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domingo, 24 de abril de 2016

Alimentación y bienvivir: Nuestra comida no es sostenible

Como viene siendo habitual, Alejandro Moruno del blog Con la comida no se juega, nos envía este artículo ¡Que lo disfruten!

Es cierto que la llamada “revolución verde” del siglo pasado ha permitido una super-abundancia de alimentos nunca conocida antes por el ser humano. Pero también es cierto que este modelo alimentario ha provocado, a la larga, enormes desigualdades alimentarias globales y graves problemas de salud.

La industrialización de nuestra producción alimentaria, junto con la promoción de un modelo dietético determinado, han supuesto además un deterioro considerable de los ecosistemas y una contribución a los gases de efecto invernadero (GEI) de entre el 44-57% de las totales producidas por el hombre. Es decir, alrededor de la mitad de estos gases están relacionado con nuestra comida. Esta contribución a las emisiones de GEI, a pesar de ser difícil de cuantificar con total exactitud, se distribuye de la siguiente forma; 

Se asigna a la agricultura y al ganado un 11-15% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, principalmente óxido nitroso (N2O) sobretodo por el uso fertilizantes de síntesis y también por los abonos orgánicos, el estiércol y purines
(mezcla de las defecaciones, aguas de lavado y restos de piensos en ganadería industrial intensiva). 

También metano (CH4), principalmente proveniente de la digestión de los rumiantes, y una pequeña parte proveniente de los abonos orgánicos, estiércol, purines y arrozales encharcados.
La agro-industria es la principal fuente antropogénica de estos dos gases.


Los cambios de uso del suelo (15-18%,) para aumentar la superficie agraria, el
envasado y procesamiento (8-10%), transporte (5-6%) y refrigeración (2-4%), generarían principalmente CO2, aunque también N2O y CH4 por la quema de biomasa (bosques, matorrales, caña de azúcar etc.). Y, por último, el desperdicio alimentario (3-4%).


Si separamos agricultura y ganadería, repartiendo entre ambos el cambio de usos de tierra, una parte del transporte y del uso de energía, tendríamos un 18% atribuible a la ganadería y un 15% atribuible a la agricultura, más o menos. Esto es, teniendo en cuenta que el 33% del suelo cultivado se destina a la producción de piensos para animales y que el ganado también es responsable de más de la mitad del cambio de uso de tierras aproximadamente.

En definitiva, se trata, por tanto, de una contribución determinante al cambio climático, así como a la depredación irracional de recursos, por lo que la comida se revela como un elemento clave a la hora de mitigar el cambio climático y la destrucción de ecosistemas.

El envasado y procesamiento bajo el modelo agro-industrial llega a límites absurdos, con su consecuente gasto energético y de recursos.


Por otro lado, la destrucción de ecosistemas, la pérdida de especies, el cambio climático y la rotura de los ciclos naturales terrestres (ciclo de nitrógeno, de carbono, corrientes oceánicas, etc) no tendrán, como consecuencia más inmediata, la desaparición de ciudades costeras o los fenómenos atmosféricos apocalípticos, sino la falta de alimentos. Estamos ante un escenario en el cual el calentamiento global, la crisis hídrica, la pérdida de fertilidad de los suelos, lo fenómenos atmosféricos extremos, etc. provoca que las plantas sufran un mayor estrés condicionando ya los rendimientos de los cultivos. Lluvias irregulares, el fenómeno del Niño o las sequías, encarecen el precio de los alimentos, como ha ocurrido recientemente con el aceite de palma y el azúcar.

Esto está generando la existencia de
refugiados climáticos, los cuales huyen de sus países de origen al quedarse sin agua o alimentos debido al clima o a los desastres ambientales.

Esta pérdida de soberanía alimentaria se da también por motivos
financieros y comerciales, como la especulación en bolsa con las cosechas o los tratados de libre comercio. Se ha sumado en los últimos años, los cultivos para bio-combustibles, como amenaza para la seguridad alimentaria, al desplazar de la superficie cultivable a los alimentos y hacer que su valor económico esté ligado al precio del petróleo, con consecuencias desastrosas cuando el precio de productos de primera necesidad suben drásticamente.
Sufrimos a la vez una enorme pérdida de biodiversidad en nuestra huerta, y por tanto, en nuestro plato, principalmente debido al interés de la industria alimentaria en promover un determinado modelo agro-industrial y dietético, distinto al que se había llevado tradicionalmente desde hace generaciones y mucho más lucrativo para ellos, siguiendo la máxima de hacer negocio con lo que sea y como sea. En este caso, además, con ayudas públicas para fomentar el agro-negocio. Me refiero al interés en comercializar productos ultra-procesados baratos, cargados de harinas refinadas (mejor conservación al quitarle el germen a los cereales integrales), extremadamente palatables (sabrosos); llenos de azúcares añadidos o grasas industriales como las trans o mucha sal. En algunos de estos productos comestibles incluso se añaden las tres cosas a la vez siendo grasientos, azucarados y salados
 

El actual modelo agro-industrial contribuye también a esta pérdida de diversidad al estar muy ligado al monocultivo intensivo, sin rotar especies, empobreciendo los suelos y provocando además una agudización de las plagas.
 
En EEUU, más de la mitad del suelo cultivado se dedica a maíz (y menos de un 2% se dedica a frutas y verduras), y lo mismo pasa en Argentina con la soja, ambos cultivos son transgénicos, con lo que se suman los problemas ambientales y sanitarios derivados de este tipo de cultivos, que pretenden poner parches y parches, en vez de ir a la raíz del problema y cambiar de modelo. Ni siquiera han tenido un mayor rendimiento como prometían y han producido resistencias en las plagas y malas hierbas, teniendo que usar cada vez más cantidad de pesticidas y herbicidas, incluso combinándolos con otros herbicidas cada vez más tóxicos. Es conveniente promocionar el control biológico de plagas para poder reducir el uso de estas sustancias. Más información en este magnífico especial de Carne Cruda sobre el tema.


Los pesticidas pasan a nuestros alimentos, como en el caso de las fresas, últimamente muy criticadas por su elevado contenido de estas sustancias.

También interesa mucho el comercio de derivados cárnicos debido a lo lucrativo que se ha vuelto para unos pocos la cría industrial de animales.
Todo ello, adiestrando nuestros paladares desde niños para que no demandemos otra cosa y con la connivencia de las instituciones que se suponen deberían velar por nuestro salud y medio ambiente.


Estos productos chatarra han venido desplazando en los últimos años a los productos frescos, locales, de temporada, sin embalajes ni una lista interminable de ingredientes. El guiso de verduras o las legumbres, han dado paso a los nuggets, los donuts o la pasta oriental pre-cocinada.

Se está perdiendo la enorme diversidad de frutas y hortalizas, debido a estos intereses comerciales, que podrían enriquecer nuestra cocina, y a la vez mejorar nuestra salud y el medio ambiente.
Por no hablar de la baja calidad de las pocas variedades de vegetales que solemos encontramos en un supermercado habitual (en comparación con las que podría haber). Ocurre que todo este procesamiento, mecanización y transporte; muchos productos son kilométricos, venidos de la otra parte del mundo, suponen un enorme gasto energético (quema de hidrocarburos principalmente) y una gran contribución a la insostenibilidad del actual modelo alimentario agudizando el cambio climático.

Se calcula que los alimentos
viajan unos 5,000 kilómetros de media desde donde se producen hasta que llegan a nuestro plato. No se tienen consideraciones medioambientales cuando se trata de aumentar la rentabilidad de la industria explotando tierras y recursos lejanos, así como a sus poblaciones, por mucho menos de lo que les costaría aquí o inundando mercados lejanos con productos subvencionados más baratos. La deforestación, el desplazamiento de poblaciones enteras, contaminar recursos esenciales, o el asesinato de activistas sociales, suelen ser otras prácticas habituales en este negocio.



