Este es el blog de la asociación Autonomía y Bienvivir, no dejes de visitar nuestra página web, para conocer nuestro ideario: Visitar página web
Mostrando entradas con la etiqueta capital natural. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta capital natural. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de septiembre de 2016

¿Son los manzanos más inteligentes que nosotros?

Si la teoría darwinista que tenemos socialmente consensuada nos habla simplemente de cómo sobreviven y se mantiene adaptadas las especies, incluida la humana, entonces la práctica actual humana creando la ilusión de un ego, "un yo" que puede gobernar a cualquier otra parte del mundo mediante la compra de esta parte está completamente errada. Es un error porque sabemos de la dinámica de agujeros negros que una acumulacion de materia en un solo punto llega al colapso seguro. No es posible ser dueño de algo, porque todos somos una pequeña parte de este mundo también. Muéstrame una manzana que quiera ser dueña de un manzano. Esas manzanas (personas) no parecen ser conscientes del hecho innegable de que todos vamos a morir y ser comidos algún día.

La conciencia individual o el "yo" parece ser realmente el mayor error en el desarrollo humano que jamás se ha producido. Es como un error de software que nadie puede resolver debido a que el código fuente es ya tan viejo y tan extenso, incluyendo todas las versiones existentes, que es imposible identificar dónde o cuándo se ha escrito mal. Estamos hoy ante el fenomeno "nosotros" pero no sabemos interpretarlo. No disponemos de las herramientas sensitivas ni cognitivas como para comprender de dónde vienecómo está hecho este "yo". Parece que no estamos diseñados para descubrir la verdad sobre nosotros mismos.



La gente dice que tiene que acumular riqueza para las generaciones futuras, ¿pero no se proponen realmente hacerse inmortales?, ¿no ser olvidado a través de dejar rastro material en la tierra? La construcción de un patrimonio propio que pueden contemplar todas las mañanas y ver su acrecentarse, mientras el ego crece con el. La gente quiere "dejar una huella en este mundo," ¿Por qué? Las bases de datos se borrarán, los libros se pudrirán, las casas se desintegrarán, los coches se oxidan y algún día La Tierra será engullida por el Sol. Es evidente que el "yo" solo existe si le añadimos un valor simbólico a través de pertenencias materiales. Yo soy tanto. Como no logramos averiguar el "cómo soy" al menos nos damos un "cuanto soy" .


¿Por qué no aplicamos todas nuestras energías para convertirnos en una gran, dulce y sabrosa manzana madura antes de morir? Disfrutando del sol y la lluvia, colgado y creciendo en un manzano jugoso y saludable que ofrece un hogar para todas las manzanas.

La realidad en cambio es que derivamos y redirigimos los canales nutricionales que fluyen subiendo por el árbol con independencia de las consecuencias negativas para las otras manzanas porque queremos todo el agua y los minerales para nosotros. No somos conscientes de que si crecemos demasiado, el árbol nos dejará caer antes de convertirnos en una dulce y madura fruta porque pesamos mucho para la ramita en la que estamos colgados .Pero ahora cada manzana humana está tratando de conseguir crecer más y más rápido que los demás y, finalmente el manzano tendrá sólo unos pocas manzanas enormes. Todos los canales de agua que suben por el tronco del árbol son convertidos en tuberías gigantes y el resto del árbol está muriendose lentamente. Unos pocos y enormes canales nutricionales para unas pocas manzanas gigantes que cuelgan en muy pocas extremidades gordas y solitarias donde no hay lugar para ninguna manzana más.


Si seguimos en este concepto del "yo" y de esta auto-optimización egoista y asocial, finalmente la humanidad va a caer como una de estas grandes manzanas, inmaduras, feas, gordas y podridas por dentro. Si no empezamos ahora a comportarnos como una de las muchas manzanas del árbol (y sí, algunos de nosotros tendrán menos horas de sol por día), entonces las cosas se pondrán muy feas pronto. Podemos reparar este error sin gran investigación empírica, sólo hemos de seguir las reglas de la naturaleza de nuevo y parar de pensar que somos capaces de suprimir y exceder todas las otras cosas del globo.




No es natural querer ser más grande que el resto. Natural es llegar a ser justo tan grande como es necesario para ser lo más útil en relación con cualquier otra cosa o persona. Esto se llama también economía. Ser, vivir, actuar económicamente bien no es hacerse lo más grande posible con el menor recurso posible. Ser económico es vivir de la forma más práctica posible y con la abundancia necesaria en el contexto en el que nos encontramos. La economía no es lo que hacen los banqueros con números. La economía es lo que hace la naturaleza dependiendo de si está en una fase de creación y aspiración o en un proceso de fallecimiento. El ser humano no produce, transforma.


Tal vez no hay ninguna meta ni intención alguna en nuestra existencia, sólo una tendencia inmanente cuántico-mecánica de creación y distribución  de partículas y energías y su equilibrio. El concepto del crecimiento económico infinito es el cuento de hadas que la gente cree cuando nunca han experimentado el aliento de la muerte en su vida, o simplemente aquellos que emocionalmente no son capaces de hacer frente al flujo irreversible de toda materia y energía en la vida y por tanto son inconscientes sobre la relevancia de su conducta ética y justa para el futuro del ser humano. 

