Este es el blog de la asociación Autonomía y Bienvivir, no dejes de visitar nuestra página web, para conocer nuestro ideario: Visitar página web

martes, 19 de junio de 2018

Veganismo, sostenibilidad y cambio social


El activismo vegano nos irrita y saca de nuestras casillas, nos interpela desde una posición moral, y eso es desagradable. Nadie quiere estar en el lado incorrecto de la moralidad, pero ¿podemos resistirnos? El veganismo es un ejemplo de cambio social que dinamita todos los prejuicios y frenos al cambio que hemos heredado de la tradición intelectual de la izquierda.



Quizás lo mejor sea empezar por el principio. El veganismo es una postura moral o ética, que rechaza la explotación de los animales por el ser humano. Como cualquier postura, debe definir sus límites. Explotación es ser usado con una finalidad (alimentarse, divertirse, vestirse, etc). Y el límite se pone en el animal, y no en el vegetal, porque el animal tiene un sistema nervioso central.

Cada cual puede juzgar acerca de esos límites, arbitrarios al fin y al cabo, pero lo que yo quiero recalcar es que las posturas morales tienen unas consecuencias determinadas. Si estamos en contra de la explotación animal no vamos a atender a matices, estamos en contra de cualquier tipo de explotación, desde la más brutal, como el “toro de la Vega” de Tordesillas, que supone torturar un animal para pasar el rato, hasta la más “respetuosa”, que podría ser criar un animal mirando todo lo posible por su bienestar para sacrificarlo y consumir su carne. El veganismo no admite matices, sus límites están claramente definidos en el concepto de “explotación animal”, es decir, nos sitúa en una posición absoluta, o estás en sus límites o estás fuera, y si estás fuera no haces lo correcto. Es normal que dicha postura soliviante a los comedores de carne, entre los que me incluyo, aunque la carne no forme parte de mis hábitos alimenticios.

Debo confesar que este punto de partida no me parece el más adecuado para lidiar con los problemas humanos. Toda postura moral nos sitúa en una verdad absoluta, pero el ser humano es adaptativo, la actuación más adecuada depende siempre del entorno, y además somos subjetivos. La verdad o la objetividad no existen.

Dicho esto, conviene ser realista y reconocer que consumir carne es muy ineficiente. El ganado es alimentado con cereales y legumbres, perdiéndose el 90% de las calorías y las proteínas en el proceso. Es mucho más eficiente que el ser humano consuma directamente esas calorias y esas proteínas vegetales. En España hasta hace no mucho tiempo la mayor parte de la población obtenía sus proteínas de vegetales (judías, garbanzos y lentejas, y en menor medida de frutos secos como almendras, nueces y avellanas). El consumo promedio era de dieciséis kilogramos al año de legumbres frente a los tres kilogramos que se consumen actualmente. Una dieta para maximizar la extensión de la vida y la salud del individuo debería estar en torno a veinticuatro kilogramos al año (dependiendo de la estatura y sexo del individuo, evidentemente), según las últimas evidenciascientíficas que han sido sintetizadas por Valter Longo.

Sin embargo, esta dieta saludable ha sido demolida por una industria de laalimentación, que lo que busca es maximizar su beneficio. Nos han creado la necesidad de comer carne y dejar de lado las legumbres porque es lo que le ha interesado a cuatro magnates que gracias a estos hábitos insalubres han conseguido expulsar del mercado a los pequeños productores y llenarse cada vez más los bolsillos.

martes, 12 de junio de 2018

La teoría económica basura en la Europa divergente. La trampa del crecimiento.



Con medio camino hecho de la serie "La teoría económica como caballo de Troya", (al último artículo hasta la fecha, donde se encuentran enlazados también los demás, se llega pinchando en el nombre de la serie), y dada la intervención en varios podcast[1] sobre Europa, conviene detenerse en la situación europea con especial atención a España, una situación que puede servir de ejemplo a cómo la teoría económica puede ser utilizada a modo de caballo de Troya, como se viene sugiriendo en la serie.


La tradición histórica del apego a la doctrina del libre comercio es tan fuerte en Inglaterra que incluso ahora, en desventaja, la idea de proteccionismo se considera impactante. Joan Robinson.


Conforme a la teoría económica basura convencional, la manera en que los países convergen es abriéndose al comercio con el exterior, para otros economistas, sin embargo, el peligro estriba precisamente en que la apertura al exterior se realice en el proceso de convergencia y no en la finalización del mismo.

                                                     Convergencia en términos de PIB per cápita en PPA.



Con esta imagen empezaba Enrique Fuentes Quintana su conferencia “Convergencia de la economía Española con la CE: Problemas principales" en 1993. En ella, se compara el PIB per cápita de España en relación a los 12 países de la Comunidad Económica Europea de ese momento, Alemania, Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Grecia, Luxemburgo, Italia, Irlanda, Países Bajos, Portugal y Reino Unido.

Contrario a la teoría convencional, España mantuvo una convergencia durante sus años de mayor aislamiento e intervención estatal, con una política económica de ISI (industrialización por sustitución de importaciones), perdiéndose la convergencia tras la crisis de los 70.

Cabe por tanto averiguar, si la divergencia sucede pese a abrirse al exterior, o por abrirse precisamente al mismo, provocando lo que yo he llamado trampa del crecimiento (algo que, pese a sus diferencias, mantiene una enorme deuda con el pensamiento del economista Nicholas Kaldor).


martes, 5 de junio de 2018

El Aura político - Un arte antiguo

El Aura, según Walter Benjamin, es lo que se percibe de una obra de arte bajo una serie de condiciones. Primero de todo tienen que estar presentes ambos, tanto el sujeto que recibe como el objeto observado. Como ejemplo más claro y puro para la presencia de Aura usa Benjamín la contemplación de una montaña o un árbol, en fin un objeto en la misma naturaleza. Partiendo de esta manera de contemplar sin analizar, Benjamin desarrolla un argumento sobre la pérdida del Aura cuando se empezó reproducir el arte con la tecnología a finales del siglo XIX, con la fotografía, litografía y el cine. Para Benjamin el Aura es un estado aislado y subjetivo de un individuo ante un objeto de culto o una obra de arte. Conceptual-mente el no hace diferencia entre un tótem, el crucifijo o un cuadro impresionista.

