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martes, 7 de julio de 2015

Capitalismo de Guerra


El título del libro “El imperio del algodón”de Sven Beckert, historiador y profesor en la Universidad de Harvard, podría ser perfectamente el de una novela de éxito de una historia romántica ambientada a mediados del siglo XIX en el Sur de los EEUU; como tantos otros que, fácilmente, nos vienen a la memoria. No es el caso, se trata de un ensayo histórico sobre los fundamentos y la construcción del sistema capitalista que está ligado de forma inextricable con el algodón.



Aún siendo un ensayo histórico plagado de datos y nombres, el libro mantiene una linea discursiva muy fácil de seguir por su claridad. Es sin duda, un libro que nos ayudará a comprender mucho mejor de donde viene y sobre qué pilares se apoya nuestra actual sociedad industrial. Para los economistas es una lección de humildad, porque la historia y su estudio resultan imprescindibles para comprender y explicar esa especie de teoría del todo en que algunos han querido convertir la materia económica, lo que acostumbramos a llamar imperialismo económico. Asimismo, es fácil ver porque la mayoría de economistas han convertido su disciplina en a-histórica y a-temporal, pues los relatos en los que se basan sus modelos y su coherencia interna sufren o se derrumban ante la evidencia histórica.

Muchos de los acontecimientos históricos remotos nos evocaran analogías con los dilemas a los que nos enfrentamos o nos explicarán por qué esos dilemas se nos presentan. Mi impresión personal es que determinadas pulsiones del sistema, aunque pueden ser moderadas mediante contrapesos, tienden a aflorar a la menor oportunidad. Lo que se ha venido en denominar, a propósito de la actual globalización, como “race to the bottom”, una constante en la histórica del capitalismo y forma parte necesaria de él.


El imperio del algodón es muchas cosas, pero sobre todo, una historia de sufrimiento, de coerción y, en muchas ocasiones, de violencia descarnada. También, lo es del ingenio y la ambición de los hombres que lo forjaron. Pero es ante todo, el relato de la ascensión de una forma de ordenar las relaciones sociales que ha sido hegemónica en algunos lugares del mundo durante más de 200 años. Lo relevante es que la construcción de esa hegemonía tiene mucho que ver con el imperio del algodón.

Esta entrada se limitará a presentar los orígenes de ese imperio mediante lo que el auto denomina capitalismo de guerra pero antes hay que responder a la siguiente pregunta:

¿Por qué el algodón?

Cabe plantearse por qué el algodón y no otras mercancías como: el azúcar, cacao, lana o el lino. Para entender le protagonismo del algodón, es importante conocer que, como materia prima para la manofactura textil, no tenía paragón hasta la aparición de las fibras sintéticas. La fibra de algodón es mucho más fácil de trabajar y tejer y, sobre todo, es mucho más fácil de tintar, con lo que conseguimos una variedad extraordinaria de productos. Podemos caer en el eurocentrismo y pensar en la industria del algodón como algo exclusivamente relacionado con Europa y el nacimiento del capitalismo. Sería un craso error. La industria del algodón era la primera industria manufacturera del mundo 900 años antes del inicio de lo que se ha denominado como revolución industrial, pero que cabría denominar como nacimiento del sistema capitalista, al menos en el sentido que actualmente otorgamos al vocablo.


Para entender la importancia del algodón y su flexibilidad, Sven Beckert nos dice que para obtener la misma cantidad de fibra, si utilizáramos la lana como se hacía en Europa hasta el siglo XIX, para obtener un volumen equivalente necesitaríamos 7.000 millones de ovejas que requerirían unos 16 millones de kilómetros cuadrados para pastar o, lo que es lo mismo, casi la superficie de la República Rusa.

Hay que precisar que, aunque la producción fabril se encuentra asociada al algodón, sin negar su importancia, no es mucho menos el único elemento. El nacimiento del imperio del algodón con su centro en Inglaterra, es anterior a las fábricas satánicas (Satanic mills), que son un derivado de la expansión de ese imperio y, expresión de la doble necesidad de obtener una mano de obra barata y de privar a esa mano de obra de cualquier medio de sustento más allá de la venta de su fuerza de trabajo, impidiendo el auto-consumo, especialmente importante en el textil y, en definitiva, convirtiéndolos en consumidores y creando el esencial mercado de trabajo que requiere total dependencia del capital. Se trata de un proceso de transformación e integración mucho más complejo que, como nos dice el autor, nos daría una visión incompleta si sólo miráramos alguno de sus muchos aspectos.

Advertir, que aunque en la memoria colectiva otras industrias como la siderurgia, los ferrocarriles, etc... parecen tener más protagonismo, en la denominada Revolución Industrial; lo cierto, es que el proceso comienza en el campo, ya que la sociedad europea era una sociedad esencialmente agraria y es donde encontramos la masa de lo que se irá conformando como el gran ejército de trabajadores necesario para crear esa industria que, finalmente, llegará a ser fabril; pero, que no comenzará como tal. Además, será en el campo, tanto en Europa como fuera de ella, donde se producirán las mayores transformaciones de las relaciones sociales.

Hasta el siglo XVIII, Europa estaba al margen de esa manufactura que dominaba gran parte del resto de mundo; por ello, resulta básico entender cómo desde la marginalidad pudo convertirse en el centro de un imperio global. En esa época, esencialmente la India y también China, dominaban la producción de algodón y su transformación. Además, es importante destacar que poseían la tecnología para conseguir productos y calidades que los europeos ni soñaban. Una parte trascendental de la construcción del imperio, fue apropiarse de esa tecnología y, al mismo tiempo, destruir la base industrial de esos países, para convertirlos en productores de materia primera por una parte y, consumidores de productos terminados por otra.

El imperio del algodón está en la raíz misma de la llamada “gran divergencia”, en la que se produce un crecimiento económico acelerado en Europa que deja atrás a gran parte del resto del mundo. Para esa gran divergencia se señalan muchas razones como: la existencia de instituciones fiables, el imperio de la ley, etc... Nada más lejos de la verdad como señala Sven Beckert:

“La primera nación industrial, Gran Bretaña, era apenas un estado liberal, pequeño con instituciones fiables e imparciales como a menudo se le describe. En su lugar, era una nación imperial caracterizada por unos enormes gastos militares, en casi continuo estado de guerra, una poderosa e intervencionista burocracia, altos impuestos, deuda gubernamental disparada y aranceles proteccionistas—y ciertamente no era democrático.”

Esto tiene un mal encaje con los discursos neoliberales que crean una realidad paralela donde los hechos encajan con sus supuestos de partida, para ello deben ignorar deliberadamente la historia y crear unas fábulas que estén acordes con esos hechos. Por eso, sistemáticamente, suelen argumentar que hay que mirar al futuro o que los que intentan indagar los hechos históricos son unos rencorosos que pretenden enfrentar a las personas. Desde el punto de vista de la economía, el óptimo de Pareto es la máxima expresión de esa postura puramente ideológica disfrazada de positivismo.

Lo que está en el origen mismo de la construcción del sistema capitalista es la coerción, rápidamente convertida en violencia cuando sea menester. Y para el imperio del algodón, que requería la construcción de los mercados de factores, tierra y trabajo, se requirió mucha violencia. Es fácil de entender la profunda incomodidad de los neoliberales hacia estos hechos y su disposición a obviarlos como irrelevantes.


El Capitalismo de Guerra

El capitalismo de guerra (war capitalism) precede la industrialización y pone las bases sobre las que se asentará la misma. Algunos lo denominan pre-capitalismo o mercantilismo, pero el uso de la violencia es tan preponderante que la denominación de capitalismo de guerra es acertada. Tanto el esclavismo como las expropiaciones masivas de derechos de uso sobre la tierra son predominantes en este período, además de la apropiación de territorios por la fuerza a cuyos habitantes se les niega todo derecho. Especialmente, esto se produce en América y África cuyos recursos y tecnología refuerzan a los estados europeos para crear las condiciones necesarias para el posterior crecimiento económico. El precio que pagan los demás por ese crecimiento es un sufrimiento indecible.


Dura desde el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XIX en algunos lugares y, sirve para configurar esos mercados necesarios para que el capitalismo florezca.

Vemos que desde la fase inicial el protagonismo de los estados para ejercer la violencia o tolerarla o apoyarla resulta completamente decisiva. La inextricable unión entre capitalismo y estado es, sin duda, lo que más rechazo provoca en los liberales primero y, los neoliberales posteriormente, que tratan de zafarse de ese “pecado original” mediante estratagemas que les permitan crear fábulas o mundos donde los hombres tienen una propensión natural al intercambio entre iguales y, donde el único papel del estado es la protección de esos intercambios de derechos de propiedad. Sólo la propaganda permite mantener vivas tales patrañas.

Es cierto, que eso, sufrirá una evolución hacia el capitalismo industrial, pero la coerción siempre estará presente, como nos recuerda David Graeber. El imperio de la ley, respaldado por el estado, ha sido un estadio posterior; pero el inicio, se basó en lo que Beckert denomina en acciones descontroladas de individuos privados que pondrán los cimientos del imperio del algodón donde los europeos ejercerán un férreo control de algo que hasta hacía poco les era completamente ajeno.

