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lunes, 22 de octubre de 2018

Deconstruyendo Auschwitz: las raíces de nuestro afán destructivo

"El trabajo libera", se leía a la entrada al campo.


Aprovechando el paso de la exposición de Auschwitz por Madrid me ha sido posible apreciar de primera mano hasta qué punto esa “fábrica de la muerte” es un producto típico de nuestra civilización. Si la ideología de la modernidad, cuya expresión más elocuente debemos a los filósofos de la ilustración, mostraba una fe absoluta en la “razón” para solucionar los problemas humanos, hasta el punto de que Condorcet pensaba que la ciencia lograría

la infinita perfectibilidad de la especie humana

en Auschwitz esa “razón” se puso manos a la obra para solucionar, de la forma más racional y científica posible, el “problema” judío.

Pues, tal y como narra la exposición, aquello no fue la obra de un loco, fue la obra de toda una sociedad, que colaboró activamente en el exterminio sistemático de millones de personas, o en el mejor de los casos simplemente se mostró indiferente ante lo que estaba pasando.

El campo de Auschwitz-Birkenau terminó siendo un mastodóntico campo de exterminio y trabajo forzado. Diariamente llegaban trenes cargados de personas, que eran seleccionadas en el andén. Una pequeña parte era seleccionada para trabajar, y se les permitía vivir como esclavos, en condiciones de extrema dureza. La mayor parte eran ejecutados de forma científica al llegar y sus cadáveres incinerados. A otro pequeño grupo, sobre todo gemelos, se les permitía vivir para servir de cobaya humana en experimentos médicos.

Mientras, el personal que administraba el campo, cumplía sus funciones sin ser perturbados por el enorme dolor y sufrimiento diario allí infringido. Llama la atención como en sus días libres cantaban y se divertían sin el menor remordimiento.


Por otro lado el resto de la sociedad alemana (con muy contadas excepciones) contemplaba lo que estaba pasando con simpatía o indiferencia. Aunque no es Alemania sino en Viena, es muy significativa esta descripción de George Gedye, periodista británico.

Lo que empaña la imagen de la Viena que pensaba conocer no es la brutalidad de los nazis austriacos que he presenciado o verificado a través de las víctimas. Sino la masa desalmada, sonriente y de sobrio atuendo que llenaba el Graben y la Kärntnerstrase y reñía por acercarse al edificante espectáculo que ofrecía un cirujano judío de rostro ceniciento caído al suelo, a cuatro pies, al que golpeaba media docena de vándalos de escasa edad con brazaletes de la cruz gamada y fustas para perros. Los vieneses – no los nazis de uniforme ni una turba enfurecida, sino el hombrecillo vienes y su esposa – se limitaban a contemplar con una sonrisa de aprobación aquel divertimento espléndido.

¿Cómo fue posible aquello? Postulo que esencialmente fue posible gracias a seis ideas rectoras, que podríamos aventurarnos a llamar meta-supuestos civilizatorios (por analogía con los meta-axiomas de los modelos científicos), que son propias de nuestra civilización, y que en este momento de la historia ya no son adaptativas. Algunas datan de tiempos de los griegos o son incluso anteriores, otras aparecen o se asientan durante la modernidad. Todas esas ideas siguen con nosotros, y lo que podemos esperar de ello no es nada halagüeño ¿Puede repetirse Auschwitz? Sí. O un genocidio larvado por hambrunas causadas por el cambio climático, ante la indiferencia general. Estas son nuestras peligrosas ideas:

martes, 14 de noviembre de 2017

La RDA y su fenómeno de solidaridad.

Son las siete y media de la mañana, un día a finales de noviembre. La escarcha en los campos brilla a la luz de las farolas de la carretera. Ando rápido con la bufanda delante de la boca, cuesta arriba en la acera al otro lado de la calle que me separa del campo abierto. A mi izquierda casas unifamiliares con jardines de diseño pragmático, casi lacónico. Enanos de yeso, hiedra abraza las zarpas y escalones de piedra arenisca, abetos plateados, manzanos huesudos, abedules cuyas hojas amarillas están caídas, aun sin ser recogidas del césped, corto y simétrico.

Después de dos kilómetros de marcha rápida llego al colegio. Tengo 11 años, soy alumno del colegio primario politécnico Nr.81 “Robert Weber” en Dresde. Mi nariz empieza a soltar moco líquido y a medida que mi cara entra en calor comienzo a tener la típica sensación de fiebre que dura unos diez minutos. La primera clase del día es “Staatsbürgerkunde” (en inglés coincide bastante con el concepto de “civics” , se podría denominar educación para la ciudadanía).