Para mitigar las emisiones de GEI por parte de la agricultura se propone promocionar ciertos cultivos, como las legumbres, al ser muy aptas para la rotación de cultivos; el ciclo de las legumbres es bastante rápido, lo que permite compaginarlo con otras plantaciones, como cereales y semillas oleaginosas. También requieren menos fertilizantes que otras plantaciones y son los únicos cultivos capaces de fijar nitrógeno atmosférico al suelo, teniendo un impacto positivo en la recuperación de los mismos. El mijo también se ha propuesto como un cultivo interesante al ser resistente a condiciones áridas, algo cada vez más común según avanza la desertización en amplias zonas del planeta.
No obstante, lo principal es recuperar la fertilidad de los suelos, muchos de ellos agotados después de décadas adicionándoles cantidades ingentes de fertilizantes nitrogenados de síntesis (nitratos). Esto interrumpe el proceso natural de nitrificación que realizan las bacterias del suelo desde hace siglos, rompiendo el equilibrio en el ciclo de nitrógeno, lo que también afecta directamente al equilibrio del ciclo de carbono, teniendo consecuencias catastróficas sobre el clima.

Los suelos cada vez asimilan menos estos fertilizantes y hay que aumentar cada vez más la cantidad a aplicar para tener la misma efectividad. Es el negocio redondo; como el suelo ya no es fértil, se depende de la compra de este insumo en cantidades crecientes para poder cultivar. La inmensa mayoría del fertilizante no se asimila por parte del suelo provocando graves problemas de contaminación y emisiones.


Este abuso de fertilizantes de síntesis es causante de la eutrofización (acumulación de residuos orgánicos en el agua) de acuíferos, aguas dulces y zonas costeras junto con la acidificación de los ecosistemas, amenazando gravemente la habitabilidad de algunas zonas del planeta, las llamadas zonas muertas oceánicas ubicadas en los litorales marinos. En estas zonas muertas se produce un sobre-crecimento de un tipo determinado de algas, debido a la acumulación de estos residuos orgánicos de los que se alimentan. Este sobre-crecimiento de algas genera a su vez un crecimiento de bacterias que descomponen estas algas, a la vez que consumen el oxígeno disponible. Por tanto, al no haber oxígeno no hay vida marina, es decir, no hay pesca y perdemos recursos alimentarios debido al actual modelo agro-industrial. 

Es interesante la comparación entre los litorales de Miami y los de Cuba debido a la influencia de la eutrofización ya que Cuba no tuvo apenas acceso a fertilizantes de síntesis después de la caída de la URSS. Mientras que en gran parte del litoral de Florida ha quedado arruinado y algunos de sus arrecifes sin vida, en el lado cubano podemos encontrar mucha más vida marina en su litoral y las especies ya extintas en el lado estadounidense. El aumento de las temperaturas en los mares también está comprometiendo la vida marina.




Además, a largo plazo, no es viable un modelo totalmente dependiente de los hidrocarburos, tanto para el transporte de insumos, como para la síntesis de fertilizantes, teniendo en cuenta que la extracción de petróleo barato (de fácil acceso) se está acabando y es un recurso finito.



También tenemos un problema con el fósforo, otro elemento fundamental para la agricultura, cuya movilización desde el fondo marino hacia las áreas terrestres se está viendo interrumpido por el dramático índice en la pérdida de especies. Hoy por hoy, los suministros de fosfato mineral de fácil accesibilidad se están agotando y no se está reponiendo de forma natural en los suelos, lo que implica menor fertilidad y, por tanto, menor secuestro de carbono atmosférico en los campos.




Ante esta situación es urgente tomar medidas para recuperar la fertilidad de los suelos y evitar el uso de fertilizantes de síntesis, tanto por su impacto en el ciclo natural del nitrógeno, como por su impacto contaminante en los ecosistemas y sus enormes emisiones de N2O. Tal y como propone la FAO, unos suelos saludables son la clave de una producción alimentaria saludable y clave para la seguridad alimentaria en los próximos años frente a la reducción de recursos hídricos y el cambio climático.  Al recuperarse los suelos, éstos consiguen una mayor resistencia ante el estrés hídrico y climático (al retener más agua), también frente a las plagas y malas hierbas, mejorando los rendimientos de los cultivos con el tiempo, así como un mayor contenido de nutrientes para nuestros cultivos. También ir potenciando el control biológico de plagas para minimizar el uso de pesticidas.
 
Este conjunto de medidas permite mayor seguridad medioambiental y una menor dependencia económica al no tener que depender de la compra de insumos agro-tóxicos, dando mayor rentabilidad global que el uso de fertilizantes químicos.


Entre las técnicas propuestas para lograr estos objetivos destaca la agro-ecología, una disciplina científica, en pleno desarrollo actualmente, que combina tradición e innovación para la creación de sistemas agro-alimentarios sostenibles aplicando los principios de la ecología con una visión integral de los ecosistemas.

La agro-ecología se revela más útil en zonas más deprimidas donde los condicionantes climáticos y económicos se hacen más patentes. No obstante, el lobby de la industria fabricante y distribuidora de fertilizantes de síntesis, tremendamente poderoso después de décadas de dependencia mundial, no se da por vencido y recientemente han presentado en la convención sobre cambio climático de París (COP21) su propuesta de “agricultura climáticamente inteligente” (la única sobre modelo agro-alimentario de toda la convención), un concepto ambiguo, que no hace referencia a nada concreto y que pretende servir como caballo de Troya para que esta compañías continúen con su negocio, sobretodo en los países menos industrializados.

Tristemente, el Banco mundial ha anunciado recientemente que invertirá
un 28% de su presupuesto en proyectos para mitigar el cambio climático, entre ellas, esta farsa de la agricultura climáticamente inteligente.


El mes pasado salió a la luz un estudio donde investigadores de la Universidad Estatal de Washington han concluido que es posible alimentar a la creciente población mundial teniendo en cuenta objetivos de sostenibilidad (no nos queda otra opción, por otro lado). Han revisado 40 años de estudios científicos comparando agricultura convencional y ecológica, concluyendo que la agro-ecología puede tener rendimientos satisfactorios, ser rentable y seguro para los trabajadores del campo y también para el medio-ambiente.

Se suele criticar a la agro-ecología por ser menos eficiente y necesitar mayor superficie de tierra para obtener la misma cantidad de alimentos, pero en esta investigación se describen casos en los que los rendimientos son incluso mayores que en el caso de una producción convencional, sobretodo, en casos de sequía.  Por otro lado, una finca convencional que usa el monocultivo intensivo con una alta mecanización y un elevado uso de insumos químicos, suma a sus enormes costes medioambientales el elevado uso de energía, en comparación a la producción de alimentos agro-ecológica.


Olivier de Schutter, relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación entre los años 2008 y 2014, afirmaba en su informe “La agro-ecología y el derecho a la alimentación”, que “los agricultores pequeños podrían duplicar la producción de alimentos en una década si utilizaran métodos productivos ecológicos”. Y añadía; “se hace imperioso aplicar la agro-ecología, para poner fin a las crisis alimentarias y ayudar a afrontar los retos vinculados a la pobreza y al cambio climático”. Según de Schutter: “La evidencia científica demuestra que la agro-ecología supera al uso de los fertilizantes químicos en el fomento de la producción de alimentos, sobre todo en los entornos desfavorables donde viven los más pobres”. Este mismo informe detalla que “En diversas regiones se han desarrollado y probado con excelentes resultados técnicas muy variadas basadas en la perspectiva agro-ecológica. (…) Tales técnicas, que conservan recursos y utilizan pocos insumos externos, tienen un potencial demostrado para mejorar significativamente los rendimientos”.
En cuanto al consumo de agua, tal y como podemos apreciar en la imagen, los alimentos de origen animal tienen un consumo mucho más elevado que los de origen vegetal.



