En un reciente artículo describí la extrañeza
que me produjo la visita de la exposición “Auschwitz. No hace mucho. No muy
lejos” y que se pudo ver hasta febrero de este año en Madrid, y que en breve
podrá visitarse en Nueva York. La extrañeza proviene de estar contemplando con
mis propios ojos la puesta en práctica de una forma de pensar que llevábamos
tiempo analizando en el podcast Ampliando
el Debate, con la ayuda pensadores/divulgadores como David de H-E-F, Rugi
Carles o un servidor y generalmente tomando como referencia una serie de
autores que incluyen a Lewis Munford, Thomas Kuhn, Theodor Adorno, Max
Horkheimer, Jean-François Lyotard, Michel Foucault y un largo etcétera. De
forma poco rigurosa vamos a etiquetar a esta serie de autores como postmodernos. Me interesa bien poco que
en la actualidad la academia filosófica les atribuya o no esta etiqueta, más
adelante entenderéis las razones. La extrañeza sobre todo proviene de que esta
forma de pensar que pude ver plasmada en la exposición, estas ideas o
narrativas, siguen siendo comunes hoy en día, pese a la narrativa contraria ampliamente
aceptada de rechazo al holocausto judío. En consecuencia, desde mi punto de
vista, estaba contemplando una especie de extraño juego de engaño/alienación social
donde se niega de forma explícita lo que se afirma de forma implícita.
Deconstruyendo
Auschwitz: las raíces de nuestro afán destructivo, recibió entusiastas
alabanzas y críticas furibundas, algo que es normal, porque se trataba de un
tentativa apresurada y provocativa de generar una “tormenta de ideas” en torno
al paradigma sociocultural moderno,
es decir, el paradigma sociocultural en el que vivimos actualmente, y que desplazó
al anterior paradigma medieval allá por el siglo XV-XVI, y que, de forma
también poca rigurosa, identificamos alcanza una formulación explícita acabada
en los voceros de la Ilustración, esa
que siguen defendiendo todavía hoy, de forma también poco rigurosa, los
voceros del neoliberalismo.
Al hablar de paradigma sociocultural estamos
tomando prestado, en un contexto mucho más amplio, el término acuñado por
Thomas Kuhn en sus famosas obras La
revolución copernicana y La
estructura de las revoluciones científicas. Recordemos brevemente lo
esencial de los planteamientos del físico norteamericano.
A la concepción del desarrollo de la ciencia de
forma lineal, mediante pequeñas aportaciones que van suponiendo un avance, Kuhn
opone su concepción de los paradigmas, que evolucionan a través de revoluciones
científicas. En concreto, existiría un periodo de ciencia normal durante el cual se van resolviendo enigmas que deja
abierto el paradigma, al que seguiría una revolución
científica, en el que se plantean nuevos paradigmas para resolver las
anomalías, o enigmas persistentes, que se han ido acumulando en el periodo de ciencia
normal. El paradigma, define el campo de investigación, los conceptos
fundamentales, los modelos teóricos y la metodología utilizada, y requiere la
aceptación de la comunidad científica pertinente. Situarse en paradigmas
distintos implica que se tienen distintos problemas que resolver, e incluso una
concepción distinta de la disciplina científica en la que se trabaja, además de
diferencias conceptuales ligadas a diferencias en el lenguaje teórico.
Así pues, podemos ver el paradigma como un
conjunto de proposiciones que guían la investigación, y dentro del cual deben
encajar, en el sentido de que deben ser compatibles con él, los resultados y
teorías científicas que se van desarrollando. Es interesante señalar que los
paradigmas son inconmensurables, no se puede evaluar con una medida común.
Pasar de un paradigma a otro implica un cambio global de la percepción y de la
producción de significado, lo cual excede ampliamente la lógica. Kuhn documentó
este proceso para el paso de la física ptolemaica a la newtoniana.
A
mediados de marzo envié un artículo al blog “Revista 15-15-15” con un texto que
continuaba la interesante discusión iniciada por Emilio Santiago
Muiño en el mismo foro. Debido a los problemas de salud de uno de los editores,
la publicación del artículo empezó a demorarse, por lo que opté por publicarlo en el blog de
Autonomía y Bienvivir, donde salió a mediados de abril. Una semana después de
la aparición de este artículo apareció en el blog “Revista 15-15-15” una réplica de Pedro Prieto y otra
de Carlos de Castro, publicadas una detrás de otra en un mismo post en dicho
foro. Me sorprendió la rapidez de la publicación de esta respuesta a mi
artículo, en comparación con la lentitud (comprensible) del proceso de
publicación de mi artículo original. Entendí algo mejor esta falta de
imparcialidad editora al observar que los autores de la réplica son miembros
del consejo de redacción de la “revista” y, además, los principales contribuidores
a dicha “revista” con 13 y 11 artículos publicados en la misma,
respectivamente.
En
la mayoría de revistas científicas o profesionales los miembros del consejo
de redacción hacen funciones de asesoría editorial, orientación de la línea
editorial de la revista, promoción de la misma, revisión de artículos externos,
planificación y gestión. Hay algunas que permiten publicar en la revista a los
miembros del consejo de redacción, pero suelen exigir en esos casos que se
respete un sistema de doble anonimato, para que los otros miembros del consejo de
redacción o los revisores puedan evaluar la calidad del artículo sin conocer
que el autor es un colega de la misma redacción; y suelen limitar el número de
artículos escritos por miembros del consejo de redacción a un porcentaje del
orden del 20% del total de artículos de la revista.
Cuando
no se respetan esas políticas editoriales de calidad e imparcialidad ante los
artículos recibidos, el foro no se suele llamar “revista”; hay otras
calificaciones más apropiadas como “blog”, “foro de discusión”, “revista de la asociación
X”, “grupo de presión” o “lobby” X, etc. Por eso he empezado denominando “blog”
a la llamada “Revista 15-15-15”. No tengo nada contra los blogs, todo lo
contrario, pero creo que no hay que confundir a la gente. Un foro digital donde
los editores no sólo filtran los contenidos y la rapidez con la que aparecen, sino
que ellos mismos publican sus propios artículos cuando quieren no es una
revista; es un blog.
Pero
volviendo al tema que nos trae, la respuesta de Pedro Prieto me parece
mesurada, respetuosa y defendible. Él adopta en algunos casos perspectivas
diferentes a las que yo adopto, y ambas posturas pueden ser defendidas y
beneficiar al lector; por ello, no voy a añadir nada a sus comentarios. Por el
contrario, la respuesta de Carlos de Castro me parece que no tiene
prácticamente ninguna relación con lo que yo estoy argumentando o, si la tiene,
denota una comprensión nula de cómo se producen los consensos científicos.
