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martes, 19 de febrero de 2019

La guerra que perdimos sin luchar



El otro día sufrí una pequeña conmoción. Un amigo compartió en un grupo de whatsapp un archivo de audio, extraido de un programa que era para mí desconocido, en el que se comentaba la controvertida huelga del taxi en protesta por la irrupción de los VTC, encabezados por Uber y Cabify.

Preguntando descubrí que el programa en cuestión es Hoy por hoy de la cadena Ser. En él se cuenta todo lo que ya es muy conocido: el incremento exponencial del numero de licencias VTC, el intento por parte de estas empresas, como ya ha ocurrido en ciudades como San Francisco, de asfixiar a los taxistas, para luego, una vez son dominantes, subir los precios, la precariedad de los trabajadores, que son falsos autónomos y que son explotados en jornadas maratonianas por empresas que apenas tienen capital físico, coches, instalaciones y la declaración de los beneficios en paraísos fiscales, de forma que no se paguen apenas impuestos donde se desarrolla la actividad. El drama de las ciudades y países que sufren estos cambios es que se pierden salarios, condiciones laborales e impuestos.

La conmoción fue para mí ser consciente de que se había declarado una guerra por el negocio del transporte urbano con conductor. La noticia era primera plana en los medios, pero estos no reflejaban el punto de vista que a mi juicio, pero de forma bastante clara, representaba el bien común. No teníamos voz, y con ella el sentido común dejaba de estar presente.

Como ya indicamos en otros dos artículos, uno mío ¿Puede la economía colaborativa cambiar el mundo? y otro de mi compañero Jesús Martín ¿Economía colaborativa? Sí, pero desde el cooperativismo, la solución a los problemas que veíamos aparecer en el horizonte y que explotaron hace semanas con la huelga del taxi, es el cooperativismo de plataforma, un modelo justo para los trabajadores que nos permite disfrutar de las ventajas que ofrecen estas soluciones tecnológias.

¿Qué ventajas son esas? En mi anterior artículo daba un ejemplo bastante impresionante

Así, según Anita Hamilton, en EEUU un coche permanece inactivo el 92% del tiempo. Es mucho, Lawrence D.Burns, profesor de la universidad de Michigan indica:
"Un servicio coordinado de vehículos compartidos ofrecería el mismo nivel de movilidad que los vehículos particulares, pero con un 80% menos de vehículos y con una inversión mucho menor".

lunes, 11 de febrero de 2019

No, no estamos colapsando (todavía)


Ante la grave situación de deterioro social y económico que vive nuestro país, con aumento alarmante de la exclusión social, cabe preguntarse ¿se debe el citado deterioro a la escasez de recursos naturales, en particular de tipo energético? ¿o bien hay factores económico-sociales detrás de la alarmante situación?



Para responder a esa pregunta he creído conveniente revisar los datos de producción agregados de la sociedad global, en términos físicos (toneladas o unidades producidas) sin tener en consideración el valor monetario, dada su evidente ambigüedad. He buscado datos de producción de bienes básicos, comida, materiales de construcción y manufacturas cuya importancia social es vital, los resultados, bastante impresionantes, son los siguientes:




jueves, 31 de enero de 2019

El pico de la ciencia

 

Hemos hablado mucho sobre la modernidad, ese aspecto que ha permeado nuestras vidas de un modo inevitable, aquello que tanto amamos pero nos está destruyendo y cada vez nos separa más de lo natural, aquello que es ambivalente y no nos permite vivir ni en lo psíquico ni en lo material, porque vive siempre en lo inmediato y lo instrumental.

Es común escuchar anécdotas sobre alguien que dijo “todo lo que se podía inventar, ya se ha inventado”, y resulta que ese alguien jamás vio la transición entre televisores de blanco y negro a plasmas, LCD’s y LED’s, esa persona jamás vio un modem telefónico, ni conexiones ADSL, tampoco vio los modernos smartphones… y esa velocidad tecnológica sigue haciéndonos pensar que la carrera tecnológica aun puede ser infinita, vengo a deciros que no.

Uno de los problemas que los tecno-optimistas más ignoran es el energético, la civilización actual es posible gracias al maravilloso petróleo, que permitió mover grandes volúmenes de personas y mercancías a velocidades sorprendentes, superando incluso la velocidad del sonido. Pero ahora mismo estamos frente a una crisis energética, aunque no lo parezca, como se explica detalladamente en The Oil Crash, la civilización contemporánea está en vías del colapso por sencillas razones termodinámicas, se necesita de mucha energía para hacer cosas como trasladar personas y mercancías de un punto a otro. El petróleo (insisto) es un producto milagroso que permite concentrar en poco volumen un potencial calorífico.

La ciencia moderna desde la invención de las gasolinas no ha podido crear algo equivalente, que en poco espacio otorgue semejante autonomía, los eléctricos más modernos aún sufren de eso. Por otro lado la energía nuclear se está acabando (hablando del uranio) y tristemente los accidentes han acontecido, por lo que esta opción no puede ser viable a largo plazo.

Y la panacea o fusión nuclear se antoja imposible debido a que confinar el plasma es una labor titánica, imaginar crear un “sol” en la tierra y confinarlo “solamente” mediante técnicas electromagnéticas hasta ahora ha demostrado no ser posible, menos aún hacerlo para generar energía eléctrica.

¿Somos tecno-pesimistas o pesimistas entonces? Todo lo contrario, pero ese es otro tema de conversación, considero que el problema es la excesiva carga que se ha puesto en la ciencia y la negativa a reconocer los alcances de la ciencia y conocimiento humano respecto a un planeta finito y la incapacidad de obtener recursos naturales de otros lugares (planetas, satélites, etc.), además de una serie de problemas fundamentales de la ciencia que no se han querido abordar en décadas.
Lo anterior me lleva a citar (nuevamente) un maravilloso artículo titulado “ Sobre el fracaso del LHC Run 2, y los límites del conocimiento” en donde se exponen en resumen dos cosas:

1) La ciencia básica está limitada de modo práctico en cuanto a la descripción del mundo por el coste experimental y el hecho de que cada vez un mayor coste resulta en un menor aumento de precisión: esto hace que (relativamente) poco más se vaya a avanzar los próximos años en cuanto a la identificación (enumeración) de leyes, teorías y principios nuevos y revolucionarios.

