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martes, 30 de abril de 2019

La construcción colectiva del conocimiento científico y su divulgación


A mediados de marzo envié un artículo al blog “Revista 15-15-15” con un texto que continuaba la interesante discusión iniciada por Emilio Santiago Muiño en el mismo foro. Debido a los problemas de salud de uno de los editores, la publicación del artículo empezó a demorarse, por lo que opté por publicarlo en el blog de Autonomía y Bienvivir, donde salió a mediados de abril. Una semana después de la aparición de este artículo apareció en el blog “Revista 15-15-15” una réplica de Pedro Prieto y otra de Carlos de Castro, publicadas una detrás de otra en un mismo post en dicho foro. Me sorprendió la rapidez de la publicación de esta respuesta a mi artículo, en comparación con la lentitud (comprensible) del proceso de publicación de mi artículo original. Entendí algo mejor esta falta de imparcialidad editora al observar que los autores de la réplica son miembros del consejo de redacción de la “revista” y, además, los principales contribuidores a dicha “revista” con 13 y 11 artículos publicados en la misma, respectivamente.



En la mayoría de revistas científicas o profesionales los miembros del consejo de redacción hacen funciones de asesoría editorial, orientación de la línea editorial de la revista, promoción de la misma, revisión de artículos externos, planificación y gestión. Hay algunas que permiten publicar en la revista a los miembros del consejo de redacción, pero suelen exigir en esos casos que se respete un sistema de doble anonimato, para que los otros miembros del consejo de redacción o los revisores puedan evaluar la calidad del artículo sin conocer que el autor es un colega de la misma redacción; y suelen limitar el número de artículos escritos por miembros del consejo de redacción a un porcentaje del orden del 20% del total de artículos de la revista.



Cuando no se respetan esas políticas editoriales de calidad e imparcialidad ante los artículos recibidos, el foro no se suele llamar “revista”; hay otras calificaciones más apropiadas como “blog”, “foro de discusión”, “revista de la asociación X”, “grupo de presión” o “lobby” X, etc. Por eso he empezado denominando “blog” a la llamada “Revista 15-15-15”. No tengo nada contra los blogs, todo lo contrario, pero creo que no hay que confundir a la gente. Un foro digital donde los editores no sólo filtran los contenidos y la rapidez con la que aparecen, sino que ellos mismos publican sus propios artículos cuando quieren no es una revista; es un blog.



Pero volviendo al tema que nos trae, la respuesta de Pedro Prieto me parece mesurada, respetuosa y defendible. Él adopta en algunos casos perspectivas diferentes a las que yo adopto, y ambas posturas pueden ser defendidas y beneficiar al lector; por ello, no voy a añadir nada a sus comentarios. Por el contrario, la respuesta de Carlos de Castro me parece que no tiene prácticamente ninguna relación con lo que yo estoy argumentando o, si la tiene, denota una comprensión nula de cómo se producen los consensos científicos.



Como muchas personas, incluidas algunos científicos, no entienden cómo se generan los consensos colectivos que llamamos “verdades científicas”, creo que puede ser útil resumir aquí el libro Ciencia en acción, del prestigioso sociólogo de la ciencia Bruno Latour. En ese libro, Latour analiza empíricamente cómo se generan tales acuerdos colectivos. El lector interesado puede encontrar también información útil en el resumen de la sociología del conocimiento, y de la sociología del conocimiento científico contemporáneo que publicamos en otro lugar.

 




La diferencia entre ciencia en construcción versus ciencia establecida




Latour nota que hay en realidad dos ciencias, o fases cualitativamente diferentes del proceso científico, y que se dicen cosas diferentes en cada fase. Las dos fases son: la ciencia ya sistematizada y la ciencia que crea nuevos constructos teóricos. La distinción procede de Reichenbach, quien denominó a las dos fases contexto de justificación y contexto de descubrimiento, respectivamente.   






Mientras que la Filosofía clásica de las ciencias se dedicó tradicionalmente a preguntarse qué rasgos de la ciencia, una vez sistematizada, la hacen tan diferente (y poderosa), Latour y otros sociólogos de la ciencia creen que es más fructífero preguntarse cómo construye la ciencia su conocimiento y su poder, y cómo una controversia científica se convierte en una verdad científica. 

lunes, 15 de abril de 2019

El activismo ante las incertidumbres de los grandes riesgos del futuro


Las tendencias de la época que nos ha tocado vivir apuntan hacia escenarios futuros que tienen grandes incertidumbres pero que, de realizarse, muchos de ellos entrañarían enormes riesgos para la vida de las generaciones futuras. Esta clase de escenarios “posnormales” requieren tener en cuenta todas las clases de incertidumbre presentes, y las diferentes escalas de valores de los sujetos a los que afectan los riesgos (Funtowicz y Ravetz, 2000). Sería interesante discutir esto en detalle en algún otro lugar. Aquí me gustaría ahondar un poco más en el debate lúcidamente abierto por Emilio Santiago Muiño (2019) en la revista 15/15\15, sobre los errores cometidos por los grupos relacionados con la divulgación del Peak Oil o cénit del petróleo en la interpretación y comunicación del problema, y en el tratamiento de sus incertidumbres.

Los sistemas sociales son sistemas muy complejos. El paradigma científico contemporáneo de los sistemas complejos los considera como sistemas jerárquicos que se automantienen. Koestler llama “holones” a esta clase de sistemas jerárquicos porque tienen la peculiaridad de ser a la vez un “todo” (un sistema en sí mismo) y una “parte” de un sistema de mayor escala (que es la biosfera). Además, el sistema social está constituido por partes que son entidades biológicas (humanos) y tecnológicas (los actantes de Latour, objetos técnicos en interacción con los humanos). Estos constituyentes biológicos son sistemas autoorganizativos autopoiéticos (que crean continuamente su propia existencia material y organización) y que se comportan como agentes de comportamiento en parte impredecible. Y lo que es peor, el entorno o ambiente en el que las sociedades se re-producen, la biosfera, es también un sistema auto-organizativo que se automantiene y que se adapta a su propio entorno geológico.

Los holones sólo son parcialmente predecibles (en algunas de sus propiedades emergentes) en situación de (meta)estabilidad; en momentos de inestabilidad de los flujos de energía, materiales e información entre sus componentes (o hiperciclos) son muy sensibles a las perturbaciones. En nuestro caso, una sociedad en crisis se vuelve muy sensible a las movilizaciones colectivas de sus componentes humanos. En situaciones de crisis de sus formas habituales de re-producción, los sistemas sociales son muy impredecibles  pues distintas movilizaciones de sus agentes-actantes componentes puede modificar su auto-organización habitual, y desequilibrarlo hacia nuevas formas económico-políticas que se institucionalizarán con el tiempo sustituyendo a las anteriores.

