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miércoles, 17 de mayo de 2017

El nuevo servicio de inteligencia

Una lagrima me cae por la mejilla, mis manos están tiesas y casi completamente paralizadas. El semáforo salta en rojo y apenas consigo parar mi bicicleta. Hace frío, son las nueve menos veinte de la mañana en una calle de Hospitalet. Estoy pensando en el dentista que me espera la semana que viene, en la vuelta a casa esta tarde cuando me habré despertado del incomodo sueño que me causa el trabajo desde hace meses. De repente aparecen manadas de madres cruzando el paso de cebra delante mio. Algo es raro …Hoy cotorrean más de lo habitual y se ríen aunque no parece alegría natural, es algo teatral y exaltado. Pienso : “...al menos no tienen la usual cara de culo que suelen tener las madres de clase y edad media a esta hora...” volviendo el foco a las personas en el paso de peatones me doy cuenta que las madres llevan su niño de la mano, les llevan las mochilas de ruedas también. Su sonido, al rodar-las por el asfalto suena hueco o vacío, saltan y bailan sobre las diminutas piedras del alquitrán como si no hubiera libros dentro y hacen juego acústico con las pelucas de papel de aluminio que lleva cada uno de los docenas de niños y niñas (estamos en carnaval). Entre madres de musical, mochila chapaleando y pelucas de aluminio, un concierto de música contemporánea en la Avenida Carrilet. Un pito violento me saca de mi cortometraje matutino. Arranco cagando leches. Pedaleando paso una empresa de investigación privada y me viene una frase de The True Detective: “Hoy es como despertarse de la vida a la pesadilla que estamos viviendo, lo bueno es que casi siempre estamos durmiendo”.

Nada mas llegar a la oficina me encuentro con una pelea de correo electrónico entre un empleado y recursos humanos. Estoy en copia porque soy del comité de empresa.

El asunto y las personas no voy a revelarlas pero aseguro que es absolutamente ridículo por ambas partes. Uno se cree con derecho constitucional a ser promocionado por revelar errores graves de la dirección de la empresa y los otros solo promocionan gente que hace desaparecer los problemas sin la necesidad de resolverlos. En el ingles del basket esto se llama una Pat-situation o según Saul Berenson en la serie Homeland: "Lets agree to disagree". En el correo se habla mucho de tolerancia y confianza. Aunque no me consta que estos dos conceptos tengan algo que ver con este caso sigo jugando a las canicas con ellos.....Homeland...





...La intolerancia y el odio son productos culturales, no naturales. Cualquier disciplina, religión o concepto de creencia se puede usar para convertir personas en asesinos (psicópatas, islamitas radicales, protestantes radicales, inescrupulosos banqueros, neo-liberales capitalistas) y a la vez proveer una justificación sobre el porqué era necesario matar con sus propios conceptos rígidos y demagógicos de psiquiatría, ciencia, yoga, economía, comunismo, positivismo etc. Todas estas cosas que los humanos creen haber revelado, inventado y comprendido crean una enorme variedad de atributos con los que clasificar a las personas y aun mas burocracia para asociar esta clasificación a las personas y con ello unas personas extremadamente polarizadas y moralizadas. Solo así es posible que una persona pierda su empatía para convertirse en un asesino que viene con mando a distancia. Un asesino o autor de escritorio, término creado por Hanna Arendt "Schreibtischtäter"...

Los departamentos de recursos humanos no cumplen debidamente este perfil pero si que están posicionados en un entorno estratégico para convertirse en ello muy fácilmente. La existencia de extensos protocolos de conducta, acuerdos laborales, convenios, artículos del estatuto del trabajador en conjunción con una variedad de marcos y plantillas psicológicas los convierten en una especie de crupier de Texas Holdem en el casino de los intereses entre empresa y empleado. Aunque no saben que carta se va jugar a continuación son bien capaces manipular el resultado del juego aplicando uno u otro de esta multitud de párrafos y reglas a convenir.

