Este es el blog de la asociación Autonomía y Bienvivir, no dejes de visitar nuestra página web, para conocer nuestro ideario: Visitar página web
Mostrando entradas con la etiqueta capitalismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta capitalismo. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de abril de 2019

Los grandes cambios estructurales de los sistemas sociales


Las movilizaciones colectivas son reconocidas en ciencias políticas como claves para el cambio estructural en los sistemas político-sociales. Pero las precondiciones, los mecanismos precipitantes y los eventos disparadores de las movilizaciones no son bien entendidos. Por ello, la mayoría de las revueltas sociales y  levantamientos revolucionarios como la Revolución Francesa, no pudieron ser predichos por ningún observador, ni siquiera unos pocos años antes. La naturaleza de agentes reflexivos que tenemos los humanos (principales componentes de las sociedades, junto a artefactos y técnicas), provoca fuertes retroacciones auto-amplificadoras (y también inhibidoras) entre los componentes de una sociedad, lo cual provoca inestabilidad dinámica e impredictibilidad del comportamiento colectivo. Sin embargo, la investigación sociológica ha identificado algunos de los factores que facilitan las movilizaciones e incrementan la probabilidad de la acción colectiva, y discutirlos puede tener interés si buscamos presionar hacia una transición desde el actual sistema económico insostenible a otro post-capitalista y sostenible.

Las revoluciones

Una de las definiciones más aceptadas de las revoluciones fue dada por Skocpol (1979): “transformaciones básicas y rápidas del estado y las estructuras de clase de una sociedad acompañadas y en parte llevadas a cabo por revueltas desde abajo basadas en la clase social”. Esta definición ignoraba factores influyentes como la aparición de  ideologías revolucionarias, la agencia consciente, las culturas, las bases étnicas y religiosas de las movilizaciones, los conflictos dentro de la élite y la posibilidad de coaliciones multiclase. Como algunos de estos factores habían sido analizados en la teoría de los movimientos sociales, estos estudios fueron incorporados al análisis y algunos autores propusieron una definición más amplia de revolución: “un esfuerzo por transformar las instituciones políticas y las justificaciones de la autoridad política en una sociedad, acompañado por una movilización masiva formal o informal y acciones no institucionalizadas que socavan las autoridades existentes” (Goldstone, 2001). Cuando transforman solamente las instituciones del estado, son llamadas revoluciones políticas. Cuando, además de las instituciones políticas, transforman las estructuras económicas y sociales, son denominadas “grandes revoluciones” (v.g. la Revolución Francesa de 1789). Las revoluciones que incluyen revueltas autónomas de clase baja son denominadas “revoluciones sociales” (Skocpol 1979); reformas radicales lideradas por élites que controlan la movilización de las masas a veces se llaman revoluciones de elite o “revoluciones desde arriba”. Los movimientos de resistencia u oposición que no tratan de tomar el poder (v.g. protestas campesinas o de trabajadores) o se localizan en una región particular o un sub-grupo social, se suelen llamar “rebeliones” (si son violentas) o “protestas” (si son predominantemente pacíficas).

Huntington (1968) señaló que las grandes revoluciones muestran dos patrones distintos de movilización y desarrollo. Si las elites militares y la mayoría de las otras élites inicialmente apoyan activamente al gobierno, la movilización popular debe realizarse desde una base segura, a menudo remota. En el curso de una guerra de guerrillas o una guerra civil en la que los líderes revolucionarios extienden gradualmente su control sobre el territorio, necesitan desarrollar el apoyo popular mientras esperan a que el régimen sea debilitado por eventos, tales como derrotas militares, crisis de la identidad nacional, una mala planificación de su propia actividad represiva, su propia división o corrupción, o la desaparición del apoyo extranjero al gobierno. Si el régimen sufre deserciones en sus élites o en sus militares, el movimiento revolucionario puede avanzar o iniciar insurrecciones urbanas y apoderarse de la capital nacional. Revoluciones de este tipo, que pueden llamarse “revoluciones periféricas” tuvieron lugar en Cuba, Vietnam, Nicaragua, Zaire, Afganistán y Mozambique.

martes, 8 de enero de 2019

La metafísica de Silicon Valley y la destrucción de la creatividad humana

¿Cuál es la metafísica que impulsó Silicon Valley? ¿Qué es lo que motivó a perfiles empresariales tan variados como Steve Jobs, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg? Franklin Foer, quien fuera editor de la New Republic en Estados Unidos, se planteó estas preguntas cuando algunos colegas le avisaron que ya habían contratado a su sustituto en el medio, porque él no era lo suficientemente dinámico para conseguir más lectores.

Cuando en la prensa generalista nos muestran al sector empresarial de las grandes tecnológicas la idea que transmiten a la sociedad es que son individuos casi heroicos, abnegados emprendedores que indudablemente tienen mucho más en común con Ayn Rand y el liberalismo norteamericano que con el concepto de la economía social de mercado típicamente europeo. Según Foer esta idea es completamente errónea, ya que si por algo se caracteriza Silicon Valley es por defender que el ser humano nació para vivir en colectividad. Por ello su metafísica se basa en las multitudes y los entornos colaborativos, no en el individualismo emprendedor. «Albergan un profundo deseo de que el mundo atomístico se convierta en un todo. Ensamblando el mundo, pueden curar sus males. Retóricamente, las empresas tecnológicas hacen guiños a la individualidad —‌al empoderamiento del «usuario»—, pero su cosmovisión pasa por encima de ella. Incluso la invocación omnipresente a los usuarios resulta reveladora, pues no es más que una descripción pasiva y burocrática de nosotros.» Esta cosmovisión del ser humano ha llevado a las grandes tecnológicas a asumir que, pese a ser ilegal, es absolutamente necesario e incluso positivo espiar el comportamiento de los usuarios y “orientarlos” mediante los algoritmos, recomendándoles qué tipo de contenidos han de escuchar, visualizar o leer a diario.

Stewart Brand e IBM


Pero, ¿de dónde viene la idea metafísica de la necesidad de orientar a la sociedad hacia una especie de mente colmena, en aras de evitar la conflictividad y garantizar así la estabilidad? Fue Stewart Brand quien inspiró a toda una generación de informáticos que soñaron con transformar el mundo al tiempo que la contracultura hippie se hacía añicos y la gente pasaba de vivir en comunas a hipotecarse. El término «ordenador personal» fue acuñado por él. Este popular intelectual de origen norteamericano, que tuvo una breve pero vital experiencia en el ejército y promovió el consumo de las drogas psicodélicas fue el creador del Whole Earth Catalog, una publicación en la que se divulgaba sobre todo tipo de utensilios para hippies, y que para muchos futuros líderes empresariales como Steve Jobs se convirtió, literalmente, en su Biblia. Brand expuso su visión, un mundo que superase los antagonismos de la Guerra Fría para estar unido en paz, a través de la colaboración y la fuerza colectiva, a través de una sola red. Para promover sus ideas organizó los Trips Festival en la década de 1960, reuniones en donde los asistentes se divertían con viajes de ácido en San Francisco. Durante tres días miles de personas se drogaban sin parar al tiempo que se divertían asistiendo a conciertos de bandas míticas como Grateful Dead, dando a los jóvenes la sensación de pertenecer a un grupo unido y sólido que los hacía trascender más allá de la rutina cotidiana. Todo ello estaba acompañado de espectáculos de luces que trataban de asemejarse al máximo a los viajes con LSD. «La mayor parte de nuestra generación despreciaba los ordenadores como encarnación del control centralizado», explicó Brand, y es que los ordenadores eran IBM, la corporación omnipresente en todo el entramado burocrático y militar de Estados Unidos, esa que controlaba hasta el 70% del mercado de ordenadores domésticos, sin que ningún competidor pudiera hacerle sombra, con el respaldo pleno del Pentágono. «Casi todos los 701 fabricados se alquilaron al Departamento de Defensa o a compañías aeroespaciales. Unos cuantos años después, la Agencia de Seguridad Nacional subvencionó el desarrollo de un nuevo modelo, una colaboración llamada Stretch («Extensión» o «Elasticidad»), toda vez que esas máquinas podían calibrarse para satisfacer las distintas necesidades de las agencias. Paul Ceruzzi, un historiador de la tecnología meticuloso y no ideologizado, ha ofrecido una vigorosa descripción de la época: «La informática estadounidense desde 1945 hasta 1970 estuvo dominada por vastos sistemas centralizados y sometidos a férreos controles, muy poco discordantes con el sistema político soviético».

Brand, McLuhan y la tecnología como solución de todos los males del mundo


Brand pertenece a una generación perfectamente descrita por Theodore Roszak, «Junto con el atractivo de la música folk y las maneras primitivas, la artesanía y la agricultura ecológica, existía una fabulación y admiración infantil por las naves espaciales y los mecanismos milagrosos, que convertirían la película 2001 de Stanley Kubrick y la serie de televisión Star Trek en obras de culto». Eran jóvenes que odiaban a IBM, pero que soñaban con que los ordenadores podrían rehacer el mundo, organizarlo mejor, unir a las personas en una comunidad global pacífica y colaborativa.

Ese es el origen del entorno laboral de los gigantes como Google, en los que «a pesar de los capitalistas de riesgo y los Tesla, en Silicon Valley cabe rastrear las huellas de la comuna. Ese es el motivo de que los directores generales se sienten en medio de oficinas abiertas que rehúyen ostensiblemente la jerarquía organizativa y lleven la misma camiseta que el último programador de la sala. Y aunque en Silicon Valley existen los monopolios en aras del beneficio, se ven a sí mismos como agentes revolucionarios que elevan el mundo al estado de unidad que Brand se pasó la vida persiguiendo. Como ha escrito Fred Turner en su importante libro From Counterculture to Cyberculture [De la contracultura a la cibercultura], Whole Earth Catalog «contribuyó a crear las condiciones bajo las cuales los microordenadores y las redes informáticas podían imaginarse como instrumentos de liberación». Así el ordenador pasó de ser un instrumento para la represión a una herramienta accesible para todo el mundo, que capacitaba a todos para mejorar su vida, favorecía la creación espontánea y la interacción, que evitaría un mundo de explotadores y explotados, que favorecería el común acuerdo en lugar de agrios debates. El propio Marshall McLuhan expuso que Internet sería decisivo para «cerrar heridas» en todo el mundo, y que la imprenta había traído más mal que bien al mundo, porque «divide a todos aislándonos de nuestros congéneres humanos en el acto antisocial de la lectura, a través del alfabeto, una tecnología de fragmentación y especialización visual». Resumiendo, para el católico McLuhan el ordenador ofrecía a través de la tecnología una traducción instantánea de los códigos y lenguajes de cualquier rincón del mundo, lo que llevaba a la unidad universal de la Humanidad.

De las comunas a Internet


Los ideólogos de la informática planteaban que las máquinas e Internet en general serían decisivas para acabar con el aislamiento social, contribuyendo a la felicidad del individuo y a la solidaridad. Linux, Wikipedia o las licencias Creative Commons son el resultado de este tipo de planteamientos. La idea de compartir el conocimiento entre todos mutó desde las comunas hasta el capitalismo más innovador, llegando a ser la base organizativa de gigantes como Google o Facebook, quienes claramente abogan por conectar el mundo a través de una gran red, donde a través del altruismo la gente comparte toda la información disponible. Los gigantes tecnológicos promueven la idea de que el conocimiento debe ser compartido porque un individuo únicamente podrá aspirar a adquirir una comprensión limitada del mundo al estar atomizado.

