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martes, 20 de marzo de 2018

Sin filosofía, por favor, somos científicos sociales.




«Las cifras a menudo me seducen, particularmente cuando tengo que arreglarlas yo mismo; en cuyo caso la observación atribuida a Disraeli a menudo se aplicaría con justicia y fuerza: "Hay tres tipos de mentiras: mentiras, malditas mentiras y estadísticas"».  Mark Twain.

Lo que empezó con juegos de azar allá por el siglo XVII con Pascal, hoy es utilizado hasta para teorizar sobre Dios, “e incluso si la existencia de Dios nunca es probada o refutada con certeza de una manera u otra, la evidencia disponible y el razonamiento pueden arrojar una estimación de la probabilidad lejos del 50 por ciento”, razona Richard Dawkins[1].

Es una realidad el hecho de que nos encanta razonar en términos probabilísticos, tengan o no algún sentido[2].


David: ¿Cuál crees que es la probabilidad de que llegue un autobús en los próximos cinco minutos?
Zaka: ¿Eh?
David: Estaba pensando en correr cuesta arriba para conseguir algunos cigarrillos. Me imagino que tomará tal vez cinco minutos. ¿Cuál cree que es la probabilidad de que llegue un autobús antes de que regrese?
Zaka: No lo sé. Un autobús podría venir
David: ¿Pero es probable?
Zaka: ¿Qué quieres decir?
David: ¿Sabes cuál es la probabilidad? ¿Hay una gran probabilidad de que llegue? ¿O solo una pequeña probabilidad?
Zaka: ¿Una probabilidad puede ser grande o pequeña?
David: Bueno, ¿es más como 1 entre 10? ¿O más como 50-50?
Zaka: ¿Cómo lo sabría? No sé cuándo llegará el autobús

Transcurría así, una conversación del antropólogo David Graeber con un malgache donde concluye, y no sin falta de razón:

lunes, 12 de marzo de 2018

Para el economista que llevamos dentro: 7 maneras de pensar la economía en el siglo XXI con la Economía Rosquilla


“Lo que importa es la caja de herramientas mentales con las que, por las que, y a través de las que experimentamos e interpretamos el mundo.” E. F. Schumacher

“El universo es turbulento, caótico, dinámico… se reorganiza y evoluciona; crea diversidad, no uniformidad. Esto es lo que hace a nuestro mundo interesante, lo que lo hace bello, lo que permite que siga su marcha.”  Donella Meadows

“Ver diferente es vivir diferentemente, y vivir diferentemente es la clave para evitar esta crisis medioambiental.” Leslie Davenport

Continuando el anterior artículo “Dos mujeres extraordinarias con dos herramientas necesarias para la regeneración y el bienvivir”, daremos paso a otra mujer extraordinaria, la economista Kate Raworth, promotora de la economía rosquilla o economía del “doughnut”. (Parece ser que la palabra “donut” tan utilizada para designar ese bollo redondo con agujero es una marca registrada en España, no así en inglés, por ello, se ha traducido el libro como economía rosquilla.)

Este libro llega a su versión española diez meses después de su arranque triunfal en el mundo anglosajón y es, sin lugar a duda, uno de esos libros del bienvivir para 2018. Aún diría algo más, lo incluiría directamente en un selecto grupo de libros del bienvivir de este siglo XXI, o bien, como alguno de los elogios que he oído y con los cuales me identifico totalmente:

“Este es realmente el libro que todos hemos estado esperando. Kate Raworth nos proporciona el antídoto a la economía neoliberal con su visión radical y ambiciosa de una economía al servicio de la vida. Dado el estado actual del mundo, necesitamos la Economía Rosquilla ahora más que nunca.”  L. Hunter Lovins

Al igual que comenté en el anterior artículo sobre el libro de Naomi Klein, es imposible hacer que la parte sea el todo, es decir, mi análisis y reflexiones no harían justicia a la amena experiencia de leer completamente el libro. Como decía André Maurois, “La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma contesta.”, de este modo, al leer el libro, este nos hablará y se manifestará diferentemente en cada uno de nosotros, pero lo que sí será igual para todos es que no nos dejará indiferente ante esa nueva brújula que nos muestra.

