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lunes, 1 de diciembre de 2014

Comeremos dinero


Decía a principios de noviembre el diario El País que no volverán las oscuras golondrinas, que casi una cuarta parte de las aves que surcaban los cielos de Europa hace tan sólo 30 años ha desaparecido ¿Cuál es la importancia de este hecho? La cuestión seguramente no será objeto de una gran controversia, se trata tan sólo de uno de los daños colaterales del progreso. La existencia de un menor número de aves seguramente puede ser interpretada por la mayoría como una pérdida de servicios de recreación, turismo, educación, ciencia e identidad cultural. Son cuestiones importantes, pero sin duda secundarias frente al todo relevante: la economía.


Incluso los nuevos partidos políticos que se presentan como alternativa a aquellos que nos han conducido al marasmo de la crisis, parecen albergar pocas dudas al respecto. Preguntado Pablo Iglesias en el programa televisivo Salvados por la conveniencia de continuar o no con el consumismo, en el minuto 19 de la grabación contestó lo siguiente:

 “No podemos lanzar una enmienda a la totalidad, seguramente si tú y yo decimos que el capitalismo es un sistema criminal que nos lleva hacia la destrucción ecológica del mundo tenemos toda la razón, pero mañana hay que dar de comer a la gente, entonces hasta que podamos lanzar esa enmienda a la totalidad y decir que el crecimiento nos lleva a un abismo y es una locura pero de momento tenemos que garantizar el nivel de vida de la gente.”

Pocos pueden estar en contra de un discurso tan sensato, en efecto, nadie afirmaría que no se puede garantizar el nivel de vida de la gente. Pero la cuestión es ¿cómo hacerlo? Y para Iglesias la forma de conseguirlo es a través del crecimiento del consumo, y en general del crecimiento económico. Implícitamente se establece una separación entre la economía y la ecología. Para salvar la economía hay que destruir la ecología, para salvar la ecología hay que destruir la economía ¿Y quién querría destruir la economía? Hay que dar de comer a la gente.

Sin embargo, un examen más atento de la cuestión nos muestra una realidad poblada de aristas:

- Gran parte de los problemas económicos actuales se deben al descenso de la energía neta que la humanidad obtiene de los combustibles fósiles. La energía que obtenemos del petróleo está estancada o declinando ¿acaso no se ha consumido el petróleo que ahora nos falta, el que podíamos obtener con poco esfuerzo y energía, a causa del consumismo del pasado, del crecimiento económico del pasado? ¿No habría sido mejor ahorrarlo para aquello que es realmente crítico para la humanidad?

Energía neta disponible del petróleo. Fuente: El ocaso del petróleo

- Las capturas pesqueras están estancadas y hay un grave riesgo de que declinen bruscamente, debido tanto a la sobrepesca como a la contaminación de los mares, que ha creado las llamadas zonas muertas. Estas zonas muertas han hecho que por ejemplo el mar Báltico sea entre un 30 y un 50% menos productivo de lo que podría ser.

 
Las capturas pesqueras se han estancado. Las capturas marinas (azul) llegaron a su cénit en los años 90

Retornos decrecientes de la pesca. Las capturas por unidad de esfuerzo efectivo descienden.

Algunos caladeros muestran un preocupante declive

- Las pérdidas no aseguradas por eventos climáticos extremos aumentaron drásticamente la pasada década, desde los 5.000 millones a 60.000 – 80.000 millones de dólares al año. Un nuevo estudio estima que ya nos cuesta 1,2 billones de dólares al año, el 1,6% del PIB global, y continúa aumentando exponencialmente.

- La sequía se ha convertido en un virus global, desde Brasil a EEUU, donde por ejemplo se han perdido 2.200 millones de dólares en cultivos. Mientras tanto la destrucción de acuíferos, sobreexplotados, pone en riesgo la disponibilidad de agua dulce.

Podríamos seguir, pero estos ejemplos significativos son suficientes para ilustrar la paradoja ¿Acaso todos esos problemas y pérdidas económicas no han sido causadas por el consumismo del pasado, por el crecimiento económico, por la política que nos propone Pablo Iglesias? Si el crecimiento del pasado es miseria y hambre futura ¿no estaremos, en nuestro intento de dar de comer a la gente, destruyendo lo que debería alimentarnos dentro de veinte, diez, cinco años? Igual que el propietario de un rebaño, que tendría que tratar de mantenerlo constante y vivir de la leche y la carne de algún animal que pueda sacrificar, pero que va mermando poco a poco el número de animales, consumiendo más carne de la que se puede reponer por el nacimiento de nuevos ejemplares, nosotros vamos socavando, con la política del consumismo, la economía del futuro inmediato. Al ver que la leche que podemos obtener va disminuyendo, la solución pasa por aumentar la carne ¿Hasta cuándo cree Pablo Iglesias que podemos seguir adelgazando el rebaño?

Frente a la política del consumismo y el crecimiento, existe la opción de vivir entre dos límites, el techo que nos imponen los recursos y la capacidad de absorber nuestros desechos del planeta Tierra, y un límite inferior o base social, establecida socialmente, por los derechos humanos.

Fuente: Un espacio seguro y justo para la humanidad

Para que un objetivo tan razonable sea posible, la economía no puede continuar guiada solamente por la cuenta de resultados de las empresas, pero no es necesaria ni deseable una completa planificación centralizada. Son necesarios cambios institucionales de los que hemos hablado largamente en este blog, cambios en el sistema monetario, y en el mercado de trabajo, garantizando la inclusión básica universal.

No podemos continuar adelgazando el rebaño, nuestra civilización marcha en rumbo de colisión, y cada segundo es vital para enderezar el timón. Cuanto antes lo hagamos, mayor será la calidad de vida de la que podremos disfrutar en un futuro. No estamos exentos de provocar cambios no lineales en el sistema tierra que pueden ser catastróficos para nuestro futuro, por poner otro ejemplo, los cambios que hemos realizado en el territorio, cambiando ecosistemas naturales por cultivos o ciudades, están desestabilizando todos los ecosistemas, con consecuencias imprevisibles a medio plazo. Una de esas consecuencias podría ser la disminución abrupta de la producción primaria de biomasa, que podría llegar antes de lo esperado. Entre las especies afectadas por los cambios en el territorio se encuentran los polinizadores, que necesitan gran variedad de flores para sobrevivir. La reducción o desaparición de los polinizadores podría llevar a una disminución en la producción de frutos y semillas, o incluso a un colapso demográfico de las plantas.

Arreglar estos problemas no es rentable, dado que como comentábamos en nuestro Programa para una Gran Transformación, los servicios de la naturaleza no tienen precio de mercado, tanto la polinización como un clima benigno y propicio para el desarrollo humano son servicios que nos provee la naturaleza de forma gratuita. Es por ello que cuando son destruidos nadie paga por ello, pero evidentemente no todos nos hemos beneficiado de la misma forma de su destrucción, un ciudadano español medio se ha beneficiado más que el hindú medio, y los accionistas de las grandes petroleras lo han hecho en mayor medida que el ciudadano español medio. Los grandes beneficiados con la destrucción del capital natural (al menos mientras sus consecuencias no alcanzan niveles catastróficos) son los más reacios a alterar el status quo, y personas como Pablo Iglesias, que creemos comparte nuestra pasión por la igualdad del ser humano, no deberían entrar en su juego.

Y es que tal y como nos recordaba Jesús Martín en este artículo, citando un viejo proverbio indígena:

“Sólo cuando el último árbol haya sido cortado, sólo cuando el último río haya sido secado, sólo cuando el último animal haya sido cazado, sólo cuando el último monte haya sido destrozado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”.