En su ensayo “la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” de 1936 propone el término “asocial” como el más acertado para un estado de contemplación de una obra de arte. El observador entra en una mediación sobre el significado simbólico de la obra que no se puede compartir con otro sujeto. El Aura es un proceso de aislamiento contemplativo que solo se puede permitir la clase más privilegiada de la sociedad debido a su ausencia de amenazas esenciales en la vida material y real.  La reproductibilidad técnica del arte es para Benjamin la posibilidad para las masas tener acceso a un discurso artístico y sacarlo del entorno de élites asociales y permite responder y reaccionar de manera colectiva. Discutir y reflexionar con términos comunes sobre los objetos del arte y su significado para la sociedad.
.

Eberhard Heiland 1988 - " El Aura de los fundidores"

En el curso de este ensayo también entra más en los aspectos simbólicos de la política, busca la existencia o ausencia de Aura en las ideologías dominantes de su época y afirma de la siguiente manera:

"El fascismo busca organizar a las masas proletarias, recién formadas, sin interferir con las relaciones de propiedad que ellas buscan erradicar. Él ve su salvación al dejar que las masas se expresan (pero ciertamente no en dejar que lleguen a su derecho). Las masas tienen el derecho a cambiar las relaciones de la propiedad, pero el fascismo busca darles una expresión en su preservación. El fascismo en consecuencia conduce a una estetización de la vida política.
 (...) La violación de las masas, que él fuerza en el culto de un líder, corresponde a la violación de un aparato que utiliza para crear valores de culto.(...) esto es de lo que se trata con la estetización de la política, con la que opera el fascismo. El comunismo le responde con la politización del arte".

Leyendo esto inmediatamente se me hacen imágenes muy recientes espacio en la memoria. Son observables en tantos núcleos políticos en Europa hoy en día donde incluso podemos observar ambas estrategias a la vez en el mismo grupo político. Todos ellos tienen en común que permiten mucho espacio a la expresión masificada pero sin tocar las relaciones y condiciones reales de la gente. Usan la reproducción técnica de su simbología, su aura - para promocionar un aislamiento contemplativo y asocial. Un “aislamiento uniforme” en un culto simbólico que permite la catarsis y la contemplación como máxima expresión, pero sin permitir que se toce el dominio del poder sobre la realidad material. La contemplación agresivamente promocionada acaba en la obsesión de proteger lo que es propio. La vieja y bien conocida obsesión de los reaccionarios: el atesoramiento de valores tradicionales ya que los valores reales y materiales no se les permite modificar.

Benjamin veía una oportunidad en la reproductibilidad técnica del arte para cambiar el dominio de la contemplación asocial, de la simbología y del culto, hacia una discurso compartido y justo sobre las cosas reales. Hoy vemos que las masas rechazan este discurso sobre las cosas reales a favor de mera expresión masificada. De nuevo nos acomodamos en el rol del idólatra, se nos sugiere que esto es suficiente para crear un “mundo mejor”, seguir a los líderes y símbolos, que lejos de cambiar la realidad de la gente, siguen aislando a la gente entre sí con objetivos demasiado trascendentales, casi metafísicos sobre los que cada uno interpreta otra cosa pero todos bajo la misma premisa: Unidos por la tierra.


¿Qué pasaría si pensáramos un poco más cubista en vez de jurar a banderas y contemplar escudos? El cuadro "le canigou" de Juan Gris del 1921 muestra una naturaleza muerta en estilo cubista. Muestra el macizo montañoso del Canigou desde una ventana. Se aprecian muchos objetos abstraídos que todavía están en la habitación, pero se solapan en la perspectiva con el pico de la montaña a lo lejos, el borde de la mesa y el marco de la ventana. El acto contemplativo de inmersión es posible aquí solo con mucho esfuerzo. El observador se ve obligado a materializar y determinar los objetos individuales en la imagen antes de que pueda contemplar el poder simbólico y de mito de esta montaña y entonces separarse nuevamente de la realidad material de lo representado.

Un juego entre análisis materialista y meditación subjetiva. Una posibilidad para el humano de pensar sobre el mismo y el mundo fuera de el, poniendo el "y" entre los dos, en el foco de todo afán.

1. El texto original como fuente de traducción es la edición autorizada por el autor del año 1939.
https://de.wikisource.org/wiki/Das_Kunstwerk_im_Zeitalter_seiner_technischen_Reproduzierbarkeit_(Dritte_Fassung) 




lunes, 28 de mayo de 2018

El cuco del crecimiento en el nido de la economía

Introducción


Kate Raworth desarrolló la idea del donut (rosquilla) con la conciencia muy clara que cualquier cambio en la disciplina económica debe ser acompañada de imágenes poderosas y evocadoras. Recogiendo las palabras de John Maynard Keynes sobre la gran influencia que tienen las ideas de los economistas que pasan desapercibidas y, no obstante, tienen un enorme peso en las decisiones de aquellos que se creen libres de las mismas, entiende que la creación de un discurso alternativo a la economía dominante para el siglo XXI se debe construir sobre imágenes que acompañen a las que denomina 7 maneras de pensar que se oponen a los siete “mantras” ortodoxos que influyen en la forma como “lo económico” es percibido.


El libro de Raworth no es una aproximación académica a la materia. Por lo tanto, no pretende profundizar sino que tiene como objetivo dirigirse a un público amplio. Los que son críticos con la economía dominante, no pueden esperar un libro con un análisis en profundidad de los problemas que nos acucian. La cuestión es si el libro puede convertirse en un instrumento útil para cuestionarse algunas de las ideas que parecen “naturales” por la fuerza de la repetición. La autora no ha pretendido otra cosa, y debe apreciarse el coraje de enfrentarse a esa tarea que es complicada y en la que la heterodoxia económica ha fracasado hasta el momento.


El poder de la imágenes


El celeberrimo libro de introducción a la economía de Samuelson (1948) pivota entorno a los diagramas que eran la pieza básica para transmitir la visión pre-analítica o paradigmática con la que se quería que los alumnos trabajaran o, al menos, que dejará en ellos una huella indeleble de forma que la ideas que encajarán en esa visión se considerarían como “naturales” y fluirían sin mayores razonamientos. Todo lo contrario ocurre con los mensajes que desafiaran ese marco paradigmático, sin importar si ofrecen una mejor explicación sobre la realidad. El mérito de Samuelson, por llamarlo así, era colar de rondón grandes dosis de ideología sin que el que lo recibía lo percibiera como tal.