La industria del algodón partirá de los modos de producción tradicionales que irán evolucionando hacía la factoría, que nos conducirá, al capitalismo industrial y al predominio de los estados-nación.

El proceso de acumulación de capital, al que dio lugar el algodón, permitió el desarrollo de otras industrias principalmente, aunque no sólo, en Europa. Simultáneamente, supuso una oleada de desindustrialización en otros lugares, algo necesario para que se integraran en el imperio del algodón o bien, como meros productores o, también, como consumidores al perder su capacidad de transformar el algodón de la manera tradicional. Pero el rasgo esencial del mercado global fue la perdida de autonomía de ingentes cantidades de personas, que perdieron sus derechos sobre la tierra y, pasaron a depender exclusivamente de la venta de su fuerza de trabajo o, que sencillamente se convirtieron en una mercancía, literalmente capital humano, activos propiedad de otras personas.

Europa estaba muy alejada de los grandes centros de producción y transformación del algodón y, para la materia primera dependía de distantes regiones que no controlaba o lo hacia de forma precaria antes del siglo XIX o finales del XVIII.

Lo que es importante destacar, es que la primera gran transformación que conduce a Europa al centro del imperio del algodón, no fueron los avances tecnológicos u organizativos, sino la voluntad y la capacidad de proyectar el capital y el poder a través del mundo entero, lo que le permitió integrarse en las redes comerciales del algodón utilizando esencialmente la violencia.

Europa ya había intentado antes introducirse en esas redes mundiales del algodón, pero había fracasado, sin embargo, había tomado nota de esos fracasos y concluyó que era determinante el uso de la fuerza para introducir y extender sus intereses.

Los instrumentos financieros que se habían ido desarrollando a lo largo de los últimos tres siglos tuvieron, también, un protagonismo decisivo. Entre ellos, los seguros marítimos o sistemas para transferir capitales a grandes distancias.

La primera expansión de los comerciantes europeos a partir del siglo XVI fue mediante las armas, pero limitada a la costa en el caso de Asia, donde estaba el núcleo central de comercio del algodón. Sin el control del interior, donde se situaba la producción y gran parte de la transformación, su capacidad de influencia era muy limitada y, les resultaba imprescindible las alianzas con las élites locales, de las que dependían para satisfacer las demandas de sus clientes en Europa, pero también en África. No obstante, esa situación estaba lejos de sus anhelos y lucharon de forma incansable para penetrar y dominar el conjunto de la cadena de transformación.

Por otra parte, el proceso de expropiación de tierras, primero en Europa y luego a lo largo y ancho del mundo, supusieron un paso decisivo para conformar el imperio del algodón. Aquí también los instrumentos financieros a través de la deuda tuvieron un papel preponderante. Los préstamos usureros, cuando surgía una mala cosecha o el precio bajaba, servían para desalojar a los campesinos de las tierras y eliminar cualquier posibilidad de sustentarse más allá de vender su fuerza de trabajo. En otros casos, fue el mero pillaje o saqueo de las propiedades comunales y colectivas de otros pueblos y culturas, con sistemas de organización diferentes, lo que permitió la expansión y consolidación de un sistema mediante una acumulación de capital nunca vista.

El principal problema, algo que se convierte en central en el sistema capitalista, es que los productores que además tejían y elaboraban prendas para uso propio o mercados reducidos conservaban un cierto grado de autonomía en su trabajo. Para la construir el Imperio del Algodón será perentorio la pérdida de esa autonomía, para que de esta forma conformen la fuerza de trabajo asalariada base del capitalismo industrial y, también, se conviertan en consumidores, perdiendo su capacidad de auto-consumo.

Llama poderosamente la atención, la interrelación de los diferentes elementos en este imperio, ya que las prendas adquiridas en India esencialmente, de gran calidad, se convierten en moneda de cambio en África para la compra de esclavos, cuyo trabajo en América es uno de los principales pilares para el dominio por parte de Europa, esencialmente, Inglaterra, del mercado mundial. Como nos dice el autor, el capitalismo de guerra se configura por:

“Esta expansión de las redes comerciales europeas en Asia, África y América fundamentalmente no descansa en ofrecer bienes superiores a buen precio, sino en el domino militar de los competidores y en la presencia coercitiva del comercio europeo en muchas regiones del mundo. Dependiendo del equilibrio de fuerzas en relación con el poder social en cada lugar en concreto, había variaciones en esta tesis central.”

Y destaca los motivos esenciales del capitalismo de guerra:

“Una vez los europeos se implicaron en la producción, ligaron sus fortunas económicas a la esclavitud. Estos tres motivos—expansión imperial, expropiación y esclavitud—se convirtieron en esenciales para forjar un nuevo orden económico mundial y, finalmente, para la emergencia del capitalismo.”

En esta fase del capitalismo de guerra, el ejercicio del poder de los estados europeos en los territorios coloniales era débil y dejaba margen para la actuación privada. Estamos muy lejos del imperio de la ley, se trata de la expropiación de trabajo y tierra por medios violentos, la ley del más fuerte.

La necesidad de suministrar esclavos para establecer una sólida producción en América significaba la necesidad de aumentar las exportaciones de tejidos de la India con destino a África, cuyos gustos eran, por cierto, bastante más sofisticados que los europeos.

Convertir a América en un gran centro de producción de materia prima era vital para el proyecto europeo, ya que en ese continente su control de la tierra y el trabajo era muy superior a la del subcontinente Indio, donde las estructuras sociales existentes impedían o dificultaban que la gente renunciara a su autonomía.

Beckert afirma:

“El capitalismo de guerra confía en la capacidad de los ricos y poderosos europeos en dividir el mundo entre “dentro” y “afuera”. “Dentro” abarca las leyes, instituciones y costumbres de la patria, donde los estados imponían el imperio de la ley. “Afuera”, por el contrario, estaba caracterizado por la dominación imperial, la expropiación de vastos territorios, la aniquilación de los pueblos indígenas, el robo de sus recursos, el esclavismo y, la dominación de amplias áreas de tierra por los capitalistas privados con muy poca supervisión efectiva de los distantes estados europeos. En estos territorios imperiales las reglas de “dentro” no se aplicaban.”

Un ejemplo señero es el subcontinente Indio donde el imperio Británico, lenta pero de manera implacable, no sin dificultades, se va adueñando de la cadena de producción, primero impidiendo a los artesanos vender a quien quisieran su trabajo, imponiendo el comprador y el precio a través de sistemas de vigilancia. Es importante señalar, que como siempre el capitalismo desde su más tierna infancia está ligado a una burocratización creciente, completamente imprescindible para imponer su modo de producción como ya hemos comentado en otra entrada.

Todo este proceso de construcción estuvo aderezado por rasgos que son constantes en el capitalismo. Para incentivar la industria propia se protegió contra las importaciones de las colonias, que a su vez, por falta de soberanía no podían responder. Pero como tenían la capacidad de colocar las exportaciones, esencialmente de la India, en otros lugares por su dominio de las redes comerciales, podían proteger su industria, reservándose el mercado nacional, a la vez, que acumular la riqueza suficiente para controlar esos mercados exteriores. Todo lo cual, requería la construcción de estados más poderosos, en continua situación de guerra, que necesitaban recursos crecientes. Progresivamente, esa industria nacional, ganaría capacidad de producción y, necesitaría también, acceder a los mercados internacionales para los que demandaría la ayuda del estado, destinada a favorecer sus productos en detrimento de las de otras partes del mundo. Especialmente relevante era el gigantesco mercado asiático, esencial para la industria textil inglesa.


Otra estrategia fundamental no fue sólo coartar toda competencia, sino transferir o, mejor sería decir, robar la tecnología y los procesos de producción de los países que llevaban siglos en la producción de tejidos de algodón. Los procesos de tintado de los tejidos especialmente.

“La expansión imperial, la esclavitud y las expropiaciones—capitalismo de guerra—establecen las bases para la todavía pequeña y tecnológicamente atrasada industria doméstica del algodón en Europa. Proporciona mercados dinámicos y acceso a la tecnología y, a las materias primas esenciales. También deviene un motor importante de la formación de capital.”

Además, esta industria es un motor decisivo para el desarrollo de importantes sectores secundarios de la economía, como los seguros o el financiero, pero también, en la creación de instituciones que durante el siglo XIX serán los puntales del capitalismo industrial, en especial, los estados nación.

El estado-nación tendrá un papel decisivo tanto para la consolidación del sistema como para amparar el surgimiento de contrapesos dentro de los mismos que irán limitando las características esenciales del capitalismo de guerra.

Los resultados del capitalismo de guerra, Beckert nos lo describe de la siguiente forma:

“….Europa en el siglo XVIII disfrutaba básicamente de un nuevo lugar en las redes globales del algodón. La mayoría de la producción mundial de algodón estaba todavía sita en Asia y, vigorosas industrias algodoneras permanecían a lo largo y ancho de África y América, pero los europeos ahora dominaban decisivamente el comercio transoceáncio.”