Ambos, empresa y empleado, viven en el constante intento de hacer trampa. Afortunadamente a veces pasa que alguna u otra trampa es revelada. Una vez se consigue filtrar los gritos, insultos y amenazas, siguiendo el camino de la trampa asesina hacia atrás, en la mayoría de los casos no se encuentra nadie que sea responsable del inicio de la pelea. Solo una selva de conceptos, artículos, códigos y leyes que se contraponen, solapan, potencian, eliminan, excluyen, fomentan mutuamente. Todos estos constructos abstractos sirven en primer lugar para dividir entre ganadores y perdedores y entre propietarios y no propietarios. Se basan en un concepto cuantitativo de la vida y en la falsa creencia de que el ser humano es malo por naturaleza y necesita un hostigamiento para ser controlado. Así, el capitalismo neoliberal salvaje justifica su conducta, se remite a la naturaleza humana. Pero malo por naturaleza no existe. La naturaleza no conoce el concepto de malo y bueno. Es la cultura de la moral la que crea este juicio. Es la cultura de los "asesinos de escritorio" la que crea la división de las personas en dueños del casino, crupier y jugadores. 

Si seguimos el camino de la burocracia atrás, más allá de los documentos y párrafos, vamos a encontrar personas grises, de clase media con puestos de administración totalmente insignificantes, cuyo labor es exclusivamente la clasificación de información sobre personas. Sin ejecutar ningún acto de violencia contra los derechos humanos son los gran suministradores de información que a su vez permite en primer lugar la clasificación entre mala y buena persona. Según la ideología actual, esta clasificación puede variar en solo una década tres veces con características totalmente opuestas.

En la economía del robo ( ant.lat. privare/significaba robar) este rol tiene el departamento de recursos humanos. Allí es donde se clasifica la información sobre los empleados a base de conceptos totalmente dependientes del criterio de la empresa que en la mayoría de los casos se basa en el modelo de ventaja comparativa (el puro rendimiento del individuo) y también en una cuantificación muy abstracta de la habilidad de obediencia. Esta última no se llama así sino disponibilidad al cambio y flexibilidad. En conjunto con algunos datos mas (la edad, sexo, historial de baja medica, estado civil, etcétera) se construyen clases y subclases de empleados. A veces se añade información mas intima como la orientación sexual y preferencias de ocio, resultado del espionaje en el dispositivo electrónico laboral (portátil y teléfono).

La filosofía de la empresa "somos una familia" es una buena herramienta para obtener aun más información privada sobre los empleados y así prevenir aun mejor su futuro rendimiento y utilidad para el negocio, y así poder excluirlos lo antes posible en caso de descubrimientos que podrían indicar una personalidad demasiado autónoma e incluso conflictiva. 

La gran moda de tripular lo políticamente correcto y el abandono de la intimidad juega a favor en manos de las empresas que lo proponen. Los empleados abandonan el silencio sobre su condición privada y por tanto emocional y así se hacen vulnerables para chantajes y una retorica de amenaza muy sutil. Recursos humanos recolecta toda la información que damos cada vez mas públicamente pero no la usa para tomar decisiones personales ellos mismos. Esto lo hará el Manager. Así, la responsabilidad se distribuye de la misma manera que en cualquier dictadura que usa la eficiente pero no eficaz herramienta de la burocracia para el control y así hace imposible encontrar un litigante o adversario para el empleado. El resultado es una profunda sensación de impotencia. Los empleados y por tanto miembros de la sociedad se ven reducidos a un ciclo de trabajar y consumir mientras cada vez más son transparentas como empleados y figuras públicas pero invisibles e irrelevantes como seres humanos reales.


Hanna Arendt: "El acto de consumir reemplaza cualquier activad cultural de relevancia"

Leo correos y pienso todo esto. Que cojones debo hacer ...a ver si Kant me da un consejo sobre qué hacer con uno que revela secretos y exige un premio porque se considera del lado bueno.




martes, 12 de enero de 2016

Autonomía e identidad tercerizada: "la marca"

Hoy pensé, sólo por diversión y de manera completamente hipotética, que sería un experimento interesante prohibir las marcas.


