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lunes, 11 de febrero de 2019

No, no estamos colapsando (todavía)


Ante la grave situación de deterioro social y económico que vive nuestro país, con aumento alarmante de la exclusión social, cabe preguntarse ¿se debe el citado deterioro a la escasez de recursos naturales, en particular de tipo energético? ¿o bien hay factores económico-sociales detrás de la alarmante situación?



Para responder a esa pregunta he creído conveniente revisar los datos de producción agregados de la sociedad global, en términos físicos (toneladas o unidades producidas) sin tener en consideración el valor monetario, dada su evidente ambigüedad. He buscado datos de producción de bienes básicos, comida, materiales de construcción y manufacturas cuya importancia social es vital, los resultados, bastante impresionantes, son los siguientes:





Algunas consideraciones importantes sobre los datos y las fuentes se detallan en una nota al final del artículo.



Tenemos más de todo por habitante del planeta, lo cual me sugiere que el problema actual no son los recursos. Mis reflexiones sobre estos datos, desde el desconocimiento de las innumerables variables que podemos estar pasando por alto, son las siguientes:





Hipótesis de disminución de la tasa de retorno energético: En Autonomía y Bienvivir hemos criticado la tasa de retorno energético por ser reduccionista. Entendemos que los modelos que nos pueden permitir de forma razonable y con algo menos de incertidumbre gestionar los recursos naturales son modelos multivariable, donde las distintas entradas (en forma de recursos naturales) y salidas (en forma de productos o residuos) del sistema no se traten como algo homogéneo, sea ese elemento homogeneizador el dinero o la energía. Seguramente cualquier material puede reducirse a términos de exergía, puesto que tiene un coste energético de extracción, pero si queremos detectar si podemos tener una deficiencia de, por poner un ejemplo, Vanadio, resulta bastante inútil reducirlo todo a términos energéticos. Por ello, creemos que la representación matemática de un modelo debería ser una función del tipo f(I1, I2, …….. In, E1, E2, …..En), donde I1, I2 etc, son distintas entradas (agua, tierra, aire, materiales, etc) y E1, E2 distintos tipos de energía, ya que esta tampoco es homogénea, y no son lo mismo la electricidad que el calor o los explosivos. No me extiendo más en este punto, puesto que no soy experto en la materia, en breve esperamos dar voz en esta bitácora a alguien con mayor conocimiento que nos ilustre sobre este punto.



Otra cuestión con la Tasa de Retorno Energético es la dificultad de su cálculo, y su variación a lo largo del tiempo, debido al cambio y modificación de los procesos productivos o de extracción. La unión de ambas cosas hace que en la práctica sea inútil como herramienta de planificación.



La demostración práctica de ello son los datos que he mostrado. Dado que el incremento de la energía durante el periodo considerado, entre 2005 y 2017, ha sido relativamente modesto, es difícil creer que además esa energía se ha obtenido a un mayor coste energético, con lo cual el incremento de energía neta habría sido realmente pírrico para soportar incrementos considerables en la producción de alimentos, materiales fundamentales para nuestra sociedad o manufacturas, para la producción de los cuales, en todos los casos la energía es necesaria.





Intensidad energética: Como se refleja en los datos y ya hemos comentado, incrementos relativamente modestos en la producción de energía se han dado junto a incrementos mucho más vigorosos en la producción de cemento, aluminio, acero o vehículos a motor. Ello nos sugiere que se está empleando menos energía por unidad producida en 2017 que en 2005 lo que se conoce como una desmaterialización relativa que ha sido observada para muchos países como apunta Tim Jackson en sus trabajos (aunque no de forma absoluta, es de decir, que a medida que un sistema se hace más grande se hace más eficiente por unidad de masa o de volumen). Esto puede ser debido a cambios en los procesos, en la tecnología o en los equipos. En definitiva, cambios organizativos o en el capital. Estamos sustituyendo unos procesos de fabricación que eran más intensivos en energía por otros que lo son menos.

Esto es algo muy habitual en todo el espectro de la biología. Fijémosnos en el siguiente gráfico, en el que se muestra como la relación entre la masa y el metabolismo de un organismo (generalmente medido en energía utilizada por unidad de tiempo) es del tipo potencial (metabolismo = masa^3/4, en muchos casos) de manera que aunque un elefante sea 200.000 veces más grande que un ratón, puede consumir “solamente” 10.000 más en términos metabólicos. Lo más grande es más eficiente aunque claro también parece ser menos resiliente y por eso no observamos que un organismo solo “imponga su peso” sobre el resto de la biosfera. Esto es en cambio lo que hace la actual civilización industrial.