El nuevo comercio global del algodón era sustancialmente diferente a todo lo anterior. No se trataba de la ventaja comparativa en el intercambio de bienes que continuaba siendo en aquella época algo relativamente marginal, sino organizar ese comercio milenario de una forma absolutamente distinta y cambiar las estructuras sociales a su conveniencia. Se cambió una estructura esencialmente horizontal y discontinua, con altos grados de autonomía, en un sistema integrado, centralizado, burocratizado y jerárquico.

El siguiente estadio, el capitalismo industrial, había visto su camino desbrozado de obstáculos para convertirse en el sistema hegemónico que continua siendo a día de hoy, después de sucesivas transformaciones, muchas de ellas curiosamente pendulares como la globalización que es la forma en que el capitalismo escapa de las limitaciones y contrapesos que el estado-nación le imponía y le estaba ahogando.

lunes, 29 de junio de 2015

Gobierno popular y economía de mercado: el fin de la socialdemocracia


No hace falta ser un observador extraordinariamente agudo de la realidad para percibir que aquello a lo que llamamos socialismo, la socialdemocracia de toda la vida, se encuentra en descomposición a donde quiera que miremos ¿No lo cree usted así? Bien, veamos algunos hechos.

Manuel Valls, primer ministro del gobierno del partido socialista en Francia, aprueba ley tras ley, primero en febrero, luego en junio para liberalizar la economía, siempre por decreto, para evitar un posible bloqueo del parlamento, dominado por los miembros de su partido. Cree que el socialismo es algo trasnochado, pasado de moda, y de vez en cuando propone cambiar el nombre al partido socialista francés, eliminando precisamente la palabra socialista.

Un poco más al sur, en Italia, el primer ministro Matteo Renzi, aplica políticas similares a las de Valls. La componente social de su política no está muy clara, cuando afirman que la protesta de los trabajadores es la señal de que van en la dirección correcta. La componente democrática todavía menos, cuando promueve y aprueba reformas de la ley electoral que marginan a los partidos minoritarios, y que le permiten parapetarse en el poder.

Por último, en Reino Unido el partido laborista ha sido vapuleado en las elecciones, frente a unos conservadores que lo que promueven es otra burbuja. A pesar de ello, el ex-presidente laborista Tony Blair, dedica sus horas a acumular montañas de dinero, en dudosa correlación con cualquier fin que pueda ser llamado social.

¿Socialdemocracia? Sí, gobiernan en Francia y en Italia, pero en un país lo hacen con poco apego a lo social, y en otro con escaso apego a la democracia.

Podemos ver estos hechos como algo anecdótico, algo fruto de la casualidad y de las circunstancias políticas nacionales. Sin embargo, yo creo que hay, en parte, una causa común, e incluso que esta causa es la principal, es el perro que mueve el rabo de la disolución de la socialdemocracia ¿Cual es esta causa? En el fondo, es el compromiso de la socialdemocracia con la modernidad, con un progreso mal entendido. Este progreso mal entendido les lleva a aceptar una globalización, que lejos de ser la única opción hacia una políticainternacional abierta, es una forma de cerrarla. Está muy bien respetar todas las culturas, pero el multiculturalismo no se fomenta estableciendo la competencia entre trabajadores de países ricos y países pobres, y esa no es la única vía al desarrollo y de mejora de las condiciones de los trabajadores de los países más pobres, como nos demuestra la historia. En definitiva, y llegando a la raíz del problema, lo que pretende la socialdemocracia es un aumento continuo del poder y del control sobre la naturaleza, que en definitiva implica un aumento del PIB.

En este punto es interesante rescatar la crítica que hacía Lewis Mumford al socialismo marxista, en su Historia de la Utopías

De haber sido de alguna utilidad, nuestro viaje por las utopías debería habernos enseñado lo patética que es la idea de que la clave de una sociedad buena se halla sencillamente en la propiedad y el control de la estructura industrial de la comunidad. [...] Si bien muchas de estas propuestas sostenían que la maquinaria industrial, bajo el socialismo, el corporativismo o el cooperativismo, debía servir al bienestar común, lo que les faltaba era una idea compartida de lo que es dicho bienestar común.

Si el socialismo marxista pensaba que bastaba con sentarse frente al timón de mando de la maquinaria industrial para solucionar todos los problemas, los socialdemócratas no tenían una hoja de ruta clara, querían modificar lo que había, la sociedad industrial, para mitigar los problemas que sufrían los más desfavorecidos. Sus armas eran la intervención del estado en la economía, y esta estrategia de desarrollo obtuvo éxitos notables, como por ejemplo en Corea del Sur. Pero en el mundo de libertad de movimiento de capitales que surgió tras la caída de los acuerdos de Bretton Woods, dicha estrategia estaba condenada a desaparecer. El capital había obtenido una ventaja clave, la movilidad, y a los estados solo les quedaba ofertar a la baja, rebajar las condiciones de vida de sus ciudadanos para ser atractivos. En palabras de Zygmunt Bauman

Si el encuentro llegará a producirse por imposición del otro (encuentro entre el capital flotante y la autoridad local), apenas este (el poder local) intentara flexionar sus músculos y hacer sentir su fuerza, el capital tendría pocos problemas para liar sus maletas y partir en busca de un ambiente más acogedor, es decir, maleable, blando, que no ofrezca resistencia.

La globalización, además, parecía algo positivo, un progreso, puesto que mitigaría las molestas rencillas nacionales. Nada más lejos de la realidad, la coordinación a través del mercado oculta que la cooperación directa entre los pueblos es posible.

Llegados a este punto creo que merece la pena echar la vista atrás, para ver lo que nos muestra la historia. Nos lo cuenta Karl Polanyi en el capítulo 19 de La Gran Transformación, Gobierno popular y economía de mercado:

En Gran Bretaña, desde 1925, la moneda estaba en una situación poco saneada. La vuelta al patrón-oro no se vio acompañada de un ajuste correspondiente al nivel de precios, el cual estaba claramente por debajo de la paridad mundial. Pocos fueron aquellos que se dieron cuenta de la absurda vía en la que el gobierno y la banca, los partidos y los sindicatos se habían embarcado de común acuerdo. Snowden, ministro de Hacienda en el primer gobierno laborista (1924), fue un acérrimo partidario del patrón-oro, y, sin embargo, fue incapaz de darse cuenta de que, al intentar restaurar la libra, había comprometido a su partido a encajar una disminución de los salarios o a perder el rumbo. Siete años más tarde, este mismo partido se encontró obligado -por el mismo Snowden- a hacer ambas cosas. En el otoño de 1931, la sangría continua de la depresión comenzó a afectar a la libra, y fue en vano que el fracaso de la huelga general de 1926 hubiese garantizado que no habría una ulterior elevación del nivel salarial, lo que no fue óbice para que se elevase el peso económico de los servicios sociales, a causa concretamente de los subsidios de desempleo concedidos incondicionalmente. No hacia falta un «golpe de mano» de los banqueros -golpe de mano que realmente existió- para hacer comprender claramente al país la alternativa entre, por una parte una moneda saneada y presupuestos saneados y, por otra, servicios sociales mejores y una moneda depreciada -estuviese la depreciación producida por los salarios elevados y por una caída de las exportaciones o simplemente por gastos financiados mediante un déficit-. Dicho en otros términos, había que optar entre una reducción de los servicios sociales o un descenso de las tasas de intercambio. Y, dado que el partido laborista era incapaz de decidirse por una de las dos medidas -la reducción era contraria a la línea política de los sindicatos y el abandono del oro habría sido considerado un sacrilegio- el partido laborista fue barrido y los partidos tradicionales redujeron los servicios sociales y, a fin de cuentas, abandonaron el oro.

En definitiva, el partido laborista no pudo articular políticas para favorecer a sus votantes, de reducción del desempleo e incremento del nivel de vida, por su adhesión al dogma del patrón oro. Pero no fue un caso único

En todos los países importantes de Europa se puso en marcha un mecanismo similar que produjo efectos enormemente semejantes entre sí. Los partidos socialistas tuvieron que abandonar el poder, en Austria en 1923, en Bélgica en 1926 y en Francia en 1931, para poder «salvar la moneda». Hombres de Estado como Seipel, Franqui, Poincaré o Brüning echaron a los socialistas del gobierno, redujeron los servicios sociales e intentaron romper la resistencia de los sindicatos mediante el ajuste salarial.

Todo esto recuerda mucho a la situación actual, aunque ahora los “hombres de estado” lo que tratan de salvar no es el patrón oro, sino el euro o la globalización. No dudo que la "sabiduría convencional" actual, puede ser tan mala como la de los años 20 y 30 del siglo pasado, a tenor de la recuperación de las economías según dejaban el patrón oro.


