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lunes, 14 de noviembre de 2016

Zygmunt Bauman y la crisis de los refugiados en Europa

En su libro “Modernidad y Holocausto”, que recibió el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social en 1989, Zygmunt Bauman analizaba las causas del Holocausto y la maquinaria de destrucción en todos los sentidos en la Europa de la II Guerra Mundial, en un intento de profundizar en el repaso superficial que tanto sociólogos como historiadores habían hecho del desastre nazifascista y los crímenes de guerra perpetrados tanto por el Eje como por los aliados.

Pero, ¿qué tiene que ver el origen del Holocausto y los crímenes de guerra de la II GM con la crisis de refugiados en Europa hoy día? Sencillamente ambos fenómenos son una consecuencia natural del proceso civilizador y el énfasis en las aspiraciones de racionalidad que no han de interferir en las normas éticas o inhibiciones morales.

Y es que a lo largo de la obra, Bauman vuelve una y otra vez a las raíces de la modernidad, que desembocó en «el proceso civilizador (…) un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales . Hace ya tiempo que se reconoció que una de las características constitutivas de la civilización moderna es el desarrollo de la racionalidad hasta el punto de excluir criterios alternativos de acción y, en especial, la tendencia a someter el uso de la violencia al cálculo racional. Debemos aceptar, entonces, que fenómenos como el del Holocausto son resultados legítimos de la tendencia civilizadora y una de sus constantes posibilidades.»

Las propias bases de la sociedad moderna, y en el caso de la crisis de refugiados en Europa la posmoderna, son aquellas descritas por Max Weber en que las condiciones de la gestión racional – separando por ejemplo la empresa del hogar o la renta privada del erario público – han sido creadas para detraer la acción racional y las normas irracionales – como los juicios éticos y morales -, haciendo que las personas sean inmunes a postulados como la asistencia mutua, la solidaridad o el respeto recíproco que se desarrolla en las relaciones no comerciales.

DISCIPLINA CONTRA RESPONSABILIDAD MORAL

La sociedad nazi no era un mundo de barbarie donde los salvajes imponían la ley de la selva, justamente al revés, el experimento revela hasta qué punto la sociedad racional y científica es capaz de generar destrucción al hacer que las personas queden desarraigadas de moral y sentimientos.
Herbert C. Kelman hizo un análisis brillante sobre las inhibiciones morales, que disminuyen cuando se cumplen tres requisitos separados o juntos: violencia autorizada por órdenes de superiores o departamentos legalmente competentes, violencia normalizada en la rutina del gobierno – por ejemplo los funcionarios -, y la deshumanización de las víctimas.

La sociedad industrial y eficiente alemana en el período nazifascista, donde había que obedecer órdenes de superiores por encima de cualquier consideración personal, haciendo gala de una disciplina germana que incluso hoy día se sigue explotando como “marca propia”, hizo posible destruir la identidad individual y sacrificar cualquier interés personal al someterse a la disponibilidad de la organización, al sacrificio personal por un orden superior que el propio Max Weber definió como deber del funcionario: «El honor del funcionario reside en su capacidad para ejecutar a conciencia las órdenes de las autoridades superiores, exactamente igual que si las órdenes coincidieran con sus propias convicciones. Esto ha de ser así incluso si las órdenes le parecen equivocadas y si, a pesar de sus protestas, la autoridad insiste en que se ejecuten». Fue precisamente cuando la sociedad alemana quedó inmersa en esta concepción cuando la disciplina sustituyó a la responsabilidad moral.

CUANDO LA CULPA ES DE TODOS, NO ES DE NADIE

Weber terminaba su descripción del honor del funcionario subrayando «la responsabilidad personal exclusiva» del dirigente, «responsabilidad que no puede ni rechazar ni traspasar». Este adoctrinamiento estaba profundamente enraizado en los funcionarios del III Reich, quienes sistemáticamente justificaban su trabajo alegando que eran meros empleados que obedecían órdenes de superiores.