¿Quién tiene dudas acerca de la excelencia de ingeniería de los instrumentos náuticos de Suunto o la fiabilidad y seguridad de un Volvo, la función elegante e impecable de ordenadores portátiles de Apple, palos de golf de Mizuno o equipo de alpinismo de Deuter? Adoramos identificar-nos con los altos listones que estas empresas se ponen a sí mismas . Creemos que algo de su brillantez y éxito se desvanecerá a las propiedades de nuestra propia vida mediante la compra de sus productos.


Nos gusta dejar la gestión de tareas en nuestras vidas con la misma manera eficiente y bien pensada como estas marcas de alta cualidad prometen. Quien no se ha hecho una paja mental con lo fácil y chulo que es usar iTunes o Spotify. ¿A Quien no le gusta calzarse unas bambas de senderismo que sientan como un calcetín y encima tienen los colores de otoño y tierra para sentirse mas cerca aun de la naturaleza? ¿Quien no considera que entrar en un coche Mercedes y sólo al cerrar la puerta es un orgasmo de sensaciones agradables? Queremos que esta cualidad de acabado se convierta en un aspecto de nuestra propia vida. Queremos que nosotros también seamos agradables, fuertes, elegantes y astutos como los productos que compramos. Las marcas de alta calidad y prestigio no sólo exponen nuestro criterio estético y nivel socio-económico hacia el exterior sino también cambian algo dentro de nosotros. Parece que realmente nos hacen funcionar mejor, ser más resistentes y más atractivos.


Pienso que este efecto es un placebo que desaparece en el mismo instante que quitamos el símbolo de la marca del producto. De este modo propongo que nos imaginemos que la marca es un sucedáneo para lo que llamamos identidad A la vez somos como las células cerebrales de las empresas, pensamos por ellos, hacemos la gran parte del trabajo para su desarrollo y acabamos comprando nuestras propias ideas de ellos. No importa si somos consumidores de su producto o empleados recibiendo un salario de ellos. De cualquier manera, nosotros somos el mecanismo vital y parte de la infraestructura de su cráneo. Sin nosotros no son más que un motivo de bajo interés sin ninguna dirección o plan u organización. Sólo pretensión vacía de algunos pocos egos .

¿Entonces que hay de la relación con nuestras marcas de alta calidad y porque es tan dañina para el desarrollo de personas emancipadas y autónomas?


Consideramos que la elección de marca es una expresión de la libertad individual, creemos que es la propia libertad de expresión que se manifiesta en la decisión para un producto u otro.

Pero la compra de algo que se ajusta a nuestra personalidad y muestra por tanto una parte de la misma, no es libertad de expresión. Libertad de expresión es un derecho humano que consta en casi todas las constituciones nacionales de este mundo, pero expresamos opinión e incluso posiciones morales con la compra de productos de marcas específicas y así confundimos el acto de comprar con el mismo derecho fundamental constitucional. Podríamos decir lo que pensamos en vez de comprar un producto cuyo mensaje de marketing expresa algo parecido pero mas simplificado.


Ahora sabemos que estamos en condiciones de servidumbre ante nuestras marcas de alta calidad, ya sea porque trabajamos para ellos o compramos sus productos. Las empresas son unas de las instituciones de hoy que proporcionan identidad y significado para muchos aspectos de nuestra vida. ¿Queremos expresar que nos preocupamos por nuestro ecosistema? Las marcas nos ofrecen cientos de maneras de expresar esta actitud , con la compra de un producto sencillo hacemos una importante afirmación sobre nuestra personalidad.

De esta manera creamos una unión inseparable entre la marca y nuestra identidad individual. Permitimos a la marca convertirse en parte de nuestra identidad con las declaraciones de fácil e instantánea consumición sobre algún aspecto de la vida que nos importa, y no tenemos que desarrollar esa declaración con nuestro propio pensamiento y razonamiento. Compramos algo cuyo mensaje de marketing se ajusta más o menos a lo que queríamos expresar. Esto es el momento cuando la marca se convierte en una parte de nuestra identidad.