"Panta Rei"

martes, 19 de julio de 2016

El camino hacia la felicidad, según Schumacher: Recursos

Anteriormente se trató el problema de la producción, que a diferencia de lo aceptado por el establishment desde la década de 1970, sigue sin resolución, también cómo el tipo de enfoque económico resulta decisivo para la forma de vida en una sociedad, y cómo todo ello ha sido consecuencia del pensamiento de intelectuales del siglo XIX, quienes repletos de moral especulaban sobre cómo sería adecuado "matar" la metafísica para fomentar el pensamiento "científico".

Probablemente la mayor contradicción del establishment en nuestro tiempo sea que de un lado fomentan el empirismo, y del otro han interiorizado «que ya existe una forma determinada para hacer presente el futuro a través de las computadoras, siendo esto un supuesto metafísico de largo alcance» siendo efectivamente un supuesto que choca de lleno con el empirismo, el cual atribuye que el conocimiento únicamente es posible a través de la experiencia.

Así se asume que, como se piensa en el futuro con un parque global de vehículos eléctricos, este ya es posible, sin siquiera plantearse cómo abastecer del neodimio, disprosio y otro tipo de metales extraños de muy difícil extracción a la industria automovilística. Sencillamente el futuro ya está aquí, todo es posible gracias al desarrollo científico y tecnológico obtenido, a su vez, gracias al utilitarismo y la economía neoclásica.

Por ello Schumacher insiste una vez más en que «toda tesis metafísica, sea explícita o implícita, tiene consecuencias prácticas decisivas». Toma como referencia en el recurso de la tierra a Tom Dale y Vernon Gill Carter, ambos ecologistas altamente experimentados, quienes publicaron un libro titulado Topsoil and Civilization (El suelo y la civilización) donde se planteaba cómo «el hombre civilizado casi siempre se convirtió en el señor de su medio ambiente, lo que le llevó creerse el señor del mundo mientras fracasaba en comprender totalmente las leyes de la naturaleza».

Sin embargo es llamativo cómo a lo largo de la historia un gran número de civilizaciones han colapsado debido a gastar la mayor parte de los metales y minerales fácilmente obtenibles. «Entonces la civilización declinó en medio de la destrucción producida por el hombre, o bien éste emigró a nuevas tierras».

También cita un interesante y aberrante artículo de Eugene Rabinowitch en la que en una fe inquebrantable en que el ser humano ya es independiente de la naturaleza sentencia:

«Los únicos animales [dice (en The Times del 29 de abril de 1972)] cuya desaparición puede amenazar la viabilidad biológica del hombre sobre la tierra, son las bacterias que normalmente habitan nuestro cuerpo. ¡Por lo demás, no hay ninguna prueba convincente de que la humanidad no pudiese sobrevivir aun como la única especie animal de la tierra! Si se pudieran desarrollar métodos económicos para sintetizar comida partiendo de materia prima inorgánica (lo que es muy fácil que suceda tarde o temprano) el hombre bien puede inclusive independizarse de las plantas, de las cuales depende como fuentes de alimentación…»

Podría excusarse la ignorancia de Rabonowitch en que sus afirmaciones fueron escritas en 1972, mucho antes de conocerse que el ritmo de desaparición de especies es cien veces mayor desde el siglo XX, pero es aún más inquietante pensar que la mayoría de personas con cargos de responsabilidad en el comercio y las finanzas a nivel mundial piensa como lo hacía él hace casi medio siglo.

La agricultura como ejemplo


El utilitarismo desembocó en que «al granjero se le considera simplemente como un productor que debe disminuir sus costes e incrementar su eficiencia por cualquier medio posible, inclusive si haciéndolo destruye - para el hombre que consume - el estado del suelo o la belleza del paisaje y aun si el efecto final es la despoblación del campo y la superpoblación de las ciudades». Este modo de producción ha llegado al paroxismo cuando en todos los sectores, los propios productores evitan consumir lo que producen, precisamente porque son conocedores de cómo se produce y «lo que el productor está en condiciones de hacer es una cosa, lo que el consumidor puede hacer es algo completamente distinto».

Las preguntas que debemos responder no son científicas sino metafísicas; ¿podemos tratar a los animales como a los automóviles, haciendo uso intensivo de ellos para «ahorrar costes» hasta que “se estropeen”, como si fueran sólo algo útil?. La tierra y sus recursos naturales - incluso los propios animales - tienen por tanto un valor metaeconómico.

Llamativo cómo el propio Sicco Mansholt, vicepresidente de la Comunidad Económica Europea y responsable de la Política agrícola común (PAC) estaba obsesionado con que los agricultores deberían prácticamente desaparecer porque los obreros de fábricas tenían muchas más vacaciones y el agricultor estaba «condenado a la esclavitud» al trabajar «siete días a la semana porque la vaca de cinco días a la semana todavía no ha sido inventada y, por otra parte, no tiene vacaciones en absoluto». La PAC europea ya nació con el objetivo de imponer una concentración de unidades agrícolas grandes dirigidas como si fueran fábricas, reduciendo la población agrícola todo lo posible incluso «capacitando a los viejos agricultores tanto como a los jóvenes para abandonar la agricultura».

Al no haber afrontado la tarea de la agricultura como una cuestión metafísica, se ha promovido que ha de desarrollarse como un proceso que no trata con «millares de organismos vivos cuya explotación total está muy por encima de la capacidad del hombre», tratando de eliminar por todos los medios posibles las sustancias vivas, porque las máquinas trabajan con más precisión y pueden ser programadas, no como la naturaleza. Así «el ideal de la industria es eliminar el factor vivo, incluyendo el factor humano, y transferir el proceso productivo a las máquinas».

