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lunes, 27 de marzo de 2017

¿Estamos atrapados? El rol del mito en el bloqueo tecnológico-institucional

“Si se le ofrece a un hombre un hecho en contra de sus instintos, lo examinará minuciosamente, y a menos que la evidencia sea abrumadora, rechazará creerlo. Si, por otro lado, se le ofrece algo que permite un razonamiento de acuerdo con sus instintos, lo aceptara sin apenas evidencia. El origen del mito se explica de esta manera  

Bertrand Russel (1919) en Proposed roads to freedom: socialism, anarchism and syndicalism (pp. 147)

1.  El fundamental concepto de lock-in tecnológico y su mitología asociada

Ninguna clase ha tenido tanto impacto en mí en los dos últimos años como estudiante de Máster en Estudios Ambientales y Sostenibilidad en la universidad de Lund, Suecia, como la que la investigadora Maja Essebo nos brindó hará cerca de un año.

Maja estudió en su tesis doctoral la relación entre dos conceptos fundamentales a tener en cuenta a la hora de proponer políticas enfocadas a la sostenibilidad socioecológica y a los posibilismos tecnológicos. Son los conceptos de mito y su rol legitimador en procesos de lock-in (bloqueo) institucional o tecnológico, es decir, el rol que tienen ciertos discursos/narrativas/historias que perpetúan una serie de inercias y dinámicas ante la aparente imposibilidad de cambiar el rumbo  de manera que repensar los marcos de actuación de los distintos agentes sociales se hace una quimera.

Sus trabajos se pueden consultar aquí y su tesis doctoral aquí (en inglés, descargar haciendo clic a los enlaces en PDF en lengua sueca). Como mencionaba, en su trabajo analizó el rol que tiene la mitología en la legitimación de políticas específicas de movilidad orientadas al transporte. En palabras de Maja:


“El mito estudiado en profundidad en esta tesis es el que fundamentalmente apoya y promueve las prácticas de alta movilidad y su consiguiente lock-in en el sistema, al cual llamo el mito “de la prosperidad a través de la movilidad”. La movilidad, afirma el mito, es el buque insignia de la sociedad, así como del progreso individual. Es la piedra angular y configura las arterias de la sociedad moderna. Aunque sin negar su problemática del todo, la movilidad se considera como una fuerza positiva en la sociedad y, es más, una fuerza de la cual no podemos prescindir. Los defensores del mito actúan bajo estos supuestos, apoyando y dirigiendo la movilidad permitiendo procesos que incluyen desarrollos de las infraestructuras y apoyo institucional”.



A pesar del incremento en el uso de combustibles fósiles (de los cuales el transporte depende en más de un 95%), de la extracción de más y más materiales y de los impactos ambientales asociados (casi nunca discutidos en el discurso de unas élites urbanitas muy alejadas de los procesos de extracción y destrucción ecosistémica) la investigadora sueca nos narró en clase, fascinada, la reacción de algunos políticos a los que había entrevistado y que estaban involucrados en el proyecto SMILE (Sustainable Mobility for peopLe in urbana aReas), financiado por la UE e impulsado por la ciudad sueca de Malmö. Las conclusiones fueron muy claras:


“A través de las entrevistas con los trabajadores del proyecto (administradores y practicantes del municipio de Malmö, los evaluadores del proyecto y los representantes de la compañía pública de transporte) pude concluir que el mito de la prosperidad a través de la alta movilidad tuvo una importante influencia en la estrategia sobre el desarrollo del plan de movilidad en el día a día. Las estrategias de rechazo (desestimando las alternativas al camino/mito escogido) y el concepto de desmaterialización fueron usadas principalmente para mantener una coordinación discursiva centrada en el mito. La estrategia alternativa desestimada fue la de reducir/limitar la movilidad ya que ésta, en relación con el mito, limitaría o revertiría el desarrollo regional definido como crecimiento económico. Únicamente los representativos del transporte público veían como viable una movilidad limitada, la cual fue rechazada por las autoridades municipales”.


Maja sigue narrando como este proceso de inercia institucional y tecnológica acaba viéndose como algo positivo pues permite ver alternativas no disruptivas frente al discurso del crecimiento tan asentado en nuestra sociedad:


“Una vez desestimadas las estrategias de restricción de la movilidad, la opción que quedaba era la de una sustitución de modalidades de transporte no sostenibles (coche) a sostenibles (tren, autobús, bicicleta, a pie). Este cambio permitía una lealtad constante al mito de que esos “nodos verdes” no están sujetos a los mismos, o ningunos límites. El lock-in en sí mismo pues no se define como problema sino como éxito dado que más elementos (institucionales y de infraestructuras) están alineados con la actual estrategia “sostenible” de escalabilidad (incremento) de la movilidad”.


Es decir, al enfrentarnos ante lock-ins (literalmente cerrojos o bloqueos) de todo tipo la solución siempre pasa, en el actual sistema y discurso por un incremento de la complejidad material y energética de la sociedad o sencillamente negándola cuando se afirma que la economía se desmaterializa, cosa que sabemos que no es verdad o que con una mayor eficiencia energética se consigue la sostenibilidad cuando sabemos que por los efectos de la Paradoja de Jevons o el efecto rebote mientras haya posibilidades de crecimiento dentro del marco biofísico natural e institucional las reducciones en energía de un lugar tienden a rebotar a otros sectores, de hecho esta es la fundamental dinámica de la modernidad fosilista.

Según el investigador de la universidad de Utah Tim Garrett, físico centrado en modelar distintos aspectos del cambio climático y que publicó un artículo en 2008 sobre la física del crecimiento a largo plazo de la economía encontró que la potencia (definida en joules consumidos al año) se correlaciona muy bien con el crecimiento de la riqueza mundial calculada en dinero y ajustada a la inflación a través de una relación entre ambas variables que llama λ:


La implicación más fácilmente apreciable de la constante λ es que el incremento del PIB requiere un constante incremento de la capacidad de potencia. La cuestión del incremento de la riqueza se desplaza del enfoque convencional de la economía a uno que se centra en el análisis de la disponibilidad geológica de las reservas fósiles: ¿Conseguiremos descubrir nuevas reservas a un ritmo superior al que los consumimos o conseguiremos pasar a un sistema renovable? Si no podemos ¿Qué hacemos entonces? Y, si podemos, ¿Qué implica un crecimiento del uso de combustibles para nuestro clima?


Si bien parece desprenderse de su análisis un determinismo termodinámico que considero exagerado, como comentaba Carlos de Castro en un artículo hace un par de años existen límites absolutos de índole muy diversa y muy por debajo de los que nos pone la segunda ley de la termodinámica (esta ley afirma que el reciclado energético es imposible y que por tanto una vez usamos una fuente energética se disipa irreversiblemente en forma de calor no recuperable). Sin embargo, la inercia de la modernidad fosilista de los últimos 200 años y del discurso muy asentado del progreso, sí que parece, como muestra el trabajo de Maja Essebo, que tiene un papel fundamental a la hora de proponer políticas de movilidad sostenible (que en realidad pueden no serlo) y que contribuyen a mantener la inercia estructural de crecimiento en las infraestructuras, apoyadas por un discurso basado en la compatibilización del crecimiento con la sostenibilidad ambiental y social (crecimiento verde o desarrollo sostenible). Desde una perspectiva de los sistemas complejos, además, como nos muestra Joseph Tainter, cuando un sistema social complejo no puede expandirse se tienden a buscar soluciones basadas en incrementar la complejidad que si fracasan suelen llevar a colapsos abruptos como el notorio caso de antiguas civilizaciones como los Mayas, de la isla de Pascua o de los viquingos.

Cuando Maja preguntó a algunos de los principales participantes del proyecto SMILE sobre que entendían por movilidad sostenible se desencadenaron reacciones de confusión y disconformidad que aludían a frases como “es de sentido común” o “es tan evidente que no requiere una definición”. Cuando fueron específicamente preguntados por la cuestión del agotamiento de los recursos la respuesta de uno de los entrevistados fue “en este sentido casi nada del proyecto es sostenible, pero es un paso en la dirección adecuada”. Éste último entrevistado afirmaba que prefería usar la palabra accesibilidad en vez de movilidad afirmando lo siguiente:


“La accesibilidad sostenible es el tipo de accesibilidad donde tu accesibilidad a una actividad o lo que sea no limita la de otro. De alguna manera como una noción de libertad liberal.” (Essebo, 2013, pp. 63)


Al relacionarlo con las dimensiones más específicamente económicas y sociales de la sostenibilidad, uno de los participantes comentó lo siguiente:


“La sostenibilidad ecológica es el marco, no podemos excederla porque entonces destruimos la Tierra y las precondiciones para la vida. Y la sostenibilidad económica es el lubricante, de manera que podamos alcanzar el objetivo de la sostenibilidad social.” (Essebo, 2013, pp. 63)



Otros participantes apuntaba que el uso de combustibles verdes como el etanol son sostenible pese a que Suecia importa una cantidad muy importante de combustibles de plantaciones de monocultivos que arrasan selvas tropicales, de que los biocombustibles tienen un retorno energético muy bajo en relación a los recursos empleados de tierra, trabajo, energía y capital tecnológico y de que en vez de contribuir a un desarrollo rural sano se dedica a centralizar el uso de la tierra y expulsar comunidades de ésta como vemos en los habituales procesos de acaparamiento de tierras (o land grabbing en inglés) que se dan en muchos países africanos o asiáticos.