En funcionamiento estable, los sistemas complejos no son deterministas, puesto que lo mejor que se consigue observándolos es identificar distribuciones de probabilidad en la evolución de sus propiedades emergentes; pero en situaciones de crisis ecológica, económica y/o política, los sistemas complejos jerárquicos se vuelven especialmente poco deterministas, puesto que ni siquiera es posible definir una probabilidad para su comportamiento futuro.

¿Qué es lo mejor que podemos hacer en nuestra situación, con dinámicas en el sistema económico-social que pueden conducirlo a un colapso en las próximas décadas? Trataremos de responder a esta pregunta en los apartados siguientes.

Observemos fríamente antes de hacer proyecciones

En primer lugar, parece recomendable observar de cerca al sistema complejo usando el mínimo posible de teorización, pues en situación de inestabilidad las antiguas “leyes” que describían aproximadamente el comportamiento estable del sistema dejarán paso a nuevas leyes emergentes. Estas nuevas leyes deberán ser compatibles, por supuesto, con las leyes de la termodinámica, pero éstas nos dicen poco sobre las nuevas formas de organización que se pueden ensayar entre los grupos humanos y las tecnologías disponibles.

“Mucha observación y el mínimo de teoría conducen a la verdad”. Este principio fue formulado por primera vez por Al-Hazen (965-1039) de Basora, considerado el físico más importante del medievo. Si en lugar de atenernos fielmente a la observación preferimos usar teorías preexistentes, la mayoría de las veces nos equivocaremos. Hay un texto de tiempos de las cruzadas que ilustra de forma muy interesante las consecuencias prácticas que pueden derivarse del uso de grandes abstracciones filosófico-religiosas en sustitución de un vulgar empirismo. Se trata de un incidente recogido por Usama Ibn Múrxid, emir, caballero, poeta y hombre de letras (1095-1188) en su manuscrito autobiográfico "Kitab al-Itibar" («Libro de las Reflexiones»), descubierto en la Biblioteca Árabe de El Escorial por el arabista Hartwig Derenbourg, y publicado en francés en 1889, y que también recoge Amin Maalouf en su libro “Las cruzadas vistas por los árabes”. Esto es lo que escribe Usama:

martes, 19 de marzo de 2019

La narrativa del progreso contra el bienvivir, el caso de Steven Pinker

¡Ojo! Algunas payasadas son peligrosas


En un momento en el que veo a gente argumentando que parte de nuestros problemas sociales se deben a la cada vez mayor escasez de recursos naturales, idea que a mi juicio, y como ya he manifestado en otro artículo, no considero acertada, merece la pena mirar al extremo opuesto, hacia los intelectuales que afirman que estamos en la senda adecuada, y que esta no es sólo buena, sino excelente.

Creo que precisamente son estas las ideas que deberíamos esforzarnos en refutar, en lugar de enzarzarnos en disputas internas que no aportan demasiado. Si queremos que la sociedad cambie, parece de sentido común mostrarles que vamos por mal camino, algo que yo creo sinceramente, pero que la inmensa mayoría de la población no comparte conmigo. Podemos culpar a los medios y a los poderes fácticos, pero en diversos foros de internet en el que se tiene acceso a noticias y opiniones que se salen del marco establecido por los grandes medios (incluyendo noticias sobre el declive de los recursos y de los servicios de la biosfera), la mayoría de las personas no comparte mis opiniones, ni mucho menos cree posible que estemos ya en caída libre, como algunos se empeñan en sostener.

Habitamos un mundo simbólico, en el que distintas narrativas pugnan por ser hegemónicas. Merece la pena echar un vistazo a quién nos está dando una paliza, ver lo que cuenta, y si realmente podemos refutar su visión de forma consistente ante una sociedad plural, compuesta por individuos con muy diversas historias, experiencias y trayectorias vitales.

Uno de los epítomes del panglosianismo es Steven Pinker, el cual acaba de sacar un libro que ha sido la mofa de algunos académicos, y sin embargo ha sido bien recibido por el público. El libro en cuestión es “En defensa de la ilustración”, es interesante leer como se presenta el libro:

Si creías que el mundo estaba llegando a su fin, esto te interesa: vivimos más años y la salud nos acompaña, somos más libres y, en definitiva, más felices; y aunque los problemas a los que nos enfrentamos son extraordinarios, las soluciones residen en el ideal de la Ilustración: el uso de la razón y la ciencia. En esta elegante evaluación de la condición humana en el tercer milenio, el científico cognitivo e intelectual Steven Pinker nos insta a ver con otra perspectiva los titulares alarmistas y las profecías de la perdición que juegan con nuestros prejuicios psicológicos. En cambio, haciendo uso de datos empíricos, muestra que la vida, la salud, la prosperidad, la seguridad, la paz, el conocimiento y la felicidad van en aumento, no solo en Occidente, sino en todo el mundo. Este progreso no es el resultado de alguna fuerza cósmica. Es un regalo de la Ilustración: la convicción de que la razón y la ciencia pueden mejorar el florecimiento humano. Lejos de ser una esperanza ingenua, la Ilustración, ahora lo sabemos, ha funcionado. Pero hoy más que nunca necesita que la defendamos con vigor. Con profundidad intelectual y estilo literario, En defensa de la Ilustración defiende la razón, la ciencia y el humanismo: los ideales que necesitamos para enfrentar nuestros problemas y continuar nuestro progreso.

lunes, 11 de febrero de 2019

No, no estamos colapsando (todavía)


Ante la grave situación de deterioro social y económico que vive nuestro país, con aumento alarmante de la exclusión social, cabe preguntarse ¿se debe el citado deterioro a la escasez de recursos naturales, en particular de tipo energético? ¿o bien hay factores económico-sociales detrás de la alarmante situación?



Para responder a esa pregunta he creído conveniente revisar los datos de producción agregados de la sociedad global, en términos físicos (toneladas o unidades producidas) sin tener en consideración el valor monetario, dada su evidente ambigüedad. He buscado datos de producción de bienes básicos, comida, materiales de construcción y manufacturas cuya importancia social es vital, los resultados, bastante impresionantes, son los siguientes:




domingo, 19 de agosto de 2018

Los límites del crecimiento y de la opinión pública


Los límites del crecimiento fue un informe encargado al Instituto Tecnológico de Massachusetts por el Club de Roma y publicado en 1972, año en el que los problemas causados por el DDT, el plomo añadido a las gasolinas y la contaminación de los ríos llevaron a la celebración de la primera conferencia internacional sobre el medioambiente, la Conferencia de Estocolmo, que de forma un tanto retorcida se denominó oficialmente “Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Humano”. Las conclusiones del informe y libro son sencillas, no es posible el crecimiento infinito de los flujos de materiales, energía y residuos que produce la economía humana en un planeta finito. Y por ello tampoco lo es el crecimiento económico. Algo muy parecido han dicho recientemente 15.364 científicos de 184 países.

