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lunes, 30 de octubre de 2017

Renata Adler, "la gran dama" del periodismo americano ha vuelto en una "lancha rápida" de los años 70.

Los años 70 suelen despertar imágenes sobre todo de la escena de música de esa época. A cambio en la literatura quedan pocos recuerdos excepto tal vez la ciencia ficción tan colorida y apocalíptica. 

Una escritora y periodista de Nueva York que fue una de las mujeres intelectuales y escandalosas de la época fue Renata Adler. Nacida en 1937 en Milán, de padres alemanes, pasó por varias universidades y cursos en Estados Unidos y Francia. Con una educación muy variada en el ámbito de las humanidades que coincide con la época del estructuralismo en la teoría literaria, no es de extrañar que su primera novela "Speedboat" (lancha rápida) resulta ser un ejercicio de de-construcción tal y como Jacques Derrida lo había pensado y querido. Esta novela, a priori, no pretende revelar nada escondido en la sociedad pero el estilo narrativo fluido, frenético y en dialogo directo con los objetos desmantela en cada pagina tópicos y hábitos de esa época. 

También con sus ensayos y artículos, que escribió para el "New York Times", fue, junto con Susan Sontag, una de las mujeres más influyentas de América del Norte en los años setenta y ochenta.

Después de varios textos críticos (uno fue un comentario mordaz sobre un libro de un compañero, un popular crítico de cine, y otro escándalo siguió con un libro lleno de información  crítica privilegiada a la "New Yorker") desapareció de la escena. 



En 2013, la serie de libros "The New York Review of Books Classics" publicó de nuevo la novela debut del año 1976 "Speedboat" de Renata Adler, propiciando así una nueva aparición para la autora de 75 años.

La editorial madrileña "Sexto Piso" lanzó la novela en 2015 en una nueva edición "lancha rapida" con una traducción de Javier Guerrero, haciendo así un libro de culto listo para una nueva generación de lectores hispanohablantes. 

En la novela, el lector acompaña a la protagonista Jen Fain a través de su variada vida en Nueva York. Es periodista y además de sus actividades como profesora y reportera universitaria, es principalmente una mujer independiente de unos treinta años, que está luchando por comprender a sus colegas y amigos neuróticos.

La narración no es una trama continua, sino que son momentos y pequeños episodios en la vida de Jen en un ritmo mas bien arbitrario. Sus reflexiones son directas y a menudo parecen como registros para una columna o un reportaje. Pero también aparecen escenas pequeñas y cotidianas, que podrían encontrarse en una revista en la sección "Nueva York y el mundo". La mayor parte del estilo narrativo se compone de un flujo de observaciones y comentarios sobre ellas que carece del filtro de una dramaturgia. Gerard Genette lo llamó un "fluir de la conciencia narrado" y en efecto, así es en algunos tramos. 

En ocasiones el lector se ve inmerso en una tormenta de observaciones rápidamente expuestas, tan rápidas que hay que seguirlas con velocidad para no perder el foco y entrar en un modo que yo llamo "lectura de visión borrosa"  Exige atención absoluta pero compensa con el placer de experimentar un documental en tiempo real a través de descripciones precisas y tan acertadas que a menudo provoca la sensación de conocer a fondo la cultura que se esta revelando. 


"Speedboat" se divide en siete capítulos que no proporcionan una pista para un enlace o un arco dramático más grande. Algunos momentos son, desafortunadamente, algo superficiales y desinhibidos. 

A veces uno se pregunta por qué la autora está hablando de este asunto en este momento y no de otro. Esta aleatoriedad hace que sea difícil para el lector después de las primeras cien páginas encontrar interés en más escenas de la vida de Jen Fains. No obstante existe claramente un arco dramatúrgico entre los demás individuos que son amigos y compañeros, que a su vez va creando una marco completo sobre el psicodrama de ellos y así mantiene la tensión. 