Como
muchas personas, incluidas algunos científicos, no entienden cómo se generan
los consensos colectivos que llamamos “verdades científicas”, creo que puede
ser útil resumir aquí el libro Ciencia en
acción, del prestigioso sociólogo de la ciencia Bruno Latour. En ese libro,
Latour analiza empíricamente cómo se generan tales acuerdos colectivos. El
lector interesado puede encontrar también información útil en el resumen de la sociología del conocimiento, y de la sociología del conocimiento
científico
contemporáneo que publicamos en otro lugar.
La diferencia entre ciencia en construcción
versus ciencia establecida
Latour
nota que hay en realidad dos ciencias, o fases cualitativamente diferentes del
proceso científico, y que se dicen cosas diferentes en cada fase. Las dos fases
son: la ciencia ya sistematizada y la ciencia que crea nuevos constructos
teóricos. La distinción procede de Reichenbach, quien denominó a las dos fases contexto de justificación y contexto de descubrimiento,
respectivamente.
Mientras
que la Filosofía clásica de las ciencias se dedicó tradicionalmente a
preguntarse qué rasgos de la ciencia, una vez sistematizada, la hacen tan
diferente (y poderosa), Latour y otros sociólogos de la ciencia creen que es
más fructífero preguntarse cómo construye la ciencia su conocimiento y su poder,
y cómo una controversia científica se
convierte en una verdad científica.
Las movilizaciones colectivas son reconocidas
en ciencias políticas como claves para el cambio estructural en los sistemas
político-sociales. Pero las precondiciones, los mecanismos precipitantes y los
eventos disparadores de las movilizaciones no son bien entendidos. Por ello, la
mayoría de las revueltas sociales ylevantamientos revolucionarios como la Revolución Francesa, no pudieron
ser predichos por ningún observador, ni siquiera unos pocos años antes. La
naturaleza de agentes reflexivos que tenemos los humanos (principales
componentes de las sociedades, junto a artefactos y técnicas), provoca fuertes
retroacciones auto-amplificadoras (y también inhibidoras) entre los componentes
de una sociedad, lo cual provoca inestabilidad dinámica e impredictibilidad del
comportamiento colectivo. Sin embargo, la investigación sociológica ha
identificado algunos de los factores que facilitan las movilizaciones e
incrementan la probabilidad de la acción colectiva, y discutirlos puede tener
interés si buscamos presionar hacia una transición desde el actual sistema
económico insostenible a otro post-capitalista y sostenible.
Las revoluciones
Una de las
definiciones más aceptadas de las revoluciones fue dada por Skocpol (1979):
“transformaciones básicas y rápidas del estado y las estructuras de clase de
una sociedad acompañadas y en parte llevadas a cabo por revueltas desde abajo
basadas en la clase social”. Esta definición ignoraba factores influyentes como
la aparición deideologías
revolucionarias, la agencia consciente, las culturas, las bases étnicas y
religiosas de las movilizaciones, los conflictos dentro de la élite y la
posibilidad de coaliciones multiclase. Como algunos de estos factores habían
sido analizados en la teoría de los movimientos sociales, estos estudios fueron
incorporados al análisis y algunos autores propusieron una definición más
amplia de revolución: “un esfuerzo por transformar las instituciones políticas
y las justificaciones de la autoridad política en una sociedad, acompañado por
una movilización masiva formal o informal y acciones no institucionalizadas que
socavan las autoridades existentes” (Goldstone, 2001). Cuando transforman solamente
las instituciones del estado, son llamadas revoluciones políticas. Cuando,
además de las instituciones políticas, transforman las estructuras económicas y
sociales, son denominadas “grandes revoluciones” (v.g. la Revolución Francesa
de 1789). Las revoluciones que incluyen revueltas autónomas de clase baja son
denominadas “revoluciones sociales” (Skocpol 1979); reformas radicales
lideradas por élites que controlan la movilización de las masas a veces se
llaman revoluciones de elite o “revoluciones desde arriba”. Los movimientos de
resistencia u oposición que no tratan de tomar el poder (v.g. protestas
campesinas o de trabajadores) o se localizan en una región particular o un
sub-grupo social, se suelen llamar “rebeliones” (si son violentas) o “protestas”
(si son predominantemente pacíficas).
Huntington (1968) señaló que las
grandes revoluciones muestran dos patrones distintos de movilización y
desarrollo. Si las elites militares y la mayoría de las otras élites
inicialmente apoyan activamente al gobierno, la movilización popular debe
realizarse desde una base segura, a menudo remota. En el curso de una guerra de
guerrillas o una guerra civil en la que los líderes revolucionarios extienden
gradualmente su control sobre el territorio, necesitan desarrollar el apoyo
popular mientras esperan a que el régimen sea debilitado por eventos, tales
como derrotas militares, crisis de la identidad nacional, una mala
planificación de su propia actividad represiva, su propia división o
corrupción, o la desaparición del apoyo extranjero al gobierno. Si el régimen
sufre deserciones en sus élites o en sus militares, el movimiento
revolucionario puede avanzar o iniciar insurrecciones urbanas y apoderarse de
la capital nacional. Revoluciones de este tipo, que pueden llamarse
“revoluciones periféricas” tuvieron lugar en Cuba, Vietnam, Nicaragua, Zaire,
Afganistán y Mozambique.
El otro día sufrí una pequeña
conmoción. Un amigo compartió en un grupo de whatsapp un archivo de audio,
extraido de un programa que era para mí desconocido, en el que se comentaba la
controvertida huelga del taxi en protesta por la irrupción de los VTC,
encabezados por Uber y Cabify.
Preguntando descubrí que el
programa en cuestión es Hoy por hoy de la
cadena Ser. En él se cuenta todo lo que ya es muy conocido: el incremento
exponencial del numero de licencias VTC, el intento por parte de estas
empresas, como ya ha ocurrido en ciudades como San Francisco, de asfixiar a los
taxistas, para luego, una vez son dominantes, subir los precios, la precariedad
de los trabajadores, que son falsos autónomos y que son explotados en jornadas
maratonianas por empresas que apenas tienen capital físico, coches,
instalaciones y la declaración de los beneficios en paraísos fiscales, de forma
que no se paguen apenas impuestos donde se desarrolla la actividad. El drama
de las ciudades y países que sufren estos cambios es que se pierden salarios,
condiciones laborales e impuestos.
