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lunes, 27 de marzo de 2017

¿Estamos atrapados? El rol del mito en el bloqueo tecnológico-institucional

“Si se le ofrece a un hombre un hecho en contra de sus instintos, lo examinará minuciosamente, y a menos que la evidencia sea abrumadora, rechazará creerlo. Si, por otro lado, se le ofrece algo que permite un razonamiento de acuerdo con sus instintos, lo aceptara sin apenas evidencia. El origen del mito se explica de esta manera  

Bertrand Russel (1919) en Proposed roads to freedom: socialism, anarchism and syndicalism (pp. 147)

1.  El fundamental concepto de lock-in tecnológico y su mitología asociada

Ninguna clase ha tenido tanto impacto en mí en los dos últimos años como estudiante de Máster en Estudios Ambientales y Sostenibilidad en la universidad de Lund, Suecia, como la que la investigadora Maja Essebo nos brindó hará cerca de un año.

Maja estudió en su tesis doctoral la relación entre dos conceptos fundamentales a tener en cuenta a la hora de proponer políticas enfocadas a la sostenibilidad socioecológica y a los posibilismos tecnológicos. Son los conceptos de mito y su rol legitimador en procesos de lock-in (bloqueo) institucional o tecnológico, es decir, el rol que tienen ciertos discursos/narrativas/historias que perpetúan una serie de inercias y dinámicas ante la aparente imposibilidad de cambiar el rumbo  de manera que repensar los marcos de actuación de los distintos agentes sociales se hace una quimera.

Sus trabajos se pueden consultar aquí y su tesis doctoral aquí (en inglés, descargar haciendo clic a los enlaces en PDF en lengua sueca). Como mencionaba, en su trabajo analizó el rol que tiene la mitología en la legitimación de políticas específicas de movilidad orientadas al transporte. En palabras de Maja:


“El mito estudiado en profundidad en esta tesis es el que fundamentalmente apoya y promueve las prácticas de alta movilidad y su consiguiente lock-in en el sistema, al cual llamo el mito “de la prosperidad a través de la movilidad”. La movilidad, afirma el mito, es el buque insignia de la sociedad, así como del progreso individual. Es la piedra angular y configura las arterias de la sociedad moderna. Aunque sin negar su problemática del todo, la movilidad se considera como una fuerza positiva en la sociedad y, es más, una fuerza de la cual no podemos prescindir. Los defensores del mito actúan bajo estos supuestos, apoyando y dirigiendo la movilidad permitiendo procesos que incluyen desarrollos de las infraestructuras y apoyo institucional”.



A pesar del incremento en el uso de combustibles fósiles (de los cuales el transporte depende en más de un 95%), de la extracción de más y más materiales y de los impactos ambientales asociados (casi nunca discutidos en el discurso de unas élites urbanitas muy alejadas de los procesos de extracción y destrucción ecosistémica) la investigadora sueca nos narró en clase, fascinada, la reacción de algunos políticos a los que había entrevistado y que estaban involucrados en el proyecto SMILE (Sustainable Mobility for peopLe in urbana aReas), financiado por la UE e impulsado por la ciudad sueca de Malmö. Las conclusiones fueron muy claras:


“A través de las entrevistas con los trabajadores del proyecto (administradores y practicantes del municipio de Malmö, los evaluadores del proyecto y los representantes de la compañía pública de transporte) pude concluir que el mito de la prosperidad a través de la alta movilidad tuvo una importante influencia en la estrategia sobre el desarrollo del plan de movilidad en el día a día. Las estrategias de rechazo (desestimando las alternativas al camino/mito escogido) y el concepto de desmaterialización fueron usadas principalmente para mantener una coordinación discursiva centrada en el mito. La estrategia alternativa desestimada fue la de reducir/limitar la movilidad ya que ésta, en relación con el mito, limitaría o revertiría el desarrollo regional definido como crecimiento económico. Únicamente los representativos del transporte público veían como viable una movilidad limitada, la cual fue rechazada por las autoridades municipales”.


Maja sigue narrando como este proceso de inercia institucional y tecnológica acaba viéndose como algo positivo pues permite ver alternativas no disruptivas frente al discurso del crecimiento tan asentado en nuestra sociedad:


“Una vez desestimadas las estrategias de restricción de la movilidad, la opción que quedaba era la de una sustitución de modalidades de transporte no sostenibles (coche) a sostenibles (tren, autobús, bicicleta, a pie). Este cambio permitía una lealtad constante al mito de que esos “nodos verdes” no están sujetos a los mismos, o ningunos límites. El lock-in en sí mismo pues no se define como problema sino como éxito dado que más elementos (institucionales y de infraestructuras) están alineados con la actual estrategia “sostenible” de escalabilidad (incremento) de la movilidad”.


Es decir, al enfrentarnos ante lock-ins (literalmente cerrojos o bloqueos) de todo tipo la solución siempre pasa, en el actual sistema y discurso por un incremento de la complejidad material y energética de la sociedad o sencillamente negándola cuando se afirma que la economía se desmaterializa, cosa que sabemos que no es verdad o que con una mayor eficiencia energética se consigue la sostenibilidad cuando sabemos que por los efectos de la Paradoja de Jevons o el efecto rebote mientras haya posibilidades de crecimiento dentro del marco biofísico natural e institucional las reducciones en energía de un lugar tienden a rebotar a otros sectores, de hecho esta es la fundamental dinámica de la modernidad fosilista.

Según el investigador de la universidad de Utah Tim Garrett, físico centrado en modelar distintos aspectos del cambio climático y que publicó un artículo en 2008 sobre la física del crecimiento a largo plazo de la economía encontró que la potencia (definida en joules consumidos al año) se correlaciona muy bien con el crecimiento de la riqueza mundial calculada en dinero y ajustada a la inflación a través de una relación entre ambas variables que llama λ:


La implicación más fácilmente apreciable de la constante λ es que el incremento del PIB requiere un constante incremento de la capacidad de potencia. La cuestión del incremento de la riqueza se desplaza del enfoque convencional de la economía a uno que se centra en el análisis de la disponibilidad geológica de las reservas fósiles: ¿Conseguiremos descubrir nuevas reservas a un ritmo superior al que los consumimos o conseguiremos pasar a un sistema renovable? Si no podemos ¿Qué hacemos entonces? Y, si podemos, ¿Qué implica un crecimiento del uso de combustibles para nuestro clima?


Si bien parece desprenderse de su análisis un determinismo termodinámico que considero exagerado, como comentaba Carlos de Castro en un artículo hace un par de años existen límites absolutos de índole muy diversa y muy por debajo de los que nos pone la segunda ley de la termodinámica (esta ley afirma que el reciclado energético es imposible y que por tanto una vez usamos una fuente energética se disipa irreversiblemente en forma de calor no recuperable). Sin embargo, la inercia de la modernidad fosilista de los últimos 200 años y del discurso muy asentado del progreso, sí que parece, como muestra el trabajo de Maja Essebo, que tiene un papel fundamental a la hora de proponer políticas de movilidad sostenible (que en realidad pueden no serlo) y que contribuyen a mantener la inercia estructural de crecimiento en las infraestructuras, apoyadas por un discurso basado en la compatibilización del crecimiento con la sostenibilidad ambiental y social (crecimiento verde o desarrollo sostenible). Desde una perspectiva de los sistemas complejos, además, como nos muestra Joseph Tainter, cuando un sistema social complejo no puede expandirse se tienden a buscar soluciones basadas en incrementar la complejidad que si fracasan suelen llevar a colapsos abruptos como el notorio caso de antiguas civilizaciones como los Mayas, de la isla de Pascua o de los viquingos.

Cuando Maja preguntó a algunos de los principales participantes del proyecto SMILE sobre que entendían por movilidad sostenible se desencadenaron reacciones de confusión y disconformidad que aludían a frases como “es de sentido común” o “es tan evidente que no requiere una definición”. Cuando fueron específicamente preguntados por la cuestión del agotamiento de los recursos la respuesta de uno de los entrevistados fue “en este sentido casi nada del proyecto es sostenible, pero es un paso en la dirección adecuada”. Éste último entrevistado afirmaba que prefería usar la palabra accesibilidad en vez de movilidad afirmando lo siguiente:


“La accesibilidad sostenible es el tipo de accesibilidad donde tu accesibilidad a una actividad o lo que sea no limita la de otro. De alguna manera como una noción de libertad liberal.” (Essebo, 2013, pp. 63)


Al relacionarlo con las dimensiones más específicamente económicas y sociales de la sostenibilidad, uno de los participantes comentó lo siguiente:


“La sostenibilidad ecológica es el marco, no podemos excederla porque entonces destruimos la Tierra y las precondiciones para la vida. Y la sostenibilidad económica es el lubricante, de manera que podamos alcanzar el objetivo de la sostenibilidad social.” (Essebo, 2013, pp. 63)



Otros participantes apuntaba que el uso de combustibles verdes como el etanol son sostenible pese a que Suecia importa una cantidad muy importante de combustibles de plantaciones de monocultivos que arrasan selvas tropicales, de que los biocombustibles tienen un retorno energético muy bajo en relación a los recursos empleados de tierra, trabajo, energía y capital tecnológico y de que en vez de contribuir a un desarrollo rural sano se dedica a centralizar el uso de la tierra y expulsar comunidades de ésta como vemos en los habituales procesos de acaparamiento de tierras (o land grabbing en inglés) que se dan en muchos países africanos o asiáticos.

Nos encontraríamos con un discurso muy parecido en cualquier urbe del mundo, quizás con alguna excepción con algunos ayuntamientos del cambio como en Barcelona. Incluso en estos ayuntamientos se es consciente de la dificultad de poder proponer políticas que vayan más allá del crecimiento y de su asociado incremento en las interconexiones necesarias para una economía incrementalmente globalizada. De hecho, solo mantener el actual metabolismo de una ciudad tecno industrial (mantenimiento de la infraestructura de tuberías, de asfalto, de transporte público…) requiere un uso de energía y materiales descomunal y que ahora mismo se antoja insostenible tanto por su gran impacto ambiental como por su dependencia de recursos no renovables cerca de su pico o ya pasado éste. 

2 ¿Cómo se construye el mito?

Descartando la mala fe y un complot crecentista que trata deliberadamente de ocultarnos cierta información y evidencias pienso que es más adecuado pensar en que muchas de las motos que nos han vendido en las últimas décadas ya no se justifican de manera alguna. Así pues ante la imposibilidad de salir de una configuración institucional en la que el sistema financiero y las grandes élites económicas, a través de la creación de dinero bancario privado debe buscar dinámicas de crecimiento (a su vez relacionadas con mayores usos de energía y materiales), se debe buscar una mitología como la presentada, una narrativa que pueda legitimar que se asuman como sostenibles determinadas políticas y niegue otras. Así pues ¿Cómo se define ese mito?


“El mito no es, en este sentido, una historia falsa para entretener o desacreditar sino una historia basada en creencias naturalizadas que otorgan un sentido de supremacía a lo obvio. A través del proceso de creación de una trama, los mitos crean lógicas internas que ayudan a aliviar la ansiedad, racionalizar el comportamiento y naturalizar la sociedad y las convicciones individuales. Como tal, los mitos son una parte fundamental y habitual de nuestra vida. El mito de la movilidad sostenible no es una sino dos caras de la misma moneda – el del discurso del desarrollo como crecimiento económico y el discurso de la sostenibilidad – los cuales se mezclan a través de una trama que se naturaliza. Se basa en los miedos del colapso económico y ecológico, y aunque el miedo es una característica esencial del mito y una fuente importante del poder del mito también ofrece esperanza. La esperanza subyace en la promesa de unas tendencias al incremento de la movilidad y al mismo tiempo conservar un mundo en condiciones para las futuras generaciones” (Essebo, 2012, pp. 1).


Como comentamos en nuestro último artículo crítico sobre tecnología el mito es una herramienta muy poderosa y absolutamente necesaria para las sociedades para deflactar la incertidumbre en procesos fuera del control humano. ¿Cómo gestionar la ansiedad de no saber si el cambio climático no dejará un futuro digno a nuestros hijos en un contexto de lock-in institucional y de nuestras infraestructuras? ¡Asumiendo que con unos pocos retoques al sistema actual de progresos “saludable” será suficiente para evitarlo y que no se necesitarán grandes cambios! La mitología pues, más allá de su uso peyorativo, es imprescindible para mantener la cohesión social y en una sociedad tan compleja e impersonal como la nuestra se necesita con bombardeo muy fuerte en cada una de las esferas vitales, de ahí la importancia del marketing y la publicidad, los medios de masas o la educación formal. Todos ellos son instrumentales en el mantenimiento de la confianza social canalizada a través de las distintas instituciones formales y no formales.   

El mito por tanto no se debe tomar en el sentido de si algo es “verdadero o falso” sino en si es relevante o útil o no para un determinado grupo de personas que lo suscriben y que determinan lo que para ellas es natural en función de sus creencias, convicciones y especialmente su día día más práctico. Si el discurso crecentista todavía no ha colapsado es porque todavía hay muchos sectores en crecimiento y como un nuevo vocabulario (lo smart, la integencia artificial, los robots, los smartphones…) es instrumental a las prácticas de las clases medias y altas del mundo pues lo que “ven” y “perciben” en su día a día a través de toda una serie de símbolos, fotos, textos y unos rituales que configuran la articulación práctica en el marco de la acción física.

Una vez definido el mito, Maja pasa a identificar cuatro elementos fundamentales para la construcción, legitimación y mantenimiento de un determinado mito. ¿Cómo se da ese proceso de construcción del mito?

1)   Trama: consiste en una presentación cronológica y ordenado de sucesos instrumentales en la naturalización del mito de manera que se genere un consenso basado en el “sentido común”. Es de sentido común “creer en el progreso pues nunca la humanidad había estado mejor” sería un ejemplo de esto. A continuación, se nos mostrarían imágenes, textos o algún experto que nos explicara los sumamente mala que era la vida de los humanos antes del progreso (aunque nunca nos explican porque las tasas de suicidios y adicciones parecen ser muy superiores en nuestra sociedad). Es la construcción del newspeak de Orwell en el que desaparecen ciertas palabras y se asientan otras a través del proceso de doblepensar que el fantástico autor británico describe en su obra maestra 1984

2)   Trascendencia: consiste en el cambio a mejor cuyo último objetivo es la perfección o utopía. Como ejemplo Maja nos narra como el plan de Malmö de 2013 se articula en relación al futuro:


“Malmö 2032 is even closer to the continent, a given part of continental Europe. The permanent link across Fehmarn Belt and the high speed trains that run through central Malmö and Kastrup to Hamburg have further expanded the region. Kastrup Airport has reached increased international importance. The Öresund Metro between Malmö and Copenhagen is almost realised. The cooperation between the two cities has led many to consider them as one and the same city.” (Essebo, 2013, pp. 53).


3) Miedo a una alternativa: consiste en nombrar al “enemigo” y a la vez proponer soluciones. Así pues, la movilidad rápida basada en el crecimiento es vista como positiva mientras que cualquier restricción o propuesta de menor complejidad es vista como atrasada y problemática.

4)  Naturalización y narradores: Esta es la función principal del mito y consiste en que la narrativa sea obvia. Trata pues de que lo ordinario no sea cuestionado de manera que no tengamos que reflexionar. De no ser así, de cuestionarse continuamente uno sus propias acciones, se llevaría a una situación de ansiedad, inacción e indecisión que llevaría al colapso. Distintos narradores (expertos, líderes, pioneros u otras formas no materiales como los anuncios, libros, videojuegos…) deben repetir constantemente los mantras del mito de manera que se asuma como hecho.

3.  Deslegitimar no es suficiente. La necesidad de contra-mitos creíbles

“Dado que mantenemos el pasado como guía colectiva para nuestro comportamiento, el consenso general se modifica muy lentamente”

David Lowental en Geography, Experience, and Imagination: Towards a Geog
raphical Epistemology (1961)


Maja deja para la investigación futura el proceso de creación de contra-mitos o contra-narrativas. Ofrece algunas pistas cuando afirma, de la mano del académico Barthes que “la mejor arma contra un mito es quizás la mistificación de éste y la creación de un mito artificial”. Hasta ahora creo que los que criticamos el discurso crecentista tenemos dos problemas fundamentales que hay que reconocer o no avanzaremos.

En primer lugar, pese a poseer muchos argumentos deslegitimadores con una validez notable (las críticas al concepto de eficiencia energética, desmaterialización, energía libre e infinita, crecimiento verde…) NO tenemos un diagnóstico suficientemente robusto de las dinámicas sociales y ecológicas o al menos no a la escala necesaria en que sea relevante para el día a día de las personas (más allá de grandes generalidades).  En parte es debido a que los cambios en un sistema tan complejo como el nuestro son lentos. En parte eso es debido a que el propio sistema camufla realidades y no nos permite acceder a ciertos datos necesarios para una visión más completa, pero por otro lado se debe también a que los críticos tendemos a quedarnos también en nociones muy simplonas y en asumir que los cambios radicales son factibles en un sistema complejo de muchos lock-ins a nivel tecnológico, cultural, institucional, energético y finalmente de las infraestructuras. El mismo mundo académico de los expertos tiene parte de culpa al perpetuar metodología y supuestas teorías que nos pueden ofrecer soluciones como la famosa TRE (de la cual haré un artículo en un futuro no lejano), los conceptos de “huella ecológica” o los análisis de ciclo de vida muy limitados.  Aquí es donde a mi juicio los análisis biofísicos más rigurosos, multi-escala de metabolismo social en combinación con otros más dinámicos (quizás de dinámica de sistemas) nos pueden dar un mejor diagnóstico. ¡Ah! Y hasta que no tengamos unos centros estadísticos rigurosos (para lo que no hay voluntad) será imposible poder entender bien ciertas partes del sistema. No es factible por ejemplo exigir reducciones importantes en el consumo energético y esperar que el sistema no colapse y se produzca un considerable caos social en muchas urbes. El actual debate sobre la prohibición que los vehículos privados ha suscitado en Barcelona es un claro ejemplo de que no es tan sencillo cambiar inercias tan poderosas en un sistema, ni aún con aparente buena voluntad y vocación de sostenbilidad.

En segundo lugar, al no tener un diagnóstico lo suficientemente robusto se proponen ideas que se quedan a medio camino entre lo posible y lo ideológico como sucede con muchas iniciativas decrecentistas muy genéricas y las meras ideas de bombero (de las que corren ríos de tinta muy a menudo bajo títulos como “100 manera de cambiar el mundo”). Pese a que algunas de estas ideas apuntan maneras necesitamos propuestas que intenten abordar las interacciones entre los distintos sectores sociales y tecnológicos. No vale con repensar solo el sistema agroalimentario de forma aislada sino ver qué implicaciones tiene su cambio con la energía, el sistema financiero y la vida de aquellos agricultores que dependen de la insostenibilidad del sistema (y que en muchos casos son tan víctimas de los procesos de lock-in como los que criticamos eso). 

Deslegitimar un sistema y criticarlo cuando creemos que no es justo o sostenible es necesario, pero debemos mostrar empatía con aquellos que no simpaticen con nuestras ideas. Debemos entender que en muchos casos han sido muy condicionados por dinámicas que se escapan de su control (familiares, laborales…) y que lo más importante es entender los componentes estructurales que emergen como un todo en el sistema y buscarle posibles soluciones. Si no corremos el riesgo de caer en una queja permanente y pedante, en un cinismo vacío que no proponga un contra-mito poco efectivo. La resacralización de la naturaleza como imperativo moral debe ser guía fundamental después de siglos de destrucción ecosistémica. Debemos asumir al mismo tiempo que lo que no nos gusta debe colapsar y colapsará, aunque a mi juicio hacerlo de forma precipitada y sin una batería de propuestas bien estudiadas con sus pros y contras y enmarcadas en varios escenarios es contraproducente, al menos a escalas grandes como la nacional. Hasta ahora hay muchas y variadas ideas, pero pienso que todavía nos falta un discurso más coherente del sistema en su conjunto. La especialización y complejidad de nuestra sociedad contribuyen a generar silos aislados incluso en sectores transicionistas y académicos a menudo desconectados. Debemos hacer un esfuerzo por no ir a las soluciones fáciles. 

No pretendo tampoco afirmar que no haya iniciativas positivas de transición, pero debemos aceptar las limitaciones de muchas de éstas, y las limitaciones que nuestros contra-mitos puedan tener. Se trataría pues de, como proponen los principios de la permacultura, aceptar las retroalimentaciones y la información que nos proporciona nuestro aprendizaje en transición estando siempre abiertos a la crítica y la innovación dado que por definición en un momento de cambio y de mucha agitación no es recomendable encerrarse en determinadas ideas muy reduccionistas y que puedan no contribuir a nuestros objetivos.

Sin desvirtuar las nuevas propuestas de tipo radical debemos ir con cuidado, no vaya a ser que propongamos cosas contraproducentes o peor aún, que puedan ser apropiadas por dinámicas insostenibles de nuestro actual sistema socioeconómico y analizar con cuidado los posibles lock-ins. En el próximo artículo hablaremos de la una posible herramienta para trabajar en este sentido, la Teoría de la Transición (o transition management – TM - en inglés), de cómo ha sido aplicada en algunos contextos y de cómo aplicarla en un sector en concreto, el de la agricultura.


Nos queda pues, un largo camino por recorrer en el que conectar muchas piezas del apasionante puzle de la gran transición… ¿Saldremos del lock-in? Las contradicciones se acaban resolviendo y está en nuestras manos sino controlar, al menos apuntar a dinámicas menos destructivas…

Referencias - Para saber más:

4 comentarios:

  1. Eso que dice Carlos de Castro acerca de la entropía no tiene fundamento y claramente se trata de retorcer un argumento con el objetivo de conseguir un resultado deseable y que encaje con su cosmovisión política.
    Por supuesto que estamos totalmente determinados por la termodinámica, y todo lo demás, mitos, narrativas, cuentos, fábulas y leyendas tienen el valor exacto que nosotros le queramos otorgar, pero que en la práctica de la realidad física es ninguno.
    Las ideologías son impermeables a la ciencia, como ya ha quedado demostrado sobradamente con el hecho de que hasta los mismos científicos abandonan la objetividad científica en post de sus sesgos particulares e intereses como activistas.
    Este artículo también es una muestra de ello.

    Lo siento MagicR, valoro tu esfuerzo pero creo que no ves el cuadro al completo.

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  2. MagicR, muy interesante este artículo y el anterior. Ya estoy esperando al próximo que pueden ser una sugestiva trilogía para intentar vislumbrar la complejidad de ese elefante global. También estoy explorando el tema del lenguaje y como nos afecta. Así de una manera simplista dentro de ese marco, me suelo decir, parafraseando a Clinton: ¡Estúpido, es el lenguaje! Ahora estoy tratando de hilvanar una nueva triada, que creo que nos puede ayudar a entrever ese elefante tanto en el marco del lenguaje como en la tecnología, economía, política, evolución… Esa triada hace referencia a estos tres conceptos clave: la dependencia del camino, la sensibilidad al contexto y la orientación en valores. Del mismo modo que hay una relación compleja entre el pasado-presente-futuro, hay una relación muy compleja entre esos tres conceptos.

    Finalmente, dejo un artículo muy interesante que viene como anillo al dedo a este artículo sobre los mitos. http://www.colectivoburbuja.org/juan-carlos-barba/mitos-la-modernidad-los-agentes-la-cooperacion-andaluza/

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  3. A me me gustaría poder entender como va a transitar dulcemente un área metropolitana como por ejemplo la de Madrid con mas de seis millones de almas hacia un entorno con menor energía disponible y de peor calidad. Tomemos por ejemplo una sola variable, la de producir alimentos. ¿cómo alimentamos el ciclo Haber-Bosch?¿cómo mantenemos con vida esas enormes cosechadoras full-equiped?¿cómo se van a mantener los rendimientos de la agricultura crimino-industrial?¿con Coccinella septempunctata?¿como se distribuyen los alimenos?¿como se procesan, envasan?¿como se garantiza el acceso a la comida a cerca de 8.000 millones de almas?¿con bosques comestibles?¿con huertos urbanos?¿con una pseudoagricultura ecológica que ha copiado procesos y sistemas de la agricultura convencional?¿conoceis la diferencia de rendimiento entre una patente de Monsanto y una mazorca procedente de la selección masal?¿creeis que las experiencias del sabio Fukuyama se pueden extrapolar a un secarral de la estepa castellana?¿cómo se vivía en España antes de la irrupción de los combustibles fósiles y la revolución inductrial?¿cuantos millones éramos?¿en qué condiciones vivía la mayoría?¿cómo se cultivaban los campo?¿cual era la producción?¿qué y cómo se podía repartir? Y ya para terminar me acuerdo de haber leído un post del ilustre JMGreer en el que solucionaba los problemas energéticos de una ciudad mandando los subproductos agrícolas con carro a alimentar las turbinas propiedad del concejo municipal. No se si me da la risa o me entran ganas de llorar.

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  4. No son solo los tecno-optimistas los que construyen mitos disonantes con la realidad, también se crean mitos alrededor de libros de Fukuyama, la Permacultura o la Coccinela septempunctata, lo bueno que es el ser humano y el que si todos queremos y ponemos un poco de nuestra parte podremos salir adelante. Si los cerca de 8.000 millones que son causa directa de la revolución industril y han sido nutridos por los combustibles fósiles. No va haber ninguna transición dulce. Se podrá hacer aquello que permitan las restricciones que se vayan generando a medida que vayan cayendo piezas del puzle. Pensar que no va a haber hambre, guerras, enfermedades... es de una cándida y autoinducida inocencia. Si, tambíén habrá solidaridad, ideas geniales, nuevos mitos mas acordes a las nuevas reglas de juego, pero por si mismo no nos van a librar del golpe, que va a ser de proporciones bíblicas. Algunos ya lo estan sufriendo a base de tomahawks, otros ni tan solo llegaron a tiempo a la fiesta.

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