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jueves, 5 de julio de 2018

La noche más larga hasta el amanecer

Nuestro compañero Eduardo Velasquez, mexicano, a petición mía me ha presentado un texto sobre el reciente cambio de gobierno en México. No sabemos que nos deparará este cambio, veo en Eduardo una ilusión que no compartimos aquellos que vivimos en países en los que el cambio entre izquierda y derecha ha sido algo habitual, pero sin cambiar lo esencial ¿Puede convertirse México en esa punta de lanza de rechazo a la modernidad que anhelamos, y que por fin ponga el foco en las necesidades humanas y no en el dominio sobre la naturaleza y el resto de los seres humanos? Lo dudo. A pesar de mis escasos conocimientos de la situación local veo que México se ha convertido en un cruce de caminos explosivo de la modernidad, con su producción petrolífera declinando, siendo un paso obligado de los migrantes que se encontrarán contra un muro, y siendo las víctimas de la enorme demanda de droga de su país vecino. A pesar de ello, hay muchas lecciones que aprender del cambio en México, la mezcla de condiciones sistémicas con coyunturas locales, como los asesinatos en Iguala, o el reciente terremoto, que pueden energizar a toda una sociedad y propiciar un cambio que los poderes fácticos han estado evitando durante setenta años ¡Por algo será! Les dejo con mi compañero.



Entender México es demasiado complejo, México nunca fue un sólo país, por el contrario, siempre ha sido un estado plurinacional, en la época prehispánica México destacó por tener una cultura “dominante”, la triple alianza, cuya caída provocó la conquista del territorio que actualmente es México. Es importante recordar que en los momentos posteriores a la conquista existió una figura púbica llamada “encomenderos” tal y como relata el libro “La nueva historia mínima de México” editada por el Colegio de México y fruto de los esfuerzos de Daniel Cosío Villegas y otros grandes personajes contemporáneos.

Los encomenderos fueron personajes que se dedicaron a mantener el orden de la sociedad recientemente conquistada, una especie de caciques que mantuvieron el orden por mucho tiempo, a la vez, gozaban de ciertos privilegios sobre el resto de la población indígena, que desde luego era mayoría, esta figura prácticamente desaparece con la independencia de México.

Nos trasladamos a la revolución mexicana, caracterizada por la desigualdad, en este caso los encomenderos se convierten en hacendados que explotan a la clase trabajadora, destacan las llamadas “tiendas de raya” y otros abusos sistemáticos hacia la clase pobre que también es mayoría en esos momentos.

Posteriormente encontramos 70 años de un gobierno ininterrumpido del Partido de la Revolución Institucional (PRI), un partido de estado que gobernó de una forma paternalista, esto se debió porque el PRI supo mantener un clientelismo electoral entre un pueblo débil, pobre, ignorante, y con muchos “defectos” propios de la sociedad mexicana como un alta tolerancia a la corrupción, falta de identidad nacional, apatía generalizada, etc.

Es difícil escribir en contra de mis propios compatriotas, pero ciertamente los ciudadanos mexicanos tenemos muchos defectos, hay que reconocer que el mexicano si es propenso a “dar mordida” (ofrecer dinero por eludir la justicia, obtener favores, etc.), es propenso a llegar tarde, a buscar dinero fácil, etc, etc.
Entender esto nos brinda cierta luz sobre el pasado reciente del país, ya que ninguna otra nación en el mundo vivió un régimen totalitario de 7 décadas, Vargas Llosa llegó a decir que México era “la dictadura perfecta” (disfrazada de democracia).

Uno de los presidentes mas queridos del país fue el General Lázaro Cárdenas del Río, quien fundó el Instituto Politécnico Nacional y realizó la expropiación petrolera, lo cual dio un sentido de identidad nacional que murió hasta que la reforma energética acabó con una visión de país de los años 1930 aproximadamente.

Para los años 60 el régimen del PRI empezaba a mostrar signos de debilidad, México “entraba” a un periodo interesante de la modernidad y los juegos olímpicos de 1968 querían mostrar al mundo una nación desarrollada o algo por el estilo, sin embargo un movimiento estudiantil sacudió al país.

Estudiantes de distintas universidades y preparatorias se unieron y empezaron a exigir distintos cambios a un régimen que había funcionado casi con disciplina marcial, parece que los mexicanos mayores veían en los jóvenes un futuro prometedor y brillante, debido a que en esos momentos México aún tenía serios problemas de analfabetismo, producto de un regimen que nunca se interesó demasiado por la educación.

