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lunes, 30 de octubre de 2017

Renata Adler, "la gran dama" del periodismo americano ha vuelto en una "lancha rápida" de los años 70.

Los años 70 suelen despertar imágenes sobre todo de la escena de música de esa época. A cambio en la literatura quedan pocos recuerdos excepto tal vez la ciencia ficción tan colorida y apocalíptica. 

Una escritora y periodista de Nueva York que fue una de las mujeres intelectuales y escandalosas de la época fue Renata Adler. Nacida en 1937 en Milán, de padres alemanes, pasó por varias universidades y cursos en Estados Unidos y Francia. Con una educación muy variada en el ámbito de las humanidades que coincide con la época del estructuralismo en la teoría literaria, no es de extrañar que su primera novela "Speedboat" (lancha rápida) resulta ser un ejercicio de de-construcción tal y como Jacques Derrida lo había pensado y querido. Esta novela, a priori, no pretende revelar nada escondido en la sociedad pero el estilo narrativo fluido, frenético y en dialogo directo con los objetos desmantela en cada pagina tópicos y hábitos de esa época. 

También con sus ensayos y artículos, que escribió para el "New York Times", fue, junto con Susan Sontag, una de las mujeres más influyentas de América del Norte en los años setenta y ochenta.

Después de varios textos críticos (uno fue un comentario mordaz sobre un libro de un compañero, un popular crítico de cine, y otro escándalo siguió con un libro lleno de información  crítica privilegiada a la "New Yorker") desapareció de la escena. 



En 2013, la serie de libros "The New York Review of Books Classics" publicó de nuevo la novela debut del año 1976 "Speedboat" de Renata Adler, propiciando así una nueva aparición para la autora de 75 años.

La editorial madrileña "Sexto Piso" lanzó la novela en 2015 en una nueva edición "lancha rapida" con una traducción de Javier Guerrero, haciendo así un libro de culto listo para una nueva generación de lectores hispanohablantes. 

En la novela, el lector acompaña a la protagonista Jen Fain a través de su variada vida en Nueva York. Es periodista y además de sus actividades como profesora y reportera universitaria, es principalmente una mujer independiente de unos treinta años, que está luchando por comprender a sus colegas y amigos neuróticos.

La narración no es una trama continua, sino que son momentos y pequeños episodios en la vida de Jen en un ritmo mas bien arbitrario. Sus reflexiones son directas y a menudo parecen como registros para una columna o un reportaje. Pero también aparecen escenas pequeñas y cotidianas, que podrían encontrarse en una revista en la sección "Nueva York y el mundo". La mayor parte del estilo narrativo se compone de un flujo de observaciones y comentarios sobre ellas que carece del filtro de una dramaturgia. Gerard Genette lo llamó un "fluir de la conciencia narrado" y en efecto, así es en algunos tramos. 

En ocasiones el lector se ve inmerso en una tormenta de observaciones rápidamente expuestas, tan rápidas que hay que seguirlas con velocidad para no perder el foco y entrar en un modo que yo llamo "lectura de visión borrosa"  Exige atención absoluta pero compensa con el placer de experimentar un documental en tiempo real a través de descripciones precisas y tan acertadas que a menudo provoca la sensación de conocer a fondo la cultura que se esta revelando. 


"Speedboat" se divide en siete capítulos que no proporcionan una pista para un enlace o un arco dramático más grande. Algunos momentos son, desafortunadamente, algo superficiales y desinhibidos. 

A veces uno se pregunta por qué la autora está hablando de este asunto en este momento y no de otro. Esta aleatoriedad hace que sea difícil para el lector después de las primeras cien páginas encontrar interés en más escenas de la vida de Jen Fains. No obstante existe claramente un arco dramatúrgico entre los demás individuos que son amigos y compañeros, que a su vez va creando una marco completo sobre el psicodrama de ellos y así mantiene la tensión. 