Aunque existen muchas personas que se oponen a las políticas neoliberales, son incapaces de liberarse de conceptos económicos que se han transmitido como ausentes de valores, pero que reflejan y fundamentan esas prácticas que, en principio, combaten. Conceptos como el equilibrio presupuestario como signo de buen gobierno, o la necesidad que el estado recaude antes de gastar o, la posibilidad de que el Estado ahorre para los malos tiempos o pagar las pensiones, son casi universales aunque, en el mejor de los casos, son cuestionables, cuando no directamente falaces.


Cualquier visión pre-analítica está preñada de ideología y reconocer esto como punto de partida solo puede ayudarnos a no dejarnos engañar, ni llevarnos a engaño. Nuestro objetivo debe ser explicar lo que vamos a denominar realidad que observaremos con nuestra visión paradigmática, es decir, nos acercaremos con un determinado bagaje o equipaje que condiciona nuestra percepción de la misma. Los modelos son parte esencial para la compresión de la realidad, pero sin confundir el mapa con el territorio. Sin embargo, el mapa nos ayudará a conocer el territorio siempre que este bien trazado respecto al territorio que exploramos. Por muy preciso que sea un mapa de Italia, no nos será de ayuda para ir por Francia, aunque podamos encontrar similitudes entre las dos geografías. Como se cita en el libro y es una de esas afirmaciones que resultan difíciles de contradecir: “Todos los modelos están equivocados, pero algunos son útiles”.




La propuesta de Raworth es encontrar ese mapa útil para movernos por el territorio real que nos espera en el siglo XXI y lo hace partiendo de las ideas del lingüista Lakoff. Algo esencial, y que cooroboro de mi propia experiencia, es que la critica a un marco cognitivo sin alternativa solo sirve para reforzarlo. Eso no invalida la crítica per se, pero si lo que se pretende es ganar la "guerra", con la crítica no basta.


Las ideas de Lakoff sobre como el lenguaje conforma el debate económico y político es una realidad innegable. En el libro se cita un ejemplo clásico, el de la reducción de impuestos, que en inglés “tax relief” tiene unas connotaciones más potentes. Realizando una traducción incorrecta formalmente pero más aproximada a lo que se pretende explicar sería alivio de impuestos. El impuesto como carga se contrapone a su disminución que es un alivio de esa carga. Como diríamos parafraseando a Khanemman, pensando rápido, que es lo que solemos hacer, sería una locura oponerse a algo tan sensato. El intentar argumentar sin un claro marco de referencia solo sirve cuando estamos pensando despacio, pero es completamente inútil si queremos convencer a una amplia audiencia. Raworth opone la idea positiva de justicia fiscal pues la palabra justicia evoca igualdad, responsabilidad o comunidad. Sin embargo, no creo que la cuestión sea encontrar la “kriptonita” para cada concepto que la corriente dominante utiliza para enmarcar el debate. Por eso, intentar un “brain-storming” para crear términos alternativos no es una buena idea. Las cosas no funcionan así en un marco tan complejo como el que nos enfrentamos.


Raworth se centra en como se forman las ideas visuales y, es innegable que en economía el marco visual juega un papel importante. Son esenciales para la autora el diagrama de un PIB en constante crecimiento que confronta visualmente con su donut y, el archiconocido diagrama de lo que llama mercado autocontenido contra una economía incluida y contenida por la sociedad y la naturaleza. Está ultima idea no es nueva, Herman Daly ha sido su paladín durante muchos años, y contiene a la primera imagen del crecimiento del PIB, pues la economía percibida como un ciclo cerrado no es más que una maquina de movimiento perpetuo que pude crecer sin estar sujeta a los principios de la termodinámica.




La lucha contra el reduccionismo del pensamiento económico es la arena donde se libra la verdadera batalla. En el libro se habla de ver el panorama general en lugar del ese ciclo encerrado en si mismo y aislado de todo. Enumera siete ideas para cambiar el mundo que no voy a pormenorizar, sin embargo, hacer notar que las ideas o conceptos que persigue combatir están íntimamente relacionados, apoyándose unos a los otros. Podríamos decir que la suma de todos ellos tiene propiedades emergentes, por eso no se pueden refutar individualmente, se trata de un marco de referencia completo (framing)


El cuco se apodera del nido


El crecimiento es el centro de cualquier discurso económico actual, no importa de donde venga, la unanimidad en está cuestión es el verdadero indice de nuestro problema. El PNB o el PIB como medida de ese crecimiento se ha convertido no en un medio para mejorar la vida de las personas sino en el fin mismo. Por eso , se puede sacrificar a la mayoría de la población en el altar del crecimiento. Es cierto, que como cualquier religión promete un sacrificio actual por la promesa de un paraíso, aunque después de la crisis financiera de 2007-8 se ha abandonado en cierta medida esa idea. Solo prometen sacrificios para evitar o ralentizar el deterioro de las condiciones de vida.


El libro compara la idea del crecimiento del PIB con el comportamiento del cuco ocupando nidos ajenos y aprovechándose del esfuerzo de otra especie para alimentar a sus crías. La idea es que cuando pierdes de vista tus verdaderos objetivos, el bienestar del conjunto de la población, algo ocupa ese vacío. Como dijo François Rabelais, la naturaleza aborrece el vacío.



