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lunes, 21 de noviembre de 2016

Cómo los elefantes pueden darnos una lección educativa del bienvivir






     En marzo de 2012 un suceso extraordinario a ojos de los humanos ocurrió en Sudáfrica. Según relatan varios medios, un grupo de elefantes recorrió una gran distancia a través de la sabana para, posiblemente, honrar la muerte de Lawrence Anthony que había muerto recientemente. Estuvieron de vigilia durante dos días alrededor de la casa de Lawrence para luego partir hacia la sabana. Pero, ¿quién era Lawrence para recibir tal honor? Lawrence era un conservacionista y medioambientalista sudafricano que había dedicado parte de su vida a proteger a los elefantes y a otros animales de Sudáfrica. Aunque en un primer momento de su carrera se enfocó entorno a los negocios de seguros y vivienda, su vida dio un giro de 180 grados cuando trabajaba con la tribu de los zulú, momento en el que se despertó su pasión por el medioambiente y cambió de profesión. El apodo de encantador de elefantes le viene impuesto por salvar a nueve elefantes que iban a ser disparados ya que se habían escapado de su recinto y estaban creando estragos en KwaZulu-Natal. Para ello intentó comunicarse con la elefante matriarca del grupo usando su tono de voz y su lenguaje corporal lo que parece que fue un éxito ya que los elefantes fueron reconducidos. Aparte de escribir varios libros y fundar una organización conservacionista también se le conoció a Lawrence por su propuesta de salvar a los animales del zoo de Bagdad durante la invasión estadounidense en Irak. 

     Además de la lección de gratitud de los elefantes hacia Lawrence, hay más lecciones que los humanos podemos aprender de ellos para que puedan inspirarnos para un bienvivir. Sin embargo, no me voy a centrar en que nos fijemos en el comportamiento de los elefantes sino en su simbología o metáfora. Jablonka y Lamb en su libro “Evolución en cuatro dimensiones: variación genética, epigenética, de comportamiento y simbólica en la historia de la vida” ya nos anticipaban la importancia de la dimensión simbólica en la evolución humana. En estos tiempos del Antropoceno tan acuciados por grandes y complejos problemas sociales y medioambientales es necesario acelerar los cambios de comportamiento de los humanos hacia un nuevo estilo de vida que aquí intentamos describir como bienvivir. Este enfoque principalmente en la dimensión simbólica, ya fue tratado en el artículo sobre el efecto perspectiva que los astronautas experimentaban al contemplar a la Tierra desde el espacio y en el artículo sobre cambiar la narrativa con la que los humanos vivimos. En este último resaltaba el trabajo de Lakoff sobre los marcos y las metáforas, los cuales nos condicionan ampliamente en nuestra historia de vida. Será a través de tres metáforas cuyos protagonistas son los elefantes como exploraré diversos sesgos y falacias cognitivas que nos afectan para de algún modo trascenderlas. Quizás vivamos en un Matrix o en la caverna de Platón y desconozcamos por qué nos comportamos de esta u otra manera, así que el intento de este artículo es hacer didáctica de ciertos marcos y metáforas que nos condicionan y así poder elevarnos para trepar la escalera de la consciencia.

Los Ciegos y el Elefante 


“Los ciegos y el elefante es una parábola con origen en la India, desde donde alcanzó una difusión notable. Ha sido utilizada para ilustrar la incapacidad del hombre para conocer la totalidad de la realidad. En distintos momentos se ha usado para expresar la relatividad, la opacidad o la naturaleza inexpresable de la verdad, el comportamiento de los expertos en campos donde hay un déficit o falta de acceso a la información, la necesidad de comunicación, y el respeto por perspectivas diferentes.” 

“En las distintas versiones de la historia, un grupo de hombres ciegos (u hombres en la oscuridad) tocan el cuerpo de un elefante para comprender como es. Cada uno de ellos toca una parte distinta, pero solo una parte, tal como su lateral o su trompa. Luego ellos comparan sus observaciones y se dan cuenta que no coinciden en nada. Los relatos se diferencian básicamente en cómo se describen las partes del cuerpo del elefante, cuán violento se vuelve el conflicto y cómo es que (si se logra) se resuelve el conflicto entre los hombres y sus perspectivas.” 



Esta es la metáfora principal que empleé para entender el “elefante” de la sostenibilidad y los diez nodos del bienvivir. Se ha llegado a tal nivel de fragmentación en las diferentes ciencias, en la filosofía, en la espiritualidad que es difícil llegar a acuerdos cuando las diferentes partes o marcos compiten por tener la razón o la mayor influencia. 

Así, desde el marco de la sociedad, Clinton nos dijo: “es la economía, estúpidos”; los marxistas: es la estructura, la política y también el trabajo; las feministas: es el patriarcado… Desde el punto de vista medioambiental, la cuestión está en la energía, en los recursos, en los alimentos… Desde el punto de vista individual unos dan más importancia a la salud, otros a la condición humana, su avaricia, su ego, otros y otras al género. Problemas y soluciones se suelen ver desde el mismo marco. Como decía Peter Senge tomando el adagio “El ojo no puede verse a sí mismo”: “Es necesario aprender a ver cosas nuevas de una manera nueva dentro de una comunidad de aprendizaje que ayude a sus miembros a ganar nuevas perspectivas.” En ese planteamiento reivindico el concepto de “sinergia”, vocablo del griego que significa cooperación. Sinergia es salirse uno de su propio marco y encontrar el otro. Desde el punto de vista de la sostenibilidad y el bienvivir, la sinergia sería el Yang, el principio activo y creativo para buscar nuevas soluciones, y la resiliencia el Yin, principio pasivo y flexible ante las adversidades.