Después de la crisis financiera de 2008 se han puesto muchas cosas en cuestión, en especial el gasto público y el gasto social, que entorpece el pago de la deuda, pero no se ha puesto en cuestión el sistema monetario, con excepciones, el libre comercio, o la libertad de movimiento de capital. Estos dogmas, son una camisa de fuerza demasiado estrecha, dentro de la cual cualquier política social está destinada al fracaso. La consecuencia de ello es que los partidos socialdemócratas irán perdiendo apoyo, al no poder cumplir sus promesas, presa de sus contradicciones, o irán perdiendo su esencia, convirtiéndose en meras versiones amables de los partidos liberales y conservadores. Esta dinámica no es sostenible, y conduce a la sociedad hacia una ruptura, que en la época de la Gran Transformación de Polanyi fue el surgimiento del fascismo, y que ahora no sabemos cual será. Ese es el gran interrogante, y exige todas nuestras energías y capacidad divulgativa.

lunes, 22 de junio de 2015

Utopía y trabajo

Ha pasado mucho tiempo desde que Keynes predijo que por estas fechas podríamos vivir trabajando unas 15 horas a la semana. ¿Se cumplirán algún día sus vaticinios? Lo curioso es que eso que parece una utopía es posible dados los continuos aumentos de la productividad laboral. No se equivocó en este aspecto sino en la expectativa política e ideológica que adoptaría la sociedad. Así como Marx erró en no prever el efecto de sus propios análisis y la reacción social que suscitaron, Keynes también minusvaloró el peso de la cultura, la previsión sobre cómo nuestras ideas, ilusiones, creencias, temores y condicionantes psicosociales influyen en las apuestas políticas.

Actualmente el marketing predomina como entorno cultural que, gracias al dinero, se mantiene a flote entre un falaz relativismo moral que relega toda apuesta ética. Esto nos ha llevado a transformar necesidades inmateriales en necesidades económicas mediatizadas por el mercado, y a sentir como una necesidad vital la satisfacción incesante de deseos volátiles. Los aumentos de productividad no se pueden traducir en una mayor liberación de las ataduras económicas porque el afán de consumo y de enriquecimiento ocupan el espacio que podría liberarse, marcan el rumbo a seguir, y así nos hacemos depender de un continuo crecimiento.

En lugar redistribuir el tiempo de trabajo y sus frutos, sólo una élite ha aprovechado esos aumentos de productividad dejando a los demás la tarea de producir cada vez más y la amenaza de una exclusión que se decide no erradicar.




Gráfico para los datos de EEUU. La diferente evolución de la productividad y los salarios:

Por otra parte estamos en un momento en el que el propio exceso productivista puede acabar arruinando la sostenibilidad del medio ambiente que lo soporta y que nos soporta. A lo que se añade la ceguera de la economía neoclásica ante el declive de los recursos fósiles que han nutrido todo este crecimiento, insustituibles en la dimensión de su aporte energético y en su cualidad. Esto sin duda afectará a las posibilidades económicas futuras y llevará a que sectores básicos, como la alimentación, vuelvan a tener mayor peso tanto en los agregados macroeconómicos como en la cesta de la compra, y también en la proporción de trabajo humano que requieran.

¿Cuál sería entonces el papel ideal del trabajo? No podemos dejar de tener en cuenta todo lo anterior al pensar en una utopía, al plantear un futuro deseable que tenga visos de ser posible, el mejor futuro posible para todos teniendo en cuenta los límites y condicionantes de la realidad.

Podemos empezar por aislar el factor trabajo para observar el valor que pueda aportar (o no) por sí mismo a nuestras vidas. De entrada puede sonar paradójico hablar de trabajo en un mundo utópico, pero el trabajo, entendido como actividad que no se hace por placer sino como necesidad, también cumple algún papel en nuestra vida diferente al de la mera obtención del sustento necesario. El trabajo nos pone en contacto con la realidad que nos constituye y que nos sostiene, la realidad material y la realidad social. El trabajo es una forma de reconocer nuestras condiciones existenciales. Por tanto, incluso en el hipotético caso de que pudiéramos dejar de trabajar gracias a la mecanización y a la programación de toda la producción básica, habría que plantearse la necesidad de mantener cierta dosis de trabajo como forma de contacto con la realidad, con sus leyes y con nuestra responsabilidad sobre ella.

Cosa distinta es determinar qué cantidad de trabajo es la adecuada para no perder de vista ese vínculo con las condiciones de la vida. Si sólo tenemos en cuenta este valor psicológico, sin duda sería conveniente dedicar al mismo una porción de nuestro tiempo mucho más reducida que en la actualidad, y su importancia también sería mucho menor, quedando muy alejado de la posición de centralidad que ocupa en nuestras vidas hoy día, (posición que entonces estaría ocupada por el conocimiento, la responsabilidad y la iniciativa voluntarias). En ese mundo la necesidad de trabajar estaría determinada por su beneficio psicológico en la medida en que el trabajo lo aporte, dejando atrás el hastío embrutecedor que suele suponer, y no sería concebido como un castigo divino o como una fuente de virtud por sí mismo, (virtud que hoy por hoy se supone mayor cuanto mayor es la carga autoinfligida).

Ahora introduzcamos el resto de variables. Si las limitaciones físicas y económicas imponen que en conjunto vamos a tener que trabajar más para obtener menos como consecuencia del declive de los recursos energéticos y materiales, o como consecuencia de un incremento de las dificultades naturales (caos climático en ciernes, sexta extinción masiva de especies en curso, etc.), la realidad ambiental se encargará por sí misma de imponer el grado de trabajo necesario para cubrir las necesidades básicas de todos. Pero se abriría una discusión sobre la forma de organizar y de distribuir ese trabajo y sus beneficios. Es decir, seguiría siendo necesario decidir políticamente cuál es el modo ideal de organizar el trabajo en la sociedad porque no hay una sola manera de hacerlo. Siempre habrá un modo más utópico que otro.

La actividad política que consiste en pensar la utopía no puede basarse en un mero cálculo sobre los límites y las leyes de la física. Tanto en el caso de que decidamos repartir ya la productividad ganada de la que sólo se han aprovechado las élites, como en el caso de un incremento de la necesidad conjunta de trabajar, lo que decidamos también estará determinado por nuestras expectativas, por la forma de interpretarnos, de entender nuestras necesidades y de dar satisfacción a las mismas, es decir, por la influencia de la cultura predominante (que a su vez podemos modificar, y he ahí la esperanza). De modo que el pensamiento utópico, acaba siendo una reflexión sobre nosotros mismos que si no determina, sí condiciona nuestro devenir orientando los pasos del presente. Será necesario un ejercicio de deliberación utópica del que emerjan los principios ideales de la organización del trabajo.

Si tenemos en cuenta todo lo anterior, la formulación ideal de estos principios establecería un sistema dinámico que incluyera la variabilidad de los recursos disponibles y la necesidad de preservar el capital natural. Así la aproximación a este sistema vendría inspirada por dos polos: un trabajo tan limitado como sea posible (pero cumpliendo al menos con su utilidad psicológica), y tan intenso como sea necesario para una producción que cubra las necesidades básicas de todos (en función de los recursos del momento y sin exceder la biocapacidad del planeta).

Parece lógico deducir que en una utopía el trabajo sólo sería socialmente exigible hasta el punto necesario para, entre todos, proporcionarnos un sustento suficiente a todos, (sea cual sea el grado de trabajo necesario en cada momento para alcanzar ese punto). Por supuesto, a diferencia de lo que ocurre ahora, en justa correspondencia por esa exigencia social, debería ser un derecho obtener la posibilidad de acceder al trabajo, (al empleo o a los recursos suficientes para la autogestión). Y si el mercado o el estado no cubren ese derecho, deberían proporcionar una renta equivalente, suficiente para cubrir las necesidades vitales. Este acceso a una parte alícuota de los recursos disponibles en el planeta sería instituido socialmente como un derecho, no como una posibilidad dependiente de la coyuntura, y sólo a partir de ese orden de cosas tiene sentido exigir un trabajo a cambio del mismo, al menos si estamos hablando de una ética y de una política, (de una utopía), pensadas para la humanidad, y no de una lucha excluyente, a la postre suicida.

Siguiendo este principio de suficiencia para todos queda claro que el resto de actividad humana estaría marcado por la voluntariedad, (incluso cuando fuese actividad remunerada, pues no sería imprescindible ese empleo secundario), es decir, el sentido de todo avance sería el que realmente deseáramos. Es un lugar común confundir el cese del trabajo como actividad exigible con el cese de toda actividad responsable. Las actividades voluntarias y el trabajo reproductivo y de cuidados desmienten con creces esa simplicidad. Y como culmen de las actividades voluntarias, la actividad política ciudadana (no profesional), el ejercicio de la responsabilidad en colectividad, puede y debe ser ejercido con libertad e independencia de las restricciones económicas para ser verdadera responsabilidad y no chantaje.



Por último, si el trabajo puede entenderse como una forma de contacto con la realidad y sus propiedades, será lógico pensar que cada tipo de actividad implica una toma de conciencia diferente. El tipo de trabajos que realizamos hoy en día tiene parte de responsabilidad en nuestro distanciamiento cognitivo respecto a las condiciones naturales que sostienen nuestra vida, con la consecuencia de que resulta más difícil visualizar el desastre que estamos provocando. Sin que esto deba entenderse como un alegato contra la división del trabajo que complicara excesivamente las cosas, al plantearse el trabajo en una utopía cabe pensar que sería deseable recuperar ese perdido vínculo con el medio natural del que formamos parte. Podemos preguntarnos qué clase de trabajos son más "saludables" teniendo en cuenta ese beneficio psicológico que buscamos, (ese vínculo y ese sentido de la responsabilidad), cuáles cumplen mejor esa función.





