Castro propuso con respecto a su "Hipótesis de Gaia orgánica" y los seres vivos en una reciente charla. Con la mezcla de las características expuestas por Orlov y las 6 características fundamentales que De Castro toma como referencia para definir la biosfera y los seres vivos pienso que podemos observar de forma sintética y eficaz las características de ambas y porque una parasita a la otra.

  
CARACTERÍSTICA
BIOSFERA
TECNOSFERA
REPRODUCCIÓN
¿Sí? No está claro que se pueda atribuir a la biosfera la capacidad de reproducirse así que lo dejamos como un concepto a desarrollar en el futuro.
No. Necesita de un subsidio enorme de energía y materiales exterior subministrado por el ser humano y la biosfera, pero actúa de manera que estructuralmente controla al ser humano explotando sus deseos más banales.
AUTO-REPARACIÓN
Sí. Prueba: Las 5 grandes extinciones. En el pérmico el 95% de especies se extinguió, pero Gaia se recuperó.
No. Necesita personal altamente cualificado para repararse, aunque a menudo como en Fukushima no se sepa ni el cómo.
RECICLADO MATERIAL
Sí y mejor que la mayoría de organismos (tasas elevadas)
No. La civilización actual con tasas de reciclaje de materiales inferiores al 10% demuestran que a medida que la tecnosfera se expande disipa más materiales, más tóxicos y más complejos, todos ellos nuevos por lo que la biosfera es canibalizada.
METABOLISMO PROPIO Y REGULACIÓN
Sí. Tiene un flujo material y energético propio que funciona como un todo regulando diferentes parámetros (la salinidad y acidez de los océanos, el Co2, el oxígeno…).
Sí/No. La tecnosfera se caracteriza por ir más allá de sus propios límites y por la conquista natural a partir de un incremento en el flujo de materiales no renovables y depredando los renovables.
EVOLUCIÓN
Sí. Experimenta saltos de complejidad que tienden a estabilizarse cuando las condiciones son propicias.
Sí. Mientras que en sus inicios la tecnología servía para mediar las relaciones humanas con la naturaleza, desde las sociedades dominadoras agrícolas avanzadas la evolución de la tecnosfera ha sido acelerada haciendo a la gente más dependiente, más violenta (a menudo) y menos sana. El mito del progreso tecno-optimista es instrumental para sus objetivos.
TELEOLOGÍA
Sí. Mediante la transferencia de “telos” mediante la apoptosis como hacen las células en su muerte celular programada en virtud del todo (el organismo). Los organismos transfieren sus funciones a Gaia (De Castro asume que es por motivos genéticos operando a nivel muy profundo).
Sí. Busca controlarlo absolutamente todo, reducirlo todo a la tecnología (especialmente aquello más humano: los instintos y emociones), debe ser cuantificado en términos monetarios y es homogeneizador (a través de la globalización y la hiperconectividad, por ejemplo). Todo con el propósito de dominar la biosfera

Tabla 1. Comparativa de la tecnoesfera y la biosfera según el modelo de Gaia Orgánica de Carlos de Castro

La siguiente cita resume esta relación necesaria pero patológica entre la biosfera y la tecnosfera:

“La tecnosfera sueña (con la ayuda de algunos humanos que esclaviza) a la conquista universal: sueña con criar una raza de robots auto reproductiva y que se aventure al espacio. Sueña con dejar este planeta exhausto y devastado atrás para colonizar otros mundos – otros con más recursos no renovables para derrochar sin cuidado y, de forma crucial a biosferas nuevas que subyugar y destruir, la tecnosfera se convierte en un robot ciego y sordo que silva a si mismo en la oscuridad. Sin la milagrosa, fantástica bondad que es la vida, la tecnosfera no puede ni aspirar al mal – solo a lo banal. ¡Artilugios al espacio! Bostezo…" (Orlov, 2017, pp. 54)

Las reflexiones tanto de Dmitry como de Carlos de Castro (convencidos colapsistas del sistema tecno industrial actual) no es hacer una oda al anti-tecnologismo sino desmitificar las cornucopias que sueñan en un mundo hipercomplejo y que obvian la gran cantidad de impactos ambientales, sociales y psicológicos que ejerce esa tecnosfera asfixiante sobre muchos de nosotros. Así pues, habría que pasar de preguntarse ¿Cuál es la siguiente tecnología? ¿Qué innovaciones traerá? ¿Qué nivel tecnológico satisface nuestras necesidades más vitales minimizando los impactos sociales, ambientales y psicológicos que limitan nuestra autonomía? ¿Qué tecnologías serán apropiadas en un contexto de altas limitaciones de recursos – materiales y energía – y un entorno ambiental crecientemente degradado? La  siguiente explicación, del mismo De Castro, pone de manifiesto una nueva manera de entender la biosfera más allá de esa concepción Darwinista de lucha por la supervivencia que ha contribuido también en gran medida al desarrollo de la tecnosfera depredadora:

"La típica explicación. Un árbol cae, deja un hueco en el bosque entra la luz empiezan a salir arbolitos el que más rápido crece compite y es el que llega a adulto. Eso es típico de la explicación Darwinista. Es más o menos razonable pero dentro del organismo no tiene sentido. No digo que mi pulmón izquierdo está compitiendo con mi pulmón derecho. Se están coordinando. Dentro del organismo no aplicamos Darwin. Lo que hace Gaia orgánica es fijarse en el todo. Yo me fijo en el conjunto y lo que observo en el conjunto son organismos coordinados que maximizan la presencia de vida, la estabilidad y la entropía. Veo el ecosistema como un todo y veo la coordinación entre las partes que hacen funciones como la creación del oxígeno”.

4.      Escenarios y posibilismo tecnológico. La importancia de la escala

Una manera muy habitual y útil de mirar a posibles escenarios y modelos futuros de sociedad es a partir de la construcción de escenarios. Ante la gran incertidumbre que se nos avecina es pues muy conveniente poder imaginar posibles futuros para poder empezar a trabajar en aquellos que creemos más probables y en aquellos más improbables pero de gran impacto (cisnes negros).