En términos de nuestra ecuación f(I1, I2, …….. In, E1, E2, …..En) en 2017 tenemos distintos imputs f(I´1, I´2, …….. I´n, E´1, E´2, …..E´n) siendo E´1 < E1, E´2 < E2, etc. En términos de la economía neoclásica, podríamos hablar de que un factor productivo, el capital, ha sustituido a otro, los recursos energéticos. En 2017 tenemos mejor capital y usamos menos energía por unidad de masa, o de producto. Tal afirmación es impropia, ya que el capital no sustituye a la energía, sino al capital anterior (cambiamos un equipo por otro), pero quizás es la forma más inmediata de comprender los cambios producidos.



Ello tiene sentido cuando pensamos que el sistema económico actual, sí imputa un coste a los recursos energéticos, que es su coste de extracción, más el beneficio de quien haya realizado la extracción de los mismos. Evidentemente, se excluye el coste de reposición, lo que hace que esta contabilidad sea tremendamente inapropiada y pueda dar lugar al agotamiento de los recursos sin disponer de ningún sustituto. Eso es cierto, pero también es cierto que el coste que se contabiliza actualmente propicia que cuando este sube, se cambien los procesos o los equipos en un intento de optimizar costes, lo cual es absolutamente insuficiente a largo plazo, pero tiene efectos a corto plazo. No ocurre lo mismo con el vertido de residuos, como el CO2, que no hay forma de contabilizar ni de optimizar, salvo por una decisión política.





La exclusión: Las causas que explican la creciente exclusión en nuestro país, y en otros países desarrollados son económico-sociales, y requieren un análisis y debate en profundidad. A continuación postulo algunas hipótesis que me parece explican, al menos parcialmente, este fenómeno.



1º. Deslocalización de la producción industrial. Las multinacionales han llevado la producción a países con salarios más bajos y con menos restricciones legales y ambientales. Todo ello ha dañado a la clase fabril de los países desarrollados, creando en ocasiones auténticos pozos de miseria, como puede ser el cinturón del óxido en EEUU.







2º. Erosión de bases fiscales. La posibilidad de radicarse en cualquier país, y la de transferir los beneficios de la operativa global, a través de triquiñuelas contables, al país con más bajos impuestos, ha posibilitado que las grandes empresas paguen muy pocos impuestos, y creado una competencia fiscal entre estados, que se ha convertido en una subasta a la baja para ver quién ofrece condiciones fiscales más favorables a las empresas. La carga impositiva se ha trasladado a los asalariados y pequeños empresarios, que han visto reducida su renta disponible, mientras tienen que sufragar el coste de los servicios sociales y las ayudas para los excluidos.

Además, también hay una correlación entre los paraísos fiscales y prácticas medioambientales devastadora como ha mostrado el Stockholm Resilience Center en una reciente investigación, lo cual se debe interpretar como un subsidio indirecto a prácticas como el cultivo de soja en el Amazonas que a la vez se retroalimentan en el malestar de muchas poblaciones y vidas humanas y no humanas.



3º. Burbujas extractivas en servicios básicos. A nivel global tiene especial relevancia la vivienda y en España también la energía eléctrica. El modelo de negocio es más o menos el mismo en todo el planeta, se considera un bien no creado por el hombre y limitado, como es el territorio, como si fuese un bien de mercado. En ocasiones la construcción de infraestructuras públicas (en España ha sido muy característico: carreteras, estaciones de AVE, metro…) o la restauración con ayudas públicas de edificios antiguos y patrimonio histórico, o bien fenómenos puramente sociales o financieros (inyecciones brutales de crédito hipotecario para la compra venta de viviendas), hacen que se incremente el precio de forma exponencial, lo que permite fabulosas rentas a las manos fuertes del mercado. El estado se inhibe de potenciar la vivienda social o en alquiler y permite el juego extractivo de las burbujas y las rentas fabulosas por bienes no creados por el hombre. La clase asalariada y los pequeños empresarios terminan pagando una parte sustancial de su renta por un lugar donde vivir.