Foer sostiene que la idea del libre mercado tan interioridad en la sociedad de la globalización que abarca a todo el mundo en la actualidad no es ni ha sido apoyada por los grandes magnates a lo largo de la Historia. Cita así algunos ejemplos como los impulsores del ferrocarril en Estados Unidos, las grandes compañías telefónicas o del telégrafo e incluso los grandes barones banqueros como J.P. Morgan, del que su biógrafo Ron Chernow afirma: «el financiero más célebre de Estados Unidos era un enemigo declarado del libre mercado», ya que tenía fe ciega en la colaboración altruista y pensaba que la competitividad era una lucha encarnizada que no aportaba estabilidad ni progreso a la sociedad.

El monopolio es necesario, el monopolio es bueno

Para hacernos una idea de cómo la idea del monopolio es aceptada sin fisuras entre los oligarcas del capitalismo frente a la del libre mercado, tomemos las palabras de Peter Thiel, inversor y promotor de PayPal, Facebook, Palantir y SpaceX, también generoso donante en la campaña electoral de Donald Trump. Thiel expresa en “De cero a uno” que la competencia es una «reliquia de la historia», pues «por encima de todo, la competencia es una ideología, la ideología, que impregna nuestra sociedad y distorsiona nuestro pensamiento. Predicamos la competencia, interiorizamos su necesidad y promulgamos sus mandamientos; y, en consecuencia, caemos en sus redes; y ello a pesar de que, cuanto más competimos, menos ganamos (...) Los monopolios trascienden la salvaje lucha diaria por la supervivencia». Esta idea de que el monopolio no solo es bueno sino que además es necesario para el bienestar común ha trascendido hasta las propias cúpulas empresariales de Silicon Valley, así entre ellos se apoyan y respetan; Google paga 1.000 millones de dólares a Apple cada año para que su buscador sea el predeterminado, e incluso sus directivos trabajan para varias a la vez, como el caso de Erich Schmidt, quien ejerció al mismo tiempo como miembro del consejo de administración de Apple y director ejecutivo de Google. El propio Larry Page, uno de los fundadores de Google, dejó clara cuál es su postura sobre el libre mercado y la competencia: «¿Qué tiene de emocionante venir a trabajar si tu máxima aspiración es derrotar a otra empresa que hace esencialmente lo mismo?»

Todo es metafísica 

Larry Page es hijo de un profesor universitario que pasó casi toda su vida obsesionado con desarrollar la Inteligencia Artificial. El propio Page ha declarado en multitud de ocasiones que su propósito va mucho más allá de la rentabilidad económica de Google y que pasa por crear una inteligencia artificial completa, un cerebro que sea superior al del ser humano. Literalmente lo expuso ante las risas de inquietud del público en una conferencia en Stanford: «Bueno, yo diría que la misión que os he expuesto nos llevará algún tiempo, pues se trata de IA completa. Significa inteligencia artificial [...]. Si solucionamos la búsqueda, eso significa que podemos responder cualquier pregunta, lo cual implica que podemos hacer básicamente cualquier cosa».

El otro fundador de Google, Sergei Brin, no solo no contradice a su socio sino que habla de cómo sus intenciones son idénticas e incluso de cómo se podría «soldar al cerebro humano» una inteligencia artificial. En una entrevista concedida al periodista Steven Levy le expresó: «Ciertamente, si tuvieras toda la información del mundo directamente conectada a tu cerebro, o un cerebro artificial que fuera más inteligente que tu cerebro, saldrías ganando».

Foer profundiza en el pensamiento de los matemáticos e ingenieros, quienes a través de los siglos han ido distanciándose de la creencia en Dios para a continuación atribuirse a sí mismos un papel celestial y trascendente como impulsores de las máquinas y la tecnología en general, tal como Alan Turing expresó «podemos confiar en que las máquinas acabarán por competir con los hombres en todos los ámbitos puramente intelectuales». Esta idea está siendo promovida por Ray Kurzweil, quien desde 2012 es el director de ingeniería en Google. Kurzweil está convencido de que estamos a las puertas de alcanzar la “singularidad”, expresión tomada del matemático Vernor Vinge, un momento en que lo finito se volverá infinito, cuando la inteligencia artificial sera todopoderosa y los ordenadores eran capaces de diseñar y construir otros ordenadores, otros cerebros artificiales capaces de pensar por sí mismos. Su teoría es que el progreso tecnológico no es lineal sino exponencial e infinito, de manera que las futuras generaciones serán capaces de desarrollar innovaciones genéticas, nanotecnológicas y robóticas impensables en la actualidad, llegando incluso a deshacerse de lo que denomina «cuerpos biológicos versión 1.0», fusionándose el ser humano completamente con las máquinas, alcanzando una existencia virtual. Incluso ha puesto fecha para la singularidad, el año 2045. Su discurso a partir de aquí parece el de un sacerdote fanático cuando llega a proclamar «nuestra civilización se expandirá entonces hacia el exterior, convirtiendo toda la estupidez de la materia y la energía que encontremos, en materia y energía inteligentes y trascendentes hasta lo sublime. Por consiguiente, en cierto sentido podemos decir que la singularidad acabará por infundir espíritu al universo.»

Más allá del ser humano: Google brain

Google Brain es un proyecto de redes neuronales cuyo objetivo es desarrollar un cerebro artificial que supere al del ser humano. Para ello se desarrollan algoritmos como base de un método de aprendizaje. La base de este proyecto son compañías como DeepMind (Mente Profunda), especializadas en generar mentes artificiales capaces de jugar a videojuegos mejor que los humanos, aprendiendo de sí mismas para superarse.

Facebook y su idea de sociedad democrática

El modelo empresarial de Facebook es el de una empresa con una jerarquía fuerte que se organiza desde arriba hasta abajo, al mismo tiempo “vende” en los medios generalistas de prensa ser una red social que favorece la organización de movimientos de activismo social para garantizar el ejercicio de los derechos democráticos de la ciudadanía. Facebook empuja de forma paternalista a sus clientes hacia la toma de decisiones que considera oportunas, a través de una vigilancia constante y profunda, utilizando a la gente como ratas de laboratorio de experimentos conductuales. Mientras Facebook estimula el debate sobre “gobierno abierto”, o “transparencia gubernamental”, lo que en realidad fomenta es la “transparencia del individuo”. Esta idea también es hija del pensamiento que impulsaron McLuhan y Brand, defendiendo que compartir los detalles de la vida íntima individual estimula El Progreso en la sociedad y rompe con estúpidas normas morales que reprimen al ser humano. Zuckerberg nunca ha disimulado esta visión: «Llevar a la gente a ese punto en el que existe más apertura constituye un gran reto. Pero creo que lo lograremos».

Un ejemplo de la consideración que Facebook tiene hacia sus usuarios es el estudio que realizó en secreto sobre manipulación mental, en el que se crearon dos grupos, a uno se le suprimieron noticias y comunicados con palabras positivas mientras que a otro las negativas. La conclusión fue que cada grupo escribía en la red social en un estado emocional alegre o triste en función de las noticias que se les había filtrado. 

En este punto las ideas de Zuckerberg convergen a la perfección con las de Google, y son las de promover un orden social en el que sean los ingenieros y técnicos, no los burócratas políticos, quienes hagan una gestión eficaz. Esta idea se basa en que son los técnicos y no los políticos quienes pueden conseguir que una sociedad se gestione a través de la razón y el espíritu de la ciencia, no de las emociones. «El gran sociólogo Thorstein Veblen estaba obsesionado con colocar a ingenieros en el poder, y en 1921 escribió un libro en defensa de su tesis. Su visión se hizo realidad enseguida. En el período posterior a la Primera Guerra Mundial, las élites estadounidenses estaban horrorizadas por todos los impulsos irracionales desatados por aquel conflicto: la xenofobia, el racismo, el ansia de linchar y causar disturbios. Más aún, las realidades de la vida económica se habían tornado demasiado complicadas para que los políticos fueran capaces de gestionarlas. Los estadounidenses de todas las tendencias comenzaron a anhelar el ascendiente salvífico del ingeniero más célebre de su tiempo: Herbert Hoover. Durante la guerra, Hoover había organizado un sistema que había logrado alimentar a la hambrienta Europa, pese a la aparente imposibilidad de aquella tarea. En 1920, Franklin Roosevelt —‌quien, por supuesto, acabaría derrotándole políticamente— organizó un movimiento para conducir a Hoover hasta la presidencia.» El propio Mark Zuckerberg tuvo una intervención tan metafísica y sacerdotal como las citadas anteriormente de Kurzweil, en la que expresaba su fe inquebrantable en la tecnocracia: «Ya sabéis que yo soy ingeniero, y pienso que una parte fundamental de la mentalidad ingenieril es esta esperanza y esta creencia en que podemos coger cualquier sistema que encontremos y hacerlo muchísimo mejor de lo que es en la actualidad. Cualquier cosa, ya se trate de hardware o de software, de una empresa o de un ecosistema de desarrolladores, podemos coger cualquier cosa y perfeccionarla muchísimo».

Leibniz y la paz

Gottfried Leibniz estimuló el pensamiento tecnocrático a través de las matemáticas, como una visión de que este tipo de expresiones conduciría a la razón, a una Nueva Era de Armonía con el Universo. De esta forma, si dos personas entraban en disputa por cualquier motivo, sería a través de las matemáticas como se resolvería, con algoritmos, tomando la decisión más acertada sin caer en reacciones emocionales que desembocarían en guerras.

La mente humana frente a la inteligencia artificial

La diferencia fundamental entre los algoritmos que rigen la inteligencia artificial y la mente humana es que los primeros son hijos de sus creadores y por tanto están sometidos a las ideas preconcebidas que éstos tienen. Los propios científicos de datos utilizan con frecuencia la expresión “torturar los datos hasta que confiesen”, lo que delata como, tal cual en la tortura a un humano, el dato acabará confesando lo que el torturador quiera.

Franklin Foer expone un ejemplo dramático de esto, al relatar el descubrimiento de Latanya Sweeney, una profesora de Harvard, sobre cómo los usuarios de Google de origen afroamericano recibían con una frecuencia inusitada anuncios publicitarios en los que se les ofrecía borrar sus antecedentes penales. Como en este caso, podemos vislumbrar cómo la visión de Google es decisiva en su algoritmo, censurando en las búsquedas la pornografía, sin hacer lo mismo con las webs antisemitas, o recomendando primero artículos recientes en lugar de antiguos.

El objetivo de las grandes tecnológicas no es impulsar el conocimiento, el debate y la creatividad humana sino todo lo contrario; restarle valor y sustituirla por la inteligencia artificial. Existen abundantes pruebas de ello; la creación del iPad por Apple, un dispositivo que permitía almacenar miles de canciones en plena época de la polémica por la piratería musical. Poco después Steve Jobs crearía la tienda iTunes, donde los debilitados productores de música vendían sus canciones al precio impuesto por el gigante. Las grandes tecnológicas necesitan que se impulse el acceso gratuito a contenidos informativos a través de blogs, videos o de cualquier otro medio, en palabras del periodista Robert Levine, «Google tiene tanto interés en los medios de comunicación gratuitos como General Motors en la gasolina barata». Otro tanto podemos esperar de Amazon, cuya primera revolución fue bajar el precio de los libros electrónicos a 9,99 dólares, haciendo mucho más atractiva su adquisición frente a los libros en papel. De esta forma Jeff Bezos se presentaba como un defensor del derecho a la lectura frente a las viejas editoriales que se negaban a bajar precios. Con esta visión Jeff Bezos creó el Proyecto Gacela, para organizar las negociaciones que Amazon tenía con las editoriales. El nombre no es fruto del azar, pues expresó «debía acercarse a estos pequeños editores del mismo modo en que el guepardo perseguiría a una gacela enclenque». O la época en que mientras Amazon negociaba con la editorial Macmillan las condiciones de venta, retiró de su red el botón que permitía adquirir sus libros.