Todos de pie ejercemos el saludo obligatorio de cada mañana con la mano abierta enzima de la cabeza. El profesor dice en voz alta: ¿Para paz y socialismo, estáis listos? Respondemos en perfecta sincronía en coro: “¡Estamos listos!” …emocionante. La unidad y disciplina colectiva que genera este saludo crea solidaridad en los retos del aprendizaje entre los alumnos durante casi todo el día, pero hay un problema: rechazo por instinto la unidad sentimental forzada. Soy uno de tres en la clase de 26 que solo mueven la boca en el saludo pero no les sale ningún sonido. Los tres somos amigos. Nos une la resistencia silenciosa contra un reglamento moral impuesto. La profesora, una señora que sobrevivió al bombardeo ingles del 13 de febrero 1945, tiene peluca rubia y una barriga apretada en unos pantalones de cuero lacados. Comienza la clase: “Hoy os presento otro personaje importante en la lucha contra la decadencia y la amenaza imperialista. Rosa Luxemburgo, una valiente activista que luchó con mucho coraje. Es un gran ejemplo para la lucha por la libertad democrática de los pueblos y los valores socialistas y anticapitalistas. Se hizo imprescindible en el movimiento del proletariado socialista y …”. Siguen 45 minutos de homenajes superlativos, emotivos y épicos sin dar ninguna referencia concreta a sus textos. Hoy sé, porque he leído algunos textos suyos, que Luxemburgo jamás hubiese tolerado tal adoctrinamiento simplista.

El estándar, lo normal, la uniformidad estaba por todos lados en esta época de mi vida. Tenía la misma ropa que el hijo de mi vecino. Comíamos los domingos todos lo mismo en todas las familias. Pollo asado o redondo de ternera u otra cosa que daban los supermercados, carnicerías y pasteleros estatales en aquel momento. 

                                           Día de la República, llegada de los tractores en la cooperativa agricultura estatal de un pueblo 

Obviamente se hacía un gran esfuerzo por parte de las instituciones (ministerio de cultura y educación, liderado por la esposa de Honecker, Margot) para atender al deseo normal de expresión individual de la gente. La competición amistosa en el ocio era el canal de expresión para la individualidad pero solo bajo un denominador común que era el “anticapitalismo y antimperialismo”. Juegos de atletismo, eventos culturales, literatura, música, absolutamente toda actividad cultural llevaba la connotación ideológica del estado. Usualmente con banderas y simbolismos evidentes como el "martillo y circulo en la corona de púas" o claveles rojos para el ganador de una competición o la paloma blanca como símbolo de la vuelta de ciclismo “Friedensfahrt” (vuelta por la paz). Las discográficas estatales "Amiga" y "Eterna" lanzaron series muy completas de música jazz de origen afroamericano, instrumentalizando el trasfondo esclavista para hacer propaganda antifascista y antiracista. En muchas familias hubo una colección de discos de música jazz y clásica de varios miles de vinilos. Como el Rock/Pop/Funk era un producto de la cultura imperialista decadente y como tal prohibido, se tenia que compensar y fomentar otro tipo de música entre la población.

Mi madre, gitana polaca de nacimiento y amante de la filosofía espiritual de Grigori Rasputin, no tenía sitio en esta sociedad de un régimen que pretendía estar libre de contradicciones ideológicas y así fue que nuestros mejores amigos no eran los altos funcionarios del partido sino los vecinos judíos. Judíos que decían que a pesar de todo lo malo que les había ocurrió como pueblo, también jugaban un papel importante en su genocidio los traidores en las propias filas. Y un judío que critica con matices a los suyos y una gitana que no comprende el racionalismo ateo de Marx eran como arena en el engranaje ideológico de la "República Democrática de Alemania".

                                                     Erich Honecker, Margot Honecker, Nieto: Roberto Yañez, Hija: Sonja Honecker

Es fácil imaginar que las personas tienen mucho más que aportar desde su biografía que cualquier sistema político normativo que una nación pueda albergar. Una República democrática es igual de limitada en su tolerancia que cualquier dictadura si solo se define a través de imágenes de enemigos en común y recurre a despreciar la actuación de los que están fuera del sistema, y sin un examen sobre los propios retos, objetivos, características y una exigencia ética que no puede justificar su imperfección con la, aun peor, ética del otro.

