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martes, 19 de junio de 2018

Veganismo, sostenibilidad y cambio social


El activismo vegano nos irrita y saca de nuestras casillas, nos interpela desde una posición moral, y eso es desagradable. Nadie quiere estar en el lado incorrecto de la moralidad, pero ¿podemos resistirnos? El veganismo es un ejemplo de cambio social que dinamita todos los prejuicios y frenos al cambio que hemos heredado de la tradición intelectual de la izquierda.



Quizás lo mejor sea empezar por el principio. El veganismo es una postura moral o ética, que rechaza la explotación de los animales por el ser humano. Como cualquier postura, debe definir sus límites. Explotación es ser usado con una finalidad (alimentarse, divertirse, vestirse, etc). Y el límite se pone en el animal, y no en el vegetal, porque el animal tiene un sistema nervioso central.

Cada cual puede juzgar acerca de esos límites, arbitrarios al fin y al cabo, pero lo que yo quiero recalcar es que las posturas morales tienen unas consecuencias determinadas. Si estamos en contra de la explotación animal no vamos a atender a matices, estamos en contra de cualquier tipo de explotación, desde la más brutal, como el “toro de la Vega” de Tordesillas, que supone torturar un animal para pasar el rato, hasta la más “respetuosa”, que podría ser criar un animal mirando todo lo posible por su bienestar para sacrificarlo y consumir su carne. El veganismo no admite matices, sus límites están claramente definidos en el concepto de “explotación animal”, es decir, nos sitúa en una posición absoluta, o estás en sus límites o estás fuera, y si estás fuera no haces lo correcto. Es normal que dicha postura soliviante a los comedores de carne, entre los que me incluyo, aunque la carne no forme parte de mis hábitos alimenticios.

Debo confesar que este punto de partida no me parece el más adecuado para lidiar con los problemas humanos. Toda postura moral nos sitúa en una verdad absoluta, pero el ser humano es adaptativo, la actuación más adecuada depende siempre del entorno, y además somos subjetivos. La verdad o la objetividad no existen.

Dicho esto, conviene ser realista y reconocer que consumir carne es muy ineficiente. El ganado es alimentado con cereales y legumbres, perdiéndose el 90% de las calorías y las proteínas en el proceso. Es mucho más eficiente que el ser humano consuma directamente esas calorias y esas proteínas vegetales. En España hasta hace no mucho tiempo la mayor parte de la población obtenía sus proteínas de vegetales (judías, garbanzos y lentejas, y en menor medida de frutos secos como almendras, nueces y avellanas). El consumo promedio era de dieciséis kilogramos al año de legumbres frente a los tres kilogramos que se consumen actualmente. Una dieta para maximizar la extensión de la vida y la salud del individuo debería estar en torno a veinticuatro kilogramos al año (dependiendo de la estatura y sexo del individuo, evidentemente), según las últimas evidenciascientíficas que han sido sintetizadas por Valter Longo.

Sin embargo, esta dieta saludable ha sido demolida por una industria de laalimentación, que lo que busca es maximizar su beneficio. Nos han creado la necesidad de comer carne y dejar de lado las legumbres porque es lo que le ha interesado a cuatro magnates que gracias a estos hábitos insalubres han conseguido expulsar del mercado a los pequeños productores y llenarse cada vez más los bolsillos.

martes, 2 de enero de 2018

2017, pasos minúsculos en el camino hacia el bienvivir

Dada la urgente necesidad que existe de caminar hacia un nuevo paradigma que asegure la sostenibilidad de la actividad humana (y su economía) sobre el planeta, sería deseable dar pasos de gigante en esa nueva dirección. Sin embargo la cosecha de cambios positivos este año es más bien raquítica, mísera, sí, pero hay que ver y valorar que existe, y que no damos pasos hacia atrás, al menos no en todos los frentes.

Este año considero positivos algunos hitos en el terreno de la comunicación: la publicación, en un medio de gran difusión, The New York Times, de un artículo sobre las consecuencias del cambio climático, The Uninhabitable Earth, que se convirtió en el artículo con más visitas hasta la fecha en este medio, y la publicación el pasado 13 de noviembre en la revista BioScience de otro artículo que recogía la actualización de la “Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad”, un manifiesto firmado hace 25 años por 1.700 científicos incluyendo la mayoría de los premios nobel vivos. En esta ocasión la segunda advertencia lleva la firma de 15.364 científicos de 184 países.

Comenzando por el primero de ellos, detalla algunas consecuencias, poco conocidas por el gran público, de los peores escenarios de calentamiento, y lo justifica sobre la base del mejor conocimiento científico disponible sobre ello. Un resumen de lo más relevante a mi juicio es:

- El primer grado de calentamiento, el que hemos provocado hasta la fecha, es casi gratuito, apenas tiene coste, a partir de este umbral los costes crecen de forma exponencial, y las previsiones que tenemos son de 4º C, sin considerar que gran parte del metano contenido en el permafrost se emitirá a la atmósfera según este se vaya descongelando. Las peores previsiones son de 8º C de calentamiento en 2100, después de este de hasta 10ºC.

- Los seres humanos necesitamos evacuar calor, y la posibilidad de hacerlo depende de “la temperatura de bulbo húmedo”, la temperatura que se siente cuando la piel está mojada y corre aire seco. Con 7ºC la imposibilidad de evacuar calor hará que grandes partes del planeta, el ecuador y los trópicos, sean inhabitables. Con incrementos menores las olas de calor como las India y Pakistan de 2015 serán más frecuentes. En la actualidad, una cuarta parte de la población en la región azucarera de Honduras tiene enfermedad crónica de riñón a consecuencia del calor, con esperanzas de vida muy reducidas.

- La producción por unidad de área de cereales cae entre un 10 y un 17% por cada grado de calentamiento. Aunque algunos hablen del efecto fertilización de la mayor concentración de CO2 en la atmósfera, esto es cierto para las hojas, pero no para los cereales.

- En las regiones templadas la variabilidad del clima será mucho mayor y se perderán cosechas.

- A todo esto hay que añadir la sequía. Un tercio de la tierra arable sufrirá una sequía permanente este siglo. España y el sur de Europa vivirán una sequía extremadamente severa (dejando lo que ocurre ahora en un juego de niños) en 2080.

- Los huracanes más potentes golpearán con mayor frecuencia, incluso habrá que inventar nuevas categorías para calificarlos.

- Las zonas muertas oceánicas aumentarán por la acidificación del océano y por su eutrofización, a consecuencia de la alteración hasta niveles insostenibles de los ciclos de fósforo y nitrógeno del planeta. Ello podría tener consecuencias tremendas, ya que anteriores extinciones masivas como la que está en marcha en estos momentos tuvieron como detonante la emisión masiva de SH2 desde los océanos, una circunstancia a la que no podría sobrevivir el ser humano, y que según la NASA ya ocurre en la costa de los esqueletos en Namibia.

Por otro lado, en la actualización de la segunda advertencia de la Unión de Científicos Preocupados a la humanidad, se lanzaba un mensaje igual de contundente. Las tendencias que se pusieron de manifiesto hace 25 años no se han detenido, ni siquiera frenado. El agua dulce disponible por habitante se ha reducido un 26,1%. La captura de peces se ha reducido un 6,4% (bastante más desde su máximo posterior a 1992) no por un esfuerzo de conservación, sino porque no hay disponibilidad del recurso. El número de zonas muertas en ecosistemas acuáticos ha aumentado un 75,3%. La superficie forestal ha disminuido un 2,8%. La abundancia de vertebrados ha disminuido un 28,9%. Las emisiones de CO2 han aumentado un 62,1%, y la diferencia de temperatura respecto a 1960 un 167,6%. La población de humanos ha aumentado un 35,5%, y la de ganado un 20,5%.