Destruyendo a los creadores humanos

¿Cuántas comentarios en Internet proclaman que los músicos deben vivir exclusivamente de los conciertos que den o que los escritores deben permitir que sus artículos sean de acceso público para favorecer el conocimiento de las masas? Franklin Foer cuenta cómo descubrió rebuscando en viejos papeles de New Republic que los redactores de la revista cobraban la misma cantidad - 150 dólares por reseña - ochenta años después, sin haber ganado poder adquisitivo pese a la inflación. Más allá de anécdotas, en 1981 la Sociedad de Autores en Estados Unidos realizó un estudio en el que averiguó que los escritores a tiempo completo ingresaban alrededor de 11.000 dólares al año. El equivalente ajustando la cifra a la inflación serían 35.000 dólares de la actualidad. En 2009, la propia Sociedad realizó un nuevo estudio en el que los ingresos medios eran 25.000 dólares anuales. En 2015, ya habían descendido a 17.500 dólares.

Conclusión: Reivindiquemos lo artesanal

La propuesta de Franklin Foer pasa por hacer una apuesta decidida por la idea metafísica que emergió en la Ilustración sobre el genio creador. La idea de cultura de la Ilustración, cultivar y abonar la mente a través del buen arte, la buena comida, los buenos libros y el buen hablar. Frente al consumo exarcebado y brutal de información que vomitan a diario las redes sociales, con titulares cada cinco minutos, noticias exprés sobre cualquier eventualidad, la lectura selectiva y concreta, la especialización en campos bien definidos. Frente a la desvalorización de las tareas del artista, el escritor y el periodista, el reconocimiento de sus aportaciones a la reflexión colectiva y el progreso social. Puede que el mito de la cultura en la Ilustración sea solo eso. Pero es esa transmisión de valores la que hace posible que la cultura no acabe siendo un producto más para complacer al mercado. Estamos en una época en la que la creatividad cultural y artística está a punto de pasar del humano al algoritmo y la máquina, en la que ya no habrá espacio para la experimentación y la innovación, sino para los datos.

Pero no basta con la crítica, a la que Foer pone a la altura del niño furioso agitando los brazos para negarse a hacer o asumir algo, sino que es necesario pasar a la acción actuando con empeño en medio de las turbulencias.


lunes, 18 de septiembre de 2017

Quien controla los símbolos lo controla todo

El Antiguo Egipto alcanzó su cenit a la sombra de las pirámides, por su parte Roma floreció como Imperio universal, un concepto novedoso para su tiempo. Durante la Edad Media la vida giraba en torno a las catedrales. En el tiempo que nos ha tocado vivir ya no hay dioses que madrugan con el sol para recorrer el cielo a su paso en carros dorados, tampoco hay dioses uno y trino, pero el hecho de que la Ilustración rompiera aparentemente con el catolicismo no implica que en Occidente Dios haya muerto, sino que más bien los símbolos han mutado para mantener la misma esencia.

Hay pequeñas diferencias. Si en el pasado Dios enviaba una catástrofe que arrasaba una o varias poblaciones porque estaba enfurecido por la acción de los humanos, hoy día podemos asistir en los medios de prensa a cómo "los mercados se inquietan", o "los mercados están nerviosos", o "los mercados caen por la acción política". Incluso cuando se habla sobre enfermedades y retos para la salud pública en los telediarios, la magnitud de los mismos se valora en términos puramente económicos, del tipo "cada paciente con cáncer le cuesta 100.000 euros al Estado".

En el lenguaje de los medios de comunicación asistimos, además, a un interés desmedido por tratar las cuestiones económicas como científicas. Así nos basamos en un modelo neoclásico completamente obsoleto cuya base da por descontado que los recursos son infinitos y el crecimiento puede ser exponencial, contra toda lógica física y racional |1|, ningún medio se plantea más allá de un documental de tarde de domingo el ritmo frenético y desenfrenado de consumir 2.700 litros de agua para producir una sola camiseta |2| pero se avanza a martillazos en el lenguaje de "intervenir con soluciones quirúrgicas" en la economía griega o la Eurozona, además de insistir al consumidor en "el que no es tonto compra más porque compra más barato".

Los propios adeptos del liberalismo, la religión de moda en nuestro tiempo, entran en flagrantes contradicciones con frecuencia. En una reciente entrevista que Pablo Iglesias hizo a Antonio Escohotado |3|, éste se vanagloriaba de cómo descubrió que "la mano del libre mercado nos favorecía" durante su estancia hippie en Ibiza, para apenas veinte minutos después proclamar "yo odiaba el comercio, hasta que empecé a escribir Los enemigos del comercio", ya entrado el siglo XXI |4|. Como también se contradice al atribuir a ideologías opuestas a la suya los mayores crímenes contra la humanidad, descartando su posible aplicación, al tiempo que define como "agua derramada con la que ya no se puede hacer nada" al lanzamiento de dos bombas atómicas sobre población civil en Japón.

Pese a la fachada de intelectualidad y racionalidad con la que la prensa presenta a la religión política liberal, sus raíces no dejan de ser la de los esclavistas y racistas que tenían una fe protestante acorde al pensamiento anglosajón, la misma que organizó y financió lo mismo las guerras del opio, |5| que la limpieza étnica en Medio Oriente mucho antes de la llegada del nazismo |6|.

La cuestión no es si la religión política liberal tiene postulados ciertos o erróneos, sino de que lleve el control del debate y todo lo que se trate en las tertulias televisivas, radiofónicas, libros o blogs gire en torno a su discurso. ¿Acaso el liberalismo ofrece una metafísica a la gente común y corriente y el resto de ideologías y religiones políticas |7| |8| no? No importan las contradicciones en las que caen en media hora, ni que sus dogmas establezcan falsedades como que el comportamiento del ser humano es racional, sobre todo como consumidor, lo importante son los símbolos; así al criticar sus dogmas uno pasa a ser hereje "antisistema" - partidario del caos y la destrucción en lenguaje llano - o sencillamente odia al comercio. Poco importa que en los tiempos del franquismo alguien pudiera comprarse un camión y ya era transportista, mientras que hoy día tiene que comprar el camión, pagar más tasas e impuestos a través de cursos inútiles para la profesión pero rentables para proteger a las grandes empresas logísticas evitando competencia por abajo, como tampoco importa el hecho de que la neurociencia lleve más de medio siglo mostrando cómo el comportamiento del ser humano es irracional |9|.





|1| https://crashoil.blogspot.com/2017/07/siervos-de-entropia.html
|2| https://autonomiaybienvivir.blogspot.com/2015/03/teresa-belton-y-su-analisis-sobre-la_16.html
|3| https://www.youtube.com/watch?v=SkO42kwNg_0
|4| https://www.casadellibro.com/libro-los-enemigos-del-comercio-i-historia-de-las-ideas-sobre-la-propi-edad-privada/9788467029772/1228569
|5| http://modernfarmer.com/2014/02/old-time-farm-crime-opium-wars/
|6| https://crimesofbritain.com/2016/09/13/the-trial-of-winston-churchill/+
|7| http://www.tendencias21.net/El-filosofo-John-Gray-denuncia-el-secularismo-fundamentalista_a2221.html
|8| https://autonomiaybienvivir.blogspot.com/2016/08/la-felicidad-segun-schumacher.html
|9| http://neurosciencenews.com/top-2016-neuroscience-articles-5842/




lunes, 21 de agosto de 2017

La solución final - la ilusión terminal.

La inteligencia tiene tantas variaciones como escuelas. La hay a nivel vertical con términos cuantitativos y también la hay a nivel horizontal cuando hablamos de diferentes tipos de inteligencia. Cada tipo de inteligencia puede tener su aspecto cuantitativo también, es decir, estar mas o menos desarrollado en una u otra persona. Esto genera la variedad infinita de talentos y habilidades intelectuales que puede tener un ser humano. Por un lado tiene habilidades mas o menos desarrolladas y por otro lado son distintas las habilidades en las que puede destacar o de as que puede carecer. Así, no existe "la inteligencia" como absoluto que determina la habilidad intelectual de una persona. El conjunto de múltiples aspectos crea una muñeca rusa de habilidad y personalidad en cada individuo. Para mí, en la habilidad intelectual también entra como un factor la agilidad corporal y la respuesta neuromuscular. Una persona relativamente torpe en ciertos juegos de coordinación tiene este pequeño aspecto de la inteligencia poco desarrollado. Es la que coordina la visión de los movimientos de otros con la capacidad de abstraerlos y copiarlos en el propio cuerpo a nivel neuronal (poder copiar y por tanto aprender movimientos). Esta inteligencia es crucial para bailarines y practicantes de Kung-Fu pero totalmente irrelevante para un profesor de matemáticas.
Hoy quiero hablar sobre una inteligencia muy importante para la dinámica del crecimiento económico. La capacidad de omitir un negocio o una conducta debido a la previsión de una mejor oportunidad en el futuro.




Los animales no omiten comer porque tengan previsión de una presa o un pasto mejor que puedan encontrar mañana. Se llevan lo que encuentran en el camino siempre y cuando tengan hambre y la comida sea apta para ellos. Su previsión no está destinada a futuras mejores opciones sino que lo que hacen es moverse en un ciclo de vida que les proporciona en ciertos momentos y sitios concretos siempre la misma comida, idónea para ellos. Y aquí se acaba el desvío antropológico porque se puede prever a donde llega este discurso comparativo entre humanos y animales ....una infinita y aburrida explicación de los procesos desencadenantes del desarrollo humano debido a su entorno natural y climático. Por falta de interés por mi parte y espacio en el blog omito esta explicación y me centro en la habilidad de omisión en la actualidad, a nivel estructural, sin detenerme en su desarrollo histórico.

La publicidad está repleta de ofertas para omitir decisiones a cambio de una solución mejor que se obtendrá gracias a un producto aun por comprar. Generalmente no se percibe que la sugerencia de esta mejor solución es para un problema que hasta este momento no teníamos. Se sugiere la omisión de una supuesta solución en la actualidad, que no existe, que se sustituye por un producto que soluciona finalmente el conjunto complejo de problemas que se acaba de orquestar en la publicidad. Se ofrece una solución final para un problema ficticio que puede existir, pero que no tenemos.

De esta manera los departamentos de marketing se aprovechan de un tipo de inteligencia típica y única del ser humano. Así mismo, esta inteligencia se convierte en una gran desventaja para la autonomía en la toma de decisiones de las personas. Creemos que siempre habrá una solución que mejore la configuración actual en la que nos encontramos. Creemos que esta dinámica está vinculada a la misma naturaleza. Pero eso no es cierto. La naturaleza va probando opciones de manera semi-aleatoria. Quiere decir que no busca la solución final porque carece de voluntad, simplemente reacciona al cambio del entorno con una adaptación de conducta y genética. Así se han perfeccionado los tiburones, virus, cucarachas y ratas. Hoy son los indiscutibles maestros del planeta.Pero lo que no tenían era una visión del estado final e idóneo de su existencia.




El concepto de "regni caelorum" de las religiones sugiere que esta es la realidad en la que estamos destinados a vivir todos. Hoy el capitalismo sigue este hilo del cielo eterno de la salvación de manera que pretende vender soluciones cada vez mas perfectas que prometen la solución a todos los problemas de una vez por todas.

