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miércoles, 15 de mayo de 2019

El forzamiento de consensos científicos y la ciencia del siglo XXI (I)

Nota del autor: en esta serie de artículos hablaré del peligro de tratar de forzar ciertos consensos en temas relativos a la sostenibilidad en base a ciertos modelos y metodologías que se presentan a menudo como necesarios y hasta casi suficientes. En este primer artículo hablaré usando como motivación el reciente artículo acerca de la biodiversidad. En el segundo seguiré con una crítica espistemológica en relación al debate Pedro Pietro, Carlos de Castro y Antonio García Olivares en relación a la transición energética. Finalmente en los artículos 3,4,5 (probablemente ya después del verano por su dificultad y tiempo que conlleva) haré una crítica constructiva de las narrativas/paradigmas que han venido dominando el radicalismo socioecológico en nuestro país: colapsismo, decrecentismo y ecofeminismo. El objetivo final, en el artículo 6, será el de, y después de que publique mi tesis de máster acerca de la Ciencia de la Sostenibilidad, presentar una jerarquización de axiomas, siempre revisables, pero necesarios para la acción pragmática y que puedan ir guiando especialmente a los pioneros que emprenden proyectos concretos a distintas escalas, en la linea de lo que William Clarck, cofundador de la disciplina comenta en su reciente charla y que veremos en este primer artículo. Por tanto la idea es que estos axiomas/principios acaben justificando ciertas metodologías y prácticas que ayuden a mejorar la calidad de las narrativas científicas y ciudadanas y que acepten que la ciencia que necesitamos en este siglo XXI va a ser muy distinta de la de los siglos anteriores si queremos dar un salto evolutivo.

En la linea de lo que comentó en un artículo muy recomendable de Nafeez Ahmed la actual crisis civilizatoria tiene su origen en un problema de procesamiento y puesta en práctica de información (y de sus límites) y en una crisis de la cosmovisión civilizatoria y moderna. ¿Qué es sin embargo la esto que llamamos civilización? ¿Hay algún tipo de hilo en común entre distintas filosofías/cosmovisiones o muchas cosmovisiones incomensurables? ¿Y la modernidad? Preguntas difíciles que hay que abordar y que en mi juicio urge hacerlo desde una perspectiva pragmatista porque esta filosofía se centra en las consecuencias prácticas de nuestros actos, pensamientos, emociones e intuiciones así como las repercusiones en lo que constituye una buena vida, idea con la que este blog nace, y
 fundamentalmente pues nos jugamos el pellejo como especie (ya no como tribu) en este siglo XXI.

Tenemos una academia científica fragmentada, una sociedad civil polarizada y divididas en subtribus (al menos en occidente) y unas dinámicas que se dan a varias escalas y niveles con sus patrones respectivos e irreducibles. Creo que uno de los problemas fundamentales, y en el que particularmente me gustaría contribuir, es en que no hemos sido por el momento capaces de generar instituciones que sean capaces de ofrecer análisis y narrativas más sistémicas, a la vez que estas tengan una complejidad que refleje el comportamiento del sistema pero que a la vez proponga escenarios y princpios heurísticos y prácticos accionables en un plazo de tiempo corto. Sino corremos el riesgo de que cada uno toque solo una parte del elefante y que no veamos marcos de acción individual y colectiva, ambos necesarios en este "gran trabajo de neustro tiempo", parafraseando a John D. Liu

1. Introducción: el problema de la biodiversidad y la aproximación científico-activista

Hace pocos meses el IPCC (Panel Intergubernamental por el clima, la mayor institución de consenso científico sobre los problemas del cambio climático) nos advertía de que teníamos 12 años (2018-2030) para evitar los peores escenarios de cambio climático y el pasado 6 de mayo semana el IPBES publicó una versión preliminar del informe global del IPBES, un informe equivalente al IPCC en términos de biodiversidad, el más grande hasta la fecha, de la organización intergubernamental más importante y encargada de realizar análisis sistemáticos sobre la biodiversidad y los servicios ecosistémicos de forma regular a través de informes científicos con relevancia a nivel de decisiones políticas (ver aquí).

El informe muestra, en la línea de las recientes investigaciones climáticas, que de seguir la trayectoria actual vamos de cabeza a un colapso ecológico todavía mayor (ver apartado 2) y que peligrarían muchos de los Objetivos del Desarrollo Sostenible así como el bienestar humano y eclógico del planeta. En este artículo no vamos a criticar estos objetivos, para lo que ya hay literatura y alguna propuesta alternativa preliminar y ciertamente incompleta. ¿Cómo presentar la información científica? ¿Cómo manejar las incertidumbres? ¿Qué implicaciones tiene a nivel activista, de acción? Pasamos a dar una breve descripción del informe antes de adentrarnos en estas cuestiones.

2. El informe

Destacaría lo siguiente del informe que saco de este resumen de la ONU y del informe en sí, del cual hasta ahora existe una visión preliminar.

(1)    Este es el análisis más completo jamás realizado y compilado por más de 145 expertos de más de 50 países. Es el primer informe intergubernamental que mejora y amplia el Análisis de los Ecosistemas del Milenio de 2005
(2)    Se reconocen las incertidumbres asociadas al grado de conocimiento en relación a distintos parámetros considerados relevantes por la narrativa del Desarrollo Sostenible respeto a la biodiversidad (ver figura 1).
(3)    Se reconoce que pese a todas las incertidumbres (ver figura 1) podemos afirmar que más de 1.000.000 de especies están en peligro de extinción y que una importante parte de las especies están amenazadas (ver figura 2) con un 75% de los ecosistemas terrestres y un 66% de los marinos significativamente alterados x
(4)    Las causas principales son 5: cambios en el uso de la tierra (75%) y del mar (66%), explotación directa de organismos (en 2015 33% de los stocks marinos se explotan de forma insostenible), cambio climático, contaminación (se ha multiplicado x10 desde 1980) y especies invasoras (+70% desde 1970).
(5)    La pérdida de la biodiversidad socava un 80% del progreso hacia los objetivos del desarrollo sostenible y es un problema no solo ambiental sino de desarrollo, económico, de seguridad, social y moral
(6)    Se reconoce a la población indígena local y su sabiduría ancestral a la hora de conservar la naturaleza. En estas areas la biodiversidad declina en menor proporción y se deben tener en cuenta su conocimiento, inovcaciones y prácticas, valores e instituciones.
(7)    Se puede revertir la situación con una transformación que será resistida pero posible:

