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lunes, 11 de marzo de 2019

La odisea rural II: hiperintensificacion vs reruralizacion

Queridos amigos de Autonomía y Bienvivir, nuestro colaborador Jorge Sempere, de la asociación Avirueco, nos presenta la segunda parte de su artículo La odisea rural, que tan buena acogida tuvo hace unos meses. Os dejo con él.




Si hay algún error de libro en el camino que estamos tomando las sociedades desarrolladas, es seguir profundizando y exportando el modelo de la hiperintensificación del monocultivo que nos ha traído hasta aquí y al que masivamente comenzamos a ver fracturarse.

No voy a tratar de hacer un recorrido exhaustivo a un proceso que lleva desarrollándose varios milenios, pero si voy a interconectar su polifacetismo, que enlaza el auge imperialista, con el fascismo, la preeminencia de lo masculino sobre lo femenino, la militarización, el elitismo, la intensificación de la producción, el racismo y el sentimiento de  aporofobia.

Hoy en día la cultura a la que nos hemos entregado no es solamente el desquiciado modelo anglosajón, es más concretamente el de una mirada burguesa con sus evidentes claroscuros, a modo del doctor Jekyll y Mr Hyde, ese peligroso coctel genera una neurosis de ansiedad colonizadora, artificializadora y diseñadora de todo hasta el más ridículo milímetro, pero que al estar desequilibrada se esconde en una necesidad de someter a la naturaleza, en lugar de colaborar con ella. De esta profunda neurosis que nos gesta, proviene por ejemplo la respuesta de las élites frente al calentamiento global como es la geoingeniería, el coche eléctrico, la cuarta revolución industrial (como si después de 3 revoluciones aun no supiéramos que estas han sido la causa principal de este problema), la descarbonización de la economía... Todo esto es una muestra de esta visión tecnooptimista del “laissez-faire”, mantra del capitalismo liberal, lo cual no es sino un eufemismo de lo que esconde, un modelo totalmente podrido por el control exhaustivo y centralizado de los recursos en manos de unas élites, pero al contrario que en su hermano menor el comunismo, regido por auténticas mafias terroristas con la vida, aisladas en su castillo de marfil artificial y por ello desconectadas de la realidad y de la vida.

Sin embargo hay esperanza, siempre hasta en los peores escenarios como en el que nos adentramos, existe un hálito de esperanza. La ruptura es inevitable, de hecho ya se está produciendo en los ideales, esperanzas y sueños burgueses, entre las generaciones que llegan actualmente a la tercera edad, las generaciones adultas y las que estamos en edad de procrear, hay una ruptura total y absoluta y de ésta esperemos que surja la respuesta, que conecta con los gritos de los más oprimidos en el tercer mundo o en vías de desarrollo. En síntesis, tanto unos como otros ven como “el rey se pasea desnudo mientras una minoría (cada vez más minoritaria) aplaude su maravilloso vestido nuevo”.

El ejemplo lo tenemos en las movilizaciones de los chavales de “Fridays for Future”. Solo cuando entendamos que la responsabilidad es compartida por todas las generaciones, y actuemos en la misma línea de desmoronar este modelo absurdo y pernicioso que hemos creado a costa de externalizar los males (básicamente hacia la naturaleza y hacia el tercer mundo) y explotar sus recursos naturales, seremos capaces de abrir de verdad el sendero de la esperanza, todo lo demás serán brindis al sol, que aun entendiendo que pueden ser necesarios en una transición paulatina, no deben evitar que queramos llegar hasta el meollo de la cuestión.


La hiperintensificacion de la megamaquina

Quiero mostrar un ejemplo paradigmático de esta estrategia, necia, avariciosa y en contra de la vida que está propagándose en un área que creo conocer bien, el rural.


Actualmente estoy en Francia trabajando en la poda de manzanos en cultivo hiperintensivo con certificación en ecológico. El diseño es sencillo, muy similar al de un viñedo, se crean calles de 4-5 m de ancho y a ambos lados se colocan líneas de árboles a 1m o 1,5m, entutorados claro, para que no se caigan ya que al disponer de tan poco espacio crecen muy verticales. De este modo estamos sembrando unos 1700-2000 árboles por hectárea. Y estamos hablando de que una finca en plena producción (10-15 años) alcanza medias de carga de 60 ton/ha, mientras que en ecológico se reduce a la mitad.

Desgraciadamente, tengo que decirlo, no es la primera vez que trabajo para el enemigo, pero también que conociéndolo trato de aprender a vencerlo.

En una aldea actual de menos de 100 habitantes, una única familia (con entre 0 y 25 trabajadores a su cargo dependiendo de la época) gestionan 25 ha de manzano en regadío, 100 de cereales y otras 200 de pastos. Hay otros 5 agricultores mayores de 50 años, con superficies similares. Antaño de esta superficie podrían vivir fácilmente un millar de personas, hay casonas abandonadas por todo el territorio, así como otras que actualmente habitan 2 personas y que antes cobijarían a varias familias emparentadas. En un modelo agroecológico y cooperativo, hoy en día podrían vivir varios cientos fácilmente, de forma mucho mas respetuosa, eficiente y convivencial.