Es ese cuarto cuadrante o marco invisible y colectivo el que diría “es la cultura, estúpidos”, o la moral, o la justicia, o los valores…donde el yin, la resiliencia, la flexibilidad son representada por un enfoque en la educación y en la ética. Finalmente, los conceptos interdependientes de bienvivir y la sostenibilidad desde un punto de vista humano consistirían en tener la sabiduría para ser conscientes (yin) y dinámicos (yang) entre nuestra propia felicidad, la de los demás y la del Planeta Tierra. 



No pienses en un elefante 

     El contexto de esta frase viene determinado por el libro que escribió el lingüísta cognitivo estadounidense George Lakoff. “No pienses en un elefante” que en inglés tenía el subtítulo de “Conoce tus valores y enmarca el debate”. Si yo te digo: ¡No pienses en un elefante!, es una instrucción que no puedes llevar acabo. Para que puedas hacer lo que te he dicho tienes que pensar sí o sí en un elefante. Esa negación evoca una imagen o un marco en tu mente. Estudiando el lenguaje que utilizaban los republicanos en los debates y discursos y el éxito que tenían con respecto a los demócratas, escribió este libro como antídoto. Si por una parte Frank Luntz era el lingüista de los republicanos, Lakoff se convirtió en el lingüista de los demócratas o progresistas. La tesis de su libro era que si se quiere ganar el debate contra los repúblicanos hay que evitar por todo los medios meterse en sus marcos. Si así se hacía, las posibilidades de perder el debate aumentaban muy considerablemente porque el juego dialéctico se jugaba en el campo contrario. 

     El contexto de la metáfora “No pienses en un elefante” es un submarco de la metáfora “Los ciegos y el elefante” con las consecuente implicaciones. Es decir, en el contexto de la arena política (metáfora utilizada en antropología política y que sugiere el marco de una batalla entre, por ejemplo, dos gladiadores si lo contextualizamos en el circo romano), el resultado mayormente es que uno de los dos vence, el que mejores herramientas, técnica y destreza emplea. Esto nos llevaría siempre a que los “ciegos” no ceden a sus ideas y el conflicto no se resuelve. La otra posibilidad más difícil de que ocurriese, y es el que propone Peter Senge, es la de abrirse a ganar nuevas perspectivas e intentar ver el elefante completo. Esto sería salirnos del marco de la “arena política”. En el contexto metafórico de los gladiadores, se me ocurre que podría ser que se escapasen, si pudiesen, de ese marco, la arena del circo y llegar a la calle donde el nuevo marco implica un nuevo comportamiento. Otras soluciones creativas que puedo imaginarme es que cesen de luchar entre ellos, pero el público que influye en el que tiene el poder en ese marco, que es el César, está también determinado por el marco. Ellos han ido a ver sangre, a ver lucha. Si de algún modo, por ejemplo, los gladiadores consiguieran con un discurso al público, cambiarles el marco, esto es, hacerles ver que están de acuerdo de que ellos han venido a ver un espectáculo, pero además que ellos por otras circunstancias también podrían estar ahí abajo en la arena. Ese nuevo marco poniendo al espectador como actor puede hacer recapacitar las perspectivas de un gran número de espectadores lo que podría finalmente llegar a reconvertir un circo romano basado en la lucha en un moderno circo del Sol centrado en el espectáculo. 

Todo este embrollo metafórico es desde mi punto de vista el nudo gordiano, el haiku del zen japonés, el tao de los paradigmas y de los conflictos de la vida que los grandes maestros y filósofos han intentado resolver. Podría decir, “Es la lingüística, estúpido”. Por su gran importancia y su extensión este será uno de los temas que intentaré elaborar más detalladamente en próximos artículos. 

Finalmente, para todos aquellos que quieran profundizar en este tema de los marcos desde la perspectiva de “No pienses en un elefante” existe un curso MOOC muy interesante “Framing: How politicians debate” que les enseñará las diferentes perspectivas sobre el elefante de los “marcos” y así podrán entender un poco más sobre los grandes debates políticos actuales que vivimos estos días, el Brexit, Donald Trump, el neologismo “Post-Verdad”.



Un elefante en la habitación 


“Es una expresión metafórica que hace referencia a una verdad evidente que es ignorada o pasa inadvertida. También se aplica a un problema o riesgo obvio que nadie quiere discutir. 

Se basa en la idea de que sería imposible pasar por alto la presencia de un elefante en una habitación; entonces, las personas en la habitación que fingen que el elefante no está ahí han elegido evitar lidiar con el enorme problema que implica.” 

También puede considerarse un subgrupo de la metáfora "Los ciegos y el elefante", es decir, si no podemos ver el elefante en la habitación puede ser por ignorancia lo cual implica que alguien nos lo tiene que mostrar desde otro marco. Por el contrario, si vemos el elefante es que podemos ver el otro marco pero por intereses, mala fe o cualquier otro motivo, hacemos como si no lo viésemos y así podemos estar cómodos en nuestro propio marco.

