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martes, 5 de junio de 2018

El Aura político - Un arte antiguo

El Aura, según Walter Benjamin, es lo que se percibe de una obra de arte bajo una serie de condiciones. Primero de todo tienen que estar presentes ambos, tanto el sujeto que recibe como el objeto observado. Como ejemplo más claro y puro para la presencia de Aura usa Benjamín la contemplación de una montaña o un árbol, en fin un objeto en la misma naturaleza. Partiendo de esta manera de contemplar sin analizar, Benjamin desarrolla un argumento sobre la pérdida del Aura cuando se empezó reproducir el arte con la tecnología a finales del siglo XIX, con la fotografía, litografía y el cine. Para Benjamin el Aura es un estado aislado y subjetivo de un individuo ante un objeto de culto o una obra de arte. Conceptual-mente el no hace diferencia entre un tótem, el crucifijo o un cuadro impresionista.

En su ensayo “la obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” de 1936 propone el término “asocial” como el más acertado para un estado de contemplación de una obra de arte. El observador entra en una mediación sobre el significado simbólico de la obra que no se puede compartir con otro sujeto. El Aura es un proceso de aislamiento contemplativo que solo se puede permitir la clase más privilegiada de la sociedad debido a su ausencia de amenazas esenciales en la vida material y real.  La reproductibilidad técnica del arte es para Benjamin la posibilidad para las masas tener acceso a un discurso artístico y sacarlo del entorno de élites asociales y permite responder y reaccionar de manera colectiva. Discutir y reflexionar con términos comunes sobre los objetos del arte y su significado para la sociedad.
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Eberhard Heiland 1988 - " El Aura de los fundidores"

En el curso de este ensayo también entra más en los aspectos simbólicos de la política, busca la existencia o ausencia de Aura en las ideologías dominantes de su época y afirma de la siguiente manera:

"El fascismo busca organizar a las masas proletarias, recién formadas, sin interferir con las relaciones de propiedad que ellas buscan erradicar. Él ve su salvación al dejar que las masas se expresan (pero ciertamente no en dejar que lleguen a su derecho). Las masas tienen el derecho a cambiar las relaciones de la propiedad, pero el fascismo busca darles una expresión en su preservación. El fascismo en consecuencia conduce a una estetización de la vida política.
 (...) La violación de las masas, que él fuerza en el culto de un líder, corresponde a la violación de un aparato que utiliza para crear valores de culto.(...) esto es de lo que se trata con la estetización de la política, con la que opera el fascismo. El comunismo le responde con la politización del arte".

Leyendo esto inmediatamente se me hacen imágenes muy recientes espacio en la memoria. Son observables en tantos núcleos políticos en Europa hoy en día donde incluso podemos observar ambas estrategias a la vez en el mismo grupo político. Todos ellos tienen en común que permiten mucho espacio a la expresión masificada pero sin tocar las relaciones y condiciones reales de la gente. Usan la reproducción técnica de su simbología, su aura - para promocionar un aislamiento contemplativo y asocial. Un “aislamiento uniforme” en un culto simbólico que permite la catarsis y la contemplación como máxima expresión, pero sin permitir que se toce el dominio del poder sobre la realidad material. La contemplación agresivamente promocionada acaba en la obsesión de proteger lo que es propio. La vieja y bien conocida obsesión de los reaccionarios: el atesoramiento de valores tradicionales ya que los valores reales y materiales no se les permite modificar.

Benjamin veía una oportunidad en la reproductibilidad técnica del arte para cambiar el dominio de la contemplación asocial, de la simbología y del culto, hacia una discurso compartido y justo sobre las cosas reales. Hoy vemos que las masas rechazan este discurso sobre las cosas reales a favor de mera expresión masificada. De nuevo nos acomodamos en el rol del idólatra, se nos sugiere que esto es suficiente para crear un “mundo mejor”, seguir a los líderes y símbolos, que lejos de cambiar la realidad de la gente, siguen aislando a la gente entre sí con objetivos demasiado trascendentales, casi metafísicos sobre los que cada uno interpreta otra cosa pero todos bajo la misma premisa: Unidos por la tierra.