Nos encontraríamos con un discurso muy parecido en cualquier urbe del mundo, quizás con alguna excepción con algunos ayuntamientos del cambio como en Barcelona. Incluso en estos ayuntamientos se es consciente de la dificultad de poder proponer políticas que vayan más allá del crecimiento y de su asociado incremento en las interconexiones necesarias para una economía incrementalmente globalizada. De hecho, solo mantener el actual metabolismo de una ciudad tecno industrial (mantenimiento de la infraestructura de tuberías, de asfalto, de transporte público…) requiere un uso de energía y materiales descomunal y que ahora mismo se antoja insostenible tanto por su gran impacto ambiental como por su dependencia de recursos no renovables cerca de su pico o ya pasado éste. 

2 ¿Cómo se construye el mito?

Descartando la mala fe y un complot crecentista que trata deliberadamente de ocultarnos cierta información y evidencias pienso que es más adecuado pensar en que muchas de las motos que nos han vendido en las últimas décadas ya no se justifican de manera alguna. Así pues ante la imposibilidad de salir de una configuración institucional en la que el sistema financiero y las grandes élites económicas, a través de la creación de dinero bancario privado debe buscar dinámicas de crecimiento (a su vez relacionadas con mayores usos de energía y materiales), se debe buscar una mitología como la presentada, una narrativa que pueda legitimar que se asuman como sostenibles determinadas políticas y niegue otras. Así pues ¿Cómo se define ese mito?


“El mito no es, en este sentido, una historia falsa para entretener o desacreditar sino una historia basada en creencias naturalizadas que otorgan un sentido de supremacía a lo obvio. A través del proceso de creación de una trama, los mitos crean lógicas internas que ayudan a aliviar la ansiedad, racionalizar el comportamiento y naturalizar la sociedad y las convicciones individuales. Como tal, los mitos son una parte fundamental y habitual de nuestra vida. El mito de la movilidad sostenible no es una sino dos caras de la misma moneda – el del discurso del desarrollo como crecimiento económico y el discurso de la sostenibilidad – los cuales se mezclan a través de una trama que se naturaliza. Se basa en los miedos del colapso económico y ecológico, y aunque el miedo es una característica esencial del mito y una fuente importante del poder del mito también ofrece esperanza. La esperanza subyace en la promesa de unas tendencias al incremento de la movilidad y al mismo tiempo conservar un mundo en condiciones para las futuras generaciones” (Essebo, 2012, pp. 1).


Como comentamos en nuestro último artículo crítico sobre tecnología el mito es una herramienta muy poderosa y absolutamente necesaria para las sociedades para deflactar la incertidumbre en procesos fuera del control humano. ¿Cómo gestionar la ansiedad de no saber si el cambio climático no dejará un futuro digno a nuestros hijos en un contexto de lock-in institucional y de nuestras infraestructuras? ¡Asumiendo que con unos pocos retoques al sistema actual de progresos “saludable” será suficiente para evitarlo y que no se necesitarán grandes cambios! La mitología pues, más allá de su uso peyorativo, es imprescindible para mantener la cohesión social y en una sociedad tan compleja e impersonal como la nuestra se necesita con bombardeo muy fuerte en cada una de las esferas vitales, de ahí la importancia del marketing y la publicidad, los medios de masas o la educación formal. Todos ellos son instrumentales en el mantenimiento de la confianza social canalizada a través de las distintas instituciones formales y no formales.   

El mito por tanto no se debe tomar en el sentido de si algo es “verdadero o falso” sino en si es relevante o útil o no para un determinado grupo de personas que lo suscriben y que determinan lo que para ellas es natural en función de sus creencias, convicciones y especialmente su día día más práctico. Si el discurso crecentista todavía no ha colapsado es porque todavía hay muchos sectores en crecimiento y como un nuevo vocabulario (lo smart, la integencia artificial, los robots, los smartphones…) es instrumental a las prácticas de las clases medias y altas del mundo pues lo que “ven” y “perciben” en su día a día a través de toda una serie de símbolos, fotos, textos y unos rituales que configuran la articulación práctica en el marco de la acción física.

Una vez definido el mito, Maja pasa a identificar cuatro elementos fundamentales para la construcción, legitimación y mantenimiento de un determinado mito. ¿Cómo se da ese proceso de construcción del mito?

1)   Trama: consiste en una presentación cronológica y ordenado de sucesos instrumentales en la naturalización del mito de manera que se genere un consenso basado en el “sentido común”. Es de sentido común “creer en el progreso pues nunca la humanidad había estado mejor” sería un ejemplo de esto. A continuación, se nos mostrarían imágenes, textos o algún experto que nos explicara los sumamente mala que era la vida de los humanos antes del progreso (aunque nunca nos explican porque las tasas de suicidios y adicciones parecen ser muy superiores en nuestra sociedad). Es la construcción del newspeak de Orwell en el que desaparecen ciertas palabras y se asientan otras a través del proceso de doblepensar que el fantástico autor británico describe en su obra maestra 1984

2)   Trascendencia: consiste en el cambio a mejor cuyo último objetivo es la perfección o utopía. Como ejemplo Maja nos narra como el plan de Malmö de 2013 se articula en relación al futuro:


“Malmö 2032 is even closer to the continent, a given part of continental Europe. The permanent link across Fehmarn Belt and the high speed trains that run through central Malmö and Kastrup to Hamburg have further expanded the region. Kastrup Airport has reached increased international importance. The Öresund Metro between Malmö and Copenhagen is almost realised. The cooperation between the two cities has led many to consider them as one and the same city.” (Essebo, 2013, pp. 53).


3) Miedo a una alternativa: consiste en nombrar al “enemigo” y a la vez proponer soluciones. Así pues, la movilidad rápida basada en el crecimiento es vista como positiva mientras que cualquier restricción o propuesta de menor complejidad es vista como atrasada y problemática.

4)  Naturalización y narradores: Esta es la función principal del mito y consiste en que la narrativa sea obvia. Trata pues de que lo ordinario no sea cuestionado de manera que no tengamos que reflexionar. De no ser así, de cuestionarse continuamente uno sus propias acciones, se llevaría a una situación de ansiedad, inacción e indecisión que llevaría al colapso. Distintos narradores (expertos, líderes, pioneros u otras formas no materiales como los anuncios, libros, videojuegos…) deben repetir constantemente los mantras del mito de manera que se asuma como hecho.

3.  Deslegitimar no es suficiente. La necesidad de contra-mitos creíbles

“Dado que mantenemos el pasado como guía colectiva para nuestro comportamiento, el consenso general se modifica muy lentamente”

David Lowental en Geography, Experience, and Imagination: Towards a Geog
raphical Epistemology (1961)


Maja deja para la investigación futura el proceso de creación de contra-mitos o contra-narrativas. Ofrece algunas pistas cuando afirma, de la mano del académico Barthes que “la mejor arma contra un mito es quizás la mistificación de éste y la creación de un mito artificial”. Hasta ahora creo que los que criticamos el discurso crecentista tenemos dos problemas fundamentales que hay que reconocer o no avanzaremos.

