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lunes, 14 de noviembre de 2016

Zygmunt Bauman y la crisis de los refugiados en Europa

En su libro “Modernidad y Holocausto”, que recibió el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social en 1989, Zygmunt Bauman analizaba las causas del Holocausto y la maquinaria de destrucción en todos los sentidos en la Europa de la II Guerra Mundial, en un intento de profundizar en el repaso superficial que tanto sociólogos como historiadores habían hecho del desastre nazifascista y los crímenes de guerra perpetrados tanto por el Eje como por los aliados.

Pero, ¿qué tiene que ver el origen del Holocausto y los crímenes de guerra de la II GM con la crisis de refugiados en Europa hoy día? Sencillamente ambos fenómenos son una consecuencia natural del proceso civilizador y el énfasis en las aspiraciones de racionalidad que no han de interferir en las normas éticas o inhibiciones morales.

Y es que a lo largo de la obra, Bauman vuelve una y otra vez a las raíces de la modernidad, que desembocó en «el proceso civilizador (…) un proceso por el cual se despoja de todo cálculo moral la utilización y despliegue de la violencia y se liberan las aspiraciones de racionalidad de la interferencia de las normas éticas o de las inhibiciones morales . Hace ya tiempo que se reconoció que una de las características constitutivas de la civilización moderna es el desarrollo de la racionalidad hasta el punto de excluir criterios alternativos de acción y, en especial, la tendencia a someter el uso de la violencia al cálculo racional. Debemos aceptar, entonces, que fenómenos como el del Holocausto son resultados legítimos de la tendencia civilizadora y una de sus constantes posibilidades.»

Las propias bases de la sociedad moderna, y en el caso de la crisis de refugiados en Europa la posmoderna, son aquellas descritas por Max Weber en que las condiciones de la gestión racional – separando por ejemplo la empresa del hogar o la renta privada del erario público – han sido creadas para detraer la acción racional y las normas irracionales – como los juicios éticos y morales -, haciendo que las personas sean inmunes a postulados como la asistencia mutua, la solidaridad o el respeto recíproco que se desarrolla en las relaciones no comerciales.

DISCIPLINA CONTRA RESPONSABILIDAD MORAL

La sociedad nazi no era un mundo de barbarie donde los salvajes imponían la ley de la selva, justamente al revés, el experimento revela hasta qué punto la sociedad racional y científica es capaz de generar destrucción al hacer que las personas queden desarraigadas de moral y sentimientos.
Herbert C. Kelman hizo un análisis brillante sobre las inhibiciones morales, que disminuyen cuando se cumplen tres requisitos separados o juntos: violencia autorizada por órdenes de superiores o departamentos legalmente competentes, violencia normalizada en la rutina del gobierno – por ejemplo los funcionarios -, y la deshumanización de las víctimas.

La sociedad industrial y eficiente alemana en el período nazifascista, donde había que obedecer órdenes de superiores por encima de cualquier consideración personal, haciendo gala de una disciplina germana que incluso hoy día se sigue explotando como “marca propia”, hizo posible destruir la identidad individual y sacrificar cualquier interés personal al someterse a la disponibilidad de la organización, al sacrificio personal por un orden superior que el propio Max Weber definió como deber del funcionario: «El honor del funcionario reside en su capacidad para ejecutar a conciencia las órdenes de las autoridades superiores, exactamente igual que si las órdenes coincidieran con sus propias convicciones. Esto ha de ser así incluso si las órdenes le parecen equivocadas y si, a pesar de sus protestas, la autoridad insiste en que se ejecuten». Fue precisamente cuando la sociedad alemana quedó inmersa en esta concepción cuando la disciplina sustituyó a la responsabilidad moral.

CUANDO LA CULPA ES DE TODOS, NO ES DE NADIE

Weber terminaba su descripción del honor del funcionario subrayando «la responsabilidad personal exclusiva» del dirigente, «responsabilidad que no puede ni rechazar ni traspasar». Este adoctrinamiento estaba profundamente enraizado en los funcionarios del III Reich, quienes sistemáticamente justificaban su trabajo alegando que eran meros empleados que obedecían órdenes de superiores.

Ascendiendo en la cadena de mando, nadie asumía responsabilidad alguna porque todos estaban obedeciendo órdenes de superiores.

Pero, ¿cómo pudo gente completamente normal y corriente participar en la maquinaria asesina nazi? Bauman compara el colaboracionismo y la mirada hacia otro lado con los trabajadores de una fábrica de armamento a los que les sobreviene un maravilloso aplazamiento de cierre de su fábrica gracias a que ha estallado una guerra en un país lejano. Estos empleados se van a casa y mientras cenan asisten lamentándose a las imágenes de niños mutilados, mujeres violadas y hombres desangrados en países exóticos.