En este artículo Carlos de Castro nos habla de cuatro escenarios que son los más habituales al hablar de la relación entre la sociedad, la energía y el impacto ambiental. Estos son 1) el capitalismo verde basado en la idea del crecimiento perpetuo y la innovación tecnológica continua, 2) el tecno-optimismo estacionario, un escenario de estabilización del patrón de metabolismo social y su asociado impacto (que por ejemplo proponen autores como Antonio García Olivares si bien él también es muy crítico con las dinámicas modernas y capitalista), 3) El de permacultura con decrecimiento, un escenario de descenso energético basado en la relocalización, 100% renovable frugal y austero como propone Ted Trainer o 4) Colapso ecologista, o sencillamente colapso en el que la población es reducida de forma considerable y abrupta basado en un fuerte decrecimiento y una revolución ética y social sin precedentes muy dolorosa a corto plazo pero con un largo plazo mucho más prometedor.



Figura 3. Los escenarios según David Holgrem, padre de la permacultura, muy parecidos a los que Carlos de Castro presenta en su reciente artículo.

Poco se ha profundizado todavía en la cuestión específica de que tecnologías podrían contribuir en cada caso, especialmente en el 1,3 y 4 porque por definición son los que conllevarían más cambios. Descartando el 1 por requerir un milagro que se antoja imposible ahora mismo y por la irresponsabilidad de dejar el futuro a una lotería que por ahora nos está llevando a devastar el planeta y nuestras sociedades, debemos pues hacernos preguntas que, aunque sean incómodas nos ayuden a avanzar hacia una nueva civilización más sostenible. ¿Podemos mantener un sistema financiero complejo y basado en el crecimiento en una sociedad estacionaria? ¿Se puede seguir con el actual nivel de especialización e intervención mecanicista basada en los plásticos y fósiles en un escenario de permacultura con decrecimiento? ¿Qué tecnologías energéticas (o hipercíclicas) serán posibles en un escenario de colapso? Estas cuestiones, aunque difíciles de responder y dependiendo también en parte de la idiosincrasia de cada uno, deben ser puestas sobre la mesa pues cuando más tardemos más difícil nos será adaptarnos al escenario que sea. Una vez estemos en medio de uno de esos escenarios se producen procesos irreversibles que el posibilismo tecnológico.


5.  Ecolución desmartphonizadora - Mirar al pasado no es volver a atrás

      El cuestionamiento de la tecnología y la tecnosfera (o mejor dicho de esa irracional filia al techne) suele desembocar en que el discurso mayoritario ignore, ridiculice o ataque (acusando a sus detractores de ser anti-progreso, anti-crecimiento y radicales) a aquellos que tratamos de buscar alternativas al depredador, suicida y expansivo comportamiento de un mundo que no deja de interconectarse sin sistemas de redundancia, en el cual las personas cada vez se hacen más dependientes e incapaces de ver alternativas, en el que se produce un sentido de aislamiento de lo natural brutal y en el que no se reconocen ningún tipo de límites (sean termodinámicos, ecológicos, demográficos...).

Cabe pues preguntarse, recordando a Platón, si estamos dispuestos a salir de la caverna o si seguiremos perpetuando el mito haciendo ver que todo está bien (mientras funcione el sistema para unos pocos que cada vez son menos) hasta que se produzca una importante debacle. Muchos creemos ya que no es factible ni aceptable pensar en no colapsar. Nos tachan a menudo de apocalípticos pero cabe recordar que esta palabra, apocalipsis proviene del griego apokaluptein en el sentido de revelación de aquello que permanecía oculto. Muchos pues consideramos que una actitud enfocada a solventar los problemas sociales con el aumento de la complejidad social que nos brindan determinadas tecnologías no es solamente muy poco factible sino también sumamente deshumanizante y pesimista. ¿Será este el siglo de la humanidad en mayúsculas o pereceremos en un mundo virtual mientras nuestra biosfera se extingue detrás de las gafas de realidad aumentada? El tiempo dirá....




Figura 4. El mito de la caverna en su versión del siglo XXI. 2500 años después parece que seguimos igual o más atrapados que lo que suponía Platón. Quizás nuestros problemas son mucho más profundos de lo que creemos y hay que aprender de muchas tradiciones pre-modernas (incluso pre-agrícolas) que han dado soluciones no puramente tecnológicas en el sentido material reduccionista a distintos retos.





lunes, 30 de enero de 2017

Tecnología, Sociedad y Autonomía - Una aproximación a la espinosa cuestión desde el metabolismo social

Tiempo aproximado de lectura: 15 minutos

Palabras clave: tecno-adicción, tecnosfera, lock-in, millenials, metabolismo social, 

“Lo novedoso en las esperanzas y temores de la era de la máquina es que el salvador y el destructor ya no se visten a imagen del hombre; las figuras que nos pueden salvar o destruir no son ya proyecciones directas de nuestra imagen humana. Aquello que ahora esperamos que nos salve, y que en nuestros delirios tememos que nos destruya, es algo que ha dejado de tener cualidades humanas”.

Bruno Bettelheim, El corazón bien informado, 1960


Nosotros, los millenials u homo technologicus

Recientemente tuve la oportunidad de pasar 9 días en un intercambio juvenil financiado por la UE en la que participantes de 7 nacionalidades distintas (España, Alemania, Italia, Rumanía, Lituania, Polonia y Portugal) discutimos el significado de ser europeo y el desarrollo de la (¿in?)civilización europea a partir de herramientas educativas informales. Mediante discusiones en grupo, actividades interculturales, juegos de mesa y especialmente roles en vivo muy bien concebidos y organizados debíamos ponernos en la piel de un personaje histórico y participar en un determinado hito histórico tratando de ser fieles a un papel agenciado de antemano.