Al elevado consumo de agua se le suma las emisiones de GEI debidas a la ganadería industrial intensiva; 

Un 35-40% de todo el metano de origen antropogénico, el 65% de las emisiones totales de N2O (agricultura para piensos, abonos orgánicos, desechos), el 9% del CO2 total por cambio de usos de tierra, al que hay que sumar el emitido por el transporte asociado y el uso de energía en las granjas mecanizadas, y el 64 % del amoniaco, que contribuye de forma significativa a la lluvia ácida.

La deforestación, las poblaciones desplazadas, el aniquilamiento de la fauna autóctona, el elevado consumo de agua, contaminación de ecosistemas por desechos (purines de los cerdos) etc, son las desagradables y habituales consecuencias del modelo ganadero intensivo actual, entre otras consideraciones, como
el abuso de antibióticos o la excesiva concentración del negocio en pocas empresas. En cuanto a la gestión de purines de los cerdos, es digno de mención el caso de sobre-producción que sufrimos en España debido a que hemos aceptado parte de la producción del centro de Europa, donde la legislación medioambiental es menos laxa que aquí y la presión ciudadana ha sido mayor. El resultado es que nos encontramos ante un verdadero problema al no poder gestionarse la enorme cantidad de purines en poco espacio generados por millones de cerdos de las granjas-fábricas de producción intensiva. Esto provoca más emisiones a la atmósfera, y también contamina los acuíferos y suelos.


No obstante, el impacto del ganado depende mucho del tipo de producción; no es lo mismo la ganadería intensiva industrial que la extensiva o el silvipastoreo. La capacidad de retención de CO2 atmosférico por parte de los campos de pastoreo (sumideros de CO2) al generar mayor conservación de los bosques, es una de las ventajas. Una ganadería extensiva orgánica, alimentada con más hierba y menos piensos procedentes de la agro-industria permite minimizar el aporte insumos derivados de combustibles fósiles en toda la cadena de producción (desde los cultivos para piensos hasta la distribución final de la carne), contribuyendo además a fertilizar la tierra, a retener más agua, a movilizar semillas y nutrientes, y a menos deforestación.



Este tipo de ganadería es también beneficiosa para la bio-diversidad, el desarrollo de la cadena trófica de algunos ecosistemas y la prevención en la degradación de tierras e incendios. Para más información sobre las diferentes emisiones de metano dependiendo de la alimentación del ganado, diferencias nutricionales en la carne y leche o ventajas ambientales que ofrece esta ganadería, podéis consultar este post de hace unos meses o este revelador estudio sobre la importancia de la trashumancia para conservar la diversidad biológica en Europa y mitigar el cambio climático. No obstante, siguen saliendo estudios que ratifican las diferencias nutricionales entre ambas formas de producir carne o lácteos.


Es resumen, la ganadería extensiva orgánica, no sólo ayuda a preservar el ecosistema, sino que es una de la soluciones para emitir menos GEI, captar CO2 y sin dañar los ecosistemas en comparación con la producción intensiva industrial que se revela como insostenible a largo plazo.También, la ganadería extensiva, en comparación con la producción industrial, contribuye a afianzar a la gente al medio rural, generando empleos directos e indirectos y mayor tejido social, algo extensible también a la agricultura. Esto es muy necesario si tenemos en cuenta el envejecimiento poblacional de nuestro medio rural y la falta de relevo generacional, lo que deja el campo en manos de unas pocas grandes empresas con las consecuencias medioambientales y de calidad alimentaria descritas.  Todo esto ha sido fomentado desde la UE y su nefasta Política Agraria Común (PAC) que apuesta por desregular mercados y favorecer a grandes distribuidoras y a grandes terratenientes, frente al pequeño productor artesanal local.
 
Para ello, es clave el apoyo institucional y de la sociedad civil hacia el medio rural, al pequeño productor local y artesano, para conseguir que se diferencien sus productos y se favorezca su comercio, siendo viable económicamente.


El argumento de la industria para desacreditar a la ganadería extensiva es la falta de capacidad de ésta para cumplir con la demanda si se generalizase y compitiese con la intensiva. En este sentido, habría que decir que la producción de alimentos actualmente alcanzaría de sobra para alimentar a mucha más gente de la que hay en el planeta, por lo que el problema no es el tipo de producción alimentaria, sino el acceso a los alimentos (dimensión político-financiera de las desigualdades alimentarias).

No obstante, es cierto que el consumo de carne y sus derivados está muy por encima de lo que podría ser sostenible (e incluso saludable,
según la OMS) con cualquier tipo de ganadería y se hace imprescindible incentivar la pedagogía en este sentido para alcanzar un consumo más responsable donde ganemos todos en calidad, salud y sostenibilidad.

Recordemos que en una encuesta del Eurobarómetro,
el 80% de los europeos afirmaban preferir comer menos carne pero de mejor calidad; este es el camino más realista. En este sentido, es interesante la postura del ex relator de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación y actual experto del IPES-food (Panel de expertos internacionales en alimentación sostenible) Olivier de Schutter; “Reducir la demanda de carne barata de producción industrial es la única forma de acabar con la ganadería intensiva.”


Con comer carne dos veces a la semana sería más que suficiente para cubrir necesidades nutricionales. Hablamos de unos 500 gramos a la semana de carne fresca no procesada, de los que la carne roja de vacuno no debería superar los 300 gramos, al ser considerada como “de alto impacto” por generar más emisiones y consumo de recursos que el ganado porcino, ovino, caprino o la cría de aves. Tengamos en cuenta que es una recomendación de consumo máximo, es decir, el consumo de carne se podría reducir incluso más, teniendo en cuenta que también se consume pescado, lácteos o huevos.


Estas recomendaciones nutricionales, atendiendo a criterios medioambientales, están siendo recogidas en las nuevas guías oficiales sobre consejo dietético de varios países, como EEUU, Alemania, Reino Unido, Suecia, Brasil, Australia o, recientemente, Holanda. En Alemania, han llegado a proponer que se venda carne solamente una vez a la semana en restaurantes y bares, por lo que la industria cárnica ha puesto el grito en el cielo. No obstante, sería un buen comienzo, aunque quizás, tres o cuatro días a la semana tendrían mejor acogida.


Cada vez hay más consenso, no solo en movimientos sociales, sino en las propias instituciones internacionales como la FAO o la UE, sobre la necesidad de transformar el actual modelo industrial y kilométrico hacia uno basado en sistemas alimentarios locales, que apuesten por una agricultura y ganadería ecológica a pequeña escala. Pero no sólo necesitamos una transición energética o de modelo agro-alimentario, también necesitamos, de forma conjunta, una transición dietética, una serie de cambios culturales en nuestra actual forma de alimentarnos que permita acometer cambios hacia sistemas más sostenibles. Para ello, es necesario incidir en la educación nutricional y medioambiental desde edades tempranas mediante planes ambiciosos que permitan el cambio de paradigma cultural que tan urgentemente necesitamos.