El mensaje final es contundente, hay que cambiar drásticamente para evitar “un deterioro generalizado de las condiciones de vida humanas”, y para ello es necesario “revaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente”.

Que 15.364 científicos de 184 países aboguen por replantear el paradigma económico, hacia una economía del estado estacionario o del decrecimiento, es un hecho positivo que debemos valorar, incluso más que otros hitos como la publicación de la encíclica Laudato Si, por parte del Papa Francisco. Los datos son los que son, y la comunidad científica no puede seguir mirando para otro lado. La consecuencia de ello es que se ha logrado un consenso bastante generalizado en el área de las ciencias de la naturaleza, un consenso que los críticos con el crecimiento y con el paradigma socio-económico asociado a él, debemos visibilizar y explicar con pedagogía.

Es preciso señalar que este consenso existe respecto a los sumideros



Pero no existe respecto a las fuentes, incluyendo las de energía, como puso de manifiesto el debate en torno al manifiesto Última llamada. El consenso actual es el contrario, hay suficientes fuentes de energía, incluyendo petróleo y renovables para continuar el crecimiento.

No hay que dejar de realizar esfuerzos para explicar el problema de la limitada disponibilidad de materias primas y energía en una economía en crecimiento, pero el principal punto de partida sobre el que fundar una transformación social debe ser aquel sobre el que existe consenso científico. Apalancar nuestras propuestas sobre una base, un problema de partida, que es difícilmente cuestionable, es una fortaleza tremenda que debemos aprovechar. El debate en torno al peak-oil y los límites de las renovables no debe ser abandonado, pero no debe ser la justificación para pedir cambios en la organización social, es mejor justificar esos cambios sobre una base solida que sobre una base que es discutida.

Ello nos enfrenta a una dificultad que es necesario sortear, se entiende mucho mejor la relación entre la energía y el colapso (deterioro generalizado de las condiciones de vida humana), que entre este y la pérdida de los servicios de los ecosistemas. En un artículo publicado en The Tyee, un nuevo medio digital canadiense de gran éxito, aunque con un nivel de difusión intermedio, todavía en desventaja respecto a los medios masivos, Los seres humanos ciegos al inminente colapso, William E. Rees, doctor en ecología de las poblaciones y experto en economía ecológica y humana, explica de forma muy certera esta relación.

En un planeta limitado, donde millones de especies comparten el mismo espacio y dependen de los mismos productos finitos de la fotosíntesis, la expansión continua de una especie conduce necesariamente a la contracción y extinción de otras. (Políticos, tomen nota: siempre hay un conflicto entre población humana / expansión económica y la "protección del medio ambiente").
¿Por qué es importante esto, incluso para aquellos a quienes realmente no les importa la naturaleza en sí? Además de la infamia moral asociada con la extinción de miles de otras formas de vida, existen razones puramente egoístas para preocuparse. Por ejemplo, dependiendo de la zona climática, entre el 78% y el 94% de las plantas con flores, incluidas muchas especies de alimentos para humanos, son polinizadas por insectos, pájaros e incluso murciélagos. (Los murciélagos, también en apuros en muchos lugares, son los polinizadores principales o exclusivos de 500 especies en al menos 67 familias de plantas). Hasta un 35% de la producción mundial de cultivos depende más o menos de la polinización animal, lo que garantiza o aumenta la producción de 87 cultivos alimentarios líderes en todo el mundo.
Pero hay una razón más profunda para temer el agotamiento y la despoblación de la naturaleza. En ausencia de vida, el planeta Tierra es sólo una roca húmeda intrascendente con una atmósfera venenosa que gira inútilmente alrededor de una estrella ordinaria en las orillas extremas de una galaxia irrelevante. Es la vida misma, comenzando con innumerables especies de microbios, la que gradualmente generó el "ambiente" adecuado para la vida en la Tierra tal como la conocemos. Los procesos biológicos son responsables del equilibrio químico favorable a la vida de los océanos; las bacterias fotosintéticas y las plantas verdes han almacenado y mantienen la atmósfera de la Tierra con el oxígeno necesario para la evolución de los animales; la misma fotosíntesis extrajo gradualmente miles de millones de toneladas de carbono de la atmósfera, almacenándolas en cretas, piedra caliza y depósitos de combustibles fósiles, de modo que la temperatura promedio de la Tierra (actualmente alrededor de 15º C) ha permanecido para edades geológicas en la estrecha franja que hace posible la vida basada en agua, incluso cuando el sol se ha estado calentando (es decir, que el clima estable es parcialmente un fenómeno biológico); innumerables especies de bacterias, hongos y una verdadera colección de micro-fauna regeneran continuamente los suelos que cultivan nuestros alimentos. (Desdichadamente, el agotamiento por la agricultura es incluso más rápido. Según algunas versiones, nos queda, tan sólo, poco más de medio siglo de tierra cultivable).

La conclusión es fácil de entender, a mayor actividad humana menos ecosistemas silvestres, los cuales proporcionan servicios vitales para la vida y la actividad humana. Sin embargo esta idea sencilla no cala en el imaginario popular, de hecho entra en contradicción con los principales mensajes que nos traslada el sistema: trabaja, produce, consume, viaja, ten éxito y muéstralo.

Sin embargo, la pedagogía, necesaria, no es suficiente. Cualquiera que haya hablado sobre estas cuestiones con alguien ajeno a la subcultura decrecentista sabe a lo que me refiero: soluciones. Pero, “la solución”, “reevaluar el papel de una economía enraizada en el crecimiento permanente”, es tremendamente abstracta, y contraria al resto de imperativos del sistema, además de impracticable.

Poner un límite a los recursos que podemos consumir, o solo a uno de ellos, el más limitante, la energía, hacer una macroasignación de recursos global, es el tipo de solución que surge de un tipo de pensamiento idéntico al que ha creado el problema. Sabemos que una solución así, racional, jerárquica, de management, basada en la decisión de unos expertos que transmiten órdenes a toda una estructura que se encarga de ejecutarlas, no puede funcionar. Ese tipo de planteamiento funciona bien a la hora de resolver problemas simples y bien definidos, pero ha fracasado, por ejemplo, en el intento de modernizar países con una cultura tradicional, como pueden ser los africanos (también hay ejemplos de éxito, como Corea del Sur). Cambiar todo el sistema a nivel global es un problema mucho más complejo. Los enormes conflictos que pueden surgir de aplicar una solución así, unido a la contradicción con las prácticas, hábitos, ideas, creencias y valores de la inmensa mayoría de la población que tendría que acatar el modelo impuesto haría que saltase por los aires en el minuto cero tras su implantación.

También hay que sospechar de quién dice conocer, aplicando este tipo de pensamiento, los “límites” de las renovables. La biosfera no deja de ser un sistema complejo, y es su interacción con la tecnología humana lo que determina esos límites, algo tremendamente difícil de predecir. Es más sensato pensar que esos límites se irán viendo con mucha mayor precisión una vez se comiencen a instalar de forma masiva los aparatos destinados a recolectar esa energía y realmente comiencen a tener efectos palpables en el planeta. La escala es fundamental, también a la hora de estudiar un problema, porque en el camino van a aparecer cisnes blancos o negros casi con total seguridad.