Los economistas clásicos tenían clara la distinción aristotélica entre la economía y la crematística. Adam Smith, un moralista, lo expresaba así:


(La economía) tiene dos objetivos diferentes: proporcionar ingresos abundantes o medios de subsistencia para las personas,o , más correctamente, habilitarlos para proveerse de esos ingresos o medios por ellos mismos; y, en segundo lugar, proporcionar al estado o la comunidad los ingresos suficientes para los servicios públicos”


No debe sorprendernos las afirmaciones de Smith, pues su pensamiento ha sido distorsionado de tal forma que las ideas plasmadas en sus textos, resultan irreconocibles entre aquellos que se proclaman sus herederos


En este punto, es pertinente traer a colación el concepto de las rentas económicas o no ganadas sobre el Michael Hudson ha puesto el foco de forma reiterada en sus obras (2012,2016). A dichas rentas se opusieron los economistas clásicos, aunque cada uno defendiendo una clase social como fue el caso de la batalla entre Malthus y Ricardo. Para ellos la función del Estado era un contrapeso de esa rentas evitandolas o gravandolas.  Se aleja de la idea de la economía neoclásica del Estado como peso muerto “deadweight”. El Estado debía combatir las meras transferencias de dinero sin contrapartida en los costes necesarios para su producción, que es la definición de renta. Aunque no me voy a extender en este punto, pues me apartaría de mi propósito, esta cuestión es crucial, y subyace silenciosa en lo que estamos analizanado,


Sin duda, la desigualdad tiene su fundamento en la apropiación por unos pocos de esas rentas que la economía dominante con la argucia de que todo ingreso es retribución de la contribución que se hace la producción, las ha hecho desparecer del protagonismo que tuvieron en el pensamiento económico del siglo XIX. La revolución marginalista de Jevons, Walras, Meger o Clark justifica cualquier transferencia de renta pues por definición no puede provenir más que de una actividad productiva. No obstante, la intervención del estado es descrita en términos peyorativos como un peso muerto, tal como hemos mencionado. Por ejemplo, los impuestos gravan las actividades productivas y eso altera el equilibrio (“la mano invisible”) produciendo una perdida social. Con este marco de referencia el “tax relief”, antes citado, cobra pleno sentido.



La emulación de la física, que es un tema recurrente cuando hablamos de economía, juega un papel esencial en movernos desde una posición política a la mera apariencia de una disciplina científica que persigue exclusivamente explicar unos fenómenos que ocurren por si mismos, con independencias de nuestra voluntad. La economía debe describir esos fenómenos como la mecánica newtoniana describe el movimiento de los planetas. Está sandez es defendida a capa y espada por la academia dominante, lo que ha convertido a la economía en una disciplina GIGO (entra basura, sale basura), su única relevancia, además de mantener su propio estatus, es proporcionar coartadas y cortinas de humo a las políticas (neo) liberales.


Cuando nos referimos a crecimiento lo hacemos a una medida concreta que fue diseñada, entre otros, por Simon Kuznets durante la Gran Depresión para medir los efectos de las políticas de la administración Roosevelt conocidas como New Deal y, especialmente, el esfuerzo de guerra. Sin embargo, la ambición de Kuznets no era meramente medir el producto (transformación es un término más preciso y consistente con los principios de la termodinámica) sino también el bienestar y lo expresa de está forma:


Sería de gran valor tener una estimación del ingreso nacional en la cual se resten del total los elementos que, desde un punto de vista de una filosofía social más ilustrada que la de una sociedad consumista, representan perjuicios antes que servicios. Tales estimaciones sustraerían del actual ingreso nacional los gastos en armamento, la mayoría de gastos en publicidad, una gran cantidad de gastos relacionados con las actividades financieras y especulativas, y lo que es quizás más importante, los desembolsos que han sido necesarios para superar las dificultades que son, para ser exactos, costes implícitos en nuestra civilización económica. La totalidad de los gigantescos dispendios de nuestra civilización urbana, metro, caras viviendas, etc., las cuales en nuestras estimaciones las incluimos por valor del producto neto que fija el mercado, no representan realmente servicios netos para los individuos que forman la nación, desde su punto de vista, son un mal necesario para ser capaces de ganarse la vida”


La cita condensa perfectamente las ideas de renta económica como un perjuicio o la necesidad de tener en cuenta los males que restan sobre la que tanto ha insistido Herman Daly en sus trabajos. El hecho de que una medida que no está, en absoluto destinada a medir el bienestar social se ha convertido en el fin mismo de las políticas económicas, es la mejor (peor) expresión de la degeneración de los objetivos de la economía clásica.
 

El PIB (contabilidad nacional) es una construcción artificial que parte del reduccionismo económico operado en el vano intento de intentar convertir a la economía en la física de las ciencias sociales. El pecado original le hace especialmente inhábil para afrontar los problemas del siglo XXI, porque precisamente el reduccionismo ha dejado todo lo que importa fuera de su visión túnel; el donut es un intento de quitar las orejeras a la economía.


Raworth señala que poner el cuco del crecimiento en el nido de la economía fue una jugada maestra, pues la idea de un crecimiento infinito encaja perfectamente con la metáfora del progreso. Esa idea da como resultado la posibilidad del crecimiento exponencial en un mundo finito. No obstante, aunque se han buscado muchas y buenas metáforas para mostrar la imposibilidad del crecimiento exponencial, la idea pervive con buena salud. Por ejemplo, la metáfora de la bacteria que se duplica en un tiempo determinado en la placa de Petri aunque pueda ser comprendida no supone que sea trasladable al crecimiento económico, pues la propia visión pre-analítica que se ha difundido de la economía niega esa posibilidad. Lo natural es conceptualizar la economía como una maquina de movimiento perpetuo, por absurdo que sea.


La definición del PIB y la del flujo circular son, en realidad, lo mismo. El PIB es la medida de ese flujo y se mide tanto por el lado de los ingresos, como la más extendida que es la medición por los gastos y que resulta una identidad bastante conocida:


PIB C + I + G + (X-M)

C = Consumo

I = Inversión

G = Gasto Público

(X – M) = balanza de bienes y servicios con el resto del mundo


Simplemente saber que si añadimos la balanza de rentas y las transferencias tendremos la definición de PNB en lugar del PIB.
 

La contabilidad nacional busca ofrecer una versión cuantitativa de la economía mediante el paradigma contable basado en la homgenización monetaria de los flujos que se producen entre los agentes dentro del sistema económico. La orientación hacia la medida del flujo (producción) antes que en los fondos (stocks) tiene importantes consecuencias y es una cuestión medular que muestra una orientación ideológica muy definida. Como dice Naredo (2015):


Al circunscribir el campo de lo económico a aquel de lo productible -y de lo consumible- se hace abstracción del hecho de que buena parte de los procesos denominados de producción -y de consumo- entrañan la destrucción y la degradación para el uso de ciertos recursos naturales que no había sido, ni pueden ser en gran escala, producidos por el homo faber. Y al no recoger sus cuentas su destrucción o degradación ni siquiera en el caso en el que esos recursos hayan sido apropiados y valorados, las contabilidades nacionales supone un paso atrás con relación a las contabilidades privadas: con tal de conformar su esquema contable a la idea del sistema económico, aquellas no practican la distinción tan estrictamente aplicada en estas entre los resultados de explotación que arroja la actividad corriente de la empresa y los resultados extraordinarios, derivados de enajenar o consumir parte del patrimonio de la misma”.