Dentro de las pautas habituales para tener una dieta más sostenible se suele hablar de reducir el consumo de carne en favor de alimentos vegetales frescos, de temporada y producción local. Como sustituto de la proteína animal se suelen recomendar frutos secos o legumbres, combinadas o no con cereales para obtener una buena cantidad de todos los aminoácidos esenciales (los que no fabricamos nosotros). Consumir grasas saludables, dando preferencia a las locales, como el aceite de oliva o girasol en detrimento de, por ejemplo, el aceite de palma, menos saludable y con mayor impacto medioambiental y social actualmente. Se recomienda buscar alimentos producidos de forma más sostenible, y en caso de estar certificados con algún sello, que sean de producción local. Tener una dieta con mayor variedad de productos frescos repercute favorablemente en la biodiversidad de nuestra huerta y, por tanto, en su resiliencia.  Escoger menos productos procesados, debido al mayor impacto medioambiental y mayor consumo de recursos, como he comentado anteriormente (embalajes, mecanización, transporte de materias primas y después distribución del procesado, etc).


Además los alimentos producidos de una forma más sostenible tienen más nutrientes, como he comentado previamente en el caso de la carne o los lácteos, si atendemos a los vegetales producidos de forma más sostenible también encontramos menores niveles de cadmio, menos residuos de pesticidas y mayores niveles de antioxidantes, ya que al no usarse tanto pesticida el vegetal produce más de sus defensas naturales ante los ataques externos.

En cuanto a la sostenibilidad comparando las dietas basadas en consumo de vegetales con otras dietas, hay unas consideraciones a tener muy en cuenta: el consumo de carne requiere más recursos que los necesarios en una dieta ovolacto-vegetariana como demuestra este estudio, aunque advierte de que ambas son insostenibles y ambas usan gran cantidad de combustibles fósiles. Y mucho ojo con que se sustituyen las proteínas de origen animal, ya que puede implicar hábitos dietéticos menos sostenibles que el consumo moderado de carne procedente de algunos tipos de ganadería (extensiva con forraje) o pescado (criados en acuaponia de ciclo cerrado alimentado mediante, piensos más sostenibles, la vermicultura o la lenteja de mar, por ejemplo).

El pescado de origen salvaje es cada vez más escaso y contaminado pero la producción de pescado en acuicultura convencional no parece ser muy sostenible, debido a la cría de variedades más carnívoras cuya alimentación consume grandes recursos en vida salvaje marina. Por lo que la cría de variedades como la carpa o la tilapia sería más sostenible al permitir más alimentación de origen vegetal y ser perfectamente aptos para la acuaponia. Para más información sobre contaminantes en el pescado de acuicultura puedes consultar este post, y para más información de la situación actual en la sostenibilidad del plancton marino puedes consultar este post.
Así pues, una dieta basada en vegetales puede tener un elevado impacto medioambiental si se trata de alimentos kilométricos, transportados y refrigerados desde la otra parte del planeta, y producidos en monocultivos intensivos industriales fuertemente ligados a agro-tóxicos contaminantes. Por lo que no es cierto, en todos los casos, que las dietas basadas en el consumo de vegetales tengan menos impacto medioambiental que las que incluyen un consumo moderado de carne de producción más sostenible y local, como sugieren las conclusiones este estudio; 
“Aunque la dieta vegetariana promedio bien podría tener una ventaja medioambiental, las excepciones también pueden darse. El transporte aéreo de larga distancia, la ultra-congelación, y otras practicas de cultivo pueden implicar cargas medioambientales para vegetarianos que sobrepasen las de la carne orgánica de producción local” 
Y con los nuevos grupos de consumo, cooperativas o mercados de cercanía, y las nuevas ganaderías y huertos locales, más respetuosos con el medioambiente, esto es cada vez menos excepcional si nos fijamos de donde vienen y como se producen los alimentos que nos encontramos en un supermercado corriente.


Este tipo de comercio de circuito corto o venta directa suele ser una opción bastante interesante; son productos de calidad, con mayor variedad (en el súper mercado sólo nos venden un tipo de calabacín cuando en realidad hay muchos más), y más sostenible al potenciar la producción local y más respetuosa con el medio ambiente. Al eliminar intermediarios y “puentear” a los grandes distribuidores de la industria alimentaria también contribuimos a una mayor justicia social para el pequeño productor, facilitándole la transición hacia técnicas más sostenibles. La agro-ecología en general desarrollada sobretodo por productores locales a pequeña escala, debe tener más apoyo institucional y social para poder transicionar de modelo, al igual que lo deben tener las energías renovables o la educación medioambiental y alimentaria.
España se ha negado a adaptar la normativa europea sobre las medidas higiénico sanitarias, como si han hecho otros países, imponiendo, por ejemplo, la misma normativa a cumplir a una quesería artesana que a una industrial , lo que impide el crecimiento de la iniciativa a pequeña escala y más sostenible. Otra diferencia es que en países como Italia o Francia, alrededor el 20% de las explotaciones hacen venta directa, mientras que en España apenas llegamos al 3%, como nos recuerda VSF-Justicia alimentaria global, quienes también recomiendan mayor compra pública de alimentos más sostenibles y la implantación de “hubs alimentarios”. Estos hubs son Centros regionales o “nodos” de distribución alimentaria para que estas nuevas formas de producción tengan más salida comercial . Son apoyados por las administraciones públicas allí donde llevan años funcionando, en ciudades de Estados Unidos y de Europa, como es el caso de la ciudad de Turín con su Food Hub TO Connect (FHTC). Un sistema basado en mercados municipales y circuitos alimentarios cortos genera el doble de puestos de trabajo que otro basado en supermercados según el New Economics Foundation (NEF) de Inglaterra.
Por todo el Estado van surgiendo iniciativas en este sentido, provenientes, tanto de los nuevos Ayuntamientos, como de la sociedad civil organizada;
En Madrid se prepara un proyecto de recogida selectiva de residuos orgánicos para compostaje y su transformación en abono. También en Madrid están en auge los grupos de consumo, los mercados de productores agro-ecológicos y se empieza a apostar por la compra de estos productos para restauración colectiva, como en colegios, donde resulta incluso más barato que los habituales e insanos servicios de catering. También en Navarra apuestan por reformar la alimentación en los colegios incentivando la compra pública de alimentos ce cercanía teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad y socio-económicos. En Zaragoza apuestan por plantar huertos sobre los restos de la burbuja inmobiliaria y darles salida comercial mediante una marca propia y redes estables de comercio. En Valencia se está recuperando toda la huerta periurbana con un enfoque agro-ecológico creando empleo entre los jóvenes y dando salida a los productos mediante un mercado en la plaza del Ayuntamiento. Más ambiciosos y realmente interesantes son los proyectos de la Red de transición o la Cooperativa Integral Catalana. A nivel internacional, tenemos el ejemplo de la ciuda-huerto alemana de Andernach, gestionado por los propios vecinos. 
En cuanto a la certificación o sello ecológico oficial, debemos decir que tiene grandes carencias, empezando porque no mide el impacto medioambiental o la huella de carbono de los alimentos, permitiendo los alimentos kilométricos. Limones eco venidos de china o kiwis eco venidos de Nueva Zelanda, cuando aquí también se producen. O casos como el Tofu de la imagen, con dos sellos eco, pone “producto de España” y sin embargo, debajo del sello eco se puede leer en letra minúscula “ Agricultura no UE”, lo que quiere decir que es soja venida de Brasil o de China.


El sello oficial permite también algunas excepciones como el uso de piensos convencionales sino hay disponibilidad de piensos ecológicos, o el uso de etileno para madurar frutos climatéricos en cámara si es para evitar la acción de un tipo de mosca. En la práctica, en demasiadas ocasiones, se hace de estas excepciones la regla. También permite un uso de elevadas concentraciones de aluminio o cobre en los fitosanitarios. Actualmente hay proyectos de certificación locales en desarrollo bastante más interesantes y democráticos, como el sistema de participación de garantía (SPG) de pequeños productores agro-ecológicos de la Región de Murcia o la asociación EHKO en Euskadi.