Ascendiendo en la cadena de mando, nadie asumía responsabilidad alguna porque todos estaban obedeciendo órdenes de superiores.

Pero, ¿cómo pudo gente completamente normal y corriente participar en la maquinaria asesina nazi? Bauman compara el colaboracionismo y la mirada hacia otro lado con los trabajadores de una fábrica de armamento a los que les sobreviene un maravilloso aplazamiento de cierre de su fábrica gracias a que ha estallado una guerra en un país lejano. Estos empleados se van a casa y mientras cenan asisten lamentándose a las imágenes de niños mutilados, mujeres violadas y hombres desangrados en países exóticos.

La enorme ola de intermediarios en todos los sectores productivos y de logística es fundamental para tomar distancia individual de las consecuencias de un determinado modelo de consumismo y forma de vida. A consecuencia de ello nadie se atribuye actos conscientemente, porque todas las personas se sienten instrumentos inocentes de una voluntad ajena. Al no tener conocimiento de primera mano de las consecuencias de sus actos, incluso el mejor de los seres humanos se mueve en un vacío moral.
De alguna manera estamos acostumbrados a asociar que hay alguien planificando y siendo responsable de cada suceso en el mundo, por eso nos es difícil aceptar que con más frecuencia de la deseada no hay ninguna persona o grupo que haya planificado y esté realizando un mal concreto. Esto significa que incluso nuestras propias acciones, a través de efectos remotos, pueden contribuir a provocar sufrimientos.

UN MUNDO DE DECISIONES RACIONALES

Primero las personas eran metidas en trenes de ganado y trasladadas cientos y miles de kilómetros durante varios días, hacinadas y sin acceso a mínimas condiciones de higiene o intimidad. Cuando llegaban al campo de exterminio se les metía en las eufemísticas duchas, que no eran sino un oasis en la mente de quienes habían sido sometidos a tratos tan denigrantes. Pero incluso para quienes sabían qué sucedía en aquellas “duchas”, se les ofrecía una elección racional entre morir acribillados a balazos o torturados por los soldados al insubordinarse al orden establecido o sufrir una muerte “rápida e indolora”.

¿Y los empleados de los campos de exterminio? Incluso la industria de la muerte nazifascista se fue perfeccionando y llegó a reducir el papel del asesino a “oficial de sanidad” que debía vaciar un saco de “productos químicos desinfectantes” por una apertura en el techo de un edificio cuyo interior no debía visitar.

El Holocausto fue un éxito de eficiencia administrativa y técnica gracias a la utilización de la burocracia y la tecnología moderna. Se fue tomando progresiva distancia entre los empleados de la maquinaria mortal y las víctimas hasta que éstas llegaron a ser invisibles.

Franklin M. Littell se preguntó ¿qué tipo de facultad de medicina educó a Mengele y sus amigos? o ¿qué departamentos de antropología prepararon al personal del Instituto de la Herencia Ancestral? La respuesta es sencilla, el proceso de racionalización, que ha desembocado en el silencio moral.

LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS EN EUROPA

¿Pueden los países europeos, que todavía arrastran las causas y consecuencias de la crisis económica internacional de 2008, acoger a más de tres millones de personas que huyen de las guerras en el norte de África y el Medio Oriente?

Los refugiados suponen una carga económica que merma la rentabilidad y eficiencia de las empresas y sociedades europeas. Lo importante es seguir trabajando para aumentar la productividad y volver a “la senda del crecimiento” que desemboque en los años dorados del período 2000-2007, si para ello es necesario fomentar guerras en el norte de África para instalar gobiernos como el de Turquía, dispuestos a reprimir en sus fronteras y abrir campos de concentración a cambio de una ola de miles de millones de euros en “ayudas”, adelante con ello.

Es lo racional, es lo que manda el sentido común. Es la posmodernidad, la hija de la modernidad que parió el Holocausto.

martes, 26 de julio de 2016

¿Redes sociales o antisociales?


