Este es el blog de la asociación Autonomía y Bienvivir, no dejes de visitar nuestra página web, para conocer nuestro ideario: Visitar página web
Mostrando entradas con la etiqueta pobreza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pobreza. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de abril de 2019

Las mentiras sobre la pobreza y la economía rosquilla


Un argumento que se podría hacer contra aquellos que postulamos abandonar el objetivo del crecimiento económico y adoptar un modelo distinto, más resiliente, que no dependa de crecientes flujos de energía y materiales, es que ello nos condena a aceptar que mucha gente en nuestro planeta tenga que continuar permaneciendo en la pobreza. En realidad, frente a términos como decrecimiento, quizás conviene más hablar de “economía rosquilla”, esa aspiración a vivir dentro del dónut, con nuestras necesidades humanas cubiertas pero sin sobrepasar los límites en cuanto a generación de desechos que están provocando problemas como el cambio climático y la sexta gran extinción, poniendo en riesgo los servicios de los ecosistemas de los que depende la humanidad.

Pero el crecimiento es fantástico sacando a la gente de la pobreza ¿verdad? Al menos en los últimos años y según lo que nos cuentan economistas como Max Roser, que trabaja para la fundación de Bill y Melinda Gates. Roser es el responsable de “Our World in Data” una página web que recopila datos y los presenta de forma gráfica y atractiva para que puedan ser usados por blogueros y twitteros. Roser y Gates han sacado pecho por este gráfico



martes, 15 de septiembre de 2015

Trampas al solitario


La humanidad, tal y como podemos comprobar de forma intuitiva con sólo salir a la calle y ver a la gente buscando en la basura, o viendo la oleada de inmigrantes que se agolpa a las puertas de Europa para adquirir el derecho a buscar en nuestra basura, no progresa. Eso no debería ser un problema, la humanidad ha permanecido durante buena parte de su historia en un estado estacionario, sin apenas cambios tecnológicos o culturales durante cientos o miles de años, sin que ello haya supuesto un problema a nuestros ancestros, o por lo menos no tenemos noticia de ello.

La falta de progreso hoy sí es un problema, por eso día tras día leemos noticias que nos hablan de los grandes progresos tecnológicos que nos traerá el futuro, sí, el futuro. Se fomenta la neomanía para legitimar el sistema, pero como dice el papa Francisco la tecnología no es ni buena ni mala por sí misma, hay que vincularla a unos fines ¿Y cuáles pueden ser esos fines? Deberían determinarse democráticamente, pero la reducción de la pobreza, el aumento de la seguridad y la reducción de la violencia parecen fines lógicos, con los que la mayoría de la población estaría de acuerdo, pero eso no parece estar produciéndose.

Sí, dicen que se está reduciendo la pobreza y la desigualdad a nivel global, pero como ya mostramos en un artículo anterior eso es cuestionable, incluso aceptando la definición estrecha de pobreza que nos proponen, que consiste en disponer de una renta de 1,25$ diarios. Sin embargo, hace tan sólo unos días leíamos en El País que buscar basura en un vertedero, en condiciones higiénicas deplorables, con los pies llenos de úlceras y costras y sometido a la presión de las mafias, podía reportar 2,4€ diarios ¿Podemos considerar que una persona así está fuera de la pobreza? No lo creo.

Todavía más significativo es la ausencia de progreso en cuanto al cuidado del medioambiente. En 1952 una gran niebla tóxica cubrió Londres, estimándose que causó 12.000 muertos y 100.000 enfermos.
 
En pleno día, con las farolas apagadas, Trafalgar Square no luce demasiado.

Hoy estos hechos nos resultan difíciles de creer, todos hemos estado en Londres o conocemos a alguien que ha estado allí, y sabemos que se trata de una ciudad amigable, apta para el turisteo despreocupado ¿Tanto ha cambiado la ciudad? Y si es así ¿Por qué? La respuesta es sencilla, gran parte de la contaminación la hemos llevado a otro lugar. Hace poco conocíamos la noticia de que una de cada seis muertes prematuras en China es provocada por la contaminación. Esto nos vuelve a remitir al tema de la pobreza, aproximadamente la mitad, de hecho algo más, de las personas que han salido de la pobreza extrema a nivel global lo han hecho en China ¿Pero podemos considerar que alguien deja de ser pobre por disponer de más de 1,25$ al día mientras se expone a niveles insalubres de contaminación? ¿O cuando se trabajan jornadas de 13 horas en condiciones lamentables? Hemos destrozado el planeta para no arreglar ninguno de los problemas esenciales de los más necesitados, pero nos hacemos trampas al solitario.

Por supuesto en 63 años quizás hemos mejorado algo, un poco, hay que pensar que el PIB, un estupendo índice de nuestro impacto ambiental, se ha multiplicado por nueve en ese periodo, mientras que la población está a punto de triplicarse. Quizás no sólo hemos trasladado la contaminación desde occidente al extremo oriente, quizás también hemos reducido un poco el impacto por unidad de PIB, en caso contrario el planeta no habría resistido el impacto de multiplicar por nueve nuestra actividad. Pero este es el ingrediente menor, estoy seguro, lo principal es la traslación de la actividad y de sus impactos negativos. No debería asombrarnos, por lo tanto, que un estudio ha encontrado, tras analizar diversos sectores industriales en varias regiones del planeta, que ninguno de estos sectores sería rentable si internalizase sus costes ambientales.