Hace falta una narrativa, un relato, que muestre todo lo que podemos ganar con el cambio, pasar del tener al ser, con todo lo positivo que ello conlleva en cuanto a satisfacción de necesidades humanas. Hacen falta también “soluciones” mucho más concretas, pese a que ninguna de ellas sea “la solución”: la permacultura, la economía colaborativa, la educación, las energías renovables, el consumo responsable, los grupos de consumo de proximidad, la economía social y solidaria, la tecnología apropiada, la reforestación, el cooperativismo, las monedas locales. Todos estas “soluciones” pueden ser parte de “la solución”. La labor más importante ahora es experimentar con todas estas alternativas y otras nuevas que puedan surgir, evaluar los resultados que se van obteniendo e ir modificando el rumbo según los resultados que se van obteniendo (fast feedback, en terminología de sistemas).

Probando pequeñas alternativas de este tipo vamos evaluando aquellas practicas que son más fáciles de implementar, obteniendo información acerca de las creencias, ideas y valores limitantes que dificultan el nuevo paradigma y cambiándolos en el proceso, a través del ejemplo y de la información que se transmite a través de él.

Este tipo de programa suele tacharse de reaccionario por aquellos que mantienen el pensamiento típico moderno del management, orquestar una solución rápida y eficaz desde arriba, de tipo “revolucionario”, un cambio fulgurante de todas las instituciones sociales. Su metáfora es que estamos pintando ventanas en una mina, arreglando cositas para que luzcan chulas, mientras el conjunto y lo esencial no se toca. Este tipo de pensamiento es una bobada, se discute si lo que hay que hacer es salir a la ventana y gritar “a las armas” para tomar el poder y cambiarlo todo (sin tener ni siquiera una idea de como cambiarlo para que el proceso sea aceptable para el común de los mortales, y que no se convierta en una guerra), o por el contrario lo que hay que hacer es ir cambiando directamente las cosas, ofreciendo soluciones viables y visibilizándolas, cambiando las conciencias en el proceso, para que quizás algún día (Dios no lo quiera) haya que gritar “a las armas”, pero esta vez con un sólido respaldo detrás, de gente convencida de que son necesarias y deseables nuevas instituciones sociales para lidiar con los problemas que el viejo paradigma es incapaz de resolver. No hay alternativa, pero la metáfora no es pintar ventanas, es más bien como esas plantas que crecen en las grietas de algo sólido como una roca, quizás esas plantas terminen por hacer las grietas más grandes, crezcan más plantas y al final la roca termine completamente cubierta.

En resumen, las tareas sobre las que hay que concentrarse si se quiere en el futuro ir dando pasos más importantes hacia un nuevo paradigma son:

- Hacer una intensa divulgación sobre la relación entre los servicios de los ecosistemas y la economía humana.
- Realizar y apoyar proyectos locales que mejoren la sostenibilidad. Pequeñas soluciones en los ámbitos señalados más arriba y en otros aún por explorar.
- Evaluar los resultados que se están obteniendo, identificar las resistencias al cambio y modificar los proyectos para vencerlas.


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martes, 5 de diciembre de 2017

Una caminata a través del tiempo: una asombrosa experiencia para el bienvivir

“Echemos otro vistazo a ese puntito. Ahí está. Es nuestro hogar. Somos nosotros. Sobre él ha transcurrido y transcurre la vida de todas las personas a las que queremos, la gente que conocemos o de la que hemos oído hablar y, en definitiva, de todo aquel que ha existido. En ella conviven nuestra alegría y nuestro sufrimiento, miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cazadores y forrajeadores, héroes y cobardes, creadores y destructores de civilización, reyes y campesinos, jóvenes parejas de enamorados, madres y padres, esperanzadores infantes, inventores y exploradores, profesores de ética, políticos corruptos, superstars, «líderes supremos», santos y pecadores de toda la historia de nuestra especie han vivido ahí... sobre una mota de polvo suspendida en un haz de luz solar.

La Tierra constituye sólo una pequeña fase en medio de la vasta arena cósmica. Pensemos en los ríos de sangre derramada por tantos generales y emperadores con el único fin de convertirse, tras alcanzar el triunfo y la gloria, en dueños momentáneos de una fracción del puntito. Pensemos en las interminables crueldades infligidas por los habitantes de un rincón de ese pixel a los moradores de algún otro rincón, en tantos malentendidos, en la avidez por matarse unos a otros, en el fervor de sus odios.

Nuestros posicionamientos, la importancia que nos auto atribuimos, nuestra errónea creencia de que ocupamos una posición privilegiada en el universo son puestos en tela de juicio por ese pequeño punto de pálida luz. Nuestro planeta no es más que una solitaria mota de polvo en la gran envoltura de la oscuridad cósmica. Y en nuestra oscuridad, en medio de esa inmensidad, no hay ningún indicio de que vaya a llegar ayuda de algún lugar capaz de salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo hasta hoy conocido que alberga vida. No existe otro lugar adonde pueda emigrar nuestra especie, al menos en un futuro próximo. Sí es posible visitar otros mundos, pero no lo es establecernos en ellos. Nos guste o no, la Tierra es por el momento nuestro único hábitat.

Se ha dicho en ocasiones que la astronomía es una experiencia humillante y que imprime carácter. Quizá no haya mejor demostración de la locura de la vanidad humana que esa imagen a distancia de nuestro minúsculo mundo. En mi opinión, subraya nuestra responsabilidad en cuanto a que debemos tratarnos mejor unos a otros, y preservar y amar nuestro punto azul pálido, el único hogar que conocemos.”

Carl Sagan (“Un punto azul pálido”)



Esta extensa cita que dejó escrita Carl Sagan y que posiblemente nos haya hecho sentir y pensar sobre nuestra vida, nuestra sociedad y nuestro planeta, es la antesala a un tercer paso, también importante, para una plena toma de conciencia de nuestro lugar en el mundo, experimentarlo. Einstein decía que la única fuente de conocimiento era la experiencia y una de las propuestas de este artículo es llevar a la experiencia personal esas sensaciones y pensamientos que nos ha transmitido Sagan con su reflexivo párrafo. La segunda propuesta es llevar esa experiencia a un nivel colectivo y para ello propongo desarrollarla como una posible actividad educativa y familiar a conveniencia del facilitador. A mi parecer, esta actividad encajaría perfectamente en la semana de la ciencia que se suele celebrar en diferentes localidades y países alrededor del 11 de noviembre, día mundial de la ciencia para la paz y el desarrollo. 


Un viaje de mil kilómetros comienza con un paso


Hace unos días, coincidiendo con la semana de la ciencia, asistí a diversas actividades y en concreto una de ellas “Como descubrir a los mamíferos de nuestro entorno” ha sido el detonante de este artículo. Esta  actividad familiar se desarrolló en el paisaje protegido de Elía y consistía en un pequeño paseo para descubrir huellas, rastros y señales de diferentes mamíferos como el jabalí, el gato montés, el zorro etc. Durante el pequeño paseo me vinieron a la memoria dos actividades parecidas y también realizadas en familia que experimenté cuando vivía en el Reino Unido. Una era sobre una caminata con un experto en forrajeo, búsqueda de plantas y recursos comestibles en la naturaleza. Durante ese paseo nos enseñó distintas plantas, su uso comestible o su posible uso medicinal. A lo largo del camino se probaron varias plantas y finalizó, para disfrute de los niños, en un claro del bosque con un pequeño fuego para cocinar un rebozado de dientes de león. La otra actividad llamada en inglés “Deep Time Walk” (Paseo del Tiempo Profundo o Geológico) consistía en un recorrido o caminata a escala a través de la historia geológica y biológica de la Tierra. Será de esta última actividad sobre la que tratará todo el artículo.