Recreamos la codificación de la ley romana, los conflictos entre estamentos en la edad media, la revolución industrial, la revolución francesa, donde me tocó hacer de señor Guillotine, que paradójicamente se oponía a la pena de muerte y propuso la guillotina – aunque no fue su inventor - como tecnología rápida, indolora y eficaz en el caso que se debiera ejecutar. Famosa se hizo su frase de “Ahora, con mi máquina, te corto la cabeza en un abrir y cerrar de ojos ¡Y no sientes nada!". No faltaron los litros de alcohol y el intercambio más que afectivo entre desconocidos llegada la noche, que parece ser uno de los pilares de esa identidad europea con pretensiones globalizadoras; de nosotros los millenials, esa generación de jóvenes por lo general consumistas y malcriados nacidos entre 1981 y 1995, poco dados a asumir responsabilidades y que se cree tecnológicamente competente en esta sociedad de zombis smart donde Internet y las redes sociales han configurado un ecosistema tecnosistema socialmente irrenunciable y pilar fundamental de nuestro día a día. A menudo llegamos a casos extremos: la  neomanía o amor a lo tecnológicamente moderno por ser moderno del que se mofa de forma aguda el irreverente filósofo Nassim Taleb.

Fueron 9 días de semidesconexión del “mundo real”, mi mundo real, que es el de un privilegiado estudiante de máster de ambientales y sostenibilidad que se pasaba la mayor parte del tiempo asistiendo a clases, redactando artículos y petrificado delante de un ordenador enzarzado en discusiones de Facebook relacionadas con las múltiples crisis, especialmente la ecológico-económica, tema de discusión central en este blog.

9 días sin prácticamente acceso a Internet ni ordenador, en un idílico entorno a las afueras de la bella Cracovia rodeado de hectáreas bosque, un castillo medieval y acompañados por una sinfonía de nieve blanca como la espuma, que parecía enterrar todos los problemas y el frecuente estrés del mundo moderno hiperconectado.

9 días para que nosotros, los millenials, pudiéramos reflexionar en profundidad sobre una identidad europea en crisis y en los que gracias a esa desconexión parcial uno es capaz de tomar distancia y mayor consciencia de una espinosa cuestión que no se trató directamente en las variadas actividades pero que sin embargo lo permeaba todo, que invadía de forma silenciosa pero prácticamente ininterrumpida como si de un eterno fantasma se tratara. Se habló de patrones culturales, de instituciones, hasta de política en una juventud por lo general despolitizada e ignorante de sus propias acciones. No se habló del fantasma eterno. No se habló de la espinosa cuestión de nuestra relación con la tecnología y sus implicaciones para nuestra autonomía en la actualidad en el seno de una UE que parece puede llegar a su pico en este 2017 o en los próximos años. Asumimos la tecnología como algo tan natural, especialmente nosotros los millenials, que somos incapaces de ver su lado más siniestro, ese que encarna la tecnosfera como la define Dmitry Orlov en el que a mi juicio se va a convertir en un libro clásico de la crítica a la tecnología moderna en colectivos concienciados (aunque más conservadores y de ahí su valor también para las izquierdas) con la crisis de recursos y ecológica. La tecnosfera no es más que la encarnación de “una entidad parasítica que ha crecido dentro de la biosfera y que ahora está ocupada destruyéndola” (Orlov, 2016). El ruso nos advierte de que hemos llegado a un punto de no retorno donde la tecnología está causando una multitud de problemas ambientales, menoscabando el tejido social con la sustitución del trabajo por máquinas, subordinando a menudo nuestra vida social a las exigencias de ésta y finalmente distorsionando nuestras personalidades. Nos cuenta Dmitry de forma elocuente:

“Hace un siglo o dos, a nadie se le hubiese ocurrido decir que las personas eran adictas a sus herramientas de carpintería o a su torno de hilar y telar. Quizás las amábamos, les prestábamos atención, las lubricábamos y perfeccionábamos; las decorábamos con pinturas y esculpíamos además de contarlas entre nuestras posesiones más valiosas y legarlas a nuestros hijos, pero eran meros objetos útiles – no fetiches, y no dominaban nuestras pasiones” (Orlov, 2016, p. 3)

Dmitry Orlov nos invita en su libro no a declararnos como anti-tecnólogos sino a plantearnos qué nivel tecnológico es compatible con las dinámicas biofísicas del planeta, cómo podemos ganar en autonomía, auto-suficiencia y libertad y que problemáticas tendremos que afrontar en el que el asume que es colapso metabólico industrial de las próximas décadas (salvo milagro tecnológica que ahora mismo el antoja difícil). El ruso considera que si este hecho se produce de forma rápida (cosa por ver) puede dejar suficiente margen a comunidades de índole especialmente local a tener una vida más que digna y a poder adaptar algunas de las tecnología actuales en una sociedad más restringida, reconociendo también las posibilidades que nos pueden dar las tecnologías bajas que auguro serán fundamentales en el transporte (donde más del 95% del comercio mundial funciona con derivados del petróleo) o en la agricultura, sector que desde la industrialización ha tratado de ahorrar tierra y/o trabajo a base de un subsidio energético brutal a base de fertilizantes, pesticidas y energía concentrada en maquinaria muy especializada y compleja para liberar trabajo que pudiera ocupar las fábricas. Dos sectores que ciertamente parecen estar bastante olvidados, especialmente el primero ante la caída de renta y falta de reconocimiento social del sector, como hemos visto estos días en Cataluña.