Este maltrato organizado hacia la naturaleza en general y hacia la agricultura en concreto supone un enfrentamiento directo con dos de las tres metas de la administración de la tierra: Mantener al ser humano en contacto con la naturaleza viva, y humanizar ennobleciendo el hábitat de las personas. Se antepone la tercera meta, de hacer posible la existencia de alimentos y otros materiales para el sustento de la vida, con la idea de aumentar constantemente la productividad, lo que desemboca en un ataque hacia las dos primeras, «una civilización así no tiene posibilidad alguna de sobrevivir por largo tiempo».

Y todo ello sucede en un entorno en que las grandes ciudades modernas aíslan a sus habitantes, mientras como remedio a la atomización social y al aislamiento se propone aumentar el consumo, incitando a la productividad.

El modo en que hemos organizado la agricultura es un ejemplo magnífico de cómo la mecanización a gran escala, con el uso exagerado de productos químicos, hace imposible que el ser humano mantenga contacto real con la naturaleza viviente. «La salud, la belleza y la permanencia son consideradas como temas poco respetables para ser discutidos y otro no es sino otro ejemplo de la falta de consideración por los valores humanos - lo que significa falta de consideración por el hombre mismo - que inevitablemente es consecuencia de la idolatría del economismo» sentencia Schumacher.

Recursos para la industria


Muy a pesar del entorno de optimismo perpetuo en que los medios de comunicación económicos y el entorno político hablan sobre el desarrollo industrial, lo cierto es que la industria «parece ser ineficaz en un grado tal que sobrepasa los poderes ordinarios de nuestra imaginación. Su ineficacia, por lo tanto, pasa desapercibida». A pesar de los constantes avances de la industria en todo el mundo y el aumento de la productividad, las especies cada vez se extinguen más rápido y las demandas de recursos en el planeta son un 50% mayores según datos del 2014 de lo que la naturaleza genera.

Mientras que no se rompe con la tendencia de la economía moderna a tratar el problema de la provisión de energía como si fuera uno más entre otros muchos, volvemos a toparnos con «el futuro que ya está aquí al desearlo», cuando reconocieron que el carbón está en vías de extinción y argumentaron primero que el petróleo lo sustituiría, para después afirmar que estamos en una Era Nuclear. En lugar de afrontar la situación total, los estudios se centran en las partes constituyentes de la situación total, ninguna de las cuales hace predecible de forma separada los sucesos que se podrían desencadenar.

Y es que la economía es también rapidez, cambio permanente y repentino sin descanso, «ignorando el axioma fundamental que establece que un cambio no representa una mejora incuestionable», por ello los economistas han trasladado a los ecologistas la carga de la prueba; han de ser ellos los que demuestren que un cambio tendrá efectos nocivos, cuando por sentido común debiera ser al contrario, «el que quiere introducir un cambio debe demostrar que no podrá haber ninguna consecuencia negativa». Entonces, ¿por qué los economistas no llevan la carga de la prueba? Porque hacerlo no sería rentable ya que tendrían que invertir “demasiado tiempo” en ello.

¿Otra tecnología?

La tecnología se ha convertido en algo imprescindible en el mundo contemporáneo, pero según ha ganado influencia también ha aumentado las crisis, y los signos visibles de destrucción. Mientras que la naturaleza sabe cómo y dónde detenerse teniendo una tendencia al equilibrio, la tecnología no, y el ser humano se ve arrastrado al generar cada vez una mayor dependencia hacia ella. ¿Cómo explicar sino sucesos como las caídas repentinas en bolsas de todo el mundo por los sistemas de trading de alta frecuencia, o que sean los ordenadores los que tomen la decisión de cuándo desahuciar por impago de hipotecas? .

La tecnología debería servir para aliviar la carga de trabajo de las personas, pero las estadísticas sobre número de horas trabajadas por individuo más bien nos muestran que sucede todo lo contrario. Schumacher recuerda cómo en sus viajes por todo el mundo fue capaz de comprobar que «si se va de la indolente Inglaterra a Alemania o los Estados Unidos, se encuentra que la gente en esos países vive bajo mucha más tensión que aquí. Y si se viaja a un país como Birmania que está muy cerca del final de la clasificación en cuanto a progreso industrial, se encuentra que la gente tiene una enorme cantidad de tiempo para el ocio, realmente como para disfrutarlo con creces. Por supuesto, como hay mucha menos maquinaria para ahorrar mano de obra que les ayude, «logran» mucho menos que nosotros, pero ése es un tema diferente. El hecho cierto es que el peso de la vida descansa mucho más livianamente sobre sus espaldas que sobre las nuestras.»

La tendencia “liberadora” de la tecnología debería aplicarse avanzando hacia una simplificación de los procesos, pero lo que se promueve es justamente todo lo contrario: Más sofisticación y complejidad.