 
“Deep Time Walk”. Un paseo a través de la eternidad


Stephan Harding, coordinador y profesor en el Master de Ciencia Holística del Schumacher College, es el creador de este paseo a través del tiempo. En él se trata de experimentar en nuestro cuerpo los 4600 millones de años de este planeta, este punto azul pálido que cita Carl Sagan. Como dice Harding, este es un número grandísimo que cuando se lo damos a los estudiantes apenas pueden imaginarlo porque quizás no tengan puntos de referencia sobre su magnitud y perspectiva. Lo que hace él y se suele hacer en los cursos del Schumacher College es caminar esa distancia, es decir, los 4600 millones de años temporales de la Tierra se convierten en 4,6 km espaciales. Por lo tanto, por cada metro que avanzamos vendría a equivaler al transcurso temporal de 1 millón de años.

"Largas partes de la caminata son silenciosas, como la vasta historia de nuestro planeta esperando una narración. Justo en el último paso, Stephan saca una cinta métrica: la civilización humana. Y en los últimos centímetros diminutos, la sociedad industrial moderna y todas nuestras innovaciones, hambre e impactos. Cuando vemos y sentimos la historia en esta escala, no podemos hacernos a un lado, es una experiencia profunda.”   Chris Nichols

Ese final es apoteósico, es un clímax indescriptible, te hace realmente empequeñecer. Después de hacer todo el recorrido con sus pertinentes hitos geológicos y biológicos explicados tan pasionalmente por Harding se llega a ese momento donde saca la cinta métrica del bolsillo. Como un mago con su varita que nos han entretenido a lo largo de un maravilloso espectáculo, va a mostrarnos su truco final, el que nos va a dejar la boca abierta y salir de esta experiencia perplejos y con un gran asombro. Señala esos últimos 20 cm. (200.000 años) con la aparición del homo sapiens…señala 1,3 cm la última edad de hielo...señala 0,2 mm, comienzo de la revolución industrial…  Esa larga caminata que nos ha llevado tanto tiempo con toda la historia geológica y biológica de la Tierra llega a ese pequeño punto negro, menor que un diezmilímetro. Son los últimos años del siglo XX y primeros de XXI, donde la humanidad está creando la sexta extinción, cambiando las condiciones climáticas y alterando la vida y geología del planeta. Es realmente un choque profundo de conciencia. Uno no se puede imaginar haber recorrido esa “eternidad en tiempo humano” de la Tierra para llegar a ese minúsculo punto negro donde transcurre nuestra vida presente. Ahora estamos en ese diminuto trazo y ya muy cerca, a una micra de distancia, para transformarlo profunda y rápidamente hacia algo catastrófico a nivel humano o quizás revertir la inercia de ese proceso.

Este es un video corto (en inglés) donde Harding explica su “Deep Walk Time”. Atención especial al momento cumbre, al final del video, cuando nos muestra esos últimos milímetros de nuestra estancia en la Tierra.



Aquí otra experiencia del "Deep Walk Time" con este otro video corto.




Otros dos efectivos pasos que nos cuesta experimentar a los humanos


“La extinción de la raza humana llegará por su incapacidad para comprender emocionalmente la función exponencial”  Edward Teller

También Albert Bartlett, profesor emérito de física de la universidad de Colorado, decía que el mayor defecto de la especie humana era nuestra incapacidad para comprender la función exponencial. Desde una perspectiva de nuestra lógica humana nos cuesta entender esta función matemática. Un ejemplo clásico es el problema de los nenúfares en el estanque.

“Supongamos que en un estanque hay un nenúfar que se multiplica al ritmo de dos por uno cada día: si el lunes hay un nenúfar, el martes serán dos. Conforme a ese ritmo, sabemos que el estanque estará repleto de nenúfares al cabo de 30 días. ¿En cuál de esos 30 días el estanque estará ocupado en su mitad por nenúfares? Aunque un razonamiento precipitado invita a responder que el día 15, la respuesta correcta es el día 29: ese día la mitad del estanque se hallará cubierta de nenúfares, de tal suerte que al multiplicarse éstos por dos la jornada siguiente los nenúfares cubrirán toda la superficie. El día 28 los nenúfares ocuparán una cuarta parte del estanque, el 27 una octava parte y el 26 un dieciseisavo.”  Carlos Taibo (“En defensa del decrecimiento”)

Esta metáfora es explicada por Carlos Taibo para mostrarnos la problemática central de los límites del crecimiento y de los recursos con los que el planeta cuenta. Así cuando estamos en el día 26, a sólo 4 días de rebosar el estanque, vemos que sólo ocupa una dieciseisava parte y la mayor parte del estanque (15/16) está limpio. A primera vista parece que no existe ningún problema, sin embargo, estamos sólo a 4 días de su rebosamiento.



Por otra parte, en un artículo que escribí hace tiempo, hacía mención al efecto perspectiva (overview effect) que experimentaban los astronautas al observar la Tierra desde el espacio. Según cuentan muchos astronautas, esta es una experiencia que les ha cambiado profundamente. Como decía Yuri Gagarin, la primera persona en viajar al espacio:

“En cuanto ves a la Tierra desde lejos, te das cuenta de que es demasiando pequeña para el conflicto, pero suficientemente grande para la cooperación.”

No es posible que todos volemos hacia el espacio para experimentarlo. Quizás se pueda hacer algo a nivel de realidad virtual. Fred Hoyle, anteriormente al primer vuelo espacial, predijo que cuando tomáramos la primera imagen de la Tierra desde el espacio exterior, habría nacido una nueva y poderosa idea para la historia de la humanidad. Tenemos ya esas imágenes maravillosas y en cierto sentido si se está tomando conciencia y está expandiéndose entre la gente, pero aún queda mucho trabajo para una toma de conciencia global.

Si no somos capaces de entender o sentir lo que es la función exponencial, si no podemos volar al espacio para transformar nuestra visión sobre la Tierra, ¿qué podemos hacer para transformar nuestra conciencia con la Tierra? Del mismo modo que un acto de empatía es percibir lo que otra persona puede sentir y muchas veces hemos escuchado la metáfora “ponerse los zapatos de otro” para poder empatizar, ¿Por qué no ponerse los zapatos de la historia de la Tierra? No es sólo ponerse los zapatos de la Tierra sino ponernos nuestros propios zapatos porque nosotros vamos en ese mismo viaje y somos fruto de él.

Lo que es un poco más claro es que una caminata a través del tiempo es mucho más factible y sencillo para un mayor número de personas que entender la función exponencial o viajar al espacio. En ese paseo también se experimentará un “efecto perspectiva”, aunque este no será tanto a través de la vista como a través del cuerpo. Caminar esa distancia, sentirlo mayormente a través de nuestras piernas y llegar a esos últimos milímetros en los que ya no podemos físicamente dar pasos es una experiencia profunda que puede alterar nuestra conciencia como seres humanos de este planeta

En cierto sentido, tras ese paseo propuesto por Harding hay una experiencia emocional para comprender lo que es la vida y dentro de ella lo que es la vida humana. Si podemos comprender a nivel intelectual esa magnitud de tiempo, y lo experimentamos a nivel emocional, no me cabe duda de que estamos ante una toma de conciencia que prosigue sus pasos con posibles acciones hacia una regeneración de la humanidad.

