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domingo, 18 de diciembre de 2016

El odio de clase presente en los medios y la política

¿Se imagina varios artículos en los principales periódicos de tirada estatal como El País o El Mundo describiendo a los habitantes de los barrios populares de Madrid como Carabanchel o Vallecas como "seres infrahumanos" o "parásitos" a los que hay incluso que "esterilizar para que no se propaguen como las ratas"? Todas ellas son expresiones que la prensa de mayor tirada en Reino Unido utilizó durante meses para describir a los denominados "chavs", un equivalente británico a lo que en España se conoce como "canis"; los habitantes del más bajo estrato social, clase trabajadora, que habitan en los barrios más pobres del Estado.

Ha sucedido - y sigue sucediendo de vez en cuando - en Reino Unido. Esporádicamente la prensa británica publica oleadas de noticias estrambóticas con casos extremos para inculcar a las clases medias lo que los periodistas consideran "necesario", desmontar los restos del Estado del Bienestar y retirar todo tipo de ayudas sociales a los desempleados de larga duración.

En el libro "Chavs", el periodista Owen Jones compara el trato que los medios masivos de prensa han dado a los diferentes casos de desaparición de niñas que se dieron en la Gran Bretaña entre 2007 y 2008. Uno de ellos fue el de Madeleine McCann, la famosísima niña que desapareció en el Algarve portugués cuando sus padres la dejaron sola en una habitación mientras disfrutaban de sus vacaciones en un lujoso residencial. El otro es el de Shannon Matthews, una niña cuya madre había tenido seis hijos más, con cinco hombres diferentes, y residía con su padrastro en uno de los barrios más pobres al norte del país.

En los primeros quince días, el caso McCann abrió todos los telediarios británicos y fue portada en toda la prensa nacional, se escribieron 1.148 historias relacionadas con lo sucedido en el Algarve, e incluso se llegaron a ofrecer 2,6 millones de libras como recompensa por devolverla a su padre. Las estrellas como J.K. Rowling e incluso algunos de los medios de prensa más importantes a nivel mundial como News of the World trabajaron duro para promocionar el caso y conseguir darle visibilidad, incluso las mayores multinacionales británicas abrieron espacios destacados en sus páginas web para ayudar a encontrar a Madeleine.

Shannon Mathew no resultó tan importante para los británicos. De hecho, tal como expresa Owen Jones, si nos limitamos al valor económico, la vida de la niña era cincuenta veces menos valiosa que la de Madeleine, ya que apenas se ofrecieron 25.500 libras por ella.

Pero, ¿por qué esa diferencia en la atención mediática? ¿Es una excepción? No lo parece, incluso en España lo hemos vivido muy recientemente, con la desaparición de Diana Quer, la hija de un importantísimo y millonario gallego que ha abierto telediarios y portadas de prensa en el Estado, al mismo tiempo que padres y madres de otros niños han denunciado públicamente que a los suyos no se les prestaba la misma atención estando igual de desaparecidos.

ODIO DE CLASE


Cuando se supo que los padres de Madeleine habían abandonado a su hija pequeña dejándola sola en una habitación mientras se iban de fiesta, la prensa británica no tardó en defender a los padres. La popular periodista Allison Pearson declaró "los padres de McCann no fueron negligentes, no podemos juzgarlos porque ellos ya se juzgarán el resto de sus vidas". Entretanto, nada más conocerse la desaparición de la niña pobre, Shannon, la propia Pearson apenas se refirió al suceso en un artículo donde destacaba "Shannon Matthews ya era una víctima de una situación doméstica caótica, causada por los padres a sus hijos inocentes, mucho antes de que desapareciera". El resto de los periodistas no fueron más indulgentes con la madre de Shannon, de ella se escribieron auténticas atrocidades desde que apareció por primera vez ante los medios para reclamar la búsqueda de su hija, como que iba sin maquillar y aparentaba mucho más que 32 años, o como que no vestía a la moda, lo que demostraba, según ellos, lo mala madre que era.

Los periodistas se empeñaron en destacar constantemente cómo el barrio de Shannon estaba repleto de personas miserables, sucias, borrachos y drogadictos capaces de hacer cualquier cosa que uno pueda imaginarse, por lo que presentaban ante las clases medias británicas la desaparición de la niña como una consecuencia lógica y natural.

Tiempo después la investigación policial demostró que todo el secuestro de Shannon Matthews había sido una trama organizada por su propia madre. En realidad su progenitora fingió todo el secuestro con el fin de obtener el dinero del rescate y aliviar así su situación financiera. Además, la policía detuvo al padrastro, acusado de estar en posesión de pornografía infantil. Aquello abrió la veda para que la prensa británica se lanzase, ya sin ningún disimulo, a la yugular de todos los "chavs", los vecinos de la niña; esos mismos que aún siendo desempleados de larga duración se habían gastado dinero de su bolsillo para financiar campañas de pegada de carteles, autobuses e incluso encuentros con barrios de otras ciudades con el objeto último de encontrar sana y salva a Shannon Matthews.
Mientras la prensa se obcecaba en resaltar cómo los McCann "son como nosotros" |1|, ponía el mismo esfuerzo en destacar cómo el barrio de Shannon "es un lugar tan exótico y miserable como Kandahar o Tombuctú. Esa no es la Gran Bretaña de las clases medias, porque estamos tan lejos de esa pobreza como de lo que ocurre en Afganistán" |2|.

Los mismos políticos que cuando se supo de la desaparición de Madeleine habían acudido al parlamento con cintas amarillas en señal de preocupación no dudaron en arremeter contra las clases bajas tan pronto saltó a la luz el escándalo del secuestro ficcionado. Lo mismo a derecha e izquierda, desde laboristas a conservadores. En marzo de 2008, John Ward, un concejal conservador de Kent, proclamó en un debate televisado que "hay cada vez más razones para esterilizar forzosamente a los que tengan un segundo o hijo, o más, mientras cobran prestaciones sociales". Numerosos lectores acudieron en masa a la prensa para apoyar la visión conservadora, e incluso ironizaban con comentarios del tipo "seguro que los progres no apoyan esa medida porque dependen de los chavs para ser electos".