2) La ciencia básica está limitada teóricamente en cuanto a la explicación (el porqué) del modo en que esas leyes y principios detectados (de modo descriptivo) funcionan del modo en que lo hacen (y no de otra manera, o de ninguna manera en absoluto). Uno puede, por ejemplo; conocer y comprender la formulación matemática (descriptiva) del principio de acción mínima, y no obstante, no tener ni idea de por qué el Universo funciona de este modo observado y no de otra manera diferente. Y lo mismo aplica al resto de leyes, principios, teorías, etc.

El primer punto y principal argumento del por qué el LHC es un fracaso, es que digamos en términos prácticos que todo lo que científicamente se podía descubrir (hablando específicamente de la física de partículas) ya se ha descubierto y lo que falta por descubrir requerirá más recursos de todo tipo, por lo que a menos de que invirtamos más dinero, ya no descubriremos más cosas y además de eso…cada vez tendremos menos precisión en cuanto a nuevos descubrimientos, ante eso surge una duda que lanzó al aire y que fue dicha por primera vez por mi compañero Jesús aludiendo a The Crash Oil y desde luego a Hubbert y su teoría del pico:¿Estamos en el pico de la ciencia?.

Es decir… ¿Estamos en el punto climax de descubrimientos e invenciones?, ¿La física de partículas ha tocado “techo”?, la analogía es imprecisa desde luego y metafórica, no pretende decir que a partir de ahora la ciencia irá en franco decaimiento, pero parece ser que por ejemplo al menos en el campo de la física teórica y experimental el LHC podría ser el último gran proyecto, a menos que se financie otro. ¿Hasta ahí llegará la investigación empírica?.

Otra cosa que es importante aclarar es que según la teoría de Hubbert, una vez que se alcanza el pico la caída no es inminente ni súbita, no se trata de el anuncio de un apocalipsis inmediato, pero si se trata de un punto de no retorno. Al respecto de la física y del LHC el debate está muy vivo y yo considero que si podría haber cierto estancamiento, podríamos ver en los próximos años que la investigación empírica de ciencia básica podría empezar a decaer, eso no significa que se dejará de hacer ciencia ni nada por el estilo, todo lo contrario seguramente la investigación seguirá y crecerá pero en campos muy específiocs y costosos particularmente de la física podría dejarse de hacer investigación empírica por falta de financiamiento e incluso incapacidad técnica.
Como el mismo artículo ilustra y tomo la siguiente imagen, el LHC tiene la potencia suficiente como para ver (detectar) objetos a escala de menos de 10^-10, pero las cuerdas de la teoría de cuerdas (valga la redundancia) según nuestros modelos teóricos existirían a una escala de 10^-30 centímetros, por lo que no hay forma de “ver” empíricamente si una cuerda existe o no existe, vibra o no vibra, es imposible (al menos en este momento y punto de la historia) construir una cámara diminuta que pudiese grabar una cuerda. Vale la pena si quiera intentar comparar el tamaño de un átomo con el de una hipotética cuerda.



 Justamente mientras escribía este artículo me encontré con una traducción de “el futuro incierto de de la física de partículas”, en donde se expone con argumentos más sólidos y desde un medio más “mainstream” lo que comentaba anteriormente, y que se resume en que efectivamente la física de partículas

Entonces encontramos un problema con la ciencia y empezamos a ver los límites que tenemos para seguir investigando, pero como mencionaba, hay otros temas de los que no se ha hablado y que siguen siendo oportunos.

Relacionado a lo anterior tenemos que la ciencia vive una severa crisis desde hace décadas y este problema ha sigo ignorado sistemáticamente hasta nuestros días. Un profesor de la universidad decía que fue Descartes quien fundó la modernidad, mediante su famoso “Discurso del método” separó los mundos de la introspección y la física para crear una doctrina empírica, que desembocaría en la perfección del método científico, en términos prácticos perfeccionó los conceptos modernos de teoría y práctica o teoría y verificación experimental.
A partir de entonces las ciencias abandonaron modelos introspectivos y se privilegio un mundo “objetivo” en donde la razón pudiese estar por encima de toda contaminación subjetiva y lo demás es historia… El problema vino alrededor del siglo XX con varios problemas que ya he relatado pero vale la pena rememorar. El primero y quizá más relevante vino de la mano de Kurt Gödel, un genio sin igual que provoco una herida narcisista de la que la ciencia jamás se repondría: Gödel demostró en sus teoremas de incompletitud que ninguna teoría matemática formal capaz de describir los números naturales y la aritmética con suficiente expresividad, es a la vez consistente y completa.

Los problemas de recursividad e completitud inspiraron a  Hofstater a escribir un libro.


Lo anterior resultó sumamente trágico para las ciencias porque en el andamiaje construido desde el positivismo, las matemáticas resultaban esenciales para el modelo teórico-experimental, puesto que desde ahí se construían modelos científicos que después se experimentaban y corroboraban para finalmente acabar como leyes universales o algo así. Pero Gödel queriendo o sin querer “se cargó” las matemáticas (en un sentido figurado) y borró toda esperanza de que alguna vez algo tan puro y “exacto” como las matemáticas fueran perfectas y perfectamente entendidas, el universo resulto ser más extraño e inconsistente de lo que pensábamos.

El asunto no quedó ahí, Einstein que para muchos ha sido el mayor genio que ha tenido la humanidad concibió su teoría general de la relatividad, una broma maestra en todos los sentidos, excepto porque después se hizo evidente algo que ya se sospechaba y es que su teoría describe muy bien que sucede con los objetos con masa en el universo, pero no puede explicar lo que sucede en el universo a microescala, hablamos de la física de partículas, esa misma que estudia el LHC a través del CERN.

Peor aún resultó que las teorías que explican la física de partículas como la mecánica cuántica, resultaron ser notablemente incompatibles con la teoría general de la relatividad, de modo que hasta la fecha no se puede explicar que hay “en medio”, es decir como es que en un mismo universo nuestros modelos teóricos no pueden explicar por qué los comportamientos de la materia y la energía son diferentes según la escala.