De niño se vivía bastante despreocupado, la seguridad social era 100%. El hecho de que los padres no sufrían miedos existenciales a hipotecas que no pueden pagar o a perder el trabajo, se traspasaba a una tranquilidad de base en los niños. Pero entonces ya era consciente de que esta despreocupación tenía un precio muy alto que pagaba la comunidad entera de la RDA con restricciones intolerables de libertad de expresión, movilidad geográfica y vigilancia secreta por amigos y familiares que actuaban de espía y soplón para la STASI. 

Siendo alguien que le gusta mucho saltarse la reglas, pronto me di cuenta que las consecuencias de saltárselas eran nefastas. Por ejemplo, montamos un mercadillo clandestino con revistas occidentales de música pop, chicles de la república checa y vinilos y casetes de Depeche Mode, Sandra y otros. El día que nos pillaron, estoy seguro, se crearon tres actas familiares mas en los registros de la STASI si no estaban antes por la indisponibilidad de mi madre a hacerse miembro del partido gobernante SED. Fuimos suspendidos una semana del colegio. En esa semana tuvimos visita en casa, primero de la directora del colegio y luego de dos señores desconocidos que hablaron mucho tiempo con mis padres en la mesa de la cocina y luego conmigo. Les conté la verdad, que las revistas llegaban en los paquetes que mandaba la abuela desde Stendal durante el año. Los jubilados que vivían cerca de la frontera tenían permiso para viajar a occidente 2 o 3 veces al año (sin pernoctar).

Después la solicitud de una linea de teléfono fijo nos fue cancelada. Los viajes de vacaciones estatales al mar báltico de todos los meses del verano fueron anulados y mi padre de un día para otro no tenia un Opel Record sino un Scoda MB1000. Mi hermano fue de golpe rechazado en la escuela de ballet "Gret Palluca" aunque había sido admitido previamente (luego en 1990 volvió a presentarse y acabó los estudios superiores de bailarín clásico). 

Todo por mi culpa. Hoy se que fue el método para crear división entre la gente. Hacer pagar a una gran cantidad de personas por una violación de reglas que ha cometido una sola.

Vemos que por mucho que una ideología se dote de valores moralmente positivos como la libertad. la democracia, la igualdad y la educación, no puede funcionar si por debajo se esconde el afán absolutista. El absolutismo, normalmente nacionalista, insiste con una retorica romántica, que todos deberíamos tener claro quien es el gran enemigo y quien es el único que representa los buenos valores de la democracia. Se chantajea la conciencia de la gente con la siguiente dialéctica. "¿Tú no quieres ser demócrata, libre y buena persona? Pues si no te apuntas a lo nuestro eres mala persona y solo miras por ti mismo, los únicos que queremos libertad y democracia somos nosotros. Somos los únicos en el mundo que somos capaces de comprometernos con estos valores".

                                                                   Casal de acampada de los pioneros "Ernst Thälmann"

La democracia es solo una herramienta. No es ningún valor con el que se puede calificar a una persona. Pero los absolutistas hacen uso de este termino para cualificar o descalificar a personas a nivel moral e incluso muy personal con amenazas. 

En el año 1987 se produjeron varias reuniones entre Gorbachov, Kohl y otros lideres de occidente. El caso era que Alemania occidental y Gran Bretaña tanto como la URSS y la RDA estaban muy mal económicamente. De forma muy resumida se negoció la abertura del telón de acero y el fin de la guerra fría con la abertura de las fronteras entre los dos estados alemanes.

El 90% de la Industria y producción agrícola de la RDA fue subrogada a inversores alemanes occidentales a precios en muchas ocasiones tan solo simbólicos. Un win-win. La casta política de la RDA ha podido escabullirse de una tragedia social y económica al no tener que responsabilizarse por la miserable infraestructura que dejó el sistema de economía planificada. Su gobierno salio del lío como victima idealista y naif, teniendo aun hoy, mucha gente a su lado. Por otro lado, la nefasta economía occidental ha tenido la gran oportunidad de invertir en nuevos negocios y de llegar a 15 millones de nuevos consumidores, hambrientos por los productos occidentales. La expropiación civil del año 1949 se anuló y los hijos o nietos pudieron reclamar su vieja herencia (casa, campos, manufacturas).