La enorme ola de intermediarios en todos los sectores productivos y de logística es fundamental para tomar distancia individual de las consecuencias de un determinado modelo de consumismo y forma de vida. A consecuencia de ello nadie se atribuye actos conscientemente, porque todas las personas se sienten instrumentos inocentes de una voluntad ajena. Al no tener conocimiento de primera mano de las consecuencias de sus actos, incluso el mejor de los seres humanos se mueve en un vacío moral.
De alguna manera estamos acostumbrados a asociar que hay alguien planificando y siendo responsable de cada suceso en el mundo, por eso nos es difícil aceptar que con más frecuencia de la deseada no hay ninguna persona o grupo que haya planificado y esté realizando un mal concreto. Esto significa que incluso nuestras propias acciones, a través de efectos remotos, pueden contribuir a provocar sufrimientos.

UN MUNDO DE DECISIONES RACIONALES

Primero las personas eran metidas en trenes de ganado y trasladadas cientos y miles de kilómetros durante varios días, hacinadas y sin acceso a mínimas condiciones de higiene o intimidad. Cuando llegaban al campo de exterminio se les metía en las eufemísticas duchas, que no eran sino un oasis en la mente de quienes habían sido sometidos a tratos tan denigrantes. Pero incluso para quienes sabían qué sucedía en aquellas “duchas”, se les ofrecía una elección racional entre morir acribillados a balazos o torturados por los soldados al insubordinarse al orden establecido o sufrir una muerte “rápida e indolora”.

¿Y los empleados de los campos de exterminio? Incluso la industria de la muerte nazifascista se fue perfeccionando y llegó a reducir el papel del asesino a “oficial de sanidad” que debía vaciar un saco de “productos químicos desinfectantes” por una apertura en el techo de un edificio cuyo interior no debía visitar.

El Holocausto fue un éxito de eficiencia administrativa y técnica gracias a la utilización de la burocracia y la tecnología moderna. Se fue tomando progresiva distancia entre los empleados de la maquinaria mortal y las víctimas hasta que éstas llegaron a ser invisibles.

Franklin M. Littell se preguntó ¿qué tipo de facultad de medicina educó a Mengele y sus amigos? o ¿qué departamentos de antropología prepararon al personal del Instituto de la Herencia Ancestral? La respuesta es sencilla, el proceso de racionalización, que ha desembocado en el silencio moral.

LA CRISIS DE LOS REFUGIADOS EN EUROPA

¿Pueden los países europeos, que todavía arrastran las causas y consecuencias de la crisis económica internacional de 2008, acoger a más de tres millones de personas que huyen de las guerras en el norte de África y el Medio Oriente?

Los refugiados suponen una carga económica que merma la rentabilidad y eficiencia de las empresas y sociedades europeas. Lo importante es seguir trabajando para aumentar la productividad y volver a “la senda del crecimiento” que desemboque en los años dorados del período 2000-2007, si para ello es necesario fomentar guerras en el norte de África para instalar gobiernos como el de Turquía, dispuestos a reprimir en sus fronteras y abrir campos de concentración a cambio de una ola de miles de millones de euros en “ayudas”, adelante con ello.

Es lo racional, es lo que manda el sentido común. Es la posmodernidad, la hija de la modernidad que parió el Holocausto.

martes, 8 de noviembre de 2016

Alternativas económicas, decrecimiento y Renta Básica

Decía William Morris en Cómo vivimos y cómo podríamos vivir...

Pero ¡ay!, he aquí que su progreso ha sido interrumpido y deshecho y, aunque el hombre haya conquistado la naturaleza y disponga del control de sus fuerzas para hacer con ellas lo que guste, aún le falta conquistarse a sí mismo, aún debe pensar cuál será el mejor uso de estas fuerzas de las que se ha adueñado. Porque actualmente sigue empleándolas a ciegas, neciamente, como si aún estuviera regido por el destino.

Y es que podemos preguntarnos qué es el progreso. ¿Qué significa ese término? El pensamiento predominante sigue sin cuestionarse esta noción a pesar del tiempo transcurrido desde que Morris pronunciara estas palabras allá por 1884. ¿Qué es avanzar cuando no hay elección de una meta sino mera inercia? En realidad sí hemos asimilado en nuestra educación una meta social en forma de tecno-utopía. Pero ¿es el mero avance tecnológico un síntoma de bien y una promesa de mejora social? En tal caso se daría la paradoja de que ese tipo de mejora no implicaría nada esencial para nuestra forma de vida, pues ese propósito puede continuar sin final, comprometiéndonos eternamente con la misma dedicación sólo que en nuevos entornos. No cabe esperar una forma de vida mejor si, sea cual sea nuestro nivel tecnológico, siempre tenemos que bregar por mejorarlo.

Paisaje tecnológico I
Ángel Orcajo 1969

La multiplicación del trabajo se ha convertido para nosotros en necesidad, y mientras eso continúe ninguna ingeniosidad aplicada a la invención de máquinas nos será de auténtica utilidad.