a. Agricultura: se requiere un manejo más integrado, mayor participacion pública y promover buenas prácticas, incluyendo prácticas agroecológicas. Se destaca la transparencia, localización y reducción del despilfarro alimenticio.
b.  Sistemas marinos: soluciones basadas en los ecosistemas, cuotas, planificación espacial, reducción de vertidos…
c.  Sistemas de agua dulce: planificación integrada, políticias del agua más inclusivas, promoción de proyectos con criterios de sostenibilidad fuertes.
d.   Areas urbanas: promoción de soluciones basadas en la naturaleza, mayor acceso a areas verdes, produccion y consumo más sostenibles y conectividad ecológica con especies nativa
e.    Valores: se destaca la improtancia de la diversidad de cosmovisiones
f.     Los jóvenes paracen estar liderando el cambio

Se proponen además 5 puntos de gobernanza específicos a nivel más general, llamados intervenciones para una gobernanza multinivel y 8 prácticas concretas de acción:

Intervenciones para una gobernanza multinivel:

(1) incentivos y gestión de la capacidad:
(2) cooperación intersectorial:
(3) acción anticipativa,
(4) políticas de decision bajo resiliencia e incertidumbre
(5)leyes ambientales (regulaciones) e implementaciones

Puntos de actuación

(1) aceptar diversas cosmovisiones de lo que constituye una buena vida
(2) reducir el consumo total y el despilfarro
(3) "desatar" valores y acción
(4) reducir desigualdades
(5) inclusividad en la conservación (mujeres e indígenas principalmente)
(6) internalizar las externalidades y el telecoupling (término inglés para referirse a las relaciones de distancia en sistemas socioecológicos, por ejemplo el rol del comercio internacional en el impacto en biodiversidad)
(7) Asegurar la tecnología, innovación e inversión
(8) promover la generación y el compartir de la información así como la educación

Destaco el émfasis que se pone en el cambio de actitudes y valores, de la necesidad de unos paisajes y ecosistems sanos para el bienestar y de la reducció total del consumo y el despilfarro. Creo que es evidente que se abren ventanas de opotunidad cada vez más amplia para cambios culturales y sociales estructurales, dado el tono del informe. Ante todo esto quedan claras que hay incertidumbres importantes tanto a nivel técnico (como se ve en la figura 2) como a nivel de valores (incertidumbres tanto epistemológicas como metodológicas) cuando el informe plantea que es necesaria una transformación social importante que inevitablemente se topara con los valores del status quo, que hay que trascender. ¿Cómo podemos pues lidiar con estas limitaciones? Paso ahora al plano general de la Ciencia de la Sostenibilidad para discutir este tema.


Figura 1. Cambios necesarios para revetir la actual trayectoria insostenible



Figura 2. En esta figura se ven claramente como existen incertidumbres asociadas a la propia pérdida de biodiversidad y en las acciones que deben llevarse a cabo (como se ve en los puntos 1.1 y 1.2 al reconocer que no hay certidumbre, por medio del color amarillo) y en otros casos existe ignorancia absoluta (especificado la casilla unknown de por ejemplo la aplicación de la ciencia de la biodiversidad hasta la fecha o de la restauración de ecosistemas).

Figura 3. Las principales causas de la actual trayectoria de insostenibilidad global en relación a la pérdida de la biodiversidad



Figura 4. Riesgo de extinción global por especio de rojo (situación más crítica) a verde oscuro (situación de menor preocupación), incluyendo un tono gris donde los datos no son conclusivos (incertidumbre metodológica).


3Axiomas-principios para una Ciencia de la Sostenibilidad postnormal: más allá de la credibilidad técnica

La Ciencia de la Sostenibilidad parte de un supuesto normativo (político) y pragmático (orientado a la acción) de sostenibilidad (Kates et al., 2001) y de ahí que se haya planteado que los valores y su asociado proyecto sociopolítico son los que determinen el quehacer científico (esto es, debe proponer soluciones concretas a problemas de sostenibilidad y no únicamente centrarse en investigación básica) y no al revés, donde la ciencia legitima la política. Fue a través del reconocimiento político ya desde el año 1972 con la primera conferencia sobre temas ecológicos en Estocolmo y especialmente a partir de la publicación del informe Brundtland en 1987 que se acabó formalizando (tarde y con prisas) una disciplina científica formal centrada en la sostenibilidad que busca:

“Satisfacer las necesidades humanas fundamentales al tiempo que se preservan los sistemas de soporte vital del planeta tierra es la esencia del desarrollo sostenible, una idea que surgió a principios de los años 80 desde perspectivas científicas sobre la relación entre la naturaleza y la sociedad. Sin embargo, a fines de los años finales y principios de los noventa, gran parte de la comunidad de ciencia y tecnología se separó cada vez más de los procesos preponderantemente sociales y políticos que estaban configurando la agenda del Desarrollo Sostenible".

Encontramos resonancias de esto en el informe sobre la biodiversidad cuando se enfatizan los valores y no meramente un conocimiento técnico, especialmente cuando se habla de diferentes cosmovisiones, de inclusividad y de desigualdad. Hay componentes morales, politicos y metafísicos presentados de forma más o menos explícita y eso debería hacernos reflexionar acerca del rol de la ciencia en este siglo XXI.