   Fuente: Raworth, K. (2018) Economía rosquilla: 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI, Ediciones Paidós



¿Cómo podremos volver a echar nuestra mirada hacia atrás después de haber contemplado ese espléndido paisaje?

martes, 6 de marzo de 2018

La teoría económica como caballo de Troya: Precedente.


Los economistas clásicos, cuyo mayor representante es Adam Smith, pensaban que la actividad económica debía realizarse sin la intervención del Estado, alcanzándose así una armonía. Ya antes de los clásicos, en Francia los fisiócratas habían pensado lo mismo. Smith, como tutor del hijo del noble Henry Scott, viajó a Francia, donde entablaría contacto con fisiócratas, en su obra, "la riqueza de las naciones", comenta al respecto de éstos:

"Sin embargo, este sistema, con todas sus imperfecciones, es quizás la aproximación más cercana a la verdad que ha sido publicada sobre el tema de la economía política; y es por esa razón, vale la pena la consideración de cada hombre que desea examinar con atención los principios de esa ciencia tan importante. Aunque al representar el trabajo que se emplea sobre la tierra como el único trabajo productivo, las nociones que inculca son, tal vez, demasiado estrechas y confinadas".

Esta idea sigue hegemónica hoy, por ejemplo, en un reconocido "keynesiano":

"Creo firmemente que las ideas de la teoría de la autoorganización pueden modificar sustancialmente nuestra manera de concebir la economía".  
"La organización espontánea de la economía", en 1996. Paul Kurgman.

"Creo firmemente", escribe Paul Krugman en su libro, como buen creyente que ha sido santificado por los clásicos. Los fisiócratas, como inspiradores de los economistas clásicos, serán el precedente a la teoría económica usada como caballo de Troya.

Partes 1 2 y 3 de la serie, enlace en el título.

La economía como caballo de Troya: "Génesis", "mercantilismo" e "interludio para la situación española".








 -Que faut-il faire pour vous aider ?               (¿Qué deberíamos hacer por ayudaros?)
-Nous laisser faire.                                          (Dejadnos hacer.)

Atribuida a una conversación entre Colbert y el comerciante Legendre durante una reunión.


El periodo del mercantilismo, marcado por el comercio colonial y el desarrollo de las manufacturas, acabará dando lugar a grandes empresas comerciales[1]. La artesanía, propia de la producción individual, irá siendo desplazada por una producción solidaria[2], plural, que dará lugar al modo de producción capitalista, alejado del artesanal.  

El aumento del poder de los capitalistas, principalmente privados, se verá limitado por el Estado, cuya política monopolista propia del mercantilismo y privilegios hacia la aristocracia presentará un impedimento para la actividad del hombre de negocios[3].


                                                Grabado de la bolsa de Amsterdam (1612). Claes Jansz Visscher.


viernes, 2 de marzo de 2018

Dos mujeres extraordinarias con dos herramientas necesarias para la regeneración y el bienvivir


“Invierte unos pocos momentos en pensar. Esto te pagará un buen interés.” Autor desconocido

“La calidad de nuestra vida y lo que producimos, hacemos o construimos, depende precisamente de nuestro pensamiento. El pensamiento de calidad pobre es costoso, en dinero y en calidad de vida.” Linda Elder y Richard Paul

La publicidad, las noticias falsas, la post-verdad son, entro otros elementos comunicativos, pequeños ruidos que ensordecen nuestro pensamiento sacando a relucir nuestros instintos y emociones. No es que valore más el pensamiento sobre el instinto o las emociones, al contrario, cada uno tiene más ponderación dependiendo del lugar y contexto, aunque desde una perspectiva más holística los tres parecen trabajar en paralelo con sus correspondientes limitaciones y supeditado a ese entorno concreto. Todos ellos pertenecen a nuestra herencia evolutiva y si se han conservado es por su funcionalidad en esos momentos. Sin embargo, el uso de cualquiera de esos atributos en un contexto distinto a su especialidad pudiera ser un desastre. ¿quién se pone a pensar cuando de repente va caminando por el campo y se le cruza una serpiente? ¿qué tipo de comunicación emplearías en un entierro, uno más racional o uno más emocional?