El informe, desarrollado por un equipo multidisciplinar y liderado por una biofísica y científica ambiental especializada en dinámica de sistemas recibió duras críticas por parte de los economistas, y si bien no cayó en el olvido, quedó desprestigiado para las élites políticas, económicas y culturales. Tal y como cuenta Hugo Bardi en “Los límites del crecimiento retomados”, el debate no fue muy limpio, se publicaron críticas en revistas académicas que malinterpretaban el informe, sin permitir posteriormente la réplica en la misma publicación. Resulta preocupante que uno de los economistas implicados en el debate fuese William Nordhaus, que posteriormente alcanzó puestos de gran responsabilidad dentro del Panel Intergubernamental del Cambio Climático, estimando de forma banal las repercusiones monetarias del calentamiento global.

El debate permanecería medio dormido más de 25 años, hasta que, en 1998, Colin Campbell y Jean Laherrère, dos geólogos especializados en el campo del petróleo publicaban en Scientific American un artículo titulado El fin del petróleo barato. La afirmación expresada en el título era tremendamente osada en un momento en el que el petróleo cotizaba a 14 dólares el barril, pero acertó de pleno y el petróleo multiplicó por diez su precio en tan solo 10 años, alcanzando los 150 dólares barril en el año 2008.

¿Cómo lo hicieron? Se basaron en el modelo creado por Marion King Hubbert, que establecía que la producción de un determinado campo de petróleo seguía una curva en forma de campana, con una fase de ascenso rápido hasta alcanzar un máximo o pico de producción, y posterior descenso.

Fuente: wikipedia

Esta curva tiene la característica de que la suma de varias (o muchas) curvas parecidas es también una curva con la misma forma, en consecuencia, la suma de la producción de muchos campos de petróleo también tendrá un pico. Campbell y Laherrère estimaron con acierto el cénit global de petróleo crudo, pero a partir de 2008 comenzó a incrementarse de forma notable la producción de petróleo no convencional. Este incremento ha dejado en mal lugar la muy acertada, hasta ese momento, predicción de producción de petróleo en EEUU realizada por Marion King Hubbert en 1956.

domingo, 5 de agosto de 2018

Rumbo de colisión


El pasado 13 de noviembre se publicaba en la revista BioScience un artículo que recogía la actualización de la “Alerta de los científicos del mundo a la humanidad”, un manifiesto firmado hace 25 años por 1700 científicos incluyendo la mayoría de los premios nobel vivos. En esta ocasión la segunda advertencia lleva la firma de 15364 científicos de 184 países.

La advertencia es preocupante, ya que las tendencias que se pusieron de manifiesto hace 25 años no se han detenido, ni siquiera frenado. El agua dulce disponible por habitante se ha reducido un 26,1%. La captura de peces se ha reducido un 6,4% (bastante más desde su máximo posterior a 1992) no por un esfuerzo de conservación, sino porque no hay disponibilidad del recurso. El número de zonas muertas en ecosistemas acuáticos ha aumentado un 75,3%. La superficie forestal ha disminuido un 2,8%. La abundancia de vertebrados ha disminuido un 28,9%. Las emisiones de CO2 han aumentado un 62,1%, y la diferencia de temperatura respecto a 1960 un 167,6%. La población de humanos ha aumentado un 35,5%, y la de ganado un 20,5%.


El mensaje que se deriva de estos datos es simple, hay que cambiar de rumbo para prevenir “un deterioro generalizado de las condiciones de vida humanas”, pronto será demasiado tarde ya que nos quedamos sin tiempo.

martes, 19 de junio de 2018

Veganismo, sostenibilidad y cambio social


El activismo vegano nos irrita y saca de nuestras casillas, nos interpela desde una posición moral, y eso es desagradable. Nadie quiere estar en el lado incorrecto de la moralidad, pero ¿podemos resistirnos? El veganismo es un ejemplo de cambio social que dinamita todos los prejuicios y frenos al cambio que hemos heredado de la tradición intelectual de la izquierda.



Quizás lo mejor sea empezar por el principio. El veganismo es una postura moral o ética, que rechaza la explotación de los animales por el ser humano. Como cualquier postura, debe definir sus límites. Explotación es ser usado con una finalidad (alimentarse, divertirse, vestirse, etc). Y el límite se pone en el animal, y no en el vegetal, porque el animal tiene un sistema nervioso central.

Cada cual puede juzgar acerca de esos límites, arbitrarios al fin y al cabo, pero lo que yo quiero recalcar es que las posturas morales tienen unas consecuencias determinadas. Si estamos en contra de la explotación animal no vamos a atender a matices, estamos en contra de cualquier tipo de explotación, desde la más brutal, como el “toro de la Vega” de Tordesillas, que supone torturar un animal para pasar el rato, hasta la más “respetuosa”, que podría ser criar un animal mirando todo lo posible por su bienestar para sacrificarlo y consumir su carne. El veganismo no admite matices, sus límites están claramente definidos en el concepto de “explotación animal”, es decir, nos sitúa en una posición absoluta, o estás en sus límites o estás fuera, y si estás fuera no haces lo correcto. Es normal que dicha postura soliviante a los comedores de carne, entre los que me incluyo, aunque la carne no forme parte de mis hábitos alimenticios.

Debo confesar que este punto de partida no me parece el más adecuado para lidiar con los problemas humanos. Toda postura moral nos sitúa en una verdad absoluta, pero el ser humano es adaptativo, la actuación más adecuada depende siempre del entorno, y además somos subjetivos. La verdad o la objetividad no existen.

Dicho esto, conviene ser realista y reconocer que consumir carne es muy ineficiente. El ganado es alimentado con cereales y legumbres, perdiéndose el 90% de las calorías y las proteínas en el proceso. Es mucho más eficiente que el ser humano consuma directamente esas calorias y esas proteínas vegetales. En España hasta hace no mucho tiempo la mayor parte de la población obtenía sus proteínas de vegetales (judías, garbanzos y lentejas, y en menor medida de frutos secos como almendras, nueces y avellanas). El consumo promedio era de dieciséis kilogramos al año de legumbres frente a los tres kilogramos que se consumen actualmente. Una dieta para maximizar la extensión de la vida y la salud del individuo debería estar en torno a veinticuatro kilogramos al año (dependiendo de la estatura y sexo del individuo, evidentemente), según las últimas evidenciascientíficas que han sido sintetizadas por Valter Longo.