A partir de ahí el problema se ha hecho cada vez más grande, entre otras cosas porque la física de partículas tiene teorías que son probabilísticas y que debido a la dificultad de comprobarse experimentalmente en ocasiones se enumerar como meras teorías, lo que reduce su valor a los ojos del positivismo “clásico” que rechaza las ideas sin evidencia empírica. Peor aún resulta cuando la física de partículas dicen y comprueba experimentalmente cosas “raras” del universo como que un electrón pueda estar en dos lugares al mismo tiempo, lo que es imposible ante la lógica “tradicional/científica/positivista” pero que sin embargo se ha comprobado experimentalmente.

Ante estos problemas algunos científicos/físicos han dicho que el quehacer físico no implica especular ni hacer teorías sin sustento científico/teórico y que muchos físicos de partículas bien harían en dejar de hacer brujería y hacer ciencia en serio. El problema de fondo es que la ciencia en serio se ha venido quebrando con Gödel, con el problema presupuestario, y con el pico de la ciencia que hoy expongo aquí, para lo cual se me ocurren algunas soluciones o vertientes:

  1. Algunos compañeros, colegas y amigos me han sugerido que no hay problema con la ciencia. Esto es falso, porque Gödel demostró que si somos consistentes estamos siendo incompletos y que si somos completos, seremos inconsistentes. Evadiendo a Gödel, aún tenemos problemas para que la ciencia pudiera llegar a ser completa, los intentos más cercanos se ilustran en la llamada “teoría de las supercuerdas” y otros esfuerzos que aun pretenden vivir en un universo lógico y consistente con la esperanza de que algún día podamos entender las leyes que nos gobiernan. En ese universo sin embargo aún no se sortean problemas como la incapacidad técnica de comprobar experimentalmente cosas como la teoría de cuerdas o seguir fraccionando partículas subatómicas en aceleradores de partículas. Siento decirlo pero este modelo ha fracasado.
  2. Por otro lado muchas personas han intentado conciliar modelos científicos y filosóficos para atacar los problemas modernos en los que Gödel nos metió, pero esto me suena un poco recursivo, claro que los positivistas están en su derecho de querer arreglar su “ciencia”, pero esto involucra necesariamente rellenar aquellos huecos y eso no se antoja fácil. Continuar con la via pragmática es querer transitar nuevamente por ese camino tan fructífero que nos ha llevado hasta aquí, sinceramente no creo que funcione, pero se vale disentir. En este post hablo un poco sobre lo que podría ser una nueva filosofía de la ciencia.
  3. Considero que este es un buen momento para rendirnos, para aceptar que el universo y la realidad nos han rebasado y caminar hacia una aproximación realista del universo, aceptar la imposibilidad técnica de realizar más investigación experimental y abrir otras puertas, por ejemplo la lógica difusa. Se trataría de continuar con el trabajo de investigación partiendo desde aceptar que hay cosas que quizá no sabremos y sobretodo enfocar nuestras energías en lo que si podemos hacer, crear y descubrir. Considero que este es el espíritu de autonomía y bienvivir. Para este camino es necesario la reconciliación (creo yo) de la ciencia y la filosofía, divorcio fatal que fue promovido por el positivismo.

Para concluir solo queda decir que quizá seré yo el próximo ingenuo que creyó que “ya no se podía descubrir nada más”, quizá en el futuro los reactores de fusión nuclear sean una realidad y quizá haya una teoría que explique el universo en macro y nano escala y quizá las paradojas de Gödel no lleguen a ser tan graves como parecen, no tengo miedo a equivocarme. Pero por otro lado las limitantes que tenemos en nuestros modelos actuales empiezan a romperse y hacer ruido y es mejor atenderlas. Hoy más que nunca estamos habilitados para acabar con los grandes problemas de la humanidad pero no lo hacemos porque no hay modelos reales y funcionales de sustentabilidad y no los podrá haber hasta que empecemos a construirlos y señalarlos, pero por fortuna ya hemos comenzado.

martes, 29 de enero de 2019

La narrativa del peak-oil no llega

El 10 de enero de este año, en el programa musical Siglo XXI de Radio 3, intercalaron una entrevista a una persona involucrada en la coordinación del movimiento Extinction/Rebelion de Reino Unido. Es la primera vez que se articula una protesta masiva a favor de la sostenibilidad, con un impacto mediático y social ciertamente notable. A raíz de las protestas, y hasta donde yo sé, al menos tres ciudades declararon la emergencia climática y aprobaron planes para reducir sus emisiones de forma drástica.


Dejo el enlace al programa (entrevista a partir del minuto 39) 



y transcribo a continuación la misma:

Podemos asegurar que hemos esperado demasiado tiempo para hacer algo, ya conocemos un montón de situaciones irreversibles, estamos ante un escenario climático desastroso aunque elimináramos las emisiones de carbono mañana mismo. Mi nombre es Nils Ager y soy sueco pero he estado trabajando en Gran Bretaña en los últimos tres años, he estado trabajando también con una red que ha impulsado el movimiento Extinction/Rebelion que comenzó en mayo, formo parte del grupo de coordinación. Extinction/Rebelion se puso en marcha con el objetivo de cambiar las cosas a la hora de hacer campaña contra el cambio climático y la crisis ecológica. Seguimos en una crisis masiva, aunque hace ya treinta años que empezó la conciencia contra el cambio climático. Con el nombre del movimiento tuvimos un largo debate, queríamos explicar nuestra labor como una rebelión, así que queríamos que eso fuera parte central del nombre. Con ese nombre queríamos dejar claro que no nos centrábamos solamente en el cambio climático sino también en la extinción masiva de las especies. El cambio climático es uno de los aspectos de la crisis a la que nos enfrentamos, últimamente nos estamos dando cuenta de que la desaparición de las especies es igualmente una amenaza a la civilización humana, a nuestra supervivencia, a los recursos alimentarios o nuestra estabilidad. Todo está construido en una diversidad biológica que se está extinguiendo muy rápidamente, es una amenaza, tal vez, no tan debatida. La crisis de la extinción y la climática están conectadas y se retroalimentan, las temperaturas suben y las especies desaparecen, mientras se deterioran nuestros ecosistemas la naturaleza tiene menos resiliencia para lidiar con las temperaturas en aumento y el cambio climático. Si deterioramos la Tierra, también tenemos menos capacidad para adaptarnos. En el Ártico el deshielo podría suceder en un periodo de diez o cinco años, eso reforzará el cambio climático. El hielo blanco está reflejando ahora la luz a la atmósfera, al deshacerse permite una mayor absorción de la temperatura en el océano. Nos hemos dado cuenta de que nuestros gobiernos nos han llevado a niveles de peligro inaceptables. Sabemos que con las emisiones de carbono que se liberan hoy en día hay una probabilidad entre veinte de que suframos un calentamiento irreversible. Imagina que esas estadísticas se hubieran aplicado a un avión que despega, si hubiera una probabilidad entre veinte de que el avión se estrellara y todo el mundo muriera, nunca se habría permitido que nadie entrara en ese avión, pero los gobiernos están asumiendo ese riesgo con la población global. No se trata de cuando ocurrirán estos eventos climáticos, sino que se trata de darse cuenta de que se están tomando riesgos inaceptables con nuestra vida. Podemos conseguir que la crisis no sea tan mala, sabemos que las sociedades humanas se pueden adaptar muy rápido, si nos damos cuenta de que nos enfrentamos a una amenaza existencial. Podemos hacer de nuestra vida algo mejor, menos basada en el consumismo. Desde Extinction/Rebelion proponemos que se implemente una asamblea ciudadana, con ciudadanos elegidos al azar, que inicien la transición hacia otro tipo de economía, que no esté basada en el carbono y que no sea una amenaza tan grande para nuestros ecosistemas. Nuestro objetivo inmediato es cambiar la discusión sobre el cambio climático e incluir la posibilidad de la extinción humana, o el colapso de la civilización, un discurso que hoy en día no se ve como aceptable en el debate sobre el cambio climático.

miércoles, 23 de enero de 2019

Las raíces psicológicas de nuestro deterioro socioecológico


1. Sobre la naturaleza del cambio socioecológico: cuando la razón y el debate son insuficientes



En este blog hemos hablado mucho de la cuestión del cambio de paradigma y de la necesidad de una nueva ética para una nueva civilización. En especial hay dos artículos de especial importancia para este artículo.

Nuestro compañero Jesús Martín, hizo un muy necesario e interesante artículo sobre muchas de las paradojas que hoy en día nos ocupan. En él ponía sobre la mesa un gran elenco con relevancia para el debate de la sostenibilidad como por ejemplo la Paradoja de Easterlin (que parece mostrar que la felicidad ha llegado a un pico al mismo tiempo que el PIB ha seguido creciendo) o paradojas en relación a la salud (con una sociedad que, aunque crece, por tercer año consecutivo ha aumentado el hambre en el mundo de forma absoluta). Bien, yo no diría que esto sea una paradoja sino una tensión dialéctica. Las tensiones dialécticas son resolubles, las paradojas no. La paradoja del barbero de Russel, los teoremas de incompletitud de Gödel, los dibujos del artista Escher… Parecen apuntar a la naturaleza insoslayablemente paradójica de la realidad, a una cuestión ontológica. Otros creen que son meras ilusiones sin relevancia. El matemático Martin Gardner publicó en 1981 un libro sobre paradojas en el que distinguía cuatro tipos de paradojas:

 1. Afirmaciones que parecen falsas pero que son verdaderas
 2. Afirmaciones que parecen verdaderas pero son falsas
 3. Un tipo de razonamiento que parece impecable pero que lleva a una contradicción lógica
 4. Una afirmación cuya verdad o falsedad no es determinable

Las tres primeras no presentan problemas. Son los ejemplos que presenta Jesús Martín en su artículo y que como he comentado son tensiones no resueltas. Por otro lado las paradojas del zen, ciertas paradojas circulares, el intento de formalizar una disciplina (como la de la sostenibilidad) de forma racional e inequívoca (sin apelar a valores y creencias meta-racionales) o el intento de predecir sistemas complejos y caóticos (no lineales y muy sensibles a cambios muy pequeños en las condiciones del sistema, con múltiples retroalimentaciones a varias escalas...) que tratamos en este blog, nos enfrentan a una cuestión: ¿Es suficiente la ciencia y su "método" para lidiar con estos problemas? ¿Es suficiente plantear un sistema ético de valores inequívocos y universales como planteaba Aristóteles, Kant o como han hecho las religiones abrahámicas a partir de dualismos absolutos de verdad/luz/bien y mentira/oscuridad/mal?

¿Podemos reducir ciertas cuestiones a la verdad o la mentira mediante un esfuerzo analítico? Sin duda. Podemos dudar de que vaya a morir si dejo de comer. Como nos advirtió Hume, la inducción no justifica la causalidad y como dijo Popper que algo siempre haya sido verdad no implica que la siguiente observación vaya a ser verdad. Pruebe a dejar de comer si tiene coraje para intentar falsar la argumentación. Nadie lo va a hacer. En dichas cuestiones es útil pensar en términos de verdad o mentira. En cuestiones específicas. En sistemas muy complejos (como los morales o los de la sostenibilidad) con un gran número de variables en el que a nivel práctico se aproxima al infinito (por haber límites de computación y por tanto de observación) y que acaban refiriéndose a si mismos (como el estudio de la mente que hace la mente o la sostenibilidad de la misma sostenibilidad) llegamos a paradojas como la del mentiroso y sino a paradojas si a dilemas causados por los distintos tipos de incertidumbres que se plantean.

Un hombre afirma que está mintiendo. ¿Dice la verdad?

