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lunes, 19 de noviembre de 2018

El talón de Aquiles de la economía española.


Las empresas producen para varios sectores incluido ellas mismas, determinando parte de su producción según el salario que paguen a los trabajadores e inversión que realicen. El sector público puede incrementar la producción principalmente a través del gasto público, directo o indirecto sobre las empresas, e igualmente, el sector exterior mediante la compra de mayor cantidad de productos puede hacer crecer la producción e inversión de éstas. 

 Tras la crisis, la caída del consumo de los hogares y la inversión empresarial tenía que ser contrapesada por el Estado, que aumentó el gasto de forma considerable arrancando nuevamente una etapa de crecimiento.

 Empero, dado que la eurozona impedimenta realizar un gran déficit público, buscó su rescate en el crecimiento del exterior, debiendo por ello replegarse al crecimiento de las importaciones del resto del mundo, es decir, al crecimiento del resto de países.

             “El rapto de Europa”[1]



                                                                    2008T2 = 100



La economía española, que ha estado creciendo de manera continua y reduciendo el desempleo desde 2014 gracias al gasto público y sector exterior, superó en 2017 la producción de 2008. Sin embargo, el consumo de los hogares, el cual absorbe la mayoría de la producción, deberá reducirse, lo que afectará al crecimiento de los próximos años, pudiendo llegar a provocar una caída en la inversión y estancamiento en el empleo.



                                                               Contribución al PIB.


La reducción del consumo de los hogares se deberá esencialmente a que éste ha crecido por encima del ingreso, manteniendo actualmente éstos un ahorro neto negativo y una inversión mínima[2].


                                     Ingreso y gasto, derecha. Resto, izquierda. En millones de euros.


Se trata, en última, de una razón contable, dado que los hogares sólo pueden mantener el consumo creciendo por encima del ingreso por tiempo limitado.


     Proyección hasta 2019.


La balanza comercial actualmente se mantiene positiva, y si bien el bajo crecimiento mundial o los nuevos aranceles pudiesen afectar a las exportaciones y de este modo al PIB, la desaceleración del consumo de los hogares hará de contrapeso en el saldo, de modo que si bien pudiese disminuir la balanza , ésta seguirá positiva de momento.


                         Exportaciones e importaciones en millones de euros, izquierda. Tasa de crecimiento, derecha.


Por último, el bajo crecimiento de la economía ha mantenido la inversión empresarial en niveles próximos a los de la crisis, manteniendo un desempleo menguante pero elevado (en torno al 15% actualmente). Los beneficios, más elevados que nunca, podrán por tanto coexistir con una caída en la inversión debida al consumo de los hogares y un aumento del ahorro de éstos (podrían incluso elevarse más, dado que como contrapartida el Estado aumentaría el déficit).


                                                         Beneficios e inversión neta en porcentaje del PIB.





En definitiva, de la caída del consumo de los hogares no cabe esperarse una crisis de dimensiones similares a la de 2008, sino una desaceleración o recesión de menor escala[3].







[1]  http://autonomiaybienvivir.blogspot.com/2018/10/el-rapto-de-europa.html?


[2] Dado el nivel de desigualdad creciente desde la crisis como los bajos tipos de interés, han sido muchos los hogares que han recurrido al crédito para el consumo, siendo que es la única clase de préstamo en los hogares que crece. Fenómeno que contribuye a lo que eufemísticamente se ha venido a tratar como "igualdad en el consumo":  https://www.bbva.com/es/caida-desigualdad-consumo-caso-espana-crisis/




                                                    

[3] Sí, por el contrario, la escala del gasto continuase, dejando a los hogares con un gran saldo negativo, la corrección será más fuerte, pudiendo desencadenar una crisis profunda (lo mismo cabría esperar, si bien es desestimable, si el Estado no ejecuta un déficit a tiempo). Sin embargo, el nivel de endeudamiento de éstos, el precio de la vivienda y la memoria de lo que sucedió en 2008 hace difícil que se sostenga ese escenario.

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