Los países tienden a promover la alta intensidad de capital y con ello el tipo de tecnología más cara, que destruye puestos de trabajo tradicionales mucho más rápido de lo que crea nuevos que los sustituyan, lo que arroja al sector con menos formación a un abismo del que prácticamente no pueden salir en toda su vida al quedar sometidos a trabajar esporádicamente y en condiciones precarias. Aplicar el desarrollo de este tipo de tecnología supondría, no obstante, enfrentarse a quienes obtienen las mejores tasas de retorno de capital, en un mundo en el que la globalización y la posmodernidad han consagrado la financiarización como súmmum del desarrollo y bienestar en cualquier rincón.

lunes, 4 de julio de 2016

El camino hacia la felicidad, según Schumacher: Educación como recurso fundamental

En artículos anteriores se trató el problema de la producción, que a diferencia de lo aceptado por el establishment desde la década de 1970, sigue sin resolución, también cómo el tipo de enfoque económico resulta decisivo para la forma de vida en una sociedad

«Hasta los treinta años, e incluso después –escribe Charles Darwin en su autobiografía–, muchas clases de poesía… me proporcionaban un gran placer y cuando era escolar me gustaba mucho Shakespeare, especialmente las obras históricas. También he dicho que en el pasado la pintura y la música me han dado un considerable placer. Pero desde hace muchos años no he podido leer una línea de poesía. He tratado últimamente de leer a Shakespeare y lo he encontrado tan intolerablemente aburrido que me ha dado náuseas. También he perdido casi por completo el gusto por el arte y la música… Mi mente parece haberse convertido en una especie de máquina para deducir leyes generales en base a grandes colecciones de datos, pero no puedo concebir por qué esto ha causado la atrofia de esa parte de mi cerebro de la cual dependen las sensaciones más elevadas… La pérdida de ellas es una pérdida de felicidad y muy posiblemente pueda ser perjudicial para el intelecto y más probablemente aún para el carácter moral debido a un debilitamiento de la parte emocional de nuestra naturaleza»

Pero, ¿de dónde proviene el impulso primario para producir, para organizar un modelo económico que hace florecer las civilizaciones, llevarlas a su apogeo y, finalmente, hacerlas caer?. «Toda la historia apunta al hecho de que es el hombre y no la naturaleza quien proporciona los recursos primarios, el factor clave (...) De repente, hay una explosión de coraje, de iniciativa, de invención, de actividad constructiva, no en un solo campo, sino en muchos a la vez».

De ahí que Schumacher sitúe a la educación como el recurso más importante, lo que deriva en que la crisis permanente de Occidente - y la correspondiente decadencia irreversible modelo social europeo - es consecuencia de la mala educación, pues al tiempo en que la sociedad se hace cada vez más compleja, se asume que por inercia el ser humano irá adquiriendo alta formación, sin arrogarse los costes prodigiosos que tal desarrollo demanda. Todo ello desemboca en que a la hora de afrontar los nuevos retos por el desarrollo científico y tecnológico, los científicos no son considerados por los responsables de gestionar la sociedad - políticos -, «que ni siquiera son capaces de saber de qué se habla cuando se cita, por ejemplo, la segunda ley de la termodinámica». Así los científicos insisten en que sus avances son neutrales, y de su aplicación depende si serán positivos o no para el desarrollo de la humanidad. «¿Y quién es el que decide cómo han de ser usados? No hay nada en la formación de los científicos e ingenieros que les permita tomar tales decisiones, y además, ¿en qué quedaría la neutralidad de la ciencia?».

Al mismo tiempo en que esto sucede, los gobiernos insisten en profundizar cada vez más en una educación utilitarista y tecnócrata - recientemente el gobierno japonés proponía liquidar las humanidades en su sistema educativo -, olvidando que la ciencia y la ingeniería «producen el saber cómo, que no es nada en sí mismo, como un piano no es música».

El problema vuelve a ser - como anteriormente se trató al mostrar la economía budista -, que la educación debería tratar criterios de valor, como qué hacer con nuestras vidas, anteponiéndolos a los criterios de «saber cómo».

Si tomamos en consideración los datos de suicidio en las denominadas «sociedades desarrolladas» tanto occidentales como orientales |1| |2| |3|, resulta inquietante comprobar cómo Schumacher se anticipó al mundo globalizado y a cómo la mente asumiría la clase de ideas «insignificantes, débiles, superficiales e incoherentes, la vida parecerá insípida, aburrida, penosa y caótica. El sentimiento de vacío resultante se hace difícil de sobrellevar» ¿Las consecuencias? «La vacuidad de nuestras mentes puede dejarse llevar demasiado fácilmente por algunas nociones fantásticas y grandiosas, políticas o de otro tipo, que de pronto parecen iluminarlo todo y dan sentido y propósito a nuestra existencia».

Con frecuencia escuchamos a la gente afirmar «yo no entiendo» al tiempo que protestan sobre su calidad de vida o sobre la situación de la educación, «lo que realmente buscan son ideas que les presenten el mundo y sus propias vidas en una forma inteligible. Cuando una cosa es inteligible se tiene un sentimiento de participación; cuando una cosa no lo es se tiene un sentimiento de enajenación».

Si en la Baja Edad Media el mundo y la propia existencia humana tenían un significado muy concreto y definido, asombrosamente coherente, al derribar ese sistema y no sustituirlo por nada, hemos pasado al aturdimiento y la enajenación, tal como Kierkegaard expresaba:

«Uno mete el dedo en el suelo para decir por el olor en qué clase de tierra se encuentra: yo meto mi dedo en la existencia y no huelo a nada. ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Cómo vine aquí? ¿Qué es esta cosa llamada mundo? ¿Cuál es el significado de este mundo? ¿Quién es el que me ha arrojado dentro de él y ahora me deja aquí?… ¿Cómo vine al mundo? ¿Por qué no fui consultado… sino que fui arrojado a las filas de hombres como si hubiera sido comprado a un secuestrador, a un tratante de almas? ¿Cómo llegué a tener un interés en esta gran empresa que ellos llaman realidad? ¿Por qué debería tener interés por ella? ¿No debería ser un interés voluntario? ¿Y si me empujan a tomar parte en ella, dónde está el director?… ¿A dónde iré con mi queja?»
Simplificando: Al comprender la segunda ley de la termodinámica, la vida cotidiana seguirá igual que antes de tener conocimiento de ella, al comprender a Shakespeare, se adquieren «las ideas más vitales acerca del desarrollo interno del hombre, mostrando la grandeza y la miseria total de la existencia humana». La ciencia no puede producir ideas útiles para vivir, porque sus ideas no son aplicables a la conducción de nuestras vidas o a la interpretación del mundo. «Si un hombre busca educación porque se siente enajenado y perdido, porque su vida le parece vacía y sin sentido, no podrá obtener lo que está buscando por el estudio de cualquiera de las ciencias naturales; en otras palabras, por adquirir el saber cómo. Ese estudio tiene su propio valor (...) pero no le dice absolutamente nada acerca del significado de la vida y de ninguna manera puede curarle su enajenación e íntima desesperación».