La novela de Adler es sólida en los tramos donde Fain analiza con precisión el comportamiento y las acciones de los neoyorquinos. Por ejemplo, ella describe al pedante administrador del archivo de un periódico para el que trabaja. Este hombre está ansioso por cumplir con las directivas sobre los expedientes del archivo. Cuando Jen, como todos los periodistas en este periódico, viola las reglas al llevarse una carpeta con un dossier a casa, intenta explicarle en una discusión que su acción no podía haber sido catastrófica. Como ella no logra nada con argumentos racionales, guarda silencio, y en dos frases resume el interior del archivista: "La gente parece infeliz de tantas maneras diferentes. Siempre me gustaron, los sombríos guardianes de los archivos ".



El estilo de escritura de Renata Adler es seco, afirmativo e irónico, en el que muestra su talento periodístico, pero no tanto literario. En un momento resume: "En una fiesta, los hombres en una conversación aburrida se intentan salvar yendo a buscar una bebida pero por cortesía también traen una copa a su interlocutor y tienen que volver con dos bebidas a la conversación de la que se fueron y así no saldrán de la situación. Los dos individuos terminan tan borrachas que los que no podían ni verse en un principio acaban de decidiendo irse a vivir juntos." 

También los tramos con reflexiones sobre la profesión de periodista, la manera en que funciona el periodismo, las situaciones que uno atraviesa en esta profesión son bastante enriquecedores y legibles.

Un problema en el contexto actual es que una y otra vez se hace referencia a películas populares o a la música de la América de los años setenta. El problema es que hoy en día solo unos pocos pueden imaginar que hay bajo una serie llamada "Medical Center", un musical con el título "No, No Nanette" o cantantes como Tiny Tim. Fenómenos culturales que aparecen y cuya investigación en otras fuentes interrumpe el proceso de lectura de manera aveces algo molesto.

El carácter experimental no puede sorprender hoy como lo hizo hace 40 años. Uno está familiarizado con el estilo de los informes sueltos y yuxtapuestos. Sin embargo, la novela de Adler aún no ha perdido importancia. "Lancha rápida" muestra a una mujer independiente e interesante que se mueve en todas las capas de la sociedad para examinar críticamente su época y los hábitos de los intelectuales de su entorno. Eso hace que la novela sea interesante para un gran rango de edad. La intemporalidad de la vida cotidiana de un periodista en la ciudad hacen que este "re-descubrimiento" sea relevante en la actualidad. Se podría decir que las observaciones descritas en esta novela actúan de microscopio con zoom en el tiempo atrás para problemas que sufrimos hoy de la misma manera, o al menos nos permite conocer como han comenzado algunos de ellos.

El enlace con la cultura de hoy está en que nos encontramos con este libro con uno de los documentos literarios del comienzo del movimiento progresista posmoderno. Hoy la mayoría de gente no es capaz seguir el ritmo de la comunicación de la prensa y medios sociales. Es imposible desarrollar una postura pensada a cocción lenta. Los métodos y las formas de la comunicación hoy son el microondas y la olla presión o mejor ya directamente se lee todo crudo para no perder tiempo en largos y complejos procesos de cocción lingüística y retorica. Adler escribió un relato sobre su tiempo en una velocidad narrativa que iguala la velocidad de la observación. No hay saltos de tiempo. Se narra en tiempo real. De esta manera fue una de las primeras personas en el ambiente pertinente que ha deducido la dirección que tomaría el desarrollo de la cultura de comunicación con una sintaxis concreta.