La conmoción fue para mí ser
consciente de que se había declarado una guerra por el negocio del transporte
urbano con conductor. La noticia era primera plana en los medios, pero estos no
reflejaban el punto de vista que a mi juicio, pero de forma bastante clara,
representaba el bien común. No teníamos voz, y con ella el sentido común dejaba
de estar presente.
Como ya indicamos en otros dos
artículos, uno mío ¿Puede
la economía colaborativa cambiar el mundo? y otro de mi compañero Jesús
Martín ¿Economía
colaborativa? Sí, pero desde el cooperativismo, la solución a los problemas
que veíamos aparecer en el horizonte y que explotaron hace semanas con la huelga
del taxi, es el cooperativismo de plataforma, un modelo justo para los
trabajadores que nos permite disfrutar de las ventajas que ofrecen estas
soluciones tecnológias.
¿Qué ventajas son esas? En mi
anterior artículo daba un ejemplo bastante impresionante
Ante la grave situación
de deterioro social y económico que vive nuestro país, con aumento
alarmante de la exclusión social, cabe preguntarse ¿se debe el
citado deterioro a la escasez de recursos naturales, en particular de
tipo energético? ¿o bien hay factores económico-sociales detrás
de la alarmante situación?
Para responder a esa
pregunta he creído conveniente revisar los datos de producción
agregados de la sociedad global, en términos físicos (toneladas o
unidades producidas) sin tener en consideración el valor monetario,
dada su evidente ambigüedad. He buscado datos de producción de
bienes básicos, comida, materiales de construcción y manufacturas
cuya importancia social es vital, los resultados, bastante
impresionantes, son los siguientes:
“Un
juego como éste tendría que estar en todas las casas, escuelas y en los
despachos donde se toman grandes decisiones. Recomiendo una partidita a todos
aquellos que se dedican a la virtuosa tarea de educar, aprender y crecer.
Gracias.”
Silvia (Madrid)
“Me ha
gustado porque nos ayuda a entender nuestras necesidades”, 14 años, estudiante de Secundaria.
“Te
abre los ojos respecto a cosas que tenías preconcebidas como buenas o malas”, estudiante enfermería, Universidad de
Cantabria.
“Hemos
trabajado en equipo, nos hemos reído, compartido opiniones. Es muy beneficioso
para nuestras vidas en lo personal.”,
alumna de Secundaria, IES Vega de Toranzo
“Es muy
divertido y plantea cuestiones indispensables para comprender el mundo;
mientras se lo pasan bien un rato, les ayudamos a buscar formas de mejorarlo.”,
tutora
Secundaria IES José Hierro.
“Tiene
un buen diseño, es fácil de entender, rápido, entretenido y te quedas con ganas
de más”,
jugón, Asociación Trenti.
“Es
muy completo: formación, valores, cooperación, diálogo, reflexión y diversión.
Llegar a la reflexión por sus propios medios”, tutora Secundaria, IES La Granja
Llevaba esperando unas semanas para jugar
a “Menos es Max”,
cuando, hace diez días pude ya, finalmente, echar una partida con Belén y
Carmen de la asociación “A Volar” y principales creadoras de este maravilloso
juego. Puedo decir que fue increíble. Superaron todas mis expectativas sobre
las ya altas perspectivas que tenía del juego. Puede ser una provocación
semejante título, pero en este artículo, aparte de mostrar las dinámicas y
filosofía de este juego, justificaré tal predicción que podría resumir así:
"Un sorprendente y fascinante juego para sentir, entender y experimentar la economía en la vida y la vida en la economía."
Y de vida y economía que impregnan
nuestras decisiones y pensamientos diarios es de lo que trata el juego. Si los
modelos económicos que vivimos están amenazando nuestra vida a través de las
cada vez más numerosas crisis personales, sociales y ambientales, el nuevo
marco planteado en el juego, el de las necesidades humanas,
restablece el equilibrio poniendo la vida por encima de la economía.
El juego está basado en una economía por
el Bien Común y en el libro “Economía a
escala humana” de Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn,
descargable gratuitamente aquí y considerado por la Universidad de
Cambridge como uno de los 50 libros más importantes en materia de
sostenibilidad. Además, esta iniciativa inspiradora de crear el juego a través
de las ideas de la economía a escala humana, ha llevado a este a ganar el premio nacional “Humanidad y Medio” de Camargo en la categoría de
sostenibilidad.
Son mucho los adjetivos que se pueden
poner al juego: divertido,
transformativo, educativo, entretenido, reflexivo, estratégico, familiar,
interactivo…y por todo ello no sólo es recomendado para niños (a partir de
10 años) y jóvenes sino para familias y adultos. De este modo tan lúdico y estimulante, a través del juego,
estamos haciendo una llamada a la
creatividad, a la innovación o a la transformación para que pueda emerger
más rápidamente ese nuevo paradigma que aquí llamamos bienvivir.
El activismo
vegano nos irrita y saca de nuestras casillas, nos interpela desde
una posición moral, y eso es desagradable. Nadie quiere estar en el
lado incorrecto de la moralidad, pero ¿podemos resistirnos? El
veganismo es un ejemplo de cambio social que dinamita todos los
prejuicios y frenos al cambio que hemos heredado de la tradición
intelectual de la izquierda.
Quizás lo
mejor sea empezar por el principio. El veganismo es una postura moral
o ética, que rechaza la explotación de los animales por el ser
humano. Como cualquier postura, debe definir sus límites.
Explotación es ser usado con una finalidad (alimentarse, divertirse,
vestirse, etc). Y el límite se pone en el animal, y no en el
vegetal, porque el animal tiene un sistema nervioso central.
Cada cual
puede juzgar acerca de esos límites, arbitrarios al fin y al cabo,
pero lo que yo quiero recalcar es que las posturas morales tienen
unas consecuencias determinadas. Si estamos en contra de la
explotación animal no vamos a atender a matices, estamos en contra
de cualquier tipo de explotación, desde la más brutal, como el
“toro de la Vega” de Tordesillas, que supone torturar un animal
para pasar el rato, hasta la más “respetuosa”, que podría ser
criar un animal mirando todo lo posible por su bienestar para
sacrificarlo y consumir su carne. El veganismo no admite matices, sus
límites están claramente definidos en el concepto de “explotación
animal”, es decir, nos sitúa en una posición absoluta, o estás
en sus límites o estás fuera, y si estás fuera no haces lo
correcto. Es normal que dicha postura soliviante a los comedores de
carne, entre los que me incluyo, aunque la carne no forme parte de mis hábitos alimenticios.