El otro día fui de paseo con mi nave, por una galaxia para mi hasta entonces desconocida. Sus únicos habitantes eran de proteína, agua y minerales y tenían un orden vital dirigido por el tiempo y los ciclos de su Sol. Tenían solo una luna en el planeta en el que habitaban y hacían una cosa cíclica que ellos llamaban dormir. Siempre cuando el sol no era visible en su lado del globo se tumbaban y cerraban sus aparatos de percepción óptica. Solo en este ciclo he podido comunicarme con ellos y me revelaban anécdotas y fenómenos de su vida en el ciclo que ellos llaman despierto o de día. 
 

Su metabolismo energético funciona a base de quemar glucosa con la ayuda de oxígeno. Así que necesitan ingerir cada cierto tiempo y respirar por un filtro de átomos que llaman pulmón. Su sistema de alimentación y metabolización física está conectado con su aparato de placer, así ocurre que la mayoría ingiere mucho más o mucho menos de lo que necesita según su estado de ánimo. Pero lo mismo no ocurre con su unidad cognitiva. Una idea, un pensamiento, no les causa placer sino un estado de incomodidad e incertidumbre. Y como conocen este defecto han creado grandes centros donde pensar esta premiado con bienes materiales y un concepto extraño y jerárquico de titulación que se añade a su nombre. Parece que solo de este modo son capaces de motivarse para pensar como funciona todo y por qué funciona todo.

En la fase nocturna, cuando están perceptibles a la comunicación, me he puesto en contacto con una de sus versiones. Me contó que está muy triste y cansada porque su amor y su necesidad de paz y armonía está regulada por una serie de pautas morales y reglas de conducta. Dijo que su fase despierta durante el día está controlada por una realidad muy contradictoria y absurda. Por un lado, debe y quiere respetar a la dignidad de todos los demás seres, pero por otro lado existe un amplio laberinto de condicionamiento ajeno a él que llaman mercado, y que le obliga a hacer daño constante a los demás. No puede adquirir mercancías de uso diario sin que la mayoría de ellas estén elaboradas en condiciones que hacen daño a la gente que las fabrica o a su mismo medio ambiente. Esta disonancia le causa mucha inquietud y le obliga a ignorar cada vez más su propio sentimiento empático. Tiene que engañar a su conciencia con lo que el llama "consumo por una buena causa" o "donación". Me explica que básicamente son actividades de las mismas empresas que permiten esta catarsis emocional a sus consumidores con el resultado de desmemoriar las nefastas condiciones y el terrible impacto que tiene la fabricación de sus mismos productos.

Dice también que tienen una red gigante de realidad virtual que llaman “redes sociales y medios” donde es posible cultivar este auto-engaño aún más. Expone, documenta y refleja lo ocurrido en su sociedad, pero a la vez sirve para crear unas maquetas que luego se transforman en realidad física. Afirma que está en un constante conflicto entre estas dos realidades. En una ha de ser servicial, cumplidor y siempre disponible a cambios. Ha de ser políticamente correcto en todo momento y sobre todo demostrar su validez con un conjunto de condiciones que ha de cumplir: Padres de dos, sueldo elevado, pareja atractiva, coche alemán, alto-moreno-delgado, familia intacta. En la otra está podrido de asco por dentro y con constantes problemas que surgen de tener que cumplir y exponer en la realidad virtual. Tiene ansiedad y sobrepeso, su pareja es regular y el coche es francés. El sueldo si que es alto pero la mitad es en negro y nadie lo sabe y así puede ir de ocios clandestinos porque piensa que se lo merece con todo lo que tiene que aguantar en esta vida de mierda.

Por un lado, se crea un mundo perfecto y feliz en la realidad virtual y por otro lado aumenta la miseria y la pena en el mundo físico el cual se comenta y documenta en la realidad virtual muy extensamente. Dice que se siente muy incierto y confundido debido a estos mundos opuestos pero que el mundo virtual se ha convertido muy relevante para la 
realidad de muchos.