Desde un punto de vista de los países, el elefante en la habitación podría ser este gráfico que muestra los límites planetarios y que no está teniendo la atención que merece semejante “elefante” delante nuestra sociedad planetaria. 



Desde un punto de vista más individual, este video con este experimento social refleja cuando alguien nos enseña que si hay un “elefante” delante nuestro, el cual anteriormente realmente desconocíamos o bien lo sabíamos, pero lo evitábamos. 



Dos libros para pensar 

     En un enfoque educativo, así como había hecho una selección de libros para el bienvivir en el 2015, me encontraba estos días seleccionando los libros publicados en castellano en el 2016 que había leído y que tenían cierta relación con el bienvivir. Estos los expondré el próximo mes en un artículo, pero me he encontrado con dos de ellos que han sido de una lectura muy amena y divertida y que pueden ser muy útiles para poner en contexto estos “elefantes metafóricos”. 

El primero de ellos se titula ¿Quién le hacía la cena a Adam Smith? escrito por la periodista sueca Katrine Marçal y que para mí es posiblemente uno de los mejores libros de economía del año 2016. 

Primeramente, recomiendo este libro tanto para expertos y expertas economistas (que quizás estén mirando a un marco concreto de la economía) como a neófitos y neófitas que con conocimientos económicos aprendidos en la calle podrán aquí tener una gran perspectiva del elefante de la “economía”. En segundo lugar, el título salta perfectamente el marco cognitivo “No pienses en un elefante”. En lugar de enfocarse y criticar el marco económico actual, nos dibuja un marco “económico” enfocado desde la perspectiva femenina. La reseña de Philip Roscoe: 

“Este libro informado, airado y muy entretenido hará que muchos economistas huyan en busca de protección.” 

muestra claramente que crear un nuevo marco en lugar de debatir en el marco de tus oponentes es una estrategia clara de desmarcar sus argumentos y proponer un nuevo marco de discusión. Finalmente, nos muestra claramente el elefante en la habitación que es que la mujer está oculta en el marco económico actual. ¿Dónde están reflejados económicamente los cuidados, la limpieza, la crianza, etc. en la economía? 

El segundo libro es “Homo Deus. Breve historia del mañana” del historiador Yuval Nohah Harari conocido por su superventas internacional “De animales a Dioses (Sapiens). Una breve historia de la humanidad” (todavía pendiente en mi lista de lecturas). 

Desde el punto de vista cognitivo y de intentar ver todo el elefante estoy totalmente de acuerdo con la reseña que le ha escrito Daniel Kahneman

"Homo Deus te sorprenderá, te entretendrá, sobre todo, te hará pensar de maneras que no habías pensado antes". 

Me ha hecho pensar y me ha descrito muchas partes del elefante del “mañana” aunque en algunos puntos pueda discrepar de la perspectiva de Harari. En segundo lugar, es muy común o estamos muy acostumbrados a que sean los expertos en STEM, acrónimo de ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas, los que nos hablen del futuro desde sus respectivos marcos, pero en su lugar Harari reivindica el marco de la historia dentro de las humanidades que están tan vilipendiadas en el sistema educativo actual. Para Harari, la mejor razón para aprender historia no es para predecir el futuro, sino para que podamos desprendernos del pasado e imaginemos posibles alternativas. Las predicciones que expone en el libro son para intentar analizar los dilemas actuales, expandir los marcos o perspectivas y así poder cambiar el futuro. Finalmente, el elefante en la habitación de Harari que nos quiere mostrar es el de la desigualdad. Los proyectos de inmortalidad, felicidad y divinidad están promovidos por las élites que son las que se beneficiarían de esa nueva religión de los datos, el Dataismo, y para la restante parte de la humanidad pronostica que serían tratados del mismo modo que los humanos tratan actualmente a los animales. 



Conclusión en clave educativa 

     Como mencionaba antes el nudo gordiano está en el lenguaje, las metáforas, los marcos. Si esto lo llevamos al tema educativo, nos podemos encontrar con una dialógica que de una manera simplista confronta la educación de toda la vida con la nueva educación cualquiera que definamos en uno u otro lado. Intento ver los pros y los contras de cada una de ellas y es realmente desafiante hacer un collage con lo mejor de cada una de ellas. Sin embargo, ya traté en un artículo sobre la educación, las habilidades educativas que Tiffany Shlain proponía para el siglo XXI en este video que adjunto nuevamente. 



Reflexionando sobre la problemática o el desafío (dos marcos que miran al mismo elefante) de la educación en el siglo XXI, esas cinco habilidades: Curiosidad, creatividad, iniciativa, pensamiento multidisciplinar y empatía pueden ser un excelente marco para la educación

     Sin curiosidad, no podemos salirnos de nuestro marco educativo y abrazar otras perspectivas. Sin creatividad va a ser muy difícil resolver o avanzar en los numerosos pares dialógicos que se enfrentan. Sin iniciativa todo lo que pensemos no nos sirve de utilidad. Sin pensamiento multidisciplinar no podremos ver el elefante completo, la cooperación y la sinergia son elementos imprescindibles si somos muy especialistas en una temática concreta. Finalmente, sin empatía para percibir lo que sienten y piensan los otros no podremos relacionarnos con los demás.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Zygmunt Bauman y la crisis de los refugiados en Europa

En su libro “Modernidad y Holocausto”, que recibió el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social en 1989, Zygmunt Bauman analizaba las causas del Holocausto y la maquinaria de destrucción en todos los sentidos en la Europa de la II Guerra Mundial, en un intento de profundizar en el repaso superficial que tanto sociólogos como historiadores habían hecho del desastre nazifascista y los crímenes de guerra perpetrados tanto por el Eje como por los aliados.