De forma no intencionada, "Lancha Rápida" es un libro que refleja la manera de comunicar de hoy, no semántico pero sintáctico. Las frases cortas y lacónicas. El tono seco y comprimido podría ser el comienzo de la gramática de los mensajes de twitter de hoy. Es posible que las redes sociales podrían ser solo el siguiente paso lógico en el desarrollo del periodismo. Un periodismo que hoy ha asumido el rol del canal de comunicación entre todos los mundos. Un periodismo que ya no tiene tiempo para perseguir proyectos propios sino que es instrumentalizado por todos para hablar con todos. En Lancha Rápida experimentamos en la propia piel, de una manera muy impactante, con que lenguaje es posible apagar todo lo racional y seguir una tormenta de nieve lingüística sin precedentes. No hay que preocuparse. Lancha rápida no lava cerebros pero puede que revele demasiado.


lunes, 12 de diciembre de 2016

El dinero como droga: una reflexión desde el séptimo arte

Los economistas, más preocupados en justificar la realidad que en interpretarla, han pasado por alto los hechos fundamentales en cuanto a la naturaleza del dinero. Uno de ellos se nos recuerda ahora desde el arte y la cultura popular: el dinero es una droga. Este hecho tiene consecuencias significativas desde el punto de vista de las políticas económicas y monetarias.





Los economistas, historiadores y antropólogos, continúan discutiendo sobre el origen y la naturaleza del dinero ¿Qué es para el ser humano el dinero? ¿Qué efectos tiene sobre nosotros? Algunos argumentarán que el ser humano es racional, y que la predisposición de una persona cualquiera a tener dinero dependerá de la utilidad que tenga para ella el gastar ese dinero y consumir una unidad adicional de un bien determinado. Respecto al salario, quizás algunos argumenten que las personas tendemos a trabajar más o menos según la utilidad que le damos al ocio en relación con ganar un poco más de dinero. Ninguno de estos teóricos parece haberse percatado de la historia de Jordan Beltfort, un agente de valores, es decir, un broker, cuya biografía fue llevada al cine por Martin Scorsese en largometraje El lobo de Wall Street. Y es que el Sr. Beltfort, interpretado en la gran pantalla por Leonardo DiCaprio, sabría muy bien qué contestar a la pregunta ¿qué es el dinero? Una droga.

Fijémonos en algunos detalles de la película que ilustran la relación de los personajes con el vil metal, y el efecto que este tiene sobre ellos.

Antes de llegar a triunfar Jordan es un joven ambicioso que encuentra trabajo en Wall Street, todavía sin tener la licencia para ejercer como agente de valores. Allí recibirá su primera lección del principal ejecutivo de la compañía donde trabaja: el trabajo de agente de valores consiste en ganar dinero, para ello hay que hacer transacciones, comprar y vender acciones, con cada transacción el broker gana dinero, da igual que la transacción sea buena o mala, da igual si los clientes ganan o pierden dinero, el cliente no importa, sólo importa ganar dinero. No crean nada, no construyen nada, el dinero simplemente pasa del bolsillo del cliente al suyo.

Así será como Jordan se haga rico, trabajando con lo que llaman acciones de a centavo, compañías inexistentes, lo que hoy en día se llaman start-ups, que buscan financiación en el mercado alternativo de valores para proyectos rocambolescos. Estas compañías ofrecen una suculenta comisión para los brokers, del 50%. A partir de que Jordan descubra este mercado su trabajo consistirá en engañar a pequeños trabajadores con sueños de grandeza que quieren hacerse ricos invirtiendo en bolsa. Su trabajo no es muy distinto al de un timador, que se aprovecha de la avaricia y maldad de la gente, como en el famoso timo de la estampita, para engañarles. No existen reparos morales, no importan los efectos colaterales, engañar a alguien, todo vale para conseguir la siguiente dosis en sus abultadas cuentas corrientes. No hay límite a la cantidad de ceros a la derecha que pueden figurar en una cuenta corriente.