Le pregunto como ha ocurrido esto y no tiene respuesta. Solo cree que en algún momento, la unión entre moral y empatía se ha roto y desde entonces las personas viven dos vidas. Una en la que respiran, corren, se ríen, son tristes, comen, aman y mueren, y otro en el que pretenden, mienten, odian y juzgan.

También dice que con la realidad virtual y sus medios, todas las personas pueden estar informadas al mismo nivel y que ayuda mucho a proveer un nivel más alto de educación y conocimiento. Que también es muy útil para crear transparencia política y que la población esté más informada sobre las cosas que ocurren. Y también que personas que normalmente no tienen voz en la sociedad pueden hacer escuchar sus conflictos y problemas.

Pero también da a entender que el simple hecho de que todos los datos y la información mas actual estén disponibles no tiene el efecto de que las personas también comprenden más y sepan pensar mejor. De hecho están muy ocupados con estar siempre informados pero no les da tiempo de convertirlo en conocimiento y no llegan a una comprensión elevada ni a un cambio de conducta. En el poco tiempo que les queda entre, publicar ellos mismos algo manipulado sobre su vida o informarse de las novedades de los demás hay que trabajar y consumir mercancías para mantener un sistema abstracto que llaman mercado.

Le pregunto cómo es posible que esté aquí y no sabe decirme cómo ha llegado a estas circunstancias. ¿Os han borrado la memoria? Porque a nosotros lo han hecho en el pasado también. Habían creado una especie de red lógica a la que solo tenían acceso los que habían nacido en la capa social permitida para comprar un dispositivo que da acceso regulado a toda la información. Habíamos llegado a un nivel en el que en todo el planeta que habitamos solo había una posibilidad de vivir en condiciones dignas. Era conectarse a esa red lógica todo el tiempo de nuestra vida. Éramos extensiones de una entidad coordinadora y controladora central que gestiona cualquier aspecto de nuestra vida. A través de esta red nos comunicamos entre y con todos. Consumimos, trabajamos y aprendemos todo desde su entidad central. A cambio nos gestiona casi todos los aspectos domésticos y prácticos de nuestra vida. No nos dimos cuenta que la comodidad que aportaba su función tenía un precio demasiado alto. Al cabo de poco tiempo, quizás tres  o cuatro generaciones, nadie tenia conciencia de otra forma de vida que esta porque la entidad coordinadora tenía el poder sobre los contenidos de la información que nos llagaba y así olvidamos en muy pocas generaciones toda la variedad de conocimientos  que habíamos acumulado en nuestra historia.

Vivíamos como individuos uno a lado del otro sin estar conectados realmente. Nuestras vidas fueron cada vez mas fáciles pero también cada vez mas simples, reducidas, pautadas y anti-intelectuales. Nos ofrecen una amplia gama de entretenimiento  y placer que podemos adquirir con los puntos que ganamos en nuestros trabajos. Nuestros trabajos varían según lo que la entidad consideraba necesario. 

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A veces había personas que se sentían demasiado controlados y buscaban un camino fuera de la red lógica pero todas acababan en un fracaso personal. Lo que ha pasado con ellos en realidad no sabia nadie. Todos se conformaban con la noticia de la entidad sobre otro trágico ocurrido violento y pero que gracias a las autoridades y los especialistas en sociología, policía y psiquiatra, estas personas ahora están bajo control o tratamiento y pronto serán reincorporados a nuestra vida para aportar de nuevo el valor que todos los demás deben aportar también para mantener el sistema sano y en funciones. En ocasiones hacían un ejemplo publico de personas que habían intentando ir por otro camino. Ellos entonces hablaban sobre lo agradecidos que son haberse recuperado gracias a un programa de "auto-perfección" que habían encontrado en las redes de la entidad. Y que ahora están en paz con el mundo y solo quieren amar y pasar un tiempo intenso y lleno de vida en este maravilloso y bello planeta. Estas personas "recuperadas" solían convertirse en poco tiempo en los principales defensores y embajadores de la entidad central. Se les daba puestos de trabajo muy mediáticos donde no tenían responsabilidad ninguna pero siempre a la vista de muchas personas."