Pongamos algunos ejemplos orientativos. La alimentación es claramente el sector que más directamente nos pone en indisoluble relación con el medio natural y sus condiciones. Somos lo que comemos y dependemos de ello. Por tanto sería saludable que todo el mundo estuviera directamente relacionado con este sector. Y la forma ideal de hacerlo pasaría por alejarnos lo más posible de la agricultura industrial, tratando de acercarnos, en alguna medida al menos, a las condiciones en las que evolucionó nuestro organismo (y para las que este se encuentra más adaptado), aquella actividad que constituyó nuestra genética y nuestra fisonomía cuando éramos cazadores recolectores. Quizá la permacultura podría entenderse como la forma ideal de organizar este trabajo en adelante, una forma de producción que además puede superar los rendimientos de una agroindustria en declive sobre una tierra degradada. También sería útil para reforzar este vínculo con nuestras condiciones naturales implicarse en la (bio)construcción del lugar en el que vivimos, o en la manufactura de enseres personales básicos, (ropa, mobiliario, etc). Y entrando en nuestra condición de seres sociales, adquiriría importancia que todo este trabajo se organizase en colectividad.

Esta autogestión colectiva de lo esencial no tiene por qué entenderse como una vuelta a un pasado pretecnológico (si es que alguna vez lo hubo) o como una renuncia a cualquier otra actividad productiva sino como una recuperación de la cordura perdida, retomada ahora en una medida básica, en una fracción de nuestro tiempo. Para el resto del trabajo remunerado, ya sea cierta producción industrial también necesaria o producción de mejoras y comodidades, la forma de introducir equilibrio social y ambiental vendría de la mano leyes que condicionaran la producción desde la política y la deliberación ética pública sin el estrés social de la exclusión y la represión económica.

La utopía no es un estado de cosas sino un propósito claro al que acercarnos en la medida en que las posibilidades de cada momento lo permitan. En el caso del trabajo ese propósito consistiría en liberar nuestro tiempo en favor de una autonomía compartida recuperando a la vez la cordura en la actividad productiva.

lunes, 1 de junio de 2015

Individualismo inducido

Las teorías capitalistas respaldan la naturaleza egoísta e individualista del ser humano por naturaleza y desde sus orígenes. Estas teorías nos cuentan como el comportamiento natural (incluso a nivel genético) de un ser humano es defender los derechos de propiedad, y las distintas formas de proteger su permanencia y facilitar las distintas transacciones de las mismas –acumular riqueza, al fin y al cabo-. Nos dicen que nuestro individualismo original se desarrolla aún más como resultado de cierta evolución cultural, nos hablan de la autonomía personal de los cazadores recolectores, incluso difunden que -“lo genéticamente incorporado durante la larguísima época en que los cazadores recolectores se adaptaron a su entorno ha resultado ser la base más adecuada para la aparición del capitalismo” (Papeles “Lucas Beltrán” de pensamiento Económico, No1, Pedro Schwartz Girón, CEU) -, más aún, estas doctrinas le dan un trato de excepcional al fenómeno de la colaboración e intercambio entre distintas familias o grupos humanos (“En compañía de extraños” - Paul Seabright, 2004-), y con todo asume diferencias, en estos fenómenos dependiendo de las perspectivas de reciprocidad (no será igual la colaboración en el caso de familias o vecinos, que el de desconocidos a los que con toda probabilidad no se volverá a ver).

En alguno de estos estudios, limitan la cooperación social a intercambios, jerarquías y fuera de esta cooperación quedan los conflictos, resultando, de los tres, el más deseable el intercambio, por su componente de voluntariedad en este ejercicio. Sostienen que el mecanismo de la competencia individual mantiene un equilibrio entre los beneficios de las partes involucradas en las distintas cooperaciones sociales. Aseguran que la competencia es el perfecto regulador de una sociedad que ejercita el mercado libre. Este mecanismo pierde su eficacia en el campo jerárquico por la capacidad de los estados de ejercer la violencia y la coacción para forzar la obediencia (ejercidos mediante conflictos armados, la justicia o los impuestos). Según este discurso, los estados (las jerarquías), son un problema que introduce palos en las ruedas del libre mercado por desestabilizar el mecanismo de equilibrio de la competencia. De ahí la aversión que tiene el discurso liberal por los estados y sus regulaciones. Resumiendo: se defiende un modelo económico como el capitalismo, dotándole de un respaldo nacido en la propia naturaleza del ser humano, en sus genes, en el amanecer de la especie, y su historia, mientras que limitan nuestro comportamiento a un comportamiento de mercado: intercambios de cualquier tipo con fines más o menos interesados, los cuales se sitúan en el eje de la existencia de cada individuo.

Este razonamiento, además de falso desde el punto de vista de la biología (1), rezuma interés y manipulación, ya que, si bien será cierto que la cooperación dentro de los grupos humanos tiene cierto componente de interés particular de las partes, no sería tanto un interés cuantitativo como cualitativo, es decir, los grupos sociales arcaicos (y hasta hace no mucho podía verse en ciertos grupos culturales indígenas cuyo modus vivendi ha quedado congelado en el tiempo), mantendrían una cooperación e intercambio basados más en las relaciones humanas que en el valor subjetivo de la mercancía. Los intercambios o prestamos de servicios o mercancías no esperarían tanto una contrapartida igual o del mismo valor (tanto es así que en algunas culturas está muy mal visto el devolver lo prestado porque se asume que la persona no quiere tener relación alguna con la otra parte), como el alimentar un interés grupal, una relación de confianza que, si se afianzaba debidamente haría que se creara una fuerte cohesión social, con lo que se aseguraba la protección, por parte del colectivo, de todos los individuos que lo componen en los momentos difíciles (enfermedad, accidente, escasez,...). En realidad el interés “egoísta” de esta cooperación crearía uniones más fuertes dentro de los grupos y los individuos desarrollarían comportamientos que se pueden definir como altruistas. Todos los componentes de una comunidad desearían pertenecer a la misma siempre que se sintiesen arropados por la protección que les da el apoyo mutuo (2).

De esta forma, en los albores de la historia humana, el mercadeo y la competencia pasarían a un segundo plano, lo cuál no quiere decir que la  economía material y de recursos no fuese de gran importancia, sino que era primordial la “economía de relaciones personales”.Para los grandes poderes económicos es en extremo necesario que la sociedad desestime sin ninguna duda la cooperación altruista como parte del ser humano, puesto que, aunque explotar nuestras habilidades cooperativas en las factorías les es muy necesario, esas características también son el germen de ciertos comportamientos de protección y defensa de colectivos humanos como las luchas por derechos sociales y laborales. Esto es inadmisible porque es un enorme escollo en el camino del negocio. Mucho mejor es que nos movamos en un mundo de competencia, donde la persona que me acompaña es un rival y no alguien en quien pueda confiar...

De esta forma, y a base de adoctrinamiento, hemos llegado a asumir como verdad absoluta nuestro comportamiento individualista y competitivo. Si tanto es su interés por este discurso, y asumiendo que las prioridades y lealtades de estos poderes fácticos es contraria a los de la mayoría de la población, habría que poner en duda la veracidad de estas teorías, más aún si se pueden encontrar montones de ejemplos, desde los albores del hombre, que son contrarios a lo ya explicado.

Las comunidades cazadoras recolectoras (en contra de lo que predican en la Introducción a la antropología del capitalismo en los papeles “Lucas Beltrán”), utilizaban estrategias de caza y emboscaban a sus presas en batidas, donde cada individuo trabajaba como el pequeño engranaje de un mecanismo perfecto (así lo demuestran multitud de registros arqueológicos prehistóricos, como los de Tirig, en Castelló); y por supuestísimo no existía el afán acumulativo que lleva implícito el capitalismo. En Atapuerca tenemos el ejemplo de Miguelón, un Homo heidelbergensis que sufrió durante meses una terrible infección en la boca que se le extendió al hueso de la mandíbula, y sobrevivió gracias a los cuidados del grupo, debían alimentarle dándole la comida previamente masticada, lista para tragar. En la cultura Minoica el rey recaudaba absolutamente toda la producción y posteriormente la repartía entre toda la población para cubrir la necesidadde todos, lo cual nunca provocó ningún conflicto entre los habitantes de la isla (al menos no hay registro de conflictos por este motivo). El hecho de la enseñanza en sí, compartir conocimientos, técnicas de fabricación de útiles, de caza, pesca y recolección, ya es un ejercicio de cooperación grupal gracias al cuál hemos avanzado y evolucionado (contrario, como no podía ser de otra forma, a los inventos estos de las escuelas de “excelencia”, que se han sacado de la chistera últimamente). Incluso un equipo de científicos multidisciplinar encabezados por el psicólogo Dacher Keltmer, de la Universidad de California, están desarrollando un estudio que demuestra que el hombre es altruista y generoso a nivel biológico.