¿Qué pasaría si pensáramos un poco más cubista en vez de jurar a banderas y contemplar escudos? El cuadro "le canigou" de Juan Gris del 1921 muestra una naturaleza muerta en estilo cubista. Muestra el macizo montañoso del Canigou desde una ventana. Se aprecian muchos objetos abstraídos que todavía están en la habitación, pero se solapan en la perspectiva con el pico de la montaña a lo lejos, el borde de la mesa y el marco de la ventana. El acto contemplativo de inmersión es posible aquí solo con mucho esfuerzo. El observador se ve obligado a materializar y determinar los objetos individuales en la imagen antes de que pueda contemplar el poder simbólico y de mito de esta montaña y entonces separarse nuevamente de la realidad material de lo representado.

Un juego entre análisis materialista y meditación subjetiva. Una posibilidad para el humano de pensar sobre el mismo y el mundo fuera de el, poniendo el "y" entre los dos, en el foco de todo afán.

1. El texto original como fuente de traducción es la edición autorizada por el autor del año 1939.
https://de.wikisource.org/wiki/Das_Kunstwerk_im_Zeitalter_seiner_technischen_Reproduzierbarkeit_(Dritte_Fassung) 




lunes, 30 de octubre de 2017

Renata Adler, "la gran dama" del periodismo americano ha vuelto en una "lancha rápida" de los años 70.

Los años 70 suelen despertar imágenes sobre todo de la escena de música de esa época. A cambio en la literatura quedan pocos recuerdos excepto tal vez la ciencia ficción tan colorida y apocalíptica. 

Una escritora y periodista de Nueva York que fue una de las mujeres intelectuales y escandalosas de la época fue Renata Adler. Nacida en 1937 en Milán, de padres alemanes, pasó por varias universidades y cursos en Estados Unidos y Francia. Con una educación muy variada en el ámbito de las humanidades que coincide con la época del estructuralismo en la teoría literaria, no es de extrañar que su primera novela "Speedboat" (lancha rápida) resulta ser un ejercicio de de-construcción tal y como Jacques Derrida lo había pensado y querido. Esta novela, a priori, no pretende revelar nada escondido en la sociedad pero el estilo narrativo fluido, frenético y en dialogo directo con los objetos desmantela en cada pagina tópicos y hábitos de esa época. 

También con sus ensayos y artículos, que escribió para el "New York Times", fue, junto con Susan Sontag, una de las mujeres más influyentas de América del Norte en los años setenta y ochenta.

Después de varios textos críticos (uno fue un comentario mordaz sobre un libro de un compañero, un popular crítico de cine, y otro escándalo siguió con un libro lleno de información  crítica privilegiada a la "New Yorker") desapareció de la escena. 



En 2013, la serie de libros "The New York Review of Books Classics" publicó de nuevo la novela debut del año 1976 "Speedboat" de Renata Adler, propiciando así una nueva aparición para la autora de 75 años.

La editorial madrileña "Sexto Piso" lanzó la novela en 2015 en una nueva edición "lancha rapida" con una traducción de Javier Guerrero, haciendo así un libro de culto listo para una nueva generación de lectores hispanohablantes. 

En la novela, el lector acompaña a la protagonista Jen Fain a través de su variada vida en Nueva York. Es periodista y además de sus actividades como profesora y reportera universitaria, es principalmente una mujer independiente de unos treinta años, que está luchando por comprender a sus colegas y amigos neuróticos.

La narración no es una trama continua, sino que son momentos y pequeños episodios en la vida de Jen en un ritmo mas bien arbitrario. Sus reflexiones son directas y a menudo parecen como registros para una columna o un reportaje. Pero también aparecen escenas pequeñas y cotidianas, que podrían encontrarse en una revista en la sección "Nueva York y el mundo". La mayor parte del estilo narrativo se compone de un flujo de observaciones y comentarios sobre ellas que carece del filtro de una dramaturgia. Gerard Genette lo llamó un "fluir de la conciencia narrado" y en efecto, así es en algunos tramos. 

En ocasiones el lector se ve inmerso en una tormenta de observaciones rápidamente expuestas, tan rápidas que hay que seguirlas con velocidad para no perder el foco y entrar en un modo que yo llamo "lectura de visión borrosa"  Exige atención absoluta pero compensa con el placer de experimentar un documental en tiempo real a través de descripciones precisas y tan acertadas que a menudo provoca la sensación de conocer a fondo la cultura que se esta revelando. 


"Speedboat" se divide en siete capítulos que no proporcionan una pista para un enlace o un arco dramático más grande. Algunos momentos son, desafortunadamente, algo superficiales y desinhibidos. 