Sin embargo el movimiento fue brutalmente reprimido un 2 de Octubre, militares y otras fuerzas del estado dispararon indiscriminadamente contra la multitud acabando con la vida de los estudiantes y ahogando las incipientes ganas de un cambio, el dinosaurio priista no dudó en utilizar la fuerza para mantener el régimen, desde entonces México fue incapaz de volverse a organizar para la lucha social a gran escala.

Posteriormente se intentó un cambio en 1988 a través de las urnas, sin embargo un gran fraude electoral frustró esos intentos. Se impuso en la presidencia a uno de los presidentes más neoliberales de la historia, quien como Fujimori en Perú, empezó a desmantelar el estado para acelerar el libre flujo de capitales acordé a las políticas más modernas del libre mercado. Distintos factores derivaron en severas crisis económicas que la sociedad relacionó rápidamente con el PRI, pero eso no bastó para un cambio, desde luego que México tampoco se convirtió en una potencia mundial ni nada por el estilo, la pobreza siguió presente.

Un sexenio después en 1994 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se “levantó” en armas contra el régimen, sin embargo esta lucha no prosperó porque el estado y su fuerza militar y policial actuó efectivamente, no sin violar claramente los derechos humanos, por fortuna este movimiento sigue activo hasta la fecha, aunque personalmente no apoyo la lucha armada pero si la disidencia.

La primera alternancia se da en el año 2000, por primera vez en la historia México tuvo un presidente que no era del PRI, sin embargo fue un gobierno de la continuidad, el gabinete del nuevo presidente tuvo a muchos priistas y varios historiadores calificaron nombraron ese tiempo como “un sexenio perdido”.

Las elecciones de 2006 fueron notablemente desiguales, hubo una intervención abierta de la iniciativa privada a favor del candidato conservador e incluso el presidente en funciones hizo declaraciones públicas a favor del candidato de su partido, la votación final fue tan cerrada que fue imposible que el nuevo presidente obtuviese legitimidad frente a la población, México quedó dividido a partir de entonces, sin mencionar que la violencia se desató a niveles sin precedentes e incluso las ciudades mexicanas se volvieron más violentas que ciudades de países en guerra.

Entre 2006 y 2012 se vivió una “guerra sucia” que polarizó el país entre buenos y malos, gente de derecha y de izquierda, aunque la facción priista para entonces seguía muy viva. El discurso de la derecha de estos tiempos se caracterizó por atacar a la izquierda populista y demagógica, se decía que el candidato de la izquierda “López Obrador era un peligro para México” por su discurso que se oponía a la privatización de empresas, por denunciar continuamente que las grandes empresas en territorio nacional no pagaban impuestos o los eludían en tramas fraudulentas, por la increíble corrupción del estado, etc.

México siempre se ha caracterizado por su población “altamente polarizable”, de modo que una parte importante de la sociedad se volvió contra si misma, desde entonces la gente pobre y de izquierda fue vista como gente poco culta, fácilmente manipulable, entre otras cosas… Ese discurso de derechas clasista parece culpar a los pobres de todos los males de un país, se dice que los pobres “son pobres porque quieren, porque no trabajan” y ven a los pobres como personas que no deben ser ayudadas porque ellos que pertenecen a una clase “media” (en realidad baja) “se han esforzado mucho por llegar a donde están a base de de trabajo, estudio, sacrificio y demás...”.

En 2012 el PRI aprendió de sus errores y a través de su maquinaria histórica ganó las elecciones haciendo uso de las peores prácticas antidemocráticas de la historia mexicana, fue una victoria en números, legitima se podría decir pero claramente ilegal. Durante la compaña hubo un momento interesante, en un acto de proselitismo el entonces candidato Enrique Peña Nieto acudió a una de las universidades privadas más caras y prestigiosas del país, la Universidad Iberoamericana, en un evento que se esperaba tranquilo y sin problemas, los jóvenes de esa universidad hicieron lo que la clase trabajadora no hizo con la misma intensidad y lo empezaron a cuestionar e increpar, el candidato salió huyendo y se escondió en el baño, se hacía evidente entonces que México estaba cambiando.