Sin embargo, esta dieta saludable ha sido demolida por una industria de laalimentación, que lo que busca es maximizar su beneficio. Nos han creado la necesidad de comer carne y dejar de lado las legumbres porque es lo que le ha interesado a cuatro magnates que gracias a estos hábitos insalubres han conseguido expulsar del mercado a los pequeños productores y llenarse cada vez más los bolsillos.

martes, 22 de mayo de 2018

La muerte del océano


Sin apenas repercusión mediática, ya que la ciudadanía sólo oye hablar del cambio climático, los océanos se encuentran sometidos a impactos múltiples como consecuencia de la actividad humana: sobrepesca, anoxia provocada por vertidos de nitrógeno y fósforo, acidificación por absorción de CO2 de la atmósfera, calentamiento, y por último, pero no menos importante, son anegados con desechos de plástico que no son biodegradables y se van rompiendo y reduciendo su tamaño poco a poco, con el riesgo de entrar en la cadena trófica. El efecto combinado de todos estos impactos es de consecuencias imprevisibles, al menos en cuanto a su dimensión temporal, porque la historia del planeta si nos da algunas pistas de lo que puede ocurrir. Y no será agradable.


Imagen: eldiario.es


Los océanos, o quizás sería más preciso decir, los ecosistemas marinos, nos proporcionan una serie de servicios medioambientales que exceden, con mucho, la importancia de la pesca, y no sólo porque hayamos alcanzado el cenit de las capturas pesqueras y ya no sea posible aumentar la tasa anual de biomasa que extraemos de ellos
Imagen: Segunda advertencia de los científicos a la humanidad



los ecosistemas de “carbono azul” (almacenan carbono cuarenta veces más rápido que sus equivalentes sobre tierra firme), y el oxígeno, que comienza a declinar, lo producen principalmente las algas marinas que realizan la fotosíntesis, aunque también contribuyan, en mucha menor medida, las plantas terrestres.

Estos servicios, y otros muchos más, se encuentran amenazados por la actividad humana. El número de zonas muertas en los océanos asciende ya a 600, habiendo aumentado más de un 50% en los últimos 25 años.

Imagen: Segunda advertencia de los científicos a la huamnidad


Algunas de ellas tienen ya el tamaño de Escocia. Hemos alterado de forma insostenible los ciclos de fósforo y nitrógeno del planeta. Los vegetales toman el carbono del aire, pero para crecer necesitan fósforo y nitrógeno. Nosotros, para producir alimentos, tomamos el nitrógeno del aire, fijándolo gracias los combustibles fósiles, y el fósforo de yacimientos minerales. En la naturaleza, los animales toman energía de los vegetales, y ayudan a que estos crezcan dejando el fósforo y el nitrógeno que ellos necesitan en sus excrementos. Este ciclo cerrado natural está roto, gracias a la “revolución verde” que alimenta a la humanidad, enviamos el fósforo y el nitrógeno a los océanos, creando las condiciones de déficit de oxígeno que provocan las zonas muertas.

La mitad de las emisiones de CO2 se “sumergen” en los océanos, y no se quedan en la atmósfera, y aunque no sabemos hasta cuando se va a mantener esto, esta “buena noticia” tiene su contrapartida negativa, el océano se acidifica, se estima que su pH ha caído una décima desde el comienzo de la revolución industrial. Un cambio ligero, pero que puede tener consecuencias, especialmente para los organismos calcáreos, ya que el carbonato de calcio es el componente principal de la mayoría de conchas y esqueletos, como moluscos y corales. A medida que el pH disminuye, estos orgnismos lo tendrán cada vez peor, y dada su abundancia y su importancia para los ecosistemas, esto puede tener consecuencias dramáticas.

Desgraciadamente, todavía hay más. En la actualidad hay en el océano una tonelada de plástico por cada tres toneladas de peces. De seguir esta tendencia en 30 años habrá más plástico que vida en los océanos. Su impacto en los ecosistemas es seguramente muy profundo:

Según la organización por la conservación marina, cada año mueren más de un millón de aves marinas y unos 100.000 mamíferos marinos como resultado de los escombros plásticos en los océanos del mundo.

Lo cierto es que la necropsia de un ave marina reveló que había ingerido 276 trozos de plástico. En el Pacífico norte se ha formado una isla de basura de plástico cuya extensión se estima entre 700.000 km2 (algo más de la extensión de España y Portugal) y 15.000.000 de km2 (un 50% más que la superficie de toda Europa). Un reciente estudio le otorga el tamaño de España, Francia y Alemania combinadas. Islas similares se han formado en el Pacífico sur, el Atlántico norte y sur y el océano Índico. La llamada isla está compuesta de micro fragmentos difíciles de limpiar.


Pero si bien estamos acostumbrados a presenciar aterradoras imágenes de aves y otros mamíferos ingiriendo grandes cantidades de plástico, problema ambiental que cobra importancia en los 70 y que en las últimas dos décadas ha tenido considerable repercusión mediática, hay un problema añadido que ha recibido atención de la comunidad científica en la última década y especialmente en los últimos 2-3 años, el de los microplásticos, pequeñas partículas con dimensiones de entre unos pocos micrómetros – que serían algo así como 80-90 veces más pequeños que el diámetro de un cabello - hasta unos 500.


Las fuentes principales de microplásticos son (¡oh sorpresa!) las pérdidas por abrasión de los coches al conducir (resulta que a lo mejor habrá que cuestionar también al coche eléctrico) y de los textiles sintéticos al lavar, aunque también contribuyen las pinturas de buques y barcos o de recubiertas de carretera, las partículas de polvo, los productos de uso personal y los pellets de plástico durante su manufactura, transporte y reciclado (más información aquí). Cuando llueve o el viento hace su trabajo estas partículas acaban en ríos que tienden a acabar en el océano. Existe el agravante de que atraen a los hidrófobos contaminantes orgánicos persistentes (POPs en inglés) con una fuerza varias órdenes de magnitud superior al del agua marina, favoreciendo otro bucle de retroalimentación negativo. Un punto fundamental en todo esto es que el impacto que tienen en los ecosistemas entendidos como algo interdependiente y ordenado no se ha estudiado prácticamente nada y por tanto estamos ante un problema ante el que los “expertos” no nos pueden tan siquiera dar un diagnóstico de la situación, por lo que urge una ciencia que incluya a la gente, una ciencia postnormal donde “los factores son inciertos, hay valores en disputa, los riesgos son altos y las decisiones urgentes

¿Cuan grande es un micrón?