Trabajo útil o esfuerzo inútil. William Morris, 1884

Es una cuestión que va más allá de la distinción entre capitalismo y socialismo -y quizá por ello Morris ha sido relegado como socialista heterodoxo-. Bajo el primero se da la contradicción de que cada innovación reduce la necesidad de mano de obra a la vez que se propone la innovación como solución al desempleo. Esto avoca al fracaso del empleo (y del autoempleo) como sistema de distribución de rentas, y hace urgente la adopción de una Renta Básica Universal (RBU). Pero aunque se renovara la actividad mediante empleo público garantizado que pusiera a todo el mundo a trabajar en favor de la misma clase de desarrollo ¿no estaríamos condenándonos a un modo de vida que puede cuestionarse como destino perpetuo? En el fondo está la cuestión de qué queremos ser. Y la cuestión de hasta donde podemos presionar al medio natural en el que hemos surgido como especie. Decía William Morris continuando la conferencia de la primera cita:

La conquista de la naturaleza ha concluido, ¿no podemos ya decirlo?, y nuestro asunto consiste ahora, y ha consistido durante largo tiempo, en la organización de la vida del hombre, que gobierna las fuerzas de la naturaleza.

A largo plazo, el progreso tecnológico trabaja contra nosotros si no cambia la lógica económica en la que estamos inmersos, y cada entusiasta logro en en este terreno puede terminar siendo una ayuda en la construcción del camino hacia el infierno [1] [2]. Una tecnología no es más que un programa, un algoritmo, un cálculo expresado en formas materiales (en lugar de símbolos), que sólo al recibir energía produce algún efecto sobre la realidad. Mejorar ese cálculo constantemente dentro de una lógica económica que busca maximizar la producción no es más que potenciar la aplicación de energía a la transformación incesante del mundo. El aumento del PIB no debe ser un objetivo por sí mismo por el mismo motivo por el que preferimos no desarrollar ni hacer estallar más bombas nucleares.

Precisamente en nombre de la ciencia que nos advierte de los límites del crecimiento, tendremos que cambiar esta creencia básica de nuestra sociedad. Fascinados por el espectáculo de cambios materiales en el fondo simples, distraídos por cálculos para la acción y por sus efectos prácticos, hemos abandonado el progreso ético y político. El verdadero progreso, diría aventurando una respuesta, no consiste en calcular más sino en pensar mejor.

En consecuencia habrá que prestar más atención a los modelos económicos alternativos que apuntan hacia esta lógica de lo cualitativo y lo complejo, que ponen por encima lo no medible, lo que sólo puede avanzar en la deliberación compartida democráticamente. Concluía Morris el pasaje citado al inicio diciendo:

...acabar con el miedo a nuestros congéneres y aprender a confiar en ellos, derribar la competencia y edificar la cooperación, he aquí nuestra única necesidad.

Necesitamos pasar de poner el énfasis económico en el crecimiento a ponerlo en una distribución óptima, en cualquier caso suficiente para todos, de modo que podamos no crecer, de modo que podamos desinflar esta burbuja tecno-energética que nos destruye tanto como nos obnubila con las variopintas formas posibles de consumirla.

En este sentido, en la segunda parte del congreso sobre Renta Básica Universal y decrecimiento celebrado en Hamburgo este mismo año -aquí resumimos la primera parte- se pusieron estas dos propuestas en relación con otros planteamientos económicos alternativos. Lo que sigue es un resumen de estas charlas ceñido a la opinión de los ponentes. En un tercer artículo, dedicado a diversas controversias relacionados con esta temática que se plantearon al final del simposio, apuntaremos también algunas diferencias de planteamiento y conclusiones propias.


Renta Básica como oportunidad para una floreciente economía local y sostenible

Christine Ax es experta en empresas pequeñas y artesanales, y llegó a la convicción de que una renta básica sería favorable para una economía local sostenible, basada en este tipo de empresas. Ha tratado en profundidad ambos temas, RBU y decrecimiento, en dos de sus libros, argumentando que la RBU es una oportunidad para dar forma a la gran transición que necesitamos.

Las pequeñas industrias y, sobre todo, las empresas artesanales son intensivas en mano de obra. Muchas de ellas ofrecen una amplia gama de buen trabajo y productos duraderos y su “sostenibilidad estructural” les avoca a jugar un papel importante en nuestro futuro. Facultan a las personas para proporcionar y para enseñar habilidades -cuidados, compartir, reparar, todo tipo de “hazlo tú mismo”- relevantes para una economía más allá del crecimiento y un estilo de vida menos intensivo en recursos.

Proporcionan puestos de trabajo que permiten desarrollarse. En estos negocios nos encontramos con una alta proporción de personas que están motivadas intrínsecamente, es decir, que les encanta lo que hacen y para las que, en muchos casos, el trabajo en sí es parte de su remuneración (no sólo el dinero). No todos, pero muchos, (sobre todo en los oficios artísticos y más artesanales), hacen lo que realmente quieren hacer. Pero para estabilizar y apoyar este tipo de economía necesitan una remuneración más justa y más seguridad.