El movimiento #yosoy132 lamentablemente no prosperó, considero que fue porque los mexicanos no sabemos ni queremos ponernos de acuerdo, no nos atrevemos a ceder por un bien superior, curiosamente seis años después el candidato de la derecha Ricardo Anaya salió de la misma universidad con gritos de “presidente, presidente”, en un evento en el que salió favorecido, aunque hubo estudiantes en contra de su discurso tecno-optimista.

El sexenio 2012-2018 empezó con una fuerza apabullante, el partido en el poder logró consolidar una alianza sin precedentes con sus opositores, el movimiento se llamó “pacto por México” y lanzaron las llamadas “reformas estructurales”, entre ellas la reforma energética, fiscal y educativa, con ellas se abrió Petróleos Mexicanos a la iniciativa privada nacional e internacional, y otros muchos cambios de color neoliberal. Una parte de la sociedad aceptó el cambio de buena manera y la revista Time publicó al presidente Peña Nieto seguido de la frase “saving Mexico” (salvando México), parecía que México si avanzaría hacia la modernidad y prosperidad.

Sin embargo económicamente hablando el asunto no fue a mejor, empeoró, lo cual es debatible, pero para eso existen los indicadores macroeconómicos que pueden analizarse, sin embargo los más de 50 millones de mexicanos en la pobreza no mienten.

En Septiembre de 2014, días antes de la conmemoración de la matanza del 2 de Octubre de 1968, el estado mexicano perpetró un terrible ataque en el que desaparecieron 43 estudiantes normalistas, este catastrófico evento marcó para siempre al PRI, los mexicanos, esas personas “agachonas” apáticas, despreocupadas, que no hicieron “nada” el sexenio de 2006 a 2012 por las decenas de miles de personas muertas de pronto se levantaron y exigieron la presentación con vida de los estudiantes desaparecidos, hasta la fecha la exigencia de justicia y de la aparición de los estudiantes sigue vigente.

Las elecciones intermedias de 2015 no mostraron cambios significativos en el antiguo régimen, las cosas siguieron más o menos igual, sin embargo el cambio poco a poco se comenzaba a gestar. El 19 de Septiembre de 2017 México sufrió un fuerte sismo que derrumbó múltiples edificios y cimbró al país entero, desde mi perspectiva la naturaleza nos mostró que los mexicanos no habíamos aprendido la lección y las autoridades corruptas no habían atendido los riesgos pese a ser México una región sísmica, al respecto escribí un artículo muy duro contra la sociedad mexicana, sin embargo, “gracias a Dios” me equivoque, nunca me he sentido más feliz por haberme equivocado, porque esa misma gente que el 19 de Septiembre salió a la calle a remover escombros y ayudar a los damnificados del sismos también salió el 1° de Julio a votar y a defender la democracia.

El sismo nos enseñó que podíamos unirnos, ser solidarios unos con otros y cambiar nuestra realidad inmediata, los meses que siguieron nos hicieron olvidar un poco ese sentimiento, el gobierno corrupto incluso hizo un uso opaco del dinero donado por otros países y personalidades internacionales para la reconstrucción de la ciudad, pero todo eso lo pagaron en las urnas.

Y sin embargo ocurrió un milagro... El 19 de Septiembre de 2017 el destino puso a prueba a los mexicanos una vez más y como un aviso del sufrimiento de millones de mexicanos la tierra tembló como citando nuestro propio himno nacional ("...y retiemble en sus centros la tierra..."), en ese momento fue escéptico, no creí que el México que salió a las calles a ayudar a sus semejantes y que se uniría por primera vez en mucho tiempo sería capaz de transformar la realidad de un país tan dividido y lastimado. Pero pasó.

Dejamos de lado nuestras diferencias, dejamos de lado la apatía, nos atrevimos a ser hermanos nuevamente, fuimos empáticos con nuestros hermanos y nos atrevimos a sacar de los escombros algo mucho más grande que ladrillos y personas, el año pasado además de las vidas que salvamos, sacamos coraje y sembramos democracia, solidaridad y hermandad.