Debo
confesar que este punto de partida no me parece el más adecuado para
lidiar con los problemas humanos. Toda postura moral nos sitúa en
una verdad absoluta, pero el ser humano es adaptativo, la actuación
más adecuada depende siempre del entorno, y además somos
subjetivos. La verdad o la objetividad no existen.
Dicho esto,
conviene ser realista y reconocer que consumir carne es muy
ineficiente. El ganado es alimentado con cereales y legumbres,
perdiéndose el 90% de las calorías y las proteínas en el proceso.
Es mucho más eficiente que el ser humano consuma directamente esas
calorias y esas proteínas vegetales. En España hasta hace no mucho
tiempo la mayor parte de la población obtenía sus proteínas de
vegetales (judías, garbanzos y lentejas, y en menor medida de frutos
secos como almendras, nueces y avellanas). El consumo promedio era de
dieciséis kilogramos al año de legumbres frente a los tres
kilogramos que se consumen actualmente. Una dieta para maximizar la
extensión de la vida y la salud del individuo debería estar en
torno a veinticuatro kilogramos al año (dependiendo de la estatura y
sexo del individuo, evidentemente), según las últimas evidenciascientíficas que han sido sintetizadas por Valter Longo.
Sin embargo,
esta dieta saludable ha sido demolida por una industria de laalimentación, que lo que busca es maximizar su beneficio. Nos han
creado la necesidad de comer carne y dejar de lado las legumbres
porque es lo que le ha interesado a cuatro magnates que gracias a
estos hábitos insalubres han conseguido expulsar del mercado a los
pequeños productores y llenarse cada vez más los bolsillos.
Repasamos
las evidencias que muestran que el consumo habitual de carne limita
la extensión potencial de la vida humana
Si es por tu salud, mejor 365 días sin carne que uno solo
Permítaseme
comenzar este artículo con una digresión. La alimentación,
entendida esta con cierta amplitud como la producción,
transformación, distribución y consumo de alimentos, es a mi juicio
un campo de batalla crucial que marcará tendencias clave para el
futuro de nuestra sociedad. Aquí confluyen cuestiones esenciales
como la salud, que será el objeto principal de este artículo, la
sostenibilidad, por
el enorme impacto ambiental de la producción de alimentos sobre el
planeta, que ha llevado a la humanidad a una zona de riesgo, y
por último la posibilidad de un nuevo sistema económico, más
inclusivo. Dado que las alternativas (como la permacultura) que se
plantean al modelo tecno-industrial hegemónico implican una
producción de alimentos distribuida, difícil de concentrar en pocas
manos al no existir economías de escala ni patentes, además de una
distribución sin intermediarios, de productor a consumidor, no es
exagerado hablar de la posibilidad de otro modelo económico.
Pero
no hay que olvidar otra cuestión relacionada con la alimentación,
de enorme importancia, la ética, evitar el sufrimiento innecesario
al resto de organismos con los que convivimos en la biosfera.
Hacernos daño a nosotros mismos mientras causamos sufrimiento a
otros organismos es redoblar la estupidez de nuestro comportamiento.
La
alimentación es también un epítome de cómo funcionan los sistemas
sociales jerárquicos, dado que el sistema de producción y procesado
de los alimentos, concentrado en pocas manos con un gran poder, ha
conseguido modificar de forma sustancial nuestros hábitos de
alimentación. Es también un ejemplo de como
la tecnología cambia nuestro comportamiento. Así, la
posibilidad que nos dio la tecnología de producir y procesar una
gran cantidad de alimentos con poca mano de obra ha condicionado que
incorporemos de forma masiva ese tipo de alimentos procesados
totalmente insanos a nuestra alimentación. Lo explica muy bien el
nutricionista Aitor Sánchez en
esta entrevista:
Si
les dices a las familias que los niños no pueden tomar cereales, te
responden: ¿Entonces qué desayunan? O les dices que no pongan
embutido en el bocadillo y te contestan: ¿Y entonces qué le pongo?
O que no les den papilla cuando el niño tenga 6 u 8 meses, y la
respuesta: ¿Pero y entonces qué le doy? Nos han creado un
constructo social según el cual HAY QUE desayunar galletas, los
bocatas TIENEN QUE ser de embutido y los niños TIENEN QUE tomar
papilla. Pero, ¿qué se tomaba antes de que existieran las papillas?
¿Qué tomaba Marie Curie, Aristóteles, Platón...? Comida. Y ya
está. No es tan complicado el ser humano. Nos han vendido que los
niños necesitan unos requerimientos hiperóptimos, pero no. Los
niños, de toda la vida, han comido comida machacada. Una zanahoria o
una patata o unos garbanzos machacados. Y ahora parece que tienes que
ir a la farmacia a por el Blevit+ de 6 meses.
Una
dieta agradable, sencilla y que nos permite vivir más tiempo y de
más calidad mientras reducimos nuestro impacto sobre el planeta ¿Es
posible? Sí, y está avalada por la ciencia, pero no todo es
mantener un peso adecuado, también hay que comer pocas proteínas.
Comer
bien, cuidando tu salud y reduciendo de forma muy notable tu impacto
sobre la biosfera es posible siguiendo “La dieta de la longevidad”
del investigador Valter Longo, el “gurú” de la larga vida.
Hace
ya algún tiempo que empresas como Barilla, dedicadas a la
fabricación de alimentos procesados a partir de la harina de trigo (sí, el pan, la pasta y el arroz no tienen que estar en la parte ancha de la pirámide, solo por encima de los vegetales),
señalaron la coincidencia entre la pirámide nutricional saludable y
la de los alimentos sostenibles.
Sin
embargo, las recomendaciones basadas en la pirámide de la
alimentación pueden inducir a error. Además de contener algún
gazapo, no transmiten los enormes beneficios de seguir una dieta
sostenible: reducir la incidencia del cáncer y de las enfermedades
cardiovasculares, neurodegenerativas (como al Alzheimer) y
autoinmunes.
No
se trata sólo de ingerir las calorías adecuadas y mantener un peso
y un perímetro abdominal saludable, lo que sin duda es importante,
también importa cómo ingerimos esas calorias, por lo que algo adecuado a corto plazo para mantener un peso óptimo, puede no serlo
para mantener la salud a largo plazo. Como señala Longo:
Una
alimentación con bajo contenido de proteínas, similar a la que
siguen los centenarios de Molochio, se asocia a una incidencia menor
de tumores y, en general, a una vida más larga.