Apuntar que esas apropiaciones no descontadas son las rentas económicas provenientes de la tierra y los recursos, representadas como contribuciones netas al producto cuando son la representación de un coste encubierto.


Expresar el crecimiento en una cifra, % de aumento del PIB, tiene un atractivo político irresistible. Con una sola cifra se transmite un mensaje mucho más complejo sobre la forma como funciona el mundo de lo que a primera vista parece. La idea de crecimiento está estrechamente interrelacionada con el resto de conceptos, metáforas e imágenes que nos son tan familiares que parecen que muestran leyes aplicables con toda generalidad y evidentes sin mayor razonamiento. Ese es el objetivo perseguido y que podemos constatar que tiene un éxito abrumador
 

Raworth, como muchos otros antes, propone abandonar el PIB y su crecimiento como objetivo de las políticas económicas, y adoptar el donut como alternativa. Por desgracia, el donut es una imagen es mucho más compleja que la cifra de una crecimiento que promete curar nuestros males como el bálsamo de Fierabras. Por muchas críticas que haya recibido no hay perspectivas de cambio de rumbo, a pesar de que en el estudio de 2009 encabezado por Stiglitz y Sen se concluía: “Aquellos que intentan guiar la economía y nuestras sociedades son como pilotos tratando de trazar un curso sin un compás en el que confiar” . 

 

Al fin y al cabo, la economía no es más que un subconjunto de la sociedad que a su vez está contenida por la naturaleza. El donut es una reformulación de ese concepto. El circulo externo del donut es el techo ecológico que no se puede sobrepasar , son nuestras condiciones de frontera, sobrepasar esos límites significa la quiebra del sistema (overshoot). El circulo interno son los elementos básicos para una vida digna, como educación, alimento, agua, energía, cobijo, igualdad social y de genero, etc. La enumeración de las necesidades básicas constituye un juicio normativo, de la misma forma que ignorarlas, como hace la economía dominante, también lo es. Afirmar la existencia de una ciencia social libre de valores es un oxímoron, pero se ha trabajado con ahínco y contando con un extraordinario aparato de propaganda para conseguir que tal sea la percepción respecto de la economía, se trata de un imponente obstáculo que debemos superar.


Se puede objetar que estamos sobrepasando muchos de los límites dibujados en el donut desde hace tiempo sin que ello, aparentemente, haya generado grandes problemas, o, al menos, problemas que siendo más ricos no vayamos a poder solucionar con la dosis de innovación y tecnología que el crecimiento del PIB nos promete. Daly lo compara está estrategia como aquel que se libra de los efectos de la resaca bebiendo más, en el corto plazo parece funcionar pero los efectos a largo plazo son devastadores. Sin embargo, el cortoplacismo es la seña de identidad de nuestras sociedades, al fin al cabo planificar es algo de marxistas o prusianos. El problema latente es que la economía es una ciencia estática, aunque se diga lo contrario, ignora los procesos dinámicos pues irían en contra de lo que intenta explicar (Thorstein Veblen, 1898)


Respecto de los objetivos de la parte interior del donut la mayoría han sido aprobados en la ONU. El problema, es que tales objetivos entran en contradicción con los imperativos económicos de crecimiento, y no necesitamos mucha perspicacia para adivinar que objetivos deberán ceder o, en lenguaje diplomático, aparcarse a la espera de una mejor coyuntura.


Raworth enumera cinco factores fundamentales que debe ser tenidos en cuenta y controlados para vivir dentro del espacio seguro del donut: población, distribución de los recursos, aspiraciones, tecnología y governanza. Pasa de puntillas sobre el tema más espinoso que es la población. Considera que vamos por el buen camino ya que gracias a los progresos en la salud infantil, la educación de la niñas y los avances en los sistemas de control de la natalidad para conseguir controlar el tamaño de las familias, las tasas de crecimiento de la población están en franco declive. No obstante, si esa tendencia es suficiente para vivir dentro del donut es un incógnita y proponer como remedio que una vida ausente de privaciones con buena educación es el camino, es cuanto menos cuestionable.


Al final todo gira entorno a la dimensión de la economía en relación con la sociedad, el anillo interno, y la naturaleza el anillo externo del donut. Esa debería ser la principal misión de los economistas en el siglo XXI lo que implica abandonar el crecimiento y afrontar una realidad que asume una descripción de nuestra realidad desde un paradigma diferente.

 

Los discursos contrapuestos

Raworth, con muchos otros, señala que la versión neoliberal imperante, cuyos cimientos se establecieron por la Sociedad Mont Pelerin, es la que nos lleva de forma indefectible al colapso. Es meritoria la forma ingeniosa de poner los conceptos dominantes como actores de una obra teatral que creo interesante reproducir.


Actores principales

  • El Mercado el cuál es eficiente- por lo tanto, darle rienda suelta
  • La Empresa que es innovadora, dejemos que lideren la economía
  • Las Finanzas que son infalibles, confiemos en sus forma de hacer
  • El Comercio donde todo el mundo gana (win to win), por lo tanto abramos nuestras fronteras
  • El estado que es incompetente, no dejemos que se entrometa.

Actores que no aparecen en la obra

  • La Familia que es una cuestión doméstica, dejemosla a las mujeres
  • Los comunes que son trágicos (Hardin), vendámoslos al sector privado para que los administre
  • La Sociedad que es inexistente, por lo tanto, ignorémosla.
  • La Tierra (naturaleza) que es inagotable, tomemos todo lo que queramos
  • El Poder que es irrelevante, no lo mencionemos.

Ciertamente, los actores que aparecen en la obra nos cuentan una historia que es familiar, porque se repite día tras día en los medios de comunicación y en los mensajes políticos. Los personajes omitidos, aparecen en otras obras, pero nunca se mezclan con nuestros personajes o cuando lo hacen son sometidos en aras de un bien superior.


