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lunes, 29 de octubre de 2018

La receta de la felicidad

Bienvenido a la posmodernidad: cada vez quedan menos recursos, pero si no sigues gastando (y produciendo) no serás feliz.


La modernidad penaliza demasiado la mediocridad, no hay nada más ofensivo para los trabajadores de ideología conservadora que trabajan tan duro como el que haya personas que sin esforzarse demasiado vivan “cómodos” en esta vida, hoy en día un pensamiento casi hegemónico es que todas las personas deberíamos de trabajar y además que es natural que cada quien reciba según sus talentos o mejor dicho según lo que produzca.

Lamentablemente las personas nunca recibimos digamos dinero según lo que producimos o lo que vale nuestro trabajo, el menospreciado Marx hablaba de esto en su basta literatura. Hoy sin embargo quisiera hacer una breve reflexión sobre estas y otras ideas que nos han llevado a una sociedad productivista en donde como en los campos de concentración nazi: “solo el trabajo nos hará libres”.

Desde el aspecto psicológico nos gusta olvidar que somos seres sumamente egoístas y que deseamos tener todo cuanto podamos, queremos tener más cosas que el vecino y vivimos una vida profundamente material, esto no siempre fue así y tener cosas no siempre es garantiza éxito evolutivo o la felicidad.

La propiedad privada o tener cosas surge en el momento histórico en el que el hombre se vuelve sedentario gracias a la agricultura, antes de ese momento las personas solo cargaban con lo indispensable, pero al establecerse en un lugar en específico ya pueden “atesorar” a su alrededor objetos con los que no deben estar cargando siempre, este es probablemente el origen de la sociedad materialista. Es preciso señalar también que la posesión de objetos de ornato, es decir, aquellos que no son herramientas o instrumentos que cumplan una función de supervivencias o utilidad, empieza antes, de algún modo el hombre siempre ha querido tener ciertos objetos, ya sea por su belleza, por la calidad de los materiales o simplemente por tenerlos.

En el mundo moderno sin embargo la idea de que tener ciertas cosas o experimentar otras nos proporciona un estado de superioridad respecto a quien no tiene esos objetos o experiencias, pero esto ha llegado a niveles extremos, hoy en día es común escuchar expresiones como “alcanzar el éxito” o “ser una persona realizada” que no parecen tener la simpleza de “ser feliz”.

He expuesto en repetidas ocasiones que el mundo moderno exige que cualquier persona “realizada” cuente con una familia bella y funcional, vivienda propia, un trabajo en donde la persona sea reconocida, que sea útil y desde luego bien remunerado, un automóvil, mascota, electrodomésticos, estudios universitarios y de posgrado, etc, etc. La cultura popular siempre nos presenta como personas exitosas a personajes como Elon Musk, cuya compañía Tesla no hace otra cosa que no sea quemar dinero, pero sin duda es alguien “exitoso” a quien deberíamos seguir, tener todas esas cosas y cualidades es sin duda la receta de la felicidad en la posmodernidad.

En mi opinión a veces resultan peores ejemplos aquellos personajes que además de ser exitosos son “sustentables”, puesto que ahora esta de moda tener autos Tesla, que son notablemente mas caros y no resuelven nada, recomiendo leer por ejemplo este análisis en profundidad sobre el coche eléctrico.

¿Cual es el problema que quiero plantear? El problema ya está planteado desde hace mucho, el psicoanálisis dice por ejemplo que el ser humano nunca será el hijo que sus padres querían que fuera, tampoco será el estudiante ideal, ni el ciudadano modelo, mucho menos tendrá a la pareja que su mente desea en lo más profundo o será el mejor empleado de su empresa, etc., etc. estamos condenados a no ser perfectos, por ser humanos… Desde el Budismo se expone por ejemplo que la mente sufre constantemente por no poder cumplir todos los deseos que tiene y por aferrarse a sus apegos profundos, que desde luego son efímeros y tarde o temprano acaban, por lo tanto el problema es que podríamos tener todo lo que quisiéramos en este mundo, pero eso no nos garantizaría la felicidad.