¿Qué es la tecnología? Etimología, definición y breve apunte histórico

Etimológicamente la palabra tecnología tiene su origen en la combinación de tekhné (arte, técnica u oficio) y logos (estudio), es decir estamos ante el método para llevar a cabo un procedimiento técnico mediante un previo estudio que suponemos sirve para satisfacer ciertas necesidades humanas. Desde una perspectiva más directamente relacionada con la sostenibilidad, que tiene que ver con la capacidad de supervivencia en un tiempo dado dadas una serie de restricciones biofísicas, tomo la definición dada por Ramón Fernández Durán y Luis González Reyes en su trabajo En la espiral de la energía, al cual considero como el trabajo interdisciplinar y con miras históricas más riguroso sobre la relación entre tecnología, energía, sociedad y ecología que se ha hecho jamás en cualquier lengua. Los autores definen la tecnología como:

“Energía y conocimientos concentrados” (añado también materiales e información, algo sobre lo que incidiré luego) cuya primera manifestación fue aproximadamente “hace 2,5 millones de años” coincidiendo con el homo habilis, antecesor del actual sapiens caracterizado por su capacidad de confección de herramientas de piedra, de manera que además de contribuir al desarrollo cultural del actual ser humano también “condicionó la forma de pensar y sentir de las personas” reforzando su identidad comunitaria y que junto al control del fuego significó “una elección sin retorno, un tipo de elección común en la historia de la humanidad”.

El uso de herramientas y elementos externos al propio sistema biológico no es un hecho atribuible exclusivamente al ser humano como nos muestra el uso que los cangrejos ermitaños hacen de ciertas conchas como protección, el uso de hojas por parte de hormigas obreras para construir fortalezas o el caso del pulpo mimo que habita en los lechos marinos de Indonesia y puede utilizar cáscaras de coco para protegerse de sus depredadores. Sin embargo, gracias al bipedismo, la liberación de las manos (especialmente el pulgar) y la coordinación entre visión estereoscópica (o tridimensional), cerebro y extremidades “nos permitió a los homínidos alcanzar estas destrezas – en referencia a habilidades manuales sofisticadas – y no a otras especies, como los delfines” (Fernández y González, 2014, p. 48-49).

El resto de la historia es conocido, el de un seguido de ciclos de incremento de la complejidad social-técnica-energética (con repetidos colapsos como el de los viquingos hacia finales del siglo XI explicado magistralmente por Jared Diamond en este video, en lo que es una valiosa lección histórica) pasando por distintos estadios desde sociedades forrajeras, siguiéndoles las horticultoras y agrícolas igualitarias (la última en Europa parece que fue la matriarcal Creta) y dando paso después a las sociedades dominadoras, patriarcales, militaristas y dominadoras de la naturaleza que se inician con las sociedades agrícolas imperiales, prosiguen en sociedades feudales y culminan en la reciente transformación a la civilización tecno-industrial en la que estamos hoy en un estadio en el cual unos pocos consideramos que puede estar cerca del colapso fundamentalmente por la escasez de los recursos necesarios (pico del todo)  para seguir alimentando una sociedad de apetito creciente así como unas condiciones ecológico-climáticas que empeoran a marchas forzadas (calentamiento global, pérdida acelerada de la biodiversidad, destrucción de los suelos…).

¿QUÉ CARACTERIZA AL SER HUMANO? LOS 5 HOMOS – Elaboración propia
CARACTERÍSTICA
CONSECUENCIA
Bipedismo, manos con pulgares, coordinación visión estereoscópica (3D)-cerebro-extremidades
Homo habilissofisticado uso de herramientas que ha permitido un incremento en la explotación de recursos y de la consiguiente complejidad social
Homo exosomaticus – uso de energía externa al cuerpo no mediada por un código genético sino por construcción social y cultural (hay quien apunta como Bodhi Paul Chefurka que los postulados termodinámicos operan de forma cuasi-determinista a un nivel muy profundo – mayor que el genético - prácticamente inconsciente y sin dar demasiada libertad al ser humano que actuaría como una estructura disipativa que tendería siempre a apropiarse de mayor energía, siguiendo el maximum power principle de Odum-Lotka de forma imparable).
Gran cerebro de gran consumo energético + intestino medio
Homo omnivorus – necesidad de ingerir alimentos de alta densidad energética como las semillas, frutos secos, bayas y carne.
Capacidad del lenguaje y posteriormente del lenguaje simbólico
Homo empaticus - el lenguaje permite transmitir información de forma muy rápida y eficiente y el simbólico   multiplica las capacidades individuales aprendiendo colectivamente mediante tanto las emociones como el razonamiento, pudiendo además acceder a estados de la conciencia superiores.
La cooperación y vida comunitaria
Homo sociologicus – establecimiento de en relaciones interpersonales estables gracias al lenguaje simbólico y la empatía en grupos de un tamaño relativamente pequeño como apuntan por ejemplo las teorías de Dunbar. La modernidad ha supuesto un cambio importante en este aspecto al ir liquidando los esquemas tradicionales y comunitarios del pasado, algo que con las nuevas tecnologías se ha llevado a un nivel industrial cosa que produce a mi juicio una paradoja. Por un lado, la tecnosfera va ganando peso sobre la biosfera ya que como apunta Orlov “odia al clan” pero por otro lado también ha debilitado muchos de los supuestos y dinámicas de la modernidad fosilista (las iniciativas en transición, decrecentistas dependen todas de internet y por tanto del metabolismo social mundial, por mucha crítica y retórica que se aporte).
Tabla 1. Los 5 homos y el ser humano


Así pues, una combinación de elementos biológicos y sociológicos únicos han permitido al ser humano mediante el prueba y error un abrumador éxito que parece que en el momento actual puede ser su propia tumba dado que no hay ningún mecanismo (a mi juicio) que pueda regular el patrón sociológico y cultural para que el ser humano pueda operar bajo una escala óptima que no deprede los recursos de los que depende para su supervivencia, que con la tecnología actual con una gran capacidad para ejercer cambios en el medio, está llevando a cabo. Esta es una cuestión fundamental ¿Dónde está el límite? ¿Quién lo pone? ¿Se puede adaptar una concepción moderna de la sociedad en este contexto y si no hay alternativas? Hay quien apunta que existen límites termodinámicos claramente identificables que nos abogan al colapso metabólico a inicios de los años 20 mientras que otros lo hacen antes del año 30, y otros antes del 50 (algunas variantes del famoso modelo de los límites al crecimiento de 1972).