Mi trabajo actual consiste en tratar de axiomatizar la disciplina en base a lo publicado hasta ahora y luego criticarlo y proponer soluciones pragmáticas (es un trabajo extremadamente ambicioso y complejo que parte de una hipótesis de que hay demasiadas incoherencias y problemas epistemológicos y metodológicos y de que se está privilegiando un programa de investigación específicos, en términos Lakatonianos), con un trabajo entre camino entre la historigrafía, la filosofía de la ciencia, una revisión sistemática de literatura y un trabajo de entrevistar a expertos, para mostrar algunos de los puntos flacos y fuertes de esta, puesto que hipotetizo que pese a partir de supuestos ciertamente radicales (en el artículo fundacional se referencia a la ciencia postnormal, de la que luego hablaré en este artículo) hay ciertas líneas de investigación y pensamiento sesgadas que se han privilegiado. Sea como fuere la disciplina de la Ciencia de la Sostenibilidad se define de la siguiente manera (cojo la definición más reciente y actualizada de uno de sus cofundadores, William Clark):

“La disciplina actual es un campo emergente de lo que llamo investigación básica e innovación inspiradas por su uso como fueron la ciencia agraria o de la salud tal y como emergieron donde muchos científicos hacían economía agraria, genética de las plantas, ciencia del suelo […] y que finalmente se coordinan, cada uno desde su disciplina en un espacio propio, para proveer consejos prácticos basados en criterios científicos por ejemplo a agricultores. Así pues, se pueden empezar a compartir insighsts. Así pues, ese uso se define por los problemas que aborda más allá de sus fundamentos disciplinarios que para nosotros y por definición es el desarrollo sostenible”.

Aquí pues se pone de manifiesto el componente pragmático de la disciplina con el que he comenzado el apartado. Se presenta el proyecto sociopolítico de forma explícita, a diferencia de como se ha conceptualizado la ciencia moderna en la que los descubrimientos e invenciones “objetivos” supuestamente libres de sesgos políticos son los que deben ir guiando un progreso imparable y lineal hacia el fin de la historia. En este contexto se reconoce que:

“Se lleva a cabo en un contexto integrativo de investigación básica de los sistemas humano-naturaleza desde las ciencias naturales, sociales, médicas e ingenieriles, las humanidades y que se basa en un conjunto de teorías y metodologías, modelos diversas que sean útiles para la definición de los problemas y no como acto de necesidad”

Aquí se pone de manifiesto un pluralismo científico o multi e interdisciplinariedad siempre sujeto a un principio pragmático y funcional al desarrollo sostenible que se desarrolla aún más cuando se afirma que la disciplina:

“Está comprometida a conectar el conocimiento con la acción a través del diseño, implementación, adaptación de tecnologías, prácticas y políticas en un ambiente de coproducción en el que no somos nosotros los expertos los que te decimos lo que tienes que hacer sino que trabajamos con pioneros practicantes que tienen su propia experiencia y experiencia y conocimiento experto y traemos un conocimiento desde el lujo de la academia desvinculada de manera que en un buen día ambos podemos ser dueños de esta coproducción”.

Queda claro el reconocimiento de la importancia de generar sinergias con activistas y pioneros del cambio tecnológico, institucional, psicocultural y no estar desvinculados de dichos procesos “sobre el terreno”. De hecho, una de mis asignaturas durante el máster de Ciencia de la Sostenibilidad en Lund fue el de llevar a la práctica en un proyecto concreto lo que íbamos aprendiendo a medida que avanzaba el curso siempre en permanente tensión entre las teorías y métodos aprendidos y el propio proyecto (tensión ying-yang activismo ciencia). En este contexto y como dice Clark el objetivo de los científicos debe ser que

El rol de la Ciencia de la Sostenibilidad  debe ser el de un agitador informativo para la transformación del BAU que se necesitará para el desarrollo sostenible y así informar a los agitadores y transmitirles tanto como se pueda que no pierdan su tiempo y esfuerzo valioso en cosas que no hacen ninguna diferencia, como muchos hicimos cuando defendíamos el establecimiento de porcentajes para los biocombustibles cuando más de uno deberíamos haber sido capaces de hacer un estudio en tres tardes. Necesitamos informar a los agitadores en primera línea que cuestionan al BAU, el cual no es equitativo en la producción de bienestar es consistente con las trayectorias (sostenibles) de la actividad humana en el planeta”.

Finalmente se plantea como el discurso del desarrollo sostenible es una contraposición al BAU, algo que yo pongo en duda, sabiendo que en la redacción de los objetivos participaron actores con mucho poder e intereses privados y se plantea el arriesgado rol como Científico de la Sostenibilidad:

 “El desarrollo sostenible no es meramente técnico, sino que es fundamentalmente político y distributivo y por eso si eres un Científico de la Sostenibilidad hoy, casi seguro que vas a ser golpeado por intereses que no quieren el tipo de conocimiento que aportamos y eso significa llevar a cabo la investigación de forma radicalmente diferente a otras ciencias donde tienes que estar preparado para ir a la guerra y mostrarte políticamente espabilado”.

En todo este contexto, además, se deben aceptar la pluralidad de perspectivas en relación al bienestar:

“Tu definición de lo que es una buena vida es diferente de la mía y la que tenían tus abuelos o van a tener tus nietos va a ser ciertamente diferente y donde el pluralismo está a la orden del día”.

Esta definición choca con los intentos de tratar de axiomatizar una serie de necesidades de lo que constituye una buena vida y se aproxima bastante a la perspectiva postmoderna de las sociedades liberales con su idea de diversidad cosmopolita y relativismo. Este es uno de los puntos seguramente controvertidos. Aceptando un cierto nivel de pluralidad, con el que muchos estamos de acuerdo, ¿Dónde ponemos el límite? Clark dice que en el momento que tu desarrollo no permite el desarrollo de otros y no se compatible con una trayectoria sostenible que no socave la vida del planeta, tu definición de buena vida ya no es aceptable políticamente. Aquí entramos en un tema delicado porque no es posible definir inequívocamente cuanto “desarrollo” puede sostener el planeta o que desarrollo es compatible con los valores más o menos antropocéntricos/biocéntricos de un individuo o colectivo concreto, ni por tanto que estilos de vida serán posibles a medio y largo plazo y porque actualmente unos pocos son la miseria de muchos otros.

Así pues y a modo de resumen, la Ciencia de la Sostenibilidad aspira a una tensión que es tanto aplicado y definida por sus problemas como por la búsqueda de una comprensión fundamental de las relaciones naturaleza-ser humano. William Clark usa la metáfora de Louis Pasteur a este enfoque y lo ilustra con la siguiente tabla y cita:


“El señor Pasteur vivió en este cuadrante cuando en su autobiografía dijo que estoy donde estoy hoy pasando las mañanas en el laboratorio, inventando la teoría de microbiana de la enfermedad y mis tardes hablando con veterinarios, pastores y lecheras para tratar de entender que causaba ciertos patrones de mortandad y enfermada y es está habilidad de ir de un lado al otro el que le llevó a desarrollar los avances que desarrolló”.