El modelo se ha ido intensificando cada vez más ¿por qué? Básicamente porque logramos cargas de producción mayores por unidad de superficie, al disponer de casi 2000 árboles/ha, la entrada en producción es más rápida (ahora bien, la misma que si esos 2000 árboles estuvieran en 5 ha, como estarían a un marco más normal de 5x5) la única diferencia es que utilizamos menos superficie y esto nos permite controlar todo el gasto que requiere este diseño, uso abusivo del agua, mecanización masiva, uso de combustibles fósiles, insumos mayores, métodos como el enlonado de las parcelas para evitar daños generalizados al cultivo, principalmente granizo, todo lo cual hace incrementar exponencialmente la huella de carbono. Pero otra causa que induce es la despoblacion rural, proceso que se acelera por la necesidad de mano de obra a comienzos de la primera revolución industrial, y posteriormente por la necesidad de alimentar las trincheras de las guerras mundiales. En Francia no es raro encontrarse por todo el rural, monumentos de recuerdo a sus caídos en la Iª y IIª GM.

Pero retorno, no me quiero desviar del tema central, aunque las implicaciones de estas políticas de guerra se reproduzcan y lleguen hasta nuestros días. El problema que tenemos con este modelo hiperintensificado es que acelera las producciones pero nos aboca al “pan para hoy y hambre para mañana” y ya lo estamos empezando a sentir, aunque su uso sea reciente:

1º- Los arboles con este manejo se debilitan enormemente, sus sistemas radiculares no pueden explorar la superficie que naturalmente alcanzarían, su parte aérea no sale mejor parada, dado que se les estresa y mediante un combinado de técnicas se les fuerza a producir más, esto incide en su salud, fragilidad de ramas, crecimientos desiguales (hay que puntualizar que no todos los frutales pueden manejarse con este modelo) lo que provoca que estos árboles alcancen la vejez muy rápidamente, produciendo por periodos cortos de tiempo (20-30 años máximo, pero en la mayor parte de los casos menos), hasta el punto que sea necesario estar continuamente replantando las bajas y llegado el caso, arrancar la parcela antes de tiempo, por un debilitamiento generalizado que induce, junto a otros manejos, la entrada de algún parasito, virus, hongo. Concretamente en la zona donde trabajo, están comenzando a tener serios problemas principalmente con el “fuego bacteriano” que quema los arboles por completo en poco tiempo, pero también con otras enfermedades y parásitos.

2º- El problema no acaba ahí, se están empezando a dar lo que denomino “obsolescencia del vivero”, que significa que los árboles vienen con debilidades ya desde el propio vivero, aunque supuestamente vengan con certificados que dicen lo contrario. Tengamos en cuenta la presión que generamos en la base del modelo, ya que al necesitar cada vez producir más árboles, los viveros sobreexplotan el suelo donde año tras año se producen éstos, a lo que hay que unir el empobrecimiento genético que esto genera en las variedades, ya que los arboles madre (desde los que se injerta) también se acaban viendo afectados, acaba induciendo una cadena de degeneración genética que los lleva a tener que crear nuevas variedades constantemente, buscando nuevos cruces genéticos que mejoren la descendencia. Esto ya ha sucedido antes, el ejemplo de la crisis de la patata en Irlanda es paradigmático. Aquí, la gente con la que trabajo se está yendo a Suiza a comprarlos, dispone de unas 30 variedades ninguna de origen francés, porque la calidad de los plantones producidos en Francia ha caído brutalmente en apenas 20 años en que se ha generalizado esta hiperintensificación.

3º- A los hechos me remito, desde la drossofila suzuki, al Halyomorfa Halys, no paran de crecer los parásitos que afectan a los frutos de los cultivos. También se está produciendo una plaga de topillo, muy similar a la que se ha producido en Castilla Y León, con la salvedad de que aquí aún existe el paisaje en mosaico con lo que habitan depredadores del topillo (zorro, comadreja, cernícalo...) pero que al necesitar de control a base de venenos (en ecológico están prohibidos y están haciendo capturas con trampas) estos acaban entrando en la cadena trófica de los animales silvestres, produciendo la desaparición de especies sobre todo de necrófagas y rapaces, pero también de otros carroñeros esporádicos como el propio zorro (que además son cazados), en resumen “el pez que se muerde la cola”, sea esta más o menos larga.

Por si eso no fuera poco, lo que más estragos está causando, ya que no tenemos modos de lucha eficaces contra ello, son los ataques de bacterias y hongos. Se está comenzando a dar el caso en muchos cultivos, de ataques combinados de diferentes microorganismos, por debilitamiento generalizado del árbol hospedador, el BAN (Brown Apical Necrosis) que está haciendo estragos en las zonas tradicionales de cultivo del nogal donde también se está introduciendo el manejo hiperintensivo, pero es que en el almendro, el olivo, o la encina, está sucediendo algo muy similar.