En primer lugar, pese a poseer muchos argumentos deslegitimadores con una validez notable (las críticas al concepto de eficiencia energética, desmaterialización, energía libre e infinita, crecimiento verde…) NO tenemos un diagnóstico suficientemente robusto de las dinámicas sociales y ecológicas o al menos no a la escala necesaria en que sea relevante para el día a día de las personas (más allá de grandes generalidades).  En parte es debido a que los cambios en un sistema tan complejo como el nuestro son lentos. En parte eso es debido a que el propio sistema camufla realidades y no nos permite acceder a ciertos datos necesarios para una visión más completa, pero por otro lado se debe también a que los críticos tendemos a quedarnos también en nociones muy simplonas y en asumir que los cambios radicales son factibles en un sistema complejo de muchos lock-ins a nivel tecnológico, cultural, institucional, energético y finalmente de las infraestructuras. El mismo mundo académico de los expertos tiene parte de culpa al perpetuar metodología y supuestas teorías que nos pueden ofrecer soluciones como la famosa TRE (de la cual haré un artículo en un futuro no lejano), los conceptos de “huella ecológica” o los análisis de ciclo de vida muy limitados.  Aquí es donde a mi juicio los análisis biofísicos más rigurosos, multi-escala de metabolismo social en combinación con otros más dinámicos (quizás de dinámica de sistemas) nos pueden dar un mejor diagnóstico. ¡Ah! Y hasta que no tengamos unos centros estadísticos rigurosos (para lo que no hay voluntad) será imposible poder entender bien ciertas partes del sistema. No es factible por ejemplo exigir reducciones importantes en el consumo energético y esperar que el sistema no colapse y se produzca un considerable caos social en muchas urbes. El actual debate sobre la prohibición que los vehículos privados ha suscitado en Barcelona es un claro ejemplo de que no es tan sencillo cambiar inercias tan poderosas en un sistema, ni aún con aparente buena voluntad y vocación de sostenbilidad.

En segundo lugar, al no tener un diagnóstico lo suficientemente robusto se proponen ideas que se quedan a medio camino entre lo posible y lo ideológico como sucede con muchas iniciativas decrecentistas muy genéricas y las meras ideas de bombero (de las que corren ríos de tinta muy a menudo bajo títulos como “100 manera de cambiar el mundo”). Pese a que algunas de estas ideas apuntan maneras necesitamos propuestas que intenten abordar las interacciones entre los distintos sectores sociales y tecnológicos. No vale con repensar solo el sistema agroalimentario de forma aislada sino ver qué implicaciones tiene su cambio con la energía, el sistema financiero y la vida de aquellos agricultores que dependen de la insostenibilidad del sistema (y que en muchos casos son tan víctimas de los procesos de lock-in como los que criticamos eso). 

Deslegitimar un sistema y criticarlo cuando creemos que no es justo o sostenible es necesario, pero debemos mostrar empatía con aquellos que no simpaticen con nuestras ideas. Debemos entender que en muchos casos han sido muy condicionados por dinámicas que se escapan de su control (familiares, laborales…) y que lo más importante es entender los componentes estructurales que emergen como un todo en el sistema y buscarle posibles soluciones. Si no corremos el riesgo de caer en una queja permanente y pedante, en un cinismo vacío que no proponga un contra-mito poco efectivo. La resacralización de la naturaleza como imperativo moral debe ser guía fundamental después de siglos de destrucción ecosistémica. Debemos asumir al mismo tiempo que lo que no nos gusta debe colapsar y colapsará, aunque a mi juicio hacerlo de forma precipitada y sin una batería de propuestas bien estudiadas con sus pros y contras y enmarcadas en varios escenarios es contraproducente, al menos a escalas grandes como la nacional. Hasta ahora hay muchas y variadas ideas, pero pienso que todavía nos falta un discurso más coherente del sistema en su conjunto. La especialización y complejidad de nuestra sociedad contribuyen a generar silos aislados incluso en sectores transicionistas y académicos a menudo desconectados. Debemos hacer un esfuerzo por no ir a las soluciones fáciles. 

No pretendo tampoco afirmar que no haya iniciativas positivas de transición, pero debemos aceptar las limitaciones de muchas de éstas, y las limitaciones que nuestros contra-mitos puedan tener. Se trataría pues de, como proponen los principios de la permacultura, aceptar las retroalimentaciones y la información que nos proporciona nuestro aprendizaje en transición estando siempre abiertos a la crítica y la innovación dado que por definición en un momento de cambio y de mucha agitación no es recomendable encerrarse en determinadas ideas muy reduccionistas y que puedan no contribuir a nuestros objetivos.

Sin desvirtuar las nuevas propuestas de tipo radical debemos ir con cuidado, no vaya a ser que propongamos cosas contraproducentes o peor aún, que puedan ser apropiadas por dinámicas insostenibles de nuestro actual sistema socioeconómico y analizar con cuidado los posibles lock-ins. En el próximo artículo hablaremos de la una posible herramienta para trabajar en este sentido, la Teoría de la Transición (o transition management – TM - en inglés), de cómo ha sido aplicada en algunos contextos y de cómo aplicarla en un sector en concreto, el de la agricultura.


Nos queda pues, un largo camino por recorrer en el que conectar muchas piezas del apasionante puzle de la gran transición… ¿Saldremos del lock-in? Las contradicciones se acaban resolviendo y está en nuestras manos sino controlar, al menos apuntar a dinámicas menos destructivas…

Referencias - Para saber más:

jueves, 16 de marzo de 2017

Todos somos ecologistas… pero hay que demostrarlo

No son pocas las webs que comparten temática y preocupaciones con nuestra asociación. En Autonomía y Bienvivir creemos que puede ser interesante conocer el origen, el enfoque y la trayectoria de algunas de ellas, así como establecer vínculos de colaboración. Desde la web amiga BlogSOSTENIBLE Pepe Galindo nos envía el siguiente artículo que publicamos con mucho gusto:
 

Desde mi juventud, me atrajo la Naturaleza, los animales y la vida en general. Admiraba las impactantes acciones de Greenpeace, pero también las acciones sencillas como plantar un árbol. Con mi primer sueldo, me hice socio de esa ONG y con cada aumento de sueldo iba asociándome a otras ONG tanto ambientales como humanitarias.

Me di cuenta que hay noticias que no salen en los medios ordinarios y sólo siendo socio o siguiendo a una ONG podemos enterarnos de noticias que, para algunos, no son relevantes. Otras veces, las noticias sí salen en los medios masivos, pero no están bien explicadas, se omite información importante, o falta conectar un hecho con otro para entender su importancia real.

Por todo ello, decidí crear un blog, BlogSOSTENIBLE, para que esas noticias, así como opiniones y datos relevantes puedan ser divulgados. Hoy día, BlogSOSTENIBLE lo formamos mucha gente que escribe o revisa artículos, informa de hechos, o gestiona las redes sociales, pues estamos presentes en Facebook, en Twitter, en Instagram, y hasta tenemos nuestro canal de Telegram. Invitamos a todo el que quiera aportar algo que se ponga en contacto con nosotros. Dentro de la amplia temática y siguiendo nuestro estilo aproximado queremos dar voz a todo el que lo desee. Nuestros temas son muchos, destacando por supuesto los ambientales en general, pero incluyendo también otros más específicos como la agricultura, la contaminación, las energías renovables, el consumo responsable… así como noticias en general, aunque lo que más nos gusta son las “buenas noticias” e incitar a la acción. No podemos olvidar mencionar nuestra exitosa sección de libros resumidos.

Todos aquí compartimos una inquietud, una pregunta: ¿Estamos viviendo de una forma sostenible? De alguna forma, podemos decir que todos somos “ecologistas”, porque a todos nos interesa comer, beber o respirar de forma saludable, pero eso no tiene ningún efecto si no se demuestra. O sea, el “auténtico ecologista” es el que día a día quiere mejorar su relación con la Naturaleza que nos rodea, y aquel que actúa en consecuencia, mejorándose a sí mismo y planteándose si puede actuar hoy mejor que ayer.

Para incitar a la acción hemos sintetizado cinco cosas muy sencillas, las cuales son, además de fáciles de hacer, muy influyentes para mejorar nuestro planeta. No podemos sentirnos ecologistas si no intentamos hacer, al menos, esas cinco cosas.


Sólo intentando ser nosotros mejor que ayer podremos avanzar hacia el cambio de conciencia de nuestra sociedad actual, sociedad que es manifiestamente consumista, insostenible, desigual e injusta. Pero, no sabemos si eso sólo será suficiente. Por ello, es también necesario exigir a nuestros gobernantes que aprueben leyes que hagan que el respeto ambiental no sea opcional, porque todos dependemos directamente de ese respeto.

Te gustará leer esto:

       
Por Pepe Galindo, de BlogSOSTENIBLE

martes, 14 de marzo de 2017

Noquear a la Tecnosfera: dejar de ser un robópata y pasar a ser humano



“Si también tenemos escrúpulos, entonces, siguiendo la lógica de Ted*(en referencia a Ted Kaczinsky, ver la explicación al final del artículo), debemos considerar en que categoría de loco nos encontramos: los liberales hipócritas, cuya culpa fingida les lleva a hacer ver que les importa aquellos que consideran inferiores, o los hipócritas conservadores, quienes continúan creyendo en el progreso mientras este destruye lo que desean conservar. Quizás deberíamos dejar a un lado los inapropiados sentimientos de culpa por cosas que no podemos esperar jamás controlar para pasar a cultivar un sentido de culpa saludable – el de nuestra propia inacción. Aunque sus métodos fueran dementes, Ted hizo algo. Yo escribí este libro. Y tú, ¿Qué has hecho?