Posteriormente Jordan extenderá el negocio de las acciones de a centavo a los grandes ahorradores, para ello contratará a viejos conocidos, perdedores sin estudios que malviven pasando de un trabajo de mierda (como los definiese el gran David Graeber) a otro. No importa que se trate de gente sin talento, sin inteligencia, se harán ricos gracias a las enseñanzas de su mentor. Jordan les explica como vender, cual es la narrativa que deben emplear para aprovecharse de la avaricia de la gente. En una escena de la película, les da una lección práctica de como conseguir una transacción, mientras habla por teléfono con un cliente tratando de convencerle de que adquiera un cierto número de acciones de una compañía de a centavo. Mientras habla, rodeado por todos sus empleados, hace gestos simulando una relación sexual, como si alguien le realizase una felación, o practicase sexo anal, por supuesto en el lado activo. El dinero pasa de un bolsillo a otro, generalmente al bolsillo del macho alfa, el que domina. El dinero es símbolo de dominación, y Jordan muestra a sus subalternos como él domina a su cliente, entre las risas divertidas de todos ellos.

Conseguir dinero lleva a los agentes de valores a un estado de euforia, pero conseguir una transacción no es fácil, deben tener los cinco sentidos en ello, una tarea agotadora que van realizando con la ayuda de la motivación y de las sustancias estupefacientes. Cuando Jordan era un aprendiz le enseñan una especie de ritual que remite a la imagen (que no la realidad) del ser humano pre-civilizado, unos golpes de pecho mientras se emiten sonidos guturales rítmicos muestran el poder del individuo, dispuesto a la batalla y enseñando a sus rivales su determinación. El hombre es un lobo para el hombre, según la narrativa que se crean los protagonistas de esta película. El macho alfa gana y domina, el dinero va del bolsillo del débil al del fuerte, y en consecuencia el dinero es un símbolo del poder del individuo, no es raro entonces que su adquisición nos lleve a un estado de euforia similar al que se siente tras derrotar a un enemigo o alcanzar un orgasmo.

La vida de Jordan pasa a depender de las drogas, es preciso alcanzar un estado de euforia para poder vender acciones, o para mantener el rendimiento intelectual después de largas jornadas de trabajo, o después de la última juerga que nos hemos pegado tras el subidón que nos dio finalizar con éxito una transacción que nos aporta jugosas comisiones. El coctel de drogas estimulantes diario incluye quaaludes, adderall y cocaína.


Para contrarrestar los efectos de estas drogas y poder dormir usarán marihuana, sanax y morfina. La vida discurre entre estados de euforia y de relajación, subidones y bajones, e inyecciones de penicilina preventivas para evitar el contagio de una enfermedad de transmisión sexual.

El sexo se convierte también en un elemento central de la vida de nuestros brokers. Ya al comienzo de su andadura por Wall Street a Jordan le recomiendan la masturbación al menos dos veces al día. El sexo cumple varias funciones en la vida del agente de valores, en primer lugar la relajación de la excitación alcanzada por las operaciones realizadas con éxito o por las sustancias excitantes del sistema nervioso central que se han ingerido; la relajación se consigue mediante el orgasmo. Por otro lado el sexo representa la culminación de su ideal de dominio y éxito, follán más porque son mejores y son machos alfa, y su éxito social queda constatado por su actividad sexual. A más dinero más relaciones, a más relaciones más éxito, da igual que se trate de prostitutas.

¿Y las mujeres? Hablamos de machos alfa por cuanto la compulsión sexual, la euforia y el afán de dominación son comportamientos asociados a lo masculino, sin embargo las brokers femeninas, claramente minoritarias, siguen el mismo patrón de comportamiento. Cabe recordar en este punto las palabras de Erich Fromm, cuando hablaba de que nuestra sociedad tendía a la identidad de hombres y mujeres y no tanto a la igualdad; lo narrado en esta película parece darle la razón.

