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martes, 27 de enero de 2015

Dinero endógeno: Dos visiones


Tal y como comentábamos en esta entrada, tanto Frederick Soddy, antecedente de la economía ecológica, como la escuela post-keynesiana, comparten puntos de vista sobre el dinero, ambos plantean que el dinero es “endógeno”, es decir, su cantidad viene determinada por la demanda de crédito de la economía, y no por el Banco Central. Sin embargo, hasta aquí llegan las similitudes, para la economía ecológica existe un problema institucional, se debe cambiar la forma en que se crea el dinero; para los post-keynesianos, si hay algún problema este es de política económica, debe cambiarse la forma de actuar del gobierno.

Una vez establecido que el dinero se crea de forma endógena, la Teoría Monetaria Moderna hace especial hincapié en el monopolio del estado sobre su moneda, o soberanía monetaria. El crédito creado por los bancos es un pasivo para una persona y un activo para otra, por tanto si lo agregamos su valor neto es cero. Por el contrario el estado puede crear activo financieros netos, y es el completo monopolista de los mismos, nadie más puede hacerlo. Un estado soberano monetariamente siempre puede hacer frente a sus deudas, sólo necesita “imprimir” dinero. En efecto, suponiendo que las deudas de Marruecos (país soberano monetariamente) están denominadas Dírhams marroquís, es sencillo comprender que dado que Marruecos puede crear tantos Dírhams como se le antoje, siempre podrá honrar sus deudas.

Lo primero que llama la atención es la aparente incongruencia entre la teoría del dinero endógeno y la afirmación acerca del monopolio del estado sobre su moneda. En realidad no existe tal incongruencia, la teoría del dinero endógeno juega un papel fundamental dentro de la teoría monetaria moderna, tal y como nos explica Dan Kervick

Este modelo monetario endógeno lo que nos dice esencialmente es que impulsos en los saldos de reservas no “traen consigo” más préstamos y más depósitos a la vista en la economía real. Más bien es la demanda de crédito y de depósitos a la vista lo que generalmente “trae consigo” más saldos de reservas de la Fed, a fin de acomodarse a los deseos del mercado. Los mecanismos causales que operan aquí significan que los bancos centrales pueden –en principio— interrumpir la expansión del préstamo negándose a suministrar los saldos de reservas adicionales en demanda. Pero no puede hacer mucho para estimular la expansión del préstamo inundando el sistema bancario con más saldos de reservas. La vía por la que el Estado puede impulsar la demanda de crédito es impulsando la demanda del consumo. Y lo hace sirviéndose del canal, más activo, del Tesoro para gastar dinero directamente en las cuentas de depósito de la gente, no utilizando el canal de la Fed. Esa imagen es plenamente congruente tanto con la tesis del dinero endógeno como con la tesis del monopolio monetario.
 Las actuaciones del banco central no tienen efectos en el sistema financiero, no se traducen en la concesión de un “exceso” de créditos, por lo tanto no dan lugar a burbujas financieras. Uniendo ambos hechos, el dinero endógeno y el monopolio del estado sobre su moneda, se deduce que los déficits del estado no son tan malos como nos cuentan, siempre se pueden pagar imprimiendo moneda, y ello no tendrá ningún efecto adverso, todo lo contrario, al inyectar saldos en las cuentas del sector privado conseguimos que este ahorre (de hecho se puede demostrar que sin deuda pública no podría haber ahorro neto privado) ¿Y qué necesitamos en situaciones de alto endeudamiento privado? Reducir deuda, es decir ahorrar, por tanto los déficits públicos no sólo no son malos, son la solución a las situaciones de alto endeudamiento, como la presente.

El razonamiento hasta ahora no puede ser más simple, si bien hay que reconocer que podría haber algún efecto adverso en forma de devaluación e inflación. Al proporcionar dinero al sector privado, aumentará la demanda, esto hará que aumenten las importaciones (parte de los bienes adquiridos habrán sido producidos en el extranjero), saldrá más dinero al exterior, y la moneda tenderá a devaluarse, al aumentar su oferta en los mercados internacionales. Los productores extranjeros pedirán más dinero por sus bienes y aumentará la inflación.