¿Dónde encontramos pues la libertad humana? ¿Será viable una sociedad pos petróleo con unos niveles de disipación energética y uso de materiales parecido o muy inferior al actual? ¿Qué margen de maniobra tenemos para decidir colectivamente que tecnología son apropiadas para el futuro de nuestra especie? Ahí está a mi juicio la libertad humana, la de decidir bajo numerosas restricciones y bajo la incertidumbre de no saber (o no poder superar) una serie de límites. En este contexto se abre un marco de posibilidades de manejo de la tecnología que nos pueda conducir a una vida que merezca ser vivida donde ganemos en autonomía, auto-suficiencia colectiva (para decidir colectivamente) y libertad (en sus distintas dimensiones). Ésta es sin embargo una arma de doble filo puesto que la sostenibilidad de un determinado metabolismo social, el patrón de uso de energía, materiales e información asociado con la expresión de funciones y reproducción de estructuras de las sociedades humanas, depende de las interacciones socioculturales-biofísicas que en sociedades tan complejas como la nuestra se dan a distintas escalas espaciotemporales con y niveles (que no coinciden como las consecuencias a largo plazo de las emisiones antropogénicas, las distintas administraciones públicas de lo micro – por ejemplo lo municipal – a lo macro – por ejemplo lo nacional  – y las geográficas con fronteras políticas que muy a menudo no coinciden con los factores biofísicos como ríos y montañas) cosa que dificulta llegar a un consenso sobre qué es sostenible y que marco tecnológico es compatible para alcanzarla. Vivimos en una sociedad tan compleja que no la entendemos en todas sus dimensiones (la super-especialización y nuestro sistema educativo contribuyen a ello) y de ahí la cantidad de tiempo perdido en proponer soluciones tecnológicas mágicas, muchas de ellas no viables.

Figura 1. La evolución humana como incremento en la complejidad: Edad de Piedra-Edad de Bronce-Edad de Hierro-Edad del Carbón-Edad del Petróleo-Edad Nuclear-Edad de la “Tabla periódica”-¿Edad de piedra? Estamos en un momento histórico crítico desde el punto de vista de los recursos que condiciona el futuro global del a humanidad


  Abordando la tecnología desde una perspectiva materialista: metabolismo social y discursos tecnológicos

Conceptos clave: metabolismo social, compartimento hipercíclio, compartimento disipativo, contabilidad multi-nivel/multi-escala, definición pre-analítica flujo, fondo, stock, factibilidad, viabilidad, conveniencia.


La tecnología en relación con la sostenibilidad se puede abordar y se debe abordar desde varias perspectivas. Por un lado, podemos abordarla desde un punto de vista emocional-espiritual que nos humaniza y vaya más allá de ciertos clichés reduccionistas de tanto la izquierda como la derecha. Podemos hacerlo también desde una perspectiva artística, como reflejan por ejemplo las ilustraciones críticas del polaco Pawel Kuczynski, la muy recomendable serie de televisión Black Mirror (si bien es cierto que bajo supuestos de progreso tecno-optimistas) o distintas referencias musicales y literarias recientes. Finalmente, y se estamos hablando de sostenibilidad es imprescindible abordar la cuestión específicamente material y energética.

Existen unos muy pocos grupos de investigación seria que se dediquen a estudiar cuestiones económicas, sociales y ecológicas desde el punto de vista de la sostenibilidad y aún menos desde el punto de vista del metabolismo social. En españa tenemos la suerte de tener dos de los grupos más serios al respecto: uno es el grupo de sostenibilidad de la Universidad de Valladolid y otro lo forma el grupo de Mario Giampietro en la Universidad Autónoma de Barcelona. Hay que destacar también la labor de Antonio Turiel, Antonio García Olivares y otros miembros del CSIC en su labor de investigación de posibles modelos renovables a escala supranacional así como su labor divulgativa en facebook y blogs.

El metabolismo social se define como el campo científico que estudia los intercambios de materia y energía entre el metabolismo societal y el metabolismo de los ecosistemas en un sentido amplio y como sistemas complejos y sus propiedades emergentes y organizativas como sistema. El concepto tiene sus raíces en el siglo XIX en los inicios de la energética (la termodinámica del equilibrio) y en algunos escritos de Podolinski, von Liebig, Moleschott, Boussingault o Arrhenius en referencia al intercambio de energía y sustancias entre los organismos y sistemas vivos.


La siguiente tabla muestra las relaciones relevantes entre distintos campos de estudio relevantes para el metabolismo social. Así pues, el metabolismo social trata de relacionar los flujos y fondos tanto a nivel social como del ecosistema y sus relaciones. El modelo fondo-flujo fue propuesto por Georgescu-Roegen ya en los años 70. El padre de la economía ecológica moderna advertía la diferencia entre flujos (lo que metaboliza el sistema) y el fondo (la parte del sistema que forma parte de su estructura organizativa y que debemos mantener para que el sistema mantenga su identidad). En el plano social hablamos de flujos de energía, agua, comida… y los fondos suelen referirse a el capital físico (maquinaria, infraestructuras…), a los humanos y a la tierra (los típicos factores de producción, aunque los economistas tiendan hoy en día a reducirlo al capital). Así pues, para una depuradora de agua, el agua es un flujo que hay que “depurar”, mientras que para un ecosistema un río formar parte de su identidad estructural. Así pues, las palabras “fondo” o “flujo” son impredicativas y dependen de su contexto. Esto obliga a tomar un paso pre-analítico en el que definir ontológicamente (y por tanto moralmente) que es flujo o fondo. En el siglo XVIII una plantación en estados unidos consideraría muchos de sus trabajadores como flujos (hay quien diría que muchos de ellos hoy están encerrados en el país más “libre” del mundo, en Guantánamo). Un vegano se niega a considerar una vaca como flujo y que sea “metabolizada” por el sistema industrial y en cambio para un carnívoro sí que lo sería. Del mismo modo un sistema social o ecológico puede determinar algo al mismo tiempo como “insumo” o “residuo”.