A veces uno se pregunta por qué la autora está hablando de este asunto en este momento y no de otro. Esta aleatoriedad hace que sea difícil para el lector después de las primeras cien páginas encontrar interés en más escenas de la vida de Jen Fains. No obstante existe claramente un arco dramatúrgico entre los demás individuos que son amigos y compañeros, que a su vez va creando una marco completo sobre el psicodrama de ellos y así mantiene la tensión. 

La novela de Adler es sólida en los tramos donde Fain analiza con precisión el comportamiento y las acciones de los neoyorquinos. Por ejemplo, ella describe al pedante administrador del archivo de un periódico para el que trabaja. Este hombre está ansioso por cumplir con las directivas sobre los expedientes del archivo. Cuando Jen, como todos los periodistas en este periódico, viola las reglas al llevarse una carpeta con un dossier a casa, intenta explicarle en una discusión que su acción no podía haber sido catastrófica. Como ella no logra nada con argumentos racionales, guarda silencio, y en dos frases resume el interior del archivista: "La gente parece infeliz de tantas maneras diferentes. Siempre me gustaron, los sombríos guardianes de los archivos ".



El estilo de escritura de Renata Adler es seco, afirmativo e irónico, en el que muestra su talento periodístico, pero no tanto literario. En un momento resume: "En una fiesta, los hombres en una conversación aburrida se intentan salvar yendo a buscar una bebida pero por cortesía también traen una copa a su interlocutor y tienen que volver con dos bebidas a la conversación de la que se fueron y así no saldrán de la situación. Los dos individuos terminan tan borrachas que los que no podían ni verse en un principio acaban de decidiendo irse a vivir juntos." 

También los tramos con reflexiones sobre la profesión de periodista, la manera en que funciona el periodismo, las situaciones que uno atraviesa en esta profesión son bastante enriquecedores y legibles.

Un problema en el contexto actual es que una y otra vez se hace referencia a películas populares o a la música de la América de los años setenta. El problema es que hoy en día solo unos pocos pueden imaginar que hay bajo una serie llamada "Medical Center", un musical con el título "No, No Nanette" o cantantes como Tiny Tim. Fenómenos culturales que aparecen y cuya investigación en otras fuentes interrumpe el proceso de lectura de manera aveces algo molesto.

El carácter experimental no puede sorprender hoy como lo hizo hace 40 años. Uno está familiarizado con el estilo de los informes sueltos y yuxtapuestos. Sin embargo, la novela de Adler aún no ha perdido importancia. "Lancha rápida" muestra a una mujer independiente e interesante que se mueve en todas las capas de la sociedad para examinar críticamente su época y los hábitos de los intelectuales de su entorno. Eso hace que la novela sea interesante para un gran rango de edad. La intemporalidad de la vida cotidiana de un periodista en la ciudad hacen que este "re-descubrimiento" sea relevante en la actualidad. Se podría decir que las observaciones descritas en esta novela actúan de microscopio con zoom en el tiempo atrás para problemas que sufrimos hoy de la misma manera, o al menos nos permite conocer como han comenzado algunos de ellos.

El enlace con la cultura de hoy está en que nos encontramos con este libro con uno de los documentos literarios del comienzo del movimiento progresista posmoderno. Hoy la mayoría de gente no es capaz seguir el ritmo de la comunicación de la prensa y medios sociales. Es imposible desarrollar una postura pensada a cocción lenta. Los métodos y las formas de la comunicación hoy son el microondas y la olla presión o mejor ya directamente se lee todo crudo para no perder tiempo en largos y complejos procesos de cocción lingüística y retorica. Adler escribió un relato sobre su tiempo en una velocidad narrativa que iguala la velocidad de la observación. No hay saltos de tiempo. Se narra en tiempo real. De esta manera fue una de las primeras personas en el ambiente pertinente que ha deducido la dirección que tomaría el desarrollo de la cultura de comunicación con una sintaxis concreta.

De forma no intencionada, "Lancha Rápida" es un libro que refleja la manera de comunicar de hoy, no semántico pero sintáctico. Las frases cortas y lacónicas. El tono seco y comprimido podría ser el comienzo de la gramática de los mensajes de twitter de hoy. Es posible que las redes sociales podrían ser solo el siguiente paso lógico en el desarrollo del periodismo. Un periodismo que hoy ha asumido el rol del canal de comunicación entre todos los mundos. Un periodismo que ya no tiene tiempo para perseguir proyectos propios sino que es instrumentalizado por todos para hablar con todos. En Lancha Rápida experimentamos en la propia piel, de una manera muy impactante, con que lenguaje es posible apagar todo lo racional y seguir una tormenta de nieve lingüística sin precedentes. No hay que preocuparse. Lancha rápida no lava cerebros pero puede que revele demasiado.


martes, 3 de enero de 2017

El colapsismo llega a la cultura popular: Destrozares. Canciones para el final de los tiempos.