Una gran parte de la población quería un estado nuevo y transitorio para la RDA. Un nuevo socialismo sin corrupción ni espionaje civil. Pero su voz no tenia partidos y por tanto ningún reflejo parlamentario, tampoco interesaba a los fuerzas externas que ya habían definido el destino y la agenda para la anexión completa del estado ex-comunista alemán. La burocracia capitalista estiró sus ocho brazos de pulpo y ahogó cualquier propuesta para un estado mejor con falsas promesas de prosperidad infinita y libertad absoluta, bien fundadas en las formulas incomprensibles y esotéricas de la escuela de economía política de los años 70. Simplemente no era el plan volver a intentarlo. 

A la gente se les había permitido manifestarse para la re-unificación de Alemania desde 1988 porque era nulo su impacto, ya fue decido años atrás que así lo fuera. Cuando entre 1990 y 1995 las voces criticas en las masas aumentaban y exigían cada vez mas, ya no había policía, ni cuerpo militar, ni profesores, ni instituciones que les escucharan. Simplemente fueron ignorados. En esa época, Alemania oriental parecía un paraíso para anarquistas. Montamos clubes de música tecno, exposiciones, conciertos, cines de fumadores con bar con sesiones eternas de Tarkovski, Lang y Tarantino, de los que no se sabia si eran ilegales o no porque no había órganos públicos en ningún sitio. Nos drogamos muchísimo. En las escuelas no había libros porque los viejos habían caducado por su contenido manipulado y los nuevos aun no estaban impresos. Hasta 1995 el capitalismo no logró del todo infiltrar la regulación publica a su conveniencia.

Desde entonces sé que cuanta mas libertad del mercado se permita, mas burocracia tiene que haber para la gente que ha de ser protegida de su salvajismo. A cambio, la burocracia que controla el libre mercado es mucho menor en recursos que una que proteja a la gente de él, con cada matiz personal que puede haber en las subculturas socio-económicas. 

Mucha gente de la RDA dice que vivía bastante feliz a pesar de las restricciones y controles. Me hace pensar mucho sobre qué es la libertad. ¿Podría ser que libertad no es la infinita posibilidad de escoger sino mas bien un campo limitado en el que uno se puede mover, pero profundizar dentro de esas posibilidades? ¿No tenemos siempre un limite cuantitativo en la vida de alguna manera? ¿No es libertad realmente la posibilidad de mejorar el aspecto cualitativo de la vida y no crear mas posibilidades cuantitativas simplemente para que las haya?  La gente de la RDA decía que lo que les hizo ejercer solidaridad y por tanto sentirse unidos y felices no eran las pautas morales del estado sino la carencia de recursos y la limitación del desarrollo individual en el ámbito profesional. 
La escasez material resultaba en una abundancia social.

lunes, 5 de septiembre de 2016

Producción, progreso y civilización: Marx y la izquierda reaccionaria



Escribía el profesor de la universidad de Barcelona Felix Ovejero en El País un artículo el pasado abril que dado su extraordinario interés merece recuperar ahora. El artículo se tituló “¿Hacia una izquierda reaccionaria?”, sin aclarar exactamente cual es esa izquierda, entre tantas, que se acerca peligrosamente a la reacción. Pero si uno se fija en el título que da el navegador a la pestaña este es “Podemos: ¿Hacía una izquierda reaccionaria? Opinión El País”. Algo más hemos aclarado, se trata de Podemos. El autor tiene pinta de ser uno de esos profesores que nuestro amigo Carles Sirera denomina “intelectuales orgánicos del régimen” y cuyo principal mérito académico es ratificar “el consenso”, en nuestro caso el de la transición, veamos los cargos.

Afirma el profesor, y para ello cita “El Manifiesto Comunista” de Marx y Engels, que el socialismo supuso la manifestación más auténtica de la ilustración, y por tanto, de la fe en la razón.

Con todos los matices que se quieran, bien pocos, el socialismo supuso la cristalización más consecuente del ideal ilustrado que encontró su más temprana manifestación en la Revolución Francesa. Como recogerá el verso de La Internacional, el movimiento socialista se entenderá así mismo como “la razón en marcha”. Esa vocación racionalista se mostraba, para empezar, en una tremenda confianza en el conocimiento científico como instrumento emancipador y en un progreso material, circunstancialmente encarnado por el capitalismo, que establecía las bases materiales de esa emancipación.

Esta “razón en marcha” encuentra expresión en tres postulados, bastante poco razonables a mi juicio, “ una confianza en el crecimiento de las fuerzas productivas como motor de la emancipación social”, “un profundo desprecio por el nacionalismo costumbrista, identitario” y por último “ la crítica a las religiones, viveros de irracionalidad, trampantojos de la injusticia y placebos del dolor humano”. En este artículo nos centraremos en realizar un análisis somero del primero de estos postulados, dejando el segundo para otro artículo, y quizás ¿quién sabe? un tercero sobre la cuestión de la irracionalidad de las religiones.