Asimismo, creo que la metodología educativa de “aprender haciendo” es más efectiva que el simple discurso de lecciones y datos dados de forma racional. Estos últimos son sólo una parte de ese marco del elefante que es la toma de conciencia.  Se debe complementar con una toma emocional y experiencial. Sólo así podemos aproximarnos a esa gran perspectiva del planeta, de la vida y de la humanidad.

Llegados a este punto donde se ha tratado la parte racional y emocional de nuestra relación con la Tierra, la siguiente cuestión es ¿Cómo podemos experimentar ese viaje? He estado buscando en internet más datos sobre cómo hacerlo y entiendo que se puede experimentar de dos maneras, una individual y otra colectiva. Realmente, el modelo colectivo, con un grupo de personas y un guía, es más interactivo porque da lugar a diálogos y preguntas, además de sentirse acompañado en el viaje. Sin embargo, es una propuesta que necesita prepararse y de ahí mi sugerencia, que expondré seguidamente, para crearla activamente. Otro punto a favor de la experiencia colectiva, es que lo que he podido encontrar para experimentarlo individualmente está sólo en inglés y no es una forma inclusiva con todo el mundo. Sería necesario una re-elaboración o traducción para una mayor inclusión entre los que no entienden bien inglés.

 
Un camino individual y autoconsciente


Hace aproximadamente unos meses apareció una app (en inglés) llamada “Deep Time Walk” que intenta reflejar, a través de andar 4,6 km con un audio sincronizado a la distancia, la experiencia de la caminata propuesta por Harding. Esta es una app que ha ganado el premio al mejor diseño de aplicación móvil del verano 2017. Navegando a través de esa página web, se descubre que esta app tiene origen en dos proyectos diferentes. Por un lado, el creado por Harding en el Schumacher College en 2008 y por otra parte el creado en California en 1996 por Sidney Liebes, físico, científico y medioambientalista. Si tomamos como base el proyecto más antiguo, el de Liebes de 1996, vemos que trabajando para Hewlett Packard (HP) pudo poner en marcha su idea de “A Walk through time”  (Un paseo a través del tiempo) con la que llevaba tiempo trabajando y recogiendo datos. El resultado fue un paseo con 90 paneles grandes localizados a lo largo de una milla. Cada pie (distancia) equivalía a un millón de años de la historia de la Tierra. Conmemorando el día de la Tierra de 1997, se exhibieron esos paneles en diferentes oficinas de HP alrededor del mundo. Posteriormente ese legado se ofreció a la “Foundation for Global Community” (FGC) donde fue un importante proyecto con numerosos recursos para formar una conciencia global. Sin embargo, esta fundación cerró a finales de 2010 aunque sus recursos, entre ellos los del paseo a través del tiempo, siguen estando disponibles en la red.

“Mi paseo por el tiempo fue una experiencia inolvidable, sobrecogedora y humilde…” Jane Goodall

En resumen, las posibilidades para una experiencia individual que he podido hallar, están todas en inglés. La exhibición de paneles se pudo ver en muchas partes del mundo. Parece que se pudo visitar hace más de 12 años, con los textos en español, en Madrid, Barcelona y varios lugares de México. Posteriormente tras el cierre de la fundación (FGC) en 2010 no he podido encontrar nada más, salvo que los derechos del “Walk through time” pasaron a la fundación suiza “Stiftung Drittes Millennium” (Fundación para el tercer milenio). Para todos aquellos que se defiendan en inglés y quieran hacer un pequeño simulacro de caminar en los zapatos de la Tierra dejo aquí los enlaces del material encontrado.

  • APP “Deep Time Walk” con el guión de Stephan Harding para Android y Apple. Son 4,6 km de recorrido en donde un metro equivale a un millón de años.
  • APP “Walk through time” de prueba y gratuita a través de la plataforma de Apple (la definitiva está en construcción) en base al proyecto de Sidney Liebes. El recorrido se hace en 4600 pasos por lo que la distancia depende de la amplitud de la zancada.
  • Versión online de “A walk through time” (Un paseo a través del tiempo) con los 90 paneles originales a través de una línea de tiempo y la posibilidad de imprimirlos. El desafío aquí reside en que, si no caminamos, sino que sólo navegamos a través de los paneles, no somos conscientes del todo, de esa sensación y experiencia al caminar la distancia.
  • Libro “A walk through time: from stardust to us- the evolution of life on Earth” (Un paseo a través del tiempo: desde el polvo de estrellas hasta nosotros. La evolución de la vida sobre la Tierra), prologado por Sidney Liebes y escrito por Elisabet Sahtouris y Brian Swimme donde se recogen la ilustración de todos los paneles y nos lleva a través de su narrativa por ese asombroso viaje de la Tierra.
  • Libro “Earthdance: Living systems in evolution” (La danza de la Tierra: Sistemas vivos en evolución"), libro posterior al anterior y escrito por uno de sus autores, Elisabet Sahtouris, que está descargable gratuitamente en pdf en su página web.
  • Multimedia “An extraordinary moment” (Un momento extraordinario), video de 12 minutos que rastrea nuestra historia desde el Big Bang hasta nuestros días. Nos recuerda a todos que somos parte de una historia muy larga y rica. Cada uno de nosotros contribuye con un don único para ello, es decir, nuestra historia es compartida.


Un camino colectivo, cooperativo y dialógico


No he podido hallar en la red nada parecido en español con respecto al “Deep Time Walk” aunque es posible que se halla realizado en algún lugar algo parecido. Si alguien conoce algo puede comentarlo al final del artículo. Más en concreto, el Schumacher College en asociación con Efecto Mariposa realiza un certificado de 6 meses en ciencia holística en Colombia y Perú por lo que es posible que allí se pueda dar este paseo en español. De todos modos, la propuesta desde este artículo es despertar la curiosidad de biólogos, naturalistas, educadores, etc. para bien, tomar notas del material y enlaces sugeridos en el apartado anterior y hacerse un guion práctico sobre ese “Paseo del Tiempo Profundo o Geológico”, o bien, colaborar y realizar un material y guía común (wiki) en español que fuera posible transmitir esa experiencia en una caminata. Así mismo, también se podría hacer como proyecto escolar particular en estudios de secundaria o un proyecto colaborativo en común para re-elaborar una serie de carteles inspirados en los originales de Sidney Liebes. Estos carteles y mediante sugerencia de los correspondientes departamentos educativos hacia sus ayuntamientos podrían ponerse a lo largo de un recorrido o parque de esas municipalidades. Con ello se puede obtener diferentes sinergias en los diferentes nodos del bienvivir: salud (caminar, ejercicio en naturaleza), desarrollo personal (autoconciencia), familia (paseo de ocio en familia), trabajo (realización material del proyecto), comunidad (ser una de las pioneras en ofrecer algo novedoso y útil), economía (visitas a las localidades que lo ofrecen), medio ambiente (conciencia ecológica global) ...

Finalmente, a modo de tormenta de ideas, lanzo ciertas sugerencias para hacer un paseo a través del Tiempo.

