Quiero
comenzar este texto abriendo un poco el corazón, este es al fin y al
cabo la raíz del problema que enfrentamos como sociedad. Llevo
prácticamente dos décadas emboscándome en el retorno al campo, he
visto, compartido y vivido de todo, y mas allá de los innumerables
fracasos y derrotas, desencuentros, desamores y odios irracionales,
que he vivido en mí y en la gente que me ha rodeado, si nuestro
corazón camina de la mano de nuestra mente, siempre se saca algo
bueno, enriquecedor y revitalizante de todo eso. Del dolor emergen
las mujeres y hombres más fuertes, del desamor más preparados para
cuidar y amar, del fracaso entendiendo mejor cuál es el camino para
la realización personal, sin mascaras, decorados ni teatros
innecesarios.
Las
élites nos quieren divididos y escindidos, psicópatas fácilmente
automatizables y controlables, títeres sin esencia, sentido, ni amor
por nada, salvo por el fetichismo de moda implantado. El aprendizaje
que he sacado por encima de todo, es básicamente que en la medida
que nos cuidamos entre tod@s
aumentamos de forma sinérgica nuestra capacidad de intervenir,
actuar y cambiar nuestro entorno y realidad.
Ten
paciencia amig@, el camino es largo y esta lleno de aventuras y
amarguras maravillosas.
Hacia
una recomprensión de nuestro papel en la Naturaleza
El
cambio de paradigma es imparable y aunque desde luego ni las clases
dirigentes, ni la ciencia, ni la sociedad en términos generales sean
plenamente conscientes de esta necesidad, en todo el mundo existe un
movimiento de recomprensión del papel que desempeñamos como
gestores y creadores de ecosistemas, es un proceso arduo, siempre
renovándose porque trabajamos con la Naturaleza, ¡demonios! ¡Somos
Naturaleza!. Esto implica conocer el recorrido histórico que nos ha
traído hasta aquí (pero este es un tema extenso para otro post) y
partiendo de ese punto empezar a experimentar estrategias que
resuelvan al menos localmente esta enorme problemática heredada. No
podemos ni debemos seguir pasándole la pelota a la próxima
generación, es más, como no afrontemos este reto ingente ya, es
posible que no queden muchas generaciones después de la nuestra.
