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lunes, 6 de noviembre de 2017

Cambiar el sistema: el factor del gancho

El mundo se puede cambiar, pero ello requiere mucho conocimiento.




Desde Autonomía y Bienvivir proponemos cambios sociales que algunos consideran radicales. Nosotros también, porque consideramos que van dirigidos precisamente a la raíz de los problemas que padecemos. Hemos desarrollado una visión utópica que es muy extraña en la actualidad, en mi opinión porque, como ocurre siempre en las sociedades, se han “reificado” o naturalizado nuestras instituciones sociales, de tal forma que parece tan imposible cambiarlas como a la ley de la gravedad.

En realidad esto no es así, y como dice Satis Khumar, lo que ha sido hecho por el hombre puede ser cambiado por el hombre.

La reificación from JesusN on Vimeo.

Pero aquí hay que hacer algunas precisiones. Si entendemos la sociedad como un sistema complejo, y creo que esta es la forma correcta de entenderla, debemos reconocer que los sistemas dependen de la trayectoria, son históricos. No es posible darnos la vuelta como un calcetín y cambiar nuestras creencias, ideas, y todo lo que motiva nuestros actos de la noche a la mañana. No tengo la conciencia de que esto sea bien comprendido por la gente que me rodea y que es favorable al cambio. La herencia de la modernidad y su énfasis en la razón instrumental nos hace concebir el proceso de cambio de forma similar a como concebimos un proceso de producción. Diseñar, planificar, redactar leyes y ordenes ejecutivas, movilizar recursos, trabajar. Pero el cambio social no funciona así, no es como construir un coche, es más como educar un niño. Tratamos con seres vivos que además tienen ideas que dan sentido a su historia personal.

Los partidarios del decrecimiento, muchos de los cuales proceden de la izquierda, están lastrados por las ideas heredadas de su tradición de pensamiento, que incluye conceptos como “modo de producción capitalista”, que nos alejan de una idea cabal sobre el cambio social. La derecha, por el contrario, con pensadores como Milton Friedman o Friedrich von Hayek, ha comprendido mejor ese proceso, obteniendo de esta forma una ventaja sustancial, que le ha permitido obtener una innegable hegemonía cultural.

El eterno debate entre reforma o revolución en el que se suelen quedar encalladas las reflexiones sobre el cambio desaparece en cuanto empiezas a pensar en términos de sistema. El cambio puede ser paulatino o suceder de golpe, pero el activista tiene poco control sobre ello, depende del estado del sistema. Para hacer una revolución es necesario una masa importante de población muy concienciada, y ello no es posible sin un proceso de cambio paulatino previo, que haga que se tome conciencia de que los problemas son acuciantes y son necesarias medidas drásticas.

En un artículo en mi blog personal, desarrollé estas ideas con más detalle, fijándome en varios ejemplos exitosos de cambio social. Allí defendí que dado que nos encontramos en un contexto inestable, o como mucho estable a medio plazo, y no podemos tener mucha confianza en nuestras intervenciones (no podemos asegurar que conduzcan a un cambio exitoso) lo mejor que podemos hacer es lanzar apuestas, actuar, aunque sea sin mucho conocimiento, y evaluar rápidamente los resultados para corregir rápidamente el rumbo si es preciso.



Los resultados que se están consiguiendo no son demasiado deslumbrantes. En cuanto a la concienciación, se genera mucho contenido en blogs pero la penetración es escasa en publicaciones más mayoritarias. En cuanto a las prácticas económicas alternativas, son muy minoritarias, y todavía lo es más el impacto de estas ideas en las leyes y la política. Entre los hechos positivos que podemos ver están la aceptación del cambio climático como una realidad y la consolidación del marco de los “planetary boundaries” a nivel científico. Son buenas noticias que llegan desde el ámbito académico, pero muy restringidas al campo de las ciencias naturales, mientras que los académicos más cercanos a la política continúan manteniendo una lealtad numantina al neoliberalismo.

Si tomamos al pie de letra mi recomendación de experimentar y analizar el resultado para modificar el rumbo, la realidad nos muestra de forma muy clara la necesidad de un giro de timón ¿Hacía donde? Ese es el debate. Una pequeña pista nos la muestra Malcolm Gladwell en su libro El punto clave.

En una parte del libro, que me recordó tremendamente a los debates que solemos tener en Autonomía y Bienvivir y en los foros decrecentistas, Gladwell nos habla de un experimento sobre la prevención de una enfermedad, el tétanos. Me resultó muy curioso que el experimento, inicialmente, consideró dos variables sobre las que a menudo solemos debatir, presentar una información de manera “cruda”, con todas sus implicaciones, lo que algunos llaman “alarmista”, o presentarla de manera más bien aséptica. En este experimento se repartieron dos folletos, uno donde se mostraban crudamente las consecuencias del tétanos, con fotos de seres humanos pasando mucho sufrimiento por la enfermedad, y otro folleto donde se describía el problema de forma anti-sensacionalista. Posteriormente se pasó un test a los sujetos que habían participado en el experimento, y se vio que, de forma poco sorprendente, quienes estaban más preocupados por la enfermedad eran los que habían leído el folleto más alarmista. Sin embargo, la sorpresa llegó después, cuando solo se vacunó contra la enfermedad un 3% de las personas informadas. Además, el hecho de vacunarse o no carecía de relación con haber recibido un folleto u otro. Una primera conclusión sería que presentar la información de forma más o menos alarmista es irrelevante de cara a que las personas actúen en favor del cambio. Sin embargo lo más interesante no es esto, sino que cuando se modificó el experimento incluyendo en el folleto un pequeño mapa con el lugar (conocido por todos de antemano) donde los alumnos podían vacunarse, el porcentaje de los que lo hicieron subió al 28%.