Dmitry Orlov en Shrinking the Tecnosphere – Getting a Grip on the Technologies that limit our autonomy, self-sufficiency and freedom (pp.96).

Al margen de cuál sea tu orientación política (Orlov nos advierte que en los programas políticos supuestamente "progresistas" tanto de derechas como de izquierdas jamás encontraremos expresiones del tipo "acabemos con la tecnosfera" o "dejemos de pensar en la demencia del crecimiento económico ilimitado"), es evidente que ni unos ni otros han sido capaces de dar una respuesta a muchos de los problemas que nos vienen acechando a marchas crecientes y que hay un descontento social en aumento como evidencian los nuevos populismos de derechas. Así pues y en relación al marco tecnológico, que es el que nos ocupa ¿Cuál es nuestro lugar en todo este barullo de ideas contradictorias? ¿Qué podemos hacer a nivel individual y colectivo para poder ganar en autonomía y dejar de depredar nuestra Madre Tierra (o al menos minimizar el daño) por medio del continuo incremento de la tecnologización de la sociedad? ¿Qué responsabilidad debemos asumir en la era de los grandes cambios sistémicos, de colapsos y nacimientos de nuevas estructuras sociales?

El autor ruso nos invita pues a asumir responsabilidades y a actuar para generar alternativas al actual modelo socioeconómico insostenible (ver apartado 3), muy en la línea de lo que Mauri Méndez nos explicaba en un antiguo post sobre responsabilidad radical ante el colapso ecosistémico:
“La responsabilidad no es otra cosa que la consciencia en acción. Los esfuerzos por parte de la sociedad de consumo por mantenernos constantemente ocupados, distraídos e inconscientes de lo que pasa en nuestro cuerpo son inconmensurables. Ya sea a través de la omnipresente tecnología, el bombardeo constante de publicidad y estímulos externos, la medicina occidental que se enfoca solamente en paliar o silenciar los síntomas olvidando la prevención o la comprensión de la fuente de la enfermedad, o la normalización  del consumo constante de sustancias que alteran nuestro estado de consciencia (alcohol, café, tabaco, azúcar, etcétera...), nos mantenemos adormecidos y anestesiados, desconectados de lo que sucede en nuestro organismo.”
 La tecnosfera (ese superorganismo emergente de la civilización industrial crecentista antagónico a la biosfera) es una insuperable máquina de anestesiarnos con caramelos que, si bien son de sabor dulce y nos pueden satisfacer a corto plazo, generan también dinámicas perversas que ponen en peligro la sostenibilidad de la vida en este planeta y de muchos aspectos que damos por hechos aún hoy en día (un plato caliente cada día, un clima adecuado, unos ecosistemas relativamente sanos…). Si en los pasados artículos introducimos el concepto de tecnosfera y sus fundamentos metabólicos, esbozamos su desarrollo histórico y analizamos los mecanismos que tiene para explotarnos emocional y materialmente, en este artículo trataremos de empezar a trazar algunas pinceladas que nos permitan empezar a vislumbrar alternativas y gestionar mejor nuestra relación con lo tecnológico.

1.     Bienvenido a la numerización robopática

El objetivo de la tecnosfera es expandirse y para ello pone en juego toda una serie de mecanismos, como apuntamos en el apartado 4 de nuestro último artículo sobre tecnología. Para conseguirlo hay una máxima: el fin justifica siempre los medios. Muy en la línea del pensamiento mecanicista que tiene ya siglos, incluso milenios, la tecnosfera y sus defensores intentan convertir a las personas en meras máquinas que sigan órdenes burocráticas, con protocoles cuantitativos estrictamente definidos y sin dejar capacidad de cooperación espontánea, intuición o respuesta emocional ante las situaciones cotidianas de nuestro día a días.

Pensemos en dos ejemplos que ilustran eso:

-          La escuela: el objetivo fundamental inculcar a las jóvenes generaciones de que deben aprender a ser obedientes, a permanecer sentados en una especie de fábrica con sillas y pizarra y cultivar toda una serie de habilidades instrumentales a la tecnosfera. Entre ellas se encuentran la capacidad memorística (memorizar datos y datos de los cuales nadie después de acuerda), de resolución de problemas numéricos en un sentido muy reduccionista (muy específico, sin dar demasiada importancia a la improvisación y la espontaneidad) y eventualmente en alguna actividad crítica o creativa que eso sí, no debe ser excesivamente crítica pues de lo contrario entraría en conflicto con la institución escuela en sí misma. Recientemente la aparición de portátiles, smartphones y nuevas tecnologías ha hecho que los alumnos acaben transformándose en zombis adictos que están continuamente distraídos, exigentes e inmaduros que teclean con los pulgares muy juntos y se envían fotos de gatitos peludos muy cute.

-          El sistema de salud: el objetivo es convencer a la población de que mantener artificialmente la vida es algo estrictamente necesario (sobre todo en el ámbito individual), así como aumentar la cantidad de años vividos (aunque muchos sean años de mierda). El uso de expertos es absolutamente necesario para todo: para crear por ejemplo una dieta perfecta con un número específico de calorías, proteínas, carbohidratos y grasas. La industria farmacéutica y la medicina ultra especializada son instrumentales en ello y si bien es cierto que se han conseguido avances muy importantes también es cierto que muchos de estos dependen de recursos no renovables como el petróleo y otros productos químicos destructores (nuestra “libertad” sanitaria parece tener sus días contados) que deberíamos poner en duda en un ejercicio de honestidad que no suele hacerse en ninguna formación política.
La lista podrías seguir ad infinitum, pero la idea principal es que donde antes había más espacio para la autonomía, autosuficiencia colectiva y una cierta libertad, ahora lo va ocupando de forma creciente la tecnosfera de manera que delegamos de forma creciente nuestra vida diaria a sus mecanismos y nos convencemos de que el futuro siempre nos brindará más y mayor tecnología y que con ella se superará al ser humano y cualquier otra especie. Todo esto parece manifestar un profundo menosprecio por valores vitales y orgánicos fundamentales en la historia del homo sapiens como han sido la capacidad intuitiva, el uso de las emociones en mediación con la naturaleza y otros humanos o el uso de tecnologías – generalmente artesanas e intensivas en destreza – de baja presión sobre el medio ambiente y ubicuidad en el ambiente local. Estas instituciones como el sistema de salud, educativo, militar… instrumentales a la tecnosfera, es lo que Dmitry Orlov llama tecnologías políticas (ver apartado 2).

Solo cabe pensar en el gran entusiasmo que generan los rankings. Sea para identificar a nuestro equipo deportivo favorito, para votar al “mejor” cantante de la próxima edición de talentos musicales o al consultar que posibilidad tiene de ganar un óscar tal o cual actor, las tecnologías de la información han llevado dicho fenómeno a un nivel industrial. No hay espacio social en el que uno no sucumba a la ingente numerización robótica de la vida.

Dmitry Orlov considera que la tecnosfera es una incubadora de psicópatas porque nuestra sociedad selecciona y cría personas sin empatía alguna, con tendencias a menudo sadísticas basadas en seguir instrucciones frías y protocolos muy bien especificados ciegas a todo aquello que no se puede medir como los principios éticos, estéticos, emocionales o místicos. Cuando estos atributos se permiten son siempre de forma instrumental a la tecnosfera. La justicia como algo que se compra y vende como vemos en la no igualdad a la ley que impera; el sentido vital en festivales masivos donde la juventud se dedica a beber y a intoxicarse de música a todo volumen o la belleza en el siguiente número de la revista Cuore y siguiendo unos cánones (60-90-60 a ser posible para abajo exponencialmente) muy estrictos.

Sin embargo y aunque es cierto que nuestra sociedad lleve generaciones seleccionando psicópatas ninguna sociedad es funcional con un número excesivo de éstos pues se autodestruiría y por eso el ruso introduce el interesante concepto del sociólogo Lewis Yablonsky: los humanos robópatas.
“Los robópatas son aquellos que, al ser forzados a seguir y ejecutar órdenes arbitrarias, han perdido su habilidad normal de identificarse con el resto de la humanidad y han encontrado un nuevo sentido en una identidad personal al convertirse en rigoristas. Al imponer castigos duros e injustos insisten en que no es anda personal porque si lo fuera amenazaría su propia identidad” (Orlov, pp. 196).
Así pues, en la categoría de robópatas nos encontramos a la gran mayoría de nosotros, personalizados en individuos mitad hombre ymitad máquina que sufren psicológicamente y se encuentran hiperalienado del mundo. Somos de hecho máquinas rotas que debemos ceñirnos a toda una serie de parámetros que, aunque sean absolutamente necesarios para adaptarnos a muchos puestos de trabajo y acciones cotidianas incitan al comportamiento neurótico (una conciencia degradada manifestada en una peor vida emocional y motivación) , en palabras de Claudio Naranjo) que selecciona personalidades problemáticas (obsesivas, sádicas, dependientes, depresivas…) y conspiran para deshumanizarnos de forma creciente. Pasamos, en definitiva, del individuo biológico al robopático.