En este artículo y en uno posterior, reflexionaremos sobre dos mujeres extraordinarias, Naomi Klein y Kate Raworth que utilizan dos extraordinarias herramientas, el pensamiento crítico y el pensamiento sistémico tan necesarias en la educación tanto formal como a lo largo de la vida. Sus objetivos últimos son una regeneración de la sociedad y un bienvivir dentro de los límites medioambientales del planeta. Haremos esta reflexión partiendo del análisis de sus dos libros recientes, “Decir NO, no basta. Contra las nuevas políticas del shock. Por el mundo que queremos” y “Economía rosquilla: 7 maneras de pensar la economía en el siglo XXI”



lunes, 19 de febrero de 2018

Interludio para la situación española.

Breve interludio en la serie de artículos "La teoría económica como caballo de Troya", para hacer más comprensible a posteriori la situación española.

La parte 1, Génesis, y la parte 2, Mercantilismo, se pueden encontrar pinchando en los nombres.

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La solución se llama euro y más Unión Europea.

Pronunciaba Montoro en junio de 2012, con la prima de riesgo batiendo un nuevo record a causa del rechazo del BCE a financiar al Estado español.


A los que reclaman "menos Europa", les debemos contestar con un rotundo "más Europa".
Declaraba el presidente y director de "Cambio16", en el día de Europa, sólo semanas antes de la salida de Reino Unido de la Unión.


Ciertamente, existe entre los españoles una concepción de Europa como algo sublime que exige por su parte una ovación constante, pues a ellos les es ajeno. Incluso en los momentos en que el malestar de España está ligado estrechamente con las relaciones que mantiene con los países europeos, esa glorificación a Europa sigue fogosa, lo que hace cuestionarse si los españoles padecen de síndrome de Estocolmo respecto a Europa.








“España defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros y sediciosos” da título a la obra que Quevedo escribirá "cansado de uer el zufrimiento despaña, con que a dejado pasar sin castigo tantas calumnias destranjeros, quiza despreziandolas jenerosamente, i viendo que, desvergonzados nuestros enemigos, lo que perdonamos modestos, juzgan que lo conzedemos convenzidos i mudos, me e atreuido a responder por mi patria i por mis tiempos[1]".


La expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo hacia los territorios de lo que hoy es Italia haría reaccionar a la oligarquía local con una exaltación hacia lo grecolatino y un desprecio por lo hispano, “marranos[2]”, “Filz de Marran et de Marrane[3]”, gente sin linaje romano y falsos cristianos. Emerge así del humanismo italiano una hispanofobia ante el Imperio español debida a la difícil asunción de sumisión de un pueblo que se consideraba heredero directo del Imperio romano.

Habiendo muchos italianos a favor de los españoles[4], se trató más bien de una relación de amor y odio dentro de la clase pudiente italiana, la cual iba en vaivén dependiendo de la situación con los protestantes o los turcos, a quienes consideraban su verdadera amenaza. Aparecen en la región itálica los primeros vestigios de hispanofobia[5], un fenómeno propagandístico que posteriormente englobaría junto a lo hispano lo católico durante las guerras de religión en las zonas protestantes de Alemania, Inglaterra o los Países Bajos y que acabará siendo conocido como leyenda negra[i].


En palabras de Julián Juderías:

“Por leyenda negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre con el carácter de los españoles como individuos y como colectividad; la negación o, por lo menos, la ignorancia sistemática de cuanto nos es favorable y honroso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte; las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad, y, finalmente, la afirmación contenida en libros al parecer respetables y verídicos y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la prensa extranjera, de que nuestra patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas.
 