El soñador me pregunta como se está hoy y como ha acabado todo. Le digo que no lo se porque cuando la entidad se murió se ha llevado todos los datos sobre los ultimamos tiempos consigo. Lo que te estoy contando lo se de mi padre. Las memorias de la generación de mi padre son la primeras que tenemos de nuestro planeta. "y como es vuestra vida?" me pegunta el soñador: "Dura", le contesto, "muy dura". "lo digo con las palabras de una obra mediática que he encontrado en vuestra red lógica, es de una serie que se llama - the true detective: "Hemos despertado de la pesadilla que estábamos viviendo" y aun estamos sudados y desorientados. 


lunes, 23 de noviembre de 2015

Ocupar tu lugar



Ocupar tu lugar no es tarea fácil, puede ser la tarea de una vida. Ocupar tu lugar empieza por entenderte, por comprender quién eres. Si has realizado correctamente esa labor comprenderás, entre otras muchas cosas, que eres un nexo de relaciones humanas, y si has ido más allá, que eres parte de una red de vida.

Comprender esto, que es evidente, no es tarea fácil, posiblemente será consecuencia de golpearnos repetidamente con la realidad. A lo largo de nuestra vida recibimos mucha información en sentido contrario. Somos individuos únicos, determinados por nuestra naturaleza y nuestros genes. Cada acto, cada pensamiento, cada sentimiento, surge de nuestro interior. Lo que recibimos, y lo que no recibimos, es consecuencia de nuestra virtud, de nuestro hacer, nuestro trabajo, nuestro talento, inscrito en nuestro interior por una divinidad ciega y arbitraria, lo cual no impide que nos enorgullezcamos de las bondades que derrama sobre nosotros, o que nos avergoncemos de las que no ha derramado. Incluso nos dirán: quién no posee virtud no merece ser amado.


La realidad no es tan simple. Hablamos el idioma en el que nos han educado nuestros padres,el de la comunidad en la que vivimos. Nos alzamos sobre hombros de gigantes al recibir todo el saber del pasado cuando nos educan y disciplinan en nuestras escuelas estilo prusiano. Cuando dejamos la escuela nos convertimos en ruedas de un gran engranaje, cuyo sentido no llegamos a comprender. Como piezas de un engranaje podemos ser sustituibles, pero ello no quiere decir que nuestra función pueda ser eliminada, cada engranaje es imprescindible para que la máquina siga girando.

Sin embargo, no somos insignificantes, todo lo contrario. Como parte de una red influimos en el resto de nodos con los que estamos conectados. Lo que hacemos, lo que decimos, influye en las personas que de uno u otro modo están conectadas a nosotros. Pero la red no es simétrica, los nodos no son equivalentes, la influencia de unos sobre otros no es siempre recíproca, la mayor parte de las veces es unidireccional, de arriba hacia abajo. El concepto de industria cultural nos ilustra al respecto.


Ocupar tu lugar es entender con qué gente estás a gusto, qué actividades te gusta realizar, qué deseas aportar al resto, qué trabajo deseas desempeñar para sentirte útil. Estos objetivos son difíciles de alcanzar cuando todo lo que te rodea está desnortado. Un nexo de relaciones humanas es inevitablemente dependiente de sus relaciones con otros nodos. Sí, los psicólogos inciden en buscar la felicidad prescindiendo de aquello que no podemos controlar. Es un buen sistema de adaptación a un mundo enfermo, un par de martillazos aquí y acullá y un engranaje rebelde puede entrar en algunos de los huecos destinados para él, pero reconozcámoslo, no podemos ser felices sin los demás, y en general dentro de una sociedad fuera de lugar.