No importa las torceduras que le demos al asunto. Acabamos en un sistema indecible, es decir cuya verdad o mentira no se puede determinar. Nos hemos encontrado muchos de estos problemas a lo largo del siglo XX y esto ha perturbado mucho a las mentes lógicas y racionalistas. Pero es que hay más... En el momento en que el ser humano ha pasado de meramente preocuparse sobre como hacer una máquina a tratar de entender sistemas complejos, se ha encontrado con sistemas que directamente no pueden predecirse por su propia naturaleza intrínseca. Este fue el descubrimiento de Edward Lorenz cuando observó que un pequeño cambio en uno de los decimales de uno de los parámetros en un sistema de tres ecuaciones dinámicas llevaba a comportamientos caóticos (es decir tenía un comportamiento muy diferente, exponencialmente diferente). Si un sistema de tres ecuaciones puede exhibir este comportamiento tan complejo de predecir y basado en parámetros físicos del clima, ¿de verdad creemos que podemos encontrar la "verdad" en modelos climáticos complejos que tienen más de un millón de variables? Ya expliqué en un pasado artículo que tras una validación de más de cien modelos del IPCC, la gran mayoría no había acertado con su predicción. Los conceptos de verdad y mentira no sirven cuando existen grandes incertidumbres y este es el pan nuestro de cada día para los que tratamos con problemas de sostenibilidad. 

domingo, 13 de enero de 2019

2018, viento a favor para la transición



Si el año pasado al hacer balance del año que terminaba, 2017, destacábamos que había sido el año en el que por primera vez varios comunicados sobre la gravedad del problema medioambiental habían llegado hasta el gran público, el año 2018 destaca por ser el año en el que se inicia un nuevo ciclo de protesta, y el año en el que la ciencia volvió a dar de lado la transición hacia la sostenibilidad, aunque nos abrió una importante oportunidad. Bueno, no exactamente la ciencia, pero sí Joham Röckstrom, uno de los científicos más importantes a nivel mundial en el ámbito de la sostenibilidad, y el más mediático, con acceso a las autoridades políticas y a las personas más influyentes. Röckstrom declaró en la cumbre de las ciudades contra el cambio climático que era posible el crecimiento económico mientras nos manteníamos dentro de los límites planetarios que él, junto con otros científicos, ha ayudado a trazar.



Röckstrom ha adoptado un keynesianismo verde donde juegan un papel destacado los sumideros de carbono y técnicas de geoingeniería, aunque no las más dañinas, que consistirían en enfriar el planeta con alguna técnica a gran escala, mientras se sigue emitiendo carbono. Él apuesta por la geoingeniería para la captura de carbono. A mí juicio, lo que ha pasado en San Francisco es muy importante, porque marca por donde van a ir las élites progresistas y globalistas, si los Trump, Bolsonaro y Le Pen (no parece descabellada pensar su ascensión a la presidencia en breve, dado el descrédito absoluto de Macron, el candidato del statu quo que paró a Le Pen por los pelos en las últimas elecciones), les dejan.

martes, 8 de enero de 2019

La metafísica de Silicon Valley y la destrucción de la creatividad humana

¿Cuál es la metafísica que impulsó Silicon Valley? ¿Qué es lo que motivó a perfiles empresariales tan variados como Steve Jobs, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg? Franklin Foer, quien fuera editor de la New Republic en Estados Unidos, se planteó estas preguntas cuando algunos colegas le avisaron que ya habían contratado a su sustituto en el medio, porque él no era lo suficientemente dinámico para conseguir más lectores.

Cuando en la prensa generalista nos muestran al sector empresarial de las grandes tecnológicas la idea que transmiten a la sociedad es que son individuos casi heroicos, abnegados emprendedores que indudablemente tienen mucho más en común con Ayn Rand y el liberalismo norteamericano que con el concepto de la economía social de mercado típicamente europeo. Según Foer esta idea es completamente errónea, ya que si por algo se caracteriza Silicon Valley es por defender que el ser humano nació para vivir en colectividad. Por ello su metafísica se basa en las multitudes y los entornos colaborativos, no en el individualismo emprendedor. «Albergan un profundo deseo de que el mundo atomístico se convierta en un todo. Ensamblando el mundo, pueden curar sus males. Retóricamente, las empresas tecnológicas hacen guiños a la individualidad —‌al empoderamiento del «usuario»—, pero su cosmovisión pasa por encima de ella. Incluso la invocación omnipresente a los usuarios resulta reveladora, pues no es más que una descripción pasiva y burocrática de nosotros.» Esta cosmovisión del ser humano ha llevado a las grandes tecnológicas a asumir que, pese a ser ilegal, es absolutamente necesario e incluso positivo espiar el comportamiento de los usuarios y “orientarlos” mediante los algoritmos, recomendándoles qué tipo de contenidos han de escuchar, visualizar o leer a diario.

Stewart Brand e IBM


Pero, ¿de dónde viene la idea metafísica de la necesidad de orientar a la sociedad hacia una especie de mente colmena, en aras de evitar la conflictividad y garantizar así la estabilidad? Fue Stewart Brand quien inspiró a toda una generación de informáticos que soñaron con transformar el mundo al tiempo que la contracultura hippie se hacía añicos y la gente pasaba de vivir en comunas a hipotecarse. El término «ordenador personal» fue acuñado por él. Este popular intelectual de origen norteamericano, que tuvo una breve pero vital experiencia en el ejército y promovió el consumo de las drogas psicodélicas fue el creador del Whole Earth Catalog, una publicación en la que se divulgaba sobre todo tipo de utensilios para hippies, y que para muchos futuros líderes empresariales como Steve Jobs se convirtió, literalmente, en su Biblia. Brand expuso su visión, un mundo que superase los antagonismos de la Guerra Fría para estar unido en paz, a través de la colaboración y la fuerza colectiva, a través de una sola red. Para promover sus ideas organizó los Trips Festival en la década de 1960, reuniones en donde los asistentes se divertían con viajes de ácido en San Francisco. Durante tres días miles de personas se drogaban sin parar al tiempo que se divertían asistiendo a conciertos de bandas míticas como Grateful Dead, dando a los jóvenes la sensación de pertenecer a un grupo unido y sólido que los hacía trascender más allá de la rutina cotidiana. Todo ello estaba acompañado de espectáculos de luces que trataban de asemejarse al máximo a los viajes con LSD. «La mayor parte de nuestra generación despreciaba los ordenadores como encarnación del control centralizado», explicó Brand, y es que los ordenadores eran IBM, la corporación omnipresente en todo el entramado burocrático y militar de Estados Unidos, esa que controlaba hasta el 70% del mercado de ordenadores domésticos, sin que ningún competidor pudiera hacerle sombra, con el respaldo pleno del Pentágono. «Casi todos los 701 fabricados se alquilaron al Departamento de Defensa o a compañías aeroespaciales. Unos cuantos años después, la Agencia de Seguridad Nacional subvencionó el desarrollo de un nuevo modelo, una colaboración llamada Stretch («Extensión» o «Elasticidad»), toda vez que esas máquinas podían calibrarse para satisfacer las distintas necesidades de las agencias. Paul Ceruzzi, un historiador de la tecnología meticuloso y no ideologizado, ha ofrecido una vigorosa descripción de la época: «La informática estadounidense desde 1945 hasta 1970 estuvo dominada por vastos sistemas centralizados y sometidos a férreos controles, muy poco discordantes con el sistema político soviético».