  • Aunque lo ideal es que el paseo sea de 4,6 Km, se puede extrapolar esa distancia a ½ (2,3 km) o ¼ (1,15 km) o bien hacerlo con el sistema de medida en millas y pasos.
  • Aunque lo ideal es hacerlo en la naturaleza, también se puede hacer a través de una localidad. De hecho, el paseo que realicé con Stephan Harding fue en un contexto de la semana nacional de la ciencia del Reino Unido, realizada a través de las calles de Totnes y con una distancia aproximada de ¼ de los 4,6Km, es decir aproximadamente 1,15km.
  • Así mismo, la distancia, cualquiera que fuera, se podría hacer circular, es decir en lugar de ser en línea recta, se podría empezar y acabar en el mismo punto o punto próximo, para no tener que volver al lugar de partida.
  • Lo ideal es que la persona (o quizás personas) que guíe el paseo, sea un biólogo, que tenga muy claros los conceptos evolutivos, por aquello de que sea experto en la materia y pueda solventar preguntas de los asistentes. No obstante, cualquier persona que se prepare bien a través de ese posible material en común, con motivación y pasión también podría ejercer de guía si no se encuentra a un biólogo o naturalista.
  • Es una actividad que se presta para hacerlo varias veces al año, especialmente el 22 de Abril, día de la Tierra, el 5 de junio, día del Medio Ambiente y la semana de la ciencia, hacia el 11 de Noviembre. También puede hacerse como concienciación en actividades esporádicas a lo largo del año, por un departamento, museo o instituto con temas medioambientales y educativos.


Un último paso final y personal para la curiosidad y el asombro


“Los que contemplan la belleza del mundo encuentran reservas de fortaleza que los acompañarán durante toda la vida.” Rachel Carson

Volviendo al principio del artículo y recordando las inspiradoras citas de Carl Sagan y Rachel Carson me vienen a la mente las fortalezas de la curiosidad y de la apreciación de la belleza (asombro) pertenecientes principalmente a las virtudes de sabiduría y trascendencia. En este posible cambio de paradigma, hacia lo que aquí llamamos bienvivir, la educación, la ciencia que se estudia en colegios, institutos, universidades, cursos abiertos… deberían tener una conciencia de trascendencia. Ambas fortalezas curiosidad y apreciación de la belleza (asombro) están fuertemente interrelacionadas, así como todas las demás. Sin embargo, muchas veces vemos el mundo en compartimentos estancos, pero más bien el mundo está hecho de sistemas. Sistemas que engloban a sistemas y son englobados por otros sistemas. En teoría, el más grande sistema que se ha podido hallar, es el que empieza con el Big Bang y a partir de ahí todos los demás han ido surgiendo y manteniendo unas relaciones de interdependencia, nuestra galaxia, el sistema solar, el planeta Tierra, la vida, el homo sapiens. Sin embargo, la narrativa principal que destaca en nuestro planeta y por la que se rigen muchas relaciones es la narrativa económica de homo economicus. Una narrativa que intenta excluir a nuestro homo cooperans interno. Para salir de esa narrativa y volver a nuestros orígenes de una narrativa de la vida, es necesario la curiosidad, fortaleza que muy bien desarrolló y nos contagió Carl Sagan con su obra y divulgación científica a lo largo de su vida. Además, la curiosidad hace salir a nuestro ego individualista de su corto espacio de miras. Es también necesario el asombro, la apreciación de la belleza. Rachel Carson, famosa por su libro, “La primavera silenciosa”, tiene otro libro trascendente y no tan conocido como el anterior “El sentido del asombro”. Este sentido que viene en nuestro equipaje genético, se desarrolla en la infancia y muchas veces se pierde en ese camino hacia la madurez. Necesitamos volver a traerlo al presente.  Hace poco, Catherine L’Ecuyer nos ha traido un maravilloso libro “Educar en el asombro” que incide en esa faceta. Finalmente, como decía Rachel Carson,



por ello, una posible forma de volver esa mirada a la Tierra, como hacen los astronautas desde el espacio, es caminar con sus zapatos, es decir, pasear a través del tiempo y las vicisitudes de ese lento y largo caminar de la Tierra, el surgimiento de la vida y muy posteriormente de nosotros, los humanos. Ese sí es realmente un camino educativo y ético. ¡Hagamos esa caminata!



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lunes, 6 de noviembre de 2017

Cambiar el sistema: el factor del gancho

El mundo se puede cambiar, pero ello requiere mucho conocimiento.




Desde Autonomía y Bienvivir proponemos cambios sociales que algunos consideran radicales. Nosotros también, porque consideramos que van dirigidos precisamente a la raíz de los problemas que padecemos. Hemos desarrollado una visión utópica que es muy extraña en la actualidad, en mi opinión porque, como ocurre siempre en las sociedades, se han “reificado” o naturalizado nuestras instituciones sociales, de tal forma que parece tan imposible cambiarlas como a la ley de la gravedad.

En realidad esto no es así, y como dice Satis Khumar, lo que ha sido hecho por el hombre puede ser cambiado por el hombre.

La reificación from JesusN on Vimeo.

Pero aquí hay que hacer algunas precisiones. Si entendemos la sociedad como un sistema complejo, y creo que esta es la forma correcta de entenderla, debemos reconocer que los sistemas dependen de la trayectoria, son históricos. No es posible darnos la vuelta como un calcetín y cambiar nuestras creencias, ideas, y todo lo que motiva nuestros actos de la noche a la mañana. No tengo la conciencia de que esto sea bien comprendido por la gente que me rodea y que es favorable al cambio. La herencia de la modernidad y su énfasis en la razón instrumental nos hace concebir el proceso de cambio de forma similar a como concebimos un proceso de producción. Diseñar, planificar, redactar leyes y ordenes ejecutivas, movilizar recursos, trabajar. Pero el cambio social no funciona así, no es como construir un coche, es más como educar un niño. Tratamos con seres vivos que además tienen ideas que dan sentido a su historia personal.

Los partidarios del decrecimiento, muchos de los cuales proceden de la izquierda, están lastrados por las ideas heredadas de su tradición de pensamiento, que incluye conceptos como “modo de producción capitalista”, que nos alejan de una idea cabal sobre el cambio social. La derecha, por el contrario, con pensadores como Milton Friedman o Friedrich von Hayek, ha comprendido mejor ese proceso, obteniendo de esta forma una ventaja sustancial, que le ha permitido obtener una innegable hegemonía cultural.

El eterno debate entre reforma o revolución en el que se suelen quedar encalladas las reflexiones sobre el cambio desaparece en cuanto empiezas a pensar en términos de sistema. El cambio puede ser paulatino o suceder de golpe, pero el activista tiene poco control sobre ello, depende del estado del sistema. Para hacer una revolución es necesario una masa importante de población muy concienciada, y ello no es posible sin un proceso de cambio paulatino previo, que haga que se tome conciencia de que los problemas son acuciantes y son necesarias medidas drásticas.

En un artículo en mi blog personal, desarrollé estas ideas con más detalle, fijándome en varios ejemplos exitosos de cambio social. Allí defendí que dado que nos encontramos en un contexto inestable, o como mucho estable a medio plazo, y no podemos tener mucha confianza en nuestras intervenciones (no podemos asegurar que conduzcan a un cambio exitoso) lo mejor que podemos hacer es lanzar apuestas, actuar, aunque sea sin mucho conocimiento, y evaluar rápidamente los resultados para corregir rápidamente el rumbo si es preciso.