Por ello la RBU podría ser una forma, (tal vez la más importante), para dar forma a una sociedad más allá del crecimiento, así como para conciliar economía y cultura. El conocimiento práctico y vocacional junto a los conocimientos generales tienen gran importancia tanto para el bienestar como para una economía sostenible.

Por último, dice Christine, “cuando estoy haciendo entrevistas con artesanos y empresarios con bastante frecuencia encuentro personas que están de acuerdo conmigo en este punto. Por tanto, una alianza estratégica con esta parte de nuestra economía podría ser fructífera y ayudaría a aumentar la comprensión de los conceptos de la RBU”.


La tercera revolución industrial y su efecto sobre las horas de trabajo en el marco económico actual

Eva Nalbach analiza la posibilidad de que la llamada “tercera revolución industrial” cumpla los vaticinios de quienes auguran el colapso del sistema de mercado (y con él, del capitalismo) a causa de la disponibilidad de bienes de consumo abundantes y el colapso del sistema de precios. Esto nos llevaría a una realidad del empleo y del intercambio radicalmente nueva en la que sería concebible que las personas optaran por no trabajar a tiempo completo, y pasaran a centrar su vida en una existencia menos orientada al crecimiento, lo que suele presentarse como un posible abandono del sistema de mercado en favor de una sociedad organizada en torno a la economía colaborativa.

Para observar esto el estudio introduce en el modelo neoclásico la economía del “compartir” junto a una división de los hogares en capitalistas/empresarios y trabajadores, y se observa el efecto de esos cambios, además de la robotización, en la oferta de empleo. Los resultados indican que, si mantenemos el actual marco neoclásico, no hay evidencia de que el capitalismo vaya a autodestruirse sólo a través de cambios tecnológicos.

Por lo tanto se investiga bajo qué condiciones se pueden esperar cambios hacia el decrecimiento, junto una exploración de los efectos de una RBU en este sentido. La conclusión es que los cambios causados por la “tercera revolución industrial” dan un amplio margen para la esperanza, pero salvo que además se lleve a cabo un imprescindible cambio de reglas a través de cambios en las instituciones, la cultura y los valores, esta será una oportunidad perdida con consecuencias potencialmente devastadoras para la igualdad y la ecología.


RBU y Economía del Bien Común (EBC). “Relación difícil” o “Asociación ideal”

Otto Lüdemann y Bernd Fittkau investigan la relación entre estas dos propuestas. En principio es imposible comparar las metas operativas de ambos movimientos. Ni la EBC garantiza una seguridad económica para todos, ni la RBU por sí misma orienta a las empresas hacia el bien común. Pero tiene sentido tener en cuenta ambos movimientos desde el punto de vista de su marco general de valores.

El marco de valores de la EBC se evidencia en su Balance del Bien Común, basado en valores como dignidad humana, solidaridad, sostenibilidad ecológica, justicia social, participación democrática y transparencia. La RBU se basa en valores como seguridad económica básica, equidad social y libre desarrollo personal. Salta a la vista su complementariedad. Los valores relevantes para la EBC se corresponden también con los objetivos que persigue la RBU. En ambos casos se plantean preguntas críticas sobre el crecimiento económico a cualquier precio, ya sea como resultado de un profundo respeto por la sostenibilidad socio-ecológica, o debido a que una renta básica liberaría a las personas de tener que aceptar cualquier trabajo para poder sobrevivir.

Una pregunta abierta es si una RBU se ajusta completamente con la práctica económica de las empresas en la EBC. Por ejemplo, estas empresas podrían estar preocupadas por la pérdida de motivación de los trabajadores cuando estos se benefician de una renta básica. Otra preocupación podría ser si la necesidad de financiar la renta básica obligará a las empresas a volver al principio de la maximización del beneficio. Sin embargo, un examen más detallado muestra que tales preocupaciones son infundadas. Especialmente si se plantean formas de financiar una RBU, por ejemplo a través de una reforma fiscal socio-ecológica, que crean oportunidades para una cooperación estrecha, e incluso una articulación de los dos movimientos. Este tipo de impuesto establece incentivos para una toma de decisiones responsable.

Resumiendo, EBC y RBU defienden el objetivo común de la sostenibilidad social y ecológica de diferentes maneras, pero ambas tienen el potencial de fortalecerse mutuamente. Son elementos complementarios en el camino hacia una “economía de transición” realista.


Perspectivas desde la revolución de los cuidados sobre el decrecimiento y la RBU

Actualmente diversos enfoques alternativos desafían la economía de mercado capitalista dominante con su imaginario de crecimiento, pero en su mayoría omiten una explícita perspectiva de género. Por ello Sandra Antelmann, en su tesis "Suficiencia, Comunes y Cuidados. Aproximación a los movimientos de decrecimiento urbano", trata de compensar esta carencia desde la perspectiva de la ecología política feminista y la economía política feminista, especialmente con una perspectiva feminista(-queer) para economías alternativas como la Economía Común (Ecommony, Habermann) y la Economía de los Cuidados, incluyendo el cuidado de las culturas naturales, (Care Economy, Puig de la Bellacasa), llevando estas a una relación reflexiva (Economía de Cuidados Comunes, Carecommony) y aplicándolas a escala urbana (Harvey, Hardt / Negri) con ejemplos como la jardinería urbana y la permacultura. Ahora está preparando su proyecto de doctorado en el que quiere vincular la carecommony con los movimientos de resistencia urbanas.