En el mundo posmoderno hay una corriente de pensamiento post-darwinista que siempre nos dice que debemos actualizarnos constantemente, que debemos cambiar, adaptarnos y sobre todo superarnos a nosotros mismos en todo momento, ese es algo así como el camino del éxito.

Y muchas personas son cautivadas y seducidas por este tipo de discursos, hay filas de personas queriendo ser los próximos Elon Musk, Steve Jobs y demás… personas que buscan la felicidad en la maquinaria social productivista, lo cual es imposible porque ahí siempre habrá alguien más joven, más inteligente, con más capital, con más amigos, etc. Pero lo más importante es que no nos hemos puesto a pensar que el camino hacia la realización es un engaño muy bien elaborado y que no nos lleva a la felicidad.

Los humanos como animales sociales necesitamos constantemente el reconocimiento del otro, nos es muy difícil hacer de lado el instinto gregario y por eso somos participes de la gran carrera hacia la plenitud, tenemos envidia del vecino que tiene mejor auto que nosotros, mejor casa, una esposa más bonita, etc.

Pero ¿Es necesario todo eso?, la verdad es que no, lo único que necesitamos a veces se reduce a las necesidades fisiológicas, o la parte más baja de la pirámide de Maslow, cosas como dormir, alimentarse, respirar, etc. Pero después vienen otras necesidades y como comentaba, es casi imposible para nosotros los humanos no socializar, necesitamos hablar con otros, necesitamos presumir, necesitamos comparar, necesitamos abrazos, afectos, reconocimiento, etc.

Lo malo del asunto es que vivimos hiper adaptados a una sociedad que nos dice que cosas hacer y como hacerlas y hay pocas vías de escape, en estos tiempos mucha gente cree y clama ser libre, pero no lo es, empezando porque no somos libres de nuestros propios deseos y afectos.

Como platicaba anteriormente con varios amigos cercanos, el ser humano ha sido capaz de llegar a la Luna, pero no es capaz de controlar sus propios sentimientos y emociones o a veces de ser feliz con pocas cosas. Entre otras cosas vivimos muy apegados al universo del lenguaje, hay que ver por ejemplo como Zinedine Zidane, uno de los mejores jugadores de fútbol de la historia, quien en uno de los partidos más importantes de su vida fue expulsado al propinar un cabezazo en plena cancha, ¿Cómo es que el ser humano puede alterarse tanto por unas simples palabras?.

Desde el Budismo se enseña a no atender a los eventos exteriores ni a los interiores, observarlos solamente, de este modo se entrena indirectamente a la mente para no sufrir cuando nuestros deseos no se cumplen o cuando perdemos las cosas que queremos. Un maestro budista que practica regularmente seguramente no se enojaría por más improperios que le digamos, además de ello un maestro budista auténtico procura vivir solamente con lo mas indispensable, de este modo se busca la felicidad a través de la deconstrucción de lo que en psicoanálisis se conoce como “el ideal del yo”, esa imagen que todos tenemos en donde deseamos tener todo aquello que alguna vez soñamos y que es imposible tener.

Antonio Turiel en su blog a veces señala que el futuro podría ser tan oscuro que cosas tan rutinarias hoy en día como los viajes en auto podrían acabar y que los barcos tendrían que propulsarse a través de velas, esto puede pasar, pero la mente egoísta lo hace ver como una gran tragedia, en México hay un dicho, “no nací en auto” y menciona justamente que no necesitamos de autos para ser felices, una amiga mía decía “no creo que necesitemos renunciar a la modernidad para ser felices” y ese es el problema, que hemos crecido dependiendo de medios instrumentales sin los cuales no concebimos nuestra realización o felicidad.

Para lograr un equilibrio óptimo entre la autonomía y el bienvivir personalmente considero que si es necesario renunciar a algunos aspectos que no son sustentables, de lo contrario como menciona Antonio Turiel, podríamos enfrentarnos a la cruel realidad y que los recursos naturales simplemente se acaben.