Figura 2. El objeto de estudio del metabolismo social debe entenderse como el punto en el que se encuentran A, B, C y D. A hace generalmente referencia al campo de la ecología política o la justicia ambiental. B hace referencia al campo tradicional de la economía ecológica mediante los análisis input-output de tipo lineal a una escala o de disciplinas asociadas con la ciencia de la sostenibilidad. C hace referencia a la ecología pues estudia las relaciones entre materiales y energía en la biosfera a distintas escalas y niveles (comunidad, paisaje…) y D hace referencia al campo de la teoría de los sistemas complejos y la estructura organizativa de los sistemas socioecológicos. 



También es importante la distinción entre las relaciones fondo-flujo y stock-flujo. Por ejemplo, mientras que el agua se trata de una relación fondo-flujo en la que nos “apropiamos” de parte de la naturaleza para nuestras necesidades y una vez metabolizada vuelve al medio ambiente (con cambios cualitativos generalmente), nuestro sistema económico globalizado funciona como un stock-flujo pues los combustibles fósiles una vez “quemados” se disipan irreversiblemente en forma de calor a la atmosfera y su energía queda inutilizable por la segunda ley de la termodinámica. Esto es de suma importancia pues ahora se plantea la idea de pasar de stocks de energía concentrada a flujos de energía menos concentrada sin apenas sacrificio y sin cambiar el patrón metabólico, las instituciones y a la sociedad en si mismo. Parece haber una creencia generalizada de que esto se puede hacer de forma relativamente sencilla y que una vez dada con la fórmula tecnológica ideal será algo más o menos factible. Sin embargo, esto no está tan claro. Prueba de ello es la discusión de ya hace unos meses entre quienes no creen viable un sistema globalizado y de tal nivel de disipación energética como el actual (con las duras consecuencias que esto tiene para nuestras sociedades), como Carlos de Castro y Pedro Pietro, y los que sí que creen que sea viable un patrón metabólico parecido al actual (aquí y aquí), como Antonio García Olivares.


Contextualizando más ya en lo que nos interesa en el artículo (la importancia de entender el flujo de materiales y energía en relación a los fondos societales) y habiendo ya introducido el concepto de metabolismo social podemos alcanzar representación más convincente sobre cómo funcionan nuestras sociedades a nivel biofísico y su relación con la tecnología. En este sentido una manera de entender esto es distinguiendo entre los componentes sociales que componen el hiperciclo y la parte disipativa de la sociedad.

                                                                                                     
Figura 3.  Visión termodinámico-biofísica de la sociedad mediante la distinción entre el todo social y los niveles jerárquicos inferiores que la conforman (compartimento disipativo e hipercíclico) relacionados con las funciones y estructura de un determinado sistema social.

- Compartimento hipercíclico à Son lo que en economía se conoce como sectores primario y secundario. Como nos explican Mario Giampietro, Kozo Mayumi y Alevgdul Sorman en El patrón metabólico de las sociedades: donde los economistas no son suficiente
“Estos sectores, aunque también consumen energía y materiales para sus operaciones, se consideran como productores netos de vectores energéticos (como la gasolina, la electricidad o el calor) y flujos materiales (productos) que se consumen por la sociedad en su conjunto. Los sectores primarios producen los flujos metabólicos requeridos (energía, comida e inputs materiales), mientras que los sectores secundarios producen la infraestructura y maquinaria para las manufacturas en el sistema social. Este sector proporciona los elementos exosomáticos (infraestructura y tecnología) esenciales para el establecimiento del hiperciclo. En conclusión, los sectores primarios y secundarios garantizan las actividades primarias transformadoras – referidas a la categorización conceptual de actividades transformadoras propuesta por North en 1990 – asociadas con la producción de bienes consumidos y las infraestructuras requeridas por la sociedad”.

- Compartimento disipativo à La fuerza del hiperciclo se define de esta manera como el excedente generado por hora de unidad de actividad humana y determina los servicios y el gobierno (SG) que una determinada sociedad se puede “permitir”, así como las actividades de consumo y sector doméstico (HH). Así pues, el sector disipativo tiene dos funciones: “comerse” la parte excedentaria del hiperciclo degradando la energía necesaria para las distintas “tecnologías” que usamos en el día a día y mantener un proporcionar un control sobre estos procesos y su relación con el hiperciclo. Una sociedad sin sector disipativo pues estallaría y lo mismo sucedería con otros seres vivos pues significaría que no existe ningún límite del sistema en si mismo.
Propongo que esta distinción pues sea siempre tenida en mente cuando hablamos de “tecnología”, teniendo en cuenta que ésta no es más que conocimientos concentrados en una determinada ordenación de materiales con una determinada función que puede ser categorizada, en nuestras muy complejas sociedades, como hipercíclicas (refinerías, un hacha usada para obtener leña) o disipativas (smartphones, una silla para sentarse mientras trabajo en este artículo…). 

La distinción semántica es más delicada de lo que parece. El análisis integral de la sostenibilidad multi-escala MuSIASEM desarrollado en el Institut de Tecnologia i Ciència Ambiental (ICTA) de la Universidad Autónoma de Barcelona a partir de las enseñanzas de la termodinámica, el modelo fondo-flujo de Georgescu.Roegen, las consecuencias epistemológicas de los sistemas complejos y la construcción de gramáticas específicas (para el agua, la comida, la energía, los desechos…), permite ofrecer narrativas cuantitativas que no reduzcan su análisis a una variable (como hacen los economistas en sus cálculos coste-beneficio) y rigurosas para que una determinada comunidad, región o país pueda determinar si su patrón de desarrollo es factible (en relación con restricciones biofísicas externas), viable (en relación a restricciones internas de trabajo, tierra y capital físico – la “tecnología”) y deseable (en relación a posibles patrones metabólicos alternativos).

