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lunes, 7 de septiembre de 2015

Una foto, muchas narrativas



Es difícil expresar con palabras las emociones, y es difícil intentar articular razones, racionalizar en cierto grado aquello que nos entra por los ojos y nos llega directamente al corazón. Lo sentimos, nos duele, y eso parece suficiente. Hurgar en la herida podría parecer obsceno, hablar sobre el dolor es desagradable, especialmente si la razón, como una brújula, nos guía hacia territorios incómodos ¿Cuáles son esos territorios incómodos y qué es lo que nos guía hacia ellos?

Lo que nos sirve de brújula en este caso es una imagen. Es incuestionable el poder catalizador de una imagen. Los mismos hechos se siguen repitiendo día tras día, con diferentes protagonistas, pero el hecho de que el modo de transmisión sea gráfico parece cambiarlo todo, como si estuviésemos desprovistos de imaginación, incapaces de comprender todas las implicaciones de la palabra muerte. Son más de 2.600 muertos los que llevamos ya, pero uno de ellos puede suscitar cierta reacción si su imagen nos conmueve.

Los territorios incómodos hacia los que esa imagen nos guía han sido esquematizados en El País, que es el tabloide que yo leo habitualmente (críticamente, por supuesto), con los siguientes sintagmas: “El fracaso de Europa” o “La vergüenza de Europa”. Lo que se quiere expresar en esos términos es que imágenes como esa ponen en entredicho el modelo social europeo. Una Europa construida en torno a los valores de libertad, democracia y estado del bienestar. Se trata de una narrativa tremendamente falsa, teñida de humanitarismo, con el fin de colarnos gato por liebre.

La falsedad de lo que nos venden tiene dos caras. En primer lugar, es falso que los valores fundamentales en la construcción de Europa sean la democracia o el estado del bienestar. No se puede hablar de estado del bienestar en sociedades con un paro galopante, con un número creciente de personas sin ningún tipo de ingreso, dejadas a su suerte o dependientes de la ayuda de la familia o de la caridad. Tampoco es compatible el estado de bienestar con jibarizar las oportunidades de los jóvenes, condenándoles al éxodo económico. Sin embargo, estas son las condiciones que se están dando en los países del sur de Europa, a pesar de que parecemos encontrarnos en la parte alta del ciclo económico, y que no dentro de mucho comenzará un ciclo descendente.

Tampoco es cierto que otro de los valores transversales sea la democracia. Tal y como comenta Dani Rodrick, la globalización impone compromisos externos a los países, que minan su capacidad de decidir. Es el conocido trilema de Rodrick, que establece un país no puede tener al mismo tiempo democracia, soberanía y unirse de forma profunda a la globalización. En Europa hemos llevado ese trilema a su máximo exponente, creando el euro, que elimina la soberanía monetaria, lo que implica una versión más restrictiva del anterior trilema, que he bautizado con mi propio nombre, y que implica que no es posible mantener al mismo tiempo una moneda única como el euro, una democracia con un mínimo de soberanía para decidir, y las deudas de los países de la eurozona independientes por completo; al menos se deben mutualizar los riesgos catastróficos que puedan causar fugas de capital, caídas bancarias, etc. Los hechos son tozudos, y Grecia se ha convertido en un protectorado, sin capacidad para tomar ninguna decisión relevante en materia económica que no sea previamente autorizada por la troika, y su patrimonio nacional ha comenzado a ser liquidado a favor de los acreedores.

No hay duda, la democracia y el estado de bienestar sin duda están relacionados con Europa, como objetivos secundarios, supeditados al principal, que son los beneficios de las empresas y la acumulación de capital, o como se suele definir en nuestros tiempos, a la “competitividad”. En una palabra, la democracia y el estado de bienestar son principios que Europa aplicará mientras podamos pagarlos.

La segunda falacia implícita en el razonamiento de que estamos ante el epítome del fracaso o la vergüenza de Europa es pretender que este problema es europeo ¿Que tienen que ver países como España, Portugal, Finlandia o Irlanda en este problema? La lógica que pretende implicar a todos en el problema particular de unos países concretos se basa en que los países fronterizos a zonas “menos civilizadas” (como España o Grecia) pueden ser más susceptibles a sufrir la emigración, e incluso las solicitudes de asilo por parte de los refugiados. El problema surge cuando los refugiados no quieren solicitar asilo en esos países, y tan sólo quieren transitar por ellos hacia su destino final ¿Es de recibo que un país como Grecia emplee recursos para interceptar y dar asilo a refugiados, contra la voluntad de estos, con el fin de aliviar un “problema” a países mucho más prósperos como Alemania? Porque los refugiados fundamentalmente quieren ir a Alemania.



Un país de tránsito es normal que simplemente haga la vista gorda, pero en general será difícil probarlo, dado que los refugiados lo atraviesan de forma clandestina, y sus circunstancias económicas le pueden impedir dedicar una cantidad ingente de recursos al problema.

Son comprensibles las preocupaciones humanitarias de la población, pero la mejor forma de ayudar a los refugiados no es de forma individual, sino colectiva. Y en este caso es exigiendo al gobierno que reclame con firmeza a Alemania el cumplimiento de sus compromisos con los refugiados. España, por su parte, debería atender sus propias solicitudes, y aceptar las que sean genuinas.

Hay más, evidentemente hay más, una serie de guerras (Siria, Libia, Ucrania) en países que eran cercanos a Rusia, y que hacen temer el retorno de las dinámicas imperiales ¿Por qué la OTAN está obsesionada con plantar bases alrededor de Rusia? ¿No acabó la guerra fría? Las guerras y las rivalidades ¿son entre sistemas, como el comunismo y el socialismo o entre naciones? Desde que en 2008 EEUU intentó atraer a su órbita a Georgia, y Rusia reaccionó protegiendo a las regiones disconformes con esa decisión, a las que Georgia había atacado militarmente, parece que hay una escalada del conflicto, que ha visto un nuevo hito en el conflicto de Ucrania.

El drama de los refugiados se une a un proceso más general de emigración, en países donde ya existen graves problemas sociales. Este proceso se da en plena era de la globalización que según nos dicen ha reducido la violencia, la desigualdad y la pobreza. Si las sociedades son más libres, menos violentas y más prósperas ¿por qué emigra la gente? ¿Por qué no se reduce sino que aumenta la gente que emigra? Huele a rata. La realidad es que las tendencias de progreso del pasado se están quebrando, y es predecible que en el futuro este proceso se agudice, según se profundicen los daños del cambio climático, y la volatilidad que acompaña al mercado de la energía. Quién acertó en El País fue la literatura, por obra de Juan Cruz: El guardia hizo el gesto desesperado; pero antes del guardia fue el mundo el que no lo supo salvar; el guardia fue el héroe de los ojos tristes, hizo todo lo que pudo. No lo supo salvar el mundo.

Para salvar a otros niños es preciso cambiar el mundo, pero hay que empezar por la casa de uno. España puede ser vulnerable a los cambios que sucedan en los países de su entorno, para mitigar ese riesgo habría que cambiar de rumbo en el sentido que nos propone Herman Daly:

La globalización, considerada por muchos como la ola inevitable del futuro, se confunde a menudo con internacionalización pero es, de hecho, algo totalmente diferente. La internacionalización se refiere al incremento de la importancia del comercio internacional, las relaciones internacionales, tratados, alianzas, etc. Inter-nacional, por supuesto, significa entre naciones. La unidad básica continúa siendo la nación, aun cuando las relaciones entre naciones sean cada vez más necesarias e importantes. La globalización se refiere a la integración económica global de muchas antiguas economías nacionales convertidas en una economía global, principalmente por el libre comercio y la libre circulación de capitales, pero también mediante una migración fácil o, incontrolada.

En definitiva, la política tendría que asignar su parcela al mercado y no al contrario.



5 comentarios:

  1. Yo creo que las fronteras ayudan mucho a que no sintamos la responsabilidad de lo que provocamos en otros lugares del planeta con nuestra política de crecimiento, nuestras multinacionales y nuestras alianzas militares, (cosas de las que España, como nación, por supuesto, sí participa), Las fronteras son una “solución” ineficaz, injusta y llena de efectos secundarios nocivos.