Entretanto la prensa de tirada masiva siguió adoctrinando a las clases medias británicas en el odio hacia las clases bajas, con artículos como el que la muy pudiente Carole Malone publicó en News of the World el 7 de diciembre de 2008: "Esa gente - la de los barrios humildes - nunca ha tenido un empleo ni lo ha querido, esperan que el Estado les pague todos los hijos ilegítimos que tengan, por no hablar de su alcoholismo, adicciones y tabaquismo. Sus casan son pocilgas, cagadas de perro en el suelo y alfombras pútridas, pilas de ropa y de platos sucios por todas partes".

Owen Jones hace una magnífica reflexión al respecto, "imaginen que Carole Malone hubiera hablado así de judíos o negros. Se habría elevado el más enérgico grito de protesta, y con razón. La carrera de Malone habría terminado y el Sun estaría enfrentándose a medidas legales por publicar material que incita al odio."

Apenas un artículo de Joe Mott en el Daily Star quedó ahogado como un grito en el desierto en mitad de toda la propaganda adoctrinadora publicada por los "profesionales del periodismo" británico. En él Mott lamentaba cómo "se está desarrollando en este país una tendencia alarmante a arremeter contra los menos privilegiados".

Años después, incluso el presidente del Sindicato Nacional de Periodistas, Jeremy Dear, hizo una autocrítica sobre aquellos sucesos. "Como ocurre siempre, se tomó un poquito de verdad y se extrapoló para llamar la atención, exagerando todo para crear una histeria más rentable para los medios".

El caso de Shannon Matthews no fue una anécdota. En noviembre de 2008, cuando se supo que un niño pequeño al que se conoció por "Baby P" había muerto en Londres a causa de sucesivas palizas y golpes fuertes de su madre y su compañero, la prensa volvió a destacar cómo los hijos de los "chavs" son el fruto de "diferentes padres" |3|, en lugar de denunciar la falta de recursos y la problemática de las agencias locales de protección al menor. La nueva oleada de crítica destructiva e implacable contra las clases bajas se extendió a principios del 2009, con periodistas compitiendo para encontrar la historia más extrema y salvaje entre los "chavs", llegando incluso a publicar varios reportajes en los que se acusó falsamente a Alfie Patten, un niño de trece años, de haber tenido un hijo.

PASTOREANDO LA OPINIÓN PÚBLICA


El periodista Johann Hari destacó cómo "se buscan casos extremos para destacarlos como la norma entre las clases populares. Gente con diez hijos que no ha trabajado nunca o delincuentes habituales son presentados como lo típico en un barrio humilde, en lugar de como una minoría del mismo".
Fue entonces cuando David Cameron aprovechó para sacar una buena propina electoral con estas publicaciones, declarando "hay que acabar con el todo es gratis; si alguien no acepta una oferta de trabajo adecuada, perderá sus prestaciones sociales".

¿Les suena de algo? ¿No recuerdan ese tipo de declaraciones a la prensa masiva española publicando lo vagos que son los andaluces, el PER, y cómo es mejor tener un trabajo, aunque sea un minijob mal pagado, que estar desempleado?

AL MARGEN DE LA REALIDAD SOCIAL, FUERA DE LAS CALLES


El periodista Kevin Maguire no tiene ninguna duda de que el origen y la trayectorio vital de los propios periodistas tienen mucho que ver con el enfoque hacia determinados tipos de perfiles personales o clases sociales. "No te identificarás, compadecerás ni entenderás a la gente de barrios pobres si no has nacido y te has criado con ellos, si no han sido amigos tuyos en el colegio, el instituto y la universidad. Puede que solo te cruces con ellos cuando te sirven un café o te limpian la casa". Johann Hari cuenta una anécdota curiosa, de cuando preguntaba a compañeros de profesión cuál creían que era el salario medio británico, y más o menos recibía respuestas que lo situaban algo por debajo del real, hasta que un día preguntó a un redactor jefe que le respondió tranquilamente 80.000 libras, siendo la media 21.000.

El propio presidente del Sindicato de Periodistas tiene claro que cada vez habrá más distancia entre los periodistas y las clases trabajadoras, pues al afrontar los gastos y tiempo de obtener un título universitario, sumado a las tasas crecientes y la pérdida progresiva de poder adquisitivo, al final "los únicos que pueden afrontar ese reto son los que tienen un buen apoyo económico detrás, aquellos cuyos padres puedan ayudarles, lo que significa que la condición de entrar en el periodismo ha cambiado radicalmente a otras épocas".

Las noticias de los medios de prensa han ido abandonando acontecimientos relacionados con el mundo laboral conforme los sindicatos han perdido influencia y protagonismo en la sociedad, a ello hay que sumar el enfoque cada vez más macroeconómico y a gran escala que surgió en la prensa con la globalización, así los medios acaban siendo un espacio para la clase media, y los casos extremos que suceden en barrios humildes son presentados como escándalos representativos de cuál es la vida ordinaria en esos sitios.

Los propios políticos que emiten juicios de valor y presentan propuestas concretas al estilo de las de David Cameron son otro buen ejemplo de la ruptura con la realidad cotidiana; no hace falta buscar mucho en la prensa para encontrar casos de políticos que literalmente no sabían ni sacar un billete de metro o autobús, porque llevaban décadas rodeados de asesores y otro tipo de "sirvientes". ¿Acaso este tipo de políticos representan a la clase media española? ¿Son un ejemplo de cómo es un ciudadano de clase media, o incluso de clase alta en España?

EL ORIGEN DE LA MISERIA


En el caso que atañe al libro de Owen Jones, el barrio de Dewsbury Moor, donde Karen Matthews fingió la desaparición de su hija para obtener la recompensa, está en el top 10 de los más privados en bienestar y pobreza infantil. Si el objetivo del laborista Aneurin Bevan después de la II Guerra Mundial fue establecer un programa público de construcción de viviendas sociales para que las clases medias pudieran convivir con las bajas en los mismos barrios, aquello se fue desmoronando cuando Margaret Thatcher accedió al poder en la década de 1980 e impulsó un programa extremo de liberalismo. Antes de aquella revolución conservadora, dos de cada cinco personas de clase media residían en barrios típicos de viviendas de protección oficial, en los datos de 2008 apenas son uno de cada diez, y de ellos la mitad son inquilinos de asociaciones y cooperativas de vivienda |4|. Los sucesivos gobiernos laboristas - teórica izquierda - fueron fieles al dogma conservador y redujeron progresivamente la inversión en vivienda pública, concediendo así a los más pobres las pocas viviendas que se iban otorgando. A esto hay que añadir cómo en cuanto una persona tiene opción de comprar una vivienda más cara se muda de su barrio y vende la vivienda a una persona aún más pobre.