Recientemente se ha celebrado también en Hamburgo la “Semana del cambio. ¡Una buena vida para todos es posible!” vinculando muchas iniciativas, proyectos y movimientos como la economía solidaria, la RBU y la revolución de los cuidados, Todos estos enfoques se oponen al discurso dominante en el debate sobre la sostenibilidad, ese crecimiento verde o inteligente que busca una disociación entre el crecimiento económico y el impacto ambiental por medio de la eficiencia y de innovaciones tecnológicas, lo que empíricamente siempre se ha visto frustrado por efectos rebote. Especialmente el feminismo ha diagnosticado múltiples crisis: económica, ecológica y de reproducción social, y subraya la estrategia de sostenibilidad de la suficiencia, no como abstinencia individualizada sino sociopolítica.

La economía del cuidado y la revolución de los cuidados apuntan a una buena vida con abundancia de tiempo, y se inspiran en modelos orientados a las necesidades de las formas de vida sociales y colectivas. Esto está en sintonía con la RBU al cuestionar y redefinir el concepto de trabajo, resaltando la diversidad de ocupaciones socialmente necesarias más allá del trabajo asalariado. La RBU podría fomentar así una división del trabajo con justicia de género, y ayudar a resolver la dicotomía y la jerarquización entre producción y reproducción, por ejemplo en el concepto de la ReProductividad (del enfoque Economía del Cuidado, Biesecker et al.) que incluye también la productividad de la naturaleza.

Para aplicar un cambio socio-ecológico a la relación entre economía y naturaleza son necesarios puntos de entrada y estrategias transitorias. Muchas iniciativas ya experimentan en su práctica diaria con enfoques alternativos como la agricultura comunitaria o proyectos de vivienda auto-organizados y basados en la solidaridad. Esta diversidad creativa puede fomentar procesos de aprendizaje colectivo en los que la comprensión de lo que es deseable y necesario cambia y permite nuevos imaginarios (post-capitalistas) para las comunidades emergentes (Muraca, Gibson-Graham). Una RBU podría sentar las bases para lograr un mayor comunitarismo y más cuidados, entre los seres humanos y los no humanos, en un mundo en decrecimiento.


¿Cómo compensar la reproducción social y ambiental? Dos dilemas, una solución común

Cuando se trata de medidas tradicionales, como la riqueza, el empleo y la pobreza, nuestra generación es la primera que se define por la inseguridad económica y la precariedad en general. Sin embargo, estamos utilizando una cantidad de recursos y produciendo una cantidad de residuos equivalente a 1,6 planetas. A pesar de todas las evidencias y números de la ciencia, nuestro comportamiento no ha cambiado. Resulta claro, por tanto, que los dilemas sociales y medioambientales tienen que ser abordados con argumentos éticos -concluye Nina Šoštarič-.


Desde la Segunda Guerra Mundial hemos sido absorbidos por el imperativo del PIB, que se ha convertido no sólo en la medida del éxito, sino también en nuestra religión y en nuestra ética. En consecuencia, estamos viviendo en un mundo donde 62 individuos poseen tanta riqueza como la mitad de la población mundial. El problema fundamental con el crecimiento es que, por un lado, se basa en el trabajo no remunerado en el ámbito de la reproducción social, y por otro lado, parasita la reproducción del medio ambiente. El trabajo de cuidados no suele valorarse como trabajo sino como tareas insignificantes. Quienes realizan este trabajo viven en situación de enorme precariedad, sin reconocimiento ni redistribución por su contribución a la sociedad. Tradicionalmente la economía del cuidado es asumida por la fuerza de trabajo de las mujeres, y aunque nuestro bienestar y nuestro bienvivir dependen de ello, no cosecha tanto respeto social como la economía empresarial, tradicionalmente dominada por hombres. Sin embargo, el cuidado tiene un papel específico en nuestras vidas y relaciones.

La degradación de la biosfera está dejando claro que la comunidad global tendrá que reavivar la reproducción ambiental e imponer más regulación e impuestos sobre la contaminación y el agotamiento de los recursos. Los costes de restaurar la naturaleza se están arrojando sobre las generaciones futuras. La justicia generacional requiere poner a las personas por delante del beneficio y acentuar la solidaridad. Se está volviendo inevitable compensar la reproducción tanto en el ámbito social como en el medio natural. La RBU, preferiblemente pagada en moneda local como provisión para el trabajo de cuidados, financiada mediante una fiscalidad verde, concretamente impuestos al consumo, reduciría la huella ecológica y contribuiría a una mayor autonomía. La RBU ampliaría la esfera autónoma en la cual criamos a nuestros hijos, cultivamos nuestros huertos orgánicos y disfrutamos de la naturaleza. Si es pagada en moneda local promovería los mercados locales de alimentos y otras economías locales. La introducción de impuestos progresivos sobre el consumo, la publicidad y otras actividades ambientalmente dañinas restringiría la globalización, y ofrecería a la naturaleza la oportunidad de recuperarse de la invasión humana.