Los resultados que se están consiguiendo no son demasiado deslumbrantes. En cuanto a la concienciación, se genera mucho contenido en blogs pero la penetración es escasa en publicaciones más mayoritarias. En cuanto a las prácticas económicas alternativas, son muy minoritarias, y todavía lo es más el impacto de estas ideas en las leyes y la política. Entre los hechos positivos que podemos ver están la aceptación del cambio climático como una realidad y la consolidación del marco de los “planetary boundaries” a nivel científico. Son buenas noticias que llegan desde el ámbito académico, pero muy restringidas al campo de las ciencias naturales, mientras que los académicos más cercanos a la política continúan manteniendo una lealtad numantina al neoliberalismo.

Si tomamos al pie de letra mi recomendación de experimentar y analizar el resultado para modificar el rumbo, la realidad nos muestra de forma muy clara la necesidad de un giro de timón ¿Hacía donde? Ese es el debate. Una pequeña pista nos la muestra Malcolm Gladwell en su libro El punto clave.

En una parte del libro, que me recordó tremendamente a los debates que solemos tener en Autonomía y Bienvivir y en los foros decrecentistas, Gladwell nos habla de un experimento sobre la prevención de una enfermedad, el tétanos. Me resultó muy curioso que el experimento, inicialmente, consideró dos variables sobre las que a menudo solemos debatir, presentar una información de manera “cruda”, con todas sus implicaciones, lo que algunos llaman “alarmista”, o presentarla de manera más bien aséptica. En este experimento se repartieron dos folletos, uno donde se mostraban crudamente las consecuencias del tétanos, con fotos de seres humanos pasando mucho sufrimiento por la enfermedad, y otro folleto donde se describía el problema de forma anti-sensacionalista. Posteriormente se pasó un test a los sujetos que habían participado en el experimento, y se vio que, de forma poco sorprendente, quienes estaban más preocupados por la enfermedad eran los que habían leído el folleto más alarmista. Sin embargo, la sorpresa llegó después, cuando solo se vacunó contra la enfermedad un 3% de las personas informadas. Además, el hecho de vacunarse o no carecía de relación con haber recibido un folleto u otro. Una primera conclusión sería que presentar la información de forma más o menos alarmista es irrelevante de cara a que las personas actúen en favor del cambio. Sin embargo lo más interesante no es esto, sino que cuando se modificó el experimento incluyendo en el folleto un pequeño mapa con el lugar (conocido por todos de antemano) donde los alumnos podían vacunarse, el porcentaje de los que lo hicieron subió al 28%.

Lo único que hizo falta fue un cambio sutil en la presentación. Los estudiantes necesitaban saber cómo encajar el asunto del tétanos en sus vidas, y la información adicional que implicaban aquel mapita y los horarios en que se realizaba la vacunación hizo que pasara de ser una lección abstracta sobre riesgo sanitario (una lección más dentro del conjunto de incontables lecciones académicas que habían recibido a lo largo de su carrera universitaria) a convertirse en un consejo médico práctico y personal. Así que, en cuanto el consejo se vio como algo práctico y personal, tuvo éxito.

Práctico y personal, fijémonos en este último punto: personal. Las invocaciones para superar el “sistema capitalista” o (de forma mucho más precisa) la modernidad, para cambiar el sistema, no son demasiado personales, al fin y al cabo no es una tarea que uno se pueda echar a los hombros de forma personal. Puede ser una invocación para unirse a un movimiento colectivo pero ¿cual es la tarea de uno allí? ¿Existe una agenda clara con acciones concretas?

Añadir un mapa con unos horarios en nuestro discurso implica invitar a quién recibe el mensaje a realizar una acción concreta, que debe realizar personalmente. Eso no es fácil, pero quizás se puedan encontrar unas pocas, por ejemplo unirse a una cooperativa de consumo y producción de energías renovables ¿Estamos, como diría Bauman, aplicando soluciones individuales a problemas colectivos? Pues no, una solución individual es ir al psicólogo porque te sientes mal ante la deshumanización creciente, pero en nuestro caso, especialmente si tenemos éxito y conseguimos movilizar a un 28% de la población como en el ejemplo, nos estaremos moviendo en el terreno sistémico de las normas sociales.



A partir de ese porcentaje el grupo empieza a ejercer una presión importante sobre los no convencidos y puede alcanzarse un punto de inflexión que convierta lo bizarro en la nueva norma. En el futuro espero dedicar algún otro espacio a esta distinción clave entre lo individual y lo sistémico.

Pero ¿no estaremos, a través de pequeños cambios, apuntalando un sistema que está destinado a desaparecer más pronto que tarde? No es posible responder a esta pregunta como no es posible predecir el futuro. Para reducir la incertidumbre conviene ir haciendo un mapa cada más detallado del sistema, pero yo me atrevo a aventurar algunas ideas, en primer lugar, no veo que la crisis de 2008 haya desencadenado un movimiento ni hacia la sostenibilidad ni hacia la igualdad, por el contrario veo un movimiento hacia el caos.

Es difícil que la población realice un giro de 180 grados desde sus creencias actuales hacia un estilo de vida y unas normas sociales totalmente opuestas, como son las que planteamos desde Autonomía y Bienvivir, incluso tras una nueva crisis económica. Veo más factible que haya pasos previos mucho antes de que desarrollen la creencia en la necesidad de un cambio radical. El factor del gancho nos habla de transmitir la información de forma que sea un revulsivo para el actuar del individuo, pero también hay que considerar que al actuar se modifica su conciencia. Por ejemplo, si alguien está preocupado por el cambio climático y decide unirse a una cooperativa de producción y consumo es posible, y probable, que ese hecho le haga ser mucho másfavorable a una legislación que favorezca a las cooperativas, incluso es probable que el hecho de actuar, de hacer algo, le haga mucho más consciente de los problemas de sostenibilidad.

Propongo que tengamos en cuenta el conocimiento que nos ofrecen Gladwell y otros e intentemos lanzar proyectos e ideas que rebasen el punto crítico, y se conviertan en normas sociales que cambien la conciencia de los individuos acerca del mundo en el que viven. Se trata de dar pasos, evaluar, y dar más pasos, pero sin dar el primer paso no será posible dar el segundo.

lunes, 28 de agosto de 2017

El difícil camino hacia una sociedad alternativa

Seamos responsables, y mantengamos viva la llama del cambio.




Después de las vacaciones y tras el inevitable regreso a la rutina, con la impresión de comenzar un nuevo ciclo, suele ser habitual hacer un pequeño balance del pasado y marcarnos unas metas para el siguiente curso.

Personalmente, cuando echo la vista hacia el pasado inmediato, me llama mucho la atención la disonancia entre los mensajes que nos llegan a través de la publicidad, los medios de comunicación de masas o las instituciones del Estado y el sentimiento de las personas que tengo a mi alrededor. Hace apenas diez minutos, cuando hacia cola para pagar en el supermercado, la portada de una revista llamaba mi atención con la promesa de una receta segura hacia el éxito. La portada anunciaba que en su interior encontraría los secretos de la felicidad de una determinada famosa, bastante guapa, que no conozco (pero supongo que es famosa, el titular de portada estaba redactado presuponiendo que los potenciales compradores sabíamos quién era) ¿Debemos serfelices? Pocos se cuestionarían este axioma moderno aunque no se sientan atraídos por las recetas de bricolaje mental y corporal que afirma aplicar con un éxito sospechosamente ostentoso la celebridad de turno. Pero esa es la cuestión, es fácil percibir la fuerte disonancia entre esta exaltación mediática de la felicidad y la realidad que nos rodea ¡Cambio! Todos piensan que el cambio es inminente, ya que se hace dolorosa y perentoriamente notorio que las cosas no pueden continuar así: “es la deshumanización”, “es la tecnología”, “es el capitalismo”, “es España”, “son los racistas”, “son los machistas”, “son los islamistas”, “es el 1%”, pero pretendemos aplicar soluciones individuales a problemas sociales, y a veces el bricolaje de autosuperación se queda corto.