La desindustrialización masiva y la correspondiente deslocalización empresarial iniciada en la revolución conservadora thatcheriana dejó un erial de empleo en Reino Unido, donde en 1979 más de 7 millones de personas trabajaban en la industria en 2008 apenas eran 2,83 millones, la tendencia sigue bajando.

Las políticas de "reconversión industrial" thatcherianas fueron copiadas y aplicadas con la misma firmeza en prácticamente todos los países desarrollados del planeta, como por ejemplo en España, y también con administraciones no conservadoras sino socialdemócratas.

En la misma calle donde residía la delincuente Karen Matthews hoy día puede asistirse al lamentable escenario de naves industriales en ruinas, completamente abandonadas, donde los niños pequeños van a pasar el rato, donde hace apenas tres décadas todo el barrio trabajaba. Los padres y abuelos de Karen trabajaron en esas mismas empresas. Ella no.

El Gobierno de Reino Unido impulsó un ambicioso plan a finales de 2008, en pleno estallido de la crisis mundial, para poner a trabajar a 3,5 millones de desempleados que vivían de prestaciones sociales. El plan se echó abajo tan pronto los estudios demostraron que apenas habría trabajo para colocar a medio millón de personas.

CASTIGO MERECIDO


Ronald Reagan sentó dogma protestante con su "hay gente que elige ser pobre". En su tiempo aquella frase no representaba el sentir mayoritario popular, hoy día sí. En 1986 el 19% de los británicos pensaba que la pobreza se debía a la vagancia o la falta de voluntad, en 2005 ya eran el 27% |5|. Este cambio de percepción social se ha producido en una etapa donde la desigualdad se ha disparado y no para de aumentar, tal como se muestra en el coeficiente Gini - relación de desigualdad de ingresos - que en 1979 en Reino Unido era de 26 y en 2008 ya estaba en 39. Al menospreciar, criminalizar y difamar a las clases bajas se justifica la desigualdad, la propia sociedad acaba asumiendo que la desigualdad es incluso positiva y necesaria.

PROTESTANTISMO Y DARWINISMO SOCIAL


El capitalismo surgido en Reino Unido está íntimamente ligado a su modus vivendi, su concepción del sentido de la vida, que es protestante y darwinista social. Los teólogos británicos del siglo XVII ya protestaban por "la caridad errónea e indiscriminada concedida a pobres que son la verdadera escoria, mugre y sabandijas de la comunidad" |6|.





|1| India Knight, "Every mother`s nightmare", The Times, 6 de mayo 2007.
|2| Melanie Reid, "Shannon Matthews is the new face of poverty", The Times, 17 de marzo 2008.
|3| Bruce Anderson, Sunday Telegraph
|4| John Harris, "Safe as houses", Guardian, 30 de septiembre 2008.
|5| Alison Park et alii, eds., British Social Altitudes: The 24th Report, Londres. 2008. p. 242.
|6| Withney Richard David Jones, The Tree of Commonwealth 1450-1793, Londres, 2000. p 136.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Zygmunt Bauman y la crisis de los refugiados en Europa

En su libro “Modernidad y Holocausto”, que recibió el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social en 1989, Zygmunt Bauman analizaba las causas del Holocausto y la maquinaria de destrucción en todos los sentidos en la Europa de la II Guerra Mundial, en un intento de profundizar en el repaso superficial que tanto sociólogos como historiadores habían hecho del desastre nazifascista y los crímenes de guerra perpetrados tanto por el Eje como por los aliados.

Pero, ¿qué tiene que ver el origen del Holocausto y los crímenes de guerra de la II GM con la crisis de refugiados en Europa hoy día? Sencillamente ambos fenómenos son una consecuencia natural del proceso civilizador y el énfasis en las aspiraciones de racionalidad que no han de interferir en las normas éticas o inhibiciones morales.

Y es que a lo largo de la obra, Bauman vuelve una y otra vez a las raíces de la modernidad, que desembocó en «el proceso civilizador (…) un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales . Hace ya tiempo que se reconoció que una de las características constitutivas de la civilización moderna es el desarrollo de la racionalidad hasta el punto de excluir criterios alternativos de acción y, en especial, la tendencia a someter el uso de la violencia al cálculo racional. Debemos aceptar, entonces, que fenómenos como el del Holocausto son resultados legítimos de la tendencia civilizadora y una de sus constantes posibilidades.»

Las propias bases de la sociedad moderna, y en el caso de la crisis de refugiados en Europa la posmoderna, son aquellas descritas por Max Weber en que las condiciones de la gestión racional – separando por ejemplo la empresa del hogar o la renta privada del erario público – han sido creadas para detraer la acción racional y las normas irracionales – como los juicios éticos y morales -, haciendo que las personas sean inmunes a postulados como la asistencia mutua, la solidaridad o el respeto recíproco que se desarrolla en las relaciones no comerciales.

DISCIPLINA CONTRA RESPONSABILIDAD MORAL

La sociedad nazi no era un mundo de barbarie donde los salvajes imponían la ley de la selva, justamente al revés, el experimento revela hasta qué punto la sociedad racional y científica es capaz de generar destrucción al hacer que las personas queden desarraigadas de moral y sentimientos.
Herbert C. Kelman hizo un análisis brillante sobre las inhibiciones morales, que disminuyen cuando se cumplen tres requisitos separados o juntos: violencia autorizada por órdenes de superiores o departamentos legalmente competentes, violencia normalizada en la rutina del gobierno – por ejemplo los funcionarios -, y la deshumanización de las víctimas.