Debe ponerse énfasis en la omisión del poder, pues es sobre en la pretendidas separación entre economía y política donde se cimienta el prestigio que se otorga a esas soluciones económicas libres de valores. En la obra que entretejen los actores principales el sustrato ideológico es tan potente que parece imposible que nadie pueda creer que existe una separación entre economía y política y, sin embargo, así es. Intentar poner de manifiesto el engaño no parece funcionar, desde hace muchos años las críticas has sido devastadoras y el paradigma continua sirviendo a sus señores con una erosión bastante reducida.


Si el donut es un arma valiosa y una imagen poderosa para luchar contra el actual paradigma solo el tiempo lo dirá. En todo caso, no es un esfuerzo inútil ni sin valor. En esta entrada me he limitado a exponer cual es el campo de juego actual y como Raworth evalúa las reglas con las que jugamos, y entiendo que se trata de un diagnóstico adecuado aunque perfectible. 
 

La obra que propone Raworth y que deberíamos desarrollar tiene unos protagonistas diferentes cuyo orden de aparición es importante:

  • La Tierra (naturaleza) que da la vida, respetemos sus límites
  • La Sociedad que es fudamental, nutramos sus conexiones
  • La Economía que es diversa, respaldemos sus sistemas
  • La Familia que es el núcleo, valoremos su contribución.
  • El Mercado que es poderoso, integrémoslo sabiamente.
  • Los Comunes que son creativos, liberemos su potencial.
  • El Estado que es esencial, hagámoslo responsable.
  • Las Finanzas que son un servicio, hagamos que sirvan a la sociedad.
  • La Empresa que es innovadora, démosle un propósito.
  • El Comercio que tiene doble filo, convirtámoslo en justo.
  • El Poder que es ubicuo, controlemos sus abusos.

Si la lista de actores debe ser ampliada reducida o redefinida lo dejo para el debate, simplemente se trata de cimentar un método de actuación que permita penetrar una ciudadela que, aunque se vea vieja, decadente y gastada, sin embargo, continua firme impidiéndonos cambiar el rumbo y el tiempo se agota.

martes, 22 de mayo de 2018

La muerte del océano


Sin apenas repercusión mediática, ya que la ciudadanía sólo oye hablar del cambio climático, los océanos se encuentran sometidos a impactos múltiples como consecuencia de la actividad humana: sobrepesca, anoxia provocada por vertidos de nitrógeno y fósforo, acidificación por absorción de CO2 de la atmósfera, calentamiento, y por último, pero no menos importante, son anegados con desechos de plástico que no son biodegradables y se van rompiendo y reduciendo su tamaño poco a poco, con el riesgo de entrar en la cadena trófica. El efecto combinado de todos estos impactos es de consecuencias imprevisibles, al menos en cuanto a su dimensión temporal, porque la historia del planeta si nos da algunas pistas de lo que puede ocurrir. Y no será agradable.


Imagen: eldiario.es


Los océanos, o quizás sería más preciso decir, los ecosistemas marinos, nos proporcionan una serie de servicios medioambientales que exceden, con mucho, la importancia de la pesca, y no sólo porque hayamos alcanzado el cenit de las capturas pesqueras y ya no sea posible aumentar la tasa anual de biomasa que extraemos de ellos
Imagen: Segunda advertencia de los científicos a la humanidad



los ecosistemas de “carbono azul” (almacenan carbono cuarenta veces más rápido que sus equivalentes sobre tierra firme), y el oxígeno, que comienza a declinar, lo producen principalmente las algas marinas que realizan la fotosíntesis, aunque también contribuyan, en mucha menor medida, las plantas terrestres.

Estos servicios, y otros muchos más, se encuentran amenazados por la actividad humana. El número de zonas muertas en los océanos asciende ya a 600, habiendo aumentado más de un 50% en los últimos 25 años.

Imagen: Segunda advertencia de los científicos a la huamnidad


Algunas de ellas tienen ya el tamaño de Escocia. Hemos alterado de forma insostenible los ciclos de fósforo y nitrógeno del planeta. Los vegetales toman el carbono del aire, pero para crecer necesitan fósforo y nitrógeno. Nosotros, para producir alimentos, tomamos el nitrógeno del aire, fijándolo gracias los combustibles fósiles, y el fósforo de yacimientos minerales. En la naturaleza, los animales toman energía de los vegetales, y ayudan a que estos crezcan dejando el fósforo y el nitrógeno que ellos necesitan en sus excrementos. Este ciclo cerrado natural está roto, gracias a la “revolución verde” que alimenta a la humanidad, enviamos el fósforo y el nitrógeno a los océanos, creando las condiciones de déficit de oxígeno que provocan las zonas muertas.

La mitad de las emisiones de CO2 se “sumergen” en los océanos, y no se quedan en la atmósfera, y aunque no sabemos hasta cuando se va a mantener esto, esta “buena noticia” tiene su contrapartida negativa, el océano se acidifica, se estima que su pH ha caído una décima desde el comienzo de la revolución industrial. Un cambio ligero, pero que puede tener consecuencias, especialmente para los organismos calcáreos, ya que el carbonato de calcio es el componente principal de la mayoría de conchas y esqueletos, como moluscos y corales. A medida que el pH disminuye, estos orgnismos lo tendrán cada vez peor, y dada su abundancia y su importancia para los ecosistemas, esto puede tener consecuencias dramáticas.

Desgraciadamente, todavía hay más. En la actualidad hay en el océano una tonelada de plástico por cada tres toneladas de peces. De seguir esta tendencia en 30 años habrá más plástico que vida en los océanos. Su impacto en los ecosistemas es seguramente muy profundo:

Según la organización por la conservación marina, cada año mueren más de un millón de aves marinas y unos 100.000 mamíferos marinos como resultado de los escombros plásticos en los océanos del mundo.

Lo cierto es que la necropsia de un ave marina reveló que había ingerido 276 trozos de plástico. En el Pacífico norte se ha formado una isla de basura de plástico cuya extensión se estima entre 700.000 km2 (algo más de la extensión de España y Portugal) y 15.000.000 de km2 (un 50% más que la superficie de toda Europa). Un reciente estudio le otorga el tamaño de España, Francia y Alemania combinadas. Islas similares se han formado en el Pacífico sur, el Atlántico norte y sur y el océano Índico. La llamada isla está compuesta de micro fragmentos difíciles de limpiar.