Porque está fuera de lugar ¿no? Para saberlo, quizás deberíamos preguntarnos ¿quién es el ser humano? Una respuesta sencilla, sin demasiado refinamiento, pero útil a nuestro propósito, y ciertamente ajustada en los rasgos que traza, nos la da Ronald Wright en Breve historia del progreso

Pese a muchos detalles pendientes todavía de averiguación acerca de nuestros ancestros, el siglo XX dejó bastante resueltas las dos primeras preguntas de Gaugain (¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?).No queda margen para la duda racional en cuanto a que somos simios. Y cualquiera que haya sido el recorrido exacto en el transcurso del tiempo, en fin de cuentas somos oriundos de África. Pero a diferencia de otros simios, hemos manipulado y seguimos manipulando más que nunca nuestro destino. Hace tiempo que dejó de existir, si es que existió alguna vez, ese individuo silvestre, el Buen Salvaje que propuso la Ilustración y que buscaba Gaugain: el Hombre Natural. Como esos neardentales artríticos que precisaban de los cuidados de sus familias, nosotros tampoco podemos vivir sin nuestras culturas. Hemos encontrado el autor de la “obra maestra” que decía Hamlet... y somos nosotros mismos.

Somos monos, un simio, pero un mono especial, ingenioso, tremendamente ingenioso, pero no sabio. En nuestro pasado ancestral, ese 95% de nuestro tiempo como especie que pasamos incivilizadamente, nuestro cerebro se adaptó para responder a las amenazas inmediatas, despreciando el largo plazo, en el que ciertamente “todos estaremos muertos”.Con la llegada del experimento civilizatorio, apenas un suspiro en nuestra breve historia como especie, nuestro pensamiento pasó a ser cada vez más complejo, abstracto y simbólico, hasta olvidarnos de lo que somos.


La visión antropocéntrica, que comenzó en el renacimiento, en los albores de la modernidad, invirtió el orden correcto de las esferas, u ocultó sus consecuencias. No dejaba de ser una visión interesada, ya que las fuerzas que hacían del hombre el amo de su destino y centro de la creación, se repartían de forma tremendamente desigual. En palabras de Zygmunt Bauman:

Pico della Mirandola puso por escrito el texto de un discurso que ni Dios, el orador, ni Adán, al que iba dirigido, se tomaron la molestia de registrar. Más o menos era como sigue: <<El resto de las criaturas tienen una naturaleza definida que Yo he prescrito para ellas. Tú puedes determinar tus propios límites conforme a tu voluntad […]. Como un artífice libre y soberano, puedes configurar tu propia forma a partir de tu propia sustancia>>. El mensaje de ese discurso no registrado era una noticia en extremo estimulante para los hombres de sustancia, aunque no lo era tanto para el resto, que no tenía suficiente sustancia para <<configurar su propia forma>> libremente y <<conforme a su voluntad>>. El año era el de 1486; el lugar una Italia que enviaba sus barcos a los rincones más alejados del mundo para que los armadores, sus cortesanos y pasajeros (aunque no los marineros ni los estibadores) pudieran enriquecerse de año en año y sentirse a sus anchas en él.

El núcleo, lo que esconde esta visión antropocéntrica es el dominio, dominio sobre la naturaleza y sobre otros hombres. En palabra del papa Francisco:

Pero no podemos ignorar que la energía nuclear, la biotecnología, la informática, el conocimiento de nuestro propio ADN y otras capacidades que hemos adquirido nos dan un tremendo poder. Mejor dicho, dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero.

Las consecuencias de este andar desnortado saltan a la vista, las más graves la destrucción ecológica, que nos conduce a un colapso cercano pero todavía evitable, pero también el uso y abuso de todo tipo de sustancias que nos ayuden a escapar de la realidad, la tristeza y la depresión, el suicidio o las iatrogenias de una alimentación que sirve más a los comerciantes que a nuestra buena salud.

Es hora de ocupar nuestro lugar, integrándonos en una red de vida siendo conscientes del papel especial que nos da nuestra inteligencia, porque, sin nosotros ¿quién daría fe de la belleza del mundo? Sólo podemos hacerlo juntos. Hay un lugar al que pertenecemos y debemos recuperarlo. Ánimo.

domingo, 27 de julio de 2014

Ciencia Holística para el bienvivir: el mapa está vivo.