La sociedad industrial y eficiente alemana en el período nazifascista, donde había que obedecer órdenes de superiores por encima de cualquier consideración personal, haciendo gala de una disciplina germana que incluso hoy día se sigue explotando como “marca propia”, hizo posible destruir la identidad individual y sacrificar cualquier interés personal al someterse a la disponibilidad de la organización, al sacrificio personal por un orden superior que el propio Max Weber definió como deber del funcionario: «El honor del funcionario reside en su capacidad para ejecutar a conciencia las órdenes de las autoridades superiores, exactamente igual que si las órdenes coincidieran con sus propias convicciones. Esto ha de ser así incluso si las órdenes le parecen equivocadas y si, a pesar de sus protestas, la autoridad insiste en que se ejecuten». Fue precisamente cuando la sociedad alemana quedó inmersa en esta concepción cuando la disciplina sustituyó a la responsabilidad moral.

CUANDO LA CULPA ES DE TODOS, NO ES DE NADIE

Weber terminaba su descripción del honor del funcionario subrayando «la responsabilidad personal exclusiva» del dirigente, «responsabilidad que no puede ni rechazar ni traspasar». Este adoctrinamiento estaba profundamente enraizado en los funcionarios del III Reich, quienes sistemáticamente justificaban su trabajo alegando que eran meros empleados que obedecían órdenes de superiores.

Ascendiendo en la cadena de mando, nadie asumía responsabilidad alguna porque todos estaban obedeciendo órdenes de superiores.

Pero, ¿cómo pudo gente completamente normal y corriente participar en la maquinaria asesina nazi? Bauman compara el colaboracionismo y la mirada hacia otro lado con los trabajadores de una fábrica de armamento a los que les sobreviene un maravilloso aplazamiento de cierre de su fábrica gracias a que ha estallado una guerra en un país lejano. Estos empleados se van a casa y mientras cenan asisten lamentándose a las imágenes de niños mutilados, mujeres violadas y hombres desangrados en países exóticos.

La enorme ola de intermediarios en todos los sectores productivos y de logística es fundamental para tomar distancia individual de las consecuencias de un determinado modelo de consumismo y forma de vida. A consecuencia de ello nadie se atribuye actos conscientemente, porque todas las personas se sienten instrumentos inocentes de una voluntad ajena. Al no tener conocimiento de primera mano de las consecuencias de sus actos, incluso el mejor de los seres humanos se mueve en un vacío moral.
De alguna manera estamos acostumbrados a asociar que hay alguien planificando y siendo responsable de cada suceso en el mundo, por eso nos es difícil aceptar que con más frecuencia de la deseada no hay ninguna persona o grupo que haya planificado y esté realizando un mal concreto. Esto significa que incluso nuestras propias acciones, a través de efectos remotos, pueden contribuir a provocar sufrimientos.

UN MUNDO DE DECISIONES RACIONALES

Primero las personas eran metidas en trenes de ganado y trasladadas cientos y miles de kilómetros durante varios días, hacinadas y sin acceso a mínimas condiciones de higiene o intimidad. Cuando llegaban al campo de exterminio se les metía en las eufemísticas duchas, que no eran sino un oasis en la mente de quienes habían sido sometidos a tratos tan denigrantes. Pero incluso para quienes sabían qué sucedía en aquellas “duchas”, se les ofrecía una elección racional entre morir acribillados a balazos o torturados por los soldados al insubordinarse al orden establecido o sufrir una muerte “rápida e indolora”.

¿Y los empleados de los campos de exterminio? Incluso la industria de la muerte nazifascista se fue perfeccionando y llegó a reducir el papel del asesino a “oficial de sanidad” que debía vaciar un saco de “productos químicos desinfectantes” por una apertura en el techo de un edificio cuyo interior no debía visitar.

El Holocausto fue un éxito de eficiencia administrativa y técnica gracias a la utilización de la burocracia y la tecnología moderna. Se fue tomando progresiva distancia entre los empleados de la maquinaria mortal y las víctimas hasta que éstas llegaron a ser invisibles.

Franklin M. Littell se preguntó ¿qué tipo de facultad de medicina educó a Mengele y sus amigos? o ¿qué departamentos de antropología prepararon al personal del Instituto de la Herencia Ancestral? La respuesta es sencilla, el proceso de racionalización, que ha desembocado en el silencio moral.

LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS EN EUROPA

¿Pueden los países europeos, que todavía arrastran las causas y consecuencias de la crisis económica internacional de 2008, acoger a más de tres millones de personas que huyen de las guerras en el norte de África y el Medio Oriente?

Los refugiados suponen una carga económica que merma la rentabilidad y eficiencia de las empresas y sociedades europeas. Lo importante es seguir trabajando para aumentar la productividad y volver a “la senda del crecimiento” que desemboque en los años dorados del período 2000-2007, si para ello es necesario fomentar guerras en el norte de África para instalar gobiernos como el de Turquía, dispuestos a reprimir en sus fronteras y abrir campos de concentración a cambio de una ola de miles de millones de euros en “ayudas”, adelante con ello.

Es lo racional, es lo que manda el sentido común. Es la posmodernidad, la hija de la modernidad que parió el Holocausto.

lunes, 11 de abril de 2016

Autonomía e identidad tercerizada: "dioses de blanco y la autoridad del conocimiento"



En los años cincuenta del siglo veinte la homosexualidad fue considerada una enfermedad que precisaba una cura. Médicos y psiquiatras tenían muy claro que era una condición patológica que requería tratamiento. La mayoría de la población parecía creer esto también. Era comúnmente aceptado encerrar y aislar a personas con esta característica porque la autoridad científica en esta época avalaba su carácter enfermizo. La gente entonces tenía una buena razón para no dar más vueltas al fenómeno de la exclusión social de personas homosexuales. Semidioses en batas blancas con monstruosas gafas de pasta eran como los dueños de la verdad sobre la naturaleza humana. Eran como los grandes dominadores de la vida o la muerte, de la libertad personal o la opresión y a la vez los ejecutores de intereses socio-políticos. Hoy todavía existe la libre e infinita posibilidad de inventarse una patología para cualquier variedad de comportamiento o característica física de un humano. Declarar una persona como víctima de una "enfermedad" ya sea física o psíquica abre puertas para la ejecución de poder sobre ella y a la vez le libera de una gran parte de responsabilidad sobre su propia vida. Una que esta muy de moda es un síndrome llamado TDAH "trastorno por déficit de atención con hiperactividad" o ADHD (attention-deficit hyperactivity disorder).