Por último, el calentamiento global antropogénico está obligando a las especies a despalzarse de sus hábitats, algo que no sabemos si serán capaces de hacer, ya que si bien la temperatura es fundamental para animales que no regulan la temperatura, el hábitat al que están adaptados no depende exclusivamente de esta.

El problema es que nadie nos está hablando de las consecuencias de estos efectos combinados. Sabemos que hemos superado el umbral de lo que es sostenible a nivel global en cuanto a los ciclos de fósforo y nitrógeno, pero no el efecto combinado de ello con la acidificación, el plástico el calentamiento y la sobrepesca. El sentido común dicta que todos estos impactos combinados podrían tener un efecto demoledor sobre los ecosistemas marinos. Algunos científicos estiman que la acidificación y la anoxia marina pueden retroalimentarse, formando un coctel letal para la vida en el planeta. Para muestra esta interpretación de la extinción masiva del Pérmico, que se puede leer en el apartado VIII de este artículo:

Esto no es todo lo que la acidificación del océano puede hacer. La absorción de carbono puede iniciar un bucle de retroalimentación en el cual las aguas hipoxigenadas favorecen diferentes tipos de microbios que vuelven las aguas todavía más “anóxicas”, primero en las “zonas muertas” profundas, para luego gradualmente subir hacia la superficie. Ahí, los peces pequeños mueren, incapaces de respirar, lo que hace a las bacterias consumidoras de oxígeno prosperar, y el bucle de retroalimentación se duplica. Este proceso, en el cual las zonas muertas crecen como cánceres, ahogando la vida marina y aniquilando las pesquerías, está ya bastante avanzado en partes del Golfo de México y de Namibia, donde gas sulfídrico está saliendo del mar a lo largo de una franja de tierra de mil millas conocida como “la Costa de los Esqueletos”. El nombre originalmente se refiere a los restos de la industria ballenera, pero hoy es más apropiado que nunca. El gas sulfídrico es tan tóxico que la evolución nos ha entrenado para reconocer las más pequeñas, más seguras trazas de él, que es por lo que nuestras narices están tan exquisitamente adiestradas para registrar la flatulencia. El sulfuro de hidrógeno es también lo que finalmente hizo que el 97% de la vida en la Tierra muriera, una vez que todos los bucles de retroalimentación han sido activados y las corrientes de chorro de un océano calentado se detienen – es el gas preferido del planeta para un holocausto natural. Gradualmente, las zonas muertas oceánicas proliferan, matanto a las especies marinas que habían dominado los océanos durante cientos de millones de años, y el gas que las aguas inertes envían a la atmósfera envenena todo en la tierra. Plantas incluidas. Llevó millones de años antes de que los océanos se recuperasen.

Una explicación más detallada de esta teoría sobre la extinción del Pérmico puede leerse en este artículo del investigador de la Universidad de Pennsilvania Lee. R. Kump.

Dejando teorías a un lado, intervenir de forma drástica, de múltiples maneras (calentamiento, plástico, carbono, nitrógeno, fósforo) en un sistema complejo, como son los océanos, es toda una temeridad. Ese gas surgiendo de las costas de Namibia, en esta imagen de la NASA, nos lo recuerda.



Agradecimientos: Gracias a mi compañero Rugi Carles por su comentario sobre los microplásticos

martes, 13 de febrero de 2018

La noche más oscura

Tras la crisis de 2008 la economía parece recobrar cierto brío, aun cuando la marea no eleva todos los barcos y los beneficios no se dejan sentir en los bolsillos de los más necesitados. Las casándras que auguraban un cataclismo inminente, incluyendo especialmente un servidor, de momento yerran, y ello nos condena a la noche más oscura.



Hace ya más de cinco años que nuestro compañero en Ampliando el Debate, David, del blog Historia – Economía – Filosofía, nos hablara de la burbuja que se había incubado en un mar de cemento llamado China. Por mi parte, siempre pensé que la fragilidad financiera que crea la libertad de movimiento de capital volvería a manifestarse más pronto que tarde, y en más de una ocasión ya avisé que el lobo estaba a la puerta (debo reconocer, para ser justo conmigo mismo, que siempre añadí un par de matices que me hacían dudar de mis predicciones).

Lo cierto es que la humildad y la prudencia que sería adecuado mantener ante cualquier debate debe hacernos considerar la idea, sin duda extraña pero no impensable, de que quizás un país que mueve 260 millones de personas del campo a la ciudad en treinta años puede permitirse ciudades fantasma que podría llenar en unas semanas con unas decenas de miles de personas. Por mi parte debo reconocer que la protección frente a los parones súbitos en los flujos de capital de la que se han dotado los países emergentes, gracias a la ingente cantidad de reservas acumuladas

lunes, 6 de noviembre de 2017

Cambiar el sistema: el factor del gancho

El mundo se puede cambiar, pero ello requiere mucho conocimiento.




Desde Autonomía y Bienvivir proponemos cambios sociales que algunos consideran radicales. Nosotros también, porque consideramos que van dirigidos precisamente a la raíz de los problemas que padecemos. Hemos desarrollado una visión utópica que es muy extraña en la actualidad, en mi opinión porque, como ocurre siempre en las sociedades, se han “reificado” o naturalizado nuestras instituciones sociales, de tal forma que parece tan imposible cambiarlas como a la ley de la gravedad.

En realidad esto no es así, y como dice Satis Khumar, lo que ha sido hecho por el hombre puede ser cambiado por el hombre.

La reificación from JesusN on Vimeo.

Pero aquí hay que hacer algunas precisiones. Si entendemos la sociedad como un sistema complejo, y creo que esta es la forma correcta de entenderla, debemos reconocer que los sistemas dependen de la trayectoria, son históricos. No es posible darnos la vuelta como un calcetín y cambiar nuestras creencias, ideas, y todo lo que motiva nuestros actos de la noche a la mañana. No tengo la conciencia de que esto sea bien comprendido por la gente que me rodea y que es favorable al cambio. La herencia de la modernidad y su énfasis en la razón instrumental nos hace concebir el proceso de cambio de forma similar a como concebimos un proceso de producción. Diseñar, planificar, redactar leyes y ordenes ejecutivas, movilizar recursos, trabajar. Pero el cambio social no funciona así, no es como construir un coche, es más como educar un niño. Tratamos con seres vivos que además tienen ideas que dan sentido a su historia personal.