Figura 5. William Clark y la ciencia pragmático-básica de la Sostenibilidad.

De toda esta exposición y del artículo fundacional de 2001, en el que William Clark participa, se propusieron (en 2003) tres principios importantes para el control de calidad de la ciencia: prominencia (del inglés saliency), legitimidad y credibilidad.

Históricamente los científicos, managers y académicos de la ciencia, la tecnología y la toma de decisiones se han centrado en la credibilidad – como crear información autoritativamente, en la que se pueda confiar y creer (D. Cash et al., 2003, pp. 2) y que apele por tanto a certezas objetivas asumidas como verdades universales.

Dicha concepción parece ya inconcebible visto el registro de incertidumbres y de problemas que la misma ciencia ha ocasionado (como la producción de gases usadas en el holocausto, los coches que fueron concebidos entre otras cosas para solventar el problema de la contaminación por excrementos de caballos en las ciudades, las bombas nucleares o los aerosoles que contribuyeron al agujero de la capa de ozono). Es decir, la propia ciencia, con sus invenciones tecnológicas pasa a generar incertidumbre y daños potencialmente catastróficos y se mueve en un ámbito en el que hay un grado importante de ignorancia e incertidumbre no cuantificable y en el que entran en juego conflictos de valoración y dilemas morales que a menudo tiene que ver con concepciones del riesgo que se quiere asumir y de la propia cosmovisión de una sociedad. Este caso tiene especial relevancia en cuestiones globales como el de las políticas de conservación o el cambio climático. Como dicen Jerome Ravetz y Silvio Funtowicz:

“El estudio de la ética de pronto ha recibido un nuevo estímulo. La conexión íntima entre las incertidumbres cognoscitivas y éticas se ve bien ilustrada por el problema de la extinción de especies, ya sea en particular o a una escala global. Es imposible producir una racionalidad simple para atribuirla a los derechos de la gente que se beneficiaría con algún tipo de desarrollo y de una especie animal o vegetal que podría ser dañada (Funtowicz & Ravetz, 2000, pp. 52)

Lo mismo ocurre en el caso de las políticas de mitigación para la posible subida del nivel del mar o de la mayor frecuencia de eventos climáticos extremos. ¿Se deben tener en cuenta los peores escenarios a la hora de evaluar políticas? ¿Está la sociedad dispuesta asumir más o menos riesgos y cambios drásticos de comportamiento? ¿Está legitimada la sociedad para decidir cuando los mayores impactos recaen en seres humanos que no pueden votar? ¿Quién decide que es más valioso preservar o qué no y en base a qué criterio?

En este contexto hay que señalar varias cosas:

- El criterio de credibilidad científica basado en la creación de certezas universales y deterministas se ve debilitado y podríamos decir que todos los problemas graves de sostenibilidad tienen altos componentes de incertidumbre y dilemas morales de valoración ineludibles. 

- Entre los problemas de incertidumbre uno de los más importante es que la ciencia pasa a ser una generadora de riesgos potencialmente catastróficos (residuos nucleares, objetivos modificados genéticamente, geoingeniería a gran escala, instalación masiva de renovables sin criterios claros de reciclaje) por lo que se requiere una operacionalización del principio de precaución pero que al mismo tiempo entra en conflicto con el principio de acción pragmática, puesto que se está en una situación de lock-in sistémico que requiere cambios urgentes y rápidos. Se llega pues a situaciones donde impera la paradoja y la propia incoherencia.

- Un criterio de demarcación duro apelando a un criterio universal de verificación o falsificación, como pretendía el proyecto del Positivismo Lógico del círculo de Viena o del mismo Karl Popper respectivamente, no es defendible dado que, y como dijo Latour en 1988, el laboratorio ya no invade a la naturaleza, sino que esta se reapropia del laboratorio.

- No es defendible una ciencia que no tenga criterios normativos preanalíticos basados en jerarquías de valores, como muestra la cita anterior porque existen dilemas (¿satisfacemos más las necesidades humanas o dejamos más espacio a la biosfera?)

- Estos conflictos de valores y pérdida de credibilidad (o manifestación más explícita) llevan a que cobre mayor valor la significación subjetiva, una representatividad no equivalente de múltiples perspectivas (donde la ciencia no es la única fuente de conocimiento), el marco semiótico-simbólico dirigido no a una racionalidad basada en criterios lógico-empíricos sino más bien en criterios evolutivos de útil/no útil (pragmatismo). En este contexto no se puedan aparcar debates éticos, estéticos o de tipos de conocimiento alternativos. Es evidente el peligro aquí de caer en un postmodernismo que ponga al mismo nivel a distintos tipos de conocimiento por lo que se requieren criterios de calidad para el conocimiento científico que vayan más allá de los tradicionales de revisión de pares, método hipotético-deductivo… y otros tipos de conocimiento, así como sus implicaciones (mas sobre esto en otro artículo).

- La Ciencia que lidia con dichos problemas se convierte en un instrumento de acción y por lo tanto debe asumir una posición filosófica pragmática. En Ciencia de la Sostenibilidad se habla cada vez más de científicos-activistas y no de agentes imparciales y se define axiomáticamente como orientada a la resolución de problemas y a la acción”.

- No es posible hablar de hechos duros y se pasa a un terreno de hechos blandos, donde entonces se justifica la participación de “comunidades de pares extendidas” y aparecen términos como el de “ciencia ciudadana”, como muestra el caso de la epidemiología popular que ha ayudado en algunos casos, mediante participación ciudadana, a identificar problemas de salud que la ciencia en este caso por limitaciones en su conocimiento, no es capaz de identificar. UN ejemplo es el de “Mal de Lyme” donde ciudadanos en un ámbito local identificaron un patrón a partir de un conjunto vago de síntomas que luego se acabó clasificando como una enfermedad previamente desconocida.