Tenemos el caso de las grandes marcas y distribuidoras alimentarias queriéndose subir al carro eco recientemente, como el caso de Knorr y sus “campos sostenibles” que detalla El blog El Salmón contracorriente, fabricante de comida pre-cocinada de la enorme mega-corporación Unilever. Cuando se miran los datos no hay muchas garantías de sostenibilidad real (por no decir ninguna), aparte de sus buenas palabras o cursos de capacitación.


Esta nueva mega-industria “eco” pretende mantener las mismas prácticas de producción industrial, de monocultivo intensivo perdiendo biodiversidad, las mismas malas prácticas laborales, los alimentos kilométricos, la alta mecanización y uso de envases, etc, aunque, eso si, usando menos insumos de síntesis para pintarse de verde y obtener otra cuota de mercado en alza.
Sobre el precio de los alimentos ecológicos habría que tener en cuenta si la agricultura ecológica obtuviera los apoyos que necesita y se expandiera, la oferta se incrementaría y daría lugar a una bajada de precios. También hay que tener en cuanta que no se mide coste real de la producción agro-industrial actual, ni lo que nos va a costar en el futuro a las generaciones venideras; es comida barata, si, pero a que precio; un alto coste en términos de salud, socio-económicos y medioambientales;
-No se paga el coste real por la enorme contribución al cambio climático del sistema agro-alimentario actual, tampoco los costes económicos para la sociedad debidos a los fenómenos atmosféricos o el deterioro de ecosistemas derivados del impacto medioambiental. 
-Se benefician especuladores en bolsa mientras perdemos el medio rural.
-Suelen ser productos de menos calidad.
-Se ha normalizado una situación que nos lleva a una desastrosa pérdida de soberanía y seguridad alimentarias de cara al futuro provocando que la comida pase a ser mucho más cara por escasez después de agotar los suelos y recursos hídricos.
Por último, se hace necesario reducir el enorme despilfarro alimentario actual; 385 millones de kilos de alimentos que, en lugar de acabar en la mesa, acaban triturados en vertederos cada año en España. Según la Comisión Europea en España los súper tiran el 5% de toda la comida que se desecha. Es mucho peor en los hogares (42%), la industria (39%) y los restaurantes (14%). Francia ya aplica un plan contra el despilfarro alimentario y establece que los supermercados de más de 400 metros cuadrados no podrán tirar a la basura los productos perecederos debiendo donar esta comida a organizaciones de caridad y bancos de alimentos. También se podría usar alimento desechado para abono agrícola o en la fabricación piensos para animales. 


Algunas medidas a adoptar serían el control en origen y a lo largo de toda la cadena del despilfarro que va desde el campo al plato.  En el campo, frenar el desperdicio por razones estéticas (la llamada “fruta fea”), evitar la venta a pérdida, defendida actualmente por la CNMV, fijando precios mínimos que cubran costes y promoviendo la venta de proximidad. En la restauración colectiva informar, mejorar la previsión de las raciones e informatizar los sistemas para ahorrar. Y para los consumidores mejorar el etiquetado (caducidad-consumo preferente), adaptar envases, informar y educar desde la escuela con propuestas como la de la imagen.



jueves, 21 de abril de 2016

22 de abril, día internacional de la Madre Tierra: como el efecto perspectiva (Overview effect) y un cambio de narrativa pueden encaminarnos hacia un futuro en el bienvivir. (Parte I)

“Una vez que una fotografía de la Tierra, tomada desde el espacio exterior, esté disponible…una nueva y poderosa idea como ninguna otra en la historia habrá nacido”  Fred Hoyle, 1948

Como cada año desde hace ya más de cuatro décadas se celebra el 22 de abril en numerosos países el día Internacional de la Madre Tierra. La historia detrás de la proclamación de este día por la ONU tiene distintos episodios muy interesantes sobre su origen en 1970 y  posterior desarrollo. Incluso se ha diseñado una bandera que, desde un punto de vista simbólico, une a todos los habitantes de este planeta cualquiera que sea su identidad y/o nacionalidad.

La cuestión de estos dos artículos se dirige más bien a dar claves sobre posibles modos de trascender ese día. En mi opinión, el objetivo último del día 22 de abril es su desaparición del calendario internacional de los días de la ONU, bien porque se ha conseguido una concienciación global en toda la población sobre la trascendencia que tiene el planeta en nuestra vida o bien porque los 365 días del año son todos "día de la Madre Tierra" como numerosas poblaciones indígenas mantienen todavía impregnados en su cultura y su cosmología.


Como antecedentes, en el diseño de un modelo basado en el paradigma de la sostenibilidad, concluía que el modelo actual de sostenibilidad se estaba enfocando para resolver los problemas medioambientales primordialmente y casi en exclusividad en los elementos externos del modelo; la tecnología, las políticas, las regulaciones, el mercado... En sí no es un mal enfoque para intentar resolverlos pero si nos olvidamos totalmente de los elementos internos, esa dirección nos llevará al fracaso. Por ello mi propuesta era equilibrar ese enfoque externo girándolo también hacia el interior, hacia la parte interna del modelo es decir la parte psicológica, experimental y cultural. Hay que dar cabida a la parte más invisible del modelo, la parte participativa y responsable de las personas y la parte cultural y educativa de la ética. Creo que el efecto perspectiva (Overview effect) y una nueva narrativa cultural y cosmológica nos pueden dar pistas creativas para encaminarnos hacia un futuro en el bienvivir. En este primer artículo me enfocaré en el “efecto perspectiva” y en un segundo artículo en la parte de cambiar nuestra narrativa cultural, así como de las conclusiones e interacciones de ambos enfoques.

Efecto perspectiva (Overview effect)

“Estaba volando a través del país, desde la Costa Este a la Costa Oeste en los 70 y miraba por la ventana y mientras estaba mirando hacia abajo al planeta, el pensamiento me llegó. Todo el que estuviera viviendo en un asentamiento en el espacio o en la Luna, tendría siempre una visión en conjunto. Estarían viendo cosas que nosotros sabemos, pero no experimentamos, que la Tierra es un sistema, que todos somos parte de ese sistema y que hay una cierta unidad y coherencia para todo, y en seguida lo llamé -el efecto perspectiva-.” Frank White, autor “The Overview Effect”

De acuerdo a la wikipedia y como definición para comenzar este enfoque, el efecto perspectiva es un cambio cognitivo de la conciencia, reportado por algunos astronautas y cosmonautas durante los vuelos espaciales, cuando observan la Tierra, estando en órbita, o desde la superficie lunar.

Para continuar con la parte escrita del artículo, tomaré varias de las citas  de este impresionante documental “Efecto Perspectiva” (The overview Effect) que recoge de forma visual y narrativa las experiencias de varios astronautas al observar la Tierra desde el espacio.


Mi recomendación para continuar  es que visionéis ese documental  de 19 minutos que realmente merece la pena ver. Lo que he escrito aquí son experiencias y opiniones sobre el planeta encaminadas hacia un pensamiento sistémico que me han resonado al verlo por segunda vez. Muy probablemente cuando lo veas, experimentes las tuyas propias o quizás te acerques algunas experiencias personales de cambio que te hayan ocurrido durante la vida. De hecho, salvo que haya un astronauta entre los lectores, las experiencias que resuenan en nosotros son de segunda mano y quizás no podamos ni con la imaginación experimentar ese efecto. Es por ello que el uso del documental “Efecto perspectiva” es una metáfora más amplia que va dirigida hacia los conceptos que rodean las experiencias de nuestra propia vida que nos producen cambios cognitivos que se ven reflejados en cambios conductuales. Tenemos experiencias críticas que nos transforman en periodos de nuestras vidas, por ejemplo en nuestra adolescencia,  con la crisis de los 40, el síndrome del nido vacío, momentos críticos cuando uno se jubila, la hora de la vejez cuando nuestra partida en el planeta está finalizando. Otros momentos tienen que ver más con las circunstancias, un accidente de coche, un cáncer, la muerte de la pareja o de un hijo, enfermedades en nuestros hijos, problemas económicos etc. Todos esos momentos son nuestros “efectos perspectiva”. Son los momentos que si los trascendemos, es decir miramos a la visión del conjunto y no sólo a las partes, nos hacen ampliar nuestra experiencia de la realidad en esta vida.