2.     Tipología de tecnologías tecnoesféricas vs. Biosféricas

Podemos clasificar a la tecnología de formas muy diversas. En este texto distinguiremos entre las siguientes, a partir de los conceptos que Dmitry Orlov discute largo y tendido en su libro:

Tecnologías tecnosferofílicas (o biosferofóbicas): aquellas instrumentales en el desarrollo y expansión de la tecnosfera.

 Tecnologías biosferofílicas (o tecnosferofóbicas): aquellas instrumentales en minimizar los efectos perversos de la tecnosfera sobre los humanos y la biosfera o aquellas que incluso puedan conseguir su completa eliminación.

Dentro de las tecnologías tecnosferofílicas distinguimos entre:


1.      Tecnologías obligatorias y estándares personales: son todas aquellas que te atan a la tecnosfera y que conforman toda una serie de artefactos y sus flujos asociados (por ejemplo un ordenador y su necesaria conexión a la red) que deben ser generalmente obtenidos a partir de un contraflujo monetario (de esta manera se facilita su propagación y uso), así como toda una serie de reglas que cultivan un grado de dependencia importante (una ducha diarias de 100 litros, un retrete cuyos residuos requieren más tecnología para que no afecten a la seguridad del agua…).


2.      Tecnologías de daño ilimitado: son tecnologías con un potencial destructivo casi infinito, aunque en muchos casos no sea cuantificable. Entre ellas Orlov incluye a la industria nuclear, la ingeniería genética o la nanotecnología como posibles causas futuras de un daño catastrófico, sistémico e irreversible.


3.      Tecnologías políticas: son aquellas que tratan de mantener el actual sistema antidemocrático y de creciente expansión depredadora como proyecciones de la tecnosfera a partir de mecanismos de poder con fundamentalmente tres objetivos:


                               I.            Cambiar las reglas del juego entre los participantes en el proceso político
                            II.           Introducir en la consciencia de masas nuevos conceptos, valores, opiniones y  convicciones
                         III.           Manipular el comportamiento humano directamente a partir de los medios de comunicación de masas y otros métodos administrativos.


El autor ruso, con su notable pizca de humor negro e ironía, pone como ejemplos a una docena de los más importantes (en el contexto de los Estados Unidos): 


-          El lobby de los combustibles fósiles que trata de convencer a la población que no hay alternativa por medio de campañas difamadoras contra el cambio climático, diseminando noticias falsas y construyendo movimientos sociales que defiendan sus intereses.

-          Los fabricantes armamentísticos que tratan de convencernos de que es necesario que gobiernos e individuos dispongan de armas de fuego para estar más seguros

-          El sistema político bipartidista: convencer a la gente que tiene una elección libre que hacer votando cada una vez cada 4 años y olvidándose el resto de los 1359 días

-          El establishment de defensa nacional: convencer a la población que el aumento del PIB en gasto militar les hace más seguros y fuertes, aunque la historia haya demostrado que el mayor colapso jamás visto (el de la Unión Soviética) vino en parte porque si bien se consiguió asombrar al mundo con su gran músculo militar no fue capaz de mantener unos estándares de vida dignos para sus ciudadanos (en comparación al menos a sus “promesas” y en relación al bloque occidental).

-          La industria médica: convencer a la gente que la creciente tecnologización y privatización de los sistemas de salud es un modelo eficiente y sostenible.

-          La industria educativa: convencer a la gente de que, endeudándose, yendo a la universidad y asumiendo unos costes altísimos es una óptima y aceptable manera de afrontar el futuro.

-          El complejo industrial-penitenciario: convencer a la población de que tener en prisión un mayor porcentaje de la población del que tenía Stalin por delitos menores es seguro y eficiente

-          La industria agroindustrial: convencer a la gente de que no hay alternativa a modelo de monocultivo expansivo creciente, esconder sus impactos ambientales y negar que los alimentos procesados y muchos de ellos con organismos modificados genéticamente de dudoso impacto son seguros.

-          La industria del automóvil: convencer a la población de que el vehículo privado es la “vaca sagrada” de su libertad y que el transporte público u otros medios son claramente inferiores.

-          La industria financiera: convencer a la población de que el dinero es algo seguro, que es más seguro tenerlo en un banco que bajo un colchón y que una deuda creciente e impagable no es un problema.

-          La religión institucionalizada: convencer a la gente que es absolutamente necesario seguir las pautas de instituciones que sistemáticamente han desvirtuado y destrozado formas de vida basadas en la autonomía espiritual y comunitaria y el juicio independiente y de que hay una serie de verdades incuestionables.

-          El sistema legal: convencer a la gente de que el imperio de la ley es algo infranqueable y que produce resultados justos en vez de favorecer al que se puede permitir un ejército más grande de abogados bien pagados.
Dmitry acaba añadiendo algunas de las tecnologías que los EEUU (aunque sería más justo hablar de bloque occidental) han usado para dominar el resto del mundo: la estafa de los préstamos internacionales a través de programas de ajuste estructural del FMI, Banco Mundial y otras instituciones que hacen a países dependientes, las revoluciones de colores o métodos de cambio de régimen a través primero de métodos no violentos y una vez sembrado el caos con métodos violentos para causar el caos social y el derrumbe de un gobierno particular (pensemos en cómo esto ha sucedido en algunas de las primaveras árabes como el caso de Egipto) o el terrorismo “subsidiario” en el que se usan terceras partes para un objetivo concreto (como el caso del islamismo radical que fue una creación de occidente en el contexto de la guerra fría y ahora se ha vuelto en su contra).
4.      Máquinas sociales: son grupos “específicamente organizados que subordinan la voluntad de sus participantes a un seguido de normas explícitas y escritas, controladas a partir de criterios objetivos y medibles que excluye tanto como puede el juicio individual, la intuición y la acción independiente y espontánea. En el proceso se vuelve ciega ante todo lo que no es medible como el sentido, la belleza, la felicidad, la justicia o la compasión (Orlov, 2017, pp. 189). A medida que incrementa el tamaño de estas organizaciones se vuelven más jerárquicas, burocráticas y óptimas para la expansión de la tecnosfera y transforma a los individuos en seres inconscientes robopáticos y psicopáticos, como hemos mencionado anteriormente, a cambio de unos ingresos estables y un sentido de seguridad y estabilidad.

La combinación de tecnologías de dominación política, burocrático-organizativa, artefactos necesarios para nuestra adaptación y en algunos casos de daño cuasi-infinito, permite a la tecnosfera ir extendiendo sus tentáculos a medida que algunos vamos percibiendo que hemos entrado ya en retornos decrecientes o incluso negativos da la tecnología y que por tanto el daño que nos hace es igual o superior al beneficio que nos aporta. Esto es así si vamos más allá de un análisis reduccionista funcional de que es lo que permite una u otra tecnología en su plano de la utilidad personal y que nos “vende” la propaganda social.

Como contrapartida el autor ruso nos propone 3 conceptos dentro de su propuesta de análisis daño-beneficio. Así pues, dentro de las tecnologías tecnosferofóbicas distinguimos:
1.     Tecnologías de daño 0: son tecnologías que no causan daño alguno y se encuentran abajo en la jerarquía daño-beneficio. Están perfectamente adaptadas a los ciclos naturales de la biosfera y las mejores suelen ser las llamadas tecnologías naturales.
2.     Tecnologías naturales: es un nombre genérico para designar tecnologías que puedan mediar la relación entre el ser humano y la biosfera de forma que “contribuyan a su equilibrio (en sus ritmos: diurnos y anuales y ciclos: del agua, carbono, nutrientes…) y con el flujo ininterrumpido de generaciones humanas que con su sabiduría ha sabido mantener un conocimiento profundo de ambientes naturales complejos y diversos” (Orlov, 2017, pp. 129-130). El ruso pone a modo de ejemplo tecnologías tradicionales de su tierra natal como la sauna, la izbá (o casa de campo tradicional rusa) o la estufa rusa centenaria. Todas parecen haber mantenido el paso del tiempo, ¿Podremos decir lo mismo de la civilización moderna tecnoindustrial?
3.  Tecnologías anti-tecnologías: son tecnologías que actúan en oposición a otras tecnologías dañinas. Algunos ejemplos podrían ser por ejemplo técnicas de hackeo para desactivar ciertos componentes dañinos del a tecnosfera o tecnologías para hacer invisible a la gente ante el creciente control de la tecnosfera u otras para evitar un discurso público de corte racionalista, reduccionista y materialista (substituyéndolo por uno compartido de forma privada por un grupo de forma subjetiva, intuitiva y mística).