- En algunos casos se empieza a asumir que la propia cosmovisión científica ha impedido o ha negado ciertas líneas de investigación por ser incompatibles con sus axiomas y programas embedidas en un proyecto social mayor. Pienso aquí en las aportaciones postmodernas de algunas filósofas de la ciencia feministas al considerar esta como política como Geneviere Lloyd cuando defiende que la ciencia ilustrada se puede entender desde la perspectiva de Francis Bacon como un matrimonio con la naturaleza, donde esta toma forma de mujer y que por tanto debe ser respetada pero también controlada o en la demostración de Sarah Blaffer Hardy de como el sesgo masculino en la subdisciplina de la primatología mostraba a las hembras como pasivas y sin estrategias evolutivas para seleccionar al mejor macho (Godfrey-Smith, 2003, pp. 140). Pienso también en las recientes investigaciones de Stefano Mancuso y su equipo en el que se demuestra la gran complejidad comunicativa e inteligencia en el mundo de las plantas (versus el conocimiento típicamente reduccionista y fragmentario de la biología y la taxonomía) o en las potenciales aplicaciones (también en relación a los cambios de actitudes antiecológicos) de los enteógenos como sabiduría ancestral que siguen siendo hoy en día perseguidos o mal regulados y que ha acabado en una injustificable guerra contra las drogas que paradójicamente ha generado más drogadictos. Pienso finalmente en el privilegio de ciertas líneas de investigación en agricultura que apuestan por los Organismos modificados genéticamente y la agricultura de alta precisión (u optimizadora) vs. técnicas que combinen conocimientos agroecológicos con otros de sabiduría indígena y popular.

Para concluir por tanto y cerrando el círculo queda debilitada una cosmovisión realista de la ciencia cuyo objetivo fundamental es el de “describir la estructura real del mundo en el que vivimos” de manera independiente a nuestros pensamientos o acciones. Un realista como Peter Gofrey-Smith por ejemplo ha modificado esta máxima de la postura epistemológica realista a lo que él llama “Realismo del sentido común naturalizado” en el que afirma que:

Todos habitamos una realidad común, con una estructura independiente de lo que la gente piensa y dice, excepto en el caso en que la realidad también está compuesta por pensamientos, teorías y otros simboles y excepto en el caso en que la realidad es dependiente de pensamientos, teorías y otros símbolos en maneras en que la ciencia puede descubrir”.

El debate pues acaba en un terreno de optimistas versus pesimistas científicos pero creo que incluso una elaboración pesimista del realismo como la que presento arriba, de un realista escéptico como Peter-Godfrey Smith no es justificable por lo menos en el terreno de la Ciencia de la Sostenibilidad donde hay que ir más allá de la descripción y la explicación de fenómenos al terreno de la acción bajo incertidumbre y donde se demuestra como las intervenciones del observador (la propia ciencia) afectan en gran medida a lo observado y que la racionalidad pasa por un criterio evolutivo de supervivencia pragmático y cargado de dilemas técnicos, éticos y estéticos, criterios de inconmensurabilidad de valores vaya. Parafraseando a John D. Liu “quizás debemos dejar de querer acumular más y mas información y pasar a la acción para regenerar el daño ecológico que hemos hecho” y del cual la ciencia, con infamias como la de la revolución verde o la propia teoría económica neoclásica tecnocrática, ha participado de forma fundamentalmente hegemónica en la actual crisis sistémica.

Volviendo pues a los tres criterios que he planteado al inicio del apartado y asumiendo que la ciencia es generadora de incertidumbres con escenarios potencialmente catastróficos para muchos agentes y con urgencia en la toma de decisiones se requiere también que haya la prominencia, definida como la relevancia informativa para quienes toman decisiones y a quienes les afectan, que pueden ser políticos, activistas o emprendedores (entre otros) y la legitimidad, que apela a la justicia el proceso de producción de información y si considera los valores, perspectivas y preocupaciones de los distintos actores (D. Cash et al., 2003, pp. 3)
La cosa pues se complica y se dan situaciones como la que comentan Cash y que se han dado en el contexto de meta-estudios científicos sobre la bidoversidad y el cambio climático, como el presentado en este artículo  :

"Prestar demasiada poca atención a la importancia se ejemplifica en el caso de la Evaluación de la biodiversidad mundial, en la que la audiencia principal (partes del Convenio sobre la diversidad biológica) tenía poco interés en los tipos de preguntas que los evaluadores hacían. La información relevante para su toma de decisiones no se produjo y la evaluación fue ignorada en gran medida por la audiencia prevista. Del mismo modo, en las primeras etapas del IPCC se observa un enfoque muy pequeño sobre la legitimidad, en el que los países en desarrollo participantes comenzaron a cuestionar la falta de científicos y perspectivas del tercer mundo en el proceso de evaluación."

En este sentido el foco de atención pasa a la organización e institucionalización para deliberar y llegar a consensos prácticos en un proceso creíble prominente y legítimo de los distintos tipos de incertezas (término general que acuño para referirme a los distintas tipos de incertidumbre: el riesgo que es cuantificable, la incertidumbre que no es cuantificable, el indeterminismo que presentan varias alternativas, la ignorancia en la que no sabemos ni tan solo lo que sabemos o no sabemos o la ambigüedad que está asociada a los valores, moralidad, estética no equivalente). Se plantea pues lo siguiente:

"¿Cuáles son los tipos de estructuras y estrategias organizativas que ayudan efectivamente a administrar los límites para vincular la ciencia y tecnología destacadas, creíbles y legítimas a la toma de decisiones para el desarrollo sostenible?"

Todavía es pronto para saber si el siguiente informe, que se ha publicado de forma preliminar, es creíble, prominente y legítimo o si tiene algunos defectos importantes como los que se dieron en proyectos de este calibre en el pasado, como apuntan Cash y otros en la cita de arriba sobre el IPCC y el Análisis de Biodiversidad Global, pero la narrativa usada y el procedimiento creo que si dan motivos para ser más optimistas. Las incertidumbres, como en el caso del IPCC, se presentan de forma relativamente transparente, aunque estaría bien utilizar alguna metodología específica como la que proporciona la ciencia postnormal con su aproximación NUSAP. Además, el enfoque plantea soluciones dado que la plataforma parte ya de un supuesto pragmático (mayor que el del IPCC), si bien generales (como no podía ser de otra manera en un informe así), parecen ser coherentes con la idea pragmática de inspiración basada en su uso que plantea la Ciencia de la Sostenibilidad y la Ciencia Postnormal donde, no me canso de repetirlo, donde los factores inciertos, hay valores en disputa, los riesgos son altos y las decisiones urgentes.