“Lo que importa es la caja
de herramientas mentales con las que, por las que, y a través de las que
experimentamos e interpretamos el mundo.” E. F. Schumacher
“El
universo es turbulento, caótico, dinámico… se reorganiza y evoluciona; crea
diversidad, no uniformidad. Esto es lo que hace a nuestro mundo interesante, lo
que lo hace bello, lo que permite que siga su marcha.”Donella Meadows
“Ver
diferente es vivir diferentemente, y vivir diferentemente es la clave para
evitar esta crisis medioambiental.” Leslie Davenport
Continuando
el anterior artículo “Dos mujeres extraordinarias con dos herramientas necesarias para la regeneración y el bienvivir”, daremos paso a otra mujer extraordinaria, la economista
Kate Raworth, promotora de la economía rosquilla o economía del “doughnut”. (Parece ser que la palabra “donut” tan
utilizada para designar ese bollo redondo con agujero es una marca registrada
en España, no así en inglés, por ello, se ha traducido el libro como economía
rosquilla.)
Este
libro llega a su versión española diez meses después de su arranque triunfal en
el mundo anglosajón y es, sin lugar a duda, uno de esos libros del bienvivir para 2018. Aún diría algo más, lo incluiría directamente en
un selecto grupo de libros del bienvivir de este siglo XXI, o bien, como alguno
de los elogios que he oído y con los cuales me identifico totalmente:
“Este
es realmente el libro que todos hemos estado esperando. Kate Raworth nos
proporciona el antídoto a la economía neoliberal con su visión radical y ambiciosa
de una economía al servicio de la vida. Dado el estado actual del mundo,
necesitamos la Economía Rosquilla ahora más que nunca.” L. Hunter Lovins
Al
igual que comenté en el anterior artículo sobre el libro de Naomi Klein, es imposible hacer que la parte sea
el todo, es decir, mi análisis y reflexiones no harían justicia a la amena
experiencia de leer completamente el libro. Como decía André Maurois, “La
lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el
alma contesta.”, de este modo, al leer el libro, este nos hablará y se manifestará diferentemente en cada uno
de nosotros, pero lo que sí será
igual para todos es que no nos
dejará indiferente ante esa nueva brújula que nos muestra.
Fuente: Raworth, K. (2018) Economía rosquilla: 7 maneras de pensar la economía del siglo XXI, Ediciones Paidós
¿Cómo podremos volver a echar
nuestra mirada hacia atrás después de haber contemplado ese espléndido paisaje?
“Echemos otro vistazo a
ese puntito. Ahí está. Es nuestro hogar. Somos nosotros. Sobre él ha
transcurrido y transcurre la vida de todas las personas a las que queremos, la
gente que conocemos o de la que hemos oído hablar y, en definitiva, de todo
aquel que ha existido. En ella conviven nuestra alegría y nuestro sufrimiento,
miles de religiones, ideologías y doctrinas económicas, cazadores y
forrajeadores, héroes y cobardes, creadores y destructores de civilización,
reyes y campesinos, jóvenes parejas de enamorados, madres y padres,
esperanzadores infantes, inventores y exploradores, profesores de ética,
políticos corruptos, superstars, «líderes supremos», santos y pecadores de toda
la historia de nuestra especie han vivido ahí... sobre una mota de polvo suspendida
en un haz de luz solar.
La Tierra constituye sólo
una pequeña fase en medio de la vasta arena cósmica. Pensemos en los ríos de
sangre derramada por tantos generales y emperadores con el único fin de
convertirse, tras alcanzar el triunfo y la gloria, en dueños momentáneos de una
fracción del puntito. Pensemos en las interminables crueldades infligidas por
los habitantes de un rincón de ese pixel a los moradores de algún otro rincón,
en tantos malentendidos, en la avidez por matarse unos a otros, en el fervor de
sus odios.
Nuestros posicionamientos,
la importancia que nos auto atribuimos, nuestra errónea creencia de que
ocupamos una posición privilegiada en el universo son puestos en tela de juicio
por ese pequeño punto de pálida luz. Nuestro planeta no es más que una
solitaria mota de polvo en la gran envoltura de la oscuridad cósmica. Y en
nuestra oscuridad, en medio de esa inmensidad, no hay ningún indicio de que
vaya a llegar ayuda de algún lugar capaz de salvarnos de nosotros mismos.
La Tierra es el único
mundo hasta hoy conocido que alberga vida. No existe otro lugar adonde pueda
emigrar nuestra especie, al menos en un futuro próximo. Sí es posible visitar
otros mundos, pero no lo es establecernos en ellos. Nos guste o no, la Tierra
es por el momento nuestro único hábitat.
Se ha dicho en ocasiones
que la astronomía es una experiencia humillante y que imprime carácter. Quizá
no haya mejor demostración de la locura de la vanidad humana que esa imagen a
distancia de nuestro minúsculo mundo. En mi opinión, subraya nuestra
responsabilidad en cuanto a que debemos tratarnos mejor unos a otros, y
preservar y amar nuestro punto azul pálido, el único hogar que conocemos.”
Carl Sagan (“Un punto azul pálido”)
Esta
extensa cita que dejó escrita Carl Sagan y que posiblemente nos haya hecho sentir y pensar sobre
nuestra vida, nuestra sociedad y nuestro planeta, es la antesala a un tercer
paso, también importante, para una plena toma de conciencia de nuestro lugar en
el mundo, experimentarlo. Einstein
decía que la única fuente de
conocimiento era la experiencia y una de las propuestas de este artículo es
llevar a la experiencia personal esas sensaciones y pensamientos que nos ha transmitido
Sagan con su reflexivo párrafo. La segunda propuesta es llevar esa experiencia
a un nivel colectivo y para ello propongo desarrollarla como una posible actividad
educativa y familiar a conveniencia del facilitador. A mi parecer, esta
actividad encajaría perfectamente en la semana de la ciencia que se suele
celebrar en diferentes localidades y países alrededor del 11 de noviembre, día mundial de la ciencia para la paz y el desarrollo.
Un
viaje de mil kilómetros comienza con un paso
Hace
unos días, coincidiendo con la semana de la ciencia, asistí a diversas
actividades y en concreto una de ellas “Como
descubrir a los mamíferos de nuestro entorno” ha sido el detonante de este
artículo. Esta actividad familiar se
desarrolló en el paisaje protegido de Elía y consistía en un pequeño paseo para descubrir huellas,
rastros y señales de diferentes mamíferos como el
jabalí, el gato montés, el zorro etc. Durante el pequeño paseo me vinieron a la
memoria dos actividades parecidas y también realizadas en familia que
experimenté cuando vivía en el Reino Unido. Una era sobre una caminata con un
experto en forrajeo, búsqueda de plantas y recursos comestibles en la
naturaleza. Durante ese paseo nos enseñó distintas plantas, su uso comestible o
su posible uso medicinal. A lo largo del camino se probaron varias plantas y
finalizó, para disfrute de los niños, en un claro del bosque con un pequeño
fuego para cocinar un rebozado de dientes de león. La otra actividad llamada en
inglés “Deep Time Walk” (Paseo del Tiempo Profundo o Geológico) consistía
en un recorrido o caminata a escala a través de la historia geológica y biológica
de la Tierra. Será de esta última actividad sobre la que tratará todo el
artículo.