Pero la gran confusión de nuestra ideología actual capitalista es creer que la evolución biológica se manifiesta en el desarrollo económico. Además, se mezcla a partes iguales con la teoría del gran final perfecto y divino. La secularización se ha hecho solo a medias, ha parado justo donde era necesario el mantenimiento de ilusiones sobre soluciones terminales. La mayor expresión de esta enajenación conceptual es la industrialización del siglo XIX en países aun cristianos. Allí es donde se ha montado el fundamento para la destrucción masiva de humanos como en el tercer Reich, la Rusia de Stalin o en general el delirio de grandeza de una gran nación fuerte y orgullosa.

Los productos de consumo pretenden representar el desarrollo de la evolución del ser humano. Su constante perfección, a su vez, es una metáfora sobre la posibilidad de la salvación final. La retórica del capitalismo ha hecho creer que la evolución biológica es un desarrollo lineal hacia un estado siempre mejor y finalmente perfecto. Sabemos que este no es el caso. Pero con este truco ha eliminado la ultima duda racional sobre su potencial destructivo. El ser humano es vanidoso y la idea sobre si mismo como "el futuro ser perfecto" le adula igual que el concepto de una salvación divina.

Omitir una solución que tenemos ahora por una posible mejor en el futuro es así el motor del desarrollo humano como también su mayor riesgo de fracaso. La consciente y planificada omisión de oportunidades esperando una mejor en el futuro lisonjea el intelecto y causa la impresión falsa de control sobre las cosas de la vida.

Hitler utilizó la palabra "Endlösung" para su plan de extinción de los judíos del planeta que significa "solución final". La cuestión no es solo que este plan esté fuera de todo lo que consideramos ética aceptable también permite ver que a nivel dialéctico, los grandes opresores (personas y/o instituciones) usan la misma debilidad del ser humano para fomentar su poder.



Continuamente caemos en la trampa de las soluciones finales. Comienza con asuntos tan triviales como no ir a al cine hoy porque la semana que viene cobramos una gratificación y entonces tenemos planeado comprar-nos esa tele de 45 pulgadas y ya la veremos más tranquilo y más a nuestro gusto en casa. Sabemos que mil cosas pueden pasar hasta entonces pero optamos por el camino de la fantasia y un futuro mas acertado a nuestras "necesidades" que aún están por descubrir. Seguramente lograremos comprar esta tele y seguramente no nos vamos a acordar que queda pendiente ver esta película que tanta ilusión nos hacía. Miles de cosas han ocurrido en medio y finalmente la mejor solución final para ver esta peli se ha convertido en un camino distinto. Hemos omitido una ilusión, un deseo, una buena comida, no porque no nos la podemos permitirnos. La hemos omitido porque pensábamos que vendrá algo mejor. Pensar dos veces antes de omitir por algo mejor puede decelerar el  crecimiento salvaje muy considerablemente.

domingo, 5 de marzo de 2017

¿Son los estibadores españoles unos privilegiados?

Se suceden grandes titulares en la prensa española y telediarios abiertos hablando sobre el conflicto que los estibadores españoles mantienen frente al Gobierno que trata de aplicar las reformas de liberalización impuestas desde la Unión Europea.

La prensa española insiste en presentar a los estibadores como unos privilegiados que tratan de mantener, de forma egoísta, su buena calidad de vida frente al resto de la clase trabajadora del Estado.

En realidad la estrategia que están aplicando los grandes bancos privados, propietarios de los medios de comunicación españoles, ya se hizo en la Revolución Conservadora de Margaret Thatcher a principios de 1980, pero en lugar de los estibadores, contra los mineros. Y conviene recordar cómo se hizo para no repetir los mismos errores.

En 1979 los conservadores británicos invirtieron en una multimillonaria campaña publicitaria cuyo lema fue: «El laborismo no está funcionando», ya que según ellos el hecho de que Reino Unido superara el millón de desempleados era la demostración palpable de que el modelo socialista había fallado estrepitosamente. Pocos años después, en plena Revolución Conservadora, el desempleo llegó a los cuatro millones.

¿Por qué la gente no asumió entonces que el conservadurismo había fallado y no era útil ni necesario |1|? ¿Por qué hoy día en la España del 90% de contratos temporales |2| la gran mayoría social sigue respaldando las políticas conservadoras que no han resuelto los problemas que amasó la socialdemocracia?

Tradicionalmente el sentido común nos inclina a que una tasa alta de desempleados supone una amenaza para la paz social e incluso un peligro para los muy ricos. Esta ha sido al menos la concepción que tuvieron los conservadores pero que se rompió a partir de la Revolución Conservadora de Thatcher, cuando se comprendió al fin que los desempleados, lejos de suponer una amenaza a los grandes capitalistas, son un rebaño sumiso y dócil, aterrorizado ante la amenaza de no percibipr ningún ingreso, dispuesto a ceder ante cualquier presión salarial a la baja o endurecimiento de condiciones laborales. Geoffrey Howe, el exministro de Finanzas de Thatcher lo reconoció en una entrevista a Owen Jones |3|, «gracias a las medidas de reforma laboral que implementamos los sindicatos aprendieron que era absurdo seguir comportándose como lo estaban haciendo y cedieron para que pudiéramos aplicar nuestro programa».

Hay incluso quien lo ha proclamado a los cuatro vientos sin disimulo alguno, como el exministro del Tesoro, Alan Budd, quien reconoció en varias comparecencias públicas que el gabinete thatcheriano rápidamente supo que las medidas reformistas adoptadas no eran útiles para reducir la inflación pero sí lo eran para subir el desempleo, algo que era imprescindible para mentalizar a la clase trabajadora británica de que no había otra alternativa que someterse a sus exigencias.

LA MEDICINA CONSERVADORA: PODER PARA LOS FINANCIEROS


Además de disparar la tasa de desempleo para pastorear mejor a la clase trabajadora, las medidas thatcherianas estuvieron orientadas al empoderamiento de los poderes financieros, dando vía libre a la especulación monetaria. Con estas reformas la City pasó a ser el centro de la economía británica y las manufacturas se derrumbaron. ¿Cómo lo hicieron? Al poder especular con las divisas, la libra se disparó y esto fue un tiro en el estómago de las exportaciones ya que pasaron a ser mucho más caras. Así en cinco años de gestión thatcheriana ya habían desaparecido un tercio de las empresas manufactureras. A través de la especulación con la libra la inflación se disparó al 20% y las tasas de interés ascendieron al 17%, lo que encareció los préstamos bancarios y puso el último clavo en el ataúd de la industria manufacturera y en decenas de miles de pequeñas empresas, no así con las más poderosas que pudieron capear el temporal de la crisis y además salir muy reforzadas años después al haberse quitado mucha competencia.

LA VENGANZA CONTRA LOS SINDICATOS


¿Por qué Margaret Thatcher puso en el punto de mira a los sindicatos y no paró de combatirlos hasta destruir su poder? Volvemos a Geoffrey Howe, el exministro de Finanzas de Thatcher, quien tiene claro que su gobierno no fue sino la continuación del de Edward Heath, fugaz primer ministro entre 1974-1975, tuvo que abandonar al ser derrotado tras una huelga nacional de mineros. Por ello el único objetivo de Thatcher ya en el poder habría sido destruir el poder sindical como una pura venganza tras lo ocurrido a su antecesor.

DIVIDE ET IMPERA


Pero más allá de la venganza había otros motivos de importancia. Los mineros se habían convertido en el colectivo más fuerte de defensa de derechos laborales en el Reino Unido en el siglo XX. Incluso la única huelga general del Reino Unido se declaró para apoyar a ese sector en 1926. Si los mineros convocaban una huelga podían llevar al colapso a todo el país al dejarlo sin suministro energético. Al deshacerse de los mineros, Thatcher sabía muy bien que ya ningún sindicato ni sector laboral podría poner en peligro su modelo de sociedad.

El modelo laboral vigente durante el siglo XX dice mucho acerca de la estructura de la sociedad británica. Así Chris Kitchen, líder del Sindicato Nacional de Mineros, explicó a Jones cómo «las comunidades estaban llenas de vida, pero entorno a la mina. (...) No veías a chavales que se desmadraran el fin de semana. No cabreabas a un viejo, porque podía ser el mismo al que confiabas tu vida en la mina».

El plan de cierre de minas de Thatcher fue presentado en 1984, y a partir de entonces empezaron a estallar espontáneamente huelgas en varias minas, que se extendieron por todo el país. Pero pronto aparecieron las divisiones, porque los mineros de Nottingham shire, uno de los colectivos más importantes del país, rechazaron participar en una huelga nacional ya que no veían en peligro sus puestos de trabajo.

Se sucedieron batallas campales por todo el país, como la de Orgreave, el 18 de junio de 1984. Allí 6.000 mineros intentaron bloquear una coquería y se toparon con cientos de policías, que no dudaron en cargar contra ellos. Al poco se abrió juicio contra los piqueteros detenidos, que al perder tuvieron que pagar cientos de miles de libras en compensaciones.

La huelga terminó sin éxito el 3 de marzo de 1985. La prensa británica se había encargado de hacer su trabajo: Criminalizar a los mineros como un sector muy privilegiado y poco dispuesto a trabajar duro, además de violento. Entretanto el Partido Laborista no apoyó la huelga nacional argumentando que los mineros no habían convocado votaciones, de igual modo actuaron otros sectores de trabajadores. Thatcher consiguió arrodillar al sector más importante de la clase trabajadora británica, su programa tenía vía libre para revolucionar Reino Unido e influir decisivamente al resto de países.

CÓMO CAMBIÓ LA SOCIEDAD


El historiador David Kynaston analizó el ambiente británico posterior a la fallida huelga nacional de los mineros: «Sencillamente la gente empezó a pensar que la vieja clase trabajadora ya no tenía poder ni influencia para cambiar nada, un cambio enorme en la forma de pensar. Había gente que vivía en barrios residenciales de clase media que estaba a favor de los mineros, pero de repente fue como que dejaron de tener importancia y todos les dieron de lado».


|1| Soledad Gallego-Díaz para El País, (1983), Grave deterioro de la economía británica desde 1979.
|2| Jaime Llinares Taboada para El Economista (2016), España es la subcampeona de Europa en temporalidad en el empleo.
|3| Owen Jones (2012), Chavs: La demonización de la clase obrera.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Capitalismo: ¿Noche de paz?




Tras la infografía de mi compañero Alberto Jiménez (yo, Jesús Nácher) me gustaría agregar una breve reflexión sobre la paz ¿Es posible la paz? Hay una visión que yo creo que es dominante en nuestra sociedad: la guerra es una consecuencia de la naturaleza humana. La militarización es necesaria como defensa.

Por su parte Manfred Max-Neef cree que una de las necesidades humanas es la protección, y un pseudo-satisfactor a esta necesidad son las armas nucleares. Quedémonos con la primera parte, el ser humano necesita protección. En esto supongo que habrá pocas discrepancias, convendréis conmigo en que sería fácil encontrar fundamentos para esta sentencia en la biología y la genética, pero no será necesario, es una verdad intuitiva, que todos sentimos evidente, y que podemos constatar todos los días con nuestra experiencia. Pero ¿protección de qué o de quién? Cabría pensar que en los albores del ser humano lo que este buscaría es protección del entorno, de la naturaleza. Para ello el ser humano se agruparía en comunidades, en lugar de hacer como los osos, que viven aisladamente. En la comunidad buscaría la colaboración de otros seres humanos en la caza, la recolección, la fabricación de herramientas, la búsqueda de abrigo, el cuidado de los hijos. Esta estrategia de cooperación habría sido un éxito y nos habría permitido cumplir la sentencia bíblica "creced y multiplicaos".

