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lunes, 23 de febrero de 2015

Democracia deliberativa en la historia: el Concejo abierto


 Es habitual, cuando se habla de democracia, mencionar el sistema ateniense y el parlamentarismo moderno como ejemplos, únicos, de tal sistema de gobierno.

Esto, sin embargo, supone un olvido, por desconocimiento o deliberado, de otras formas de democracia que han existido en la historia y, entre ellas una muy destacada ,superior a la democracia ateniense y a la parlamentaria actual, que rompe con la visión ortodoxa sobre la Edad Media como época oscura, de represión y opresión feudal.

Se trata del Concejo abierto, asambleas de vecinos de las localidades que se autogobernaban en los reinos cristianos de la Alta Edad Media, época en la que apareció esta forma de democracia .Sus orígenes aún son confusos, para algunos procede de la Asamblea Pública de Vecinos visigoda, para otros es una creación específica que junta una visión cristiana revolucionaria, la del monacato cristiano revolucionario con la vida y formas de organización comunal de los pueblos del Norte de la Península, escasamente romanizados.

En estas Asambleas el vecindario decidía sobre el aprovechamiento comunal de prados, bosques, molinos, regadío, hornos… pero también englobaba funciones administrativas y judiciales e incluso militares, las milicias concejiles, que también se regían por principios democráticos y de rotatividad de cargos. Pero no sólo se trataba sobre los bienes materiales, que en su mayoría eran comunales, no privados-ni estatales, los ahora mal llamados públicos-, sino que en Concejos extraordinarios se intentaban solucionar los conflictos vecinales dialogando. El sistema de Concejo Abierto, por tanto, favorecía la hermandad, el afecto, la generosidad, el servicio mutuo. Es decir unía la satisfacción de las necesidades materiales con las inmateriales, algo que ha roto el mundo moderno y sus cosmovisiones triunfantes limitadas sólo a lo material, y a pedir a los mandantes bienes, servicios y derechos, lo cual explica mucho de nuestro fracaso.

Eran muy importantes, por tanto, en la cosmovisión concejil, los trabajos comunitarios o facenderas, labores de utilidad común como limpiar fuentes o caminos entre otros. Incluso la fiesta popular, en la que se era creador, en vez de mero espectador y consumidor, es una característica interesante que lo diferencia de la diversión en gran medida degradante de nuestras sociedades.

La comunidad concejil tenía una fuerte base ecológica, consistente en tener claro que no se podía sacar más de la naturaleza que su tasa de renovación, ni introducir más residuos que su capacidad para asimilarlos.

La regulación de la vida colectiva se hacía con un mínimo de normas y leyes, el derecho consuetudinario, que escrito son los famosos fueros, consagrando prerrogativas inalienables a la persona individual, con lo que el colectivismo económico no iba unido a una eliminación de las libertades individuales.

La aceptación de un poder real, que fue expandiendo su poder, y la falta de una visión global, que posibilitara una federación de comunidades concejiles, fueron, entre otros factores, causas de su decadencia hasta su casi definitiva eliminación actual. No obstante, su conocimiento y estudio puede servirnos, no de copia, pero sí de inspiración para un proyecto de transformación social.





2 comentarios:

  1. Gran artículo.

    Este tipo de concejo abierto todavía tiene mucha influencia en la política municial del País Vasco, por ejemplo, o en Asturias.

    De hecho, su presencia en el sur de España ni siquiera puede ser considerada testimonial, mientras que en el norte es amplia. Estaría bien un análisis sobre ello.

    Un saludo.

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