Los partidarios del decrecimiento, muchos de los cuales proceden de la izquierda, están lastrados por las ideas heredadas de su tradición de pensamiento, que incluye conceptos como “modo de producción capitalista”, que nos alejan de una idea cabal sobre el cambio social. La derecha, por el contrario, con pensadores como Milton Friedman o Friedrich von Hayek, ha comprendido mejor ese proceso, obteniendo de esta forma una ventaja sustancial, que le ha permitido obtener una innegable hegemonía cultural.

El eterno debate entre reforma o revolución en el que se suelen quedar encalladas las reflexiones sobre el cambio desaparece en cuanto empiezas a pensar en términos de sistema. El cambio puede ser paulatino o suceder de golpe, pero el activista tiene poco control sobre ello, depende del estado del sistema. Para hacer una revolución es necesario una masa importante de población muy concienciada, y ello no es posible sin un proceso de cambio paulatino previo, que haga que se tome conciencia de que los problemas son acuciantes y son necesarias medidas drásticas.

En un artículo en mi blog personal, desarrollé estas ideas con más detalle, fijándome en varios ejemplos exitosos de cambio social. Allí defendí que dado que nos encontramos en un contexto inestable, o como mucho estable a medio plazo, y no podemos tener mucha confianza en nuestras intervenciones (no podemos asegurar que conduzcan a un cambio exitoso) lo mejor que podemos hacer es lanzar apuestas, actuar, aunque sea sin mucho conocimiento, y evaluar rápidamente los resultados para corregir rápidamente el rumbo si es preciso.



Los resultados que se están consiguiendo no son demasiado deslumbrantes. En cuanto a la concienciación, se genera mucho contenido en blogs pero la penetración es escasa en publicaciones más mayoritarias. En cuanto a las prácticas económicas alternativas, son muy minoritarias, y todavía lo es más el impacto de estas ideas en las leyes y la política. Entre los hechos positivos que podemos ver están la aceptación del cambio climático como una realidad y la consolidación del marco de los “planetary boundaries” a nivel científico. Son buenas noticias que llegan desde el ámbito académico, pero muy restringidas al campo de las ciencias naturales, mientras que los académicos más cercanos a la política continúan manteniendo una lealtad numantina al neoliberalismo.

Si tomamos al pie de letra mi recomendación de experimentar y analizar el resultado para modificar el rumbo, la realidad nos muestra de forma muy clara la necesidad de un giro de timón ¿Hacía donde? Ese es el debate. Una pequeña pista nos la muestra Malcolm Gladwell en su libro El punto clave.

En una parte del libro, que me recordó tremendamente a los debates que solemos tener en Autonomía y Bienvivir y en los foros decrecentistas, Gladwell nos habla de un experimento sobre la prevención de una enfermedad, el tétanos. Me resultó muy curioso que el experimento, inicialmente, consideró dos variables sobre las que a menudo solemos debatir, presentar una información de manera “cruda”, con todas sus implicaciones, lo que algunos llaman “alarmista”, o presentarla de manera más bien aséptica. En este experimento se repartieron dos folletos, uno donde se mostraban crudamente las consecuencias del tétanos, con fotos de seres humanos pasando mucho sufrimiento por la enfermedad, y otro folleto donde se describía el problema de forma anti-sensacionalista. Posteriormente se pasó un test a los sujetos que habían participado en el experimento, y se vio que, de forma poco sorprendente, quienes estaban más preocupados por la enfermedad eran los que habían leído el folleto más alarmista. Sin embargo, la sorpresa llegó después, cuando solo se vacunó contra la enfermedad un 3% de las personas informadas. Además, el hecho de vacunarse o no carecía de relación con haber recibido un folleto u otro. Una primera conclusión sería que presentar la información de forma más o menos alarmista es irrelevante de cara a que las personas actúen en favor del cambio. Sin embargo lo más interesante no es esto, sino que cuando se modificó el experimento incluyendo en el folleto un pequeño mapa con el lugar (conocido por todos de antemano) donde los alumnos podían vacunarse, el porcentaje de los que lo hicieron subió al 28%.

Lo único que hizo falta fue un cambio sutil en la presentación. Los estudiantes necesitaban saber cómo encajar el asunto del tétanos en sus vidas, y la información adicional que implicaban aquel mapita y los horarios en que se realizaba la vacunación hizo que pasara de ser una lección abstracta sobre riesgo sanitario (una lección más dentro del conjunto de incontables lecciones académicas que habían recibido a lo largo de su carrera universitaria) a convertirse en un consejo médico práctico y personal. Así que, en cuanto el consejo se vio como algo práctico y personal, tuvo éxito.

Práctico y personal, fijémonos en este último punto: personal. Las invocaciones para superar el “sistema capitalista” o (de forma mucho más precisa) la modernidad, para cambiar el sistema, no son demasiado personales, al fin y al cabo no es una tarea que uno se pueda echar a los hombros de forma personal. Puede ser una invocación para unirse a un movimiento colectivo pero ¿cual es la tarea de uno allí? ¿Existe una agenda clara con acciones concretas?

Añadir un mapa con unos horarios en nuestro discurso implica invitar a quién recibe el mensaje a realizar una acción concreta, que debe realizar personalmente. Eso no es fácil, pero quizás se puedan encontrar unas pocas, por ejemplo unirse a una cooperativa de consumo y producción de energías renovables ¿Estamos, como diría Bauman, aplicando soluciones individuales a problemas colectivos? Pues no, una solución individual es ir al psicólogo porque te sientes mal ante la deshumanización creciente, pero en nuestro caso, especialmente si tenemos éxito y conseguimos movilizar a un 28% de la población como en el ejemplo, nos estaremos moviendo en el terreno sistémico de las normas sociales.



A partir de ese porcentaje el grupo empieza a ejercer una presión importante sobre los no convencidos y puede alcanzarse un punto de inflexión que convierta lo bizarro en la nueva norma. En el futuro espero dedicar algún otro espacio a esta distinción clave entre lo individual y lo sistémico.

Pero ¿no estaremos, a través de pequeños cambios, apuntalando un sistema que está destinado a desaparecer más pronto que tarde? No es posible responder a esta pregunta como no es posible predecir el futuro. Para reducir la incertidumbre conviene ir haciendo un mapa cada más detallado del sistema, pero yo me atrevo a aventurar algunas ideas, en primer lugar, no veo que la crisis de 2008 haya desencadenado un movimiento ni hacia la sostenibilidad ni hacia la igualdad, por el contrario veo un movimiento hacia el caos.