 3.     El análisis Daño-Beneficio y la jerarquía de daño relativo

Orlov introduce el concepto de análisis daño-beneficio (que no tiene nada que ver con el análisis coste-beneficio típico de la biosfera) de la siguiente manera:
“Estamos ahora preparados para definir la principal estrategia para reducir la tecnosfera, para privarla de ejercer sus objetivos de crecimiento, control, dominación y en por último de destrucción de la biosfera. Vivir sin ningún tipo de tecnología está fuera de lugar: los humanos y los homínidos que nos precedieron fabricaron y usaron herramientas durante cerca de tres millones de años. Por otro lado, vivir con la tecnosfera, mientras agota y destruye la biosfera y con ella a nosotros está también fuera de lugar. Debemos encontrar una manera de reducir conscientemente la complejidad tecnológica – el número de elementos técnicos que permitimos en nuestro ambiente - a la vez que incrementamos la complejidad biológica – el número de otras especies que cultivamos y apoyamos en nuestro cacho de biosfera” (Orlov, 2017, pp. 97).

Específicamente el autor ruso propone una tabla con 32 atributos de la tecnología (que pueden ser adaptados al gusto de una comunidad o de un individuo) en la que asignar un valor (uno por ejemplo y otra escala subjetiva) en función de si hace daño (d) o genera un beneficio (b).
“¿Y si hacemos los siguiente? Definimos una lista completa y razonable con los aspectos positivos y negativos de la tecnología, y a continuación seleccionamos aquellas tecnologías que usaremos para maximizar el beneficio mientras minimizamos el daño. En el peor de los casos, nos dará un punto de partida donde empezar; en el mejor de los casos, reducirá la tecnosfera hasta el punto en el que ya no sea un daño considerable” (Orlov, 2017, pp. 98-99).
De esta manera podemos sumar estos daños y beneficios en una ratio muy sencilla, elaratio daño-beneficio (RDB):

La siguiente tabla muestra algunos de esos atributos que nos introduce el ruso:

Tabla 1. Los 32 atributos que nos proporciona Orlov, siempre modificables. En algunos casos la categoría semántica no deja lugar a dudas y en otras es más difícil de clasificar. Quizás es más sencillo reducir el análisis a 5-10 parámetros más explícitos o adaptarlo a nuestras necesidades. Elaboración propia traducida del inglés (Orlov, 2017, pp. 100).


Dmitry nos advierte de no confundir su propuesta con el análisis coste-beneficio que reduce las decisiones a una decisión monetaria típica del economicismo ortodoxo:

“La tecnosfera ama el análisis coste-beneficio porque es su supuesto fundamental, que todo puede ser cuantifiado en términos monetarios, convierta a las cosas y las personas en una mercancía; proporcionando una base racional y objetiva para expandir su control sobre nosotros y la biosfera. La idea de coste presupone una recompensa: no hay daño mientras alguien pague, aunque sea dinero salpicado de sangre. La de daño asume algo distinto: una vez hecho no es reversible de la misma manera en que una violación no puede revertirse comprando a la víctima flores” (Orlov, 118).

El autor da en el clave ante uno de los mayores puntos de discordia entre la economía convencional crematística (la que lo reduce todo a los análisis de dinero) y la ecológica (que asume pluralidad de métodos de valoración). Mientras que los primeros suelen asumir procesos reversibles los segundos, siguiendo algunas consecuencias de la termodinámica o la ecología (la disipación energética o procesos como la muerte de un individuo no son irreversibles en el tiempo o espacio) no lo hacen. La idea de daño pues implica que esta no debe ser aceptada, especialmente si sus consecuencias pueden llegar a ser catastróficas:

“Ni la biosfera ni el espíritu humano pueden apaciguarse con una disculpa, ni tampoco aceptarán una indemnización monetaria por el daño causado. A ti, sin embargo, se te puede comprar. Preguntar cuánto vale en términos financieros tu autonomía, auto-suficiencia y libertad en términos monetarios es equivalente a preguntarte cuánto vales como esclavo” (Orlov, 118).

Palabras duras para uno de los mitos fundacionales de la sociedad moderna hiperconectada, que todo de poder comprarse y venderse y esta debe ser la base de nuestra organización moral, política y económica, expandiendo el mercado cada vez a límites mayores. Dadas las limitaciones que tiene el evaluar cada tecnología por separado, Orlov nos proponer darle un enfoque a dicha evaluación en forma de jerarquía:

En primer lugar, tenemos las “tecnologías que no deberían ser permitidas o de daño ilimitado” que son las que muestran una ratio D-B de la siguiente forma y que debemos evitar o tratar de desactivar
En segundo lugar, tenemos “tecnologías que pueden ser permitidas”. Aunque puedan ser dañinas (y deba intentarse minimizar su uso) pueden sustituir o mejorar a otras de carácter aún más dañino y de este modo podemos dar un enfoque incrementalista muy útil para aquellos que no se puedan permitir el lujo (casi todos) de dejar de depender de la tecnosfera (es decir todos, pues la sociedad tecnoindustrial ha llegado ya a todos los rincones del planeta). Entrarían aquí la gran mayoría de tecnologías instrumentales a la tecnosfera y a nuestro día a día.



En tercer lugar, tenemos las “tecnologías de daño 0” de las que ya hemos hablado y cuyas tecnologías naturales son su máximo exponente. Se encuentran debajo de la jerarquía pues son las mejores y se pueden representar de la siguiente manera:
Evidentemente el ejercicio que nos propone el ruso tiene sus limitaciones como el mismo reconoce por ejemplo al gestionar tecnologías de daño ilimitado muchas de las cuales todavía no se han inventado o que no está claro el alcance de su impacto. Para la gestión de estos procesos se requerirían procesos de deliberación política más complejas que pudieren dar respuestas a situaciones de alta incertidumbre e ignorancia, en la línea de lo que propone la ciencia posnormal.
También es cierto que a menudo la falta de tecnologías (Orlov nos pone como ejemplo el caso de Fukushima donde no existe tecnologías alguna para contener la radiación del reactor, donde ha ido parte de la radiación y como su propagación en el agua) puede ser muy perjudicial.

El consejo final que nos da el autor (a mi juicio el más interesante y relevante) es que intentemos gestionar esta jerarquía dentro de nuestras posibilidades más inmediatas como individuos dependientes de la tecnosfera para reducir progresivamente nuestro daño a la tecnosfera y ciertos comportamientos adictivos. Es evidente que hay tecnologías que nos han hecho ayudado mucho (y en el camino nos han hecho dependientes) y para los que no hay sustitutos (difícil es asumir por ejemplo una vuelta a los partos naturales, o a la vida sin antibióticos y ciertos medicamentos o decirle a un minusválido que prescinda de su silla de ruedas) pero siempre podemos intentar mitigar esa dependencia dentro de lo posible y si no es posible existen otras estrategias más de tipo emocional/psicológico que nos pueden ayudar (más adelante ampliaré este punto), como puedan ser la aceptación consciente.

Matizar finalmente que a mi juicio que este tipo de análisis debe tener siempre presente el todo. Así pues, el bienestar individual debe en la medida de lo posible intentar no ir en contra de la comunidad o de la biosfera. En la medida que nos acerquemos más a formas de vida en las que el individuo se sienta parte constructiva y saludable de un todo orgánico y biológico, como muchas tribus y grupos humanos pre-civilizatorios, será más fácil noquear al mecanicismo de la tecnosfera y ser más sostenibles y autónomos.