“En el viejo paradigma, el método científico es reduccionista y es el único modo de conocer, la única fuente de la verdad. Si algo no puede ser medido, analizado y definido, se tiende a pensar que no existe. En el nuevo paradigma, hay muchos modos de conocer, incluido el método científico. Intuición, religión, sentimientos, mitología y la narración de cuentos tienen  igual estatus que la razón. Además del conocimiento empírico, la visión indígena es también respetada. “La ciencia sin religión está ciega y la religión sin ciencia está coja”, tal como dijo Albert Einstein. El nuevo paradigma es holístico e inclusivo.”

(Satish Kumar en Soil, Soul, Society)

Este segundo artículo junto con un tercero formará una triada, más bien teórica, que considero fundamental para después analizar, adaptar o re-construir las iniciativas prácticas que describa en posteriores artículos sobre esa visión y práctica del bienvivir. Para ello utilizaré una analogía, la del explorador-mapa-brújula explorando y experimentado el viaje hacia el bienvivir. El primer artículo se dirigía principalmente al explorador, el ser humano. Es en este viaje hacia el bienvivir donde nos encontramos diferentes individuos, con distintos bagajes tanto culturales como genéticos, pero que, sin embargo, optamos por compartir ese camino y colaborar en el viaje aunque cada uno de nosotros lo experimente de forma diferente. En este viaje todos somos necesarios porque en esa diversidad radica la riqueza de posibilidades de llegar. Cada uno de nosotros aporta sus propios talentos e idiosincrasias que pueden ser útiles en cualquier momento del viaje. La fábula de varios ciegos que tocaban diferentes partes de un elefante para conocer cómo era, refleja ese primer e importante elemento, el ser humano; el explorador o exploradores en plural.


El segundo elemento fundamental de la triada es el mapa. El aforismo de Alfred Korzybski “El mapa no es el territorio y el nombre no es la cosa nombrada” nos da varias pistas sobre los mapas y los nombres. Respecto a los nombres o palabras, estos son símbolos que representan un concepto más o menos común para todos pero que individualmente es muy matizable. Si yo pidiera a un grupo de niños que dibujaran un “árbol”, me encontraría que algunos dibujarían un pino, otros un manzano, otros árboles con ramas pero sin hojas y así una diversidad de dibujos según la palabra “árbol” resuene individualmente en cada uno de ellos. Así mismo, el nombre “bienvivir” resuena en cada uno de nosotros de forma diferente.

Borges en uno de sus cuentos cortos, “Del rigor de la ciencia”, habla de un imperio que alcanzó grandes cotas de perfección en la cartografía. En un principio el mapa de una provincia ocupaba toda una ciudad y la del imperio toda una provincia. Posteriormente, la perfección llegó a su culmen cuando el mapa del imperio era de igual tamaño que él mismo. Como podéis imaginar las complejidades y paradojas que se pueden dar teniendo un mapa del mismo tamaño que el territorio resultan asombrosas. Así que Borges finaliza el cuento comentando que las siguientes generaciones se olvidaron de ese mapa porque consideraron que aquello era inútil. Esto viene a colación con el rigor de la ciencia actual. La verdad es inalcanzable, sólo tenemos “verdades momentáneas” que por la propia dinámica de la ciencia son ocupadas por otras con el paso del tiempo y así continuamente. Los mapas (modelos y teorías) de la ciencia son cada vez más rigurosos pero no son absolutamente la realidad. El problema de guiarse por un mapa viejo es que uno puede quedarse perdido porque nuevos caminos se han abierto en la realidad pero no se han reflejado en su cartografía. Es esto lo que ha ocurrido con los mapas que guían a nuestra sociedad. El mapa o modelo por los que se rigen muchas estructuras de nuestra sociedad occidental como la economía, la educación, la medicina, la agricultura, etc. siguen el paradigma mecánico y reduccionista surgido en la modernidad. Sin embargo, la ciencia holística, principalmente desarrollada durante el siglo XX, con ramas como la física cuántica, el pensamiento sistémico, las teorías del caos, etc. plantea otro mapa, otro paradigma, que incluye al anterior pero que refleja la realidad con mayor rigor.