Es difícil que la población realice un giro de 180 grados desde sus creencias actuales hacia un estilo de vida y unas normas sociales totalmente opuestas, como son las que planteamos desde Autonomía y Bienvivir, incluso tras una nueva crisis económica. Veo más factible que haya pasos previos mucho antes de que desarrollen la creencia en la necesidad de un cambio radical. El factor del gancho nos habla de transmitir la información de forma que sea un revulsivo para el actuar del individuo, pero también hay que considerar que al actuar se modifica su conciencia. Por ejemplo, si alguien está preocupado por el cambio climático y decide unirse a una cooperativa de producción y consumo es posible, y probable, que ese hecho le haga ser mucho másfavorable a una legislación que favorezca a las cooperativas, incluso es probable que el hecho de actuar, de hacer algo, le haga mucho más consciente de los problemas de sostenibilidad.

Propongo que tengamos en cuenta el conocimiento que nos ofrecen Gladwell y otros e intentemos lanzar proyectos e ideas que rebasen el punto crítico, y se conviertan en normas sociales que cambien la conciencia de los individuos acerca del mundo en el que viven. Se trata de dar pasos, evaluar, y dar más pasos, pero sin dar el primer paso no será posible dar el segundo.

miércoles, 19 de julio de 2017

Nuestro crecimiento nos empobrece

No se deje engañar por la retórica vacía de los dirigentes, los costes del crecimiento superan en la actualidad a sus benficios.




Continuamente nos bombardean con titulares sobre el crecimiento: de la economía española, de la facturación de Inditex o tal o cual compañía. Que algo pueda crecer cada vez más sin ocasionar graves perjuicios sólo puede ser sostenido si se mantiene al menos una de estas creencias:
a)      Aquello que crece no está contenido por nada (por ejemplo el universo).
b)      Lo que crece puede desvincularse por completo del mundo físico, siendo una entidad puramente mental (por ejemplo, nuestra fe en Dios puede ser cada vez mayor).

En varias ocasiones hemos señalado como en el caso de la economía se puede demostrar que ambas creencias son falsas, pero conviene recordar de vez en cuando el corolario de todo ello: crecer nos hace más pobres.

En efecto, si algo no puede crecer hasta el infinito debe necesariamente tener una escala óptima. Claro que cuando crece la facturación de Inditex sus accionistas seguramente estén muy contentos, pero la contrapartida de ello es que hemos dedicado más tiempo a comprar ropa, y por tanto lo hemos restado de contemplar un atardecer, besar a nuestr@ amad@ o mantener una conversación estimulante. También, el incremento de prendas de ropa, de las que ya tenemos en abundancia, tiene su contrapartida en emisiones de CO2, ya que las máquinas de confección se mueven con electricidad, cuya generación emite este gas de efecto invernadero, por no hablar del agua, petróleo, y resto de insumos consumidos para generar y dar color a las fibras sintéticas o naturales que componen la prenda. También será necesario abrir nuevos vertederos, cada vez más rápido, cuando los que están en funcionamiento se vayan saturando con el aumento de basura generada que va asociado a un mayor nivel de consumo. Se puede reciclar claro, aunque es costoso y requiere como poco trabajo y energía.

Es evidente que alcanzado cierto nivel de producción, los inconvenientes superarán a las ventajas de producir una unidad adicional. Los economistas dicen que los beneficios y los costes marginales se igualan.



Esto nos permitiría conocer la escala óptima de la economía, si computásemos los costes, claro, porque no lo hacemos.

En los años 70, después de años de fuerte crecimiento económico en las décadas posteriores a la II Guerra Mundial, el estado de los recursos hídricos en los países desarrollados era lamentable



Como ya descubrieran los romanos, las grandes urbes y la pujante industria encontraron un medio sencillo de deshacerse de los residuos que generaba su actividad. El agua que fluye hacia el mar era un vertedero ideal, que arrastraba esos residuos lejos. Pero, como ya señalara el gran John Kenneth Galbraith en los años cincuenta, el crecimiento de la riqueza privada debe ir en paralelo con un incremento en el suministro de bienes públicos, en este caso agua limpia. El pésimo estado de las aguas continentales suponía un grave perjuicio para la higiene y la salud de las familias, así como para la producción de alimentos. En consecuencia se desarrollaron programas de depuración a gran escala.

Como sabe cualquiera que viva en un pueblo pequeño pero que necesite depuradora, la depuración es un coste importante. Estos pequeños municipios no tienen flexibilidad en sus ingresos, y no pueden aprovechar las economías de escala como si lo hacen las grandes urbes. En cualquier caso, los ayuntamientos deben sufragar el funcionamiento de las depuradoras con los impuestos del contribuyente. Para cualquier ciudadano eso es un coste, pero los economistas ven que se realiza una actividad, el dinero cambia de manos, y por tanto el PIB sube. Lo único que estamos haciendo es restaurar una condición anterior al proceso de crecimiento con el objeto de suministrar un bien público indispensable, agua dulce en condiciones sanitarias adecuados para su uso, pero al hacerlo, y aunque supone un coste para el contribuyente, lo contabilizamos en positivo y la economía crece.

Es evidente como este proceso tiene mucho que ver con el estancamiento en las condiciones de vida del conjunto de la población a lo largo de las últimas décadas, las cuatro o cinco últimas décadas en los países punteros y las tres o cuatro últimas en países como España, que se subieron tarde al carro de las “décadas gloriosas” de la segunda mitad del siglo XX. La renta disponible ha aumentado, pero a costa de perder más tiempo en el transporte, de vivir más hacinado, de disfrutar de peor calidad del agua y del aire, de disfrutar de peores alimentos, de necesitar de dos sueldos para mantener un nivel de vida digno, de sufrir trabajos inseguros y precarios, de dedicar más porcentaje de su renta a la vivienda, de disfrutar menos de los productos de consumo ya que sufren una obsolescencia cultural y programada más rápida, de sufrir mayor disconfort térmico y mayores daños por fenómenos naturales, de disfrutar de una naturaleza menos diversa y por tanto menos rica, etc. La lista podría ser casi infinita, añada usted, querido lector, lo que considere oportuno.

En esa lista de daños no hemos incluido uno muy importante, la menor disponibilidad futura de recursos naturales no renovables: petróleo, gas, cobre, litio, etc. Esa menor disponibilidad todavía no ejerce un efecto directo negativo en nuestras vidas, salvo quizás el petróleo, que ha multiplicado su precio. Todavía no se nota, pero hemos consumido esos recursos no renovables, y debemos tenerlo también en cuenta.

Siguiendo este razonamiento algunos economistas han creado indicadores alternativos al PIB, como el Índice de Progreso Real o Genuino (GPI), que mide el gasto de las familias, lo ajusta en función de la desigualdad, con buen criterio contabiliza como un coste el gasto en bienes de consumo duradero y como un beneficio los servicios que prestan esos bienes, descuenta un coste por desempleo y suma o resta la inversión neta en relación al resto del mundo. Posteriormente resta los daños al medioambiente, y suma o resta beneficios o costes sociales.