¿Quiere esto decir que no hay alternativas, que estamos condenados? No, lo que quiere decir es que es hora de afrontar los problemas, ya no podemos trasladarlos a otra región, o sentarnos a esperar que inventen algo que los arregle en el futuro.

Nuestra forma de entender el mundo debe cambiar, porque está en crisis, no podemos seguir parcelando la realidad en compartimentos estancos e independientes unos de otros. Es hora de mirar al todo además de a las partes, y de pensar en los fines y no sólo en el incremento de los medios. Es hora de afrontar los problemas de forma directa, y no a través de un proceso de incremento de los medios que de forma objetiva, está fallando, a pesar de que no queramos verlo y nos hagamos trampas al solitario.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Por una Renta Básica, frente al subsidio para pobres del PPSOE


Recientemente hemos asistido al espectáculo poco edificante de ver cómo los dos principales partidos de nuestro país, Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español, que han gobernado el país durante casi 40 años, conduciéndonos al callejón sin salida en el que nos encontramos, se han mostrado partidarios de una “renta básica”. Es necesario entrecomillar el sintagma “renta básica”, puesto que en las propuestas de ambos partidos se esconde un uso espurio, engañoso de este término, que nos atrevemos a especular, está provocado por el ascenso del nuevo partido Podemos, que en su programa a las elecciones europeas incluía la propuesta de una Renta Básica de Ciudadanía.

La Renta Básica de Ciudadanía es una asignación monetaria que se realizaría a todo ciudadano, independientemente de su condición, ya sea esta la de trabajador o parado, ya sean sus ingresos altos o bajos. Sería una política de redistribución a gran escala, con sus ganadores y perdedores, que no sólo serviría para eliminar la parte más sangrante de la miseria en nuestra sociedad, sino que podría dar lugar a formas de vida alternativas, nuevas formas de producir y consumir, que no interesa propiciar a quienes están cómodos con el status quo.

No seré yo el que se muestre contrario a las propuestas de PP y PSOE. Estas consisten en dar una renta mínima a los pobres, a las familias sin ingresos, castigadas por la más urgente necesidad. Sin embargo, es impropio, e inmoral, denominar a este subsidio Renta Básica.

La Renta Básica es una política de redistribución a una escala mucho mayor, con un “coste” más elevado, pero con unas características que le confieren unas ventajas que no tiene el subsidio para pobres.

Al ser automáticamente asignada a cada ciudadano, la renta básica no tiene costes de gestión, no es necesario pagar a funcionarios que comprueben que determinado individuo cumple los requisitos para la asignación del subsidio, simplemente todos cumplimos esos requisitos. Este coste de gestión no es baladí, suele suponer el 50% del importe desembolsado por el contribuyente para el programa de ayuda.

Al ser totalmente compatible con recibir un salario, la renta básica no fomenta la economía sumergida, nadie pierde el subsidio por encontrar un trabajo, ya sea a media jornada o a jornada completa. Esto elimina los problemas morales que suelen estimular la crítica contra estos programas, cuando se institucionalizan de una forma susceptible de fomentar la picaresca.

¿Cuánto costaría? Habría que redistribuir en torno al 15% del PIB para dar un subsidio universal de 450 euros a cada español. Hay que destacar que este no sería el coste del programa, el dinero no se destruye al distribuirlo, se trataría de una reasignación de los ingresos a posteriori de la realizada por el mercado, y podría tener el efecto tanto de bajar como de subir el PIB, pero en general se estima que a corto plazo lo bajaría ¿A quién le importa? cabría preguntar. No tenemos problemas de producción, sino problemas sociales y medio ambientales.

¿Por qué decimos que una Renta Básica de Ciudadanía propiciaría formas de vida alternativas? Porque junto con otros instrumentos, como el Empleo Público Garantizado, la reducción del tiempo de trabajo o los bienes comunes, propiciaría lo que nosotros denominamos una economía inclusiva, una economía que permita la participación de todos en los costes y beneficios de la producción, sin excluir a nadie por razones economicistas, como la ausencia de demanda de empresas y agentes para determinadas habilidades de trabajo.

Por encima de todo somos ciudadanos y personas, y a causa de ello tenemos derechos y obligaciones. Ningún ciudadano debería consentir, bajo la excusa de un racionalismo economicista, que los derechos del hombre sean pisoteados. Nadie debería ser excluido, mientras esté dispuesto a trabajar.

La renta básica propiciaría, si fuese adecuadamente institucionalizada, la eliminación del miedo existencial a la exclusión. En ese entorno podrían florecer formas alternativas de consumir y producir, podríamos reducir nuestro tiempo de trabajo sin miedo a perderlo todo, podríamos arriesgar en proyectos que no sólo propicien un rendimiento monetario, sino también social. Podríamos intercambiar, con la ayuda de bancos de tiempo o monedas locales, servicios semi-profesionales entre los ciudadanos, sin miedo quedarnos excluidos del mercado de trabajo.

Tal política, evidentemente, no interesa a quien mira sobre todo las cuentas de resultados de las grandes compañías. Esta política está diseñada para favorecer al ciudadano, no las cuentas de resultados. Esto es legítimo, pero es justo que no nos engañen, que no digan “renta básica” cuando quieren decir subsidio para pobres.