La cultura popular refleja en cierto grado el pensamiento colectivo, y al mismo tiempo la obra artística sin duda también influye en cómo imaginamos el mundo. En este sentido es de agradecer que la idea del colapso llegue al rock&roll nacional, aunque conviva, paradójicamente, con una idea de progreso ilimitado que es dominante.



Frente a la idea de progreso ilimitado que nos sigue llegando desde los medios, la política o las instituciones académicas (en este último caso con bastantes excepciones, dependiendo de la disciplina y lo cercana al poder que esté), todos ellos muy ligados entre sí, y dependientes del poder económico, desgraciadamente, el arte nos ha transmitido una imagen más ambigua ¿Quién no recuerda películas como Mad Max (1979), 1997: Rescate en Nueva York (1981) o Waterworld (1995)? Esta idea de un futuro lamentable por culpa de nuestros pecados presentes ha llegado, timidamente, al rock nacional de la mano de Robe Iniesta y su disco Destrozares. Canciones para el final de los tiempos.

¿Por qué digo “timidamente”? Porque dejando a un lado el título y una canción en concreto, el álbum no es demasiado colapsista. Para calificarlo de esa forma tenemos que escuchar la rueda de prensa de presentación del disco, en concreto el final, a partir de los 48 minutos y 35 segundos. Transcribo a continuación la rueda prensa desde ese instante:

Periodista: Robe a propósito de esto, el espíritu de este disco probablemente ya estaba en canciones como La vereda de la puerta de atrás ¿no? cuando cantabas “muere a todas horas gente dentro de mi televisor, quiero oír una canción que no hable de sandeces y que diga que nos sobra el amor” ¿no? Y bueno, que tiempos tan oscuros vivimos ¿no?
Robe: ¿Cómo? ¿lo último?
Periodista: Que digo que qué tiempos más oscuros vivimos un poco a propósito de la canción esta de Maldita humanidad
Robe: Sí, sí que vivimos tiempos oscuros y peligrosos y que además estamos todos un poco como en la nube ¿no? No sé, empiezas a ver como está la realidad del mundo en todos los aspectos y es increíble que de aquí a, no sé, cincuenta años, cien, la gente se preguntará quién eran esos tipos que vivieron en esta época que lo dejaron todo hecho una puta basura.
Periodista: Si queda alguien ¿no?
Robe: Si queda alguien, si queda alguien para decirlo, pero seguro que si queda alguien van a pensar eso, ¿cómo era esa sociedad de egoísta que lo único que quería era, el que venga después, que se apañe?, acabar con los recursos, dejar el planeta hecho una mierda, con un riesgo continuo de que desaparezca todo de repente, yo me imagino a esas generaciones, los nietos de nuestros nietos que dirán, que tipejos, que gentuza andaba por el mundo en el siglo XX – XXI, que gentuza ¿cómo dejaron esto así? Realmente lo estamos viendo ¿no? Estamos viendo que, de como era el mundo hace cincuenta años a como es hoy, a como, o sea, en cuanto se refiere al planeta y a la nueva época que hemos entrado que no me acuerdo como se llama, de que se empieza a ver ya la huella del hombre en el planeta... es terrible ¿no?, terrible.
Periodista: Otros artistas han cantado esto mismo con un sonido impresionante, Roger Waters lo hizo en Amused to Death del año 92 “Condenados a la extinción” ¿no? Y ahora Metallica el título de su disco también va por estos derroteros ¿no? ¿Te sientes en este espíritu del yo minoría absoluta? De que cada día somos un granito de arena y somos cada día más pequeños y no podemos hacer nada por cambiar el rumbo de las cosas.
Robe: No. No lo siento, no siento eso, siento que sí podemos cambiar el mundo, siento que lo podemos hacer, ¿que el disco esté un poco hasta los cojones? Puede ser. Y que haya letras... por eso hablo de mis carencias y de mis errores y de todo eso, pero sí que se puede cambiar el mundo, cambiando, hay que cambiarse cada uno mismo, no es decir “ a ver el señor tal, el señor presidente de tal sitio va a cambiar”, no, no, es cambiar dentro de cada uno, es que somos todos, yo no estoy diciendo que yo sea la hostia y los demás seáis malos, no, no, somos todos, y tenemos que cambiar la manera de pensar todos, y bueno, ya lo decía antes, yo no es que me esfuerce en hacer ahora un crítica o en hacer una llamada de atención son cosas que me salen quizás por lo que tengo alrededor, a veces tienes alrededor cosas muy feas, te tienes que tapar los ojos y meterte en cosas bonitas pero a veces no puedes, y quizás pues se refleja en las canciones lo que hay a tu alrededor y lo que tienes dentro.