Si bien esto no tiene que ser un drama, especialmente cuando la bota del rentista nos oprime con fuerza, es necesario ponerlo en nuestro contexto actual, un mundo topando con algunos límites en la extracción de recursos. Cabe recordar lo que ocurrió en los 70, con las crisis del petróleo, nos lo cuenta Ariel Francais en El crepúsculo del estado-nación (énfasis mío)

La crisis petrolera de 1973 desencadenó desequilibrios comerciales y financieros, un proceso acumulativo de reestructuración de los sistemas energéticos y de los aparatos productivos, una ola de políticas deflacionarias y la explosión del desempleo. Para amortiguar el impacto del aumento del precio del petróleo y reducir su dependencia energética a largo plazo, los países consumidores tuvieron que adoptar políticas de ahorro de energía en gran escala y de sustitución del petróleo con la promoción de fuentes de energía nuevas y alternativas que todavía se implementan. A corto plazo, sin embargo, la respuesta inmediata a la crisis petrolera --más allá de las reestructuraciones y las inversiones requeridas para disminuir la dependencia energética a largo plazo--, fue el desencadenamiento en gran escala de políticas deflacionarias con el objetivo de limitar el desequilibrio de las cuentas externas y frenar la inflación. Por otro lado, la acumulación de petrodólares generada por la crisis indujo otros desequilibrios en la esfera financiera, pues alimentó la contratación de deudas en los países en vías de industrialización. El endeudamiento consecuente afectaría dramáticamente al mundo en desarrollo en la década de los ochenta.

El problema en los 70 era que ciertas materias primas estratégicas, como el petróleo, habían quedado distribuidas de forma desigual, concentradas en un número limitado de países. Este hecho en la actualidad es todavía más acusado, y ya no se reduce a los hidrocarburos, sino que abarca un buen conjunto de recursos indispensables para la sociedad industrial. Este hecho provoca que si bien al sector público le resulte fácil endeudarse única y exclusivamente en su moneda, el sector privado suele tener que endeudarse en moneda extranjera. Las importaciones se financian, mediante el crédito a la importación. Esto hace que un país generalmente no pueda permitirse cualquier tipo de cambio, dado que las empresas obtienen sus ingresos en moneda nacional, pero cierto número de ellas tiene que pagar sus deudas en moneda extranjera.

Sin embargo, lo más criticable de esta teoría, es que mantiene el privilegio de los bancos de crear dinero de la nada, y pretende arreglar los destrozos que esto puede crear a través de la inversión pública, es decir, del crecimiento. Con los problemas ambientales que tenemos encima ¿no sería mejor cortar de raíz la inestabilidad financiera? Yo creo que sí.


A pesar de ello, hay una forma de intentar una reconciliación, aunque sea de mínimos, entre estos dos puntos de vista (muy de mínimos y de forma temporal, mientras se avanza en otras direcciones). Se trataría de que el estado financiase a través de esos déficits la inversión en capital natural, es decir, en los ecosistemas y los recursos primarios que apoyan la agricultura, la salud y las ciudades. Respecto a este último punto, las ciudades, recordemos que el manifiesto Última Llamada incidía de forma genérica en la necesidad de cambios radicales en el diseño de las ciudades ¿Una posibilidad de que Pablo Iglesias se reconcilie con las necesidades, según él contrapuestas, de dar de comer a la gente y evitar la destrucción ecológica.

4 comentarios:

  1. Hola Jesús,

    Efectivamente ese puede ser un punto de acuerdo, pero habrá que hacer mucha pedagogía, creo que una de las medidas de Syriza es bajar los impuestos al gasoleo para reactivar su consumo.

    Un saludo

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    1. Buenas Don QuiSancho,

      Pues menuda medida, van a hundir la balanza de pagos de nuevo, los hidrocarburos son uno de los principales agujeros de España, y supongo que también de Grecia.

      Seguiremos haciendo pedagogía, no queda otra.

      un saludo,

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  2. Me da la impresion de que las medidas economicas, puramente economicas, son un espejismo, en particular las de politica monetaria.

    Se ha enfatizado muchas veces que la economia no es un ambito aislado ni escenario en el que llevar a cabo juegos de arte de magia.

    Creo que si se analiza en mas detalle se descubriria que las medidas economicas necestaron la confluencia de otras e incluso del azar para que produjeran su "magia".

    Lo mas que puede hacer un mago de la economia es no hacer lo que no se debe hacer, cediendo a presiones o al imperativo ideologico.

    El mero soltar dinero solo hara el efecto deseado si no se acompaña de medidas de otra indole que contribuyan a hacer punteria, que orienten o incluso fuercen a los agentes economicos a hacer lo que deberian hace con ese dinero.

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    1. Buenas Dubitador,

      No sé por qué, pero intuyo que en tu último párrafo, "solo hara el efecto deseado si no se acompaña" sobra un no o un sólo ¿es así? particularmente yo creo que la administración puede jugar un papel importante orientando la inversión (al menos en aspectos clave), más que creyendo fielmente en la mano invisible.

      un saludo,

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