4.     Un modesto plan para la transición interior en la era de los grandes cambios

Si bien la herramienta del análisis daño-beneficio es un primer paso para identificar tecnologías que individualmente puedan noquear a la tecnosfera y devolvernos el equilibrio con la biosfera pienso que no es del todo convincente para plantearnos una respuesta sólida y más relevante a las realidades particulares de ciertos individuos y colectivos. Además tampoco nos ofrece herramientas de gestión de las emociones y de nuestro bienestar más psicológico y espiritual, la llamada “transición interior” que se antoja tan importante como la que definimos desde un punto de vista más materialista y que grupos como la Red de Transición España, ciertos colectivos cercanos a la permacultura y comunidades intencionales o autores como Carolyn Baker, Joana Macy o Charles Eisenstein (nuestro compañero Mauri hizo una excelente explicación de los seminarios grupales de Macy “El trabajo que reconecta”) nos proponen. En otras entradas hemos hablado de modelos que pudieran iniciarnos en un proceso de transición que si bien no sabemos qué dirección exacta tomará al menos pueda orientarnos a cambios positivos en nuestras vidas, siendo conscientes de las enormes dificultades que ya de por si nos pone la tecnosfera y sus variopintas proyecciones en tecnologías políticas, máquinas sociales, artefactos con potencial destructor masivo y obligaciones a seguir.

Propongo un trabajo en el que seguir cuatro pasos al que denominaremos método TIC+, transición interior consciente en contraposición al término comúnmente usado para designar a las tecnologías de la información y la comunicación.


 Paso 1 - Reconocimiento del problema: es el punto inicial para poder evaluar qué cambios están dentro de nuestras posibilidades. Se trata de un proceso gradual de toma de consciencia que va desde una etapa de negación y/o de anestesia total a uno en la que entendemos las múltiples crisis que nos acechan (social, ecológica, energética, científica…). Describimos estos pasos en un pasado post del mes de octubre de 2016 del compañero David Cuenta. Estas etapas coinciden también con una serie de etapas emocionales por los que pasa la persona que se zambulle en ellas y que fueron descritas por Elisabeth Kübler-Ross en el contexto de aquellos individuos que están gestionando un proceso de enfermedad terminal, que es aplicable al contexto cuasi-terminal de nuestra civilización y que pasan por la negación, la ira, la negociación, la depresión y la final aceptación (aunque no de forma lineal y no deba necesariamente materializarse pues hay individuos que jamás pasarán el estado de negación por ejemplo).

 



 





 

 


Figura 1. A la izquierda, las 5 etapas por las que Elisabeth Klüber-Ross teorizó que pasaban los individuos terminales o que han sufrido algún tipo de shock importante. A la derecha el modelo que conceptualizó Bodhi Paul Chefurka en relación a los diversos pasos de “despertar” de nuestra realidad socioambiental. A menudo una vez llegada a la consciencia de que el problema lo permea todo se puede llegar a una situación de depresión en la que es importante acompañar a la persona. Es un momento que los que hemos mirado al monstruo a la cara, me atrevería a decir hemos pasado de alguna manera, y por el que se hace necesario un procesos de duelo así como de compartir nuestro dolor con otras personas, en la línea de lo que Carolyn Baker suele comentar en sus trabajos.
 El problema es que en medio de tanta propaganda y ante la imposibilidad de ver alternativas sólidas (la tecnosfera y sus distintas tecnologías juegan su papel) o de ser estas “muy radicales” se hace muy difícil para muchos entender la magnitud del problema (aunque afortunadamente cada vez menos). Enseñarle a la gente gráficos y datos científicos que avalen estos juicios es hasta cierto punto necesario, pero absolutamente insuficiente y hasta cierto punto contraproducente. La prueba es que hasta ahora, después de muchas advertencias de ciertos “expertos” sobre muchos de los problemas que tenemos, tanto el estado de nuestros ecosistemas como nuestro tejido social van exponencialmente a peor. Pienso que lo más saludable es la experiencia femenológica directa, es decir, a conseguir que la persona pueda identificar los distintos problemas en algún punto en el que le afecte directamente, huyendo de discursos totalizadores y reduccionistas que ponen el foco en un elemento (el cambio climático o el pico del petróleo). Es así al menos como me funcionó a mi ese “despertar”, que fue en el contexto del estudio universitario y en un libro en particular. Todos los caminos llevan a Roma, pero no hay ninguna regla escrita que nos diga que un camino es el mejor.
Recientemente estuve en la hipercontaminada y bella Cracovia. Al charlar con algunos compañeros de Polonia durante mi estancia me comentaban los grandes problemas de contaminación local dadas las características geográficas de la ciudad y una confluencia de factores varios que la sitúan a menudo a niveles de megalópolis chinas. ¿Es para una persona asmática, relevante el cambio climático o los problemas de contaminación local? Quizás tomando este como punto de partida es posible “convencer” a esa persona de otros problemas de ámbito local y así poco a poco ir avanzando en conciencia. Aquí es fundamental el papel de aquellos que llevamos más tiempo informándonos sobre el problema y el discurso que presentamos. Debemos ser pacientes y reconocer que para nosotros mismos es también un proceso turbulento y duro, de apocalipsis en el sentido original del término que designa “revelación”.

 Paso 2 – Conocer tu realidad: los sistemas complejos como los seres humanos, las sociedades o los ecosistemas tienen la particularidad de que se manifiestan de forma distinta y como nos propone el teórico de la complejidad Rosen “depende totalmente de cómo escojamos nuestra interacción con el sistema dado que un sistema complejo es uno formado por muchos subsistemas cuya descripción depende de la decisión particular de mapeo – visión pre-analítica – que determinará si representamos unas u otras cualidades/propiedades” (Giampietro, 2002, pp.1). Mientras que el pasado lunes salí entusiasmado a una jam session jazz fantástica por su calidad musical, si hubiese puesto el “filtro” de científico de la sostenibilidad y hubiese analizado el patrón metabólico que hace posible el concierto quizás no hubiera salido tan entusiasmado. La realidad objetiva no es relevante y si lo es la visión pre-analítica (filtro o mapeo) que pone el observador ante lo observado.  



Figura 2. Análisis multinivel para conocer nuestra realidad. En él debemos empezar por nosotros e ir expandiendo los límites hacia abajo. Podemos hacerlo a partir del propio análisis Daño-Beneficio y de algunas de las herramientas que he propuesto aunque evidentemente la dificultad aumenta a medida que nos movemos hacia abajo de la pirámide. Las categorías semánticas de cada nivel son personalizables.


Así pues, la primera pregunta legítima en este segundo paso sería ¿Qué veo cuando miro la realidad? ¿Qué puede condicionar esa visión? ¿Es esa visión útil para mí y mis problemas o esconde prejuicios importantes? Un ejercicio que he empezado a practicar recientemente es el de en un momento determinado intentar dar distintas visiones a una misma situación. Esto se puede hacer anotando en una libreta por ejemplo durante un paseo en el que podemos asociar un mismo lugar con distintas perspectivas no reducibles entre sí, como en el caso que acabo de comentar del concierto. En este segundo paso debemos identificar 1) nuestro momento vital (edad, género, problemas y motivaciones…) y 2) nuestro lugar en el “sistema tecnoindustrial globalizado” y nuestra vulnerabilidad a los posibles cambios y disrupciones (a nivel de consumo, trabajo, relaciones, lugar de residencia…). Una vez pasada la etapa de consciencia es posible ya empezar a entender que lugar ocupamos en el mundo, cuanto de dependientes somos de la tecnosfera y empezar a ver, en relación a que estado de la vida nos encontremos, que cambios y determinaciones tomar que pueden ir desde la aceptación de no poder cambiar hasta el cambio radical en poco tiempo. Todo esto depende de condicionantes como la edad, nuestro entorno social, nuestro estado económico…



El siguiente paso son toda una serie de herramientas útiles para el autoconocimiento personal que en mi caso han sido bastante útiles puede servir de marco de referencia para aquel que trata de conocerse mejor y su relación con lo tecnológico:


- Diario de personal y diario de pensamientos

- Cuestionamiento de creencias fundamentales y memes sociales, especialmente los relacionados con el mito del progreso

- Observación de los hábitos: especialmente importante en los más básicos como la comida, el dormir, el aseo, el ocio, la vida en familia y en pareja…

- Interpretación de los sueños y análisis del pasado

-Técnicas de meditación (como las que propone A. Blay en sus magníficos libros)
- Técnicas de análisis de la personalidad, como nos plantea el modelo de los eneagramas de Claudio Naranjo en su libro Carácter y Neurosis para identificar algunos de los rasgos de nuestra personalidad que hayan contribuido a la “degradación de la consciencia” que, aunque tienden a formarse en etapas tempranas de la vida siguen interaccionando con el mundo exterior continuamente y por tanto con la tecnosfera y su perverso carácter. Dado que la tecnosfera genera dependencia y comportamientos impulsivos no es de extrañar que nos encontremos que determinadas personalidades se adapten bien. En el modelo el psicólogo Chileno propone 9 tipos de degradación de la consciencia y pienso que son los tipos VIII (sádico-lujurioso), VII (narcisista) y II (orgulloso-hedonista) los más relevantes y quizás mayoritarios en relación a lo que fomenta la tecnosfera.