La cooperación del ser humano daría lugar a diversas culturas, y en todas las que están en nuestra tradición cultural, que es la que ha conquistado el mundo, eliminando a todas las demás, la violencia estaría presente. Poco importa ya que algunas culturas "atrasadas" sean particularmente pacíficas, y si bien el origen de la violencia en la antigüedad o la edad media puede ser de gran interés, en cuanto a que algunos elementos pueden haber sido extrapolados a nuestra cultura, dejaremos esto a un lado para fijarnos en los elementos esenciales que a nuestro juicio cronifican la violencia en la actualidad.

Llama la atención que el sistema socio-económico en el que vivimos fue construido sobre la violencia, el llamado imperio del algodón, que permitió la acumulación de capital en Europa mediante la explotación del trabajo esclavo en las colonias y países periféricos del sistema. A lo largo de toda esa época (desde finales del siglo XV hasta finales del siglo XIX) se van creando los estados-nación. Antiguamente, aunque ahora nos parezca extraño, las naciones no eran otra cosa que los territorios de un Rey, aunque ellos fueran tremendamente diversos y sin nada en común. La emergencia del capitalismo permitió la centralización del poder, y la erosión del poder de la nobleza terrateniente que había dominado la Edad Media. En la Edad Media los nobles tenían la obligación de prestar apoyo militar al Rey, pero en la práctica gozaban de una gran autonomía, hasta que con la llegada de la Edad Moderna y el capitalismo mercantil su poder fue reduciéndose de forma paulatina hasta desaparecer.

La centralización se produjo de forma paralela a la unificación de los mercados: unificación de moneda, legislación, justicia (con la creación de juzgados dependientes del poder central) y eliminación de las barreras a la entrada de productos de otras regiones. Se creó una burocracia estatal que se comunicaba en la lengua de la corte. Con el transcurrir del tiempo, a lo largo de varios siglos en un proceso lento pero sin tregua, la nación terminó identificándose con un territorio de cultura y memoria histórica común, generalmente con una lengua común. Había nacido una comunidad ficticia, la nación, en la que volcaríamos nuestro anhelo de pertenencia y cooperación. La cooperación que en la tribu o la parroquia se daba de forma natural por la solidaridad que se creaba por el simple estar y hacer conjunto sería sustituida por la adhesión a esta nueva entidad abstracta.

El problema de toda comunidad, real o ficticia, es que incluye a los que pertenecen a ella y por tanto excluye al resto. Este problema sería menor sino fuese por otro de los elementos que definen nuestro sistema socio-económico, santificado por la disciplina que en el siglo XIX se conoció como economía política, y que a finales del siglo XIX pasó a denominarse Economía a secas, para aprovechar el prestigio que comenzó a tener todo lo que se definiese como científico; este principio es la competencia. Cooperamos dentro de organizaciones, clubes deportivos, empresas o estados, pero estas organizaciones deben competir entre si. La competencia es el mecanismo que permite el óptimo social, según la Economía, aunque por el camino se pierda de vista que la cooperación, aunque sea mediante cierta disciplina y coacción, es el mecanismo que predomina y se fomenta en las organizaciones, y no la competencia.

La competencia dentro de una comunidad queda contenida por las reglas de esta, que por el bien común impone unos límites que no se pueden sobrepasar. La competencia entre comunidades, o entre personas de comunidades distintas, es la guerra. La famosa frase de Frederic Bastiat "cuando las mercancías no crucen las fronteras, lo harán los ejércitos", es, a la vista de lo que acabamos de exponer, una falacia formulada por uno de los imbéciles más sobrevalorados de la historia ¿Qué importa que sea la mercancía o el ejército el que destruya tu comunidad? El hecho de mayor transcendencia es que es destruida. Estableciendo un paralelismo con la lucha de algunos mamíferos por las hembras de su especie, realmente que te quiten a tu mujer de forma violenta o por perder un civilizado partido de criquet ¿es importante? La competencia, a través del criquet, o cualquier otro elemento simbólico, puede mantenerse dentro de unos márgenes pacíficos en el seno de una comunidad, que establece compensaciones para los perdedores si lo que hay en juego es importante. Si el que te quita a tu mujer es el otro, no sometido a unas reglas y autoridad común, la posibilidad  de conflicto violento aumenta exponencialmente.

Nuestra civilización ha intentado alcanzar la paz eliminando el estado-nación, al que se ve un reducto del provincianismo atrasado frente a la razón del universalismo globalizador, y evidentemente ha fracasado. No han comprendido que los vínculos, las tradiciones, costumbres, comunidades, lejos de ser provincianas son la sociedad a la medida del hombre, a una escala humana (aunque posiblemente el estado-nación no represente esto fielmente, pero es el sucedáneo que tenemos mientras construimos algo mejor). Son por tanto naturales. Todo parece indicar que sería mucho más inteligente intentar transitar la segunda vía, limitar la competencia y potenciar la cooperación entre comunidades. Esto no se ha intentado, pues nos domina el fetiche de la mercancía. La mercancía no debe cruzar la frontera sin un fuerte consenso para ello, en caso contrario es posible que muchas personas salgan dañadas, y terminen formando ejércitos.

La violencia es sistémica, de poco vale ser pacifista si apoyas un sistema violento, Hoy, tenemos la opción, remota, es cierto, de construir un sistema basado en la cooperación y no en la competencia. Tenemos la obligación de entender cómo puede esto llevarse a la práctica y ponernos manos a la obra.

domingo, 18 de diciembre de 2016

El odio de clase presente en los medios y la política

¿Se imagina varios artículos en los principales periódicos de tirada estatal como El País o El Mundo describiendo a los habitantes de los barrios populares de Madrid como Carabanchel o Vallecas como "seres infrahumanos" o "parásitos" a los que hay incluso que "esterilizar para que no se propaguen como las ratas"? Todas ellas son expresiones que la prensa de mayor tirada en Reino Unido utilizó durante meses para describir a los denominados "chavs", un equivalente británico a lo que en España se conoce como "canis"; los habitantes del más bajo estrato social, clase trabajadora, que habitan en los barrios más pobres del Estado.

Ha sucedido - y sigue sucediendo de vez en cuando - en Reino Unido. Esporádicamente la prensa británica publica oleadas de noticias estrambóticas con casos extremos para inculcar a las clases medias lo que los periodistas consideran "necesario", desmontar los restos del Estado del Bienestar y retirar todo tipo de ayudas sociales a los desempleados de larga duración.

En el libro "Chavs", el periodista Owen Jones compara el trato que los medios masivos de prensa han dado a los diferentes casos de desaparición de niñas que se dieron en la Gran Bretaña entre 2007 y 2008. Uno de ellos fue el de Madeleine McCann, la famosísima niña que desapareció en el Algarve portugués cuando sus padres la dejaron sola en una habitación mientras disfrutaban de sus vacaciones en un lujoso residencial. El otro es el de Shannon Matthews, una niña cuya madre había tenido seis hijos más, con cinco hombres diferentes, y residía con su padrastro en uno de los barrios más pobres al norte del país.

En los primeros quince días, el caso McCann abrió todos los telediarios británicos y fue portada en toda la prensa nacional, se escribieron 1.148 historias relacionadas con lo sucedido en el Algarve, e incluso se llegaron a ofrecer 2,6 millones de libras como recompensa por devolverla a su padre. Las estrellas como J.K. Rowling e incluso algunos de los medios de prensa más importantes a nivel mundial como News of the World trabajaron duro para promocionar el caso y conseguir darle visibilidad, incluso las mayores multinacionales británicas abrieron espacios destacados en sus páginas web para ayudar a encontrar a Madeleine.

Shannon Mathew no resultó tan importante para los británicos. De hecho, tal como expresa Owen Jones, si nos limitamos al valor económico, la vida de la niña era cincuenta veces menos valiosa que la de Madeleine, ya que apenas se ofrecieron 25.500 libras por ella.

Pero, ¿por qué esa diferencia en la atención mediática? ¿Es una excepción? No lo parece, incluso en España lo hemos vivido muy recientemente, con la desaparición de Diana Quer, la hija de un importantísimo y millonario gallego que ha abierto telediarios y portadas de prensa en el Estado, al mismo tiempo que padres y madres de otros niños han denunciado públicamente que a los suyos no se les prestaba la misma atención estando igual de desaparecidos.

ODIO DE CLASE


Cuando se supo que los padres de Madeleine habían abandonado a su hija pequeña dejándola sola en una habitación mientras se iban de fiesta, la prensa británica no tardó en defender a los padres. La popular periodista Allison Pearson declaró "los padres de McCann no fueron negligentes, no podemos juzgarlos porque ellos ya se juzgarán el resto de sus vidas". Entretanto, nada más conocerse la desaparición de la niña pobre, Shannon, la propia Pearson apenas se refirió al suceso en un artículo donde destacaba "Shannon Matthews ya era una víctima de una situación doméstica caótica, causada por los padres a sus hijos inocentes, mucho antes de que desapareciera". El resto de los periodistas no fueron más indulgentes con la madre de Shannon, de ella se escribieron auténticas atrocidades desde que apareció por primera vez ante los medios para reclamar la búsqueda de su hija, como que iba sin maquillar y aparentaba mucho más que 32 años, o como que no vestía a la moda, lo que demostraba, según ellos, lo mala madre que era.

Los periodistas se empeñaron en destacar constantemente cómo el barrio de Shannon estaba repleto de personas miserables, sucias, borrachos y drogadictos capaces de hacer cualquier cosa que uno pueda imaginarse, por lo que presentaban ante las clases medias británicas la desaparición de la niña como una consecuencia lógica y natural.

Tiempo después la investigación policial demostró que todo el secuestro de Shannon Matthews había sido una trama organizada por su propia madre. En realidad su progenitora fingió todo el secuestro con el fin de obtener el dinero del rescate y aliviar así su situación financiera. Además, la policía detuvo al padrastro, acusado de estar en posesión de pornografía infantil. Aquello abrió la veda para que la prensa británica se lanzase, ya sin ningún disimulo, a la yugular de todos los "chavs", los vecinos de la niña; esos mismos que aún siendo desempleados de larga duración se habían gastado dinero de su bolsillo para financiar campañas de pegada de carteles, autobuses e incluso encuentros con barrios de otras ciudades con el objeto último de encontrar sana y salva a Shannon Matthews.
Mientras la prensa se obcecaba en resaltar cómo los McCann "son como nosotros" |1|, ponía el mismo esfuerzo en destacar cómo el barrio de Shannon "es un lugar tan exótico y miserable como Kandahar o Tombuctú. Esa no es la Gran Bretaña de las clases medias, porque estamos tan lejos de esa pobreza como de lo que ocurre en Afganistán" |2|.

Los mismos políticos que cuando se supo de la desaparición de Madeleine habían acudido al parlamento con cintas amarillas en señal de preocupación no dudaron en arremeter contra las clases bajas tan pronto saltó a la luz el escándalo del secuestro ficcionado. Lo mismo a derecha e izquierda, desde laboristas a conservadores. En marzo de 2008, John Ward, un concejal conservador de Kent, proclamó en un debate televisado que "hay cada vez más razones para esterilizar forzosamente a los que tengan un segundo o hijo, o más, mientras cobran prestaciones sociales". Numerosos lectores acudieron en masa a la prensa para apoyar la visión conservadora, e incluso ironizaban con comentarios del tipo "seguro que los progres no apoyan esa medida porque dependen de los chavs para ser electos".

Entretanto la prensa de tirada masiva siguió adoctrinando a las clases medias británicas en el odio hacia las clases bajas, con artículos como el que la muy pudiente Carole Malone publicó en News of the World el 7 de diciembre de 2008: "Esa gente - la de los barrios humildes - nunca ha tenido un empleo ni lo ha querido, esperan que el Estado les pague todos los hijos ilegítimos que tengan, por no hablar de su alcoholismo, adicciones y tabaquismo. Sus casan son pocilgas, cagadas de perro en el suelo y alfombras pútridas, pilas de ropa y de platos sucios por todas partes".