Hasta hoy no hay ninguna prueba de que este síndrome existe realmente como ninguna patología psiquiátrica puede ser probada sin la afirmación o negación dialogada con el paciente. Sin entrar demasiado en el movimiento de la negacion de quelas enfermades mentales realmente existen, quiero centrarme mas en la simple posibilidad de dejar decidir al medico sobre mi estado de salud con la ayuda de sus pruebas técnicas y los protocolos que se ejecutan en la búsqueda de patrones que definen una patología. Quiero comprender como es posible que haya muchas personas que consultan al medico antes de responder a la simple pregunta de si esta sano o no. Quiero comprender porque la respuesta "me siento muy bien" a esta pregunta ya no es valida como indicador sobre el estado de salud de una persona.
¿A quién le conviene que la gente no sienta si están bien o mal? ¿Por qué se manda al psicólogo a cada niño inquieto que tiene ganas de hacer cosas chulas y tiene curiosidad por la vida? ¿por qué un runner de 45 años se deja operar el menisco por un leve dolor después tres meses de entreno durísimo? ¿por qué la gente ya no sabe que sin un estilo de vida lleno de actividad física e intelectual, con comida elaborada en casa y contacto social, toda medicina del mundo no servirá de nada?


Michel Foucault, un filósofo francés, ha dedicado mucho pensamiento y trabajo analítico para averigurar a quién le conviene la omnipotencia de la medicina psiquiátrica y poder declarar a alguien normal o anormal por su conducta cultural y natural. Foucault ha desarrollado un método que él mismo llama "análisis de discurso" Su finalidad es descubrir de donde viene este poder, a quién beneficia, cómo se manifiesta en los textos y en el lenguaje, a quién pertenece. De forma muy resumida ha llegado a la conclusión de que el poder como fenómeno no puede ser poseído por individuos o grupos de personas sino que el poder es una dinámica que se autoejecuta a través de estructuras contextuales en una época determinada y un código cultural. El poder, según Foucault, se ejerce a través del lenguaje aplicado en las conversaciones y discursos públicos de una cultura. Siempre existen temas tabúes o temas predominantes. Un discurso cultural siempre se manifiesta en lo que no se puede decir y lo que se debe decir. Por ejemplo, hoy en día el discurso sobre el aborto ha pasado de ser tratado por la iglesia a ser dominado por las disciplinas de la psicología y la medicina. Pues el poder regentado sobre el discurso se encuentra dentro de las posibilidades y limitaciones de un campo de conocimiento con sus propios mecanismos opresivos y autoritarios.


Dejo de lado a Foucault por un momento y voy otra vez al "runner" que se encuentra ante una propuesta de operarle la rodilla por un desgaste de la misma. Tiene un leve dolor en la rodilla cuando corre. Ahora está totalmente sometido a la arbitrariedad de los expertos traumatólogos que quieren operarlo para hacer alguna factura con la mutua y para mantener la práctica operando, y por supuesto también porque están convencidos que es lo mejor que se puede hacer. El runner no tiene la suficiente confianza como para evaluar la situación por su cuenta, cree que ellos, los traumatólogos son los expertos y quien es él para contradecir solo con base en sus sensaciones. El discurso del poder aquí se manifiesta en el tabú de que no se cuestiona a los médicos y su conocimiento. El paciente queda totalmente expuesto a los criterios y protocolos que se siguen en el sistema sanitario.

Este poder sirve al sistema sanitario para mantener su propias estructuras. El gran tabú de este discurso es plantear dudas ante los opiniones de expertos sin ser del campo pertinente. No está permitido ni bien visto cuestionar la autoridad científica con base en sensaciones subjetivas. Los pacientes (porque enfermos no son hasta que el médico los declara como tal) se someten totalmente al criterio del médico para saber lo que les falta y como arreglarlo. Los pacientes así tienen un fácil escape de la responsabilidad ante ellos mismos y de interrogarse en primer lugar por sus propias conductas y hábitos en la vida de cada dia para identificar la causa del malestar. Las personas en el mundo occidental han desaprendido a detectar signos de malestar y sus causas (muchas veces muy obvios) y prefieren delegar este cuidado de su salud en un experto (ante todo nutricionistas, aparato digestivo, internistas y endocrinos). Las personas tienden a no querer saber lo que tienen y por qué lo tienen, sólo pretenden que el médico experto los cure. También aquí, en el ámbito de su salud, la gente ha tercerizado la responsabilidad sobre sus propias decisiones a un campo de conocimiento especializado que se escapa de su comprensión más básica. La evidente pérdida de libertad y autonomía como persona emancipada no parece molestar en absoluto. Aquí también fácilmente abandonamos milenios de experiencia cultural y natural a favor de un lenguaje y una ciencia que tiene pocas décadas y cuyos efectos secundarios casi siempre empeoran el estado físico y sobre todo mental de las personas a largo plazo y cronifican los síntomas que sufren.

La ciega creencia en los resultados del análisis científico que muchas veces únicamente son cuantitativos, ha llegado a niveles religiosos. El microscopio y la probeta son los nuevos símbolos de la verdad y el camino limpio y recto. El nuevo tabú somos los herejes de la ilustración y los escépticos del racionalismo.

Finalmente quiero recomendar una lectura y un video que explica más en detalle por qué los psiquiatras, hospitales y cárceles no son mas que un instrumento del poder y no sirven para una sociedad más feliz y sana. Espero haber dado un nuevo enfoque a este tópico siendo consciente que esta pequeña introducción no cubre todos los aspectos y ramas del pensamiento que existen en este campo.


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lunes, 25 de enero de 2016

Democracia, Participación Directa y Sorteo de Legisladores

Vicente Ríos, del blog Sistema en Crisis, nos ha enviado un artículo sobre su visión de la democracia y la ruptura de las jerarquías. Estabamos enormemente interesados en su punto de vista desde que debatimos con él a raiz del planteamiento de nuestra utopía en Ampliando el Debate. Sin más preámbulo, os dejo con él.


En el siglo XVIII d.C Rousseau trató de recuperar los ideales democráticos atenienses para Francia. Afirmaba que la soberanía residía en el pueblo y que los parlamentos simplemente la usurpaban y/o pervertían. Sus ideas impulsaron las revoluciones liberales en Francia y en EEUU. A finales del XVIII, la monarquía absoluta francesa sería depuesta y EEUU se independizó de la corona británica. En aquel “hotspot” revolucionario la cuestión de debate intelectual era el del recambio del modelo político. Había dos alternativas sobre la mesa. Por un lado, la democracia, que ya se había practicado en Atenas hacía más de 2000 años. De otro, un nuevo sistema que no había sido practicado nunca anteriormente: el gobierno representativo oligárquico (del griego, “oligos=pocos” y “arkhia=gobierno”) y republicano, en el que gobernaría una minoría de representantes elegida por sufragio sobre un universo de población determinado [Manin, 1997].