Brand, McLuhan y la tecnología como solución de todos los males del mundo


Brand pertenece a una generación perfectamente descrita por Theodore Roszak, «Junto con el atractivo de la música folk y las maneras primitivas, la artesanía y la agricultura ecológica, existía una fabulación y admiración infantil por las naves espaciales y los mecanismos milagrosos, que convertirían la película 2001 de Stanley Kubrick y la serie de televisión Star Trek en obras de culto». Eran jóvenes que odiaban a IBM, pero que soñaban con que los ordenadores podrían rehacer el mundo, organizarlo mejor, unir a las personas en una comunidad global pacífica y colaborativa.

Ese es el origen del entorno laboral de los gigantes como Google, en los que «a pesar de los capitalistas de riesgo y los Tesla, en Silicon Valley cabe rastrear las huellas de la comuna. Ese es el motivo de que los directores generales se sienten en medio de oficinas abiertas que rehúyen ostensiblemente la jerarquía organizativa y lleven la misma camiseta que el último programador de la sala. Y aunque en Silicon Valley existen los monopolios en aras del beneficio, se ven a sí mismos como agentes revolucionarios que elevan el mundo al estado de unidad que Brand se pasó la vida persiguiendo. Como ha escrito Fred Turner en su importante libro From Counterculture to Cyberculture [De la contracultura a la cibercultura], Whole Earth Catalog «contribuyó a crear las condiciones bajo las cuales los microordenadores y las redes informáticas podían imaginarse como instrumentos de liberación». Así el ordenador pasó de ser un instrumento para la represión a una herramienta accesible para todo el mundo, que capacitaba a todos para mejorar su vida, favorecía la creación espontánea y la interacción, que evitaría un mundo de explotadores y explotados, que favorecería el común acuerdo en lugar de agrios debates. El propio Marshall McLuhan expuso que Internet sería decisivo para «cerrar heridas» en todo el mundo, y que la imprenta había traído más mal que bien al mundo, porque «divide a todos aislándonos de nuestros congéneres humanos en el acto antisocial de la lectura, a través del alfabeto, una tecnología de fragmentación y especialización visual». Resumiendo, para el católico McLuhan el ordenador ofrecía a través de la tecnología una traducción instantánea de los códigos y lenguajes de cualquier rincón del mundo, lo que llevaba a la unidad universal de la Humanidad.

De las comunas a Internet


Los ideólogos de la informática planteaban que las máquinas e Internet en general serían decisivas para acabar con el aislamiento social, contribuyendo a la felicidad del individuo y a la solidaridad. Linux, Wikipedia o las licencias Creative Commons son el resultado de este tipo de planteamientos. La idea de compartir el conocimiento entre todos mutó desde las comunas hasta el capitalismo más innovador, llegando a ser la base organizativa de gigantes como Google o Facebook, quienes claramente abogan por conectar el mundo a través de una gran red, donde a través del altruismo la gente comparte toda la información disponible. Los gigantes tecnológicos promueven la idea de que el conocimiento debe ser compartido porque un individuo únicamente podrá aspirar a adquirir una comprensión limitada del mundo al estar atomizado.

Foer sostiene que la idea del libre mercado tan interioridad en la sociedad de la globalización que abarca a todo el mundo en la actualidad no es ni ha sido apoyada por los grandes magnates a lo largo de la Historia. Cita así algunos ejemplos como los impulsores del ferrocarril en Estados Unidos, las grandes compañías telefónicas o del telégrafo e incluso los grandes barones banqueros como J.P. Morgan, del que su biógrafo Ron Chernow afirma: «el financiero más célebre de Estados Unidos era un enemigo declarado del libre mercado», ya que tenía fe ciega en la colaboración altruista y pensaba que la competitividad era una lucha encarnizada que no aportaba estabilidad ni progreso a la sociedad.

El monopolio es necesario, el monopolio es bueno

Para hacernos una idea de cómo la idea del monopolio es aceptada sin fisuras entre los oligarcas del capitalismo frente a la del libre mercado, tomemos las palabras de Peter Thiel, inversor y promotor de PayPal, Facebook, Palantir y SpaceX, también generoso donante en la campaña electoral de Donald Trump. Thiel expresa en “De cero a uno” que la competencia es una «reliquia de la historia», pues «por encima de todo, la competencia es una ideología, la ideología, que impregna nuestra sociedad y distorsiona nuestro pensamiento. Predicamos la competencia, interiorizamos su necesidad y promulgamos sus mandamientos; y, en consecuencia, caemos en sus redes; y ello a pesar de que, cuanto más competimos, menos ganamos (...) Los monopolios trascienden la salvaje lucha diaria por la supervivencia». Esta idea de que el monopolio no solo es bueno sino que además es necesario para el bienestar común ha trascendido hasta las propias cúpulas empresariales de Silicon Valley, así entre ellos se apoyan y respetan; Google paga 1.000 millones de dólares a Apple cada año para que su buscador sea el predeterminado, e incluso sus directivos trabajan para varias a la vez, como el caso de Erich Schmidt, quien ejerció al mismo tiempo como miembro del consejo de administración de Apple y director ejecutivo de Google. El propio Larry Page, uno de los fundadores de Google, dejó clara cuál es su postura sobre el libre mercado y la competencia: «¿Qué tiene de emocionante venir a trabajar si tu máxima aspiración es derrotar a otra empresa que hace esencialmente lo mismo?»