“Deep
Time Walk”. Un paseo a través de la eternidad
Stephan
Harding, coordinador y profesor en el Master de Ciencia Holística del
Schumacher College, es el creador de este paseo a través del tiempo. En él se
trata de experimentar en nuestro cuerpo los 4600 millones de años de este planeta, este punto
azul pálido que cita Carl Sagan. Como dice Harding, este es un número
grandísimo que cuando se lo damos a los estudiantes apenas pueden imaginarlo
porque quizás no tengan puntos de referencia sobre su magnitud y perspectiva.
Lo que hace él y se suele hacer en los cursos del Schumacher College es caminar
esa distancia, es decir, los 4600 millones de años temporales de la Tierra se
convierten en 4,6 km espaciales. Por lo tanto, por cada metro que avanzamos
vendría a equivaler al transcurso temporal de 1 millón de años.
"Largas
partes de la caminata son silenciosas, como la vasta historia de nuestro
planeta esperando una narración. Justo en el último paso, Stephan saca una
cinta métrica: la civilización humana. Y en los últimos centímetros diminutos,
la sociedad industrial moderna y todas nuestras innovaciones, hambre e
impactos. Cuando vemos y sentimos la historia en esta escala, no podemos
hacernos a un lado, es una experiencia profunda.” Chris
Nichols
Ese
final es apoteósico, es un clímax indescriptible, te hace realmente
empequeñecer. Después de hacer todo el recorrido con sus pertinentes hitos
geológicos y biológicos explicados tan pasionalmente por Harding se llega a ese
momento donde saca la cinta métrica del bolsillo. Como un mago con su varita que
nos han entretenido a lo largo de un maravilloso espectáculo, va a mostrarnos
su truco final, el que nos va a dejar la boca abierta y salir de esta
experiencia perplejos y con un gran asombro. Señala esos últimos 20 cm.
(200.000 años) con la aparición del homo sapiens…señala 1,3 cm la última edad
de hielo...señala 0,2 mm, comienzo de la revolución industrial… Esa larga caminata que nos ha llevado tanto
tiempo con toda la historia geológica y biológica de la Tierra llega a ese
pequeño punto negro, menor que un diezmilímetro. Son los últimos años del siglo
XX y primeros de XXI, donde la humanidad está creando la sexta extinción,
cambiando las condiciones climáticas y alterando la vida y geología del
planeta. Es realmente un choque profundo
de conciencia. Uno no se puede imaginar haber recorrido esa “eternidad en
tiempo humano” de la Tierra para llegar a ese minúsculo punto negro donde
transcurre nuestra vida presente. Ahora estamos en ese diminuto trazo y ya muy cerca,
a una micra de distancia, para transformarlo profunda y rápidamente hacia algo
catastrófico a nivel humano o quizás revertir la inercia de ese proceso.
Este
es un video corto (en inglés) donde Harding explica su “Deep Walk Time”.
Atención especial al momento cumbre, al final del video, cuando nos muestra
esos últimos milímetros de nuestra estancia en la Tierra.
Aquí otra experiencia del "Deep Walk Time" con este otro video corto.
Otros
dos efectivos pasos que nos cuesta experimentar a los humanos
“La extinción de la raza
humana llegará por su incapacidad para comprender emocionalmente la función
exponencial” Edward Teller
También
Albert Bartlett, profesor emérito de física de la universidad de Colorado,
decía que el mayor defecto de la especie humana era nuestra incapacidad para
comprender la función exponencial. Desde una perspectiva de nuestra lógica
humana nos cuesta entender esta función matemática. Un ejemplo clásico es el
problema de los nenúfares en el estanque.
“Supongamos que en un
estanque hay un nenúfar que se multiplica al ritmo de dos por uno cada día: si
el lunes hay un nenúfar, el martes serán dos. Conforme a ese ritmo, sabemos que
el estanque estará repleto de nenúfares al cabo de 30 días. ¿En cuál de esos 30
días el estanque estará ocupado en su mitad por nenúfares? Aunque un
razonamiento precipitado invita a responder que el día 15, la respuesta
correcta es el día 29: ese día la mitad del estanque se hallará cubierta de
nenúfares, de tal suerte que al multiplicarse éstos por dos la jornada
siguiente los nenúfares cubrirán toda la superficie. El día 28 los nenúfares
ocuparán una cuarta parte del estanque, el 27 una octava parte y el 26 un
dieciseisavo.” Carlos Taibo (“En defensa
del decrecimiento”)
Esta
metáfora es explicada por Carlos Taibo para mostrarnos la problemática central
de los límites del crecimiento y de los recursos con los que el planeta cuenta.
Así cuando estamos en el día 26, a sólo 4 días de rebosar el estanque, vemos
que sólo ocupa una dieciseisava parte y la mayor parte del estanque (15/16)
está limpio. A primera vista parece que no existe ningún problema, sin embargo,
estamos sólo a 4 días de su rebosamiento.
Por
otra parte, en un artículo que escribí hace tiempo, hacía mención al efecto perspectiva (overview effect) que experimentaban los astronautas al
observar la Tierra desde el espacio. Según cuentan muchos astronautas, esta es
una experiencia que les ha cambiado profundamente. Como decía Yuri Gagarin, la
primera persona en viajar al espacio:
“En cuanto ves a la Tierra
desde lejos, te das cuenta de que es demasiando pequeña para el conflicto, pero
suficientemente grande para la cooperación.”
No
es posible que todos volemos hacia el espacio para experimentarlo. Quizás se
pueda hacer algo a nivel de realidad virtual. Fred Hoyle, anteriormente al
primer vuelo espacial, predijo que cuando tomáramos la primera imagen de la
Tierra desde el espacio exterior, habría nacido una nueva y poderosa idea para
la historia de la humanidad. Tenemos ya esas imágenes maravillosas y en cierto
sentido si se está tomando conciencia y está expandiéndose entre la gente, pero
aún queda mucho trabajo para una toma de conciencia global.