En una palabra, entendemos por leyenda negra la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas; enemiga del progreso y de las innovaciones; o, en otros términos, la leyenda que habiendo empezado a difundirse en el siglo XVI, a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces, y más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional.”[6]

martes, 13 de febrero de 2018

La noche más oscura

Tras la crisis de 2008 la economía parece recobrar cierto brío, aun cuando la marea no eleva todos los barcos y los beneficios no se dejan sentir en los bolsillos de los más necesitados. Las casándras que auguraban un cataclismo inminente, incluyendo especialmente un servidor, de momento yerran, y ello nos condena a la noche más oscura.



Hace ya más de cinco años que nuestro compañero en Ampliando el Debate, David, del blog Historia – Economía – Filosofía, nos hablara de la burbuja que se había incubado en un mar de cemento llamado China. Por mi parte, siempre pensé que la fragilidad financiera que crea la libertad de movimiento de capital volvería a manifestarse más pronto que tarde, y en más de una ocasión ya avisé que el lobo estaba a la puerta (debo reconocer, para ser justo conmigo mismo, que siempre añadí un par de matices que me hacían dudar de mis predicciones).

Lo cierto es que la humildad y la prudencia que sería adecuado mantener ante cualquier debate debe hacernos considerar la idea, sin duda extraña pero no impensable, de que quizás un país que mueve 260 millones de personas del campo a la ciudad en treinta años puede permitirse ciudades fantasma que podría llenar en unas semanas con unas decenas de miles de personas. Por mi parte debo reconocer que la protección frente a los parones súbitos en los flujos de capital de la que se han dotado los países emergentes, gracias a la ingente cantidad de reservas acumuladas

miércoles, 7 de febrero de 2018

La teoría económica como caballo de Troya: Mercantilismo

En el artículo anterior vimos cómo se originó la teoría económica, dada la necesidad de administrar el Imperio español, el cual se encuentra en continua expansión y con una afluencia de plata y oro del nuevo continente. Sin embargo, estas ideas serían pronto exportadas hacia el resto de los territorios europeos por personajes como Thomas Mun, Jean Bodin, Antonio Serra o Ludwig von Seckendorff, quienes conectarán el aumento de los metales con una relación comercial favorable.


“El sol luce para mí como para otros. Querría ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye del reparto del mundo”, cuentan que exclamó Francisco I ante el tratado de Tordesillas, el cual modificaba el reparto de América entre España y Portugal. Época de rivalidad imperial en Europa y expansión hacia el exterior, será el contexto histórico en el que se termine por desarrollar la teoría de los arbitristas españoles.





“Para la guerra se necesitan tres cosas:  1. Dinero  2. Dinero  3. Dinero.” Sentenció Raimondo Montecuccoli, uno de los hombres más capaces para realizar la guerra de la historia.


Saqueos como el Saco de Roma en 1527 por tropas de Carlos I[1], Amberes[2] o Palafrugell[3] motivados por atrasos o impagos al ejército debilitaban al Imperio español. Igualmente, motines y deserciones masivas[4] ocurrían cuando no se efectuaban los pagos o éstos no eran en plata u oro. En un escenario así, donde atrasos en los pagos podían significar directamente la derrota por motines y deserciones[5], metales como el oro y la plata resultaban esenciales para realizar la guerra, no pudiéndose llevar éstas a cabo sin ellos, pues eran los que permitían movilizar a los ejércitos[6].

“El comercio es la fuente de las finanzas y las finanzas son el nervio vital de la guerra”.

Contenida en una carta escrita en 1666 por Colbert[7] y dirigida a su primo, intendente en Rochefort, ciudad originada para el comercio marítimo bajo los proyectos del ministro, resumía a la perfección la esencia del mercantilismo.

La política mercantilista está ligada al Estado absolutista y las guerras que éste libra, siendo su objetivo principal fortalecerlo, se vuelve decisivo que éste intervenga fomentando una industria nacional que usará como instrumento para su propio beneficio, la cual mantenga un superávit comercial que permita llenar las arcas de metales preciosos con los que financiarse. De tal manera que siendo la riqueza privada un medio, más que un fin, y quedando ésta supeditada a los intereses del Estado, podemos definir la política mercantilista como “la consecución del poder del Estado por medio del mismo”.