Lo más insensato de esto, es que lo único que logramos es avanzar el rendimiento sobre una menor superficie como antes comentaba, puesto que si cultiváramos racionalmente los árboles, nos serian ampliamente recompensadas en ciclos más largos, de 50-60 años caso de un manzano sano y vigoroso. Además al centralizar e intensificar tanto la producción, se necesita intensificar también el consumo energético, el trabajo de quien lo gestiona (con jornadas draconianas, doy fe de ello) y la expulsión de población rural, hasta el punto de que la neurosis de ansiedad que hay en el agricultor francés, sometido todo hay que decirlo a una gran carga impositiva y precios decrecientes, provoca que esté expulsando a la mano de obra que necesita, y que realmente haya carestía de esta en momentos puntuales. Este conflicto de convivencia poco estudiado es el germen del conflicto xenófobo con la etnia musulmana (tradicional mano de obra del rural, ahora en retroceso) en forma del Frente Nacional, que toma más fuerza precisamente en las comarcas más rurales y agrícolamente hablando más ricas, principalmente al este en las vegas del Ródano. Su reflejo mimético en España es Vox.



Cultivos agroforestales, la intensificación que emula la naturaleza

Cultivo asociado de árbol con cultivo de aromática, en este caso lavanda, habría un tercer componente a integrar perfecto para integrar en este ecosistema, la apicultura

Por eso necesitamos cambiar el paradigma tanto en lo respectivo a recuperar el policultivo, como en la necesidad de recuperación de la población rural. Como ya describí en mi primer post sobre La odisea rural la agroecología, los modelos agro-silvoforestales, el manejo holístico de pastos, la permacultura, vienen en nuestra ayuda para proponer modelos racionales, rentables, cooperativos y naturales, donde la intensificación se equilibra al seguir patrones que existen en la naturaleza, que ya de por si es hiperintesiva en producción de vida, en realidad es la más sabia y experta en esto después de millones de años investigando ¡y le estamos dando la espalda!

Las ventajas de estos modelos superan con creces a las desventajas. Entre las primeras:

-Menos viento, menos transpiración, menos necesidad de riego
-Temperaturas suavizadas
-Más humedad ambiental
-Los árboles bombean agua y nutrientes a la superficie del terreno
-Refugio de fauna auxiliar
-Mejor aprovechamiento del agua de riego, por disponer de perfiles más profundos las raíces de los cultivos.
-Freno de la erosión superficial

Entre las desventajas:
-Sombreo
-Perdida de 4-6% de la superficie del cultivo principal

Se ha calculado experimentalmente que un cultivo agroforestal (cultivo principal asociado a uno forestal para madera, sin contar el caso de la producción de frutos de este) mejora la rentabilidad de un monocultivo en un factor de 1.3 y aumentan considerablemente la capacidad de captura de CO2 por unidad de superficie.

Este año se celebra aquí en Francia esperanzadoramente en 4º congreso internacional en agroforesteria, esperando y exigiendo que los tecnócratas europeos tomen nota de las alternativas, que además luchan para frenar el calentamiento global de forma muy importante. Un primero paso es que la sociedad burguesa nos concienciemos y comencemos la transición hacia un modelo 100% ecológico y como mínimo que integre la visión de la agroecología, canales cortos, alimentos de temporada, productores de tamaño pequeño o mediano, idealmente modelos agrosilvoforestales (los que integran los 3 elementos, cultivo anual, forestal y animal). Pero para ello es necesario además afrontar la reruralización del territorio, bajo unos modelos de integración sostenibles.

Cultivos experimentales de hortícolas bajo cubierta forestal, predisponiendo que las hortícolas sean de brotación anterior al ciclo forestal.

Seguiremos profundizando con el tema en el blog


¡Conciencia y salud!

domingo, 10 de julio de 2016

Infografía: La necesidad de una economía local

Desde nuestro blog hemos explicado profusamente por qué nuestra comida no es sostenible, entre otros factores citábamos los "alimentos kilométricos", aquellos que recorren grandes distancias desde el huerto a la mesa, con el consiguiente incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero. A continuación enlazamos una sencilla infografía donde con un ejemplo, nuestro compañero Alberto Jiménez nos muestra como se incrementan las emisiones de forma exponencial con el transporte. La solución que preconizábamos en aquella entrada era hacer uso de la producción local de alimentos, a través de grupos de consumo que garantizan que los alimentos no han recorrido más de unos pocos kilómetros.

En realidad esta solución es tan sólo una pata de la necesaria relocalización económica matizada que necesitamos. Una relocalización que no debe ser confundida con el nacionalismo, ni con el proteccionismo. No se trata de imponerse sobre otros territorios a través de estas medidas políticas, sino de ganar autonomía, que a nivel económico implica ser lo más autosuficiente posible, sin renunciar al comercio allí donde sea necesario, siempre supeditado al bien común, establecido este de forma democrática. Es preciso recordar que como ya planteara Dani Rodrick, la hiperglobalización entra en conflicto con la democracia, por consiguiente la relocalización económica es un paso necesario para alcanzar una democracia digna de tal nombre, que sustituya al gobierno representativo elegido por sufragio que padecemos.