Todo es metafísica 

Larry Page es hijo de un profesor universitario que pasó casi toda su vida obsesionado con desarrollar la Inteligencia Artificial. El propio Page ha declarado en multitud de ocasiones que su propósito va mucho más allá de la rentabilidad económica de Google y que pasa por crear una inteligencia artificial completa, un cerebro que sea superior al del ser humano. Literalmente lo expuso ante las risas de inquietud del público en una conferencia en Stanford: «Bueno, yo diría que la misión que os he expuesto nos llevará algún tiempo, pues se trata de IA completa. Significa inteligencia artificial [...]. Si solucionamos la búsqueda, eso significa que podemos responder cualquier pregunta, lo cual implica que podemos hacer básicamente cualquier cosa».

El otro fundador de Google, Sergei Brin, no solo no contradice a su socio sino que habla de cómo sus intenciones son idénticas e incluso de cómo se podría «soldar al cerebro humano» una inteligencia artificial. En una entrevista concedida al periodista Steven Levy le expresó: «Ciertamente, si tuvieras toda la información del mundo directamente conectada a tu cerebro, o un cerebro artificial que fuera más inteligente que tu cerebro, saldrías ganando».

Foer profundiza en el pensamiento de los matemáticos e ingenieros, quienes a través de los siglos han ido distanciándose de la creencia en Dios para a continuación atribuirse a sí mismos un papel celestial y trascendente como impulsores de las máquinas y la tecnología en general, tal como Alan Turing expresó «podemos confiar en que las máquinas acabarán por competir con los hombres en todos los ámbitos puramente intelectuales». Esta idea está siendo promovida por Ray Kurzweil, quien desde 2012 es el director de ingeniería en Google. Kurzweil está convencido de que estamos a las puertas de alcanzar la “singularidad”, expresión tomada del matemático Vernor Vinge, un momento en que lo finito se volverá infinito, cuando la inteligencia artificial sera todopoderosa y los ordenadores eran capaces de diseñar y construir otros ordenadores, otros cerebros artificiales capaces de pensar por sí mismos. Su teoría es que el progreso tecnológico no es lineal sino exponencial e infinito, de manera que las futuras generaciones serán capaces de desarrollar innovaciones genéticas, nanotecnológicas y robóticas impensables en la actualidad, llegando incluso a deshacerse de lo que denomina «cuerpos biológicos versión 1.0», fusionándose el ser humano completamente con las máquinas, alcanzando una existencia virtual. Incluso ha puesto fecha para la singularidad, el año 2045. Su discurso a partir de aquí parece el de un sacerdote fanático cuando llega a proclamar «nuestra civilización se expandirá entonces hacia el exterior, convirtiendo toda la estupidez de la materia y la energía que encontremos, en materia y energía inteligentes y trascendentes hasta lo sublime. Por consiguiente, en cierto sentido podemos decir que la singularidad acabará por infundir espíritu al universo.»

Más allá del ser humano: Google brain

Google Brain es un proyecto de redes neuronales cuyo objetivo es desarrollar un cerebro artificial que supere al del ser humano. Para ello se desarrollan algoritmos como base de un método de aprendizaje. La base de este proyecto son compañías como DeepMind (Mente Profunda), especializadas en generar mentes artificiales capaces de jugar a videojuegos mejor que los humanos, aprendiendo de sí mismas para superarse.

Facebook y su idea de sociedad democrática

El modelo empresarial de Facebook es el de una empresa con una jerarquía fuerte que se organiza desde arriba hasta abajo, al mismo tiempo “vende” en los medios generalistas de prensa ser una red social que favorece la organización de movimientos de activismo social para garantizar el ejercicio de los derechos democráticos de la ciudadanía. Facebook empuja de forma paternalista a sus clientes hacia la toma de decisiones que considera oportunas, a través de una vigilancia constante y profunda, utilizando a la gente como ratas de laboratorio de experimentos conductuales. Mientras Facebook estimula el debate sobre “gobierno abierto”, o “transparencia gubernamental”, lo que en realidad fomenta es la “transparencia del individuo”. Esta idea también es hija del pensamiento que impulsaron McLuhan y Brand, defendiendo que compartir los detalles de la vida íntima individual estimula El Progreso en la sociedad y rompe con estúpidas normas morales que reprimen al ser humano. Zuckerberg nunca ha disimulado esta visión: «Llevar a la gente a ese punto en el que existe más apertura constituye un gran reto. Pero creo que lo lograremos».

Un ejemplo de la consideración que Facebook tiene hacia sus usuarios es el estudio que realizó en secreto sobre manipulación mental, en el que se crearon dos grupos, a uno se le suprimieron noticias y comunicados con palabras positivas mientras que a otro las negativas. La conclusión fue que cada grupo escribía en la red social en un estado emocional alegre o triste en función de las noticias que se les había filtrado. 

En este punto las ideas de Zuckerberg convergen a la perfección con las de Google, y son las de promover un orden social en el que sean los ingenieros y técnicos, no los burócratas políticos, quienes hagan una gestión eficaz. Esta idea se basa en que son los técnicos y no los políticos quienes pueden conseguir que una sociedad se gestione a través de la razón y el espíritu de la ciencia, no de las emociones. «El gran sociólogo Thorstein Veblen estaba obsesionado con colocar a ingenieros en el poder, y en 1921 escribió un libro en defensa de su tesis. Su visión se hizo realidad enseguida. En el período posterior a la Primera Guerra Mundial, las élites estadounidenses estaban horrorizadas por todos los impulsos irracionales desatados por aquel conflicto: la xenofobia, el racismo, el ansia de linchar y causar disturbios. Más aún, las realidades de la vida económica se habían tornado demasiado complicadas para que los políticos fueran capaces de gestionarlas. Los estadounidenses de todas las tendencias comenzaron a anhelar el ascendiente salvífico del ingeniero más célebre de su tiempo: Herbert Hoover. Durante la guerra, Hoover había organizado un sistema que había logrado alimentar a la hambrienta Europa, pese a la aparente imposibilidad de aquella tarea. En 1920, Franklin Roosevelt —‌quien, por supuesto, acabaría derrotándole políticamente— organizó un movimiento para conducir a Hoover hasta la presidencia.» El propio Mark Zuckerberg tuvo una intervención tan metafísica y sacerdotal como las citadas anteriormente de Kurzweil, en la que expresaba su fe inquebrantable en la tecnocracia: «Ya sabéis que yo soy ingeniero, y pienso que una parte fundamental de la mentalidad ingenieril es esta esperanza y esta creencia en que podemos coger cualquier sistema que encontremos y hacerlo muchísimo mejor de lo que es en la actualidad. Cualquier cosa, ya se trate de hardware o de software, de una empresa o de un ecosistema de desarrolladores, podemos coger cualquier cosa y perfeccionarla muchísimo».