Pero, ¿qué tiene que ver el origen del Holocausto y los crímenes de guerra de la II GM con la crisis de refugiados en Europa hoy día? Sencillamente ambos fenómenos son una consecuencia natural del proceso civilizador y el énfasis en las aspiraciones de racionalidad que no han de interferir en las normas éticas o inhibiciones morales.

Y es que a lo largo de la obra, Bauman vuelve una y otra vez a las raíces de la modernidad, que desembocó en «el proceso civilizador (…) un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales . Hace ya tiempo que se reconoció que una de las características constitutivas de la civilización moderna es el desarrollo de la racionalidad hasta el punto de excluir criterios alternativos de acción y, en especial, la tendencia a someter el uso de la violencia al cálculo racional. Debemos aceptar, entonces, que fenómenos como el del Holocausto son resultados legítimos de la tendencia civilizadora y una de sus constantes posibilidades.»

Las propias bases de la sociedad moderna, y en el caso de la crisis de refugiados en Europa la posmoderna, son aquellas descritas por Max Weber en que las condiciones de la gestión racional – separando por ejemplo la empresa del hogar o la renta privada del erario público – han sido creadas para detraer la acción racional y las normas irracionales – como los juicios éticos y morales -, haciendo que las personas sean inmunes a postulados como la asistencia mutua, la solidaridad o el respeto recíproco que se desarrolla en las relaciones no comerciales.

DISCIPLINA CONTRA RESPONSABILIDAD MORAL

La sociedad nazi no era un mundo de barbarie donde los salvajes imponían la ley de la selva, justamente al revés, el experimento revela hasta qué punto la sociedad racional y científica es capaz de generar destrucción al hacer que las personas queden desarraigadas de moral y sentimientos.
Herbert C. Kelman hizo un análisis brillante sobre las inhibiciones morales, que disminuyen cuando se cumplen tres requisitos separados o juntos: violencia autorizada por órdenes de superiores o departamentos legalmente competentes, violencia normalizada en la rutina del gobierno – por ejemplo los funcionarios -, y la deshumanización de las víctimas.

La sociedad industrial y eficiente alemana en el período nazifascista, donde había que obedecer órdenes de superiores por encima de cualquier consideración personal, haciendo gala de una disciplina germana que incluso hoy día se sigue explotando como “marca propia”, hizo posible destruir la identidad individual y sacrificar cualquier interés personal al someterse a la disponibilidad de la organización, al sacrificio personal por un orden superior que el propio Max Weber definió como deber del funcionario: «El honor del funcionario reside en su capacidad para ejecutar a conciencia las órdenes de las autoridades superiores, exactamente igual que si las órdenes coincidieran con sus propias convicciones. Esto ha de ser así incluso si las órdenes le parecen equivocadas y si, a pesar de sus protestas, la autoridad insiste en que se ejecuten». Fue precisamente cuando la sociedad alemana quedó inmersa en esta concepción cuando la disciplina sustituyó a la responsabilidad moral.

CUANDO LA CULPA ES DE TODOS, NO ES DE NADIE

Weber terminaba su descripción del honor del funcionario subrayando «la responsabilidad personal exclusiva» del dirigente, «responsabilidad que no puede ni rechazar ni traspasar». Este adoctrinamiento estaba profundamente enraizado en los funcionarios del III Reich, quienes sistemáticamente justificaban su trabajo alegando que eran meros empleados que obedecían órdenes de superiores.

Ascendiendo en la cadena de mando, nadie asumía responsabilidad alguna porque todos estaban obedeciendo órdenes de superiores.

Pero, ¿cómo pudo gente completamente normal y corriente participar en la maquinaria asesina nazi? Bauman compara el colaboracionismo y la mirada hacia otro lado con los trabajadores de una fábrica de armamento a los que les sobreviene un maravilloso aplazamiento de cierre de su fábrica gracias a que ha estallado una guerra en un país lejano. Estos empleados se van a casa y mientras cenan asisten lamentándose a las imágenes de niños mutilados, mujeres violadas y hombres desangrados en países exóticos.

La enorme ola de intermediarios en todos los sectores productivos y de logística es fundamental para tomar distancia individual de las consecuencias de un determinado modelo de consumismo y forma de vida. A consecuencia de ello nadie se atribuye actos conscientemente, porque todas las personas se sienten instrumentos inocentes de una voluntad ajena. Al no tener conocimiento de primera mano de las consecuencias de sus actos, incluso el mejor de los seres humanos se mueve en un vacío moral.
De alguna manera estamos acostumbrados a asociar que hay alguien planificando y siendo responsable de cada suceso en el mundo, por eso nos es difícil aceptar que con más frecuencia de la deseada no hay ninguna persona o grupo que haya planificado y esté realizando un mal concreto. Esto significa que incluso nuestras propias acciones, a través de efectos remotos, pueden contribuir a provocar sufrimientos.