El segundo modelo triunfó debido al espíritu antidemocrático y a las ansias de control de las élites que harían el recambio en los cuadros de poder [Dupis-Deri, 1999]. Éstas, consideraban que a través de procesos electorales competitivos emergerían aristocracias naturales (se elige al mejor o  “aristos’’) las cuales eran intrínsecamente superiores al (1) sistema de linajes propio de las monarquías y al del (2) sorteo de cargos públicos y participación directa, típico de la democracia ateniense. De hecho, consideraban la democracia como “el peor de los males políticos”. Para justificar el gobierno representativo se organizó todo un aparataje de argumentaciones en oposición a la democracia: la necesaria especialización de los políticos en el contexto de la división del trabajo mercantilista (Sièyès, Francia), el analfabetismo de la población por aquel entonces (Madison, EEUU), etc . Así pues, a fecha de hoy, llamamos democracia a un sistema que nace en oposición a la misma [Rosanvallon, 1993]

La palabra democracia, del griego “demos=pueblo” y “kratos=poder”, es mencionada por primera vez por el historiador clásico Herodoto para designar un sofisticado sistema de distribución del poder político que involucraba de forma intensiva a la ciudadanía en el proceso legislativo de la antigua Atenas de los siglos V y IV a.C. Este sistema político combinaba (1) la participación directa en asamblea, (2) el sufragio de cargos técnicos (por ejemplo, los “strategos”) y (3) el sorteo de magistrados (junto la rotación frecuente de dichos cargos) a fin de evitar derivas oligárquicas. Como veremos, el mecanismo del sorteo era una pieza fundamental para el correcto funcionamiento del sistema Ateniense. Por poner un dato, según historiadores como Hansen (1991), la “Boulé” (cámara/consejo legislativo sorteado) fue la responsable de aproximadamente el 50% de las leyes aprobadas finalmente en la asamblea.

Como puede verse en el esquema institucional a continuación, el objetivo central de la democracia Ateniense era la igualdad política real (A). No hablamos de igualdad económica, física o de otro tipo. El objetivo central de la democracia era la igualdad política. Esto es muy complicado de conseguir si establecemos una diferenciación clara y duradera entre legisladores y legislados. ¿Cómo puede hablarse de igualdad política si unos ciudadanos legislan y otros son los legislados por los primeros? Para lograr una democracia, la arquitectura institucional, debería tender a diluir estas figuras, a mezclarlas. Para lograrlo, los atenienses definieron ciertos sub-objetivos e instituciones al servicio de los mismos, de modo que éstos operasen a lo largo de las diferentes fases del proceso legislativo: proposición, tramitación, aprobación y control. De hecho, las instituciones de Atenas estaban planteadas de forma que esta dinámica de participación, control popular y dilución de poder político se maximizase en todo momento [Chouard, 2012].

Para la proposición contaban con la “Isegoría” (B) y una ciudadanía activa (C). Para el proceso de tramitación, los atenienses pusieron en el corazón de las instituciones la “Boulé”, un consejo de 500 personas independientes elegidas por sorteo. El mecanismo del sorteo (G) sujeto a controles (antes, durante y después) (K-Q), aseguraba el gobierno amateur (E) desinteresado de quienes no quieren gobernar para sus propios fines. Pero para que este consejo fuese democrático, necesitaba de la rotación (F) y de los mandatos cortos y no renovables (H). Un gobierno de este tipo maximizaba honestidad, trabajo desinteresado y vocación en servir a la comunidad. En cualquier caso y para evitar cualquiera deriva tiránica, los atenienses estaban armados (D). Combinado con la rotación rápida, el uso del sorteo diluía la figura legislador/legislado, favorecía una ciudadanía activa controladora a la que se le confería responsabilidades y minimizaba los conflictos de intereses y corruptelas. Finalmente, para la aprobación, las propuestas eran devueltas a la Asamblea quien decidía en última instancia. 



En la exposición que se sigue, trataré de mostrar cómo, salvando las distancias históricas, en base a tres mecanismos de participación directa podemos importar la esencia de este revolucionario entramado institucional. Estos mecanismos son las (1) Iniciativas Legislativas Populares (ILP), las (2) Cámaras sorteadas rotativas y los (3) Referéndums. Así mismo, para clarificar ciertos puntos, se contrastará la situación actual del Régimen del 78 con el funcionamiento de un régimen democrático.

  1. Proposición: La Isegoría y la ILP
La primera fase del proceso legislativo en un sistema democrático es la de proposición de una ley. Para garantizar la igualdad de todos los ciudadanos en esta fase, cualquier miembro del cuerpo político debe poder proponer sus ideas y propuestas más allá de lo que diga o piense el parlamento o medio de comunicación de turno. Esto favorece la participación y el que los ciudadanos se mantengan activos realizando una tarea de control, monitorización y regulación (C). En Atenas, se garantizó a través de la institución de la “Isegoría” (B), la posibilidad de que cualquiera pudiese proponer una ley en Asamblea.

La versión moderna de esta institución clave para la democracia en la actualidad es la ILP, la cual requiere recoger firmas en un plazo determinado. Estas propuestas, si recaban apoyo suficiente, deben ser llevadas a trámite. Por tanto, para lograr esa igualdad a priori en el siglo XXI, se requiere que cualquiera pueda proponer  ILPs y que las barreras administrativas para lanzar las mismas sean lo más bajas posibles. En España actualmente se requiere del 1.3% del censo por lo que posiblemente habría que ajustarlo a un valor del 0.5-0.1%. Además, influyen los plazos de recogida de firmas. Pasar de los 9 meses a los 12 meses facilitaría enormemente la labor de proposición ciudadana. En cualquier caso, estos parámetros deberían ajustarse con la experimentación y considerar la posibilidad de adoptar las tecnologías de la información y el uso de wikiplataformas online a modo de lanzadera de propuestas de ley (ejemplos descafeinados son change.org, avaaz, etc.). Es importante recalcar que para dotar de valor a esta institución, las ILPs deberían poder tratar sobre cualquier ámbito y ser vinculantes. Esto contrasta con en el actual modelo Español, en el cual debido al artículo 87.3 de la Constitución, los ciudadanos no pueden reformar ninguna ley orgánica, ni leyes de naturaleza tributaria, ni leyes de carácter internacional, ni los parámetros de redistribución de la riqueza, ni la armonización entre regiones, ni la planificación de la actividad económica. En definitiva, no se pueden proponer leyes sobre nada relevante.