En general, estamos frente a una consideración ética. Afrontar la lucha contra la desigualdad y la justicia generacional podría confirmarse como la única solución para mantener la democracia.


Renta y distribución básicas

La distribución del ingreso y del trabajo es un efecto secundario positivo previsto en las distintas propuestas para implementar una RBU, lo que por otra parte, está provocando miedo e incluso un mayor control del poder y los recursos. Existe una amplia variedad de apelaciones en favor de otra economía que se base en la producción comunitaria y sin ánimo de lucro, probando que algo debe cambiar. Ingrid Wagner intenta mostrar que la RBU podría ser de ayuda para tales formas de economía alternativa, sin importar en qué lugar del mundo tengan lugar. 

Los proyectos de agricultura sostenida por la comunidad ya ponen en práctica estas vías alternativas con éxito a fin de encontrar maneras de satisfacer la falta de acceso a la tierra y a la riqueza o a maquinaria, con un modo de producción de alimentos que faculta a aquellos que no pueden tener este acceso por sí mismos (recuperando la soberanía alimentaria). De ese modo se revitalizan los antiguos Bienes Comunes de una manera moderna, pero también se hace hincapié en la necesidad de una RBU (para poder comprar lo que era originalmente gratuito y de libre acceso para todo el mundo, digamos, en tiempos precapitalistas).







domingo, 23 de octubre de 2016

Renta Básica y decrecimiento: soberanía sobre el tiempo

Cuenta Cesar Rendueles en Capitalismo canalla que…

“Como explicaba el historiador Henri Pirenne, el mercado irrumpió en Europa a partir del siglo X. La causa fue un aumento de la población que liberó del campo a un número cada vez más considerable de personas condenadas “a ese tipo de existencia errante y azarosa que, en todas las civilizaciones agrícolas, es el destino de aquellos que ya no pueden seguir trabajando en la tierra. Multiplicó la masa de vagabundos pululantes a través de la sociedad, viviendo de las limosnas de los monasterios, contratándose en épocas de cosecha, alistándose en el ejército en tiempos de guerra y no retrocediendo ante la rapiña y el pillaje cuando la ocasión se presentaba. Entre esta masa de desarraigados y aventureros hay que buscar sin duda alguna los primeros adeptos al comercio”.

En los inicios de la modernidad, los comerciantes eran pillos, granujas, buscavidas que se liberaron al desarraigarse de sus comunidades locales y se agruparon en bandas armadas para protegerse de los ladrones. (...) El mercado generalizado es de origen canalla. (...) En 2010 la Harvard Business School -una escuela de posgrado de élite donde estudiaron, entre otros, George W. Bush o Felipe Calderón- escogió la piratería somalí como el mejor modelo de negocio del año.”

O dicho de otro modo, en el origen del capitalismo está la exclusión social imponiendo la necesidad de buscarse la vida, y promoviendo ese espíritu buhonero obsesionado con el afán de lucro y el crecimiento económico. Con posterioridad la exclusión se buscaría premeditadamente a través de cercamientos o desamortizaciones como forma de renovar el impulso capitalista nutriendo de siervos a fábricas y terratenientes. Para ello se utilizó ampliamente el estado y sus leyes, erróneamente tomado como lo opuesto al mercado. Así la idealización materialista -valga el oxímoron-, la idealización de la producción y de la riqueza como solución para todo, caló entre el grueso de la población hasta el punto de que el socialismo no se apartó de esa misma obsesión crecentista, reaccionando sólo ante la forma individualista y desigual de buscarlo.

En consecuencia, si queremos poner coto a los desmanes provocados por una desmesura comercial tan innecesaria como antieconómica, devastadora con la biosfera y alienante, será requisito imprescindible que nos garanticemos colectivamente una inclusión básica universal, reduciendo a la par la enorme desigualdad de nuestros días. Sin esa garantía pública será imposible pasar a una economía libre de la necesidad imperiosa de crecer.

Fuente: Unequal Scenes

Siguiendo esta línea de pensamiento, vamos a hacernos eco del simposio que se celebró el pasado mes de mayo en Hamburgo en torno al vínculo entre la propuesta de decrecimiento y la de Renta Básica Universal (RBU). Lo que sigue es un resumen de la primera parte de las intervenciones, centrada en la soberanía sobre el tiempo propio.