Owen Jones hace una magnífica reflexión al respecto, "imaginen que Carole Malone hubiera hablado así de judíos o negros. Se habría elevado el más enérgico grito de protesta, y con razón. La carrera de Malone habría terminado y el Sun estaría enfrentándose a medidas legales por publicar material que incita al odio."

Apenas un artículo de Joe Mott en el Daily Star quedó ahogado como un grito en el desierto en mitad de toda la propaganda adoctrinadora publicada por los "profesionales del periodismo" británico. En él Mott lamentaba cómo "se está desarrollando en este país una tendencia alarmante a arremeter contra los menos privilegiados".

Años después, incluso el presidente del Sindicato Nacional de Periodistas, Jeremy Dear, hizo una autocrítica sobre aquellos sucesos. "Como ocurre siempre, se tomó un poquito de verdad y se extrapoló para llamar la atención, exagerando todo para crear una histeria más rentable para los medios".

El caso de Shannon Matthews no fue una anécdota. En noviembre de 2008, cuando se supo que un niño pequeño al que se conoció por "Baby P" había muerto en Londres a causa de sucesivas palizas y golpes fuertes de su madre y su compañero, la prensa volvió a destacar cómo los hijos de los "chavs" son el fruto de "diferentes padres" |3|, en lugar de denunciar la falta de recursos y la problemática de las agencias locales de protección al menor. La nueva oleada de crítica destructiva e implacable contra las clases bajas se extendió a principios del 2009, con periodistas compitiendo para encontrar la historia más extrema y salvaje entre los "chavs", llegando incluso a publicar varios reportajes en los que se acusó falsamente a Alfie Patten, un niño de trece años, de haber tenido un hijo.

PASTOREANDO LA OPINIÓN PÚBLICA


El periodista Johann Hari destacó cómo "se buscan casos extremos para destacarlos como la norma entre las clases populares. Gente con diez hijos que no ha trabajado nunca o delincuentes habituales son presentados como lo típico en un barrio humilde, en lugar de como una minoría del mismo".
Fue entonces cuando David Cameron aprovechó para sacar una buena propina electoral con estas publicaciones, declarando "hay que acabar con el todo es gratis; si alguien no acepta una oferta de trabajo adecuada, perderá sus prestaciones sociales".

¿Les suena de algo? ¿No recuerdan ese tipo de declaraciones a la prensa masiva española publicando lo vagos que son los andaluces, el PER, y cómo es mejor tener un trabajo, aunque sea un minijob mal pagado, que estar desempleado?

AL MARGEN DE LA REALIDAD SOCIAL, FUERA DE LAS CALLES


El periodista Kevin Maguire no tiene ninguna duda de que el origen y la trayectorio vital de los propios periodistas tienen mucho que ver con el enfoque hacia determinados tipos de perfiles personales o clases sociales. "No te identificarás, compadecerás ni entenderás a la gente de barrios pobres si no has nacido y te has criado con ellos, si no han sido amigos tuyos en el colegio, el instituto y la universidad. Puede que solo te cruces con ellos cuando te sirven un café o te limpian la casa". Johann Hari cuenta una anécdota curiosa, de cuando preguntaba a compañeros de profesión cuál creían que era el salario medio británico, y más o menos recibía respuestas que lo situaban algo por debajo del real, hasta que un día preguntó a un redactor jefe que le respondió tranquilamente 80.000 libras, siendo la media 21.000.

El propio presidente del Sindicato de Periodistas tiene claro que cada vez habrá más distancia entre los periodistas y las clases trabajadoras, pues al afrontar los gastos y tiempo de obtener un título universitario, sumado a las tasas crecientes y la pérdida progresiva de poder adquisitivo, al final "los únicos que pueden afrontar ese reto son los que tienen un buen apoyo económico detrás, aquellos cuyos padres puedan ayudarles, lo que significa que la condición de entrar en el periodismo ha cambiado radicalmente a otras épocas".

Las noticias de los medios de prensa han ido abandonando acontecimientos relacionados con el mundo laboral conforme los sindicatos han perdido influencia y protagonismo en la sociedad, a ello hay que sumar el enfoque cada vez más macroeconómico y a gran escala que surgió en la prensa con la globalización, así los medios acaban siendo un espacio para la clase media, y los casos extremos que suceden en barrios humildes son presentados como escándalos representativos de cuál es la vida ordinaria en esos sitios.

Los propios políticos que emiten juicios de valor y presentan propuestas concretas al estilo de las de David Cameron son otro buen ejemplo de la ruptura con la realidad cotidiana; no hace falta buscar mucho en la prensa para encontrar casos de políticos que literalmente no sabían ni sacar un billete de metro o autobús, porque llevaban décadas rodeados de asesores y otro tipo de "sirvientes". ¿Acaso este tipo de políticos representan a la clase media española? ¿Son un ejemplo de cómo es un ciudadano de clase media, o incluso de clase alta en España?

EL ORIGEN DE LA MISERIA


En el caso que atañe al libro de Owen Jones, el barrio de Dewsbury Moor, donde Karen Matthews fingió la desaparición de su hija para obtener la recompensa, está en el top 10 de los más privados en bienestar y pobreza infantil. Si el objetivo del laborista Aneurin Bevan después de la II Guerra Mundial fue establecer un programa público de construcción de viviendas sociales para que las clases medias pudieran convivir con las bajas en los mismos barrios, aquello se fue desmoronando cuando Margaret Thatcher accedió al poder en la década de 1980 e impulsó un programa extremo de liberalismo. Antes de aquella revolución conservadora, dos de cada cinco personas de clase media residían en barrios típicos de viviendas de protección oficial, en los datos de 2008 apenas son uno de cada diez, y de ellos la mitad son inquilinos de asociaciones y cooperativas de vivienda |4|. Los sucesivos gobiernos laboristas - teórica izquierda - fueron fieles al dogma conservador y redujeron progresivamente la inversión en vivienda pública, concediendo así a los más pobres las pocas viviendas que se iban otorgando. A esto hay que añadir cómo en cuanto una persona tiene opción de comprar una vivienda más cara se muda de su barrio y vende la vivienda a una persona aún más pobre.

La desindustrialización masiva y la correspondiente deslocalización empresarial iniciada en la revolución conservadora thatcheriana dejó un erial de empleo en Reino Unido, donde en 1979 más de 7 millones de personas trabajaban en la industria en 2008 apenas eran 2,83 millones, la tendencia sigue bajando.

Las políticas de "reconversión industrial" thatcherianas fueron copiadas y aplicadas con la misma firmeza en prácticamente todos los países desarrollados del planeta, como por ejemplo en España, y también con administraciones no conservadoras sino socialdemócratas.

En la misma calle donde residía la delincuente Karen Matthews hoy día puede asistirse al lamentable escenario de naves industriales en ruinas, completamente abandonadas, donde los niños pequeños van a pasar el rato, donde hace apenas tres décadas todo el barrio trabajaba. Los padres y abuelos de Karen trabajaron en esas mismas empresas. Ella no.

El Gobierno de Reino Unido impulsó un ambicioso plan a finales de 2008, en pleno estallido de la crisis mundial, para poner a trabajar a 3,5 millones de desempleados que vivían de prestaciones sociales. El plan se echó abajo tan pronto los estudios demostraron que apenas habría trabajo para colocar a medio millón de personas.

CASTIGO MERECIDO


Ronald Reagan sentó dogma protestante con su "hay gente que elige ser pobre". En su tiempo aquella frase no representaba el sentir mayoritario popular, hoy día sí. En 1986 el 19% de los británicos pensaba que la pobreza se debía a la vagancia o la falta de voluntad, en 2005 ya eran el 27% |5|. Este cambio de percepción social se ha producido en una etapa donde la desigualdad se ha disparado y no para de aumentar, tal como se muestra en el coeficiente Gini - relación de desigualdad de ingresos - que en 1979 en Reino Unido era de 26 y en 2008 ya estaba en 39. Al menospreciar, criminalizar y difamar a las clases bajas se justifica la desigualdad, la propia sociedad acaba asumiendo que la desigualdad es incluso positiva y necesaria.

PROTESTANTISMO Y DARWINISMO SOCIAL


El capitalismo surgido en Reino Unido está íntimamente ligado a su modus vivendi, su concepción del sentido de la vida, que es protestante y darwinista social. Los teólogos británicos del siglo XVII ya protestaban por "la caridad errónea e indiscriminada concedida a pobres que son la verdadera escoria, mugre y sabandijas de la comunidad" |6|.





|1| India Knight, "Every mother`s nightmare", The Times, 6 de mayo 2007.
|2| Melanie Reid, "Shannon Matthews is the new face of poverty", The Times, 17 de marzo 2008.
|3| Bruce Anderson, Sunday Telegraph
|4| John Harris, "Safe as houses", Guardian, 30 de septiembre 2008.
|5| Alison Park et alii, eds., British Social Altitudes: The 24th Report, Londres. 2008. p. 242.
|6| Withney Richard David Jones, The Tree of Commonwealth 1450-1793, Londres, 2000. p 136.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Zygmunt Bauman y la crisis de los refugiados en Europa

En su libro “Modernidad y Holocausto”, que recibió el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social en 1989, Zygmunt Bauman analizaba las causas del Holocausto y la maquinaria de destrucción en todos los sentidos en la Europa de la II Guerra Mundial, en un intento de profundizar en el repaso superficial que tanto sociólogos como historiadores habían hecho del desastre nazifascista y los crímenes de guerra perpetrados tanto por el Eje como por los aliados.

Pero, ¿qué tiene que ver el origen del Holocausto y los crímenes de guerra de la II GM con la crisis de refugiados en Europa hoy día? Sencillamente ambos fenómenos son una consecuencia natural del proceso civilizador y el énfasis en las aspiraciones de racionalidad que no han de interferir en las normas éticas o inhibiciones morales.

Y es que a lo largo de la obra, Bauman vuelve una y otra vez a las raíces de la modernidad, que desembocó en «el proceso civilizador (…) un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales . Hace ya tiempo que se reconoció que una de las características constitutivas de la civilización moderna es el desarrollo de la racionalidad hasta el punto de excluir criterios alternativos de acción y, en especial, la tendencia a someter el uso de la violencia al cálculo racional. Debemos aceptar, entonces, que fenómenos como el del Holocausto son resultados legítimos de la tendencia civilizadora y una de sus constantes posibilidades.»

Las propias bases de la sociedad moderna, y en el caso de la crisis de refugiados en Europa la posmoderna, son aquellas descritas por Max Weber en que las condiciones de la gestión racional – separando por ejemplo la empresa del hogar o la renta privada del erario público – han sido creadas para detraer la acción racional y las normas irracionales – como los juicios éticos y morales -, haciendo que las personas sean inmunes a postulados como la asistencia mutua, la solidaridad o el respeto recíproco que se desarrolla en las relaciones no comerciales.

DISCIPLINA CONTRA RESPONSABILIDAD MORAL

La sociedad nazi no era un mundo de barbarie donde los salvajes imponían la ley de la selva, justamente al revés, el experimento revela hasta qué punto la sociedad racional y científica es capaz de generar destrucción al hacer que las personas queden desarraigadas de moral y sentimientos.
Herbert C. Kelman hizo un análisis brillante sobre las inhibiciones morales, que disminuyen cuando se cumplen tres requisitos separados o juntos: violencia autorizada por órdenes de superiores o departamentos legalmente competentes, violencia normalizada en la rutina del gobierno – por ejemplo los funcionarios -, y la deshumanización de las víctimas.