 

Figura 3. Los eneatipos de Claudio Naranjo, un buen punto de partida para ver nuestro grado de degradación de consciencia en relación con la tecnosfera.
- Clubes de lectura en el que compartir las ideas que un determinado autor plantea y discutirlas colectivamente

- Actividades colectivas en las que se puedan genera dinámicas distintas como por ejemplo puedan ser por ejemplo seminarios con para generar una visión colectiva, comidas conjuntas, trabajos conjuntos…

- Manifestación del stress y la disonancia cognitiva que significa el participar de la tecnosfera y no poder hacer nada a corto plazo mediante el arte (escribiendo por ejemplo poesía, haciendo música o cantando) dado que son actividades que trascienden la tecnosfera. Éstas pueden ayudar también a la creación de nuevos mitos colectivos e imaginarios durante la transición.


Este apartado merece por si solo un libro con distintas técnicas e ideas (hay muchas más y cada una merece un artículo) así que solo espero despertar en el lector las ganas de tratar de empezar a indagar por sí mismo en el proceso del autoconocimiento personal que, en el plano de nuestra relación con la tecnosfera, pasa por un análisis de qué papel juega en nuestras vidas, que emociones/adicciones nos genera y en qué ámbitos podemos hacer modificaciones sustanciales, si lo creemos conveniente.  


Apuntar finalmente que considero este paso fundamental antes de embarcarse en aventuras más ambiciosas como la de “querer cambiar el mundo” o “querer cambiar a otra gente que está equivocada” cuyo síndrome suele ser habitual en muchos ámbitos del ecologismo y ciertos discursos ambientales.


Paso 3 – Conocer la realidad de los que te rodean: este paso se debe dar al mismo tiempo que el segundo y consiste en ir expandiendo la realidad desde un punto de vista más colectivo. Recomiendo empezar a analizar a nuestra propia pareja y familia, continuar con los amigos, luego los conocidos… hasta llegar a niveles más complejos como un “país” o “continente”. Este tipo de análisis multinivel nos puede ayudar también a identificar nuestras oportunidades y restricciones haciéndonos preguntas de tipo: ¿Hasta qué punto depende mi familia de un estilo de vida fosilista e insostenible? ¿A quién sirve este estilo de vida? ¿Existen formas distintas de depender menos de la tecnosfera y retomar el control de algunos procesos vitales como el de la alimentación, la salud, el tipo de ocio que elegimos…?









Paso 4 – Buscar trascender nuestra realidad y la de aquellos más cercanos o en su defecto aceptar una realidad incómoda: si hemos llegado al punto de un entendimiento de los grandes problemas que genera nuestro actual estilo de vida y podemos hacer algo para cambiarlo es el momento de intentar involucrarse más en otros colectivos y realidades que nos los permitan. Puede ir desde un primer estado en el que interactuamos en redes sociales con grupos de nuestro interés hasta involucrarse directamente en iniciativas de corte local (cooperativa de alimentos km 0, un huerto urbano que trate de aplicar los principios de la agroecología o la permacultura, participar en tareas divulgativas…). La pregunta clave aquí es ¿Cómo puedo ayudar a contribuir a formar un mundo más sostenible y justo? Personalmente opino que importa más el camino y el proceso a recorrer que el resultado final, pues no está en las manos de ningún individuo en particular ni colectivo específico el futuro de la humanidad y del planeta.

Queda pues para otro artículo el desarrollo más específico de cada uno de estos pasos (con algún método más estructurado) y su posible modificación, pero queda claro que, si somos honestos con nosotros mismo y nuestros hijos, cuanto antes empecemos, más posibilidades tendremos de recobrar esa autonomía, autosuficiencia y libertada que nos empodere en mayor medida y nos permita volver a humanizar nuestra sociedad de robópatas deshumanizante. Todos somos víctimas de este gran aparato burocrático y destructor, de esa máquina social llamada tecnosfera.

5.     El hombre sin mito, no es hombre. ¡Viva los biopartizanos y abajo el socialdarwinismo!

¿Cuál es el mito que tú vives? El hombre siempre ha vivido en el mito, y pensamos que podemos nacer hoy y vivir sin mito y sin historia. Esa es una mutilación del ser humano.
Carl Gustav Jung

¿Por qué existe el mito?

A mi juicio hay tres motivos: minimizar la incertidumbre, aumentar la cohesión social y como puerta de entrada a estados de la consciencia alterados y superiores.

Los indios Iroqueses tomaban un marco de referencia para la toma de decisiones de siete generaciones. Si una acción no tenía en cuenta esta visión a largo plazo no era socialmente aceptada. Mirando atrás nos encontramos que precisamente hace unas 7 generaciones (unos 175 años) la revolución industrial empezaba a despegar en todo su esplendor. Dado que algunos vaticinamos que la tendencia de los últimos dos siglos no puede seguir mucho tiempo, cabe preguntarse si hay mitos más relevantes que según que logos, especialmente cuando uno lo mirar no desde una visión individualista (¿Y qué será de mi en este mundo que se viene abajo?) sino desde una colectiva, como Carlos de Castro nos cuenta que hacen los árboles o las estériles abejas que se sacrifican por la colmena (¿Y qué será de mi grupo y de Madre Gaia cuando ya no esté?). Recuperar esta línea de enfoque vital, opuesta al occidental, puede ser muy relevante dado que ya hay procesos de descomposición ecológicos y sociales que se antojan irreversibles. La actual tasa de extinción de especies, superior a cualquier otra en el registro histórico, debería hacernos darnos cuenta del sometimiento agónico de la vida en nuestro planeta. ¡Que nadie te diga sentirse mal e incluso pasar un duelo por ello es algo estúpido! Si te entran ganas de llorar por todo el dolor causado solo se puede decir algo: felicidades, ya que como dice Krishnamurti:

“No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”

Debemos pues preguntarnos en la línea de lo que nos cuenta Orlov en su magistral libro, que tipo de mito puede ser instrumental para una nueva concepción del mundo que ponga en el centro la vida y respete a Gaia. El autor nos propone cuatro rasgos básicos para poder pasar al paso final el 5

Paso 5 – Convertirse en un “partizano” de la biosfera
-          Una ideología unificadora: una nueva cultura que otorgue a sus participantes un sentido, les permita reconocerse el uno al otro y trabajar para un bien común
-        Una reconexión con el medio ambiente: recobrando nuestra relación con elementos de tipo local que no sean meras abstracciones sino un hábitat con el que identificarnos y enraizarnos que nos proporcione un sentido de pertenencia para defenderlo y protegerlo (bosques, prados, lagos…).
-          Sentido de la indignación en se despojados y violados por un enemigo que debe ser noqueado dado que su propia supervivencia está en juego
-          Un sentido de pertenencia a un todo mayor cuyos miembros, aunque no puedan acceder de forma inmediata, otorgue de apoyo moral y un sentido de legitimidad basado en un objetivo común.
En la línea de lo que propone Nassim Taleb con su concepto de antifrágil, un individuo dispuesto a morir por un colectivo, por la biosfera no puede perder, es por definición antifrágil dado que cualquier intento de reprimirlo, de que la tecnosfera lo intente eliminar es muy probable que consiga el efecto contrario como nos demuestra la gran cantidad de asesinatos de activista ambientales como fue el conocido y reciente caso de Berta Cáceres,

La muerte está sobrevalorada. Así pues, gritemos al unísono ¡Abajo la tecnosfera y arriba los biopartizanos!

¡Salud y buenvivir!


Apunte final sobre Ted Kackinsky (ver primera cita del artículo):

 
* Ted Kaczinsky, conocido como el unabom (university and airline bomber) es un matemático y filósofo actualmente convicto en la prisión de máxima seguridad ADX Florence, en Colorado. Después de estar ahorrando una temporada decició hacerse una cabaña y vivir con muy poco dinero sin agua corriente, electricidad y fundamentalmente de la caza y la recolecta. Probalemente como consecuencia de los experimentos a los que había sometido en Harvard durante sus estuidos y después de que uno de sus rincones de naturaleza pristrina fuese remplazado por una carretera forestal, decidió dejar de estudiar la naturaleza y empezar a estudiar la fabricación de explosivos. El 19 de setiembre de 1995 tanto The New York Times como The Washington Post publicaron su largo artículo La sociedad industrial y su futuro a cambio de detener las amenazar contra dichos medios. El manifiesto es, a mi juicio, una muy interesante crítica de la izquierda posmoderna políticamente correcta que aunque parece rebelarse contra muchas de las  perversas dinámicas del sistema se identifican con él.