La novela de Adler es sólida en los tramos donde Fain analiza con precisión el comportamiento y las acciones de los neoyorquinos. Por ejemplo, ella describe al pedante administrador del archivo de un periódico para el que trabaja. Este hombre está ansioso por cumplir con las directivas sobre los expedientes del archivo. Cuando Jen, como todos los periodistas en este periódico, viola las reglas al llevarse una carpeta con un dossier a casa, intenta explicarle en una discusión que su acción no podía haber sido catastrófica. Como ella no logra nada con argumentos racionales, guarda silencio, y en dos frases resume el interior del archivista: "La gente parece infeliz de tantas maneras diferentes. Siempre me gustaron, los sombríos guardianes de los archivos ".



El estilo de escritura de Renata Adler es seco, afirmativo e irónico, en el que muestra su talento periodístico, pero no tanto literario. En un momento resume: "En una fiesta, los hombres en una conversación aburrida se intentan salvar yendo a buscar una bebida pero por cortesía también traen una copa a su interlocutor y tienen que volver con dos bebidas a la conversación de la que se fueron y así no saldrán de la situación. Los dos individuos terminan tan borrachas que los que no podían ni verse en un principio acaban de decidiendo irse a vivir juntos." 

También los tramos con reflexiones sobre la profesión de periodista, la manera en que funciona el periodismo, las situaciones que uno atraviesa en esta profesión son bastante enriquecedores y legibles.

Un problema en el contexto actual es que una y otra vez se hace referencia a películas populares o a la música de la América de los años setenta. El problema es que hoy en día solo unos pocos pueden imaginar que hay bajo una serie llamada "Medical Center", un musical con el título "No, No Nanette" o cantantes como Tiny Tim. Fenómenos culturales que aparecen y cuya investigación en otras fuentes interrumpe el proceso de lectura de manera aveces algo molesto.

El carácter experimental no puede sorprender hoy como lo hizo hace 40 años. Uno está familiarizado con el estilo de los informes sueltos y yuxtapuestos. Sin embargo, la novela de Adler aún no ha perdido importancia. "Lancha rápida" muestra a una mujer independiente e interesante que se mueve en todas las capas de la sociedad para examinar críticamente su época y los hábitos de los intelectuales de su entorno. Eso hace que la novela sea interesante para un gran rango de edad. La intemporalidad de la vida cotidiana de un periodista en la ciudad hacen que este "re-descubrimiento" sea relevante en la actualidad. Se podría decir que las observaciones descritas en esta novela actúan de microscopio con zoom en el tiempo atrás para problemas que sufrimos hoy de la misma manera, o al menos nos permite conocer como han comenzado algunos de ellos.

El enlace con la cultura de hoy está en que nos encontramos con este libro con uno de los documentos literarios del comienzo del movimiento progresista posmoderno. Hoy la mayoría de gente no es capaz seguir el ritmo de la comunicación de la prensa y medios sociales. Es imposible desarrollar una postura pensada a cocción lenta. Los métodos y las formas de la comunicación hoy son el microondas y la olla presión o mejor ya directamente se lee todo crudo para no perder tiempo en largos y complejos procesos de cocción lingüística y retorica. Adler escribió un relato sobre su tiempo en una velocidad narrativa que iguala la velocidad de la observación. No hay saltos de tiempo. Se narra en tiempo real. De esta manera fue una de las primeras personas en el ambiente pertinente que ha deducido la dirección que tomaría el desarrollo de la cultura de comunicación con una sintaxis concreta.

De forma no intencionada, "Lancha Rápida" es un libro que refleja la manera de comunicar de hoy, no semántico pero sintáctico. Las frases cortas y lacónicas. El tono seco y comprimido podría ser el comienzo de la gramática de los mensajes de twitter de hoy. Es posible que las redes sociales podrían ser solo el siguiente paso lógico en el desarrollo del periodismo. Un periodismo que hoy ha asumido el rol del canal de comunicación entre todos los mundos. Un periodismo que ya no tiene tiempo para perseguir proyectos propios sino que es instrumentalizado por todos para hablar con todos. En Lancha Rápida experimentamos en la propia piel, de una manera muy impactante, con que lenguaje es posible apagar todo lo racional y seguir una tormenta de nieve lingüística sin precedentes. No hay que preocuparse. Lancha rápida no lava cerebros pero puede que revele demasiado.


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