El progreso (¿qué es esto?), el desarrollo de las fuerzas productivas nos emancipará ¿verdad? Veamos como lo expresaban Marx y Engels en “El Manifiesto Comunista” al que Ovejero denomina “magnífico panfleto”

Hemos visto, pues, que los medios de producción y de cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la sociedad feudal. Al alcanzar un cierto grado de desarrollo estos medios de producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y cambiaba, toda la organización feudal de la agricultura y de la industria manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas. Frenaban la producción en lugar de impulsarla. Se transformaban en otras tantas trabas. Era preciso romper esas trabas y se rompieron.

De la misma forma, el desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas, para lo cual es necesario la creación de una clase proletaria, creará las condiciones que harán que la burguesía tenga que ser eliminada, suprimida, superada. El proletariado se convertirá en clase dominante y esto supondrá la abolición de las relaciones de clase.

El proletariado se saldrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas.

La razón principal para exaltar el desarrollo de las fuerzas productivas es que este conduciría de forma inexorable al final de la explotación de unos seres humanos sobre otros, con el triunfo del proletariado y el final de las relaciones de clase. Sería superfluo detenerse en este argumento que ha resultado ser notoriamente falso. Desde posturas ideológicas opuestas Fiedrich von Hayek y Cornelius Castoriadis han ofrecido diversas razones para explicar el porqué de este fallo de las predicciones de Marx. Ese debate, el de los porqués, es el interesante, porque a día de hoy es evidente que el desarrollo de las fuerzas productivas, multiplicadas por cien desde los tiempos de Marx, ni ha acabado ni acabará nunca con las desigualdades y la explotación. Sin embargo, el argumento “progresista”, parece haber sobrevivido a su refutación práctica, nos empeñamos en hacer lo mismo y lógicamente obtenemos los mismos resultados, seguimos esperando la emancipación que no llega. Por tanto el desarrollo de las fuerzas productivas se antoja realmente poco “razonable”, veamos de forma rápida las razones.

En primer lugar, los economistas ecológicos han demostrado que pasado cierto umbral, el de las necesidades de sustento y protección, umbral que han pasado hace tiempo las sociedades desarrolladas, el incremento de la producción no mejora el bienestar de las personas. Así por ejemplo el Indice de Progreso Genuino en las sociedades desarrolladas lleva estancado desde los años80. En la gráfica se muestra este indicados comparado con el PIB para EEUU:


Yo estoy dispuesto a argumentar que lo empeora, porque supedita nuestra actividad, nuestro objetivo, a una finalidad que es absurda, desperdiciar tiempo, energía y recursos en una producción que ya es suficiente. El tiempo, la energía y los recursos es lo que echamos de menos, como argumentaré ahora.

En segundo lugar, como ya expliqué en otro artículo, el incremento de la producción de bienes privados exige un incremento proporcional en el suministro de otros bienes que difícilmente pueden ser suministrados por el mercado, es decir, para beneficio privado. Su suministro es más eficiente desde el sector público, y esta por ver lo que puede aportar la autogestión del común, que posiblemente es mucho. Un ejemplo evidente es la movilidad, el énfasis criminal en el vehículo privado, y en su uso exclusivo como propiedad de una persona, en lugar de ser compartido por varios usuarios, ha llevado a la congestión de las carreteras y a deteriorar la calidad del aire de forma que prácticamente todos los españoles, prácticamente sin excepción, vemos mermada nuestra salud por ello.

En tercer lugar, y posiblemente es la razón principal, el incremento de la producción (fuerzas productivas en términos de Marx, cuando no se medía el PIB) no es gratis, viene de la mano de una disminución de los recursos, en términos de la economía ecológica, del capital natural. El deterioro ecológico no está necesariamente relacionado con el desarrollo humano, como han mostrado las investigaciones más recientes, pero el desarrollo de las fuerzas productivas en el que confiaba Marx como fuerza emancipadora de la clase trabajadora sí ha ido parejo a un deterioro ecológico importante. La biosfera se ha deteriorado, y las condiciones para la vida del ser humano en ella están bajo amenaza, como se sintetiza según la metodología de los límites planetarios que ya comentamos.


