Las tendencias de la época que nos ha tocado vivir apuntan
hacia escenarios futuros que tienen grandes incertidumbres pero que, de
realizarse, muchos de ellos entrañarían enormes riesgos para la vida de las
generaciones futuras. Esta clase de escenarios “posnormales” requieren tener en
cuenta todas las clases de incertidumbre presentes, y las diferentes escalas de
valores de los sujetos a los que afectan los riesgos (Funtowicz y Ravetz,
2000). Sería interesante discutir esto en detalle en algún otro lugar. Aquí me
gustaría ahondar un poco más en el debate lúcidamente abierto por Emilio
Santiago Muiño (2019) en la revista 15/15\15, sobre los errores cometidos por los grupos
relacionados con la divulgación del Peak
Oil o cénit del petróleo en la interpretación y comunicación del problema,
y en el tratamiento de sus incertidumbres.
Los sistemas sociales son sistemas muy complejos. El
paradigma científico contemporáneo de los sistemas
complejos los considera como sistemas jerárquicos que se automantienen.
Koestler llama “holones” a esta clase de sistemas jerárquicos porque tienen la
peculiaridad de ser a la vez un “todo” (un sistema en sí mismo) y una “parte”
de un sistema de mayor escala (que es la biosfera). Además, el sistema social
está constituido por partes que son entidades biológicas (humanos) y
tecnológicas (los actantes de Latour, objetos técnicos en interacción con los
humanos). Estos constituyentes biológicos son sistemas autoorganizativos
autopoiéticos (que crean continuamente su propia existencia material y
organización) y que se comportan como agentes de comportamiento en parte
impredecible. Y lo que es peor, el entorno o ambiente en el que las sociedades
se re-producen, la biosfera, es también un sistema auto-organizativo que se
automantiene y que se adapta a su propio entorno geológico.
Los holones sólo son parcialmente predecibles (en algunas de
sus propiedades emergentes) en situación de (meta)estabilidad; en momentos de
inestabilidad de los flujos de energía, materiales e información entre sus
componentes (o hiperciclos) son muy
sensibles a las perturbaciones. En nuestro caso, una sociedad en crisis se
vuelve muy sensible a las movilizaciones colectivas de sus componentes humanos.
En situaciones de crisis de sus formas habituales de re-producción, los
sistemas sociales son muy impredecibles
pues distintas movilizaciones de sus agentes-actantes componentes puede
modificar su auto-organización habitual, y desequilibrarlo hacia nuevas formas
económico-políticas que se institucionalizarán con el tiempo sustituyendo a las
anteriores.
En funcionamiento estable, los sistemas complejos no son
deterministas, puesto que lo mejor que se consigue observándolos es identificar
distribuciones de probabilidad en la evolución de sus propiedades emergentes;
pero en situaciones de crisis ecológica, económica y/o política, los sistemas
complejos jerárquicos se vuelven especialmente poco deterministas, puesto que
ni siquiera es posible definir una probabilidad para su comportamiento futuro.
¿Qué es lo mejor que podemos hacer en nuestra situación, con
dinámicas en el sistema económico-social que pueden conducirlo a un colapso en
las próximas décadas? Trataremos de responder a esta pregunta en los apartados
siguientes.
Observemos fríamente antes de hacer proyecciones
En primer lugar, parece
recomendable observar de cerca al sistema complejo usando el mínimo posible de
teorización, pues en situación de inestabilidad las antiguas “leyes” que
describían aproximadamente el comportamiento estable del sistema dejarán paso a
nuevas leyes emergentes. Estas nuevas leyes deberán ser compatibles, por
supuesto, con las leyes de la termodinámica, pero éstas nos dicen poco sobre
las nuevas formas de organización que se pueden ensayar entre los grupos
humanos y las tecnologías disponibles.
“Mucha observación y el mínimo de teoría conducen a la
verdad”. Este principio fue formulado por primera vez por Al-Hazen (965-1039)
de Basora, considerado el físico más importante del medievo. Si en lugar de
atenernos fielmente a la observación preferimos usar teorías preexistentes, la
mayoría de las veces nos equivocaremos. Hay un texto de tiempos de las cruzadas
que ilustra de forma muy interesante las consecuencias prácticas que pueden
derivarse del uso de grandes abstracciones filosófico-religiosas en sustitución
de un vulgar empirismo. Se trata de un incidente recogido por Usama Ibn Múrxid,
emir, caballero, poeta y hombre de letras (1095-1188) en su manuscrito
autobiográfico "Kitab al-Itibar" («Libro de las Reflexiones»),
descubierto en la Biblioteca Árabe de El Escorial por el arabista Hartwig
Derenbourg, y publicado en francés en 1889, y que también recoge Amin Maalouf
en su libro “Las cruzadas vistas por los árabes”. Esto es lo que escribe Usama:
