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lunes, 2 de mayo de 2016

El camino hacia la felicidad, según Schumacher: El problema de la producción

Schumacher escribió Lo pequeño es hermoso en plena Primera Crisis del Petróleo, desencadenada por las medidas que el cártel de la OPEP tomó contra los países que habían apoyado a Israel en la Guerra del Yom Kippur. En otras palabras, el análisis de Schumacher pasa por alto Chernóbil, la liberalización financiera impulsada por el Reino Unido y Estados Unidos a partir de 1980 y los efectos que tuvo posteriormente en el resto del mundo.

La creciente dependencia de los denominados "países desarrollados" hacia un crecimiento exponencial y necesariamente mayor cada año llamó la atención de Schumacher, quien se planteó qué nos hace más felices, una cuenta bancaria y tarjetas de crédito con las que adquirir el teléfono móvil de moda, pagando el precio de dedicar más del 10% de nuestra vida a trabajar |1|, o tener más tiempo libre con el que pasar con amigos y familia, aunque no podamos comprar objetos de moda.

EL PROBLEMA DE LA PRODUCCIÓN

La economía asumió desde los inicios de la posmodernidad en la década de 1970 que todos los problemas relativos a la productividad habían sido resueltos. "El sistema industrial moderno, con toda su sofisticación intelectual, consume las bases mismas sobre las cuales se ha levantado", debido a lo cual estamos en un proceso acelerado de consumir recursos no renovables, pero además, en lugar de ir reduciendo la dependencia y aumentar el consumo de alternativas "estamos maximizando el ritmo de consumo en lugar de minimizarlo". Al momento de escribir el libro, la contribución de energías renovables a nivel mundial era de menos del 4%, mientras que según datos del REN21 en el 2013 era de aproximadamente el 19,1% de la energía final |2|, apenas un año antes el Global Footprint Network (GFN) alertó de la entrada en "números rojos" del Planeta Tierra al acelerar cada vez más el consumo de recursos naturales disponibles.

"Los combustibles fósiles son una parte del capital natural aunque nosotros insistamos en tratarlos como si fueran de consumo corriente, como si fueran una renta y nunca como si fueran la parte más importante de ese capital natural". A lo largo de la Historia el ser humano se ha visto sometido a las eventualidades y vicisitudes de la naturaleza, mientras su concepción religiosa - la Occidental, que es la dominante en el proceso de Globalización financiera - asumía que eso era voluntad divina, no hubo problema. Todo cambió cuando empezó a sentirse como algo externo a la naturaleza, así trató de imponerse y dominarla, "olvidándose que, en el caso de ganar, se encontraría él mismo en el bando perdedor".

LAS SUSTANCIAS PELIGROSAS

La industria química ha desarrollado - y sigue desarrollando - sustancias artificiales que son efectivas en tanto la naturaleza se encuentra indefensa ante ellas. Schumacher hace una analogía con "ciertos aborígenes que fueran de repente atacados con fuego de ametralladora: sus arcos y flechas no les serviría de nada". En centenares de vertederos totalmente fuera de control incluso en algún que otro Estado fallido |3| se siguen acumulando miles de toneladas de residuos tóxicos sin que nadie haga nada para frenar el proceso, porque frenarlo perjudicaría a los mercados internacionales.

CAPITAL NATURAL COMO RENTA

Primero se utiliza la extracción y explotación de capital natural irremplazable como si fuera renta - algo creado por el ser humano y que puede reponerse con facilidad -. Una vez surge el problema de qué hacer con residuos tóxicos como los radiactivos de las centrales nucleares, se envía el problema hacia otra esfera, hacia la conducta humana, que debe ser capaz de vivir en una sociedad mundial donde no haya disturbios civiles ni guerras.

Es interesante comprobar cómo incluso el marxismo cayó en la trampa utilitarista de considerar que todo lo no hecho por el ser humano carece de valor |4|.

ROMPER CON EL UTILITARISMO Y LA ECONOMÍA NEOCLÁSICA

Mientras el debate actual en la esfera económica y política se reduce a una falsa dicotomía entre keynesianos y liberales, se pasa por alto que ambas teorías económicas laten en común en las premisas utilitaristas y neoclásicas |5|. Además, ambas teorías han quedado completamente fuera de la realidad, puesto que fueron ideadas en un marco teórico donde los recursos eran infinitos o la inventiva humana sería capaz de sustituir rápidamente y sin desequilibrios los irremplazables.

Lo importante es actuar desde el presente entendiendo el problema en la totalidad y comenzado por desarrollar un nuevo estilo de vida, con cambios profundos en un modelo productivo orientado en la sostenibilidad, construyendo una sociedad donde "cada uno se comporte bien, no importa cuán inmoral sea por dentro", rompiendo con la ilusión de poder ilimitado que floreció al amparo de los adelantos científicos y técnicos posteriores, sobre todo, a la II Guerra Mundial. Así la mayoría social creyó que se ha resuelto definitivamente el problema de la producción, al ser incapaz de distinguir entre renta y capital.

1 comentario:

  1. Excelente artículo que muestra de manera incipiente uno de los mayores retos que tiene la transición. El número de esclavos energéticos per cápita desciende de forma inexorable. Eso nos lleva a que actividades como la agricultura o la ganadería, base de nuestra alimentación, con dependencias prácticamente del 100% de los combustibles fósiles, exijan de forma dramática una localización y soberanía imprescindibles para no colapsar.

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