2) Tramitación: la “Boulé” y el Senado Sorteado
La segunda fase es la de la tramitación de las propuestas de ley. Es en esta fase en la que el sorteo se convierte en el procedimiento central para garantizar la igualdad política entre ciudadanos. Tramitar los contenidos de una propuesta de ley es hacerla que pase por las fases necesarias para que se resuelva sobre éstos. Involucra las etapas de lectura, estudio, debate, enmienda, contrapropuesta y sometimiento a referéndum. Para garantizar la igualdad de cualquier ciudadano en esta fase de “vehiculización” de la voluntad popular, ninguna visión debería tener, a priori, más poder sobre el futuro de la propuesta. Sin embargo, en la actualidad, este proceso está totalmente monopolizado por los representantes electos organizados en partidos.
 
Por poner un ejemplo, en España el artículo 6 de la Constitución determina que los partidos políticos “concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento  fundamental  para la participación política” señalando que son “la expresión del pluralismo político”. En consecuencia, la estructuración en los gobiernos representativos de la participación política suele articularse en torno a los partidos, y no a los ciudadanos. De hecho, la tramitación de leyes se da a través de la Mesa del Congreso (que tiene la potestad de no admitir las iniciativas) y del Parlamento (que puede realizar las enmiendas que quiera). Así, únicamente se ha aprobado una ILP en todo el periodo del Régimen del 78 (relativa a la propiedad horizontal). De esta forma, se ha logrado que la ILP haya quedado vaciada por completo de contenido. Para acabar con esto y garantizar la igualdad política en la tramitación, es necesaria la existencia de cámaras sorteadas rotatorias de independientes que sirvan de foro deliberativo ciudadano en el legislativo. De hecho, es la única forma viable de  saltarse y puentear el filtro partitocrático y de caminar hacia una política libre de políticos profesionales como en la antigua Atenas. Se podría contra-argumentar que esta cámara ciudadana podría constituirse a través de una elección de independientes no vinculados a partidos o a lobbies de ningún tipo. Pero el uso del sufragio aplicado a representantes tiene varios problemas adicionales que lo hacen indeseable para articular un sistema políticamente igualitario.

Primero, es un mecanismo que tiende con alta probabilidad a la corrupción del representante. Esto se debe a que el candidato que se presenta a unas elecciones para un cargo X, tiende a pensar en su re-elección. Así, en el ADN del sufragio está la profesionalización de la política y separación del legislador/legislado. Y cuanto más tiempo toquen poder los cargos públicos, más probable será que se corrompan. Uno de los problemas con el poder político es el poder en sí mismo, pues tiende a transformar y a sacar lo peor de sus usuarios. Planteándolo de forma distinta, quienes compiten en unas elecciones por el poder/cargo son personas que aspiran a gobernar, así que ¿Por qué quieren gobernar? ¿Para servir al resto o para servirse a sí mismos? ¿Alguien que quiere poder lo suele querer para hacer el bien? ¿Es una buena cualidad ética querer el poder?  
 
El sorteo, por su parte, resuelve este problema a través de la selección de legisladores que (i) no quieren gobernar y (ii) que cambian con una frecuencia relativamente elevada. Por otro lado, contar con legisladores seleccionados por sorteo garantiza que éstos no deberían a nadie su posición por lo que serían completamente independientes. Únicamente tendrían que ser leales a su conciencia y no a ningún partido o grupo de presión en concreto, sobre todo porque no estarán preocupados por su reelección, pues no dependería de ellos. Por tanto, el diseño institucional sorteista casa mejor con los objetivos del amateurismo político (E) y la rotación de cargos (F). El objetivo de la rotación de los cargos se consigue a través de articular mandatos cortos y no renovables. Esto evita que alguien pueda acaparar el poder durante mucho tiempo, y por otro lado, permite, si la rotación se da a una frecuencia suficientemente elevada, que todos desempeñen ambos roles en algún momento diluyendo la dicotomía legislador/legislado (con una aplicación escala multinivel, estatal-regional-municipal, se tendrían más de 8000 cámaras legislativas sorteadas rotatorias y de políticos amateur, la mayor escuela de política que se pueda imaginar). Por su parte, el objetivo del amateurismo, refuerza el primero. Hacer una larga carrera política profesional en un partido choca contra la renovación frecuente del legislativo de forma que se implique a mucha población en éste. Esto está directamente relacionado con tener una ciudadanía activa (C) que controle y monitorice la actuación del legislativo, minimizando las probabilidades de corrupción.

El segundo problema de la elección de representantes, y el que rompe más claramente con la idea de igualdad política, es que la elección favorece a dos tipos de personas: a aquellos que son ricos y conocidos (ricos mediáticamente) y a aquellos que justamente quieren el dichoso poder. Según las investigaciones de McCormick (2006), el mecanismo de la elección falla clamorosamente en reflejar la diversidad existente en la sociedad. La utilización del sorteo, por el contrario, trata de mantener la igualdad política entre ciudadanos y grupos de poder organizados. Primero, bajo un muestreo aleatorio sobre el censo completo (un sorteo) todos los miembros de la población tendrán la misma probabilidad de ser gobernantes y gobernados. Segundo, dado que los cargos son seleccionados a través de un muestreo aleatorio sobre el censo,  no sólo los sistemas de valores y creencias de la población sino también las características sociales y demográficas (ingresos, raza, religión, etc) obtendrán una representación precisa en la cámara ciudadana. De hecho, como puede verse abajo, las fluctuaciones/desviaciones en la voluntad de tramitar leyes o elaborar contrapropuestas (usando datos del universo/censo de España) a partir de los 385 legisladores seleccionados al azar, no serían superiores al 5% con una probabilidad del 95% de lo que sucedería si todos participásemos en dicho proceso.