Lo único que hizo falta fue un cambio sutil en la presentación. Los estudiantes necesitaban saber cómo encajar el asunto del tétanos en sus vidas, y la información adicional que implicaban aquel mapita y los horarios en que se realizaba la vacunación hizo que pasara de ser una lección abstracta sobre riesgo sanitario (una lección más dentro del conjunto de incontables lecciones académicas que habían recibido a lo largo de su carrera universitaria) a convertirse en un consejo médico práctico y personal. Así que, en cuanto el consejo se vio como algo práctico y personal, tuvo éxito.

Práctico y personal, fijémonos en este último punto: personal. Las invocaciones para superar el “sistema capitalista” o (de forma mucho más precisa) la modernidad, para cambiar el sistema, no son demasiado personales, al fin y al cabo no es una tarea que uno se pueda echar a los hombros de forma personal. Puede ser una invocación para unirse a un movimiento colectivo pero ¿cual es la tarea de uno allí? ¿Existe una agenda clara con acciones concretas?

Añadir un mapa con unos horarios en nuestro discurso implica invitar a quién recibe el mensaje a realizar una acción concreta, que debe realizar personalmente. Eso no es fácil, pero quizás se puedan encontrar unas pocas, por ejemplo unirse a una cooperativa de consumo y producción de energías renovables ¿Estamos, como diría Bauman, aplicando soluciones individuales a problemas colectivos? Pues no, una solución individual es ir al psicólogo porque te sientes mal ante la deshumanización creciente, pero en nuestro caso, especialmente si tenemos éxito y conseguimos movilizar a un 28% de la población como en el ejemplo, nos estaremos moviendo en el terreno sistémico de las normas sociales.



A partir de ese porcentaje el grupo empieza a ejercer una presión importante sobre los no convencidos y puede alcanzarse un punto de inflexión que convierta lo bizarro en la nueva norma. En el futuro espero dedicar algún otro espacio a esta distinción clave entre lo individual y lo sistémico.

Pero ¿no estaremos, a través de pequeños cambios, apuntalando un sistema que está destinado a desaparecer más pronto que tarde? No es posible responder a esta pregunta como no es posible predecir el futuro. Para reducir la incertidumbre conviene ir haciendo un mapa cada más detallado del sistema, pero yo me atrevo a aventurar algunas ideas, en primer lugar, no veo que la crisis de 2008 haya desencadenado un movimiento ni hacia la sostenibilidad ni hacia la igualdad, por el contrario veo un movimiento hacia el caos.

Es difícil que la población realice un giro de 180 grados desde sus creencias actuales hacia un estilo de vida y unas normas sociales totalmente opuestas, como son las que planteamos desde Autonomía y Bienvivir, incluso tras una nueva crisis económica. Veo más factible que haya pasos previos mucho antes de que desarrollen la creencia en la necesidad de un cambio radical. El factor del gancho nos habla de transmitir la información de forma que sea un revulsivo para el actuar del individuo, pero también hay que considerar que al actuar se modifica su conciencia. Por ejemplo, si alguien está preocupado por el cambio climático y decide unirse a una cooperativa de producción y consumo es posible, y probable, que ese hecho le haga ser mucho másfavorable a una legislación que favorezca a las cooperativas, incluso es probable que el hecho de actuar, de hacer algo, le haga mucho más consciente de los problemas de sostenibilidad.

Propongo que tengamos en cuenta el conocimiento que nos ofrecen Gladwell y otros e intentemos lanzar proyectos e ideas que rebasen el punto crítico, y se conviertan en normas sociales que cambien la conciencia de los individuos acerca del mundo en el que viven. Se trata de dar pasos, evaluar, y dar más pasos, pero sin dar el primer paso no será posible dar el segundo.

1 comentario:

  1. Muy interesante artículo y marcos, Jesús. Me viene, a bote pronto, dos conceptos que tienen relación con el punto clave. Uno, relacionado con el ejemplo de las vacunas de Gladwell, es el de “nudge” (empujón) concepto que más o menos se define en la ciencia del comportamiento, economía y teoría política como sugestiones indirectas que intentan que nos comportemos o tomemos unas decisiones en un sentido, normalmente positivo o cívico. Pero como cualquier técnica, esta depende de esos valores que están subyacentes detrás. Por ejemplo, los supermercados ponen caramelos y gominolas en las cajas para que mientras esperamos, nosotros o nuestros hijos caigan en la tentación de “ser empujados” y comprarlos. Este año le han dado el premio Nobel a RIchard Thaler, que tiene varios libros sobre este concepto.

    Por otro lado, me viene también a la memoria, el concepto de 80/20 de Pareto que ha sido reinterpretado a nuestro contexto actual principalmente por Richard Koch en sus diferentes libros. La idea general es que los resultados más valiosos (por ejemplo, un resultado de 80 sobre 100) provienen de una pequeña minoría de esfuerzos (actuando sólo sobre un 20 por ciento de las causas). Esto no sólo lo ha llevado en temas de negocios y economía sino también a temas personales y de desarrollo personal e incluso de felicidad. Si el problema del concepto de “empujón” era el tema ético o de valores subyacentes, el problema del 80/20 está en el diagnóstico y selección de las causas. Desde un punto de vista positivista, reduccionista, muchas causas parecen claras, pero desde un punto de vista sistémico, más amplio en su investigación, nos podemos llevar tales sorpresas como la de la mariposa que, volando en China, ocasiona un huracán en USA.

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