Estamos pues en un momento histórico muy interesante, en el que confluye la necesidad imperiosa de poner freno a las mal llamadas externalidades, que no son más que el saqueo por parte de una élite de los bienes comunes globales, con la oportunidad que surge de esto de relocalizar la economía, y por tanto alcanzar una verdadera democracia. En este cóctel no hay que olvidar el internacionalismo, ya que el control democrático del comercio debe ir paralelo a la cooperación democrática transnacional. Las instituciones a las que de lugar esa cooperación, tendrán que ser muy probablemente innovadoras, tendremos que ser creativos para mejorar el desastre que hemos heredado.




domingo, 8 de mayo de 2016

Globalización: agujero negro del planeta

Es habitual que se hable de los paraísos fiscales como un problema para la economía actual. Tal es el caso del libro de la ilustración, que mostraba algunas claves de este asunto en 2011. Pero en realidad esa forma de funcionar reflejada por la evasión fiscal está en la misma esencia de la globalización. No se trata de un problema de la economía globalizada sino que la globalización consiste en eso. Se trata de que las empresas y las grandes fortunas puedan eludir las normativas aprobadas en los distintos parlamentos. Así, por ejemplo, es posible vender en Francia lo que se ha producido sin impuestos franceses y con métodos ilegales en este país por su impacto ambiental o por las condiciones laborales.

Los costes eludidos de este modo por grupos privados pasan a ser “externalizados” en forma de daños ambientales y de costes comunes. Y todos los países se ven presionados para igualar a la baja las normativas laborales, fiscales y ambientales en un intento de hacer más competitivas a sus empresas o de atraer inversiones productivas, financiación o compra de deuda pública, con la degradación de la vida y del medio ambiente que implica esta erosión normativa. Así se cierra el círculo: la elusión de las normas termina anulando estas y entregando el poder legislativo a las élites económicas. Este es el verdadero objetivo del planteamiento.

La competencia entre los países por el maná económico de unos capitales libres para elegir su destino en “los mercados” convierten a los pueblos en meros proveedores rivalizando por servir mejor a élites particulares de todo el mundo. Se nos dice que con ello el país ganará competitividad, (es de suponer que mientras no hayamos llegado todos los países a un fondo en el que la degradación impida competir más a la baja). ¿Pero por qué tomamos por virtuosa una competitividad que no se debe a la mejora de las capacidades sino a un dumping progresivamente legalizado? 

El dumping consiste en vender un bien o servicio a un precio inferior al coste de producirlo. El objetivo es eliminar a los competidores más débiles, incapaces de soportar pérdidas similares, para así apoderarse de una mayor cuota de mercado, lo que lleva a la formación de oligopolios.

En el contexto de la globalización la empresa multinacional se sirve de costes de producción de países empobrecidos, con regulaciones permisivas o con gobiernos corruptibles para producir con costes inferiores a los del país en el que se va a vender. De este modo el dumping se vuelve estructural, permanente, ya que la gran corporación ni siquiera sufre pérdidas temporales en el combate. Y este tablero de juego lleva irremisiblemente a la formación de oligopolios globales.

Lo que se gana en una merma de precios inicial se pierde en empleo y en autonomía económica, y se sustituye por una explotación social y ambiental que comienza en el país menos desarrollado y que poco a poco se va generalizando en el planeta. Por supuesto, como bien sabemos en España, cuando un oligopolio está consolidado los productores también pueden subir innecesariamente los precios junto a sus bonus y beneficios.

Los refugios fiscales -tax haven- en los que tienen multitud de cuentas los principales bancos y las multinacionales entre otros privilegiados, son la clave de bóveda de este sistema. Casi el 50% de las transacciones financieras transfronterizas mundiales pasa por los paraísos fiscales. Merece la pena, por tanto, enfrentar esos pequeños puntos de la economía con tanta masa monetaria concentrada en ellos que son capaces de tragarse su propia luz impidiéndonos ver qué pasa ahí.

El propio G7 declaró ya en 1996, en la cumbre de Lyon, que "la globalización está creando nuevos retos en el ámbito de la política fiscal. Esquemas fiscales destinados a atraer actividades móviles, financieras y de otro tipo, pueden crear una competencia fiscal dañina entre estados, conllevando el riesgo de distorsionar el comercio y las inversiones."