    Lógicamente, si ahora soltáramos “la represa” nos inundaría una buena parte de los problemas del planeta, pero que fuera harto incómodo no quiere decir que no fuera justo, sano para nuestra psicología acomodaticia, e incluso eficaz a la larga. Dar un valor superior a la autonomía del ser humano sobre las quimeras nacionales, sobre las fronteras, serviría para dar presencia real al desequilibrio exagerado que se produjera en cualquier lugar, y revelaría nuestra conexión básica con los demás y con la biosfera en su conjunto. En otro mundo más equilibrado simplemente no tendrían lugar estas migraciones forzadas,

    El miedo y la histeria patriótica impedirán iniciar ahora este camino, pero en cualquier caso, lo que sin duda no tiene sentido es el descontrol en el movimiento de capitales: no tiene sentido que sea tan fácil y frívolo desequilibrar las economías locales y su autosuficiencia con esas invasiones acaparadoras (a veces directamente militares). Estoy de acuerdo en que, para restablecer la política sobre estos buitres, una visión internacionalista es mejor que un gobierno mundial. Entiendo que es un planteamiento más próximo al federalismo pero desde el pragmatismo de empezar por utilizar las instituciones actuales. Diría que hay que dar muchas vueltas a la configuración de instituciones nuevas y viejas.

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    1. Buenas Ecora,

      Las fronteras son injustas por cuanto no representan lo mismo para todos, mercancias, dinero y personas tienen distanta consideración, e incluso entre las personas se produce una segregación todavía mayor.

      En cuanto al fondo de tu comentario, ten en cuenta que el individuo no es un ente autocreado, independiente de sus circunstancias culturales, sociales, que dependen en parte de lo local (así ha sido durante milenios, eso ahora se va diluyendo, pero no podrá hacerse del todo). Un ideal auténticamente provechoso buscaría el desarrollo armónico de todas las regiones del globo, de forma solidaria, y permitiría el libre tránsito de personas cuando su motivo no sea la necesidad, sino razones libremente elegidas.

      un saludo,

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    2. Añado: La lectura de Lewis Mumford puede ser esclarecedora en torno a estas cuestiones.

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  2. Hola Jesús

    Comparto esa visión de lo que somos, y por eso creo que no habría emigración masiva si no hubiera necesidad aunque las fronteras estuvieran abiertas. También estoy de acuerdo en ese propósito de que busquemos un desarrollo armónico de todas las regiones por encima de la competencia parcelada. Pero cuando hay necesidad es precisamente cuando más sentido puede tener el viaje, para revelar esa carencia desatendida poniéndonos ante ella, haciéndonos co-responsables afectados, no sólo telespectadores.

    También me apetece comentar un poco la reacción social a la foto, que está relacionada con esto. En esta ocasión he vivido con extrañeza lo que ha ocurrido. Cuando ví las imágenes de las olas acaricicando el pequeño cuerpo inmóvil me conmovió pero pensé que pasaría como en tantas otras ocasiones en las que la brutalidad pasa ante nuestros ojos como algo irrelevante, entre noticias banales y anuncios. (Recuerdo, por ejemplo, el ahorcamiento de unas jóvenes en India hace un año, que no motivó semejante revuelo, y que me llevó a escribir al medio, y otras muchas escenas habitualmente mal tratadas). De hecho en el telediario que yo ví, la imagen de Aylan era una secuencia puntual entre otras muchas sobre los emigrantes y no se hizo comentario alguno sobre esta imagen. Al día siguiente se había desatado una gran escandalera en torno a la escena, y después de la reflexión anterior, no podía sino pensar que la reacción era aliviadora: estoy entre seres humanos. Y quizá, por una vez, haya sido bueno mostrarla aunque al inicio no se tratara adecuadamente.

    Por supuesto, esto dice mucho de nuestra inconsistencia cuando la guerra lleva varios años en curso, con muchos niños y adultos muertos ante la indiferencia general, e incluso con la complicidad de los gobiernos occidentales, como en otros muchos casos. Pero creo que estos gobiernos se aprovechan de un trabajo alienante y de una distracción generalizada para llevar a cabo políticas que no serían las mismas si fuéramos más conscientes y particiaptivos. (Es alentador, por ejemplo, ver que la solidaridad ha sido reclamada desde abajo). Por muy inconsistentes que seamos, hemos evolucionado para reaccionar emocionalmente a lo que perciben nuestros sentidos, a lo que está a nuestro lado, y hay algo enfermizo en cómo las pantallas nos educan para la indiferencia hacia lo que percibimos, haciendo banal lo que debiera alterarnos, aunque sabemos que no podemos ocuparnos de todos los problemas del mundo. Por eso me alivia que de vez en cuando la imagen implique reacción. La psicopatía aún no ha podido con todo.

    Saludos

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