Requerimos ahora, cada vez más, declaraciones sobre nuestra personalidad más satisfactorias y concretas porque queremos "desarrollarnos como personas". La mochila de la línea de materiales ecológicos, el coche con pintura natural, una APP que nos avisa sobre destinos de viaje donde hay muchas infracciones de derechos humanos, la furgoneta diésel con cama para hacer más aventureras las vacaciones , las bicicletas urbanas... De todos los productos y marcas de destino más burgués ya ni hablamos. (paradores, ropa de esquí, jersey rosa con cocodrilo, coche con anillos olímpicos) Un cambio de la marca de repente se convierte en un riesgo. El riesgo de perder la identidad en algún aspecto que nos importa mostrar sobre nosotros.

Poco a poco nuestra sociedad fue condicionada a basar su identificación en todo lo que tiene que ver con consumir sin necesidad primaria. Una cultura de adquirir una imagen auténtica de nosotros a través de marcas y productos secundarios, que cada vez más responden a nuestros pensamientos y dudas sobre el mundo político y social con respuestas y soluciones ideológicas de fácil acceso a precio competitivo.


Hemos llegado hasta tal perversión que los nuevos emprendedores no desarrollan una propia filosofía de negocio sino simplemente adoptan el concepto de los grandes cráneos vacíos a pequeña escala y se convierten en el dueño y el esclavo de su propia empresa individualista. Desarrollan estrategias de mercado y una "clave de indicador de desempeño" ( KPI) para un promedio de 72 años de vida. Consultan estudios de mercado sobre ellos mismos como consumidores para venderse sus propios productos como fabricante. Estamos a punto de perder nuestra identidad completamente copiando el camino de nuestras empresas favoritas y adaptándolo a nuestra vida privada y creativa.


Eso será el momento cuando nuestra cabeza explotará como un huevo en el microondas.


Creo que provocaría una enorme ola de indignación si se prohibieran las marcas comerciales. Sería interpretado como una violación de un derecho básico a poder comprar lo que uno quiere pero no hay tal cosa como un derecho fundamental a comprar y no tiene nada que ver con la libertad de expresión y tampoco absolutamente nada con la libertad en sí.




lunes, 10 de agosto de 2015

El cambio climático, la prisión mental y el destino del último hombre

El calor extremo que hemos sufrido en España durante los meses de mayo, junio y julio no ha sido una circunstancia exclusiva de nuestro país, sino un fenómeno generalizado, que ha afectado al resto del globo. Esta circunstancia no nos debería pasar desapercibida, pero es tan sólo un hecho. Un reciente artículo de la revista Rolling Stone “El punto de no retorno: las pesadillas del cambio climático ya están aquí” comienza recopilando algunos hechos: una ola de calor mata a más de mil personas en India y Pakistán

Pavimento derretido en India

Londres alcanza 37 ºC en el julio más cálido del que hay registros, California vive su peor sequía en 1000 años, lo que no le impide recibir lluvias torrenciales nunca vistas en pleno verano, Puerto Rico sufre el racionamiento de agua más estricto de la historia, etc.

A continuación el artículo pasa a detallar diversos hallazgos realizados por varios científicos, y las conclusiones que se derivan de ellos para nuestro futuro. El nivel del mar subirá diez veces más rápido de lo previsto, hasta 3 metros en cincuenta años, incluso aunque la temperatura sólo suba dos grados (el nivel que hasta ahora se creía seguro), y la combinación de la subida de temperatura del océano (hay una gran masa de hasta 700 metros de profundidad con temperaturas entre dos y tres grados superior a la media histórica)


que nos contaba Antonio Turiel en su artículo “Julio de 2015: Comienzan los grandes cambios”, junto con su acidificación, provocará la desaparición del 90% de la vida marina, así como eventos climáticos extremos como tornados y grandes tormentas. El artículo concluye detallando las evidencias pasadas de grandes y abruptas extinciones, y señalando el paralelismo con la situación actual.

Otra noticia reciente nos habla de la pérdida del 80% de las cosechas en Mongolia. Esa es la dura realidad, la pesadilla del cambio climático es el hambre. Sin un clima estable, sin ecosistemas saludables, no podremos alimentarnos, incluso aunque dispongamos de energía abundante y barata, hecho altamente improbable en un futuro. Ahora podemos comprender por qué biólogos tan prestigiosos como Frank Fenner piensan que el ser humano desaparecerá en noventa y cinco años.