El caso de la vivienda es claro y especialmente relevante en el último año y medio en nuestro país. Proporcionar una vivienda social que digna a un precio razonable no es una entelequia, como muestra el caso de Viena donde más del 60% de la vivienda es pública (aquí). Es curioso que el precio de la vivienda y otros servicios básicos suba tanto (especialmente en EEUU) y que en cambio el precio de cachivaches tecnológicos haya bajado. Tenemos una paradoja de que hay casos de gente malnutrida y sin una vivienda digna (o pagando mucho) con un smartchorraphone de última generación, cambiado cada 2 años.



4º. Ejército de reserva de mano de obra. Se permite, con ciertos aspavientos de cara a la galería, la afluencia constante de mano de obra de países con un nivel de vida muy inferior, los cuales ejercen trabajos que requieren poca formación a cambio de bajos salarios. Se incrementa la competencia entre los trabajadores menos formados.



5º. Rescates financieros. Con el argumento de que no podemos permitir el estrangulamiento del crédito, se pagan los platos rotos a escote, entre los que pueden ser obligados a pagar impuestos, asalariados y pequeños empresarios.



Seguramente hay más razones, te invito a unirte al debate y exponer las que tú crees más relevantes.





El colapso: No parece probable que una maquinaria que avanza a gran velocidad se pare de golpe, yo espero que haya una ralentización progresiva, para luego comenzar una caída. Esa caída no comenzará mientras el suministro de energía se continúe incrementando, incluso a las tasas modestas a las que lo está haciendo en la actualidad, y ese incremento modesto se prolongará como mínimo hasta 2025 (ests sería un "peor escenario", en realidad creo que es más razonable pensar en 2030-35, pero en esa escala de tiempo la incertidumbre ya es brutal), a partir de ahí ¿qué podemos esperar? Es difícil de decir, sí parece claro, y cada vez hay más indicadores, que los productores de shale en EEUU son más resilientes y versátiles de lo que se había postulado y se sigue postulando desde la mayoría de estudiosos del fenómeno del crash oil. Tampoco está nada claro como puede reaccionar el sistema ante una brecha real entre oferta y demanda de energía, así por ejemplo en Cuba en el periodo especial los suministros energéticos cayeron de forma mucho más fuerte que la actividad económica, simplemente se prescindió de las actividades más intensivas en energía y que no eran críticas para el sistema social. La sociedad actual es tan despilfarradora que no parece una locura que en un primer momento será capaz de adaptarse eliminando los procesos más ineficientes, al menos mientras el suministro de energía no caiga de manera dramática y realmente brusca.



También parece claro que la producción de alimentos es menos capaz de adaptarse a incrementos menguantes en la disponibilidad de energía, además de usar otros recursos, como terreno fértil, agua y servicios ambientales (polinización, protección contra plagas, fenómenos climáticos extremos…) que también están amenazados. Por todo ello este parece el eslabón más débil del sistema, de hecho ya en los últimos años el hambre se ha incrementado, como consecuencia de un fenómeno El Niño especialmente fuerte. Todo parece indicar que el comienzo de la cuesta abajo (respetando las incertidumbres que existen al respecto, y nuestra posibilidad de actuar todavía frente a ello) se centrará en un primer momento en los países más vulnerables a las variaciones en la producción de alimentos, lo cual llevará a conflictos, migraciones, y destrucción de ecosistemas, desertificación, etc. En consecuencia es previsible que se agudice el progreso del cambio climático y la sexta gran extinción, afectando a todo el planeta. Para evitar esto, y sortear el primero de muchos escollos en el camino, se necesitan cambios radicales en el modelo de producción alimentaria o en los hábitos alimenticios, o en ambos, y ambiciosos proyectos deregeneración ecosistémica, que además de aumentar la captación de carbono en la vegetación, suelo y ecosistemas marinos, revitalicen el medio rural. Dichos ambiciosos planes deberán ser sufragados entre todos, para lo cual será muy útil recuperar la capacidad de imponer una fiscalidad progresiva, en la que pague más el que más tiene.





Agradezco a mi compañero Rugi Carles sus valiosas sugerencias para este artículo.


Notas:

1. Datos tomados del Banco Mundial.

2. Agregar los distintos tipos de energía, como si fuesen todos iguales no nos parece la mejor forma de tomar decisiones sobre la gestión de los recursos, pero para esta modesta entrada de blog no nos queda otro remedio que darlo por pueno. Los datos los he tomado de Our World in Data. La gráfica es curiosa, en sus inicios era exponencial, y los setenta se corrige la convexidad, tiene pinta que terminará siendo una campana de Gauss.