Pero visto lo ocurrido desde entonces, habría que leer entre lineas lo declarado por el G7. Donde se dijo "reto" y “riesgo” había que entender "oportunidad". Se estaba anunciando que la globalización hacía posible socavar el poder de los estados y abría grandes oportunidades de negocio para “el comercio y las inversores”. Veinte años después esos “esquemas fiscales”, que en gran parte dependen directa o indirectamente de los miembros del G7, siguen cumpliendo su función. 

http://www.financialsecrecyindex.com/introduction/fsi-2015-results
No son sólo lugares como las exóticas Bahamas o la tradicional Suiza, tan familiares en nuestras conversaciones desde hace mucho tiempo, sino también EEUU, Gran Bretaña o Alemania entre otros miembros del citado G7. La evasión fiscal ocupa un puesto principal en nuestra economía. ¿Pero acaso debemos aceptar como inevitable una "fatalidad" cuyo origen es claramente artificial? Lo primero que cabe deducir es que no se trata de unos cuantos lugares problemáticos que supuestamente se niegan a colaborar con la transparencia fiscal internacional sino de una institución global nutrida y controlada reticularmente por particulares privilegiados de todo el mundo cuyos capitales gozan de libertad sin inspección.



Algunos datos
  • Según Tax Justice Network, desde los años setenta el número de tax havens ha pasado de 25 a 80.
  • Se estima que el 23% de los depósitos bancarios del mundo se halla en los paraísos fiscales.

  • Todas las empresas del Ibex 35 (menos una) están presentes en paraísos fiscales, con 810 filiales confirmadas, según el informe La ilusión fiscal elaborado por Oxfam Intermón.

  • Existen varios millones de sociedades off shore en todo el mundo. Sólo en las Islas Vírgenes, con 23.000 habitantes hay casi un millón de estas sociedades que, por otra parte, se crean de forma compleja y en varias capas para dificultar su inspección. En una única oficina de Delaware, EEUU, hay 285.000 sociedades como Mossack Fonseca.

  • Los estándares contables internacionales, establecidos por una élite tecnocrática elegida entre las propias corporaciones, (IASB), permiten que una multinacional presente sus resultados de forma consolidada en lugar de hacerlo país por país. Con ello queda oculta la transferencia de los activos entre las empresas del grupo situadas en distintas naciones, simulando ventas sin beneficios excepto en el país con menores impuestos, donde finalmente declararán todos los beneficios, -transfer mispricing-. Por otro lado, también queda oculto el riesgo de los activos perjudicando con ello la estabilidad financiera global.

  • Los flujos ilícitos de capitales procedentes de los países en desarrollo superan en diez veces la ayuda a los mismos y doblan su deuda. Se puede decir que son estos los que financian a los demás países (o a sus élites) y no al revés.

  • Según Global Financial Integrity, entre un 60 y un 65% de la cantidad global que sale de los países en desarrollo hacia los paraísos fiscales correspondería al fraude y la evasión fiscales de las corporaciones multinacionales, entre el 30 y el 33% al crimen organizado, y entre el 3 y el 5% a la corrupción.


Algunas medidas contra la evasión fiscal reiteradamente solicitadas a los gobernantes, entre otras muchas propuestas más detalladas, que permitirían recaudar los impuestos y hacerlo en los países donde se realizan las ganancias:

  • Presentación de cuentas país por país obligatoria para las corporaciones multinacionales.
  • Intercambio de información entre países de forma automática y multilateral, (no a petición de parte y de forma bilateral, lo que deja en desventaja a las naciones menos poderosas), así como dotar de capacidad real al Comité Fiscal de la ONU.
  • Publicar quiénes son los beneficiarios, ordenantes, gestores y otros intermediarios de las compañías fantasma. Registros mercantiles públicos.

En la primera mitad de este ameno programa podemos encontrar las claves principales para entender cómo las élites evasoras se sirven de paraísos fiscales, además de algunas sencillas medidas para acabar con esta iniquidad que sólo dependen de voluntad política, (explicadas por José María Peláez, Inspector de Hacienda, ex-presidente de la organización profesional de inspectores de Hacienda y uno de los mayores expertos de España en la lucha contra la evasión fiscal).



Peláez recomienda entre otras cosas:
  • No reconocer personalidad jurídica a todas las sociedades que operan en paraísos fiscales, (previa confección de una lista negra de los mismos incluyendo en ella a todos los que no compartan su información de forma automática y sin cortapisas). Con ello estas sociedades no podrían realizar ningún negocio reconocido jurídicamente en territorio español, quedando bloqueada su actividad en la misma notaría.
  • No permitir que los bancos tengan sucursales en los paraísos fiscales, o bien exigir que aporten la misma información sobre su actividad que la reportada en España.

Pero recomiendo escuchar también la segunda parte del programa enlazado, la entrevista a los músicos de la Fundación Tony Manero, porque pareciendo un tema poco relacionado con el primero, creo que su historia ilustra bien los mecanismos del poderoso caballero actuando sobre nuestra docilidad cultural. A lo mejor comprendiendo esta raíz común entenderemos por qué los políticos comerciales nunca tomarán la iniciativa para acabar con el mal que está en su mano, (nunca mejor dicho). Y por si no es bastante, enlazo otra interesante charla sobre los vídeos de moda en Youtube que muestra su condicionamiento político y su mediación en el nuestro. 