2018 fue el año del cambio, el año en que México dijo NO al PRI y al PAN y al PRD, a todos los partidarios mayoritarios. Los candidatos fueron Andrés Manuel López Obrador (AMLO), Ricardo Anaya Cortés (apodado por una parte de la población como“cAnaya”) y José Antonio Meade Kuribreña, de los partidos Morena, PAN-PRD y PRI respectivamente, omito datos como candidatos ciudadanos y partidos minoritarios para no extender más este artículo.

cAnaya se caracterizó por un discurso “tecno-optimista” en el cual decía por ejemplo que para el primer lustro de 2020 – 2025 la mayoría de los carros serían eléctricos, sin embargo como señala Antonio Turiel, el coche eléctrico no es viable, de este modo el candidato trató de convencer a los mexicanos de que no es necesario construir refinerías, de que hay que buscar inversión extranjera y en general de que con “ideas nuevas” se podía cambiar el país. Cabe resaltar que criticó fuertemente el populismo y la demagogia del AMLO, sin embargo propuso un “Ingreso Básico Universal” de $1,500.00 pesos mexicanos (más de 70 dólares) mensuales para toda la población. Personalmente creo que si AMLO hubiera propuesto lo mismo, lo habrían tachado de populista y sus críticas serían que eso generaría inflación, no resolvería la pobreza, causaría un déficit fiscal, etc.

Meade por otro lado ofreció cosas muy extrañas, ofreció un combate frontal a la corrupción, pero cada vez que lo decía seguramente se mordía la lengua, se presentó como un candidato ciudadano postulado por el PRI pero sin ser del PRI, pero esto no fue aceptado por la sociedad. Pretendió ser reconocido como el candidato más preparado, pero nuevamente la sociedad mexicana no aceptó ser gobernada por un tecnócrata quizá porque entre otras muchas cosas México (aún) valora más a un buen futbolista que a un intelectual, de cualquier manera Meade no destaca por un gran coeficiente intelectual o una trayectoria académica sobresaliente.

Por su parte AMLO tiene muchos defectos, algunas carencias, se juntó con gente muy cuestionable, personalmente creo que es una persona muy perfectible, no es un candidato ideal, pero la sociedad entera vio en él a alguien que claramente es diferente al resto de la clase política. Entre su equipo hay gente excepcional que sin duda puede hacerle mucho bien al país, así como gente que no. Sin embargo nadie capitalizó la esperanza como AMLO, quien tuvo que luchar mucho para llegar a la presidencia de México, en su vida personal nunca se encontraron manchas que pudiesen tumbar su carrera, como si se encontraron en los otros candidatos y la clase política y las grandes empresas intentaron alzar su voz contra AMLO, lo cual parece que dejó claro en los mexicanos que AMLO no representaba ni a la clase política, ni a los grandes capitales, él si es visto como una persona más del pueblo.

Meade por el contrario pertenece a las clases privilegiadas de los secretarios de estado que honradamente ganan decenas de veces más que lo que gana un obrero, cAnaya por el mismo camino declaró que su matrimonio recibe alrededor de $400,000.00 pesos mensuales algo así como lo que ganarían 100 trabajadores en un mes con el salario mínimo de México.

México es ineludiblemente un estado plurinacional, su riqueza histórica y cultural es enorme y comprende un conglomerado de colores muy intensos que son difíciles enumerar, es un país de tremendos contrastes.

Entre las sombras de México tenemos los fantasmas de la corrupción, la maldición de Malinche de la que hablaba Amparo Ochoa, la corrupción que se ha calificado como "endémica", entre muchas otras sombras... los mexicanos conocemos bien esos rincones de vergüenza. Recomiendo ampliamente leer "El país de uno" de la magnifica politóloga Denise Dresser.

Entre las luces de México tenemos cosas hermosas y grandiosas, quisiera citar a grandes personajes como Cuauhtémoc, quien fue el último Tlatoani del imperio mexica y que hizo frente a los invasores españoles en tiempos en los que México aún no era patria. También destacar a Aniceto Ortega, médico y compositor, sin duda un gran ejemplo de aquellas personas que supieron ver las luces de nuestra tierra y trabajaron por hacer de este territorio una gran nación.

En las sombras de México existen fantasmas que pensábamos que nunca nos abandonarían... hace años escribí que uno de los problemas fundamentales de nuestra sociedad es el llamado cangrejismo, esa antigua metáfora de que los mexicanos eramos como cangrejos, incapaces de unirnos y ayudarnos unos a otros, la metáfora dice "cuando un mexicano intenta salir del balde, otros lo jalan hacia el fondo". Lo que la historia nos ha mostrado es que los partidos que componen el "establishment" mexicano son el PRI, PAN, PRD y los partidos minoritarios, partidos que se han alternado el poder (excepto el PRD) y que siempre acababan poniéndose de acuerdo para tomar decisiones impopulares.