Todas las grandes - en el sentido de mayoritarias - ideas a partir del siglo XIX no se presentan como una serie de observaciones entre muchas otras, sino como leyes universales. Son de naturaleza no empírica, metafísica, asumen que «el hombre, al igual que el resto del universo, no es nada más que una combinación accidental de átomos. La diferencia entre un hombre y una piedra es poco más que una apariencia engañosa. Los logros culturales más altos no son nada más que fruto de la ambición económica o la expresión de frustraciones sexuales».

Si para Darwin, Marx, Locke, Malthus y Freud esta concepción del ser humano y el sentido de la existencia era fruto únicamente del ejercicio intelectual, para las personas de hoy en día son «las ideas e instrumentos a través de los cuales el mundo se experimenta e interpreta».

El sistema educativo actual está orientado a la especialización técnica, a las cosas concretas que no abarcan los propósitos más amplios del ser humano, y la receta de los políticos y "expertos", en lugar de volver a las humanidades para obtener una visión más clara y grandes ideas vitales, es avanzar en la misma dirección que nos ha traído hasta aquí.

No basta con rescatar las humanidades en el sistema educativo, «aunque una educación humanística nos levante al nivel de las ideas de nuestro tiempo, no puede traernos la felicidad porque lo que los hombres están legítimamente buscando es una vida más abundante, no más tristezas». Es decir, las ideas surgidas en el siglo XIX, que pretendían romper con la metafísica, son una metafísica destructiva, «los errores no están en la ciencia, sino en la filosofía que se nos propone en nombre de la ciencia».

De la misma forma en que el mundo pagano grecorromano sucumbió por abandonar sus convicciones fundamentales, y no por los ataques bárbaros, «estamos confundidos en lo que respecta a la naturaleza de nuestras convicciones. Las grandes ideas del siglo XIX pueden llenar nuestras mentes, pero nuestros corazones no creen en ellas. La mente y el corazón están en guerra, la razón y la fe. Nuestra mente se ha visto obnubilada por una fe extraordinaria, ciega e irrazonable en una serie de ideas fantásticas y destructoras de la vida, heredadas del siglo XIX»

¿Cómo revertir la decadencia actual? Recuperando la metafísica, clarificando las convicciones fundamentales para dar una valor real al sentido de la existencia. «Todos los temas, no importa lo especializados que sean, están conectados como rayos emanando de un sol. El centro está constituido por nuestras convicciones más básicas, por las ideas que nos empujan hacia adelante. Ese centro es la ética y la metafísica, ideas que nos guste o no, trascienden el mundo de los hechos y no pueden ser comprobadas o rechazadas por un método científico ordinario». El peligro es que tal tipo de ideas han de ser reales - a pesar de su trascendencia, algo que entra en contradicción directa con el positivismo -, ya que de no serlo, conducirán al desastre.

Las personas que proclamaron "¡la moralidad es una estupidez!" tenían su mente repleta de valores morales, pero las personas de hoy día no, al mismo tiempo los intelectuales que deberían esclarecer estas cuestiones dedican todo su tiempo a proclamar que todo es relativo, conforme a los parámetros de la posmodernidad. Cuando Keynes proclama «durante un tiempo más la suciedad debe aparentar ser bella, la avaricia, la usura y la previsión deben ser nuestros dioses todavía» introdujo en las mentes del futuro lo que hoy ha florecido en la globalización.

No es necesario que el ser humano sepa de todos los temas, porque puede hacer uso de herramientas como Internet para acceder a lo que desconoce; en realidad no ha de dudar sobre el significado y propósito de su vida, aunque sea incapaz de expresarlo.

En conclusión, el sistema educativo actual es una negación del propósito y significado de la existencia humana, lo que conduce a las personas a la desesperación. Al rebelarse ante tal fatalidad, caen en la confusión, y su vida se convierte en un compendio de acciones inciertas. La solución es «aceptar, aunque sólo sea provisionalmente, un número de ideas metafísicas que son casi directamente lo opuesto a las ideas que proviniendo del siglo XIX se han adueñado de las mentes»

lunes, 2 de mayo de 2016

El camino hacia la felicidad, según Schumacher: El problema de la producción

Schumacher escribió Lo pequeño es hermoso en plena Primera Crisis del Petróleo, desencadenada por las medidas que el cártel de la OPEP tomó contra los países que habían apoyado a Israel en la Guerra del Yom Kippur. En otras palabras, el análisis de Schumacher pasa por alto Chernóbil, la liberalización financiera impulsada por el Reino Unido y Estados Unidos a partir de 1980 y los efectos que tuvo posteriormente en el resto del mundo.