Según Emilio Civantos Calzada, Doctor en Biología de la UCM -por su clasificación en cuanto a descendencia, el hombre sigue la estrategia “K” lo que implica mucho esfuerzo en el cuidado de los jóvenes, Es en los estrategas de la K, donde se ha dado una evolución mayor de los comportamientos de cooperación social, Pero además, los humanos somos animales que actuamos por el bienestar de nuestro grupo social. Esto se llama altruismo biológico y no somos la única especie que lo practica-. Dentro del altruismo biológico hay tres tipos, hasta ahora he mencionado “el de parentesco” y “el de beneficio mutuo” pero el ser humano los posee todos incluido el último nacido de unas estructuras sociales complejísimas - “Como resultado, los humanos somos la única especie que ha desarrollado
un sentido moral” -.

Fué posteriormente, con el comercio entre las comunidades y la acuñación de la moneda, cuando se desarrollarán estos hábitos que tanto defiende el capitalismo imperante: competividad, mercado, intereses, acumulación de riquezas,... Es cierto que hoy estas directrices son un mal muy extendido, sobre todo por adoctrinamiento a través de los medios (el desconocimiento de las consecuencias de nuestras costumbres o la lejanía de los resultados impiden la empatía con otros), la propaganda, quizá por el diseño de nuestro modo de vida, la organización de horarios, y un acentuado comportamiento de imitación de la mayoría...no lo sé, pero lo que sí sé es que a pesar de años y años de adoctrinamiento en favor de la defensa del mercado, de la competencia, del acaparamiento, la enorme fuerza altruista aún bulle en nuestro interior pugnando por salir. Aún sucede que montones de personas se asocian convirtiéndose en una fuerza benefactora para viajar a lugares remotos, donde reina la miseria, donde familias enteras mueren de hambre y enfermedad, y luchar con todas sus fuerzas contra las consecuencias del capitalismo reinante en todo el orbe; o se plantan delante de la puerta del hogar de una familia a la que están a punto de desahuciar, sin esperar nada a cambio, y arriesgándose a agresiones físicas y multas para defender los derechos de personas a las que ni siquiera conocen. Solo porque hay algo dentro de ellos que les grita y les dice que la enorme tribu que es la humanidad puede ser mejor, mucho mejor, que debe proteger a los suyos, sobre todo a los débiles y a los enfermos, quizá de forma “egoista”, esperando que algún día alguien haga lo mismo por ellos en caso de necesidad, quizá... pero lo que tienen claro es que el mercado y la competencia nunca debió salir del segundo plano en el que debe estar, siempre por detrás de las relaciones entre personas, del apoyo mutuo.

1.- La biología establece el altruismo genético y distintos niveles del mismo y asegura que hasta a los seres más básicos se les puede clasificar en uno o varios tipos, por ej. las abejas (que en caso de amenaza de la colmena sacrifican su vida con su picadura para defenderla, y tienen que saber de alguna forma que van a morir, puesto que no atacan en forma de enjambre, sino un número muy reducido de ejemplares, salvo rarísimas
excepciones).

2.-Aunque el comportamiento altruista del ser humano va más allá, porque si fuese el interés propio el que lo alimenta, en caso de que un colectivo sea cooperativo, lo racional a nivel individual sería no cooperar, de forma que recibes los beneficios obtenidos por la cooperación del grupo sin tomar los riesgos y esfuerzos que pueda implicar este comportamiento de apoyo mutuo, y esto no ocurre de forma general (es más los individuos que se comportan de esta manera suelen ser discriminados en la sociedad). La visión simplista de los defensores del individualismo y la competencia por naturaleza no se sostiene ante la complejidad y la avalancha de ejemplos que tiran por tierra sus afirmaciones.

lunes, 25 de mayo de 2015

NEF (New Economics Foundation): un faro británico con ideas brillantes y fundamentales para el Bienvivir

Muchas personas están haciendo lo que pueden. Pero el verdadero éxito sólo puede venir si hay un cambio en nuestras sociedades, en nuestra economía y en nuestra  política.
David Attenborough


Del mismo modo que planteaba la pregunta a nivel personal, ¿qué sería lo mínimo que uno puedo hacer para conseguir un máximo de bienestar?, que dio origen al artículo “Enfoque en virtudes y fortalezas de carácter: el paso más pequeño pero más decisivo hacia el bienvivir”, el origen de este artículo parte de la cuestión ¿dónde puedo seguir informándome con ideas interesantes sobre el Bienvivir que puedan transformar esta sociedad occidental? La respuesta me  ha llevado al think thank (laboratorio de ideas) independiente NEF (New Economics Foudantion) que desde Reino Unido trabaja para llevar a cabo su lema: “Economía como si la gente y el planeta importaran”

Desgraciadamente para los que no se llevan bien con el inglés, la información y las ideas de NEF están en ese idioma por lo que su difusión a otros idiomas viene dada por artículos que informan, analizan, o explican las nuevas propuestas de ese laboratorio de ideas. Este será uno de esos artículos y lo dividiré en tres apartados. El primero será una presentación de NEF, sobre cuál es su visión y misión y como se estructura para ello. En el segundo se analizarán tres informes de los muchos que ha elaborado desde su fundación hace casi 30 años. La elección de esos tres informes concretos la he realizado porque cada uno de ellos está muy enmarcado en  los tres pilares estructurales del Bienvivir: la persona, la sociedad y el medio ambiente. Finalmente,  en el tercer apartado  se analizarán dos informes que integran muy inteligentemente esos tres pilares estructurales. El primero de ellos es el famoso Happy Planet Index (Índice de Planeta feliz) y el segundo es uno informe que ha elaborado NEF recientemente en este 2015 y  que se titula “People, Planet, Power: towards a new social settlement.” (Personas, Planeta, Poder: hacia un nuevo asentamiento social)

1) ¿Qué hace NEF?

De su página web (traducción propia)
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New Economics Foundation (NEF) es el principal think tank del Reino Unido para promover la justicia social, económica y ambiental. Nuestro propósito es lograr una Gran Transición - para transformar la economía para que esta funcione para la gente y el planeta.

El Reino Unido y la mayoría de las economías del mundo son cada vez más insostenibles, injustos e inestables. Ni siquiera nos hacen más felices - muchos de los países más ricos del mundo no tienen el bienestar más alto.

Desde el cambio climático hasta la crisis financiera está claro que el sistema económico actual no se adecúa a su propósito. Necesitamos una Gran Transición a una nueva economía que dé cabida a las personas y al planeta.

La misión de NEF es poner en marcha la transición hacia una nueva economía a través de grandes ideas y un pensamiento nuevo. Lo hacemos a través de:

1)     Alta calidad, una investigación pionera que muestra lo que está mal con la economía actual y cómo puede esta ser mejorada.
2)      Demostrar el poder de nuestras ideas al ponerlas en acción.
3)  Trabajar con otras organizaciones en el Reino Unido y en todo el mundo, construyendo un movimiento para el cambio económico.

NEF es totalmente independiente de cualquier partido político. Dependemos de las donaciones y la ayuda de nuestros miles de seguidores para efectuar el cambio social.
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Su trabajo se estructura bajo las tres esferas que representan y se integran en su logo: la Economía, la Sociedad y el Medio Ambiente. Especificando  más detalladamente cada una de esos pilares se encuentran los temas o nodos importantes de cada uno de ellos:

  • Economía (Abordando las causas profundas de la crisis financiera y de la recesión en curso): Banca & Finanzas, Monedas comunitarias, Empleo & Estrategia industrial, Macroeconomía, Política monetaria, Retorno social de la inversión y Finanzas innovadoras..
  • Medio Ambiente (Proporcionando bienestar económico dentro de los límites ambientales): Energía & Cambio climático, Pesca, Desarrollo Internacional, Transportes & Infraestructura, Alimentación & Agricultura.
  • Sociedad (Avanzando hacia una sociedad más justa y más igualitaria): Justicia Penal, Democracia & Participación, Vivienda, Desigualdad, Reforma de la Administración Pública, Bienestar, Trabajo & Tiempo.

2) Tres informes para el Bienvivir

Entre los muchos informes que NEF ha ido realizando a lo largo de todos sus años de trayectoria, voy a enfocarme en tres de ellos que por su temática se enmarcan en cada una de,  lo que llamo, las tres patas estructurales del Bienvivir: la persona, la sociedad y el medio ambiente. Desde un punto de vista holístico, todo está interconectado y cada uno de esos informes trata también, implícita o explícitamente, de las otras partes. Sin embargo, de un modo más analítico, el principal encuadre de estos informes se dirige hacia una parte concreta de ese cuadro más grande e integral.

2.1 PERSONA: Cinco maneras para el bienestar

De la misma forma que tomar cada día al menos cinco frutas o verduras puede ser sano para nuestro cuerpo, cinco maneras adecuadas para incrementar nuestro bienestar emocional diario podrían ser las sugeridas por NEF (Conecta, mantente activo, presta atención, sigue aprendiendo y  dar) . El origen de esos cinco elementos es un proyecto de investigación propuesto por el gobierno británico sobre capital mental y bienestar realizado en 2008. NEF se encargó de desarrollar una lista de acciones basadas en evidencias para mejorar el bienestar personal. Esa larga lista de evidencias se redujo a  esos cinco elementos para una más simple y mejor difusión hacia la población.