UN MUNDO DE DECISIONES RACIONALES

Primero las personas eran metidas en trenes de ganado y trasladadas cientos y miles de kilómetros durante varios días, hacinadas y sin acceso a mínimas condiciones de higiene o intimidad. Cuando llegaban al campo de exterminio se les metía en las eufemísticas duchas, que no eran sino un oasis en la mente de quienes habían sido sometidos a tratos tan denigrantes. Pero incluso para quienes sabían qué sucedía en aquellas “duchas”, se les ofrecía una elección racional entre morir acribillados a balazos o torturados por los soldados al insubordinarse al orden establecido o sufrir una muerte “rápida e indolora”.

¿Y los empleados de los campos de exterminio? Incluso la industria de la muerte nazifascista se fue perfeccionando y llegó a reducir el papel del asesino a “oficial de sanidad” que debía vaciar un saco de “productos químicos desinfectantes” por una apertura en el techo de un edificio cuyo interior no debía visitar.

El Holocausto fue un éxito de eficiencia administrativa y técnica gracias a la utilización de la burocracia y la tecnología moderna. Se fue tomando progresiva distancia entre los empleados de la maquinaria mortal y las víctimas hasta que éstas llegaron a ser invisibles.

Franklin M. Littell se preguntó ¿qué tipo de facultad de medicina educó a Mengele y sus amigos? o ¿qué departamentos de antropología prepararon al personal del Instituto de la Herencia Ancestral? La respuesta es sencilla, el proceso de racionalización, que ha desembocado en el silencio moral.

LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS EN EUROPA

¿Pueden los países europeos, que todavía arrastran las causas y consecuencias de la crisis económica internacional de 2008, acoger a más de tres millones de personas que huyen de las guerras en el norte de África y el Medio Oriente?

Los refugiados suponen una carga económica que merma la rentabilidad y eficiencia de las empresas y sociedades europeas. Lo importante es seguir trabajando para aumentar la productividad y volver a “la senda del crecimiento” que desemboque en los años dorados del período 2000-2007, si para ello es necesario fomentar guerras en el norte de África para instalar gobiernos como el de Turquía, dispuestos a reprimir en sus fronteras y abrir campos de concentración a cambio de una ola de miles de millones de euros en “ayudas”, adelante con ello.

Es lo racional, es lo que manda el sentido común. Es la posmodernidad, la hija de la modernidad que parió el Holocausto.

martes, 8 de noviembre de 2016

Alternativas económicas, decrecimiento y Renta Básica

Decía William Morris en Cómo vivimos y cómo podríamos vivir...

Pero ¡ay!, he aquí que su progreso ha sido interrumpido y deshecho y, aunque el hombre haya conquistado la naturaleza y disponga del control de sus fuerzas para hacer con ellas lo que guste, aún le falta conquistarse a sí mismo, aún debe pensar cuál será el mejor uso de estas fuerzas de las que se ha adueñado. Porque actualmente sigue empleándolas a ciegas, neciamente, como si aún estuviera regido por el destino.

Y es que podemos preguntarnos qué es el progreso. ¿Qué significa ese término? El pensamiento predominante sigue sin cuestionarse esta noción a pesar del tiempo transcurrido desde que Morris pronunciara estas palabras allá por 1884. ¿Qué es avanzar cuando no hay elección de una meta sino mera inercia? En realidad sí hemos asimilado en nuestra educación una meta social en forma de tecno-utopía. Pero ¿es el mero avance tecnológico un síntoma de bien y una promesa de mejora social? En tal caso se daría la paradoja de que ese tipo de mejora no implicaría nada esencial para nuestra forma de vida, pues ese propósito puede continuar sin final, comprometiéndonos eternamente con la misma dedicación sólo que en nuevos entornos. No cabe esperar una forma de vida mejor si, sea cual sea nuestro nivel tecnológico, siempre tenemos que bregar por mejorarlo.

Paisaje tecnológico I
Ángel Orcajo 1969

La multiplicación del trabajo se ha convertido para nosotros en necesidad, y mientras eso continúe ninguna ingeniosidad aplicada a la invención de máquinas nos será de auténtica utilidad.

Trabajo útil o esfuerzo inútil. William Morris, 1884

Es una cuestión que va más allá de la distinción entre capitalismo y socialismo -y quizá por ello Morris ha sido relegado como socialista heterodoxo-. Bajo el primero se da la contradicción de que cada innovación reduce la necesidad de mano de obra a la vez que se propone la innovación como solución al desempleo. Esto avoca al fracaso del empleo (y del autoempleo) como sistema de distribución de rentas, y hace urgente la adopción de una Renta Básica Universal (RBU). Pero aunque se renovara la actividad mediante empleo público garantizado que pusiera a todo el mundo a trabajar en favor de la misma clase de desarrollo ¿no estaríamos condenándonos a un modo de vida que puede cuestionarse como destino perpetuo? En el fondo está la cuestión de qué queremos ser. Y la cuestión de hasta donde podemos presionar al medio natural en el que hemos surgido como especie. Decía William Morris continuando la conferencia de la primera cita:

La conquista de la naturaleza ha concluido, ¿no podemos ya decirlo?, y nuestro asunto consiste ahora, y ha consistido durante largo tiempo, en la organización de la vida del hombre, que gobierna las fuerzas de la naturaleza.