Todos sabemos que las radiofórmulas elaboran sus listas de éxitos antes de que el éxito tenga lugar, en base a la inversión que se decide realizar, y salvo excepciones la fórmula funciona: el éxito se cultiva en nuestras mentes. No hay motivo para pensar que esa manipulación no es trasladable a la política económica (donde tantos intereses están en juego). El éxito de las ideas se cultiva mediante una adecuada selección de expertos que imparten doctrina como curas modernos desde el púlpito de sus pizarras televisivas. Además se compra la afinidad de los representantes con la financiación de sus campañas y con puertas giratorias. De este modo, al igual que tenemos éxitos comerciales, tenemos partidos comerciales. Al menos en la medida en que no decidamos abandonar nuestra docilidad cultural. Esto, junto a una amplia estructura de intereses creados, lleva a tolerar como una fatalidad la corrupción, la evasión fiscal y la propia globalización. 

“La corrupción no es una desviación contingente del sistema capitalista global, es parte de su funcionamiento básico. (...) El sistema jurídico capitalista global es en sí, en su dimensión más fundamental, la corrupción legalizada. La cuestión sobre dónde comienza el crimen (cuáles operaciones financieras son ilegales) no es una cuestión legal, sino una cuestión eminentemente política, atañe a la lucha por el poder.”

Como decíamos al principio, la evasión fiscal sólo es la expresión más depurada de un proceso más amplio que llamamos globalización. Con la legalización progresiva de lo que fueron formas ilegales de producir y de comerciar es posible que, antes de acabar con la evasión, esta deje de serlo porque el avance de la globalización haya arrastrado todas las legislaciones a un mismo inmundo nivel.

De hecho ese es el camino emprendido cuando se han establecido listas de países con distinto grado de transparencia, colocando en listas grises y blancas a numerosos lugares considerados antes paraísos fiscales por la mera promesa de colaboración futura. El asunto llega al ridículo (o a la burla) de que se ha llegado a blanquear algunos de estos lugares por compartir información entre ellos. La competencia fiscal fomenta ese mismo camino mediante la elusión legal cuando, por ejemplo, las deducciones convierten cualquier estado en un refugio fiscal selectivo en el que las grandes empresas apenas pagan. Pero esto es parte del mismo proceso global que convirtió la cesión ilegal de trabajadores en subcontratación legal (al introducir las ETT en los 90) en favor de la flexibilidad laboral y de la inflexibilidad patronal; o que cambió la ley del suelo dando lugar a la burbuja inmobiliaria que tanto se nutrió de capital extranjero; o que cambia la ley de montes o la protección de los parques naturales para una mayor explotación comercial de los mismos.


Las leyes no tienen por qué ser inmutables, pero una vez abierta la puerta a la libre circulación de capitales, el chantaje económico que estos pueden perpetrar sobre cada parlamento impide o dificulta mucho revertir el proceso en cualquiera de sus puntos. Como la pérdida de soberanía de los parlamentos no se sustituye por foros democráticos equiparables al ámbito de libre comercio, la globalización implica la eliminación progresiva de la democracia (en la pobre medida en la que esta pudiera existir). Y esto se hace deliberada y conscientemente: se nos dice que los inversores o los acreedores deben poder juzgar nuestro comportamiento económico… como proveedores de su riqueza. Por tanto el problema es también ideológico.

Fuente: Luis Molina - EFC
Extrañamente se vende como imparcialidad el criterio de quienes son interesados y parciales por definición. La mayor parte de los fondos especulativos mundiales operan desde lugares opacos, algo a tener en cuenta cuando nos hablen de "los mercados", esos entes en los que hemos depositado la confianza en nuestras economías a la vez que evitan ser fiscalizados por nuestro criterio colectivo.

Al añadir el fraude, la evasión y la elusión fiscal, la desigualdad global es mucho peor de lo que creemos y mucho peor de lo que, por ejemplo, ha podido calcular Oxfam, y esto deja claro que eran innecesarios y represivos los ajustes fiscales y la austeridad impuesta precisamente sobre quienes tienen necesidades sin cubrir entre el derroche lujoso de quienes ya viven muy bien. Ha sido una estafa. Aunque por debajo estemos afrontando y acrecentando un problema de recursos naturales, también se ha dado una enorme estafa. Las élites se han defendido de la crisis de fondo imponiendo una mayor desigualdad.