Una arenga dirigida a sus empleados, en un momento clave de la película, en el que se encargan de la Oferta Pública de Valores (OPV) de una compañía seria, el fabricante de calzado Steve Madden Ltd, nos muestra la perversa relación que establecen entre el dinero, el éxito y el dominio, incluido el sexual. La justificación del dominio incluye la criminalización del fracasado, culpable de sus desgracias por ser un pusilánime o por tener reparos morales. Esta es la transcripción del monólogo:

Quiero dedicar un momento a explicar porque Steve está... porque parece un puto zumbado. Es porque este hombre, es un genio creativo, su habilidad, el don que tiene Steve va más allá de las tendencias actuales del calzado, el poder de Steve es que él crea tendencia ¿lo entendéis? Los artistas como Steve aparecen una vez cada década y me refiero a Giorgio Armani, Gianni Versace, Coco Chanel, Yves Saint Laurent. Steve ven aquí un momento. No creo que os deis cuenta de que Steve Madden es el hombre que más triunfa en la industria del calzado femenino con gigantescos pedidos en todos los grandes almacenes de norteamérica ahora mismo. Y está aquí en nuestra oficina. Deberíamos dar gracias por tener a este hombre aquí. Deberíamos ponernos de rodillas ahora mismo dispuestos a hacerle una mamada. Eh, así ¿vale?, quiero chupártela Steve. Todos te la chuparán. Es nuestro billete dorado a la puta fábrica de chocolate. Y quiero conocer al puto Willy Wonka ¿vale? Quiero estar con los putos Umpa Lumpas así. Umpa, lumpa, umpaniiiiu. Ahora sal del puto estrado, lárgate. Está bien, quiero que os concentréis un segundo ¿Veis esas cajitas negras? Se llaman teléfonos y voy a contaros un secreto sobre ellos, no se marcarán solos ¿vale? Sin vosotros, son trozos de plástico inútiles, como un M-16 sin un marine entrenado para apretar el gatillo, y en el caso del teléfono, depende de cada uno de vosotros, mis entrenados estratonitas, mis asesinos, mis asesinos que no aceptan un no por respuesta, mis putos guerreros, que no colgarán el teléfono hasta que su cliente compre o mueeeraaaaaa (ovación, gritos de sí, sí, sí, se golpea el micro contra la cabeza, enseña los dientes). Os diré una cosa, no hay nobleza en la pobreza, he sido un hombre rico y he sido un hombre pobre y prefiero ser rico todas las veces (aplausos, gritos, síííií). Porque siendo rico, cuando tengo que enfrentarme a mis problemas voy sentado en una limusina, llevo un traje de 2.000 dólares, y un reloj de 40.000 putos dólares (lo lanza al auditorio) ¡Venga chicos, luchad por él! Y si alguien de aquí cree que eso es “superficial” o “materialista” que busque trabajo en un puto MacDonalds porque ese, joder, es su sitio. Pero antes de abandonar esta sala llena de vencedores, quiero que miréis bien a la persona que tenéis a vuestro lado, porque en un futuro no muy lejano os parareis en un semáforo en vuestro viejo coche desvencijado, y esa persona aparecerá justo a vuestro lado, en su flamante Porsche, sentado junto a una preciosa mujer y sus voluptuosas tetas ¿y a quién tendréis vosotros al lado? A una asquerosa vaca con barba de tres días que lleva un vestido barato apretujada en un coche cargado de productos en oferta del puto super ¡eso es lo que tendréis sentado al lado! Así que escuchadme y escuchadme bien ¿tenéis la tarjeta en números rojos? Bien, descolgad el teléfono y marcad ¿Están a punto de desahuciaros? Bien ¡descolgad el teléfono y marcad! ¿vuestras novias os consideran unos pringaos de mierda? ¡Bien, descolgad el teléfono y marcad! ¡Quiero que solucionéis vuestros problemas, haciéndoos ricos! (gritos, aplausos, sííííí) Lo único que tenéis que hacer es coger el teléfono y repetir las palabras que os he enseñado, y os haré más ricos que el director general más poderoso de los Estados Unidos de América (gritos, síííí, ¡eso es, joder!) Quiero que salgáis ahí fuera, y quiero que les metáis a vuestros clientes las acciones de Steve Madden por la boca, hasta que se atraganten ¡Hasta que se atraganten y compren al menos cien mil acciones! Eso es lo que quiero (gritos, júbilo, sííííí) ¡Sed feroces! ¡Sed despiadados! ¡Sed unos putos terroristas telefónicos! (más gritos) ¡Ahora vamos a batear esta puta bola fuera del campo! ¡Venga! (comienzan a llamar).