A largo plazo, el progreso tecnológico trabaja contra nosotros si no cambia la lógica económica en la que estamos inmersos, y cada entusiasta logro en en este terreno puede terminar siendo una ayuda en la construcción del camino hacia el infierno [1] [2]. Una tecnología no es más que un programa, un algoritmo, un cálculo expresado en formas materiales (en lugar de símbolos), que sólo al recibir energía produce algún efecto sobre la realidad. Mejorar ese cálculo constantemente dentro de una lógica económica que busca maximizar la producción no es más que potenciar la aplicación de energía a la transformación incesante del mundo. El aumento del PIB no debe ser un objetivo por sí mismo por el mismo motivo por el que preferimos no desarrollar ni hacer estallar más bombas nucleares.

Precisamente en nombre de la ciencia que nos advierte de los límites del crecimiento, tendremos que cambiar esta creencia básica de nuestra sociedad. Fascinados por el espectáculo de cambios materiales en el fondo simples, distraídos por cálculos para la acción y por sus efectos prácticos, hemos abandonado el progreso ético y político. El verdadero progreso, diría aventurando una respuesta, no consiste en calcular más sino en pensar mejor.

En consecuencia habrá que prestar más atención a los modelos económicos alternativos que apuntan hacia esta lógica de lo cualitativo y lo complejo, que ponen por encima lo no medible, lo que sólo puede avanzar en la deliberación compartida democráticamente. Concluía Morris el pasaje citado al inicio diciendo:

...acabar con el miedo a nuestros congéneres y aprender a confiar en ellos, derribar la competencia y edificar la cooperación, he aquí nuestra única necesidad.

Necesitamos pasar de poner el énfasis económico en el crecimiento a ponerlo en una distribución óptima, en cualquier caso suficiente para todos, de modo que podamos no crecer, de modo que podamos desinflar esta burbuja tecno-energética que nos destruye tanto como nos obnubila con las variopintas formas posibles de consumirla.

En este sentido, en la segunda parte del congreso sobre Renta Básica Universal y decrecimiento celebrado en Hamburgo este mismo año -aquí resumimos la primera parte- se pusieron estas dos propuestas en relación con otros planteamientos económicos alternativos. Lo que sigue es un resumen de estas charlas ceñido a la opinión de los ponentes. En un tercer artículo, dedicado a diversas controversias relacionados con esta temática que se plantearon al final del simposio, apuntaremos también algunas diferencias de planteamiento y conclusiones propias.


Renta Básica como oportunidad para una floreciente economía local y sostenible

Christine Ax es experta en empresas pequeñas y artesanales, y llegó a la convicción de que una renta básica sería favorable para una economía local sostenible, basada en este tipo de empresas. Ha tratado en profundidad ambos temas, RBU y decrecimiento, en dos de sus libros, argumentando que la RBU es una oportunidad para dar forma a la gran transición que necesitamos.

Las pequeñas industrias y, sobre todo, las empresas artesanales son intensivas en mano de obra. Muchas de ellas ofrecen una amplia gama de buen trabajo y productos duraderos y su “sostenibilidad estructural” les avoca a jugar un papel importante en nuestro futuro. Facultan a las personas para proporcionar y para enseñar habilidades -cuidados, compartir, reparar, todo tipo de “hazlo tú mismo”- relevantes para una economía más allá del crecimiento y un estilo de vida menos intensivo en recursos.

Proporcionan puestos de trabajo que permiten desarrollarse. En estos negocios nos encontramos con una alta proporción de personas que están motivadas intrínsecamente, es decir, que les encanta lo que hacen y para las que, en muchos casos, el trabajo en sí es parte de su remuneración (no sólo el dinero). No todos, pero muchos, (sobre todo en los oficios artísticos y más artesanales), hacen lo que realmente quieren hacer. Pero para estabilizar y apoyar este tipo de economía necesitan una remuneración más justa y más seguridad.

Por ello la RBU podría ser una forma, (tal vez la más importante), para dar forma a una sociedad más allá del crecimiento, así como para conciliar economía y cultura. El conocimiento práctico y vocacional junto a los conocimientos generales tienen gran importancia tanto para el bienestar como para una economía sostenible.

Por último, dice Christine, “cuando estoy haciendo entrevistas con artesanos y empresarios con bastante frecuencia encuentro personas que están de acuerdo conmigo en este punto. Por tanto, una alianza estratégica con esta parte de nuestra economía podría ser fructífera y ayudaría a aumentar la comprensión de los conceptos de la RBU”.


La tercera revolución industrial y su efecto sobre las horas de trabajo en el marco económico actual

Eva Nalbach analiza la posibilidad de que la llamada “tercera revolución industrial” cumpla los vaticinios de quienes auguran el colapso del sistema de mercado (y con él, del capitalismo) a causa de la disponibilidad de bienes de consumo abundantes y el colapso del sistema de precios. Esto nos llevaría a una realidad del empleo y del intercambio radicalmente nueva en la que sería concebible que las personas optaran por no trabajar a tiempo completo, y pasaran a centrar su vida en una existencia menos orientada al crecimiento, lo que suele presentarse como un posible abandono del sistema de mercado en favor de una sociedad organizada en torno a la economía colaborativa.