Ante hechos graves y de tal magnitud nuestra sociedad muestra una parálisis muy significativa ¿Por qué? Creo que parte de la explicación nos la ha dado Daniel Lacalle, liberal, gestor fondos y opinador profesional en su columna de El Confidencial y en diversos libros. En un artículo “memorable”, Lacalle sostiene que el mercado es más efectivo que la acción política a la hora de reducir emisiones ¿de verdad? Entonces ¿como hemos llegado hasta aquí? El artículo no nos ofrece una explicación, tan sólo nos muestra que en EEUU, en los últimos años, merced a la crisis (aunque en el artículo no se dice pero es evidente como la caída comienza en 2008), con su caída de la demanda y gracias a la sustitución parcial del carbón por el gas natural de fracking como energía primaria se ha producido un ligero descenso de las emisiones.


Nada nos dice el artículo sobre el nivel de emisiones de partida, que en EEUU son casi el doble que en Europa en términos relativos. Por poner un ejemplo, y según los datos del Banco Mundial, en 2011 en Alemania eran de 8,9 toneladas por habitante, y de 5,8 toneladas en España, frente a las ¡17 toneladas per capita en EEUU! Esto implica que el coste de reducción de una unidad adicional de emisiones es mucho más bajo en EEUU que en Europa, donde parte de ese camino ya se ha recorrido. Tampoco nos dice nada el artículo sobre los incentivos del mercado para reducir emisiones ¿Cuales son? ¿Qué beneficio obtienen las empresas de ello? El artículo contradice la propia teoría económica neoliberal, establecida por el miembro de la sociedad Mont Pellerin Ronald Coase. En efecto, un clima benigno para el cultivo de los alimentos y para la vida humana es un bien común, y ya sabemos que lo que es de todos no se cuida, se sobre-explota, lo que provoca la destrucción del recurso por la llamada “tragedia de los comunes”. Dejando a un lado que los comunes, como ha mostrado Elinor Olstrom, han sido y pueden ser gestionados de forma sostenible sin ninguna tragedia, la solución de Coase a la tragedia es la privatización del recurso, la creación de un nuevo mercado, hasta el momento inexistente, para gestionarlo. Si contaminar es gratis el mercado puede que reduzca emisiones, pero lo hará por casualidad.

Esta es la clave del asunto, el absurdo e iletrado artículo de Lacalle, ese nuevo monumento liberal a la ignorancia que resulta difícil pensar que ha sido escrito honradamente, al final viene a coincidir con Coase: la solución es el mercado.

Si uno analiza las soluciones que han propuesto las fábricas de ideas o think tanks neoliberales al problema del cambio climático verá que todas tienen este punto en común. En efecto, el negacionismo, la negación del problema, nos impele a no hacer nada, y por lo tanto salvaguardar el status quo dominado por el mercado. El mercado de derechos de emisión de carbono supone reconocer que los mercados actuales fallan, pero sólo para proponer la creación de nuevos mercados como solución. Por último, la geoingeniería supone también que el mercado resuelva problema, pero no atacando las causas a través de la reducción de emisiones, sino mediante las soluciones técnicas que las empresas vayan encontrando sobre la marcha, por ejemplo, inyectando ácido sulfúrico en la estratosfera. Quizás le sorprenda, pero fábricas de ideas como CATO o American Enterprise Institute financian tanto el negacionismo como la geoingeniería ¿Por qué financiar investigación para paliar algo que crees que no existe? Ya le he dado la respuesta.

Este es el paradigma en el que estamos atrapados, y esta es una de las principales causas de nuestra incapacidad para resolver el problema: la ideología. Ninguna solución que no potencie o al menos mantenga el papel del mercado puede ser admitida como válida. Tal vez dentro de cincuenta años (esos cien años de Frank Fenner me parecen terriblemente optimistas), en algún lugar al norte de Canadá, los dos últimos especímenes de ser humano continúen este debate. En algún momento el partidario de Hayek (o de Keynes) matará y se comerá al otro. En ese momento la batalla del siglo XX por fin tendrá un ganador claro y definitivo, pero la víctima principal no habrá sido el bando contrario, sino el futuro de la especie humana.