En un país corrupto "hasta la médula", el pueblo mexicano parecía ser víctima de una vieja idea romana "divide y vencerás" y desde que la república mexicana es democrática, la división nos había hecho vulnerables, México se convirtió en un estado fallido. Pobreza, corrupción, pésima educación, violencia y otros asuntos se convirtieron en la normalidad en este estado fallido llamado México.

Los mexicanos el primero de Julio de 2018 salimos a votar como nunca antes, rechazando por primera vez el discurso políticamente correcto de los candidatos de la modernidad, de la continuidad, rechazamos con todas nuestras fuerzas a los poderes fácticos y los medios instrumentales que intentaron engañarnos, demostramos que somos mucho más que un país de gente mediocre, floja, ignorante, etc, etc...

México esta vez aceptó tomarse su medicina, aceptó hacerse una cirugía mayor, aunque doliese, los mexicanos aceptos pagar el costo por un futuro mejor y este 1 de Julio los mexicanos fuimos algo más que mexicanos, porque nos levantamos temprano, vigilamos las urnas, nos opusimos de frente a la compra y coacción del voto, a los medios de comunicación masiva y a la violencia y al crimen organizado, por nuestra propia voluntad aceptamos un cambio mayor, por el bien común. Fue especialmente emotivo ver a ciudadanos defendiendo el voto, rechazando a los "mapaches electorales" y en general siendo ciudadanos comprometidos, una actitud tan ajena a la clásica apatía del mexicano, que sin duda barre con nuestro tortuoso pasado.

La historia nos enseña que las personas y las naciones si tropiezan dos veces con la misma piedra, si cometen dos veces el mismo error, pero esta vez México demostró que puede reinventarse así mismo, que los cánceres que aquejan a nuestra nación son curables y que esta vez si aceptamos cambiarnos, del mismo modo en que Andrés Manuel cambió su discurso, se mostró conciliador y entendió que la confrontación en México no le iba a servir.

Se ganó la guerra, pero esto no se acaba.

México ya ganó, no hay marcha atrás, es inevitable e ineludible, las boletas los muestran y sobretodo los millones de mexicanos que materializaron su voluntad a través del voto dan cuenta de como el sueño de la democracia, es decir, que el ´pueblo se gobierne así mismo es posible, es una realidad que México y los mexicanos hemos ganado, pero esto no se acaba en la elección.

"La guerra" por la democracia ha existido en el México profundo desde la revolución mexicana, desde entonces las batallas por una auténtica democracia fueron largas y costaron mucha sangre y lágrimas, pero la guerra ya terminó y ganó la democracia.

Ahora queda lo más difícil, pero por fortuna el camino recorrido nos va a ayudar con lo que sigue, lo siguiente es que los ciudadanos no demos ni un paso atrás, tenemos que exigir hacer que se cumplan las promesas de campaña que hizo López Obrador, los ciudadanos hemos demostrado que podemos transformar la realidad el país y así como defendimos el voto, así haremos todo lo necesario para que el país se transforme efectivamente, el tigre despertó y anda suelto y vigilará que el nuevo gobierno cumpla con lo pactado en la fiesta democrática, no hay opción ni marcha atrás, se exige un cambio verdadero y eso se ha de tener.

Tenemos que ser críticos con Morena, tienen que sentir que la ciudadanía los cobija, pero que también los vigila, necesitamos cerrar todos los espacios, seguir siendo espejos que vigilen todos los rincones de la vida democrática del país, que sepan que el mismo tigre que los eligió como representantes se los puede comer si traicionan el gran esfuerzo se transformación que se ha realizado.

Es momento de buscar, exigir y hacer que el gobierno y la ciudadanía sean congruentes, por fortuna la prensa parece lista para ser un potente contrapeso, al igual que las instituciones, a los ciudadanos comunes tengo que decirles que lamentablemente la lucha apenas empieza, porque no podemos dejar dormir a nuestros representantes, por el contrario hay que apoyarlos y hacer lo que sea preciso por un México mejor, desde luego respetando el estado de derecho.

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