Si
no somos capaces de entender o sentir lo que es la función exponencial, si no
podemos volar al espacio para transformar nuestra visión sobre la Tierra, ¿qué podemos hacer para transformar
nuestra conciencia con la Tierra? Del mismo modo que un acto de empatía es
percibir lo que otra persona puede sentir y muchas veces hemos escuchado la
metáfora “ponerse los zapatos de otro”
para poder empatizar, ¿Por qué no ponerse los zapatos de la historia de la
Tierra? No es sólo ponerse los zapatos de la Tierra sino ponernos nuestros
propios zapatos porque nosotros vamos en ese mismo viaje y somos fruto de él.
Lo
que es un poco más claro es que una caminata a través del tiempo es mucho más
factible y sencillo para un mayor número de personas que entender la función
exponencial o viajar al espacio. En ese paseo también se experimentará un
“efecto perspectiva”, aunque este no será tanto a través de la vista como a
través del cuerpo. Caminar esa
distancia, sentirlo mayormente a través de nuestras piernas y llegar a esos
últimos milímetros en los que ya no podemos físicamente dar pasos es una
experiencia profunda que puede alterar nuestra conciencia como seres humanos de
este planeta.
En cierto sentido, tras ese paseo propuesto por Harding hay
una experiencia emocional para comprender lo que es la vida y dentro de ella lo
que es la vida humana. Si podemos
comprender a nivel intelectual esa magnitud de tiempo, y lo experimentamos a
nivel emocional, no me cabe duda de que estamos ante una toma de conciencia que
prosigue sus pasos con posibles acciones hacia una regeneración de la
humanidad.
Asimismo,
creo que la metodología educativa de “aprender
haciendo” es más efectiva que el simple discurso de lecciones y datos dados
de forma racional. Estos últimos son sólo una parte de ese marco del elefante que es la toma de conciencia.
Se debe complementar con una toma emocional y experiencial. Sólo así
podemos aproximarnos a esa gran perspectiva del planeta, de la vida y de la
humanidad.
Llegados
a este punto donde se ha tratado la parte racional y emocional de nuestra
relación con la Tierra, la siguiente cuestión es ¿Cómo podemos experimentar ese viaje? He estado buscando en
internet más datos sobre cómo hacerlo y entiendo que se puede experimentar de
dos maneras, una individual y otra colectiva. Realmente, el modelo colectivo,
con un grupo de personas y un guía, es más interactivo porque da lugar a diálogos
y preguntas, además de sentirse acompañado en el viaje. Sin embargo, es una
propuesta que necesita prepararse y de ahí mi sugerencia, que expondré
seguidamente, para crearla activamente. Otro punto a favor de la experiencia
colectiva, es que lo que he podido encontrar para experimentarlo individualmente
está sólo en inglés y no es una forma inclusiva con todo el mundo. Sería
necesario una re-elaboración o traducción para una mayor inclusión entre los
que no entienden bien inglés.
Un
camino individual y autoconsciente
Hace
aproximadamente unos meses apareció una app (en inglés) llamada “Deep Time Walk” que intenta
reflejar, a través de andar 4,6 km con un audio sincronizado a la distancia, la
experiencia de la caminata propuesta por Harding. Esta es una app que ha ganado
el premio al mejor diseño de aplicación móvil del verano 2017. Navegando a
través de esa página web, se descubre que esta app tiene origen en dos
proyectos diferentes. Por un lado, el creado por Harding en el Schumacher College
en 2008 y por otra parte el creado en California en 1996 por Sidney Liebes,
físico, científico y medioambientalista. Si tomamos como base el proyecto más
antiguo, el de Liebes de 1996, vemos que trabajando para Hewlett Packard (HP)
pudo poner en marcha su idea de “A
Walk through time” (Un paseo a través
del tiempo) con la que llevaba tiempo trabajando y recogiendo datos. El
resultado fue un paseo con 90 paneles grandes localizados a lo largo de una
milla. Cada pie (distancia) equivalía a un millón de años de la historia de la
Tierra. Conmemorando el día de la Tierra de 1997, se exhibieron esos paneles en
diferentes oficinas de HP alrededor del mundo. Posteriormente ese legado se
ofreció a la “Foundation for Global Community” (FGC) donde fue un importante proyecto con numerosos
recursos para formar una conciencia global. Sin embargo, esta fundación cerró a
finales de 2010 aunque sus recursos, entre ellos los del paseo a través del
tiempo, siguen estando disponibles en la red.
“Mi paseo por el tiempo
fue una experiencia inolvidable, sobrecogedora y humilde…” Jane Goodall
En
resumen, las posibilidades para una experiencia individual que he podido
hallar, están todas en inglés. La exhibición de paneles se pudo ver en muchas
partes del mundo. Parece que se pudo visitar hace más de 12 años, con los
textos en español, en Madrid, Barcelona y varios lugares de México.
Posteriormente tras el cierre de la fundación (FGC) en 2010 no he podido
encontrar nada más, salvo que los derechos del “Walk through time” pasaron a la
fundación suiza “Stiftung Drittes Millennium” (Fundación para el tercer
milenio). Para todos aquellos que se defiendan en inglés y quieran hacer un
pequeño simulacro de caminar en los zapatos de la Tierra dejo aquí los enlaces
del material encontrado.
APP “Deep Time Walk”con el guión de Stephan Harding para
Android y Apple. Son 4,6 km de recorrido en donde un metro equivale a un millón de años.
APP “Walk through time” de prueba y gratuita a través de la plataforma de Apple
(la definitiva está en construcción) en base al proyecto de Sidney Liebes. El recorrido se hace en 4600 pasos por lo que la distancia depende de la amplitud de la zancada.
Versión online de “A walk through time” (Un paseo a través del tiempo) con los 90 paneles
originales a través de una línea de tiempo y la posibilidad de imprimirlos. El
desafío aquí reside en que, si no caminamos, sino que sólo navegamos a través
de los paneles, no somos conscientes del todo, de esa sensación y experiencia al
caminar la distancia.
Libro “A walk through time: from stardust to us- the evolution of life on Earth” (Un paseo a través del tiempo: desde el polvo de estrellas hasta nosotros. La evolución de la vida sobre la Tierra), prologado por Sidney
Liebes y escrito por Elisabet Sahtouris y Brian Swimme donde se recogen la
ilustración de todos los paneles y nos lleva a través de su narrativa por ese
asombroso viaje de la Tierra.
Libro “Earthdance: Living systems in evolution” (La danza de la Tierra: Sistemas vivos en evolución"), libro posterior al anterior y
escrito por uno de sus autores, Elisabet Sahtouris, que está descargable
gratuitamente en pdf en su página web.