4. La Deflactación o hinchazón de incertidumbres para forzar consensos

Una vez presentados algunos ejemplos de incertidumbre en el apartado anterior y haber mostrado muy brevemente sus tipos, me atreve a presentar tres maneras de gestionar la incertidumbre y para eso quisiera que el lector se imaginara un globo, que uso como metáfora:

1) Deflactación: negándola para poder forzar tu punto de vista a un consenso que movilice hacia una acción determinista y concreta, de axiomas bastante cerrados. El globo se queda sin aire y el espacio de acción queda muy reducido.

2) Hinchazón: Amplificándola para generar dudas que desmovilicen. El globo se hincha para generar divisiones y negar significaciones y propósitos a una escala para que el status quo no sea cuestionado.

3) Homeostasis: reconocimiento de los distintos tipos de incertidumbres e ignorancia asociado a los procesos de análisis científicos y de definición pre-analítica de valores y propósitos en una sociedad muy compleja y de valores inciertos y en conflicto como la nuestra.

El primer tipo de estrategia es a menudo usado por científicos del paradigma reduccionista ilustrado-moderno, como es el caso del cambio climático cuando se invoca un clima de urgencia para luego trasladar modelos inciertos a análisis coste-beneficio que justifiquen ciertas intervenciones “urgentes” y que suelen ir acompañadas de soluciones deterministas y tecnocráticas compatibles con el actual status quo económico, político y científico (implementación de un mix inequívoco de renovables a gran escala, geoingeniería a gran escala, agricultura de precisión y OMG…). Este tipo de análisis ha llevado, como ya expliqué en otro artículo, a que 111 de los 114 modelos predictivos del IPCC fallaran y que después al trasladarse a análisis costo-beneficio economicistas estas incertidumbres se multiplicaran todavía más al tratar de cuantificar daños en términos monetarios (ver aquí).

Zora Kovacic explica esta visión reduccionista de la ciencia predictiva moderna magníficamente en un artículo de su blog sobre la teoría de la complejidad y la gobernanza de la ciencia. El reduccionismo científico (1) supone la presunción de un conocimiento completo reducido a un mecanismo observado en un mundo externo objetivo e independiente de la existencia humana done (2) los análisis se hacen a partir de sus componentes y (3) basado en la noción de predicción y control que habla “truth to power” (la verdad al poder) como dicen en inglés, acerca de la realidad.
En el tema de la biodiversidad que ocupa este articulo quisiera destacar y terminar con las declaraciones de una de sus autoras principales del informe. Patricia Miroslavich. El reportero, de France 24 horas en inglés, Delano D’Souza le pregunta que es lo fundamental para poder llevar a cabo este cambio transformador a lo que lo que Patricia contesta que debemos llevar a cabo las tres I’s: Integración, Innovación e Información

“El cambio transformador ya ha empezado en muchos lugares y básicamente consiste en transformaciones profundas en la manera en que pensamos y hacemos como sociedad. No es únicamente económica y políticamente sino de cada aspecto de nuestra sociedad y para ello quisiera hablar de tres I’es.”

Estas tres I’s son: integración, innovación e información:

- Información “Sabemos lo que sabemos porque hay gente que ha estado monitorizando la biodiversidad tierra y lo océanos. La única manera de obtener información es a través del monitoreo para entender y poder informar a los managers y políticos para tomar decisiones informadas”
- Integrar: “a todos los actores relevantes (stakeholders en inglés): ciudadanos, gobiernos, científicos, managers, la industria…
- Innovación: “tenemos mucho que aprender de tecnologías pasadas, pero también de las nuevas tecnologías que sean más sostenibles.”

Fijémonos en como a pesar de empezar el discurso con el reconocimiento de existe la necesidad de cambiar de manera de pensar y hacer, se acaban cayendo en tópicos reduccionistas que analizaré con más detalle en el apartado 3. El discurso de Patricia se resume de la siguiente maneta:

INFORMACIÓN à CONSENSO à INNOVACIÓN

O de forma más ampliada:
identificar el problema à análisis técnico à llegar a consensos inequívocos donde todos los grupos de interés relevantes sean tomados en cuenta y haya una integración a nivel de políticas à las soluciones pasan por la tecnología innovadora

¿Y las líneas rojas? ¿Y si no queremos ser integrados a cualquier precio y hay escenarios opuestos a nivel de valores y de implementación tecnológica como en el caso de la agricultura o de la regeneración de ecosistemas? ¿Reducimos la acción práctica a la tecnología o ampliamos el debate a regulaciones, mandatos tecnológicos, innovaciones sociales y culturales, cambios psicológicos e institucionales? ¿Nos falta siempre información o debemos aprender a actuar bajo incertidumbres e información incompleta de forma urgente?

Entiendo que el informe es mucho más cauto que la autora, pero es de destacar que cuando se quieren lanzar mensajes cortos y directos se tienda siempre a acudir a este tipo de ecuación, que como explicaré en la segunda parte de este artículo, pudimos ver en el debate Carlos de Castro/Pedro Pietro vs. Antonio García Olivares.

5. Conclusión: la edad de la rebelión, la regeneración y de la remetabolización (y del decrecimiento y del colapso de prácticas, instituciones y sectores nocivos).

Como ya introduje en un pasado artículo se requieren dos marcos de acción transformadora del actual sistema insostenible global, (1) uno que trate de salir de los lock-ins sistémicos (transición energética y en todos los sectores en que esta es necesaria con un análisis integrado, por ejemplo) a través de un proceso coordinado de remetabolización con varios principios generales que por necesidad va a ser incierto y que abrirá distintos escenarios y por otro lado uno de (2) regeneración ecosistémica y de la biosfera de forma más general que nos pueda acercar a una organización más de acorde con la ecología (como propone el bioregionalismo), mas sensible a identidades y prácticas locales (a distintas escalas) y que además acepte la sabiduría y cosmovisión de ciertas tradiciones populares e indígenas. Meta-informes como este parece ir en esa dirección y la “gran tarea de nuestro tiempo”, parafraseando a John D. Liu debe ser la de ser capaces de generar nuevos valores y prácticas que satisfagan nuestras necesidades y a la vez que tengan una función ecológica clara (a diferencia del actual sistema), como si de unas terminas que se coordinan para trabajar para el termitero, sin descuidar su propia reproducción y necesidades particulares.