 
Una propuesta moderada sorteísta pensada para puentear a los partidos en el contexto actual, pasaría por transformación del uso del Senado a fin de que este se encargara de la (i) tramitación de ILPs, (ii) la convocatoria de referéndums, (iii) la regulación de sueldos , (iv) la rendición de cuentas, (v) el bloqueo temporal de decisiones adoptadas por el congreso de diputados electos, (vi) del control de los cargos electos y (vii) de elaborar informes y convocar comisiones de control, entre otras cosas. Un esquema simple de cómo abrir ese canal legislativo a través de un Senado Ciudadano puede verse abajo:


Una crítica frecuentemente planteada es que este mecanismo no funcionaría porque es necesario que el político sea “experto” y que gobiernen “los mejores” pues para el ejercicio de la política hacen falta conocimientos que no todo el mundo tiene. Sin embargo, las investigaciones en el campo de la inteligencia colectiva (Hong y Page, 2004; Wolley et al., 2010) sugieren que precisamente, una de las propiedades deseables del uso de la herramienta sorteo es que produciría grupos legislativos colectivamente más inteligentes que aquellos basados en la elección. La idea subyacente a esta línea de investigación, es que para un tamaño suficientemente grande de asamblea existirían, correlaciones negativas entre las habilidades y perfiles cognitivos de los integrantes (Landermore, 2012). En este contexto, una correlación negativa implica que cuando uno se equivoca en una determinada cuestión, habrá otro que no lo haga. De forma resumida: produce una diversificación que elimina el “riesgo sistémico” o la propensión agregada del grupo de equivocarse
 
3) Aprobación: Votación en la Asamblea y Referéndums
Aunque en la antigua Atenas la “Boulé” fuese capaz de proponer sus propias leyes o hacer contrapropuestas a las planteadas por la Asamblea, cualquier ley,  para ser aprobada o rechazada, debía pasar el filtro de la Asamblea bajo la regla “1 ciudadano = 1 voto”. Lo mismo sucedería en el esquema del Senado Ciudadano. Sin embargo, en la actualidad, la votación en asamblea tendría su equivalente en el referéndum vinculante extendido sobre todo el universo de población. De hecho, Suiza es considerado por muchos politólogos como el país con el sistema más profundamente democrático existente, precisamente por el uso extensivo que hace del referéndum. Esto contrasta con el uso que se hace del mismo en España, en la que la Constitución del 78 en el artículo 92, limita la posibilidad de poder convocar un referéndum al mecanismo consultivo a instancia, exclusivamente del Gobierno del Estado, que evidentemente solo lo convocará cuando tenga la expectativa de un resultado favorable a sus intereses. 
 
Así mismo, es importante recordar que se pueden articular diferentes tipos de referéndums para tratar múltiples cuestiones. Algunas variedades relevantes de referéndums empleados en países como Suiza o Italia son las siguientes: (i) referéndum constitucional obligatorio (si se quiere reformar la constitución el pueblo tiene la última palabra), (ii) referéndum facultativo (para ratificar cambios legislativos de modo que a toda ley aprobada por el parlamento se le puede exigir que sea sometida a referéndum) (iii) referéndum por ILP (las ILPs que llegan a un número X de firmas desembocan directamente en referéndum) y (iv) referéndum de contraproyecto (en el caso de que el parlamento presente un contraproyecto a la ILP se hace un doble referéndum en el que se pide la aprobación o rechazo de cada una de las propuestas, la parlamentaria y la ciudadana pudiéndose aprobar o rechazar ambas o solo una de ellas).

4) Controles
En definitiva, queda claro que para articular una democracia real, necesitamos una batería de mecanismos participativos que involucren a la ciudadanía y reduzcan los poderes de los partidos y representantes. Sin embargo, también es necesaria la utilización de una batería de controles a los ciudadanos. Esto se debe a que al articular un gobierno ciudadano podrían gobernarnos ciudadanos nefastos, indeseables o incluso peligrosos (Belén Esteban, un nini/cani, un neonazi). Los griegos resolvieron los riesgos del uso del sorteo gracias a toda una serie de eficaces medidas de control. Todo candidato designado pasaba por varios filtros que minimizaban esos riesgos.

Los mecanismos de control ex-ante eran el (i) voluntarismo, (ii) la “diocimasia” y el (iii) ostracismo. La voluntariedad (L) en Atenas se basaba en la exclusión pasiva. Si uno no iba a la Asamblea no podía salir elegido. En la actualidad se debería dar por defecto y sólo se excluiría a aquellos que comunicasen explícitamente. La “diocimasia” (E) consistía en una prueba de aptitud (no de conocimientos, pues actuaría contra la igualdad) a fin de testear la capacitación mental, actitudes éticas como la tolerancia, el respeto, etc. Finalmente se usaba el ostracismo (N) que era un mecanismo de inhabilitación y de defensa contra los indeseables. Si el nombre de una persona alcanzaba una cifra de votantes en contra tenía que marcharse de Atenas. Durante, los legisladores estaban sujetos a la posibilidad de revocatorio (O) o “impeachment” y a la rendición de cuentas (dar cuenta de su gestión, incompatibilidades, etc). La rendición de cuentas también se daba a posteriori, pues existía la posibilidad de acusación pública (Q), el llamado “grafé paranomon”, a través del cual se demandaba al portavoz de una propuesta que hubiese sido nociva, corrompido al pueblo y las leyes del estado.


Conclusión
En definitiva, una democracia es un sistema de gobierno ciudadano que busca la igualdad política, que usa el sorteo y la rotación rápida porque se basa en la desconfianza y que controla durante todo el proceso legislativo cualquier deriva oligárquica. Como hemos visto en este post, el sorteo y rotación rápida de los legisladores son claves para fomentar una ciudadanía activa, lo cual es otro requisito indispensable para la coherencia del conjunto del sistema. Sin embargo, el uso del mecanismo sorteo en lugar del sufragio, por sí sólo, no es la panacea. Es sólo una pieza defensiva más del engranaje anti-oligárquico, pues necesita complementarse con la posibilidad de que cualquiera pueda proponer leyes y de que, en última instancia, todos podamos votar sobre ellas si así lo deseásemos.