Multimedia “An extraordinary moment” (Un momento extraordinario), video de 12 minutos que rastrea nuestra historia
desde el Big Bang hasta nuestros días. Nos recuerda a todos que somos parte de
una historia muy larga y rica. Cada uno de nosotros contribuye con un don único
para ello, es decir, nuestra historia es compartida.
Un
camino colectivo, cooperativo y dialógico
No
he podido hallar en la red nada parecido en español con respecto al “Deep Time
Walk” aunque es posible que se halla realizado en algún lugar algo parecido. Si
alguien conoce algo puede comentarlo al final del artículo. Más en concreto, el
Schumacher College en asociación con Efecto Mariposa realiza un certificado de 6 meses en ciencia holística en Colombia
y Perú por lo que es posible que allí se pueda dar este paseo en español. De
todos modos, la propuesta desde este artículo es despertar la curiosidad de
biólogos, naturalistas, educadores, etc. para bien, tomar notas del material y enlaces sugeridos en el apartado anterior y
hacerse un guion práctico sobre ese “Paseo del Tiempo Profundo o Geológico”,
o bien, colaborar y realizar un material
y guía común (wiki) en español que fuera posible transmitir esa experiencia en
una caminata. Así mismo, también se podría hacer como proyecto escolar
particular en estudios de secundaria o un proyecto colaborativo en común para
re-elaborar una serie de carteles inspirados en los originales de Sidney Liebes.
Estos carteles y mediante sugerencia de
los correspondientes departamentos educativos hacia sus ayuntamientos podrían
ponerse a lo largo de un recorrido o parque de esas municipalidades. Con
ello se puede obtener diferentes
sinergias en los diferentes nodos del bienvivir: salud (caminar,
ejercicio en naturaleza), desarrollo personal (autoconciencia), familia (paseo de
ocio en familia), trabajo (realización material del proyecto), comunidad (ser
una de las pioneras en ofrecer algo novedoso y útil), economía (visitas a las
localidades que lo ofrecen), medio ambiente (conciencia ecológica global) ...
Finalmente,
a modo de tormenta de ideas, lanzo ciertas sugerencias para hacer un paseo a
través del Tiempo.
Aunque lo ideal es que el paseo sea de
4,6 Km, se puede extrapolar esa distancia a ½ (2,3 km) o ¼ (1,15 km) o bien
hacerlo con el sistema de medida en millas y pasos.
Aunque lo ideal es hacerlo en la
naturaleza, también se puede hacer a través de una localidad. De hecho, el
paseo que realicé con Stephan Harding fue en un contexto de la semana nacional
de la ciencia del Reino Unido, realizada a través de las calles de Totnes y con
una distancia aproximada de ¼ de los 4,6Km, es decir aproximadamente 1,15km.
Así mismo, la distancia, cualquiera que fuera,
se podría hacer circular, es decir en lugar de ser en línea recta, se podría
empezar y acabar en el mismo punto o punto próximo, para no tener que volver al
lugar de partida.
Lo ideal es que la persona (o quizás personas)
que guíe el paseo, sea un biólogo, que tenga muy claros los conceptos
evolutivos, por aquello de que sea experto en la materia y pueda solventar preguntas
de los asistentes. No obstante, cualquier persona que se prepare bien a través
de ese posible material en común, con motivación y pasión también podría ejercer
de guía si no se encuentra a un biólogo o naturalista.
Es una actividad que se presta para
hacerlo varias veces al año, especialmente el 22 de Abril, día de la Tierra, el
5 de junio, día del Medio Ambiente y la semana de la ciencia, hacia el 11 de
Noviembre. También puede hacerse como concienciación en actividades esporádicas
a lo largo del año, por un departamento, museo o instituto con temas medioambientales
y educativos.
Un
último paso final y personal para la curiosidad y el asombro
“Los que contemplan la belleza del mundo
encuentran reservas de fortaleza que los acompañarán durante toda la vida.”
Rachel Carson
Volviendo
al principio del artículo y recordando las inspiradoras citas de Carl Sagan y
Rachel Carson me vienen a la mente las fortalezas de la curiosidad y de la
apreciación de la belleza (asombro) pertenecientes principalmente a las virtudes de sabiduría y trascendencia. En este posible cambio de paradigma, hacia lo
que aquí llamamos bienvivir,
la educación, la ciencia que se estudia en colegios, institutos, universidades,
cursos abiertos… deberían tener una conciencia de trascendencia. Ambas
fortalezas curiosidad y apreciación de la belleza (asombro) están fuertemente
interrelacionadas, así como todas las demás. Sin embargo, muchas veces vemos el
mundo en compartimentos estancos, pero más bien el mundo está hecho de
sistemas. Sistemas que engloban a sistemas y son englobados por otros sistemas.
En teoría, el más grande sistema que se ha podido hallar, es el que empieza con
el Big Bang y a partir de ahí todos los demás han ido surgiendo y manteniendo unas
relaciones de interdependencia, nuestra galaxia, el sistema solar, el planeta
Tierra, la vida, el homo sapiens. Sin embargo, la narrativa principal que
destaca en nuestro planeta y por la que se rigen muchas relaciones es la
narrativa económica de homo economicus. Una narrativa que intenta excluir a
nuestro homo cooperans interno. Para salir de esa narrativa y volver a nuestros orígenes
de una narrativa de la vida, es necesario la curiosidad, fortaleza
que muy bien desarrolló y nos contagió Carl Sagan con su obra y divulgación científica
a lo largo de su vida. Además, la curiosidad hace salir a nuestro ego individualista de su corto espacio de miras. Es también necesario el asombro, la apreciación de
la belleza. Rachel Carson, famosa
por su libro, “La primavera silenciosa”, tiene otro libro trascendente y no tan conocido como el anterior “El sentido del asombro”. Este sentido
que viene en nuestro equipaje genético, se desarrolla en la infancia y muchas
veces se pierde en ese camino hacia la madurez. Necesitamos volver a traerlo al
presente. Hace poco, Catherine L’Ecuyer nos
ha traido un maravilloso libro “Educar en el asombro” que incide en esa faceta.
Finalmente, como decía Rachel Carson,
por
ello, una posible forma de volver esa mirada a la Tierra, como hacen los
astronautas desde el espacio, es caminar con sus zapatos, es decir, pasear a
través del tiempo y las vicisitudes de ese lento y largo caminar de la Tierra, el surgimiento de la vida y muy posteriormente de nosotros, los humanos. Ese sí es realmente un camino educativo y ético. ¡Hagamos
esa caminata!
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