La creciente dependencia de los denominados "países desarrollados" hacia un crecimiento exponencial y necesariamente mayor cada año llamó la atención de Schumacher, quien se planteó qué nos hace más felices, una cuenta bancaria y tarjetas de crédito con las que adquirir el teléfono móvil de moda, pagando el precio de dedicar más del 10% de nuestra vida a trabajar |1|, o tener más tiempo libre con el que pasar con amigos y familia, aunque no podamos comprar objetos de moda.

EL PROBLEMA DE LA PRODUCCIÓN

La economía asumió desde los inicios de la posmodernidad en la década de 1970 que todos los problemas relativos a la productividad habían sido resueltos. "El sistema industrial moderno, con toda su sofisticación intelectual, consume las bases mismas sobre las cuales se ha levantado", debido a lo cual estamos en un proceso acelerado de consumir recursos no renovables, pero además, en lugar de ir reduciendo la dependencia y aumentar el consumo de alternativas "estamos maximizando el ritmo de consumo en lugar de minimizarlo". Al momento de escribir el libro, la contribución de energías renovables a nivel mundial era de menos del 4%, mientras que según datos del REN21 en el 2013 era de aproximadamente el 19,1% de la energía final |2|, apenas un año antes el Global Footprint Network (GFN) alertó de la entrada en "números rojos" del Planeta Tierra al acelerar cada vez más el consumo de recursos naturales disponibles.

"Los combustibles fósiles son una parte del capital natural aunque nosotros insistamos en tratarlos como si fueran de consumo corriente, como si fueran una renta y nunca como si fueran la parte más importante de ese capital natural". A lo largo de la Historia el ser humano se ha visto sometido a las eventualidades y vicisitudes de la naturaleza, mientras su concepción religiosa - la Occidental, que es la dominante en el proceso de Globalización financiera - asumía que eso era voluntad divina, no hubo problema. Todo cambió cuando empezó a sentirse como algo externo a la naturaleza, así trató de imponerse y dominarla, "olvidándose que, en el caso de ganar, se encontraría él mismo en el bando perdedor".

LAS SUSTANCIAS PELIGROSAS

La industria química ha desarrollado - y sigue desarrollando - sustancias artificiales que son efectivas en tanto la naturaleza se encuentra indefensa ante ellas. Schumacher hace una analogía con "ciertos aborígenes que fueran de repente atacados con fuego de ametralladora: sus arcos y flechas no les serviría de nada". En centenares de vertederos totalmente fuera de control incluso en algún que otro Estado fallido |3| se siguen acumulando miles de toneladas de residuos tóxicos sin que nadie haga nada para frenar el proceso, porque frenarlo perjudicaría a los mercados internacionales.

CAPITAL NATURAL COMO RENTA

Primero se utiliza la extracción y explotación de capital natural irremplazable como si fuera renta - algo creado por el ser humano y que puede reponerse con facilidad -. Una vez surge el problema de qué hacer con residuos tóxicos como los radiactivos de las centrales nucleares, se envía el problema hacia otra esfera, hacia la conducta humana, que debe ser capaz de vivir en una sociedad mundial donde no haya disturbios civiles ni guerras.

Es interesante comprobar cómo incluso el marxismo cayó en la trampa utilitarista de considerar que todo lo no hecho por el ser humano carece de valor |4|.

ROMPER CON EL UTILITARISMO Y LA ECONOMÍA NEOCLÁSICA

Mientras el debate actual en la esfera económica y política se reduce a una falsa dicotomía entre keynesianos y liberales, se pasa por alto que ambas teorías económicas laten en común en las premisas utilitaristas y neoclásicas |5|. Además, ambas teorías han quedado completamente fuera de la realidad, puesto que fueron ideadas en un marco teórico donde los recursos eran infinitos o la inventiva humana sería capaz de sustituir rápidamente y sin desequilibrios los irremplazables.

Lo importante es actuar desde el presente entendiendo el problema en la totalidad y comenzado por desarrollar un nuevo estilo de vida, con cambios profundos en un modelo productivo orientado en la sostenibilidad, construyendo una sociedad donde "cada uno se comporte bien, no importa cuán inmoral sea por dentro", rompiendo con la ilusión de poder ilimitado que floreció al amparo de los adelantos científicos y técnicos posteriores, sobre todo, a la II Guerra Mundial. Así la mayoría social creyó que se ha resuelto definitivamente el problema de la producción, al ser incapaz de distinguir entre renta y capital.

martes, 15 de septiembre de 2015

Trampas al solitario


La humanidad, tal y como podemos comprobar de forma intuitiva con sólo salir a la calle y ver a la gente buscando en la basura, o viendo la oleada de inmigrantes que se agolpa a las puertas de Europa para adquirir el derecho a buscar en nuestra basura, no progresa. Eso no debería ser un problema, la humanidad ha permanecido durante buena parte de su historia en un estado estacionario, sin apenas cambios tecnológicos o culturales durante cientos o miles de años, sin que ello haya supuesto un problema a nuestros ancestros, o por lo menos no tenemos noticia de ello.

La falta de progreso hoy sí es un problema, por eso día tras día leemos noticias que nos hablan de los grandes progresos tecnológicos que nos traerá el futuro, sí, el futuro. Se fomenta la neomanía para legitimar el sistema, pero como dice el papa Francisco la tecnología no es ni buena ni mala por sí misma, hay que vincularla a unos fines ¿Y cuáles pueden ser esos fines? Deberían determinarse democráticamente, pero la reducción de la pobreza, el aumento de la seguridad y la reducción de la violencia parecen fines lógicos, con los que la mayoría de la población estaría de acuerdo, pero eso no parece estar produciéndose.