Teniendo en cuenta esto último, está claro que acabar con la evasión no sería más que un primer paso para afrontar los problemas del presente. Pero es necesario dar ese paso para resolver también el problema de los recursos naturales y el, más dramático aun, deterioro de la biosfera. Cabría pensar que la extralimitación ecológica en la que se ha sumergido el mundo no se vería alterada por una recuperación fiscal, (un mero cambio de cromos monetarios). O que incluso esta recuperación quizá diera lugar a un mayor consumo. Y sin embargo el efecto de la represión económica -mal llamada austeridad- ha sido contraproducente: los afectados sólo ven futuro en un mayor crecimiento económico que, quizá, ofreciera empleos estables. Y la prueba está en que esa es la esperanza que aglutina votos en las nuevas formaciones de la izquierda (aunque incluyen corrientes diversas). Con la represión algunos compran menos a costa de sufrir injustamente pero las políticas productivistas renuevan un masivo apoyo por otras vías ante el miedo a continuar o a caer en esa situación. Una huida hacia adelante de consecuencias imprevisibles para el planeta.

Lo que necesitamos, yendo algo más allá del primer paso, es que el flujo de dinero recuperado se repartiera entre quienes sí tienen necesidades sin condicionar este reparto a que el mercado les permita participar en una mayor actividad productiva, ya de por sí insostenible (y que, en puridad, deberíamos llamar actividad transformadora). Y es que esos cromos o esos números en la pantalla del banco no son inocuos precisamente por nuestra consensuada fe en ellos; porque hemos decidido que nada se recibe si no es a cambio de ellos.



Por su parte los empresarios alegan que las circunstancias de la globalización les obligan a adaptarse a las mismas y a actuar así, evitando los impuestos, explotando a trabajadores y esquilmando la naturaleza allá donde las leyes lo permitan (o subcontratando la esclavitud, la contaminación y la irresponsabilidad fiscal) como forma de sobreponerse a la competencia. ¿Pero quiénes han apoyado el proceso globalizador? La aparente inocencia (a)política de esta gente sería inmoral precisamente por apolítica si realmente lo fuera, pero salta a la vista que en realidad es falsa y que lo suyo es aprovecharse cruelmente. Los márgenes ganados a costa de la explotación neo-colonial dejan en evidencia sus argumentos. No necesitan esa esclavitud ni esa obsolescencia modal -cada vez más breve- para que la actividad sea rentable sino para satisfacer su codicia y para ganar poder.

A menudo se disculpan las deslocalizaciones con el argumento de que favorecerán a países lejanos y empobrecidos). Pero si realmente buscaran el desarrollo de estos, tendrían que haber pagado el mismo salario que aquí, (pongamos que descontando el transporte). Puesto que pagan una cantidad menor salta a la vista que el desarrollo es una disculpa. ¿Cómo puede ser desarrollo la esclavización? Los empresarios parecen confiar el "progreso" de esos países a que los trabajadores sean capaces de luchar precisamente contra ellos, contra los empresarios, que es lo que en el pasado cambió algo las cosas por aquí. La hipocresía es monumental, especialmente cuando la propia globalización pone muy difícil esa desigual lucha, o cuando el citado transfer mispricing es ampliamente utilizado para eludir los impuestos que tendrían que pagar allí. Y la historia demuestra que el desarrollo no depende de esa libertad para las invasiones y para las fugas de capital privado foraneo. En cuanto a los daños ambientales, el daño está hecho desde el primero de ellos. Cada uno de ellos es un retroceso respecto al horizonte de una sociedad mejor. 


Otro argumento ampliamente utilizado es el incremento de la competitividad general, más allá de cada estado, que supone este proceso globalizador. Pero se trata de una competitividad que no mejora nada el mundo pues no deriva de un aumento de capacidades sino de la extorsión política mediante leyes compradas en una subasta a la baja. ¿Acaso elegir unas reglas del juego más cómodas es jugar mejor? Este aumento de capacidades sólo puede aparentarse no contabilizando lo que destruimos, y no teniendo en cuenta la eliminación de competidores locales por parte de las multinacionales gracias a esta capacidad falseada. Con ello se socava la autonomía local de todas las poblaciones haciéndolas vulnerables, chantajeables, frágiles ante los cambios futuros y dependientes de los mercaderes globales.

Todo tipo de bienes que pueden ser producidos cerca de las zonas de consumo pasan por un absurdo transporte de miles de kilómetros. Lo que parece racional desde un punto de vista crematístico (porque es rentable) resulta irracional si tenemos en cuenta los recursos energéticos y el impacto ambiental de su transporte. La organización eficiente en el marco de una empresa resulta antieconómica cuando observamos el conjunto resultante. 
 . 
Visualización del transporte global, sólo el marítimo

Pero este resultado conjunto es despreciado por la forma de medir las cosas de la economía convencional. Esta se limita a agregar en una suma las eficiencias particulares que no mostraría una eficiencia general si incluyéramos los costes externalizados. Y a las personas también se les impone una movilidad no deseada, a veces masiva, (del campo a la ciudad o de países empobrecidos a los opulentos), y a veces diluida en una miríada de individuos que buscan salir del paro dentro de los países enriquecidos. La primacía de la máxima rentabilidad presente es una idealización dogmática: este criterio no coincide con el de una lógica organizativa conjunta sostenible y al servicio del ser humano. 