Creo que a final se han llegado a situaciones rocambolescas en sectores que buscan forzar consensos y modelos, como la siguiente, afirmación de Santiago Muiño (que para ser justos hay que decir que ha sido uno de los pocos que ha hecho autocrítica dentro del colapsismo) que creo que se ve muy reflejada en los análisis reduccionistas que dejaré para un próximo artículo de autores como Carlos de Castro, que tienden a deflactar incertidumbres en base a análisis poco creíbles (usando indicadores de la TRE como intento, a mi ver, de falsificación general de una transición renovables que no lleve al colapso o a una situación de descenso dramático imposible de operacionalizar a escalas espaciotemporales relevantes):

"El siglo XXI será un siglo marcado por una dinámica ecosocial desgarradora: un descenso obligatorio de nuestra capacidad de producir y consumir"

A la vez que se reconoce que:

"todavía nos movemos en un marco teórico deficiente a la hora de abordar la enorme complejidad de las interacciones sociedad-ecosistemas"



Pero la sociedad avanza y no podemos esperar a tener marcos teóricos mejores (que los tendremos) sino que hay que actuar de alguna manera. ¿Cómo hacerlo? Esta es la gran dificultad. El informe sobre la biodiversidad creo que empieza a reconocer (aunque implícitamente) la importancia de reconocer como la ciencia está embedida en un proyecto político y moral mayor, la importancia de la creatividad e imaginación (giro postmoderno estético) y no al revés donde la ciencia, con una perspectiva realista, va "mostrando" la realidad y generando moralidad y técnica universales. Todo esto lleva a contradicciones irreconciliables en la ciencia moderna, como han apuntado autores como Kuhn y los post-kuhnianos de la ciencia postnormal, Feyerbard con su defensa de la imaginación caótica en el proceso científico o a los mismos pragmáticos (que siguen siendo desafortunadamente olvidados aunque cuyas raíces son visibles con los supuestos de "inspiración en el uso" de la Ciencia de la Sostenibilidad o del punto del informe de biodiversidad que habla de valores y acción).

Es en el reconocimiento de este tipo de contradicciones y de una epistemología y cosmovisión que aspire a trascender lo más negativo del actual sistema  pero que no acabe siendo funcional a él (ni se defina en términos esencialmente antisistema como hacen ámbitos como la revista 15-15-15 o como hace fundamentalmente el decrecimiento, perdiendo demasiado tiempo en quedarse en luchas futiles a mi ver), es en los discursos y mediadas pragmáticas que se rebelan, que regeneran y que plantean escenarios de remetabolización incremental (y radical en situaciones de crisis profundas), donde algunos creemos que encontraremos un escenario transformador más deseable para todos y todas y no en el planteamiento de narrativas que, a través de la urgencia, intentan imponer unas prácticas políticas y unos valores de los que muchos vemos con recelo.

Referencias

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Eldredge, N., & Gould, S. J. (1972). Punctuated Equilibria: an Alternative to Phyletic Gradualism. In Models In Paleobiology. https://doi.org/10.1037/h0022328
Funtowicz, S. O., & Ravetz, J. R. (2000). La ciencia postnormal. Ciencia con la gente.
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Giampietro, M., Ravetz, J., Funtowicz, S., Pereira, Â. G., Fjelland, R., Waltner-Toews, D., … Funtowicz, S. (2015). Science , Philosophy and Sustainability: The End of the Cartesian Dream. (Â. G. Pereira & S. Funtowicz, Eds.).
Godfrey-Smith, P. (2003). Theory and Reality: An Introduction to the Philosophy of Science. Book.
Kates, R. W., Clark, W. C., Corell, R., Hall, J. M., Jaeger, C. C., Lowe, I., … Svedin, U. (2001). Sustainability Science, 641–643.
Kovacic, Z. (2019). Governance in Pluralism. Retrieved May 13, 2019, from https://zorakovacic.net/governance-in-pluralism/
Ravetz, J. R. (2011). Postnormal Science and the maturing of the structural contradictions of modern European science. Futures. https://doi.org/10.1016/j.futures.2010.10.002

Saltelli, A., & Funtowicz, S. (2017). What is science ’ s crisis really about ? Futures, 91(May), 5–11. https://doi.org/10.1016/j.futures.2017.05.010

lunes, 6 de mayo de 2019

Principios para el diseño de acciones para cambiar el mundo: el paradigma sociocultural


En un reciente artículo describí la extrañeza que me produjo la visita de la exposición “Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos” y que se pudo ver hasta febrero de este año en Madrid, y que en breve podrá visitarse en Nueva York. La extrañeza proviene de estar contemplando con mis propios ojos la puesta en práctica de una forma de pensar que llevábamos tiempo analizando en el podcast Ampliando el Debate, con la ayuda pensadores/divulgadores como David de H-E-F, Rugi Carles o un servidor y generalmente tomando como referencia una serie de autores que incluyen a Lewis Munford, Thomas Kuhn, Theodor Adorno, Max Horkheimer, Jean-François Lyotard, Michel Foucault y un largo etcétera. De forma poco rigurosa vamos a etiquetar a esta serie de autores como postmodernos. Me interesa bien poco que en la actualidad la academia filosófica les atribuya o no esta etiqueta, más adelante entenderéis las razones. La extrañeza sobre todo proviene de que esta forma de pensar que pude ver plasmada en la exposición, estas ideas o narrativas, siguen siendo comunes hoy en día, pese a la narrativa contraria ampliamente aceptada de rechazo al holocausto judío. En consecuencia, desde mi punto de vista, estaba contemplando una especie de extraño juego de engaño/alienación social donde se niega de forma explícita lo que se afirma de forma implícita.

Deconstruyendo Auschwitz: las raíces de nuestro afán destructivo, recibió entusiastas alabanzas y críticas furibundas, algo que es normal, porque se trataba de un tentativa apresurada y provocativa de generar una “tormenta de ideas” en torno al paradigma sociocultural moderno, es decir, el paradigma sociocultural en el que vivimos actualmente, y que desplazó al anterior paradigma medieval allá por el siglo XV-XVI, y que, de forma también poca rigurosa, identificamos alcanza una formulación explícita acabada en los voceros de la Ilustración, esa que siguen defendiendo todavía hoy, de forma también poco rigurosa, los voceros del neoliberalismo.