El documental “La educación prohibida” que apareció en el verano de 2012 y que rápidamente fue viral hizo reflexionar en muchos de los que lo vieron,  las concepciones de la educación basadas en el viejo paradigma reduccionista de control jerárquico, dando paso a conocer  diversas opciones que nos acercan al nuevo paradigma. Cada vez más exploradores están cambiado los viejos mapas por otros nuevos tanto en el tema de la educación como en temas de economía, salud, trabajo, etc.

El paso de un modelo reduccionista, mecánico, más bien estático, donde la ciencia es predecible, está dejando lugar a iniciativas bajo un modelo sistémico, dinámico, donde los diferentes elementos dentro del sistema interactúan entre ellos volviendo a alimentar al mismo sistema, por lo que la respuesta es impredecible. El mapa sistémico es un mapa vivo, donde los exploradores con sus  acciones individuales lo van cambiando desconociendo totalmente lo que va a ocurrir. En ese mapa vivo y cambiante, esos exploradores, los seres humanos, necesitamos una brújula con la que orientarnos para por lo menos no quedarnos perdidos y dar vueltas en círculos sino para seguir una dirección que valore nuestra humanidad. Ese tercer elemento, la brújula se describirá en el siguiente artículo.

Este modelo construccionista donde la realidad, el mapa, se construye en cada momento con las diferentes acciones dentro de ese sistema tiene ciertas implicaciones. Para el constructivista y  teórico de la cibernética (otra de las ramas de las ciencias holísticas), Heinz von Foerster, lo contrario de la objetividad no es la subjetividad ni el solipsismo sino la responsabilidad. Es ese “bienestar responsable”, concepto que surgió en la construcción de un modelo para la sostenibilidad, donde utilicé la analogía sistémica de verdad, bondad y belleza, resuena otra vez con las implicaciones éticas propuestas por von Foerster. Su imperativo ético proponía actuar siempre para incrementar el número de posibilidades y su imperativo estético proponía que si se deseaba ver esa realidad, había que aprender cómo actuar. Y desde este blog y en sucesivos artículos intentaré incrementar esas posibilidades éticas describiendo y analizando diferentes iniciativas prácticas para el bienvivir, así como aprender de otros  participantes nuevas posibilidades que se describan en el foro o en el debate. Así con esa circularidad participativa y de responsabilidad vayamos caminando y… (¿por qué no?) disfrutando del paisaje por ese mapa vivo del bienvivir.

Como primera iniciativa desde el punto de vista del imperativo ético, en este caso educativo y con el tema desarrollado en este artículo, propongo incrementar las posibilidades de aprender algo más sobre el nuevo paradigma con la lectura de este fascinante libro, “Ciencia holística para el buen vivir: una introducción” de Jörg Elbers, que se puede descargar en PDF aquí. Es un libro corto que describe muy amenamente el paradigma mecánico en el que estamos sumergidos, así como el paradigma holístico que está emergiendo. Así mismo, incluye un capítulo relacionando el buen vivir con este último paradigma y finaliza como sugería Heinz von Foerster con propuestas y posibilidades para ir hacia ello.

Para aquellos que pueden leer algo de inglés, este artículo personal de Barry Clemson sobre qué es el pensamiento sistémico (What is Systems Thinking?) me parece realmente interesante para comprender a una de las ramas de la ciencia holística. En ese artículo se ofrece una perspectiva general sobre ese paradigma, la ciencia y sus aplicaciones prácticas, así como el funcionamiento o la filosofía de diversos modelos o paradigmas que siguen vigentes como el darwinismo social, el neoliberal o el de cowboy americano.