Se percibe un gran deseo de cambio, un gran hastío con la situación presente, con un mundo que nos arroja a la cara modelos de felicidad mientras conspira entre bambalinas para hacer que sean inalcanzables. Pero siempre que pienso en ello recuerdo las palabras de Zygmunt Bauman sobre el movimiento 15M, “les falta pensamiento” decía, “pueden coincidir en lo que está mal, pero son incapaces de ponerse de acuerdo en cómo cambiarlo”.

Este es el marco dentro del que nos movemos aquellos que hemos hecho de la sostenibilidad nuestra bandera, y que somos críticos con el crecimiento económico. Los que pueden incluirse, a pesar de su enorme diversidad, en ese gran paraguas llamado decrecimiento, más el grupo, para nada despreciable, que yo denomino de colapsistas nihilistas.

Mirando hacia atrás, y al menos por mi experiencia dentro de Autonomía y Bienvivir, este último curso académico ha sido de maduración más que de crecimiento en los movimientos por la sostenibilidad. Algo que no debería extrañarnos, desde una perspectiva sistémica. En efecto, la teoría de sistemas postula la existencia de “tipping points” o puntos de inflexión, momentos en los que el cambio, que había estado represado, parece desbordarse y de forma súbita se logran grandes avances.

La crisis financiera de 2008 ha constituido sin duda uno de tales puntos de inflexión, momento que propició un crecimiento considerable de los movimientos en busca de la sostenibilidad. Pero las administraciones públicas, a lo largo y ancho de todo el globo, parecen haber estabilizado la situación, sin ser capaces, eso hay que reconocerlo, de lograr que la economía recupere el dinamismo y la frescura anterior a la crisis. Los bancos centrales, y sus políticas monetarias no convencionales, han tenido un éxito mayor del que esperábamos, y si bien las rentas del trabajo continúan estancadas o descendiendo, han logrado (salvo contadas excepciones como Grecia o España) que la población mantenga el acceso a una renta que les permita seguir con sus labores de bricolaje mental y corporal en busca del autoperfeccionamiento que les conducirá a la ansiada felicidad.

Mientras tanto, las fallidas previsiones de miembros relevantes de la Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y del Gas (ASPO), como Jean Laherrere, respecto al cénit de extracción de todos los líquidos del petróleo



o de miembros destacados de la comunidad crítica con la economía del crecimiento, como Gail Tverberg, respecto al declive en la energía neta disponible para uso social




han supuesto un pequeño revés, especialmente para aquellos que deseaban, de forma inmediata, otro punto de inflexión que nos llevase en volandas hacia el cambio.

En realidad esto ha podido ser una suerte, porque viendo el auge de partidos políticos y movimientos sociales que ha propiciado la crisis, así como los debates que ha suscitado, quizás todavía queda mucho camino por recorrer para dar un paso tan grande como el que reclamamos, que es nada más y nada menos que un cambio de civilización.

Las “visiones del mundo”, los valores e ideas con los que la mayoría de la población racionaliza su comportamiento continúan sin estar alineados con la autocontención, la sobriedad y la participación en la comunidad.

Sin embargo, tras la crisis financiera de 2008 hemos visto surgir numerosas iniciativas que en los terrenos de la energía, la alimentación o las finanzas se han postulado como alternativa al business as usual, ese modo de hacer que busca maximizar la rentabilidad y producir al menor coste posible, privatizando los beneficios y dejando al resto ocuparse de las consecuencias indeseadas. Podemos acceder a algunas de estas iniciativas en la plataforma mecambio.

Es cierto, sería un error pensar que se pueden encontrar soluciones individuales a problemas colectivos, y que con variar nuestros patrones de consumo cumplimos con nuestra parte en el proceso de cambio. Sin embargo, la simplicidad voluntaria es útil. No somos homo oeconomicus que se rijan exclusivamente por los precios de mercado. Los valores y los marcos conceptuales son los que guían nuestro comportamiento. Dejando de consumir, o cambiando nuestros patrones de consumo, no hacemos que otros consuman más, al contrario, con nuestro ejemplo, si unimos a la acción la necesaria componente divulgativa, y al igual que los cristianos, vamos “predicando”, estamos contribuyendo de una forma significativa al cambio. Las personas necesitan vías de acción en las que plasmar sus creencias, ofreciendo a nuestros allegados soluciones hacia la sostenibilidad contribuimos también a que sean más críticos con los comportamientos insostenibles y con el exceso de consumo. En definitiva, contribuimos a que cambien su visión del mundo.

Los cambios de conciencia a nivel individual, podrían dar lugar, con el tiempo, a normas sociales. Al mismo tiempo, nuestros patrones de consumo, son recursos de los que dotamos a las cooperativas y otros actores de la economía social y solidaria. Estos actores, al empoderarse gracias a nuestro comportamiento, son cada vez menos dependientes del business as usual, en consecuencia se va creando una red de personas que son capaces de medrar a través de comportamientos contrarios al sistema, y ello va siendo percibido por el conjunto de la población como una opción viable de vida. Finalmente, este conjunto de personas, exige políticas coherentes con sus valores a los responsables políticos.

Nuestra opción es actuar en todas estas dimensiones a la vez, observando lo que ocurre y modificando nuestras acciones en función de los resultados, pero a mi juicio hay un gran potencial en la divulgación de soluciones parciales. La tecnología juega a nuestro favor en este momento, ya que nos permite crear un procomún de información que contrarreste el dominio, hasta hace poco tiempo absoluto, de los intereses particulares en este ámbito. Cada blog y cada grupo de Facebook, nuestros twetts, son importantes y valiosos, no hay que tener duda de ello. Nuestro ejemplo y nuestro discurso hacia los más cercanos también, especialmente cuando ofrecemos alternativas muy concretas.

Y todo esto, en mi modesta opinión, no es ni mucho menos suficiente. Estamos en pañales respecto a tener un marco propicio para el cambio. Y sin embargo hay que ser humilde, reconocer la complejidad, y hacer siempre lo mejor, dentro de lo posible. Surgirán nuevas iniciativas, nuevas soluciones, nuevas ideas, y nuestra misión es amamantarlas y acunarlas tratando que no mueran de hambre. Habrá nuevas soluciones creativas, y las que ya hay seguirán creciendo.

El ejemplo de Milton Friedman nos puede resultar muy esclarecedor, junto a un pequeño grupo de personas influyentes altamente comprometidas fue capaz de hacer una revolución. Él dijo

Sólo una crisis (real o percibida) produce un cambio real. Cuando esa crisis ocurre, las acciones que son tomadas dependen de las ideas que hay alrededor. Lo que, creo, es nuestra función principal: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se vuelva políticamente inevitable.

El siguiente punto de inflexión, la siguiente crisis, llegará, sabemos que lo hará, aunque es prácticamente imposible predecir el momento. Lo que mantengamos y lo que creemos ahora, aunque sea a nivel germinal, será lo que pueda desarrollarse en ese momento.

Ahora, más que nunca, la responsabilidad y el compromiso debe guiarnos en nuestro camino, poco apasionante según las visiones del mundo ortodoxas, esas que son incapaces de nutrir individuos felices. Sigamos el camino difícil, el que da sentido a vivir, el que da alegría al corazón y al alma.