Pero si bien estamos acostumbrados a presenciar aterradoras imágenes de aves y otros mamíferos ingiriendo grandes cantidades de plástico, problema ambiental que cobra importancia en los 70 y que en las últimas dos décadas ha tenido considerable repercusión mediática, hay un problema añadido que ha recibido atención de la comunidad científica en la última década y especialmente en los últimos 2-3 años, el de los microplásticos, pequeñas partículas con dimensiones de entre unos pocos micrómetros – que serían algo así como 80-90 veces más pequeños que el diámetro de un cabello - hasta unos 500.


Las fuentes principales de microplásticos son (¡oh sorpresa!) las pérdidas por abrasión de los coches al conducir (resulta que a lo mejor habrá que cuestionar también al coche eléctrico) y de los textiles sintéticos al lavar, aunque también contribuyen las pinturas de buques y barcos o de recubiertas de carretera, las partículas de polvo, los productos de uso personal y los pellets de plástico durante su manufactura, transporte y reciclado (más información aquí). Cuando llueve o el viento hace su trabajo estas partículas acaban en ríos que tienden a acabar en el océano. Existe el agravante de que atraen a los hidrófobos contaminantes orgánicos persistentes (POPs en inglés) con una fuerza varias órdenes de magnitud superior al del agua marina, favoreciendo otro bucle de retroalimentación negativo. Un punto fundamental en todo esto es que el impacto que tienen en los ecosistemas entendidos como algo interdependiente y ordenado no se ha estudiado prácticamente nada y por tanto estamos ante un problema ante el que los “expertos” no nos pueden tan siquiera dar un diagnóstico de la situación, por lo que urge una ciencia que incluya a la gente, una ciencia postnormal donde “los factores son inciertos, hay valores en disputa, los riesgos son altos y las decisiones urgentes

¿Cuan grande es un micrón?

Por último, el calentamiento global antropogénico está obligando a las especies a despalzarse de sus hábitats, algo que no sabemos si serán capaces de hacer, ya que si bien la temperatura es fundamental para animales que no regulan la temperatura, el hábitat al que están adaptados no depende exclusivamente de esta.

El problema es que nadie nos está hablando de las consecuencias de estos efectos combinados. Sabemos que hemos superado el umbral de lo que es sostenible a nivel global en cuanto a los ciclos de fósforo y nitrógeno, pero no el efecto combinado de ello con la acidificación, el plástico el calentamiento y la sobrepesca. El sentido común dicta que todos estos impactos combinados podrían tener un efecto demoledor sobre los ecosistemas marinos. Algunos científicos estiman que la acidificación y la anoxia marina pueden retroalimentarse, formando un coctel letal para la vida en el planeta. Para muestra esta interpretación de la extinción masiva del Pérmico, que se puede leer en el apartado VIII de este artículo:

Esto no es todo lo que la acidificación del océano puede hacer. La absorción de carbono puede iniciar un bucle de retroalimentación en el cual las aguas hipoxigenadas favorecen diferentes tipos de microbios que vuelven las aguas todavía más “anóxicas”, primero en las “zonas muertas” profundas, para luego gradualmente subir hacia la superficie. Ahí, los peces pequeños mueren, incapaces de respirar, lo que hace a las bacterias consumidoras de oxígeno prosperar, y el bucle de retroalimentación se duplica. Este proceso, en el cual las zonas muertas crecen como cánceres, ahogando la vida marina y aniquilando las pesquerías, está ya bastante avanzado en partes del Golfo de México y de Namibia, donde gas sulfídrico está saliendo del mar a lo largo de una franja de tierra de mil millas conocida como “la Costa de los Esqueletos”. El nombre originalmente se refiere a los restos de la industria ballenera, pero hoy es más apropiado que nunca. El gas sulfídrico es tan tóxico que la evolución nos ha entrenado para reconocer las más pequeñas, más seguras trazas de él, que es por lo que nuestras narices están tan exquisitamente adiestradas para registrar la flatulencia. El sulfuro de hidrógeno es también lo que finalmente hizo que el 97% de la vida en la Tierra muriera, una vez que todos los bucles de retroalimentación han sido activados y las corrientes de chorro de un océano calentado se detienen – es el gas preferido del planeta para un holocausto natural. Gradualmente, las zonas muertas oceánicas proliferan, matanto a las especies marinas que habían dominado los océanos durante cientos de millones de años, y el gas que las aguas inertes envían a la atmósfera envenena todo en la tierra. Plantas incluidas. Llevó millones de años antes de que los océanos se recuperasen.

Una explicación más detallada de esta teoría sobre la extinción del Pérmico puede leerse en este artículo del investigador de la Universidad de Pennsilvania Lee. R. Kump.

Dejando teorías a un lado, intervenir de forma drástica, de múltiples maneras (calentamiento, plástico, carbono, nitrógeno, fósforo) en un sistema complejo, como son los océanos, es toda una temeridad. Ese gas surgiendo de las costas de Namibia, en esta imagen de la NASA, nos lo recuerda.



Agradecimientos: Gracias a mi compañero Rugi Carles por su comentario sobre los microplásticos

martes, 15 de mayo de 2018

Ideas, redes, sinergias… en NESI Clima para transformar nuestras ciudades, nuestra sociedad ante los desafíos ambientales presentes

“Lo único que nos va a salvar de verdad es una revolución social hecha por las personas; la gran opción es ser colaboradores.”
 Diego Isabel La Moneda, director Foro NESI

“Creamos redes, hablamos en términos de cooperación y no de competición. Hacemos visible que dentro de la economía social hay proyectos viables que demuestran otra forma de hacer las cosas.”
Erika Martínez, Departamento de comunicación de la Cooperativa Goiner y portavoz de EQUO-Berdeak

“Seguimos midiendo con los indicadores del pasado. Las nuevas economías necesitan nuevos indicadores.”
Kristina Apiñaniz, directora general de ACLIMA- Basque Environment Cluster

“En la naturaleza no hay árboles de 10 km, los ecosistemas son diversos, el crecimiento per se no tiene sentido. [..] Tenemos que entender que lo que tiene que crecer son las ideas.
Albert Cañigueral, conector Ouishare para España y América Latina