3. He tomado los datos de FAO. No me deja acceder a sus estadísticas, pero poniendo “grain market supply” en google se accede a varios informes de los que se pueden extraer los datos.

4. Tomé los datos de Our World in Data, sólo son hasta 2014.

5. También tomé los datos de Our World in Data, sólo hasta 2013.

6 y 7. Tomé los datos de World Steel Association.

8, 9 y 10. Tomé los datos del servicio geológico de Estados Unidos.

11. Tomé los datos de OICA (International Organization of Motor Vehicle Manufacturers)

12. Tomé los datos de Statista. A veces cuando entras te pide registrarte.

7 comentarios:

  1. ¿y no será que estamos consiguiendo esa mejora de la eficiencia energética, precisamente, a base de concentrar la producción, a base de macroempresas, a base de exclusión y precariedad?

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    1. Hola Marga,

      Las economías de escala pueden jugar su papel. No tengo una hipótesis al respecto. Lo interesante es notarlo, para que podamos pensar sobre ello y aclararlo.

      Un abrazo,

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  2. El tiempo dirá Jesús. Lo que si te digo es que en términos alimentarios, aunque la agroindustria suponga un incremento de producción es a costa de producir alimentos menos nutritivos (falta de carbono en suelos y nitratos bloquean biodisponibilidad de minerales) el problema es que reduccionistamente solo pensamos en cantidad, por ejemplo de proteínas y azúcares (fácilmente extraíbles de los nitratos del gas natural) pero no en oligoelementos, minerales... Vivimos en una sociedad anémica pero con sobrepeso, además de envenenada a agroquimicos. Esta agricultura es causante de buena parte de las emisiones de carbono, por utilizar técnicas esquilmadoras.

    El gigantismo es una enfermedad mortal en cualquier ser vivo y eso es lo que somos, gigantes con pies de barro alimentados con basura envenenada.

    Podemos rodearnos de bosques maravillosos, pero si no hay personas para gestionarlos y limpiarlos tenemos el problemon de los incendios, cada son más grandes y más devastadores, conforme se deshabitada el medio rural. Hay que fomentar un retorno a hábitos saludables y más vida rural, sin gestión por mucho que replantes no hacemos nada

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    1. Hola Jorge,

      Precisamente lo que yo indicó es que la producción de alimentos es lo más fragil, por consiguiente creo que estamos de acuerdo en lo esencial.

      Un abrazo Jorge,

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    2. "...personas para gestionarlos y limpiarlos..." Y, según tu ¿Que pasaba con los bosques antes de la aparición del ser humano?¿Como es que no desapareció la vida sobre la tierra en un único y pavoroso incendio?

      Pido perdón al autor del artículo por desviarme del tema, pero es que cada vez que leo chorradas como esta me pongo de mala ostia.

      Salva.

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    3. Salva, primero decirte que estoy completamente de acuerdo respecto a que hay que dejar espacios naturalizados.

      Sin embargo hemos hecho desaparecer la megafauna (grandes herbívoros) que gestionaba y retroalimentación los ecosistemas por nosotros, además hemos empobrecido la s bosques y ecosistemas, con especies pioneras y pirofugas, como pino eucalipto. Es más la intensificación cada vez mayor de los ecosistemas por parte de las grandes agromultinacionales, nos obliga como sociedad a participar de esta gestión si o si. De lo contrario los procesos de destrucción por inestabilidades de ecosistemas no maduros, o directamente por nuestra irresponsabilidad, o mala praxis lleva a la destrucción de los procesos de renaturalizacion

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  3. Bueno solo señaló la parcela que mejor conozco, lo que sucede es que las crsis están correlacionadas indudablemente. La crsis social en los países del primer mundo, con la caída de fertilidad y la pandemia de la soledad, la de los países en desarrollo por no tener acceso a recursos básicos y ser expoliada su riqueza natural. La ecosistemico. La de un modelo económico corrupto hasta la médula (hoy me contaban que en la alta Provenza es imposible comprar tierra de regadio a no ser que estés dispuesto a pagar sobreprecios en mordidas, con lo que los únicos que acceden con grandes emporios agroindustriales) y por supuesto una crisis energética (Irak, Libia, Siria, yemen, Venezuela, irán) no son casualidad y el factor común es el petróleo. No estaremos en el colapso, pero usos hay de que la caída ha empezado, no se se será una pendiente suave de la campana de Gauss o un modelo de colapso en diente de sierra... El tiempo dirá, pero abrochemonos los cinturones

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