La sociedad industrial y eficiente alemana en el período nazifascista, donde había que obedecer órdenes de superiores por encima de cualquier consideración personal, haciendo gala de una disciplina germana que incluso hoy día se sigue explotando como “marca propia”, hizo posible destruir la identidad individual y sacrificar cualquier interés personal al someterse a la disponibilidad de la organización, al sacrificio personal por un orden superior que el propio Max Weber definió como deber del funcionario: «El honor del funcionario reside en su capacidad para ejecutar a conciencia las órdenes de las autoridades superiores, exactamente igual que si las órdenes coincidieran con sus propias convicciones. Esto ha de ser así incluso si las órdenes le parecen equivocadas y si, a pesar de sus protestas, la autoridad insiste en que se ejecuten». Fue precisamente cuando la sociedad alemana quedó inmersa en esta concepción cuando la disciplina sustituyó a la responsabilidad moral.

CUANDO LA CULPA ES DE TODOS, NO ES DE NADIE

Weber terminaba su descripción del honor del funcionario subrayando «la responsabilidad personal exclusiva» del dirigente, «responsabilidad que no puede ni rechazar ni traspasar». Este adoctrinamiento estaba profundamente enraizado en los funcionarios del III Reich, quienes sistemáticamente justificaban su trabajo alegando que eran meros empleados que obedecían órdenes de superiores.

Ascendiendo en la cadena de mando, nadie asumía responsabilidad alguna porque todos estaban obedeciendo órdenes de superiores.

Pero, ¿cómo pudo gente completamente normal y corriente participar en la maquinaria asesina nazi? Bauman compara el colaboracionismo y la mirada hacia otro lado con los trabajadores de una fábrica de armamento a los que les sobreviene un maravilloso aplazamiento de cierre de su fábrica gracias a que ha estallado una guerra en un país lejano. Estos empleados se van a casa y mientras cenan asisten lamentándose a las imágenes de niños mutilados, mujeres violadas y hombres desangrados en países exóticos.

La enorme ola de intermediarios en todos los sectores productivos y de logística es fundamental para tomar distancia individual de las consecuencias de un determinado modelo de consumismo y forma de vida. A consecuencia de ello nadie se atribuye actos conscientemente, porque todas las personas se sienten instrumentos inocentes de una voluntad ajena. Al no tener conocimiento de primera mano de las consecuencias de sus actos, incluso el mejor de los seres humanos se mueve en un vacío moral.
De alguna manera estamos acostumbrados a asociar que hay alguien planificando y siendo responsable de cada suceso en el mundo, por eso nos es difícil aceptar que con más frecuencia de la deseada no hay ninguna persona o grupo que haya planificado y esté realizando un mal concreto. Esto significa que incluso nuestras propias acciones, a través de efectos remotos, pueden contribuir a provocar sufrimientos.

UN MUNDO DE DECISIONES RACIONALES

Primero las personas eran metidas en trenes de ganado y trasladadas cientos y miles de kilómetros durante varios días, hacinadas y sin acceso a mínimas condiciones de higiene o intimidad. Cuando llegaban al campo de exterminio se les metía en las eufemísticas duchas, que no eran sino un oasis en la mente de quienes habían sido sometidos a tratos tan denigrantes. Pero incluso para quienes sabían qué sucedía en aquellas “duchas”, se les ofrecía una elección racional entre morir acribillados a balazos o torturados por los soldados al insubordinarse al orden establecido o sufrir una muerte “rápida e indolora”.

¿Y los empleados de los campos de exterminio? Incluso la industria de la muerte nazifascista se fue perfeccionando y llegó a reducir el papel del asesino a “oficial de sanidad” que debía vaciar un saco de “productos químicos desinfectantes” por una apertura en el techo de un edificio cuyo interior no debía visitar.

El Holocausto fue un éxito de eficiencia administrativa y técnica gracias a la utilización de la burocracia y la tecnología moderna. Se fue tomando progresiva distancia entre los empleados de la maquinaria mortal y las víctimas hasta que éstas llegaron a ser invisibles.

Franklin M. Littell se preguntó ¿qué tipo de facultad de medicina educó a Mengele y sus amigos? o ¿qué departamentos de antropología prepararon al personal del Instituto de la Herencia Ancestral? La respuesta es sencilla, el proceso de racionalización, que ha desembocado en el silencio moral.

LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS EN EUROPA

¿Pueden los países europeos, que todavía arrastran las causas y consecuencias de la crisis económica internacional de 2008, acoger a más de tres millones de personas que huyen de las guerras en el norte de África y el Medio Oriente?

Los refugiados suponen una carga económica que merma la rentabilidad y eficiencia de las empresas y sociedades europeas. Lo importante es seguir trabajando para aumentar la productividad y volver a “la senda del crecimiento” que desemboque en los años dorados del período 2000-2007, si para ello es necesario fomentar guerras en el norte de África para instalar gobiernos como el de Turquía, dispuestos a reprimir en sus fronteras y abrir campos de concentración a cambio de una ola de miles de millones de euros en “ayudas”, adelante con ello.

Es lo racional, es lo que manda el sentido común. Es la posmodernidad, la hija de la modernidad que parió el Holocausto.

martes, 8 de noviembre de 2016

Alternativas económicas, decrecimiento y Renta Básica

Decía William Morris en Cómo vivimos y cómo podríamos vivir...

Pero ¡ay!, he aquí que su progreso ha sido interrumpido y deshecho y, aunque el hombre haya conquistado la naturaleza y disponga del control de sus fuerzas para hacer con ellas lo que guste, aún le falta conquistarse a sí mismo, aún debe pensar cuál será el mejor uso de estas fuerzas de las que se ha adueñado. Porque actualmente sigue empleándolas a ciegas, neciamente, como si aún estuviera regido por el destino.

Y es que podemos preguntarnos qué es el progreso. ¿Qué significa ese término? El pensamiento predominante sigue sin cuestionarse esta noción a pesar del tiempo transcurrido desde que Morris pronunciara estas palabras allá por 1884. ¿Qué es avanzar cuando no hay elección de una meta sino mera inercia? En realidad sí hemos asimilado en nuestra educación una meta social en forma de tecno-utopía. Pero ¿es el mero avance tecnológico un síntoma de bien y una promesa de mejora social? En tal caso se daría la paradoja de que ese tipo de mejora no implicaría nada esencial para nuestra forma de vida, pues ese propósito puede continuar sin final, comprometiéndonos eternamente con la misma dedicación sólo que en nuevos entornos. No cabe esperar una forma de vida mejor si, sea cual sea nuestro nivel tecnológico, siempre tenemos que bregar por mejorarlo.

Paisaje tecnológico I
Ángel Orcajo 1969

La multiplicación del trabajo se ha convertido para nosotros en necesidad, y mientras eso continúe ninguna ingeniosidad aplicada a la invención de máquinas nos será de auténtica utilidad.

Trabajo útil o esfuerzo inútil. William Morris, 1884

Es una cuestión que va más allá de la distinción entre capitalismo y socialismo -y quizá por ello Morris ha sido relegado como socialista heterodoxo-. Bajo el primero se da la contradicción de que cada innovación reduce la necesidad de mano de obra a la vez que se propone la innovación como solución al desempleo. Esto avoca al fracaso del empleo (y del autoempleo) como sistema de distribución de rentas, y hace urgente la adopción de una Renta Básica Universal (RBU). Pero aunque se renovara la actividad mediante empleo público garantizado que pusiera a todo el mundo a trabajar en favor de la misma clase de desarrollo ¿no estaríamos condenándonos a un modo de vida que puede cuestionarse como destino perpetuo? En el fondo está la cuestión de qué queremos ser. Y la cuestión de hasta donde podemos presionar al medio natural en el que hemos surgido como especie. Decía William Morris continuando la conferencia de la primera cita:

La conquista de la naturaleza ha concluido, ¿no podemos ya decirlo?, y nuestro asunto consiste ahora, y ha consistido durante largo tiempo, en la organización de la vida del hombre, que gobierna las fuerzas de la naturaleza.

A largo plazo, el progreso tecnológico trabaja contra nosotros si no cambia la lógica económica en la que estamos inmersos, y cada entusiasta logro en en este terreno puede terminar siendo una ayuda en la construcción del camino hacia el infierno [1] [2]. Una tecnología no es más que un programa, un algoritmo, un cálculo expresado en formas materiales (en lugar de símbolos), que sólo al recibir energía produce algún efecto sobre la realidad. Mejorar ese cálculo constantemente dentro de una lógica económica que busca maximizar la producción no es más que potenciar la aplicación de energía a la transformación incesante del mundo. El aumento del PIB no debe ser un objetivo por sí mismo por el mismo motivo por el que preferimos no desarrollar ni hacer estallar más bombas nucleares.

Precisamente en nombre de la ciencia que nos advierte de los límites del crecimiento, tendremos que cambiar esta creencia básica de nuestra sociedad. Fascinados por el espectáculo de cambios materiales en el fondo simples, distraídos por cálculos para la acción y por sus efectos prácticos, hemos abandonado el progreso ético y político. El verdadero progreso, diría aventurando una respuesta, no consiste en calcular más sino en pensar mejor.

En consecuencia habrá que prestar más atención a los modelos económicos alternativos que apuntan hacia esta lógica de lo cualitativo y lo complejo, que ponen por encima lo no medible, lo que sólo puede avanzar en la deliberación compartida democráticamente. Concluía Morris el pasaje citado al inicio diciendo:

...acabar con el miedo a nuestros congéneres y aprender a confiar en ellos, derribar la competencia y edificar la cooperación, he aquí nuestra única necesidad.

Necesitamos pasar de poner el énfasis económico en el crecimiento a ponerlo en una distribución óptima, en cualquier caso suficiente para todos, de modo que podamos no crecer, de modo que podamos desinflar esta burbuja tecno-energética que nos destruye tanto como nos obnubila con las variopintas formas posibles de consumirla.

En este sentido, en la segunda parte del congreso sobre Renta Básica Universal y decrecimiento celebrado en Hamburgo este mismo año -aquí resumimos la primera parte- se pusieron estas dos propuestas en relación con otros planteamientos económicos alternativos. Lo que sigue es un resumen de estas charlas ceñido a la opinión de los ponentes. En un tercer artículo, dedicado a diversas controversias relacionados con esta temática que se plantearon al final del simposio, apuntaremos también algunas diferencias de planteamiento y conclusiones propias.


Renta Básica como oportunidad para una floreciente economía local y sostenible

Christine Ax es experta en empresas pequeñas y artesanales, y llegó a la convicción de que una renta básica sería favorable para una economía local sostenible, basada en este tipo de empresas. Ha tratado en profundidad ambos temas, RBU y decrecimiento, en dos de sus libros, argumentando que la RBU es una oportunidad para dar forma a la gran transición que necesitamos.

Las pequeñas industrias y, sobre todo, las empresas artesanales son intensivas en mano de obra. Muchas de ellas ofrecen una amplia gama de buen trabajo y productos duraderos y su “sostenibilidad estructural” les avoca a jugar un papel importante en nuestro futuro. Facultan a las personas para proporcionar y para enseñar habilidades -cuidados, compartir, reparar, todo tipo de “hazlo tú mismo”- relevantes para una economía más allá del crecimiento y un estilo de vida menos intensivo en recursos.

Proporcionan puestos de trabajo que permiten desarrollarse. En estos negocios nos encontramos con una alta proporción de personas que están motivadas intrínsecamente, es decir, que les encanta lo que hacen y para las que, en muchos casos, el trabajo en sí es parte de su remuneración (no sólo el dinero). No todos, pero muchos, (sobre todo en los oficios artísticos y más artesanales), hacen lo que realmente quieren hacer. Pero para estabilizar y apoyar este tipo de economía necesitan una remuneración más justa y más seguridad.