“En una mayor escala, básicamente todos vivimos en este ecosistema llamado Tierra, y todo lo que haces en un lado del ecosistema, afecta el otro lado, y eso es una nueva manera de vivir para la mayoría de la humanidad.” Ron Garan, astronauta

Aunque los ejemplos anteriores son momentos críticos personales en el espacio de nuestras vidas, también estamos viviendo momentos críticos colectivos, no sólo a nivel local sino a nivel global, del planeta Tierra, y que afectan al ser humano como especie. Desde la pérdida de diversidad hasta la contaminación ambiental, desde el cambio climático hasta la destrucción de los ecosistemas, todo ello se engloba en la nueva era, la época del antropoceno, donde el ser humano ha tomado el papel de actor principal de todos esos cambios.

“Tenemos esta conexión con la Tierra, es decir, es nuestro hogar. Y no sé como podrías volver y no estar cambiando en algún aspecto.” Nicole Stott, astronauta

Sin embargo, los seres humanos de esta época vivimos generalmente bastante fragmentados. Si somos como más de la mitad de la población mundial y vivimos en ciudades estamos perdiendo la conexión con la tierra, con los alimentos que nos dan la energía para vivir. Estos nos llegan generalmente por medio del supermercado y la cuestión principal es que desconocemos cómo han sido cultivados tanto desde un aspecto social como de un aspecto medioambiental. Si realmente nos conectásemos, nuestra consciencia promovería unos nuevos hábitos.

“Hemos estado evolucionando desde el comienzo de las civilizaciones a una mayor y mayor perspectiva de la vida en la Tierra, pero la próxima evolución natural es entender la vida en el espacio. Es decir, el hecho de que la Tierra, como Buckmister Fuller solía decir: “Es una nave espacial, la nave espacial Tierra”. Ya estamos en el espacio. Es sólo que no hemos integrado eso a nuestra perspectiva porque vivimos en la Tierra. El “Efecto perspectiva” es simplemente el repentino reconocimiento de que vivimos en un Planeta y de todas las implicaciones que eso trae a la vida en la Tierra.” David Beaver, confundador del Overview Institute

También mentalmente estamos perdiendo la conexión. Perdemos mentalmente la conexión con el pasado, con la historia de nuestros antepasados y perdemos también la conexión con nuestros descendientes y su posible historia en el futuro. Como ejemplo de esa  pérdida de conexión, algunos pueblos indígenas nos pueden dar grandes lecciones porque en sus decisiones siempre tenían en cuenta la séptima generación futura para procurar que los que vengan después no se encuentren un mundo peor que el nuestro.

“Luego a mi regreso traté de entender el significado de esta experiencia y de lo que se trataba, no pude encontrar nada en la literatura científica ni en la religiosa en la que busqué. Así que fui a la Universidad local y les pedí que me ayudaran con lo que ví, y cuando me respondieron unas pocas semanas después dijeron “Bueno, en la literatura antigua encontramos una descripción llamada “Savikalpa Samadhi” y significa que ves las cosas como las ves con tus ojos, pero las experimentas emocional y visceralmente, con éxtasis y un sentido de total unidad y unicidad”, y yo dije “Bueno, eso es exactamente lo que fue esta experiencia”. Y eso me aclaró, mientras estudiaba esto, que no era nada nuevo, pero sí era algo muy importante para la forma en la que nosotros fuimos puestos aquí juntos.” Edgar Mitchel, astronauta

“Muchas de las grandes culturas de sabiduría de la Tierra, han hablado de lo que llamamos “El efecto perspectiva”, es decir, se han dado cuenta de esta unidad, esta unidad de toda la vida sobre la Tierra, y del conocimiento y la conciencia. Frank White, autor “The Overview Effect”

“En la cultura occidental, creo, esto es muy nuevo y muy chocante, porque hay mucho más sentido de separación, pero si miras a otras culturas, no occidentales, especialmente en Asia, su énfasis siempre ha estado en que el “uno mismo” y el Mundo no están separados el uno del otro, sino que en realidad están interconectados; que el Ser individual y todas las especies son las manifestaciones de un todo más grande.” David Loy, filósofo

Muchas veces las personas que vivimos inmersos en la cultura occidental, nos sorprendemos de la sabiduría de pueblos ancestrales. Si de algún modo, la mayoría de los problemas humanos de nuestra época ya estaban recogidos en los clásicos griegos, creo poder afirmar que parte de las soluciones culturales ya están recogidas en distintos pueblos indígenas. Hemos reconocido nuestra humildad ante la naturaleza con sus cientos de millones de años experimentando al entender que la biomímesis puede ser una ciencia que nos dé pistas para mejorar las soluciones técnicas de nuestro progreso. Ahora también tenemos que tener la humildad de que por ejemplo la antropología y otras ciencias humanas nos proporcionen posibles claves que llevan en su cultura distintos pueblos para vivir o intentar vivir armónicamente con su medio ambiente. Por ejemplo, en Latinoamerica, la cultura del buenvivir nos puede dar ciertas pistas culturales para nuestro progreso.

“Esta vista de la Tierra desde el espacio, la Tierra entera en perspectiva, pienso que es el verdadero símbolo de esta era, y creo que lo que va a pasar es que va a haber un mayor y mayor interés en comunicar esta idea porque, después de todo, es la clave de nuestra supervivencia. Tenemos que empezar a actuar como especie con un destino. No vamos a sobrevivir si no hacemos eso. Frank White, autor “The Overview Effect”

Desafortunadamente, el estrés y la vida ajetreada y rápida que llevamos en estas sociedades producen que nuestra respuesta ante los problemas sea mayoritariamente correctiva, en lugar de adoptar un modelo preventivo. Daniel Kahneman en su libro “Pensar rápido, pensar despacio” nos indica como los humanos sufrimos de muchos sesgos y falacias cognitivas. Kahneman, de forma simplificada, específica dos modelos de funcionamiento del cerebro, por medio del sistema 1 que es rápido, automático, frecuente, emocional, estereotipado y subconsciente y el sistema 2 que es lento, requiere esfuerzo, poco frecuente, lógico, calculador y consciente. Creo que los modelos y las historias que llevamos inmersa en nuestra cultural (tal como veremos en la parte II) son la fuente de vivir aceleradamente con prisas, urgencias y donde el tiempo es dinero, en lugar de una narrativa donde el tiempo es vida. Al final la respuesta de nuestro modelo de pensamiento a la forma de vivir se ve afectada y por ello la mayoría de nuestras decisiones pasan por el sistema 1, lo que nos hace más un homo emotionalis que un homo sapiens sapiens.

“Existe este poético concepto, que mucha gente dice que no hay límites desde el espacio; y he oído a muchos de mis colegas astronautas decir que desafortunadamente, no es verdad. Si ves fronteras y son más que nada el resultado del impacto del hombre. Puedes ver las erosiones, deforestaciones, y una larga lista de impacto ambiental la que tenemos en nuestro planeta… y eso es algo que, cuando lo ves desde la perspectiva cósmica, te hace realmente apreciar el concepto de “La nave espacial Tierra” y de que todos estamos aquí juntos.” Jeff Hoffman, astronauta

Como bien dice Kahneman, nuestro cerebro es el que es, y viene de serie con esos dos sistemas que nos limitan y donde el sistema 1 suele llevar las riendas porque requiere poco gasto de energía. Se requiere esfuerzo, pensamiento crítico y más energía para funcionar con el sistema 2 que es el que trabaja para el largo plazo. Entonces, la pregunta que surge ante los problemas medioambientales que atenazan la vida del ser humano en la Tierra es ¿cómo podemos trascender estas barreras?