Por lo tanto tenemos dos caminos (aunque ya he sido advertido anteriormente de los peligros de dicotomizar), por un lado todos podemos buscar esa vida instrumental, es decir, ser el próximo Elon Musk y crear “proyectos de impacto” que a través de soluciones novedosas y de alta tecnología generen valor entre las personas y comunidades, poco importara si esas soluciones novedosas son realmente sustentables o si ignoran problemas de fondo, lo importante es generar la ilusión de que el progreso sigue su curso. Algunas personas matizan “el ser humano ha llegado a la luna, pero no conoce aún a profundidad el fondo del mar”, yo añadiría “el ser humano puede construir aviones que vuelvan más rápido que el sonido, pero aún no ha solucionado la hambruna mundial (pese a que se producen alimentos suficientes para todos)”.

El camino instrumental lo conocemos bien porque es ampliamente televisado, es difundido por todos los medios posibles y hay un optimismo aún enlas personas que creen que se puede ser objetivo, creativo y contribuir con un mundo mejor manejando un Tesla.

Por otro lado habemos quienes proponemos una transformación de fondo que quizá se antoja imposible, pero no por ello hay que dejar de señalarla, en lo personal y delimitando hacia el tema de la mente y los individuos considero que la evolución tecnológica avanzó por encima de la evolución social, claramente fracasamos en la resolución de conflictos sociales y en la búsqueda de una vida más armónica entre humanos y naturaleza. A modo de broma siempre digo entre mis amigos que si existe vida inteligente extraterrestre capaz de visitar la Tierra, seguramente ellos han resuelto mejor que nosotros temas como el trabajo en equipo, mientras que nosotros seguimos peleando y discutiendo por cosas tan simples como la libertad de expresión.

En este sentido planteo que para lograr la transformación mencionada y una felicidad “sustentable” debemos plantearnos seriamente al menos dos cosas:

  • Replantearnos el mundo instrumental y egoísta: Lograr que las personas nos interesemos por nuestros semejantes es ir en contra de nuestra propia naturaleza, eso se ha discutido antes, siendo Rousseau uno de los personajes que más aportó al problema. Yo parto de la primicia (quizá errónea) de que todos somos egoístas y que tenemos que buscar la mejor solución para vivir juntos en este mundo de la manera más sustentable posible. Considero además de que quienes decidamos vivir una vida menos egoísta podemos ser más felices, pero esto es otro tema...
  • Es necesario reconsiderar los mecanismos de prestigio social: Los humanos por naturaleza buscamos el reconocimiento externo, esto puede ser desde la admiración de la familia hasta la obtención de títulos universitarios de prestigiosas instituciones. Lamentablemente siempre hay sesgos en las instituciones que permiten que no haya una relación exacta entre lo que dice un título y las habilidades de su poseedor. De modo que por ejemplo a efectos de la felicidad nadie necesita un título, el arte y los artistas en ocasiones son un buen ejemplo, porque el arte no pide permiso o pautas para existir, por el contrario el arte siempre irrumpe contra una serie de reglas y supuestos. Buscar siempre el prestigio social nos aleja de la felicidad y permite que el sistema siga perpetuando modelos injustos de sociedad.

Autores como Touraine mencionan que para lograr tener una identidad propia y añado yo ser un individuo feliz se necesita tomar cierta distancia de la sociedad, (agrego yo) entendiendo que vivimos en una sociedad líquida (Bauman) en donde existen ciertos mecanismos (Foucault) nos controlan sistemáticamente hasta el punto de decirnos quien es feliz y quien no lo es y como debemos vivir nuestra propia felicidad. Por ello planteo que es necesario una separación (no radical) de los modos de vida posmodernos, en este separación será necesario prescindir de muchas cosas que para las personas son importantes, ¿Cómo decirle a un graduado que prescinda de su título universitario? Ciertamente son cosas que nos determinan, pero al mismo tiempo limitan.

Considero además que la posmodernidad ha logrado hacer a un lado las corrientes existencialistas del pensamiento, cuyo climax fue quiza Nietzsche, hoy en día no se necesita mayor motivo para vivir o estar vivo que mostrar una "vida plena" en Instagram, lo demás no importa. Del otro lado, las personas que no lo consiguen sufren de crisis depresivas que los medicamentos a veces no pueden tratar y tristemente la solución es normalizar, es invitar a los depresivos a que sean productivos a que vuelvan a la funcionalidad, a la normalidad, a que produzcan, la posmodernidad en crisis no ve otro camino.

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