Desde su primera publicación y difusión por parte de NEF, otras organizaciones como el sistema de salud británico y numerosas ONG’s han realizado números proyectos y acciones bajo ese modelo. Para aquellos que quieran investigar más sobre este modelo, estos son dos de los informes (inglés) elaborados por NEF

Para aquellos que solo quieren probar algunas de las indicaciones allí propuestas para mejorar su bienestar, NEF elaboró unas postales que simplificaban el mensaje. Aquí las traduzco para aquellos que quieran experimentarlas:

Conecta…
Con las personas que te rodean. Con la familia, amigos, compañeros de trabajo y vecinos. En casa,  en el trabajo, en la escuela o en tu comunidad. Piensa en ellos como pilares de tu vida e invierte tiempo en su desarrollo. Construir y reforzar estas conexiones te ayudará y enriquecerá cada día.

Mantente activo…
Sal a caminar o correr. Anda en bicicleta. Juega. Sal al campo. Baila. El ejercicio te hace sentir bien. Lo más importante es descubrir esa actividad física que te guste y se adapte a tu nivel de movilidad y forma física.

Presta Atención…
Sé curioso. Aprecia la belleza. Observa lo inusual. Nota las estaciones cambiantes. Saborea el momento, ya sea caminando hacia el trabajo, comiendo o hablando con los amigos. Ten en cuenta el mundo que te rodea y lo que sientes. Reflexionar sobre tus experiencias te ayudará a apreciar lo que es importante para ti.

Sigue Aprendiendo…
Intenta algo nuevo. Redescubre una vieja afición. Inscríbete en ese curso. Asume una responsabilidad diferente en el trabajo. Arregla una bicicleta. Aprende a tocar un instrumento o cómo cocinar tu comida favorita. Establece un desafío con el que disfrutes conseguirlo. Aprender cosas nuevas te hará sentirte más seguro además de ser divertido.

Dar…
Haz algo agradable por un amigo o un desconocido. Da gracias a alguien. Sonríe. Ofrece tu tiempo. Únete a un grupo de tu comunidad. Mira hacia afuera, como adentro. Ver tu felicidad unida a una gran comunidad puede ser increíblemente enriquecedor y crea conexiones con las personas que te rodean.

Según esas evidencias, prestar atención y dar potencian el bienestar mientras que conectar, mantenerse activo y seguir aprendiendo no sólo potencian el bienestar sino que  además amortiguan el malestar.

Si encuadramos las cinco maneras para el bienestar en la propuesta conceptual de los diez nodos del Bienvivir, ésta se situaría en el área personal con los nodos de Salud y Desarrollo Personal. El trabajo sobre estos dos puntos nos lleva hacia un desarrollo y realización personal que daría lugar en interacción con la sociedad y el medio ambiente a un bienestar responsable.




Tomando la definición de bienestar personal propuesta en el informe de NEF:

El concepto de bienestar comprende dos elementos principales: sentirse bien y funcionar bien. Los sentimientos de felicidad, alegría, disfrute, curiosidad y compromiso son características de alguien que tiene una experiencia positiva de su vida. Igualmente importante para el bienestar es nuestro funcionamiento en el mundo. Experimentar relaciones positivas, tener algo de control sobre la propia vida y tener un sentido de propósito son atributos importantes de todo el bienestar.

se  puede observar como los nodos de Salud y Desarrollo Personal son ejes importantes para un bienestar personal.

2.2 SOCIEDAD: 21 Horas. Por qué una semana de trabajo más corta puede ayudarnos a prosperar en el siglo XXI

De la misma manera que en la parte Persona los nodos importantes son Salud y Desarrollo Personal, en la parte Sociedad (convivencia próspera en ella), se encontrarían los nodos de Familia, Comunidad, Economía y Trabajo como factores importantes. La elección del informe de NEF “21 horas” como elemento relevante para un cambio de paradigma que afecte a la sociedad se puede basar en las múltiples conexiones con esos nodos que podrían resolver una variedad de problemas interrelacionados. Como aclaración, el informe tiene presente muchas ideas y análisis propios de la cultura británica y de su funcionamiento. Se considera que la idea de implantación de una semana de 21 horas podría adaptarse a cualquier sociedad occidental ya que se comparten muchos elementos comunes aunque siempre habría que hay tener en cuenta las  peculiaridades propias de cada cultura.

La principal propuesta de ese informe es el cambio de una semana “normal” de 40 horas de trabajo por una semana de 21 horas. Aunque ese es el titular, la propuesta más general lo que indica es que esas 21 horas son el equivalente o la media de trabajar 1092 horas al año. La distribución de esas horas a lo largo del año podría dar lugar a una semana de 21 horas o bien semanas con más horas pero con más días de descanso al año. ¿Por qué esa reducción de horas trabajadas? La visión  que está detrás de ese cambio se sustenta en tres puntos o lo que es parecido, si esto se implantase se conseguirían tres importantes metas para la sociedad:

1) una economía que reduce sus emisiones de CO2 para no depender del crecimiento infinito
2) justicia social y bienestar para todos
            3) un medio ambiente sostenible.

En resumen, una semana “normal” de 21 horas podría ayudar a abordar una serie de problemas interrelacionados que se dan en nuestra sociedades: exceso de trabajo, desempleo, exceso de consumo, emisiones altas de carbono, un bienestar bajo, desigualdades arraigadas y una falta de tiempo para vivir de forma sostenible, para cuidase los unos a los otros, lo que conllevaría una falta de disfrute de la vida.

Para profundizar en los detalles, sus interconexiones, las diferentes condiciones y dificultades que habría que tener en cuenta para su implantación se requiere una lectura más profunda (inglés). Enlace: 21 hours: Why a shorter working week can help us all to flourish in the 21st century. Allí se encontrará información interrelacionada sobre la mayoría de los problemas que encontramos en las sociedades modernas:

-          La problemática de trabajo remunerado y trabajo doméstico, así como el menor valor del trabajo femenino reflejado en los diferentes sueldos para idénticos trabajos.
-          Trabajos con salario bajos que producen más valor a la sociedad que trabajos que reciben altas remuneraciones como las de dirigentes bancarios o ejecutivos de publicidad. Si se tuvieran en cuenta las externalidades, por cada euro de valor que generan esos trabajadores (banqueros y ejecutivos de publicidad), estarían destrozando (sociedad o medioambiente) por valor de entre 7 y 11 euros respectivamente.
-          El escaso tiempo familiar con los hijos y la dejación de funciones parentales y educacionales en otras personas.
-          El escaso tiempo para ser un ciudadano activo en su comunidad que no permite una participación activa.
-          Los escasa resiliencia social y económica debidos a las desigualdades que siguen incrementándose en nuestras sociedades.

2.3 MEDIO AMBIENTE: Soluciones Naturales




Finalmente el tercer informe de NEF se dirige hacia el tercer elemento estructural, el Medio Ambiente. En el modelo de los nodos, nos encontraríamos como puntos importantes el Medio Ambiente y la Alimentación, este último como sub-elemento del anterior pero con relevancia porque es de ahí de donde los seres humanos obtenemos directamente la energía que nos hace existir.

El informe (enlace) Natural Solutions: Nature’s role in delivering well-being and key policy goals – opportunities for the third sector también se dirige al Reino Unido con su particular idiosincrasia y cultura pero cómo en los anteriores siempre es posible extrapolar algunos resultados o hallar ideas y buenas prácticas para extenderlas a otras sociedades. Este estudio analizó la literatura sobre la relación Naturaleza – Bienestar, además de llevar a cabo entrevistas con representantes de más de 30 organizaciones relacionadas con la anterior temática. El contexto donde se ubica este informe es en una triple crisis: económica (desempleo, deuda…), medioambiental (cambio climático, sobreexplotación de recursos) y energética (dependencia de recursos no-renovables como el petróleo). Desde esta perspectiva, los gobiernos necesitan un nuevo pensamiento para proporcionar bienestar a la sociedad. El desafío consiste en buscar nuevas soluciones para que el bienestar que nos da el Medio Ambiente no disminuya. Es aquí donde la búsqueda de sinergias de todas esas organizaciones y proyectos se puede ver reflejada en la política y en diferentes acciones encaminadas hacia posibles soluciones.

Algunas de las conclusiones más interesantes son expuestas a continuación.

-          El problema no son las evidencias de que el Medio Ambiente beneficia nuestra salud, tiene beneficios educativos y de inclusión social o incluso proporciona beneficios económicos si no se contasen las externalidades, sino que de alguna forma no se llega a transmitir ese mensaje. Por lo tanto se pierden oportunidades para que esa comunicación se transforme en políticas para ese bien común y posteriormente sea reflejada en los comportamientos individuales.
-          Aunque las organizaciones ya trabajan conjuntamente y tienen alianzas, todavía es necesario aumentar la efectividad de esas sinergias compartiendo información y coordinándose estratégicamente.

Finalmente se exponen los diferentes casos y prácticas de esas organizaciones que con sus estudios y experiencias reales demuestran la verosimilitud de esas evidencias. El Medio Ambiente debería ser nuestra prioridad común ya que de ello depende nuestra existencia.

