Miles de consejos
nutricionales y docenas de propuestas de dietas están inundando la red desde hace
años. La mayoría motivadas puramente en maximizar ventas de los productos con
los que se compone dicha dieta. Lo que destaca es que casi siempre van
acompañadas de consejos de consumo de productos específicos que son
altamente procesados como los alimentos funcionales, suplementos alimenticios,
los mismos medicamentos o productos light. La fabricación de estos productos específicos es compleja y procesada a
base de materia prima de producción incluso ecológica, pero nada sostenible. Nos
encontramos en un océano de interpretaciones de estudios científicos cuyos
orígenes son ocultos, cuyos métodos son cuestionables.
Ante este caótico
escenario de información mal procesada, de medias verdades y casi mentiras o a
veces mentiras completas, para un consumidor medio sin formación en nutrición y
bioquímica es imposible encontrar un hilo que seguir. La avalancha de conceptos
contradictorios y consejos con trasfondo de interés de venta ya no es manejable
para la mayoría. Esto abre puerta y portería para el charlatán de turno, el
mentiroso estafador y el capitalista sin escrúpulos. Nos encontramos indefensos y desorientados ante tal cúmulo de conceptos y propuestas. Pues el marketing
de hoy está muy desarrollado con el fin de crear un nuevo “sentido común”. Si,
el sentido común no es algo que exista independiente de nuestro conocimiento y
entorno, pero esto lo aclaramos en otro artículo ya que entra en esferas de
filosofía de la lengua. El marketing de hoy es una cuasi-ciencia que ha
desarrollado técnicas muy invasivas para crear realidades nuevas. Estas
técnicas son por ejemplo el nudging, pero sobre todo la moralización de
una decisión de compra. Esta última sirve para legitimar la compra a nivel personal
y crear el relato adquirible sobre uno mismo “yo siempre he sido muy de...”.
Es hora de recuperar el
dominio y las habilidades en nuestras cocinas domésticas. La vía de escape de
esta guerra de oportunistas, cuyo lucha competitiva causa daño colateral a
nuestra salud, es recuperar la autoridad y la autonomía en nuestros fogones.
Volver a ser reyes de nuestras ollas y reinas de las planchas y sartenes.
Hábiles y precisos con cuchillo y pelador. Imaginativos en la distribución
ergonómica de la cocina. Lógicos en la arquitectura de su amueblado y
aparatos. Capacitados con un paladar que puede desarrollar un juicio objetivo
sobre un plato y su manera de cocción, su valor nutritivo y su sabor
conseguido.
El sistema digestivo es,
como el ser humano en su integridad, un ser muy adaptable a muchas formas de
vivir y comer. Digo “un ser” porque se compone de un conjunto funcional
de unos treinta mil millones de bacterias. Estas metabolizan todo lo que entra por la
boca, tanto lo malo como lo bueno y transforman la gran mayoría de los
nutrientes a un formato que permite mantener sano y con vida el huésped que les
alberga, el cuerpo y la mente del ser humano.
Mi sueño, y desde mi
punto de vista la única solución, es que volvemos a gestionar y planificar una
cocina doméstica sostenible, con baja cantidad de deshechos y cero alimentos en
la basura. La cuestión no es tanto como conseguir una dieta equilibrada y
variada a todo coste y por tanto comprar los productos más variados, exóticos y
nutritivos, sino cómo planifico mi cocina en casa con productos exclusivamente
frescos y de temporada. Excepto los productos conservados con métodos de
deshidratación o fermentación como son los frutos, el yogur y queso, el jamón,
el bacalao y muchos más. Hemos de conseguir que la gestión de la cocina
doméstica cause placer, satisfacción y autoestima. Autoestima porque no hay
nada más en el mundo que genere una sensación de competencia social, autonomía
de vida y estabilidad emocional que poder cocinar para un buen grupo de amigos o
familiares.