Sí, dicen que se está reduciendo la pobreza y la desigualdad a nivel global, pero como ya mostramos en un artículo anterior eso es cuestionable, incluso aceptando la definición estrecha de pobreza que nos proponen, que consiste en disponer de una renta de 1,25$ diarios. Sin embargo, hace tan sólo unos días leíamos en El País que buscar basura en un vertedero, en condiciones higiénicas deplorables, con los pies llenos de úlceras y costras y sometido a la presión de las mafias, podía reportar 2,4€ diarios ¿Podemos considerar que una persona así está fuera de la pobreza? No lo creo.

Todavía más significativo es la ausencia de progreso en cuanto al cuidado del medioambiente. En 1952 una gran niebla tóxica cubrió Londres, estimándose que causó 12.000 muertos y 100.000 enfermos.
 
En pleno día, con las farolas apagadas, Trafalgar Square no luce demasiado.

Hoy estos hechos nos resultan difíciles de creer, todos hemos estado en Londres o conocemos a alguien que ha estado allí, y sabemos que se trata de una ciudad amigable, apta para el turisteo despreocupado ¿Tanto ha cambiado la ciudad? Y si es así ¿Por qué? La respuesta es sencilla, gran parte de la contaminación la hemos llevado a otro lugar. Hace poco conocíamos la noticia de que una de cada seis muertes prematuras en China es provocada por la contaminación. Esto nos vuelve a remitir al tema de la pobreza, aproximadamente la mitad, de hecho algo más, de las personas que han salido de la pobreza extrema a nivel global lo han hecho en China ¿Pero podemos considerar que alguien deja de ser pobre por disponer de más de 1,25$ al día mientras se expone a niveles insalubres de contaminación? ¿O cuando se trabajan jornadas de 13 horas en condiciones lamentables? Hemos destrozado el planeta para no arreglar ninguno de los problemas esenciales de los más necesitados, pero nos hacemos trampas al solitario.

Por supuesto en 63 años quizás hemos mejorado algo, un poco, hay que pensar que el PIB, un estupendo índice de nuestro impacto ambiental, se ha multiplicado por nueve en ese periodo, mientras que la población está a punto de triplicarse. Quizás no sólo hemos trasladado la contaminación desde occidente al extremo oriente, quizás también hemos reducido un poco el impacto por unidad de PIB, en caso contrario el planeta no habría resistido el impacto de multiplicar por nueve nuestra actividad. Pero este es el ingrediente menor, estoy seguro, lo principal es la traslación de la actividad y de sus impactos negativos. No debería asombrarnos, por lo tanto, que un estudio ha encontrado, tras analizar diversos sectores industriales en varias regiones del planeta, que ninguno de estos sectores sería rentable si internalizase sus costes ambientales.

¿Quiere esto decir que no hay alternativas, que estamos condenados? No, lo que quiere decir es que es hora de afrontar los problemas, ya no podemos trasladarlos a otra región, o sentarnos a esperar que inventen algo que los arregle en el futuro.

Nuestra forma de entender el mundo debe cambiar, porque está en crisis, no podemos seguir parcelando la realidad en compartimentos estancos e independientes unos de otros. Es hora de mirar al todo además de a las partes, y de pensar en los fines y no sólo en el incremento de los medios. Es hora de afrontar los problemas de forma directa, y no a través de un proceso de incremento de los medios que de forma objetiva, está fallando, a pesar de que no queramos verlo y nos hagamos trampas al solitario.

martes, 27 de enero de 2015

Dinero endógeno: Dos visiones


Tal y como comentábamos en esta entrada, tanto Frederick Soddy, antecedente de la economía ecológica, como la escuela post-keynesiana, comparten puntos de vista sobre el dinero, ambos plantean que el dinero es “endógeno”, es decir, su cantidad viene determinada por la demanda de crédito de la economía, y no por el Banco Central. Sin embargo, hasta aquí llegan las similitudes, para la economía ecológica existe un problema institucional, se debe cambiar la forma en que se crea el dinero; para los post-keynesianos, si hay algún problema este es de política económica, debe cambiarse la forma de actuar del gobierno.

Una vez establecido que el dinero se crea de forma endógena, la Teoría Monetaria Moderna hace especial hincapié en el monopolio del estado sobre su moneda, o soberanía monetaria. El crédito creado por los bancos es un pasivo para una persona y un activo para otra, por tanto si lo agregamos su valor neto es cero. Por el contrario el estado puede crear activo financieros netos, y es el completo monopolista de los mismos, nadie más puede hacerlo. Un estado soberano monetariamente siempre puede hacer frente a sus deudas, sólo necesita “imprimir” dinero. En efecto, suponiendo que las deudas de Marruecos (país soberano monetariamente) están denominadas Dírhams marroquís, es sencillo comprender que dado que Marruecos puede crear tantos Dírhams como se le antoje, siempre podrá honrar sus deudas.