En realidad el 85% de las acciones eran ya propiedad de Jordan Beltfort y de su socio Donnie, algo ilegal, y que les reporta ganancias de 22 millones de dólares en tres horas, pero que también provoca que comiencen a ser perseguidos por la justicia.

La vida se convierte en un desfase permanente, lleno de situaciones surrealistas que se nos van contando con gran sentido del humor. El día comienza colocándose, para poder ponerse en marcha, y termina relajándose con una sustancia de efecto contrario. Entre el momento inicial y final será normal arengar, emocionarse, gritar, mantener relaciones sexuales en cualquier lugar, incluso en la oficina, pelearse, desesperarse, etc. La oficina se convierte en un manicomio, un festival de codicia, cocaína, testosterona y fluidos corporales. Esta rutina fractura las relaciones con aquellos que no practican los mismos hábitos, y la vida personal al margen del trabajo se convierte en un desastre. Cada mañana Jordan debe dedicar los primeros momentos del día a intentar hacer las paces con su mujer, generalmente con éxito limitado. Los conflictos, enfados y gritos se convierten en la tónica habitual.

A pesar de ello, el poder adictivo del dinero es más fuerte que las molestias y desórdenes que pueda ocasionar un estilo de vida tan extremo. Ni siquiera cuando a Jordan se le ofrece archivar la investigación policial que se ha abierto contra él a cambio de que cese su actividad en su empresa como agente de valores este cederá. En un principio su asesor legal y su padre logran convencerle para que abandone, ya tiene más dinero del que puede gastar en toda su vida ¿por qué seguir? El argumento racional es irrefutable y Jordan acepta retirarse, pero durante el discurso de despedida ante sus empleados alcanza un estado de euforia que finalmente le hace cambiar de idea, trasladándose la euforia a todo el auditorio. Es curioso que durante esta arenga retoma las consideraciones morales, recordando los problemas que tenían sus empleados, a punto de ser desahuciados siendo responsables de un hijo, y como enderezaron su vida gracias a la oportunidad que él les dio de trabajar en el mercado de valores. Curioso por cuanto ahora esas personas visten de Armani y conducen un Mercedes, pero ese bienestar se ha alcanzado a costa de los ahorros de otras personas, algunas de las cuales pueden estar en ese momento a punto de ser desahuciadas.

El síndrome de abstinencia triunfa sobre la voluntad de nuestro protagonista y contra todo criterio razonable continúa ejerciendo en el mercado de valores, lo que terminará por costarle su segundo matrimonio, la relación con sus hijos y una pena de prisión. A pesar de todo ello, Jordan se lo toma con filosofía: “sigue siendo rico en un mundo en el que todo se puede comprar”, piensa. Curioso pensamiento cuando le ha llevado a prisión un agente del FBI al que él precisamente intento comprar. Quizás habría que coincidir con Jordan Belfort que casi todo se puede comprar, pero lamentablemente para él lo que queda fuera del conjunto de lo comprable son quizás las cosas más importantes: valores y dignidad de otras personas, por ejemplo, que le terminan llevando a la cárcel.

En resumen, el dinero proporciona una sensación de dominio a la que uno se acostumbra de forma inmediata, convirtiéndose rápidamente en adicto. Nunca es suficiente. En palabras del protagonista:

Pero de todas las drogas que existen bajo el cielo azul hay una que es de verdad mi favorita. Si tienes una buena cantidad de esto te vuelves invencible, capaz de conquistar el mundo y de destripar a tus enemigos. Y no me estoy refiriendo a esto (acaba de esnifar cocaína), me refiero a esto (muestra un billete de cien dólares). El dinero no solo te compra una vida mejor, mejor comida, mejores coches, mejores coñitos, también te convierte en mejor persona, puedes donarlo generosamente a la iglesia o al partido político que quieras, incluso hasta puedes salvar al puto búho moteado.