El impacto de una RBU sobre el bienestar en forma de tiempo en un entorno de trabajo post-fordista

Abrió las charlas Katharina Bohnenberger, quien explicó que el bienestar en forma de tiempo es esencial para una sociedad en decrecimiento económico por al menos dos razones: en primer lugar, ser dueños de nuestro propio tiempo permite comportamientos que ahorran recursos pero que requieren mucho tiempo, (como las reparaciones). En segundo lugar, reducir la presión sobre nuestro tiempo y facilitar la participación en actividades ajenas al mundo laboral son objetivos propios del decrecimiento que también pueden ser valorados positivamente por grupos sociales que en principio no están bien dispuestos hacia el decrecimiento. La razón principal para la falta de este tipo de bienestar en nuestra sociedad es la necesidad (real o percibida) de invertir una enorme cantidad de horas de trabajo a la semana. Por lo tanto, una sociedad de decrecimiento necesita reducir el tiempo de trabajo.

La RBU puede considerarse una forma indirecta de facilitar la reducción del tiempo de trabajo por dos razones: el efecto sobre los ingresos y el efecto sobre la seguridad y la libertad. Hoy día existen instrumentos que permiten reducir la jornada laboral pero no se hace uso de ellos por falta de ingresos suficientes, o bien por temor a que se entienda como una falta de compromiso con nuestro desempeño laboral que haga menos seguro el puesto de trabajo. La RBU puede ser el apoyo necesario para superar esa dificultad y ese temor.

Además de este efecto en las condiciones de trabajo tradicionales, una RBU puede ser de especial interés en el llamado trabajo post-fordista. Este tipo de empleo crece en una economía de conocimiento y de servicios que se caracteriza por condiciones de trabajo más flexibles y por horas extras (voluntarias). Con él cambia la percepción y el manejo del tiempo sobrecargándolo y llevándonos a una compulsión por acentuar constantemente la eficiencia y el rendimiento incluso más allá del tiempo de trabajo. Esto mina tanto el bienestar en forma de tiempo como la capacidad para la “empatía temporal”, y aliena el sentido del tiempo de las personas. Una RBU establece una garantía y por esa razón permite una mejor resistencia frente a estas exigencias externas de tiempo.

En resumen, con una RBU no sólo ganaríamos autonomía y soberanía sobre nuestro tiempo sino que aumentaría el bienestar en este.


La RBU alimenta la soberanía sobre el tiempo que alimenta el decrecimiento

El tiempo es nuestro recurso más importante. Siguiendo la crítica contemporánea del crecimiento (por ejemplo, Hartmut Rosa), Ulrich Schachtschneider nos dice que la desmesura en la producción y el consumo nos está impidiendo utilizar nuestro tiempo para las cosas realmente necesarias para una “buena vida”: para el ocio contemplativo y creativo, o para el libre desarrollo de la personalidad y de las verdaderas amistades, por ejemplo. Incluso el economista John M. Keynes esperaba que sus bisnietos tuvieran la posibilidad económica de realizar una semana de trabajo de quince horas, dejando espacio para una vida en libertad más allá de las necesidades. Entonces ¿que salió mal para que hoy día la mayoría de la gente necesite duplicar o triplicar el tiempo de trabajo?

Niko Paech, propone que reduzcamos a la mitad tanto el consumo como el trabajo asalariado. Con ello estaríamos más cerca de la visión de Keynes para nuestra época. Pero Paech quiere que las veinte horas liberadas sean utilizadas para la subsistencia: para la organización común del uso, mantenimiento y reparación, así como para la producción propia. De esta manera, todo el mundo se convertiría en (más) independiente de la producción industrial y del dinero.

Pero cabe preguntarse si esto llevaría a nuevas formas de dependencia, por ejemplo en casos de salarios bajos o pequeño autoempleo, conduciendo a un aumento de las jornadas de trabajo. Sin embargo, para lograr el decrecimiento la lucha por la subsistencia no resulta convincente. Es más importante para una buena vida más allá del crecimiento tener una seguridad económica básica. Cuanto menos asegurada esté esta más se esperará iniciar y mantener actividades sólo por miedo ante la necesidad de existir, sin tener en cuenta sus costes ecológicos, sociales e individuales. Si queremos decrecimiento tenemos que disminuir la presión económica del individuo. La mejor manera de hacerlo es la RBU.

Esta nos permitiría elegir nuestra parte individual de trabajo remunerado y de mera subsistencia. La riqueza del tiempo debe entenderse como la libertad para elegir la forma en que queremos trabajar. Esto también se ajusta a la necesidad de decrecer. Con la RBU son posible diferentes estilos de vida, con una condición: la renta básica no debe dar lugar a un mayor consumo de recursos, algo que podría derivarse de la redistribución de la riqueza que implica. (esta es la crítica desde el sector verde).

Pero podemos evitar esto si financiamos la renta básica mediante cuotas ecológicas por el uso problemático de nuestro medio ambiente (por ejemplo CO2, recursos escasos, nitratos), al menos en una parte relevante.