Por otro lado, los teóricos del peak-oil llevan tiempo advirtiendo del progresivo agotamiento de los combustibles fósiles, que provocará en algún momento que la producción se estanque o incluso disminuya. En la actualidad la energía consumida por habitante a nivel global permanece prácticamente constante desde el año 2010.


El desarrollo de las fuerzas productivas requiere recursos, de los que no dispondremos si los hemos consumido en el pasado.

Llama la atención, por tanto, que pese a quedar meridianamente claro que los efectos emancipadores previstos por Marx no se producen y por el contrario, se producen graves perjuicios al pretender seguir desarrollando las fuerzas productivas en un mundo lleno, esta cuestión se sigue agitando para llamar reaccionario a quién no comulga con ruedas de molino. Llama poderosamente la atención el consenso sin fisuras de liberales, socialistas y conservadores en torno a este punto. Para explicarlo tendremos que volver a recurrir a nuestro viejo conocido Cornelius Castoriadis, que en este vídeo explica:

Mi tesis fundamental, como ustedes saben, ya que, - imagino- han leído mi obra “La institución imaginaria de la sociedad” es que cada sociedad se autolegisla, es decir, cada sociedad crea sus propias instituciones. Institución es la lengua, las herramientas, la iglesia, los valores, la regulación de las relaciones sexuales. Institución es, naturalmente, la existencia de poder en una sociedad, y la forma en que se impone y se legitima este poder, etc. A estas instituciones las crea la sociedad. Y esto lo vemos cuando intentamos encontrar cual es el núcleo central de estas instituciones. Y vemos claramente que es lo que yo llamo “significaciones imaginarias”, es decir, significaciones que orientan los valores y las acciones de los hombres que viven en esa sociedad y las cuales, de ningún modo, pueden ser sostenidas, justificadas o anuladas lógicamente. Nadie puede demostrar si existe Jehova o el dios de los cristianos. Pero la refutación lógica de la existencia de Jehová o del Dios de los cristianos no tiene ninguna importancia. Avancemos un poco más. La sociedad capitalista contemporáne, la sociedad capitalista, en general, pone como significación imaginaria fundamental el aumento ilimitado de las fuerzas productivas, y más en general, el aumento ilimitado de una dominación racional sobre la naturaleza y sobre los propios hombres. Y esto lo presenta como una aspiración lógica. Ya naturalmente, esta aspiración que verdaderamente, juega un rol, absolutamente central y fundamental en la vida de la sociedad capitalista es, en un sentido, enteramente ilógica, enteramente arbitraria ¿Por qué deben aumentar sin límite las fuerzas productivas? ¿Por qué debe aumentar el dominio del hombre ante la naturaleza y ante los otros hombres? Y ¿qué significa siquiera que “aumenta el dominio”? Si lo vemos de cerca, lo tomamos, si lo analizamos bajo el prisma de una lógica estricta y precisa, esta idea, de un aumento sin límite del dominio racional es igualmente absurda, tanto como la idea del Dios cristiano, por ejemplo, o de la Santísima Trinidad, que es uno y tres a la vez, etc.

Que el aumento ilimitado de las fuerzas productivas es posible no puede ser ni sostenido, ni justificado, ni anulado lógicamente, al igual que no se puede demostrar que Dios no existe, ni que es falsa la idea de la Santísima Trinidad. Es algo que pertenece al futuro, no se puede negar que algún milagro como la fusión fría sea posible, dado que no conocemos el futuro. Sí podemos saber racionalmente que ello conlleva graves riesgos, como hemos argumentado anteriormente, pero a pesar de ello no se cuestiona porque juega un papel absolutamente central en la justificación y el mantenimiento de las instituciones actuales, que son las que orientan los valores y las acciones de todos nosotros.

Y aquí nuevamente toca disentir de lo expresado por Felix Ovejero, y es que pongo muy en duda que Podemos cuestione este aspecto fundamental de nuestra civilización, si bien debo reconocer que parece que existen en este partido dos corrientes, una más convencional, la de los herederos de Marx, a la que pertenece la diección del partido, y otra que proviene del 15M, y con aspiraciones más democráticas. Si uno es demócrata, cuestionarse el incremento de la dominación racional sobre otros hombres es lógico. Sería esta corriente dentro de Podemos la que para Ovejero sería "reaccionaria", y que desde mi punto de vista concentra a aquellos que todavía mantienen la esperanza en la emancipación del ser humano. Como diría Walter Benjamin, tenemos la obligación de mantener la esperanza porque todavía quedan demasiadas personas desesperanzadas.