Pero como toda droga puede destrozar tu vida, al convertirse en el vector que guía todas tus decisiones y tu comportamiento, y así ocurre con Jordan Belfort, aunque él mismo no lo reconozca ni siquiera tras pasar una temporada entre rejas y perder el contacto diario con sus hijos.

Si el dinero es una droga, la pregunta inmediata que surge es ¿qué consecuencias tiene esto desde el punto de la teoría económica? Esta pregunta requiere una reflexión tranquila y prolongada que todavía no he realizado por completo, invito a los lectores a que realicen sus aportaciones, por mi parte dejaré una breve pincelada.

Si el dinero es una droga no hay límite a la cantidad que se puede acumular, independientemente de la utilidad que uno pueda obtener de gastarlo en algún bien o servicio. Además, como toda droga, cuanto más consumes más adicto te vuelves, aunque la droga consuma tu vida (en el sentido de alejarte de cualquier otra fin para la misma, y por tanto del bienvivir). Así, aunque parezca paradójico, y totalmente contrario a la teoría económica estandar, una persona que ha acumulado un millón de dólares sentirá una avidez mucho mayor por el siguiente millón que la que siente una que ha acumulado cien mil por los siguientes cien mil. Y si en vez de un millón se trata de diez, cien, mil, diez mil, cien mil millones, la avidez será mayor, cuanto más acumules mayor compulsión por acumular. De ello se deducen conclusiones respecto a la política, e incluso respecto al sistema monetario como las que hemos defendido en estas páginas en numerosas ocasiones: el canal financiero debe ser minorizado como forma de crear y distribuir el dinero frente al canal real. Para ello el estado, y no los bancos, debe crear el dinero e introducirlo en la economía mediante el canal del tesoro público, es decir, gastándolo para financiar actividad económica que produzca bienes y servicios reales, de los que se beneficie la ciudadanía.


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Epílogo: En este artículo he comentado las reflexiones que me produce el largometraje El lobo de Wall Street sin valorarlo desde el punto de vista artístico. Me he percatado de una circunstancia que es digna de atención desde el punto de vista sociológico, la película suele gustar a los hombres y desagradar a las mujeres. Al menos dentro de mi limitada experiencia así ha sido. Puede que el ideal de dominación y lucha que subyace a las actitudes de los personajes desagrade a las mujeres. La compulsión por el sexo o las drogas puede provocar sensaciones desagradables, pero la película permite reflexionar y tomar conciencia sobre realidades que posiblemente todos hemos experimentado, en cierto grado: el egocentrismo absoluto e infantil, el ansia de dominio y la creencia absurda, y de nuevo infantil, en la posibilidad de alcanzar la omnipotencia. El tema es muy interesante, se narra según el estilo claramente reconocible de Martin Scorsese, un narrador que coincide con el protagonista y que muestra sus pensamientos al espectador, y el enfoque cómico de las situaciones. Es el estilo de otras grandes películas como Goodfellas (Uno de los nuestros). Que el narrador, como en las novelas, pero no usualmente en el cine, transmita directamente sus pensamientos al espectador me parece muy adecuado para esta película, sin ese elemento se perdería gran parte de la sustancia y la película sería peor. Otro elemento significativo es la ausencia de un juicio moral sobre las actitudes de los protagonistas, lo cual viene condicionado por la narración en primera persona, el narrador no termina arrepintiéndose de su actitud, muy al contrario, en todo caso se siente triste por el paraíso perdido, actitud que es más clara en Goodfellas, pero que aquí también se encuentra presente. Posiblemente yo habría introducido mi sentido moral de forma más clara en la película, y quizás así habría mutilado su valor artístico. No lo sé. No soy un gran cinéfilo, y por tanto mi juicio no es de gran relevancia, pero debo decir que la película me ha impresionado de forma muy favorable, y la considero la mejor, hasta la fecha, del siglo XXI. Juzguen por ustedes mismos.