Relaciones socio-laborales, trabajo individual, RBU y decrecimiento

Werner Rätz pone el acento en las condiciones económicas de los trabajadores actuales. En las últimas década se da una tendencia a transformar las condiciones de trabajo de manera que el riesgo de sucumbir a la competencia propio del capitalismo se desplaza de la empresa a los trabajadores. El trabajo precario e inseguro, con menores salarios y cotizaciones y con mayores jornadas, sustituye al que solía ser “empleo regular”.

Esto tiene dos consecuencias. En primer lugar, estos patrones de trabajo y los ingresos resultantes son tan irregulares que ya no constituyen una base fiable para la seguridad social. En segundo lugar está la cuestión de la constante incertidumbre sobre la continuidad laboral, que fuerza a los trabajadores a aceptar cualquier trabajo y a tener que renovar continuamente su preparación para el futuro.

La producción cada vez más rápida, de cada vez más productos y siempre más rentables lleva a la sociedad a un consumo de materiales y energía cada vez mayor. Y en la competencia por hacerlo, surge la misma presión sobre los trabajadores, de modo que la incertidumbre sobre su futuro empieza sistemáticamente.

Una RBU aportaría a los perceptores autonomía laboral y les permitiría mirar por su propia productividad, y ​​por otro lado, no tener que trabajar con tanta exigencia.


La renta básica entre el crecimiento económico y el decrecimiento.
Posiciones entre los activistas de la iniciativa popular en Suiza

La tesis de Tobias Krall investiga las actitudes hacia el crecimiento y las expectativas sobre  la relación entre este y la RBU a partir de entrevistas realizadas a ocho activistas suizos en favor de esta propuesta. Se encuentra que la RBU no puede adscribirse exclusivamente ni al paradigma del crecimiento ni al del decrecimiento. El efecto resultante probablemente dependa de varias circunstancias institucionales de su implementación. Por lo tanto, para una región dada, la intención con la que se implemente la RBU es de suma importancia. A lo que se añade la incertidumbre sobre cuánta actividad económica tendrá lugar fuera de la esfera del mercado y del estado. En cualquier caso, existe un amplio consenso en que el indicador del PIB perdería importancia. Además el principio normativo de ‘libertad real’ de Van Parjis no implica preferencia por el crecimiento ni por el decrecimiento, pero aconseja el camino económico que permita una RBU sostenible.


¿Transformará la RBU el trabajo y lo hará en el decrecimiento?

Hanna Ketterer entiende el decrecimiento desde un punto de vista sociológico, (al margen de si la economía crece o no): consiste en que la sociedad no dependa del crecimiento para permanecer estable. ¿Qué papel jugaría la RBU en las condiciones que nos hacen depender del crecimiento? Por un lado, rompería el nexo entre dinero y mano de obra, y con ello el trabajo dejaría de actuar como una mercancía. Por otro lado, la renta básica podría ser utilizada para expandir los salarios mínimos y bajos, propios de las políticas neoliberales que afianzan la dependencia del trabajo respecto al capital. La conclusión sería que, aunque no hay garantías de que sea así, al desmercantilizar parcialmente el trabajo humano, la RBU haría posible una transición hacia el decrecimiento.

Cabe matizar a esta ponente que otros autores, como Daniel Raventós, han destacado la capacidad para negociar mejores salarios que aportaría la disposición de una seguridad económica básica.


¿Es lo nuevo "diferente" realmente diferente? Reflexiones sobre cómo
escapar de la lógica social instrumentista de la acumulación y la aceleración

Judith Kleibs trata de diferenciar entre medidas y enfoques que cambian la lógica instrumental en el uso del tiempo de aquellos que mantienen esta lógica y sólo parecen contribuir a una desaceleración social o a abrir espacios de tiempo de calidad pero incrustados en el mismo paradigma, sin añadir ningún cambio fundamental.

Las principales características de la lógica social instrumentalista de la acumulación y la aceleración son la subordinación de los valores éticos a la necesidad de crecimiento económico, y un estímulo estructural del pensamiento y la acción eficientes. Las medidas que buscan la auto-optimización y propagan estrategias materialistas e instrumentalistas para satisfacer las necesidades propias conducen a la despolitización de los problemas estructurales, causados ​​por la política reactiva y el predominio del pensamiento económico, y llevan también a relaciones basadas en la eficiencia.

Finalmente se dan ejemplos de enfoques que podrían conducir a una transformación fundamental en el manejo individual y colectivo del tiempo al permitir una verdadera soberanía sobre nuestro tiempo. Se sugiere la facilitación estructural de las acciones individuales y colectivas que se basen en principios tales como la participación y la desaceleración institucional con el fin de permitir y posibilitar las relaciones empáticas y sensibles con el medio ambiente (social). En este contexto, se mencionan la RBU, el desarrollo de la movilidad sostenible, así como el ofrecimiento de espacios para la experimentación en tiempo libre. También se destaca la importante necesidad de un debate social para obtener una visión concreta sobre cómo usar el tiempo, y la comunicación positiva y tangible de alternativas al statu quo.


En posteriores entradas continuaremos haciéndonos eco de las demás intervenciones en este congreso sobre RBU y decrecimiento.