“Necesitamos cambiar el concepto de lo público -lo que hace la administración- frente al concepto de lo colectivo, aquello en lo que debemos interactuar e implicarnos todas.”
Reyes Montiel, directora de gabinete del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento y cofundadora de EQUO

La economía circular NO es la gestión de residuos sino la búsqueda mucho más ambiciosa de mecanismos socio-económicos que regeneren los ecosistemas naturales y promuevan el bienestar, salud y felicidad de todo ser vivo.”
Nicola Cerantola, fundador de Ecologing

 “Hay que construir una cultura de lo común y aprender a organizarnos; pasar de la protesta a la propuesta.”
Iñaki Alonso, arquitecto y vicepresidente de la cooperativa Teatro del Barrio

“La política clásica de arriba hacia abajo ya no funciona, ahora hay una relación más horizontal.”
Dirk Holemans, concejal verde en Gante (Bélgica) y director del think-tank Oikos

“El cambio de modelo es posible. Como dato, las cooperativas que existen en el mundo dan el doble de empleos que el que aportan las transnacionales. […]  Las multinacionales no son el modelo de empresa de futuro para esa sociedad que necesita de caminos de transición hacia nuevas economías.”
Carlos Askunze, coordinador de REAS Euskadi-Red de Economía Alternativa y Solidaria

“Hay cuestiones que no se pueden medir con indicadores cuantitativos. Son necesarias herramientas e indicadores cualitativos: valores emocionales”
Javier Goikoetxea, socio fundador de BIKOnsulting y conector en NESI Euskadi

                 Kenneth Boulding: La locura del economista de Hackobo. Licencia Creative Commons BY-NC-ND

Durante los pasados días 8 y 9 de mayo se celebró en Vitoria el encuentro NESI Clima intentando encontrar respuestas, principalmente entre otras, a estas tres preguntas:

  • ¿Cómo pueden las nuevas economías contribuir a la mitigación y adaptación al cambio climático en las ciudades?
  • ¿Qué propuestas y buenas prácticas concretas ofrecen?
  • ¿Cómo aplicarlas en sectores clave como energía, industria, movilidad, urbanismo, construcción, turismo, consumo o las finanzas? 

En este evento público se dieron cita más de un centenar de personas para difundir e intercambiar ideas, extender redes y crear sinergias de manera colaborativa.


EMOCIONES PARA EMPEZAR A MOVERNOS


Qué mejor lugar que Vitoria para mostrar esta transformación y evolución, sobre todo en las dimensiones simbólica y de comportamiento, como bien nos mostraba entusiastamente Nerea Melgosa, concejala de empleo y desarrollo económico sostenible de Vitoria:

“Somos Capital Verde Europea, somos desde hace décadas un referente entre las ciudades que hacen del medio ambiente una pieza fundamental en la calidad de vida de la ciudadanía. Hemos llevado a cabo toda una revolución en nuestro modo de movernos, apostando por el transporte público y la bicicleta. Venimos llevando a cabo políticas de cohesión que son la base de la sostenibilidad social, donde las personas se vuelven el eje fundamental de la acción local. Estamos siendo pioneros en innovación social y también en proyectos de co-participación y co-creación. Todo ello justifica especialmente que hoy seamos escenario más adecuado para esta jornada.”

miércoles, 9 de mayo de 2018

Hegemonía y autonomía

¿Gramsci o Castoriadis?


El concepto de “populismo” que nos llega a través de los medios de comunicación, diseminado a los cuatro vientos y aceptado sin crítica por la mayoría, es otro éxito neoliberal a la hora de crear marcos cognitivos que sustenten su discurso, y por tanto, su hegemonía.

El término, se acuña por primera vez en 1984 en la pluma del politólogo Pierre-André Taguieff: lo define como una solución autoritaria basada en el carisma de un jefe y caracterizada por la llamada al pueblo contra las élites oligárquicas. Esto nos puede dar pistas sobre como ha evolucionado el término y como esta hegemonía neoliberal lo ha usado contra cualquier propuesta que pueda cuestionar al establishment.

Fue George Lakoff, lingüista y científico cognitivo quién nos advirtiera en su célebre libro No pienses en un elefante de la importancia de los marcos en la comunicación. Enmarcar es crear una estructura narrativa que activa estructuras mentales inconscientes que condicionan nuestro comportamiento y nuestras decisiones. No pensar en un elefante, era un mensaje para los demócratas, que debían dejar de aceptar los marcos propuestos por los republicanos. Un ejemplo, tomado del propio libro, ilustrará la cuestión:

Hay un fenómeno que probablemente hayas observado. En televisión los conservadores utilizan solamente dos palabras: alivio fiscal, mientras que los progresistas se enfrascan en una larga parrafada para plantear su punto de vista. Los conservadores pueden apelar a un marco establecido: por ejemplo, que los impuestos son una desgracia o una carga, lo cual les permite decir esa frase de dos palabras: alivio fiscal. Pero en el otro lado no hay ningún marco establecido. Se puede hablar de ello, pero supone un cierto esfuerzo porque no hay ningún marco establecido, ninguna idea fijada ya ahí a mano.

El término populismo apela al núcleo sagrado del marco de la modernidad: la técnica, el conocimiento, el saber, la ciencia. Todo aquello que nos han enseñado a respetar como algo sagrado. Populista es el que no sabe, no domina la técnica, y por tanto no es capaz de hacer funcionar las cosas, tomar las decisiones correctas para que la máquina ruede suavemente, sin fricciones. 

En su origen, el pensamiento ilustrado de filósofos como por ejemplo Voltaire no se caracterizó por su respeto por el pueblo. La "razón" propiciaría la emancipación del ser humano, pero del ser humano concreto capaz de elevarse sobre la vulgaridad e irracionalidad del vulgo. El pueblo debía ser pastoreado, por su bien (despotismo ilustrado).

Los Kirchner en Argentina eran populistas, querían cosas imposibles, al menos según su retórica, como hacer que una parte mayor de la tarta se repartiese entre los de abajo, o hacer que el sistema funcione sin respetar las reglas de la globalización, aligual que Donald Trump. Tras su fracaso tuvieron que llegar personas razonables al poder, con el adecuado saber técnico, para hacer funcionar las cosas. Evidentemente estoy siendo irónico. Cualquiera que se salga del consenso neoliberal es populista y está condenado al fracaso, según la narrativa neoliberal hegemónica.