"Vemos bien claro que si la Tierra se enferma, entonces nosotros nos enfermamos, si la Tierra muere, entonces nosotros morimos. La gente siente que hay algo que está mal, pero siguen luchando para volver atrás y averiguar cuáles son las verdaderas raíces del problema. Y creo que a lo que tenemos que llegar es a darnos cuenta que no se trata de arreglar un sistema económico o político, sino que es una perspectiva básica del mundo, un entendimiento básico de quiénes somos y qué es lo que está en juego." David Loy, filósofo

"Los humanos somos los responsables de nosotros mismos, y si estamos poniendo en peligro nuestro futuro, tenemos que aprender cómo hacerlo de otra manera y entrar en un periodo sustentable. Y ahora, eso parece bastante difícil; bastante difícil de ver cómo sería, pero tenemos que trabajarlo." Edgar Mitchell, astronauta

Se ha hablado de nuestra parte emocional, se ha hablado de nuestra parte cognitiva y nos queda una tercera parte de la triada (cabeza, corazón, manos), es decir, nos queda la acción. Los problemas no sólo los sentimos o los resolvemos mentalmente sino que hay que tratarlos físicamente, hay que trabajarlos y para ello que mejor que la colaboración donde se da que las sumas sinérgicas de 1 + 1 es igual 3 o más.

“No creo que ninguno de nosotros tuviera idea de cómo esto iba a proporcionarnos una perspectiva tan diferente. Pienso que la atención se había centrado en que íbamos a ir a las estrellas, a otros planetas, y de repente, nos estábamos mirando a nosotros mismos y esto parece que nos dio una nueva especie de conciencia” David Loy, filósofo

“Cuando estaba sobre la estación espacial, mirándola y mirando hacia la Tierra, vi este impresionante logro, y pensaba “guau” hay 15 naciones que trabajaron juntas para construir este increíble complejo en el espacio. Y si podemos tomar estas 15 naciones y hacer este gran logro, imagina lo que podemos hacer trabajando juntos, dejando de lado nuestras diferencias por una meta en común, para sobrellevar algunos de los cambios que está enfrentando nuestro planeta” Ron Garan, astronauta.

El ego o la idea del yo como bien expone nuestro compañero en Expertos us el Colectivo está en el centro de nuestro modelo cultural. La trascendencia del ego como bien propone Otto Scharmer en el Presencing Institute, es liderar desde el futuro que emerge pasando de los ego-sistemas a los eco-sistemas. Estas interrelaciones persona-sociedad se dan en todas las direcciones. La cultura de la sociedad va moldeando a los individuos y estos cuando se salen de ese molde y proponen iniciativas con nuevas perspectivas, que empiezan a ser aceptadas, pueden así mismo transformar la cultura y ser decisivos para la especie. Entre esas personas que lideraron hacia el futuro se encuentra Morton Hilbert profesor de salud pública en Estados Unidos, ambientalista y co-fundador del día de la Tierra que si habéis sido curiosos sobre la historia que hay detrás del día de la Tierra, entonces, ya conoceréis. Si no es así, os diré que en 1968 junto con el Servicio de Salud Pública organizó el simposio de Ecología Humana donde diferentes científicos daban conferencias a los estudiantes hablando de los efectos del deterioro animal en la salud humana. Ese fue el antecedente del día de la Tierra. Junto a sus alumnos planeó el primer día de la Tierra. El testigo fue luego recogido por el senador y activista medioambiental Gaylord Nelson dando lugar a que fuera el 22 de abril de 1970 el primer día. Posteriormente este movimiento se hizo popular en cada vez más países (Yo mismo en mi época escolar infantil tengo algún recuerdo de haberlo celebrado) hasta que en 2009 la ONU observando que se celebraba en muchos países lo designa oficialmente como día internacional de la Madre Tierra.

En este año 2016 el tema central del día de la Madre Tierra se enfoca en los árboles. Finalmente y en consonancia con la temática, termino con otra “semillita” que nos dejó Yuri Gagarin (el primer ser humano en viajar al espacio exterior en 1961)  que espero que crezca con reflexión en las mentes de los lectores.

“Habiendo volado alrededor de la Tierra en una nave Sputnik, he visto qué bello es nuestro planeta. ¡Preservemos y realcemos esta belleza, no la destruyamos!”

Para la segunda parte de este artículo dejo el encabezamiento del astronauta del Apolo 14, Edgar Mitchell que enlaza con su temática

“Y parte de esto es venir con una nueva historia, una nueva imagen, una nueva forma de acercarse a esto, y cambiar nuestro comportamiento de una manera que nos lleve a un enfoque sostenible para nuestra civilización, en oposición con un enfoque destructivo.”

lunes, 11 de abril de 2016

Autonomía e identidad tercerizada: "dioses de blanco y la autoridad del conocimiento"



En los años cincuenta del siglo veinte la homosexualidad fue considerada una enfermedad que precisaba una cura. Médicos y psiquiatras tenían muy claro que era una condición patológica que requería tratamiento. La mayoría de la población parecía creer esto también. Era comúnmente aceptado encerrar y aislar a personas con esta característica porque la autoridad científica en esta época avalaba su carácter enfermizo. La gente entonces tenía una buena razón para no dar más vueltas al fenómeno de la exclusión social de personas homosexuales. Semidioses en batas blancas con monstruosas gafas de pasta eran como los dueños de la verdad sobre la naturaleza humana. Eran como los grandes dominadores de la vida o la muerte, de la libertad personal o la opresión y a la vez los ejecutores de intereses socio-políticos. Hoy todavía existe la libre e infinita posibilidad de inventarse una patología para cualquier variedad de comportamiento o característica física de un humano. Declarar una persona como víctima de una "enfermedad" ya sea física o psíquica abre puertas para la ejecución de poder sobre ella y a la vez le libera de una gran parte de responsabilidad sobre su propia vida. Una que esta muy de moda es un síndrome llamado TDAH "trastorno por déficit de atención con hiperactividad" o ADHD (attention-deficit hyperactivity disorder).


Hasta hoy no hay ninguna prueba de que este síndrome existe realmente como ninguna patología psiquiátrica puede ser probada sin la afirmación o negación dialogada con el paciente. Sin entrar demasiado en el movimiento de la negacion de quelas enfermades mentales realmente existen, quiero centrarme mas en la simple posibilidad de dejar decidir al medico sobre mi estado de salud con la ayuda de sus pruebas técnicas y los protocolos que se ejecutan en la búsqueda de patrones que definen una patología. Quiero comprender como es posible que haya muchas personas que consultan al medico antes de responder a la simple pregunta de si esta sano o no. Quiero comprender porque la respuesta "me siento muy bien" a esta pregunta ya no es valida como indicador sobre el estado de salud de una persona.
¿A quién le conviene que la gente no sienta si están bien o mal? ¿Por qué se manda al psicólogo a cada niño inquieto que tiene ganas de hacer cosas chulas y tiene curiosidad por la vida? ¿por qué un runner de 45 años se deja operar el menisco por un leve dolor después tres meses de entreno durísimo? ¿por qué la gente ya no sabe que sin un estilo de vida lleno de actividad física e intelectual, con comida elaborada en casa y contacto social, toda medicina del mundo no servirá de nada?