Por ello la RBU podría ser una forma, (tal vez la más importante), para dar forma a una sociedad más allá del crecimiento, así como para conciliar economía y cultura. El conocimiento práctico y vocacional junto a los conocimientos generales tienen gran importancia tanto para el bienestar como para una economía sostenible.

Por último, dice Christine, “cuando estoy haciendo entrevistas con artesanos y empresarios con bastante frecuencia encuentro personas que están de acuerdo conmigo en este punto. Por tanto, una alianza estratégica con esta parte de nuestra economía podría ser fructífera y ayudaría a aumentar la comprensión de los conceptos de la RBU”.


La tercera revolución industrial y su efecto sobre las horas de trabajo en el marco económico actual

Eva Nalbach analiza la posibilidad de que la llamada “tercera revolución industrial” cumpla los vaticinios de quienes auguran el colapso del sistema de mercado (y con él, del capitalismo) a causa de la disponibilidad de bienes de consumo abundantes y el colapso del sistema de precios. Esto nos llevaría a una realidad del empleo y del intercambio radicalmente nueva en la que sería concebible que las personas optaran por no trabajar a tiempo completo, y pasaran a centrar su vida en una existencia menos orientada al crecimiento, lo que suele presentarse como un posible abandono del sistema de mercado en favor de una sociedad organizada en torno a la economía colaborativa.

Para observar esto el estudio introduce en el modelo neoclásico la economía del “compartir” junto a una división de los hogares en capitalistas/empresarios y trabajadores, y se observa el efecto de esos cambios, además de la robotización, en la oferta de empleo. Los resultados indican que, si mantenemos el actual marco neoclásico, no hay evidencia de que el capitalismo vaya a autodestruirse sólo a través de cambios tecnológicos.

Por lo tanto se investiga bajo qué condiciones se pueden esperar cambios hacia el decrecimiento, junto una exploración de los efectos de una RBU en este sentido. La conclusión es que los cambios causados por la “tercera revolución industrial” dan un amplio margen para la esperanza, pero salvo que además se lleve a cabo un imprescindible cambio de reglas a través de cambios en las instituciones, la cultura y los valores, esta será una oportunidad perdida con consecuencias potencialmente devastadoras para la igualdad y la ecología.


RBU y Economía del Bien Común (EBC). “Relación difícil” o “Asociación ideal”

Otto Lüdemann y Bernd Fittkau investigan la relación entre estas dos propuestas. En principio es imposible comparar las metas operativas de ambos movimientos. Ni la EBC garantiza una seguridad económica para todos, ni la RBU por sí misma orienta a las empresas hacia el bien común. Pero tiene sentido tener en cuenta ambos movimientos desde el punto de vista de su marco general de valores.

El marco de valores de la EBC se evidencia en su Balance del Bien Común, basado en valores como dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, participación democrática y transparencia. La RBU se basa en valores como seguridad económica básica, equidad social y libre desarrollo personal. Salta a la vista su complementariedad. Los valores relevantes para la EBC se corresponden también con los objetivos que persigue la RBU. En ambos casos se plantean preguntas críticas sobre el crecimiento económico a cualquier precio, ya sea como resultado de un profundo respeto por la sostenibilidad socio-ecológica, o debido a que una renta básica liberaría a las personas de tener que aceptar cualquier trabajo para poder sobrevivir.

Una pregunta abierta es si una RBU se ajusta completamente con la práctica económica de las empresas en la EBC. Por ejemplo, estas empresas podrían estar preocupadas por la pérdida de motivación de los trabajadores cuando estos se benefician de una renta básica. Otra preocupación podría ser si la necesidad de financiar la renta básica obligará a las empresas a volver al principio de la maximización del beneficio. Sin embargo, un examen más detallado muestra que tales preocupaciones son infundadas. Especialmente si se plantean formas de financiar una RBU, por ejemplo a través de una reforma fiscal socio-ecológica, que crean oportunidades para una cooperación estrecha, e incluso una articulación de los dos movimientos. Este tipo de impuesto establece incentivos para una toma de decisiones responsable.

Resumiendo, EBC y RBU defienden el objetivo común de la sostenibilidad social y ecológica de diferentes maneras, pero ambas tienen el potencial de fortalecerse mutuamente. Son elementos complementarios en el camino hacia una “economía de transición” realista.


Perspectivas desde la revolución de los cuidados sobre el decrecimiento y la RBU

Actualmente diversos enfoques alternativos desafían la economía de mercado capitalista dominante con su imaginario de crecimiento, pero en su mayoría omiten una explícita perspectiva de género. Por ello Sandra Antelmann, en su tesis "Suficiencia, Comunes y Cuidados. Aproximación a los movimientos de decrecimiento urbano", trata de compensar esta carencia desde la perspectiva de la ecología política feminista y la economía política feminista, especialmente con una perspectiva feminista(-queer) para economías alternativas como la Economía Común (Ecommony, Habermann) y la Economía de los Cuidados, incluyendo el cuidado de las culturas naturales, (Care Economy, Puig de la Bellacasa), llevando estas a una relación reflexiva (Economía de Cuidados Comunes, Carecommony) y aplicándolas a escala urbana (Harvey, Hardt / Negri) con ejemplos como la jardinería urbana y la permacultura. Ahora está preparando su proyecto de doctorado en el que quiere vincular la carecommony con los movimientos de resistencia urbanas.

Recientemente se ha celebrado también en Hamburgo la “Semana del cambio. ¡Una buena vida para todos es posible!” vinculando muchas iniciativas, proyectos y movimientos como la economía solidaria, la RBU y la revolución de los cuidados, Todos estos enfoques se oponen al discurso dominante en el debate sobre la sostenibilidad, ese crecimiento verde o inteligente que busca una disociación entre el crecimiento económico y el impacto ambiental por medio de la eficiencia y de innovaciones tecnológicas, lo que empíricamente siempre se ha visto frustrado por efectos rebote. Especialmente el feminismo ha diagnosticado múltiples crisis: económica, ecológica y de reproducción social, y subraya la estrategia de sostenibilidad de la suficiencia, no como abstinencia individualizada sino sociopolítica.

La economía del cuidado y la revolución de los cuidados apuntan a una buena vida con abundancia de tiempo, y se inspiran en modelos orientados a las necesidades de las formas de vida sociales y colectivas. Esto está en sintonía con la RBU al cuestionar y redefinir el concepto de trabajo, resaltando la diversidad de ocupaciones socialmente necesarias más allá del trabajo asalariado. La RBU podría fomentar así una división del trabajo con justicia de género, y ayudar a resolver la dicotomía y la jerarquización entre producción y reproducción, por ejemplo en el concepto de la ReProductividad (del enfoque Economía del Cuidado, Biesecker et al.) que incluye también la productividad de la naturaleza.

Para aplicar un cambio socio-ecológico a la relación entre economía y naturaleza son necesarios puntos de entrada y estrategias transitorias. Muchas iniciativas ya experimentan en su práctica diaria con enfoques alternativos como la agricultura comunitaria o proyectos de vivienda auto-organizados y basados en la solidaridad. Esta diversidad creativa puede fomentar procesos de aprendizaje colectivo en los que la comprensión de lo que es deseable y necesario cambia y permite nuevos imaginarios (post-capitalistas) para las comunidades emergentes (Muraca, Gibson-Graham). Una RBU podría sentar las bases para lograr un mayor comunitarismo y más cuidados, entre los seres humanos y los no humanos, en un mundo en decrecimiento.


¿Cómo compensar la reproducción social y ambiental? Dos dilemas, una solución común

Cuando se trata de medidas tradicionales, como la riqueza, el empleo y la pobreza, nuestra generación es la primera que se define por la inseguridad económica y la precariedad en general. Sin embargo, estamos utilizando una cantidad de recursos y produciendo una cantidad de residuos equivalente a 1,6 planetas. A pesar de todas las evidencias y números de la ciencia, nuestro comportamiento no ha cambiado. Resulta claro, por tanto, que los dilemas sociales y medioambientales tienen que ser abordados con argumentos éticos -concluye Nina Šoštarič-.


Desde la Segunda Guerra Mundial hemos sido absorbidos por el imperativo del PIB, que se ha convertido no sólo en la medida del éxito, sino también en nuestra religión y en nuestra ética. En consecuencia, estamos viviendo en un mundo donde 62 individuos poseen tanta riqueza como la mitad de la población mundial. El problema fundamental con el crecimiento es que, por un lado, se basa en el trabajo no remunerado en el ámbito de la reproducción social, y por otro lado, parasita la reproducción del medio ambiente. El trabajo de cuidados no suele valorarse como trabajo sino como tareas insignificantes. Quienes realizan este trabajo viven en situación de enorme precariedad, sin reconocimiento ni redistribución por su contribución a la sociedad. Tradicionalmente la economía del cuidado es asumida por la fuerza de trabajo de las mujeres, y aunque nuestro bienestar y nuestro bienvivir dependen de ello, no cosecha tanto respeto social como la economía empresarial, tradicionalmente dominada por hombres. Sin embargo, el cuidado tiene un papel específico en nuestras vidas y relaciones.

La degradación de la biosfera está dejando claro que la comunidad global tendrá que reavivar la reproducción ambiental e imponer más regulación e impuestos sobre la contaminación y el agotamiento de los recursos. Los costes de restaurar la naturaleza se están arrojando sobre las generaciones futuras. La justicia generacional requiere poner a las personas por delante del beneficio y acentuar la solidaridad. Se está volviendo inevitable compensar la reproducción tanto en el ámbito social como en el medio natural. La RBU, preferiblemente pagada en moneda local como provisión para el trabajo de cuidados, financiada mediante una fiscalidad verde, concretamente impuestos al consumo, reduciría la huella ecológica y contribuiría a una mayor autonomía. La RBU ampliaría la esfera autónoma en la cual criamos a nuestros hijos, cultivamos nuestros huertos orgánicos y disfrutamos de la naturaleza. Si es pagada en moneda local promovería los mercados locales de alimentos y otras economías locales. La introducción de impuestos progresivos sobre el consumo, la publicidad y otras actividades ambientalmente dañinas restringiría la globalización, y ofrecería a la naturaleza la oportunidad de recuperarse de la invasión humana.

En general, estamos frente a una consideración ética. Afrontar la lucha contra la desigualdad y la justicia generacional podría confirmarse como la única solución para mantener la democracia.


Renta y distribución básicas

La distribución del ingreso y del trabajo es un efecto secundario positivo previsto en las distintas propuestas para implementar una RBU, lo que por otra parte, está provocando miedo e incluso un mayor control del poder y los recursos. Existe una amplia variedad de apelaciones en favor de otra economía que se base en la producción comunitaria y sin ánimo de lucro, probando que algo debe cambiar. Ingrid Wagner intenta mostrar que la RBU podría ser de ayuda para tales formas de economía alternativa, sin importar en qué lugar del mundo tengan lugar. 

Los proyectos de agricultura sostenida por la comunidad ya ponen en práctica estas vías alternativas con éxito a fin de encontrar maneras de satisfacer la falta de acceso a la tierra y a la riqueza o a maquinaria, con un modo de producción de alimentos que faculta a aquellos que no pueden tener este acceso por sí mismos (recuperando la soberanía alimentaria). De ese modo se revitalizan los antiguos Bienes Comunes de una manera moderna, pero también se hace hincapié en la necesidad de una RBU (para poder comprar lo que era originalmente gratuito y de libre acceso para todo el mundo, digamos, en tiempos precapitalistas).