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lunes, 11 de abril de 2016

Autonomía e identidad tercerizada: "dioses de blanco y la autoridad del conocimiento"



En los años cincuenta del siglo veinte la homosexualidad fue considerada una enfermedad que precisaba una cura. Médicos y psiquiatras tenían muy claro que era una condición patológica que requería tratamiento. La mayoría de la población parecía creer esto también. Era comúnmente aceptado encerrar y aislar a personas con esta característica porque la autoridad científica en esta época avalaba su carácter enfermizo. La gente entonces tenía una buena razón para no dar más vueltas al fenómeno de la exclusión social de personas homosexuales. Semidioses en batas blancas con monstruosas gafas de pasta eran como los dueños de la verdad sobre la naturaleza humana. Eran como los grandes dominadores de la vida o la muerte, de la libertad personal o la opresión y a la vez los ejecutores de intereses socio-políticos. Hoy todavía existe la libre e infinita posibilidad de inventarse una patología para cualquier variedad de comportamiento o característica física de un humano. Declarar una persona como víctima de una "enfermedad" ya sea física o psíquica abre puertas para la ejecución de poder sobre ella y a la vez le libera de una gran parte de responsabilidad sobre su propia vida. Una que esta muy de moda es un síndrome llamado TDAH "trastorno por déficit de atención con hiperactividad" o ADHD (attention-deficit hyperactivity disorder).


Hasta hoy no hay ninguna prueba de que este síndrome existe realmente como ninguna patología psiquiátrica puede ser probada sin la afirmación o negación dialogada con el paciente. Sin entrar demasiado en el movimiento de la negacion de quelas enfermades mentales realmente existen, quiero centrarme mas en la simple posibilidad de dejar decidir al medico sobre mi estado de salud con la ayuda de sus pruebas técnicas y los protocolos que se ejecutan en la búsqueda de patrones que definen una patología. Quiero comprender como es posible que haya muchas personas que consultan al medico antes de responder a la simple pregunta de si esta sano o no. Quiero comprender porque la respuesta "me siento muy bien" a esta pregunta ya no es valida como indicador sobre el estado de salud de una persona.
¿A quién le conviene que la gente no sienta si están bien o mal? ¿Por qué se manda al psicólogo a cada niño inquieto que tiene ganas de hacer cosas chulas y tiene curiosidad por la vida? ¿por qué un runner de 45 años se deja operar el menisco por un leve dolor después tres meses de entreno durísimo? ¿por qué la gente ya no sabe que sin un estilo de vida lleno de actividad física e intelectual, con comida elaborada en casa y contacto social, toda medicina del mundo no servirá de nada?


Michel Foucault, un filósofo francés, ha dedicado mucho pensamiento y trabajo analítico para averigurar a quién le conviene la omnipotencia de la medicina psiquiátrica y poder declarar a alguien normal o anormal por su conducta cultural y natural. Foucault ha desarrollado un método que él mismo llama "análisis de discurso" Su finalidad es descubrir de donde viene este poder, a quién beneficia, cómo se manifiesta en los textos y en el lenguaje, a quién pertenece. De forma muy resumida ha llegado a la conclusión de que el poder como fenómeno no puede ser poseído por individuos o grupos de personas sino que el poder es una dinámica que se autoejecuta a través de estructuras contextuales en una época determinada y un código cultural. El poder, según Foucault, se ejerce a través del lenguaje aplicado en las conversaciones y discursos públicos de una cultura. Siempre existen temas tabúes o temas predominantes. Un discurso cultural siempre se manifiesta en lo que no se puede decir y lo que se debe decir. Por ejemplo, hoy en día el discurso sobre el aborto ha pasado de ser tratado por la iglesia a ser dominado por las disciplinas de la psicología y la medicina. Pues el poder regentado sobre el discurso se encuentra dentro de las posibilidades y limitaciones de un campo de conocimiento con sus propios mecanismos opresivos y autoritarios.


Dejo de lado a Foucault por un momento y voy otra vez al "runner" que se encuentra ante una propuesta de operarle la rodilla por un desgaste de la misma. Tiene un leve dolor en la rodilla cuando corre. Ahora está totalmente sometido a la arbitrariedad de los expertos traumatólogos que quieren operarlo para hacer alguna factura con la mutua y para mantener la práctica operando, y por supuesto también porque están convencidos que es lo mejor que se puede hacer. El runner no tiene la suficiente confianza como para evaluar la situación por su cuenta, cree que ellos, los traumatólogos son los expertos y quien es él para contradecir solo con base en sus sensaciones. El discurso del poder aquí se manifiesta en el tabú de que no se cuestiona a los médicos y su conocimiento. El paciente queda totalmente expuesto a los criterios y protocolos que se siguen en el sistema sanitario.

Este poder sirve al sistema sanitario para mantener su propias estructuras. El gran tabú de este discurso es plantear dudas ante los opiniones de expertos sin ser del campo pertinente. No está permitido ni bien visto cuestionar la autoridad científica con base en sensaciones subjetivas. Los pacientes (porque enfermos no son hasta que el médico los declara como tal) se someten totalmente al criterio del médico para saber lo que les falta y como arreglarlo. Los pacientes así tienen un fácil escape de la responsabilidad ante ellos mismos y de interrogarse en primer lugar por sus propias conductas y hábitos en la vida de cada dia para identificar la causa del malestar. Las personas en el mundo occidental han desaprendido a detectar signos de malestar y sus causas (muchas veces muy obvios) y prefieren delegar este cuidado de su salud en un experto (ante todo nutricionistas, aparato digestivo, internistas y endocrinos). Las personas tienden a no querer saber lo que tienen y por qué lo tienen, sólo pretenden que el médico experto los cure. También aquí, en el ámbito de su salud, la gente ha tercerizado la responsabilidad sobre sus propias decisiones a un campo de conocimiento especializado que se escapa de su comprensión más básica. La evidente pérdida de libertad y autonomía como persona emancipada no parece molestar en absoluto. Aquí también fácilmente abandonamos milenios de experiencia cultural y natural a favor de un lenguaje y una ciencia que tiene pocas décadas y cuyos efectos secundarios casi siempre empeoran el estado físico y sobre todo mental de las personas a largo plazo y cronifican los síntomas que sufren.

La ciega creencia en los resultados del análisis científico que muchas veces únicamente son cuantitativos, ha llegado a niveles religiosos. El microscopio y la probeta son los nuevos símbolos de la verdad y el camino limpio y recto. El nuevo tabú somos los herejes de la ilustración y los escépticos del racionalismo.

Finalmente quiero recomendar una lectura y un video que explica más en detalle por qué los psiquiatras, hospitales y cárceles no son mas que un instrumento del poder y no sirven para una sociedad más feliz y sana. Espero haber dado un nuevo enfoque a este tópico siendo consciente que esta pequeña introducción no cubre todos los aspectos y ramas del pensamiento que existen en este campo.


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