Lo primero que llama la atención es la aparente incongruencia entre la teoría del dinero endógeno y la afirmación acerca del monopolio del estado sobre su moneda. En realidad no existe tal incongruencia, la teoría del dinero endógeno juega un papel fundamental dentro de la teoría monetaria moderna, tal y como nos explica Dan Kervick

Este modelo monetario endógeno lo que nos dice esencialmente es que impulsos en los saldos de reservas no “traen consigo” más préstamos y más depósitos a la vista en la economía real. Más bien es la demanda de crédito y de depósitos a la vista lo que generalmente “trae consigo” más saldos de reservas de la Fed, a fin de acomodarse a los deseos del mercado. Los mecanismos causales que operan aquí significan que los bancos centrales pueden –en principio— interrumpir la expansión del préstamo negándose a suministrar los saldos de reservas adicionales en demanda. Pero no puede hacer mucho para estimular la expansión del préstamo inundando el sistema bancario con más saldos de reservas. La vía por la que el Estado puede impulsar la demanda de crédito es impulsando la demanda del consumo. Y lo hace sirviéndose del canal, más activo, del Tesoro para gastar dinero directamente en las cuentas de depósito de la gente, no utilizando el canal de la Fed. Esa imagen es plenamente congruente tanto con la tesis del dinero endógeno como con la tesis del monopolio monetario.
 Las actuaciones del banco central no tienen efectos en el sistema financiero, no se traducen en la concesión de un “exceso” de créditos, por lo tanto no dan lugar a burbujas financieras. Uniendo ambos hechos, el dinero endógeno y el monopolio del estado sobre su moneda, se deduce que los déficits del estado no son tan malos como nos cuentan, siempre se pueden pagar imprimiendo moneda, y ello no tendrá ningún efecto adverso, todo lo contrario, al inyectar saldos en las cuentas del sector privado conseguimos que este ahorre (de hecho se puede demostrar que sin deuda pública no podría haber ahorro neto privado) ¿Y qué necesitamos en situaciones de alto endeudamiento privado? Reducir deuda, es decir ahorrar, por tanto los déficits públicos no sólo no son malos, son la solución a las situaciones de alto endeudamiento, como la presente.

El razonamiento hasta ahora no puede ser más simple, si bien hay que reconocer que podría haber algún efecto adverso en forma de devaluación e inflación. Al proporcionar dinero al sector privado, aumentará la demanda, esto hará que aumenten las importaciones (parte de los bienes adquiridos habrán sido producidos en el extranjero), saldrá más dinero al exterior, y la moneda tenderá a devaluarse, al aumentar su oferta en los mercados internacionales. Los productores extranjeros pedirán más dinero por sus bienes y aumentará la inflación.

Si bien esto no tiene que ser un drama, especialmente cuando la bota del rentista nos oprime con fuerza, es necesario ponerlo en nuestro contexto actual, un mundo topando con algunos límites en la extracción de recursos. Cabe recordar lo que ocurrió en los 70, con las crisis del petróleo, nos lo cuenta Ariel Francais en El crepúsculo del estado-nación (énfasis mío)

La crisis petrolera de 1973 desencadenó desequilibrios comerciales y financieros, un proceso acumulativo de reestructuración de los sistemas energéticos y de los aparatos productivos, una ola de políticas deflacionarias y la explosión del desempleo. Para amortiguar el impacto del aumento del precio del petróleo y reducir su dependencia energética a largo plazo, los países consumidores tuvieron que adoptar políticas de ahorro de energía en gran escala y de sustitución del petróleo con la promoción de fuentes de energía nuevas y alternativas que todavía se implementan. A corto plazo, sin embargo, la respuesta inmediata a la crisis petrolera --más allá de las reestructuraciones y las inversiones requeridas para disminuir la dependencia energética a largo plazo--, fue el desencadenamiento en gran escala de políticas deflacionarias con el objetivo de limitar el desequilibrio de las cuentas externas y frenar la inflación. Por otro lado, la acumulación de petrodólares generada por la crisis indujo otros desequilibrios en la esfera financiera, pues alimentó la contratación de deudas en los países en vías de industrialización. El endeudamiento consecuente afectaría dramáticamente al mundo en desarrollo en la década de los ochenta.

El problema en los 70 era que ciertas materias primas estratégicas, como el petróleo, habían quedado distribuidas de forma desigual, concentradas en un número limitado de países. Este hecho en la actualidad es todavía más acusado, y ya no se reduce a los hidrocarburos, sino que abarca un buen conjunto de recursos indispensables para la sociedad industrial. Este hecho provoca que si bien al sector público le resulte fácil endeudarse única y exclusivamente en su moneda, el sector privado suele tener que endeudarse en moneda extranjera. Las importaciones se financian, mediante el crédito a la importación. Esto hace que un país generalmente no pueda permitirse cualquier tipo de cambio, dado que las empresas obtienen sus ingresos en moneda nacional, pero cierto número de ellas tiene que pagar sus deudas en moneda extranjera.

Sin embargo, lo más criticable de esta teoría, es que mantiene el privilegio de los bancos de crear dinero de la nada, y pretende arreglar los destrozos que esto puede crear a través de la inversión pública, es decir, del crecimiento. Con los problemas ambientales que tenemos encima ¿no sería mejor cortar de raíz la inestabilidad financiera? Yo creo que sí.


A pesar de ello, hay una forma de intentar una reconciliación, aunque sea de mínimos, entre estos dos puntos de vista (muy de mínimos y de forma temporal, mientras se avanza en otras direcciones). Se trataría de que el estado financiase a través de esos déficits la inversión en capital natural, es decir, en los ecosistemas y los recursos primarios que apoyan la agricultura, la salud y las ciudades. Respecto a este último punto, las ciudades, recordemos que el manifiesto Última Llamada incidía de forma genérica en la necesidad de cambios radicales en el diseño de las ciudades ¿Una posibilidad de que Pablo Iglesias se reconcilie con las necesidades, según él contrapuestas, de dar de comer a la gente y evitar la destrucción ecológica.