Lo cierto es que el álbum es, en un cierto y extraño sentido optimista. Para empezar, habría que matizar que más que en una descripción de las razones que nos llevan al colapso, lo que se transmite es una respuesta emocional ante esa situación: ¿qué me hace sentir a mi eso? Es una cuestión de enorme interés y transcendencia porque nos está contando lo que siente una persona, el autor, que sí, es cierto, es sólo una persona, pero que tiene un reflejo en los consumidores que van a escuchar el disco, que conocen al autor y en parte pueden sentirse identificados con él. Por tanto, por muchas razones, debemos deducir que la visión del artista representa al menos en parte la de otras muchas personas, ya que en caso contrario no escucharían el disco.

Y el álbum tiene ese punto de optimismo porque lo que transmite es lo que yo denomino “el repliegue a la ciudadela interior”. Es decir, ante la visión de un mundo que nos es ajeno, hostil y que vemos precipitarse hacia todo aquello que más odiamos, incluido su propia destrucción, el individuo se repliega a su mundo interior, donde trata de encontrar la belleza, el sentido. Canciones que desarrollan de forma muy clara este tema son Hoy al mundo renuncio y Puta humanidad. Ambas canciones nos hablan de un entorno, social, hostil, del desprecio por la sociedad y el repliegue hacia el interior del individuo que en estos dos temas busca la redención en los sentimientos que le inspira el ser amado. Por citar unas estrofas del primero de los temas:

puede ser que esté cansado de mirar y no ver más que anuncios de mierda,
pero hoy al mundo renuncio, juro que hoy al mundo renuncio.
…...
Vivo siempre fuera de todas las reglas,
mi única bandera son sus bragas negras,




Vemos que hay una parte de rechazo del entorno social creado por la colectividad y una redención en aquello que todavía es salvable, que en este caso son las bragas del ser amado.

La única canción del álbum que es rotundamente colapsista es Cartas desde Gaia, en parte por su referencia a Gaia, la madre tierra, la naturaleza. En este tema el patrón es similar, repliegue a la ciudadela interior ante la hostilidad de la sociedad, pero aquí el elemento redentor no es el amor, es la belleza de un planeta libre de la interferencia humana, es la belleza de una Gaia con la que el autor puede entrar en conexión, es la madre libre del castigo de un hijo psicópata.

Hoy, hoy no pienso transigir,
no voy a dudar.
Hoy voy a dejarme fluir,
os vais a cagar.
Si un meteorito ayudara un poquito y barriera a la humanidad.
Si sólo quedara un microbio vivito, él pudiera recomenzar.
Del mar,
soñar
que hundiera algún velero.
Soñar,
que el mar
anega al mundo entero, el mundo entero, el mundo entero y soñar,




Robe nos habla sobre todo de sus sentimientos ante un mundo que se ha vuelto hostil. Se echa de menos un énfasis mayor en el deterioro medioambiental y el riesgo que ello supone para nuestro futuro, aunque por sus declaraciones parece ser muy consciente de esta cuestión. Pero el medio condiciona el mensaje, y predomina la parte emocional, que en el fondo lo que transmite es esperanza. Esperanza dado que nos queda la belleza del mundo, y nos queda el ser amado, y para amar es necesaria la confianza, o fe racional, en el ser amado y en la humanidad. Si un ser humano es capaz de amar, a otro ser humano o a la naturaleza, otros pueden sentir lo mismo, y por lo tanto hay esperanza, mientras individualmente seamos conscientes de los problemas y trepemos la escalera de la conciencia, una solución que olvida el trabajo colectivo y la colaboración, pero que sin duda es un ingrediente necesario para solucionar el problema.