Cuando se observa la evolución de este indicador para EEUU



O para el conjunto del mundo




Se observa que no estamos avanzando nada desde mediados de los 70. Así que cuando oiga al ministro de economía o tecnócrata europeo de turno sacar pecho por nuestro “vigoroso crecimiento”, no se deje engañar, el crecimiento nos hace más pobres, no más ricos, porque es antieconómico.

martes, 4 de julio de 2017

Mañana lo dejo: “el rápido camino de la humanidad hacia su extinción”

La humanidad se enfrenta a una nueva amenaza, se queda sin oxígeno. Sin mucha conciencia de ello, y mientras algunos medios siguen pintando un futuro color de rosa salpicado de maravillas tecnológicas, los científicos advierten “Si no se controla, el declive del oxígeno puede conducir a otra extinción masiva, incluido el género humano”.



La concentración de oxígeno en la atmósfera terrestre está disminuyendo por la actividad humana, mientras aumenta la de otros gases como el célebre CO2 o el metano. En concreto, y según se ha observado durante las dos últimas décadas, la concentración de oxígeno viene declinando anualmente en 4 partes por millón. Eso es muy poco, dado que su concentración en la atmósfera es de 209.460 ppm, por consiguiente parece que hay margen, siempre que se desconozcan los principios básicos que rigen el funcionamiento de los ecosistemas.

¿Por qué disminuye el oxígeno? A lo largo de la historia del planeta la concentración de oxígeno ha ido variando de forma natural, comenzó a acumularse en la atmósfera en grandes cantidades hace 2.500 millones de años, y desde entonces su concentración ha ido variando muy lentamente.





Dado que en la biosfera convivimos organismos que consumimos oxígeno (animales) y otros que lo producen (plantas) a partir de la luz del sol, gracias a la fotosíntesis, y fundamentalmente en los océanos, ya que el fitoplancton marino produce el 70% del mismo, la concentración de oxígeno en la atmósfera dependerá del equilibrio alcanzado entre esos dos tipos de organismos, y la producción y consumo del mismo.

A corto plazo podemos suponer que hay un equilibrio entre consumo y producción, pero en sistemas complejos, cambios muy pequeños a lo largo del tiempo pueden provocar que se alcance un punto de inflexión (tipping point) en el que se produzca un cambio en el comportamiento del sistema, con consecuencias imprevisibles. Eso es lo que pasó hace 2.500 millones de años cuando las cianobacterias empezaron a llenar la atmósfera de oxígeno, y en los cinco episodios de extinciones masivas que ha sufrido el planeta (ahora vivimos el sexto). Para complicarlo más, algunos de esos cambios pueden ser irreversibles, como se representa en la figura de la izquierda.
  



Aplicado al oxígeno, podría darse el caso en el que su descenso comience a producirse de forma natural, llevando a un punto de equilibrio con una concentración mucho menor o incluso nula.

En la actualidad el principal agente de cambio en la biosfera es el ser humano, como corresponde a nuestra era del antropoceno. La humanidad consume oxígeno fundamentalmente como comburente para sus combustibles fósiles y para fabricar fertilizantes. Algunas tecnologías (como usar el Hidrógeno como vector energético) que pueden parecer “limpias” al no emitir gases de efecto invernadero, son muy intensivas en el consumo de oxígeno, ya que se usa tanto para generar el hidrógeno como durante su combustión.

Evidentemente no se trata de un problema tecnológico, sino de escala. La escala de cualquier solución que pretenda ser usada masivamente, y por tanto ser solución para la humanidad y no para unos pocos, es de tal magnitud que por fuerza se terminan creando nuevos problemas, aunque se solucionen otros. Esto es así porque la capacidad de los vertederos y la magnitud de los recursos del planeta es limitada. Podemos cambiar un tipo de impacto por otro, pero al final lo que crea el daño no es su tipo sino su magnitud. Es como una sábana que se queda corta, las soluciones tecnológicas visten un santo para desvestir a otro, como ya vimos con el ejemplo del coche eléctrico, que no es más que una magufada para engañar a los ignorantes, y que no soluciona nada.

En el caso de las condiciones de hipoxia podemos considerar que el peligro está muy lejano, aunque en realidad no podemos predecirlo con exactitud. Los científicos que han estudiado el problema proponen un modelo de agotamiento parabólico, que permite suponer que los problemas de salud asociados a la falta de oxígeno comenzarían dentro de mil años, alrededor del año 3000. Claro que si en vez de parabólico fuese exponencial la cosa cambia bastante, y podemos comenzar a encontrar problemas de salud a partir del año 2090, apenas dentro de 70 años, quedándose la atmósfera sin oxígeno para garantizar la vida del ser humano poco tiempo después, a comienzos del siglo XXII.


 


Puede parecer alarmista, pero en realidad tampoco podemos descartar, en este momento y tal y como están las cosas, que ese proceso sea más rápido. Como ya hemos dicho el 70% del oxígeno se produce en los océanos, y en otros periodos de la historia del planeta el 90% de la vida de los océanos ha desaparecido en apenas un par de décadas ¿Por qué no podría volver a suceder lo mismo?

La humanidad ha traspasado ya varios puntos de inflexión del sistema Tierra, y a partir de este momento estamos en territorio desconocido.





El sistema puede cambiar de forma brusca en cualquier dirección y en muy poco tiempo. El cambio climático, la acidificación del océano, el vertido de nutrientes al océano creando zonas muertas anóxicas, el vertido de plástico al océano en grandes cantidades que impiden que la luz del sol penetre en el mar y se pueda realizar la fotosíntesis. Todo un conjunto de impactos entrelazados cuyas consecuencias desconocemos, pero que sabemos que pueden ser catastróficas. Como dicen los propios científicos que estudian el fenómeno:

Hay preocupación acerca de que un cambio climático incontrolado pueda llevar a una pérdida catastrófica de esta fuente vital de oxígeno atmosférico a través de la inhibición de la fotosíntesis.

Las consecuencias son claras:

Si no se controla, el declive del oxígeno puede conducir a otra extinción masiva, incluido el género humano.


Como el fumador que sufre violentos ataques de tos al despertarse y que piensa que lo dejará mañana, creemos que en un futuro nos adaptaremos a un modelo de producción y consumo más sostenible. La última exploración, hace unos años, no descubrió patologías de gravedad, y aunque el médico nos advirtió con mucha firmeza, fuimos dejándolo para más adelante. Hace unas semanas que nota un fuerte dolor en el pecho, “mañana lo dejo”, piensa ¿pero y sí ya es demasiado tarde?