Leibniz y la paz

Gottfried Leibniz estimuló el pensamiento tecnocrático a través de las matemáticas, como una visión de que este tipo de expresiones conduciría a la razón, a una Nueva Era de Armonía con el Universo. De esta forma, si dos personas entraban en disputa por cualquier motivo, sería a través de las matemáticas como se resolvería, con algoritmos, tomando la decisión más acertada sin caer en reacciones emocionales que desembocarían en guerras.

La mente humana frente a la inteligencia artificial

La diferencia fundamental entre los algoritmos que rigen la inteligencia artificial y la mente humana es que los primeros son hijos de sus creadores y por tanto están sometidos a las ideas preconcebidas que éstos tienen. Los propios científicos de datos utilizan con frecuencia la expresión “torturar los datos hasta que confiesen”, lo que delata como, tal cual en la tortura a un humano, el dato acabará confesando lo que el torturador quiera.

Franklin Foer expone un ejemplo dramático de esto, al relatar el descubrimiento de Latanya Sweeney, una profesora de Harvard, sobre cómo los usuarios de Google de origen afroamericano recibían con una frecuencia inusitada anuncios publicitarios en los que se les ofrecía borrar sus antecedentes penales. Como en este caso, podemos vislumbrar cómo la visión de Google es decisiva en su algoritmo, censurando en las búsquedas la pornografía, sin hacer lo mismo con las webs antisemitas, o recomendando primero artículos recientes en lugar de antiguos.

El objetivo de las grandes tecnológicas no es impulsar el conocimiento, el debate y la creatividad humana sino todo lo contrario; restarle valor y sustituirla por la inteligencia artificial. Existen abundantes pruebas de ello; la creación del iPad por Apple, un dispositivo que permitía almacenar miles de canciones en plena época de la polémica por la piratería musical. Poco después Steve Jobs crearía la tienda iTunes, donde los debilitados productores de música vendían sus canciones al precio impuesto por el gigante. Las grandes tecnológicas necesitan que se impulse el acceso gratuito a contenidos informativos a través de blogs, videos o de cualquier otro medio, en palabras del periodista Robert Levine, «Google tiene tanto interés en los medios de comunicación gratuitos como General Motors en la gasolina barata». Otro tanto podemos esperar de Amazon, cuya primera revolución fue bajar el precio de los libros electrónicos a 9,99 dólares, haciendo mucho más atractiva su adquisición frente a los libros en papel. De esta forma Jeff Bezos se presentaba como un defensor del derecho a la lectura frente a las viejas editoriales que se negaban a bajar precios. Con esta visión Jeff Bezos creó el Proyecto Gacela, para organizar las negociaciones que Amazon tenía con las editoriales. El nombre no es fruto del azar, pues expresó «debía acercarse a estos pequeños editores del mismo modo en que el guepardo perseguiría a una gacela enclenque». O la época en que mientras Amazon negociaba con la editorial Macmillan las condiciones de venta, retiró de su red el botón que permitía adquirir sus libros.

Destruyendo a los creadores humanos

¿Cuántas comentarios en Internet proclaman que los músicos deben vivir exclusivamente de los conciertos que den o que los escritores deben permitir que sus artículos sean de acceso público para favorecer el conocimiento de las masas? Franklin Foer cuenta cómo descubrió rebuscando en viejos papeles de New Republic que los redactores de la revista cobraban la misma cantidad - 150 dólares por reseña - ochenta años después, sin haber ganado poder adquisitivo pese a la inflación. Más allá de anécdotas, en 1981 la Sociedad de Autores en Estados Unidos realizó un estudio en el que averiguó que los escritores a tiempo completo ingresaban alrededor de 11.000 dólares al año. El equivalente ajustando la cifra a la inflación serían 35.000 dólares de la actualidad. En 2009, la propia Sociedad realizó un nuevo estudio en el que los ingresos medios eran 25.000 dólares anuales. En 2015, ya habían descendido a 17.500 dólares.

Conclusión: Reivindiquemos lo artesanal

La propuesta de Franklin Foer pasa por hacer una apuesta decidida por la idea metafísica que emergió en la Ilustración sobre el genio creador. La idea de cultura de la Ilustración, cultivar y abonar la mente a través del buen arte, la buena comida, los buenos libros y el buen hablar. Frente al consumo exarcebado y brutal de información que vomitan a diario las redes sociales, con titulares cada cinco minutos, noticias exprés sobre cualquier eventualidad, la lectura selectiva y concreta, la especialización en campos bien definidos. Frente a la desvalorización de las tareas del artista, el escritor y el periodista, el reconocimiento de sus aportaciones a la reflexión colectiva y el progreso social. Puede que el mito de la cultura en la Ilustración sea solo eso. Pero es esa transmisión de valores la que hace posible que la cultura no acabe siendo un producto más para complacer al mercado. Estamos en una época en la que la creatividad cultural y artística está a punto de pasar del humano al algoritmo y la máquina, en la que ya no habrá espacio para la experimentación y la innovación, sino para los datos.

Pero no basta con la crítica, a la que Foer pone a la altura del niño furioso agitando los brazos para negarse a hacer o asumir algo, sino que es necesario pasar a la acción actuando con empeño en medio de las turbulencias.