Al hablar de paradigma sociocultural estamos tomando prestado, en un contexto mucho más amplio, el término acuñado por Thomas Kuhn en sus famosas obras La revolución copernicana y La estructura de las revoluciones científicas. Recordemos brevemente lo esencial de los planteamientos del físico norteamericano.

A la concepción del desarrollo de la ciencia de forma lineal, mediante pequeñas aportaciones que van suponiendo un avance, Kuhn opone su concepción de los paradigmas, que evolucionan a través de revoluciones científicas. En concreto, existiría un periodo de ciencia normal durante el cual se van resolviendo enigmas que deja abierto el paradigma, al que seguiría una revolución científica, en el que se plantean nuevos paradigmas para resolver las anomalías, o enigmas persistentes, que se han ido acumulando en el periodo de ciencia normal. El paradigma, define el campo de investigación, los conceptos fundamentales, los modelos teóricos y la metodología utilizada, y requiere la aceptación de la comunidad científica pertinente. Situarse en paradigmas distintos implica que se tienen distintos problemas que resolver, e incluso una concepción distinta de la disciplina científica en la que se trabaja, además de diferencias conceptuales ligadas a diferencias en el lenguaje teórico.


Así pues, podemos ver el paradigma como un conjunto de proposiciones que guían la investigación, y dentro del cual deben encajar, en el sentido de que deben ser compatibles con él, los resultados y teorías científicas que se van desarrollando. Es interesante señalar que los paradigmas son inconmensurables, no se puede evaluar con una medida común. Pasar de un paradigma a otro implica un cambio global de la percepción y de la producción de significado, lo cual excede ampliamente la lógica. Kuhn documentó este proceso para el paso de la física ptolemaica a la newtoniana.

martes, 30 de abril de 2019

La construcción colectiva del conocimiento científico y su divulgación


A mediados de marzo envié un artículo al blog “Revista 15-15-15” con un texto que continuaba la interesante discusión iniciada por Emilio Santiago Muiño en el mismo foro. Debido a los problemas de salud de uno de los editores, la publicación del artículo empezó a demorarse, por lo que opté por publicarlo en el blog de Autonomía y Bienvivir, donde salió a mediados de abril. Una semana después de la aparición de este artículo apareció en el blog “Revista 15-15-15” una réplica de Pedro Prieto y otra de Carlos de Castro, publicadas una detrás de otra en un mismo post en dicho foro. Me sorprendió la rapidez de la publicación de esta respuesta a mi artículo, en comparación con la lentitud (comprensible) del proceso de publicación de mi artículo original. Entendí algo mejor esta falta de imparcialidad editora al observar que los autores de la réplica son miembros del consejo de redacción de la “revista” y, además, los principales contribuidores a dicha “revista” con 13 y 11 artículos publicados en la misma, respectivamente.



En la mayoría de revistas científicas o profesionales los miembros del consejo de redacción hacen funciones de asesoría editorial, orientación de la línea editorial de la revista, promoción de la misma, revisión de artículos externos, planificación y gestión. Hay algunas que permiten publicar en la revista a los miembros del consejo de redacción, pero suelen exigir en esos casos que se respete un sistema de doble anonimato, para que los otros miembros del consejo de redacción o los revisores puedan evaluar la calidad del artículo sin conocer que el autor es un colega de la misma redacción; y suelen limitar el número de artículos escritos por miembros del consejo de redacción a un porcentaje del orden del 20% del total de artículos de la revista.



Cuando no se respetan esas políticas editoriales de calidad e imparcialidad ante los artículos recibidos, el foro no se suele llamar “revista”; hay otras calificaciones más apropiadas como “blog”, “foro de discusión”, “revista de la asociación X”, “grupo de presión” o “lobby” X, etc. Por eso he empezado denominando “blog” a la llamada “Revista 15-15-15”. No tengo nada contra los blogs, todo lo contrario, pero creo que no hay que confundir a la gente. Un foro digital donde los editores no sólo filtran los contenidos y la rapidez con la que aparecen, sino que ellos mismos publican sus propios artículos cuando quieren no es una revista; es un blog.



Pero volviendo al tema que nos trae, la respuesta de Pedro Prieto me parece mesurada, respetuosa y defendible. Él adopta en algunos casos perspectivas diferentes a las que yo adopto, y ambas posturas pueden ser defendidas y beneficiar al lector; por ello, no voy a añadir nada a sus comentarios. Por el contrario, la respuesta de Carlos de Castro me parece que no tiene prácticamente ninguna relación con lo que yo estoy argumentando o, si la tiene, denota una comprensión nula de cómo se producen los consensos científicos.



Como muchas personas, incluidas algunos científicos, no entienden cómo se generan los consensos colectivos que llamamos “verdades científicas”, creo que puede ser útil resumir aquí el libro Ciencia en acción, del prestigioso sociólogo de la ciencia Bruno Latour. En ese libro, Latour analiza empíricamente cómo se generan tales acuerdos colectivos. El lector interesado puede encontrar también información útil en el resumen de la sociología del conocimiento, y de la sociología del conocimiento científico contemporáneo que publicamos en otro lugar.

 




La diferencia entre ciencia en construcción versus ciencia establecida




Latour nota que hay en realidad dos ciencias, o fases cualitativamente diferentes del proceso científico, y que se dicen cosas diferentes en cada fase. Las dos fases son: la ciencia ya sistematizada y la ciencia que crea nuevos constructos teóricos. La distinción procede de Reichenbach, quien denominó a las dos fases contexto de justificación y contexto de descubrimiento, respectivamente.   






Mientras que la Filosofía clásica de las ciencias se dedicó tradicionalmente a preguntarse qué rasgos de la ciencia, una vez sistematizada, la hacen tan diferente (y poderosa), Latour y otros sociólogos de la ciencia creen que es más fructífero preguntarse cómo construye la ciencia su conocimiento y su poder, y cómo una controversia científica se convierte en una verdad científica.