3) Dos propuestas integrales para la acción

Finalmente, si continuamos con el modelo de los nodos quedarían para el final dos categorías (Educación y Ética) que son totalmente transversales para apuntalar la integridad de los tres elementos estructurales, la persona, la Sociedad y el Medio Ambiente. Es aquí donde la labor que realiza NEF es claramente importante y donde su misión hace un verdadero hincapié, proporcionando las mejores investigaciones, educándonos en ellas y concienciando éticamente para llevar a cabo las diferentes prácticas que nos lleven a un cambio de paradigma hacia el Bienvivir.
En este último apartado expondré dos de sus proyectos más integrales.

3.1 Índice de Planeta Feliz

Este es probablemente el proyecto que más fama internacional ha dado a NEF y es por ello por lo que el título de este artículo le es más apropiado, un faro para el bienvivir. La brújula por la que se guían todos los países y donde depositan su futuro es el PIB (Producto Interior Bruto) que es un buen indicador para medir la producción económica pero que sin embargo es ciego a muchas de las cosas que hacen que la vida merezca la pena. No está mal recordar esa cita crítica que hace casi 50 años, Robert Kennedy dejó para la posteridad.

“Nuestro PIB tiene en cuenta, en sus cálculos, la contaminación atmosférica, la publicidad del tabaco y las ambulancias que van a recoger los heridos en nuestras autopistas. Registra los costes de los sistemas de seguridad que instalamos para proteger nuestros hogares y las cárceles en las que encerramos a los que logran irrumpir en ellos. Conlleva la destrucción de nuestros bosques de secuoyas y su sustitución por urbanizaciones caóticas y descontroladas. Incluye la producción de napalm, armas nucleares y vehículos blindados que utiliza nuestra policía antidisturbios para reprimir los estallidos de descontento urbano. Recoge (…) los programas de televisión que ensalzan la violencia con el fin de vender juguetes a los niños. En cambio, el PIB no refleja la salud de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación, ni el grado de diversión de nuestros juegos. No mide la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de nuestros matrimonios. No se preocupa de evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país. En una palabra: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida.”

Ese desafío es recogido por el Índice de Planeta Feliz (traducción propia)

“El Índice del Planeta Feliz es una nueva medida del progreso que se centra en lo que importa: el bienestar sostenible para todos. Nos dice lo bien que las naciones están haciendo en términos de apoyo a sus habitantes para vivir una buena vida ahora, garantizando al mismo tiempo que otros puedan hacer lo mismo en el futuro. En un momento de incertidumbre, el Índice proporciona una completa brújula que apunta en la dirección que las naciones necesitan para viajar hacia el futuro y además ayuda a diferentes grupos alrededor del mundo a propugnar una visión de progreso que es verdadera para la vida de las personas.”

Una de los principios más importantes del Índice de Planeta Feliz es su simplicidad ya que su fórmula está compuesta por sólo tres elementos:

Índice de Planeta Feliz = (Bienestar experimentado X Esperanza de Vida) / Huella Ecológica

Si nos adentramos en esos componentes se podría ver reflejado en ello los tres elementos estructurales del Bienvivir, la persona, la sociedad y el medio Ambiente. Así el bienestar experimentado se basa en las respuestas subjetivas de cada persona sobre cómo de satisfecho valora la vida que lleva en una escala de 1 a 10. La esperanza de vida equivale a la salud que es un elemento universal considerado importante por todas las sociedades. Cuando una sociedad se interesa en la calidad y los cuidados de sus ciudadanos, se puede reflejar en cuan alto es ese índice. Finalmente todo ello es gracias al Medio Ambiente. Una medida que se aproxima a cuanto nos cuesta obtener ese bienestar y esa salud viene determinada por la huella ecológica y la bio-capacidad para sustentarlo en el tiempo. La huella que se mantiene dentro de esos límites está en 1,8 hectáreas por persona pero desgraciadamente ha sido sobrepasada ya en 1970 por lo que ese bienestar y esperanza de vida se está manteniendo a costa del bienestar y esperanza de vida de las generaciones futuras o del bienestar y esperanza de vida de naciones que sustentan a aquellas que tienen la huella ecológica más alta.

Una de las claves de este Índice es su simplicidad y fácil comunicación sobre cómo estamos progresando. Es verdad que esa simplicidad puede dejar afuera cuestiones que no se pueden saber si no se indaga más detenidamente. Por ejemplo un país puede tener tengo un índice positivo bastante alto con respecto a otros pero puede ser que no cumpla unos derechos humanos con una minoridad de esa población. O puede que no mida la degradación de los ecosistemas con la erosión del suelo o temas como la contaminación, impactos en la biodiversidad. Es por ello que NEF recomienda también una mirada a otros indicadores complementarios para medir el progreso a pesar de que estos puedan ser más complicados en dar un mensaje claro sobre si se está haciendo lo correcto o no.

Para finalizar expongo ciertas curiosidades sobre el último Índice de Planeta Feliz que data de 2012. Enlace al Happy Planet Index 2012

-          El índice se guía por un sistema de colores para cada uno de los tres componentes. Verde (Bueno), Ámbar (Medio) y Rojo (Malo) dando origen a un sistema clasificatorio de seis colores: Verde oscuro (los tres elementos buenos), Verde claro (dos componentes buenos y uno medio) Amarillo (un elemento bueno y dos medios) Naranja (tres componentes medios) Marrón (cualquiera con un componente malo) y Rojo (dos componentes malos o una huella ecológica altísima
-          No existe ningún país que tenga los tres elementos del índice con buenas puntuaciones. Siempre uno de ellos es más bajo que el estándar propuesto. De este modo los tres países con el índice más alto son Costa Rica, Vietnam y Colombia. Mientras que Costa Rica y Colombia tienen una huella ecológica más alta de 1,8, el desafío en Vietnam con huella ecológica menor a 1,8 es que su bienestar subjetivo no es muy alto.
-          Ocho de los nueve países que tienen la segunda categoría Verde claro (dos componentes buenos y uno medio) están en Latinoamérica o el Caribe.
-          Dentro de los primeros 40 países del Índice sólo 4 de ellos tienen un PIB superior a 15.000$ per cápita. El primero de esos países que es europeo es Noruega en el puesto 29.  Estados Unidos ocupa el puesto 105 de 159 países.

3.2 Personas, Planeta, Poder: hacia un nuevo asentamiento social

Por último, quería resaltar este informe reciente que propone un modelo con unas metas, objetivos y propuestas que se integran en la propuesta ética de NEF “economía como si la gente y el planeta importaran” y que se sustenta en sus tres áreas estructurales: economía, sociedad, medio ambiente. Para ello utiliza todo su bagaje investigador y educativo que ha desarrollado durante todos estos años. Del mismo modo que la mayoría de sus informes, estos se enmarcan en el Reino Unido. Sin embargo reconocen que su modelo y muchas de sus propuestas pueden tener relevancia para el desarrollo de políticas y prácticas en otros países.

La visión de esta propuesta para un nuevo asentamiento social es ofrecer un modelo que permita decidir cómo vivir juntos, qué se espera de los gobiernos y qué se espera conseguir de nosotros y de los demás.

El modelo se sustenta en tres metas que llevan emparejadas una serie de objetivos  y para ello proponen que se realicen unas propuestas particulares que repercutirán de manera práctica en ese cambio de paradigma.
El informe (ingles) se puede descargar en este enlace “People, Planet, Power: towards a new social settlement.”

Este es un informe que merece la pena leer detenidamente porque integra todo el trabajo de NEF de los últimos años y permite ver las interacciones entre distintos elementos sistémicos con excelentes gráficos y diagramas. Dejo en español, un resumen escueto del modelo con sus metas, objetivos y propuestas.

A)    METAS
§  Justicia Social
§  Sostenibilidad Ambiental
§  Una distribución más equitativa del Poder

B)    OBJETIVOS
§  Un plan de prosperidad sin crecimiento económico
§  Un cambio en la inversión y las acciones para evitar daños
§  Fomento de la economía nuclear
§  Fomento de la solidaridad

C)     PROPUESTAS

§  Reequilibrar el trabajo y el tiempo
·         Un trabajo sostenible, satisfactorio y seguro para todos
·         Menos horas y más flexibilidad en el trabajo remunerado
·         Un salario por hora decente
·         Una alta calidad en el  cuidado de los hijos que además sea universal

§  Liberar los Recursos Humanos
·         Desarrollar la capacidad y el control en la economía nuclear
·         Promover la co-producción
·         Servicios encargados de los resultados y la co-producción

§  Fortalecer la Seguridad Social
·         Servicios Públicos más diversos, abiertos y colaborativos
·         Un sistema de beneficios más desarrollado, democrático e inclusivo

§  Un plan para un futuro sostenible
·         Desarrollo de políticas eco-sociales que promueven tanto la  justicia social como la sostenibilidad medioambiental
·         Contrarrestar los efectos regresivos de las medidas pro-ambientales.
·         Cambio de las prácticas por medio de instituciones públicas
·         Creación de mecanismos para anticipar los impactos futuros de las distintas políticas.