Y es que llamamos comercio internacional a lo que en realidad es un comercio entre particulares, no “entre naciones”, no concretado por los gobiernos en función de las necesidades de cada estado considerado en su conjunto. En lugar de ello, lo que decide cada intercambio es la posibilidad de maximizar el lucro de élites privadas cuyos intereses no tienen por qué coincidir con los de ningún país concreto.

Se nos dice que el intercambio de excedentes mediante el comercio global, (tantos como sea posible producir y vender), supondrá un beneficio mutuo porque cada territorio obtendrá lo que no puede producir y venderá lo que puede producir en demasía. Se extrapola así la dinámica de un mercado de productos locales al planeta en su conjunto. Pero esta dinámica (además de basarse en el citado trampeo de las leyes locales que condiciona dónde surgen los excedentes), queda diluida en un volátil océano de capitales privados que no necesitan comprometerse con ninguna empresa y con ningún país para hallar un beneficio mayor gracias a la posibilidad de especular con los incesantes cambios inducidos en las valoraciones bursátiles, en las legislaciones y en las normativas fiscales. El valor monetario de los derivados financieros multiplica varias veces el valor de la llamada economía real. Con ello las economías se ven asediadas por una sucesión de burbujas invasivas, decepciones de expectativas y amenazas de fuga de capitales que dejan endeudadas a poblaciones enteras

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No al TTIP: http://www.noalttip.org/

Actualmente la integración económica global iniciada con las rondas del GATT, luego OMC, continúa a través de tratados que intentan llevar más lejos esta política. Ante la división de la OMC entre BRICS y el resto de países desarrollados, los gobiernos representativos de estos últimos están promoviendo nuevos tratados de libre comercio como el CETA, el TTIP y el TISA, siempre al margen del conocimiento y de la participación ciudadana. Se entiende que su infame secretismo es necesario para igualar a la baja los estándares legales. 

Al hacer una contabilidad nacional algunos territorios parecen beneficiados en la medida en que sus empresas han podido aprovecharse de la situación en otros lugares, pero en la práctica sólo las clases pudientes reciben los beneficios de esa explotación basada en la especulación, el endeudamiento y la extorsión a las legislaciones locales. El descontrol de capitales y el comercio incontrolado y maximizado causan una destrucción que supera los problemas de financiación o de crecimiento que se pretendían solucionar. Y es que a menudo esos problemas sólo son tales en el marco de una competición económica territorial que exige lograr la máxima producción nacional posible. 

Mientras nosotros nos preocupamos por un PIB medido territorialmente, las élites juegan a un juego distinto, al margen de todas las poblaciones, aunque utilicen banderas de conveniencia. La comparación del producto nacional de cada territorio es sólo un escenario de cartón piedra para condicionar nuestra percepción y para distraernos con cálculos inútiles en una competición falsa. Cuando el proceso acabe sólo existirán economías privadas sin fronteras y sin otra regulación que la pactada entre sus dirigentes particulares. Eso sí, la mayoría de las personas estaremos confinadas localmente, sólo movilizadas laboralmente como recursos y bien vigiladas porque, como dijo el G20 hace ya siete años, la era de la opacidad se ha terminado, (¿o se referían a otra cosa?).

"Celebración de la caída del muro de Berlín"

El señuelo final es el consumo. Quienes pueden permitírselo ven bondades en todo este tinglado porque pueden comprar barato incesantes novedades. Este mirífico consumo es el tesoro al que no se quiere renunciar. E incluso se confunde con la libertad y la democracia sólo porque uno puede elegir entre una gama limitada de objetos y de servidumbres predefinida por el mercado y sus controladores. ¿Pero acaso deja de ser dependiente el adicto sólo porque pueda elegir entre un traficante cruel y otro piadoso?

La generalización de un consumo y una inversión responsables podría ayudar a cambiar los efectos del mercado, pero quienes más necesitan ese cambio son precisamente quienes menos capacidad de consumo y de inversión tienen. Además la información necesaria para elegir bien sería inabarcable para cada consumidor aunque no se nos ocultara ni fuera imperfecta. Y por último, si esa conducta depende de la buena voluntad y no de la legislación, una minoría enriquecida que no suscribiera esta opción continuaría haciendo mucho daño. Sólo con una Economía del Bien Común establecida por ley, sin escapatoria, el consumo tendría un efecto significativo. Pero aun así hay muchas opciones de política económica ahora vetadas por “los mercados” que simplemente no pueden decidirse mediante el consumo. 

Si el mercado libre y el libre comercio global es intensamente defendido como regulador social por las élites económicas es porque, aparentando ser un sistema accesible a todos por igual, en realidad es fácilmente manipulable por quienes concentran mayor capital, (además de excluyente para quien no lo tiene).

La conclusión sólo puede ser que estamos, ante todo, frente a un problema político. 

Pero dejaré para otra entrada la posibilidad de abordar, siquiera como horizonte de referencia, un planteamiento alternativo a este sistema político que llamamos economía globalizada.


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A través del espejo liberal: Parte (1); Parte (2)