Michel Foucault, un filósofo francés, ha dedicado mucho pensamiento y trabajo analítico para averigurar a quién le conviene la omnipotencia de la medicina psiquiátrica y poder declarar a alguien normal o anormal por su conducta cultural y natural. Foucault ha desarrollado un método que él mismo llama "análisis de discurso" Su finalidad es descubrir de donde viene este poder, a quién beneficia, cómo se manifiesta en los textos y en el lenguaje, a quién pertenece. De forma muy resumida ha llegado a la conclusión de que el poder como fenómeno no puede ser poseído por individuos o grupos de personas sino que el poder es una dinámica que se autoejecuta a través de estructuras contextuales en una época determinada y un código cultural. El poder, según Foucault, se ejerce a través del lenguaje aplicado en las conversaciones y discursos públicos de una cultura. Siempre existen temas tabúes o temas predominantes. Un discurso cultural siempre se manifiesta en lo que no se puede decir y lo que se debe decir. Por ejemplo, hoy en día el discurso sobre el aborto ha pasado de ser tratado por la iglesia a ser dominado por las disciplinas de la psicología y la medicina. Pues el poder regentado sobre el discurso se encuentra dentro de las posibilidades y limitaciones de un campo de conocimiento con sus propios mecanismos opresivos y autoritarios.


Dejo de lado a Foucault por un momento y voy otra vez al "runner" que se encuentra ante una propuesta de operarle la rodilla por un desgaste de la misma. Tiene un leve dolor en la rodilla cuando corre. Ahora está totalmente sometido a la arbitrariedad de los expertos traumatólogos que quieren operarlo para hacer alguna factura con la mutua y para mantener la práctica operando, y por supuesto también porque están convencidos que es lo mejor que se puede hacer. El runner no tiene la suficiente confianza como para evaluar la situación por su cuenta, cree que ellos, los traumatólogos son los expertos y quien es él para contradecir solo con base en sus sensaciones. El discurso del poder aquí se manifiesta en el tabú de que no se cuestiona a los médicos y su conocimiento. El paciente queda totalmente expuesto a los criterios y protocolos que se siguen en el sistema sanitario.

Este poder sirve al sistema sanitario para mantener su propias estructuras. El gran tabú de este discurso es plantear dudas ante los opiniones de expertos sin ser del campo pertinente. No está permitido ni bien visto cuestionar la autoridad científica con base en sensaciones subjetivas. Los pacientes (porque enfermos no son hasta que el médico los declara como tal) se someten totalmente al criterio del médico para saber lo que les falta y como arreglarlo. Los pacientes así tienen un fácil escape de la responsabilidad ante ellos mismos y de interrogarse en primer lugar por sus propias conductas y hábitos en la vida de cada dia para identificar la causa del malestar. Las personas en el mundo occidental han desaprendido a detectar signos de malestar y sus causas (muchas veces muy obvios) y prefieren delegar este cuidado de su salud en un experto (ante todo nutricionistas, aparato digestivo, internistas y endocrinos). Las personas tienden a no querer saber lo que tienen y por qué lo tienen, sólo pretenden que el médico experto los cure. También aquí, en el ámbito de su salud, la gente ha tercerizado la responsabilidad sobre sus propias decisiones a un campo de conocimiento especializado que se escapa de su comprensión más básica. La evidente pérdida de libertad y autonomía como persona emancipada no parece molestar en absoluto. Aquí también fácilmente abandonamos milenios de experiencia cultural y natural a favor de un lenguaje y una ciencia que tiene pocas décadas y cuyos efectos secundarios casi siempre empeoran el estado físico y sobre todo mental de las personas a largo plazo y cronifican los síntomas que sufren.

La ciega creencia en los resultados del análisis científico que muchas veces únicamente son cuantitativos, ha llegado a niveles religiosos. El microscopio y la probeta son los nuevos símbolos de la verdad y el camino limpio y recto. El nuevo tabú somos los herejes de la ilustración y los escépticos del racionalismo.

Finalmente quiero recomendar una lectura y un video que explica más en detalle por qué los psiquiatras, hospitales y cárceles no son mas que un instrumento del poder y no sirven para una sociedad más feliz y sana. Espero haber dado un nuevo enfoque a este tópico siendo consciente que esta pequeña introducción no cubre todos los aspectos y ramas del pensamiento que existen en este campo.


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lunes, 4 de abril de 2016

La democracia emparedada




Recientemente tuve la ocasión de asistir a la conferencia que con el título “En busca de la democracia tras los muros del consenso” impartió nuestro compañero de Ampliando el Debate Carles Sirera en la Universidad de Barrio, en concreto el barrio de Lavapiés en Madrid. Dada su extraordinaria calidad e interés y su relación con temas que han constituido una fuente de preocupación constante para la asociación, como la democracia y la contraposición entre el saber de los expertos y la inteligencia colectiva, he decidido que debía ser compartido en este blog.

La charla es transgresora, así que merece la pena resaltar que su origen se encuentra en un artículo académico publicado en la prestigiosa History of Human Sciences y que con el título Neglecting the 19th century Democracy, the consensus trap and modernization theory in Spain explora una paradoja académica. Mientras los especialistas en la historia del siglo XIX en España han desechado, basados en la evidencia histórica, la narrativa del atraso secular de la sociedad española, sociólogos, economistas e historiadores del siglo XX siguen utilizando esa narrativa para explicar nuestra historia más reciente, como la guerra civil, el régimen de Franco y la transición hacia un gobierno representativo (deberíamos acostumbrarnos a desechar el término democracia para nuestro tipo de gobierno).

Para entender la realidad de la sociedad española actual primero hay que saber que somos el fruto, al igual que el resto de sociedades occidentales, de un proyecto de ingeniería social que surge tras la II guerra mundial ¿Y quién decide las líneas maestras de este proyecto? Evidentemente los expertos, que Carles define como mandarines, basándose en el libro Mandarins of the Future: Modernization Theory in Cold War America. Los mandarines lo que hacen es mandar y son académicos que utilizan el poder, político, económico o mediático, para escalar en su carrera y silenciar otras voces. Quién siga el camino trillado ascenderá en su carrera y el que se salga del redil será castigado, de esta forma se logra un “consenso científico” que el resto de académicos acatará si quiere vivir cómodamente de su trabajo, y que la sociedad acatará dado que emana de profesionales con un conocimiento muy superior al del pueblo. Poco importa que, como ya hemos discutido en el blog, Taleb nos advierta de los peligros de glorificar a los expertos frente al conocimiento colectivo, o que investigadores del prestigio de Mark Klein nos expliquen que la inteligencia colectiva es superior a la individual, y que mejora cuanta más gente participa. La autoridad de los expertos sigue siendo una fuente de legitimidad para la toma de decisiones muy golosa, que puede ser manipulada por las élites a su antojo para socavar la democracia.

Los mandarines que conformaron nuestro presente tenían un diagnóstico de nuestros males, y una teoría que explicaba cómo superarlos, la teoría de la modernización. Nuestro pecado era que estábamos atrasados, por eso la guerra asoló Europa, y la II república fracasó. La solución a los problemas es modernizarse, y ello se puede hacer, según el posicionamiento ideológico del mandarín de turno, mediante el crecimiento económico o el crecimiento del estado.

Las consecuencias que se derivan de ello seguramente sean para usted una melodía conocida: la guerra civil no es culpa de nadie y nadie debe pagar por ello, el régimen de Franco fue un mal necesario, el desarrollismo de esa época permitió la democracia, y el régimen del 78 no es equiparable a la restauración canovista.

De aquellos polvos estos lodos. Si de aquí venimos no debemos extrañarnos del gobierno representativo o tecnocracia consensuada que sufrimos ¿Para cuándo una auténtica democracia? Disfruten del vídeo, merece la pena.