Para observar esto el estudio introduce en el modelo neoclásico la economía del “compartir” junto a una división de los hogares en capitalistas/empresarios y trabajadores, y se observa el efecto de esos cambios, además de la robotización, en la oferta de empleo. Los resultados indican que, si mantenemos el actual marco neoclásico, no hay evidencia de que el capitalismo vaya a autodestruirse sólo a través de cambios tecnológicos.

Por lo tanto se investiga bajo qué condiciones se pueden esperar cambios hacia el decrecimiento, junto una exploración de los efectos de una RBU en este sentido. La conclusión es que los cambios causados por la “tercera revolución industrial” dan un amplio margen para la esperanza, pero salvo que además se lleve a cabo un imprescindible cambio de reglas a través de cambios en las instituciones, la cultura y los valores, esta será una oportunidad perdida con consecuencias potencialmente devastadoras para la igualdad y la ecología.


RBU y Economía del Bien Común (EBC). “Relación difícil” o “Asociación ideal”

Otto Lüdemann y Bernd Fittkau investigan la relación entre estas dos propuestas. En principio es imposible comparar las metas operativas de ambos movimientos. Ni la EBC garantiza una seguridad económica para todos, ni la RBU por sí misma orienta a las empresas hacia el bien común. Pero tiene sentido tener en cuenta ambos movimientos desde el punto de vista de su marco general de valores.

El marco de valores de la EBC se evidencia en su Balance del Bien Común, basado en valores como dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, participación democrática y transparencia. La RBU se basa en valores como seguridad económica básica, equidad social y libre desarrollo personal. Salta a la vista su complementariedad. Los valores relevantes para la EBC se corresponden también con los objetivos que persigue la RBU. En ambos casos se plantean preguntas críticas sobre el crecimiento económico a cualquier precio, ya sea como resultado de un profundo respeto por la sostenibilidad socio-ecológica, o debido a que una renta básica liberaría a las personas de tener que aceptar cualquier trabajo para poder sobrevivir.

Una pregunta abierta es si una RBU se ajusta completamente con la práctica económica de las empresas en la EBC. Por ejemplo, estas empresas podrían estar preocupadas por la pérdida de motivación de los trabajadores cuando estos se benefician de una renta básica. Otra preocupación podría ser si la necesidad de financiar la renta básica obligará a las empresas a volver al principio de la maximización del beneficio. Sin embargo, un examen más detallado muestra que tales preocupaciones son infundadas. Especialmente si se plantean formas de financiar una RBU, por ejemplo a través de una reforma fiscal socio-ecológica, que crean oportunidades para una cooperación estrecha, e incluso una articulación de los dos movimientos. Este tipo de impuesto establece incentivos para una toma de decisiones responsable.

Resumiendo, EBC y RBU defienden el objetivo común de la sostenibilidad social y ecológica de diferentes maneras, pero ambas tienen el potencial de fortalecerse mutuamente. Son elementos complementarios en el camino hacia una “economía de transición” realista.


Perspectivas desde la revolución de los cuidados sobre el decrecimiento y la RBU

Actualmente diversos enfoques alternativos desafían la economía de mercado capitalista dominante con su imaginario de crecimiento, pero en su mayoría omiten una explícita perspectiva de género. Por ello Sandra Antelmann, en su tesis "Suficiencia, Comunes y Cuidados. Aproximación a los movimientos de decrecimiento urbano", trata de compensar esta carencia desde la perspectiva de la ecología política feminista y la economía política feminista, especialmente con una perspectiva feminista(-queer) para economías alternativas como la Economía Común (Ecommony, Habermann) y la Economía de los Cuidados, incluyendo el cuidado de las culturas naturales, (Care Economy, Puig de la Bellacasa), llevando estas a una relación reflexiva (Economía de Cuidados Comunes, Carecommony) y aplicándolas a escala urbana (Harvey, Hardt / Negri) con ejemplos como la jardinería urbana y la permacultura. Ahora está preparando su proyecto de doctorado en el que quiere vincular la carecommony con los movimientos de resistencia urbanas.

Recientemente se ha celebrado también en Hamburgo la “Semana del cambio. ¡Una buena vida para todos es posible!” vinculando muchas iniciativas, proyectos y movimientos como la economía solidaria, la RBU y la revolución de los cuidados, Todos estos enfoques se oponen al discurso dominante en el debate sobre la sostenibilidad, ese crecimiento verde o inteligente que busca una disociación entre el crecimiento económico y el impacto ambiental por medio de la eficiencia y de innovaciones tecnológicas, lo que empíricamente siempre se ha visto frustrado por efectos rebote. Especialmente el feminismo ha diagnosticado múltiples crisis: económica, ecológica y de reproducción social, y subraya la estrategia de sostenibilidad de la suficiencia, no como abstinencia individualizada sino sociopolítica.