La idea fundamental consiste en 1) definir pre-analíticamente que sistema vamos a estudiar, sus escalas y niveles para luego poder analizar las restricciones biofísicas del sistema de interés en cuestión (respondiendo a preguntas como: ¿tenemos la capacidad tecnológica para poder adaptarnos a un decrecimiento del consumo energético del 20% en España? ¿Tenemos suficiente tierra para poder reconvertir agricultura industrial en una más sostenible en Cataluña? ¿Puede mi comunidad aislada en las montañas ser autosuficiente con placas solares y unos cuantos huertos orgánicos?). Se puede obtener más información aquí y si se desea ampliar el estudio de una sociedad desde el metabolismo social recomiendo leer este libro, el mejor sobre el tema, y para una visión histórica algo más simplificada éste.

Entender las posibilidades tecnológicas desde el punto de vista del metabolismo social es sumamente importante pues a menudo desde sectores críticos a las políticas tecnológicas, energéticas y ecológicas se proponen soluciones sin previamente haber estudiado las condiciones materiales que pueden hacer posible o no un determinado planteamiento comunitario. Una interesante discusión sobre el tema es el intercambio que se produjo entre críticos de ciertas propuestas decrecentistas (aquí) y uno de sus mayores defensores (aquí). Desde sectores críticos (especialmente los peakoileros) se tiende a usar el concepto de la tasa de retorno enegética o TRE, cuando esta presenta toda una serie de problemas que la hacen inútil e inoperativa si se trata de tomar decisiones prácticas (aunque pienso que es útil a nivel teórico para introducir la cuestión de los límites de recursos a sectores poco familiarizados) como bien han apuntado algunos científicos en un artículo que tiene ya casi 7 años.


Figura 4. Estructura jerárquica de la sociedad conceptualizada desde una perspectiva del metabolismo social multi-escala (MuSIASEM), trabajo que se lleva desarrollando den la Universidad Autónoma de Barcelona del grupo de Mario Giampietro desde hace más de una década. En ella se muestra el hiperciclo (que genera el excedente) y el disipador (el que se come ese excedente). La distinción debe tener en cuenta un determinado metabolismo social. Mientras que por ejemplo en sociedades agrícolas una parte importante del hiperciclo va destinada a la obtención y mantenimiento de comida, semillas… dado su mayor peso relatico del consumo endosomático sobre el total, en sociedades tecno-industriales el hiperciclo está asociado fundamentalmente con tecnologías muy complejas subsidiadas por combustibles fósiles, metales y materiales raros (estamos en la edad de “la taba periódica”) como las grandes plataformas de extracción de crudo, las refinerías o los gaseoductos. 

Entender como los flujos y fondos interaccionan en un determinado sistema, con su patrón metabólico asociado nos ayuda pues a entender mejor nuestras posibilidades tecnología y es un primer paso que debe vincularse a las estructuras y dinámicas institucionales, sociales y culturales. Al fin y al cabo, la tecnología es producto de un determinado mito, de una determinada construcción social basada en una serie de premisas que acaban siempre remitiéndose a una cosmovisión del mundo determinada (el porqué de la emergencia de estas sociedades es algo ya más peliagudo). No tiene sentido hablar de que un tractor es una “tecnología” (o de que el petróleo es una fuente energética) para un grupo indígena aislado de bajo metabolismo cuyo hábitat natural es el de un bosque ecuatorial tropical. Así pues, al hablar de tecnología debemos tener claro que intereses sirve y quien tiene el poder para definir lo que se debe sostener o no y lo que es aceptable o no dado un determinado contexto social. En este sentido es fundamental que cuando abordemos cuestiones tan complejas como la tecnológica, que implican hoy en día por las características de un mundo globalizado.

Así pues la idea que quiero transmitir es si tenemos en cuenta la cuestión tecnológica desde el punto de vista de un análisis multi-escala y multi-nivel del metabolismo social del sistema en cuestión podemos tomar decisiones más informadas (teniendo en cuenta que vivimos en un contexto de alta incertidumbre y a menudo de ignorancia) y descartar soluciones impracticables como la de pretender que los biocombustibles sean sustitutos al petróleo o que la energía mareomotriz pueda usarse como fuente cuasi inagotable de energía. 

Otro modo de ver distintos modos de afrontar nuestra relación con lo tecnológico es a partir de las distintas respuestas a nuestro contexto actual de crisis de recursos y ecológica es la propuesta de David Pollard en 2013 en su blog personal (ampliado por Manuel Casal Lodeiro en el muy recomendable La izquierda ante el colapso de la civilización industrial (2016), aquí una buena reseña), a las cuales recomiendo echar un vistazo.


 ¿Cuál es nuestro problema? Diagnosticar para avanzar en la sociedad tecno-adicta


Nuestro problema actual desde un punto de vista material es que estamos experimentando retornos decrecientes a la complejidad que hacen que cada vez se deban emplear más “tecnología” (recordemos materiales, energía y conocimientos concentrados) tanto en el hiperciclo como en la parte de reproducción y mantenimiento de las estructuras. Esto es fundamentalmente debido a 4 razones: (i) los límites de extracción de los combustibles fósiles motivados por sus respectivos picos, (ii) a las dificultades (al menos por ahora) de las energías renovables de competir con los fósiles por limitaciones de espacio, materiales, agua, intermitencia (pues los fósiles son un stock y no un flujo como muchas renovables) así como limitaciones ecológicas (como tienen los biocombustibles al competir con el consumo endosomático de alimentos), (iii) a las limitaciones de materiales, agua y espacio asociadas con la generación de tecnologías disipativas cada vez más complejas (pensemos en los smartphones y otros sistemas electrónicos), (iv) a la necesidad de emplear cada vez más tecnología y trabajo humano para remediar los grandes destrozos ambientales al que estamos sometiendo la tierra y a nuestra salud (vertidos,  inversión en sanidad derivada de la contaminación, resistencia a antibióticos, cuidado de una sociedad crecientemente envejecida y un pool genético cada vez de peor calidad por haber frenado mecanismos naturales de control como nos advierte Orlov en su nuevo libro). Todo esto se combina con un sistema institucional estructuralmente pensado para crecer a través de un sistema financiero que solo si crece (y cuanto más mejor) es funcional mediante la creación de dinero busca el crecimiento perpetuo, el santo grial de todos y cada uno de los gobiernos del mundo.