La economía del cuidado y la revolución de los cuidados apuntan a una buena vida con abundancia de tiempo, y se inspiran en modelos orientados a las necesidades de las formas de vida sociales y colectivas. Esto está en sintonía con la RBU al cuestionar y redefinir el concepto de trabajo, resaltando la diversidad de ocupaciones socialmente necesarias más allá del trabajo asalariado. La RBU podría fomentar así una división del trabajo con justicia de género, y ayudar a resolver la dicotomía y la jerarquización entre producción y reproducción, por ejemplo en el concepto de la ReProductividad (del enfoque Economía del Cuidado, Biesecker et al.) que incluye también la productividad de la naturaleza.

Para aplicar un cambio socio-ecológico a la relación entre economía y naturaleza son necesarios puntos de entrada y estrategias transitorias. Muchas iniciativas ya experimentan en su práctica diaria con enfoques alternativos como la agricultura comunitaria o proyectos de vivienda auto-organizados y basados en la solidaridad. Esta diversidad creativa puede fomentar procesos de aprendizaje colectivo en los que la comprensión de lo que es deseable y necesario cambia y permite nuevos imaginarios (post-capitalistas) para las comunidades emergentes (Muraca, Gibson-Graham). Una RBU podría sentar las bases para lograr un mayor comunitarismo y más cuidados, entre los seres humanos y los no humanos, en un mundo en decrecimiento.


¿Cómo compensar la reproducción social y ambiental? Dos dilemas, una solución común

Cuando se trata de medidas tradicionales, como la riqueza, el empleo y la pobreza, nuestra generación es la primera que se define por la inseguridad económica y la precariedad en general. Sin embargo, estamos utilizando una cantidad de recursos y produciendo una cantidad de residuos equivalente a 1,6 planetas. A pesar de todas las evidencias y números de la ciencia, nuestro comportamiento no ha cambiado. Resulta claro, por tanto, que los dilemas sociales y medioambientales tienen que ser abordados con argumentos éticos -concluye Nina Šoštarič-.


Desde la Segunda Guerra Mundial hemos sido absorbidos por el imperativo del PIB, que se ha convertido no sólo en la medida del éxito, sino también en nuestra religión y en nuestra ética. En consecuencia, estamos viviendo en un mundo donde 62 individuos poseen tanta riqueza como la mitad de la población mundial. El problema fundamental con el crecimiento es que, por un lado, se basa en el trabajo no remunerado en el ámbito de la reproducción social, y por otro lado, parasita la reproducción del medio ambiente. El trabajo de cuidados no suele valorarse como trabajo sino como tareas insignificantes. Quienes realizan este trabajo viven en situación de enorme precariedad, sin reconocimiento ni redistribución por su contribución a la sociedad. Tradicionalmente la economía del cuidado es asumida por la fuerza de trabajo de las mujeres, y aunque nuestro bienestar y nuestro bienvivir dependen de ello, no cosecha tanto respeto social como la economía empresarial, tradicionalmente dominada por hombres. Sin embargo, el cuidado tiene un papel específico en nuestras vidas y relaciones.

La degradación de la biosfera está dejando claro que la comunidad global tendrá que reavivar la reproducción ambiental e imponer más regulación e impuestos sobre la contaminación y el agotamiento de los recursos. Los costes de restaurar la naturaleza se están arrojando sobre las generaciones futuras. La justicia generacional requiere poner a las personas por delante del beneficio y acentuar la solidaridad. Se está volviendo inevitable compensar la reproducción tanto en el ámbito social como en el medio natural. La RBU, preferiblemente pagada en moneda local como provisión para el trabajo de cuidados, financiada mediante una fiscalidad verde, concretamente impuestos al consumo, reduciría la huella ecológica y contribuiría a una mayor autonomía. La RBU ampliaría la esfera autónoma en la cual criamos a nuestros hijos, cultivamos nuestros huertos orgánicos y disfrutamos de la naturaleza. Si es pagada en moneda local promovería los mercados locales de alimentos y otras economías locales. La introducción de impuestos progresivos sobre el consumo, la publicidad y otras actividades ambientalmente dañinas restringiría la globalización, y ofrecería a la naturaleza la oportunidad de recuperarse de la invasión humana.

En general, estamos frente a una consideración ética. Afrontar la lucha contra la desigualdad y la justicia generacional podría confirmarse como la única solución para mantener la democracia.


Renta y distribución básicas

La distribución del ingreso y del trabajo es un efecto secundario positivo previsto en las distintas propuestas para implementar una RBU, lo que por otra parte, está provocando miedo e incluso un mayor control del poder y los recursos. Existe una amplia variedad de apelaciones en favor de otra economía que se base en la producción comunitaria y sin ánimo de lucro, probando que algo debe cambiar. Ingrid Wagner intenta mostrar que la RBU podría ser de ayuda para tales formas de economía alternativa, sin importar en qué lugar del mundo tengan lugar. 

Los proyectos de agricultura sostenida por la comunidad ya ponen en práctica estas vías alternativas con éxito a fin de encontrar maneras de satisfacer la falta de acceso a la tierra y a la riqueza o a maquinaria, con un modo de producción de alimentos que faculta a aquellos que no pueden tener este acceso por sí mismos (recuperando la soberanía alimentaria). De ese modo se revitalizan los antiguos Bienes Comunes de una manera moderna, pero también se hace hincapié en la necesidad de una RBU (para poder comprar lo que era originalmente gratuito y de libre acceso para todo el mundo, digamos, en tiempos precapitalistas).