Figuras 5 y 6. Modelo cheese slicer de Charles A.S Hall donde vemos un posible escenario comparativo entre 1949 y las próximas décadas. A medida que son más difíciles de extraer los combustibles fósiles porque hemos ya disipado las mejores reservas irreversiblemente, queda menos disponible para consumir en el compartimento disipativo porque debemos invertir más esfuerzos en el hipercíclico (y también en reparar los daños hechos al medio ambientes, no incluidos en el modelo).


La gran inercia histórica de este modelo y el hecho de que las sociedades occidentales (las más desarrolladas) hayan ido creciendo (interrumpido por varios conflictos y crisis) de forma sostenida en los últimos 2-3 siglos combinado con el hecho de que ha habido un cambio tecnológico potentísimo hacen que la sociedad vea como algo normal el desarrollo tecnológico y tenga depositado en él grandes esperanzas de cara a solucionar los distintos problemas sociales y ambientales que tenemos. De esta manera se considera que cualquier problema debe tener en su solución algún tipo de tecnología mágica, como nuestros medios de comunicación de masas constantemente nos muestran.



Figura 7. El tecno-optimismo científicamente irresponsable abunda hoy en día en los medios de comunicación de masas.


La realidad es que ya no solo para crecer, sino solo para mantener el actual metabolismo social globalizado necesitamos convertir a la tierra en una verdadera mina, arrasar bosques y otros ecosistemas y hacerlo todo a costa de generaciones y especies presentes y futuras a las que se les ha prometido unos estándares de vida similares a los occidentales si siguen su modelo de desarrollo. Debemos a esto añadir el problema del lock-in tecnológico, un concepto que viene a referirse a como determinadas decisiones pasadas limitan nuestra capacidad para actuar en el presente (un caso que me viene a la cabeza es el de los sistemas de alcantarillado conectados a nuestros wc, que se concibieron en un contexto de energía barata y donde los excrementos o la orina no eran vistos como recursos sino como residuos).

    Conclusión y un breve comentario final

Vivimos en una sociedad sobreexcitada y en la que los desarrollos tecnológicos de las últimas décadas, especialmente los asociados a la electrónica y la hiperconectividad en las redes virtuales amenazan con deshumanizar las personas, despersonalizar relaciones y además todo esto canibalizando la biosfera pues no hay tecnología avanzada que no use un gran número de elementos (muchos de ellos raros y escasos) de la tabla períodica, de diferentes lugares del mundo, con un subsidio energético fósil considerable. Sin éstos la globalización no sería posible y sin la globalización tampoco serían viables estos.

A modo de comentario final pienso pues que a la hora de decidir nuestra relación con la tecnología no hay una solución intrínsecamente mejor que otra: depende de nuestras premisas, nuestro contexto limitante y nuestros valores, eso sí, debemos siempre valorar bajo qué escenario puede una determinada tecnología funcionar o no y sus implicaciones individuales y sociales. Algunas ideas de forma muy general que pienso pueden ser interesantes después de esta reflexión pueden ser:

1.      Tomar distancia de la tecnología para reflexionar desconectando al menos periódicamente (¿Me hace falta eso o lo otro?).
2.      Conocerte a ti mismo y evaluar tus posibilidades mediante un análisis multi-escala empezandoa nivel individual (luego de pareja, familiar, edificio, barrio, ciudad, región, país, continente, mundo, por ejemplo). Hacerse pregunta del tipo ¿De qué depende el sector en el que trabajo a nivel material o el tren de vida que llevo? Aunque sean incómodas, ayudan a entender mejor qué lugar ocupa uno en el mundo.
3.      Volver a la vida trabajando con las manos.
4.      Informarse de opciones tecnológicas a menudo simples, pero más resilientes (low tech magazin, no tech magazine)
5.  Pasar el tiempo con aquellos que nos hacen más felices para disminuir nuestra dependencia tecnológica (pasar de lo instrumental a lo convivencial).
6.      Entender la tecnología que usamos, sus impactos y repercusiones para ganar en consciencia, teniendo en cuenta su vertiente energético-material (metabolismo societal) en relación a la biosfera.

En el próximo artículo sobre autonomía y tecnología  trataré de esbozar la importancia de entender la tecnología desde emocional-espiritual, más fenomenológico y menos materialista, partiendo de algunas de las reflexiones que teóricos (y prácticos) de la tecnología como Orlov, Riechman, Munford, Elul o Teo Kaczynski han hecho y trataré de esbozar un esquema para ayudar a distintos colectivos y personas a entender mejor su relación con la tecnología y que posibilidades puede uno esperar, aspecto fundamental para poder estar mejor preparado psicológicamente, emocionalmente y físicamente para el futuro turbulento que parece empezar a asomarse en el horizonte.

 ¡Saludos y Buenvivir!

Para saber más - lecturas recomendadas y algunas referencias



Fernández Durán, R., & González Reyes, L. (2014). En la espiral de la energía. Descargable en https://www.ecologistasenaccion.org/tienda/editorial-libros-en-accion/1400-libro-en-la-espiral-de-la-energia.html

Giampietro, M., Mayumi, K., & Sorman, A. (2012). The Metabolic Pattern of Societes - Where Economists Fall Short.


Orlov, D. (2017). Shrinking the Tecnosphere. Getting a grip on the technologies that limit our autonomy, self-sufficiency and freedom. New Society Publishers.